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Preocupaciones y obsesiones

¿Has tenido alguna vez ansiedad, depresión u otros síntomas?
Mercedes Garcia-Laso 13-11-2016 | 7:29 | 0

Estrés, ansiedad, depresión, obsesiones, insomnio, cefaleas tensionales… a todos ellos, y a muchos más, le llamamos síntomas, y, como ocurre con la fiebre, son consecuencia de algo (no la causa).

Según los psicoanalistas el síntoma es lo último que ha podido hacer la persona para mantenerse. Por tanto no enfocan su tratamiento en eliminarlo porque esto llevaría, en el mejor de los casos, a un desplazamiento de ese síntoma a otros síntomas, y en el peor, a una desestabilización de la estructura de la persona. Ellos trabajan otras cosas para que éste ya no se necesite, o se  necesite en otra medida.

Quizá esto sea un poco radical (aunque la ciencia les comienza, en parte, a dar la razón), pero lo que es mucho más entendible por todos es que si estoy mejor, dejo de investigar y trabajar las causas, con lo que, al poco, el malestar volverá. De hecho, se ve como algunos pacientes presentan una súbita mejoría al poco de comenzar una psicoterapia por el pánico que les da mirar bajo la alfombra.

Además aprender a vivir, a sostener, lo disfórico es fundamental para un vivir pleno y lleno de posibilidades. Por ejemplo, si mi vida se centra en evitar la ansiedad, tomaré pastillas y me quedaré en casa. Con lo que, a la corta, me sentiré mejor. Pero a la larga, al haber abandonado todo lo que era importante para mí (trabajo, viajes o lo que sea según el caso) me encontraré peor. Y algo similar ocurre con las adicciones (incluso con los adictos al trabajo, workaholics, ya que a veces se obsesionan con éste porque su vida personal es un desastre).

También desde aquí se puede entender el comportamiento tipo avestruz (si no lo veo, no existe) que, entre otros, encontramos en alguna de esta gente tan positiva y vitalista que solemos admirar. A veces es el entorno el que sufre las consecuencias. Otras, ellos mismos con alguna enfermedad (o incluso accidentes, por imprudencia por ejemplo).

Por otra parte, y esto os lo digo también por experiencia propia, los síntomas nos pueden llevar por caminos sorprendentes. Buscando la varita mágica, desarrollas potencialidades que jamás hubieras imaginado y descubres verdades dentro y fuera que te hacen enamorarte de la vida. Y escuchándolos (a los síntomas, digo) puedes aprender tantísimo…

Por último, recordad que, como señalé en el minimapa “Lo psicosomático”, a veces cuando no aparece un síntoma psicológico aparece otro físico, o si no, son los demás los que lo sufren (ejemplo, en las conductas psicopáticas).

Ojo, que con todo esto que he señalado, no quiero decir que sea malo hacer algo para disminuir el síntoma. Muy al contrario. En psicoterapia, por ejemplo, hay que bajar la ansiedad a intervalos tolerables para poder trabajar (ya sea con relajación, fármacos u otras técnicas). Lo que he intentado trasmitiros en este minimapa es que sufrir es parte de la vida y lo ético es canalizarlo de forma más saludable y creativa (y menos individualista).

(Mercedes GarciaLaso, psicoterapia en Logroño para atravesar tormentas)

Waku con síntomas, ansiedad y depresión, mirando desde la ventana en Logroño.

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¿Cómo me quito estos pensamientos de la cabeza? 5 pistas en 600 palabras
Mercedes Garcia-Laso 06-04-2016 | 9:32 | 0

¿Estás agobiado porque no te puedes quitar determinados pensamientos de la cabeza? Esto nos pasa a todos (aunque en diferente grado). Pueden ser preocupaciones y asuntos reales pero de los que no conseguimos desconectar a pesar de que sabemos que darles y darles vueltas no es útil, sino más bien lo contrario. Opueden ser cuestiones que encima consideramos que no deberíamos estar perdiendo el tiempo pensando en ellas.

(Max Ernst - “Gala Éluard”)

Hoy os voy a dejar, para estas situaciones, unas recetillas a modo de “aspirina” (que si bien no soluciona, sí quizá puede aliviarnos):

1º. Leer el post¿Cómo controlar pensamientos y emociones?”: Los pensamientos son objetos que fabrica el cerebro y a éste le da un día por producir más de un tipo, o de otro. Y cuánto más nos empeñemos en no pensar en algo, peor (ejemplo: ¡no pienses en un elefante rosa!). Es esencial comenzar a considerar los pensamientos así y pongo otro ejemplo: imaginaros que estoy en una habitación llena de gente hablando intentando hacer determinada tarea. Si me dejo llevar por alguna de las conversaciones que oigo, allí me entretengo y no avanzo en mi tarea. Si me esfuerzo en no escuchar, paradójicamente será peor (seguro que tenéis la  experiencia). Y si me levanto a convencer a dichas personas para que se callen, perderé tiempo de trabajo y ellas seguirán haciendo lo que les dé la gana. Pues algo similar ocurre en nuestra cabeza (siendo las conversaciones de la gente en esta habitación, nuestros pensamientos).

2º. La meditación es para mí lo que a medio plazo más ayuda (podéis leer sobre ello en la etiqueta “Mindfulness” de este blog), combinado, claro, a poder ser, con un proceso de psicoterapia que permita una des-identificación más veraz de los pensamientos.

3º. A corto plazo os propongo el ejercicio de “la media hora rumiatoria”: Dedica todos los días, a la misma hora, 30 minutos a “rumiar” tus ideas negativas, con una alarma que te avisará de que la media hora se ha cumplido. Para ello puedes utilizar una silla determinada (que llamaremos a partir de ese momento “la silla rumiatoria”). Debes durante esa media hora ir escribiendo todas tus ideas negativas en un cuaderno. Si alguna vez se te terminan las ideas antes de la media hora, no importa: seguirás sentado ante el folio hasta que pase la media hora. Si a lo largo del día te vienen otras, le dirás “ahora no os puedo atender pero os espero en nuestra media hora rumiatoria” .

4º. Este ejercicio anterior hay que combinarlo con la estrategia que, en mi opinión, es la más útil de todas, y a la vez ya perteneciente a la sabiduría de fogones de nuestras abuelas: cuando te asalten y te enredes con pensamientos que no te hacen bien, ponte a hacer otra cosa, otra cosa que te requiera atención o que sepas que te despeja. El cambio de actividad es importante en estos momentos, así como ir averiguando lo que a uno le sirve (punto, deporte, pasear, ver al nieto, escuchar la radio…)

Y 5º. Aunque me incordien cosas en la cabeza, puedo seguir con lo que ese momento es importante para mí. No estaré al 100% pero… si acepto lo que hay –es decir, me tomo el barullo en mi mente como un molesto dolor de cabeza que no responde a aspirinas–, podré seguir adelante y al acabar el día me sentiré orgulloso de lo poco o mucho conseguido dadas las circunstancias (ver también “Metáfora El Bus”).

En fin, son sólo cinco puntos en un amplísimo y complicado tema. Pero creo que como punto de partida puede ser de utilidad. Hasta la próxima, navegantes!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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¿No sientes a veces que la cabeza te va a estallar?
Mercedes Garcia-Laso 19-10-2015 | 9:40 | 0

El otro día escuché algo interesante: se ha calculado que los estímulos (lo que vemos, sentimos etc) que hoy recibimos en un sólo día, equivalen a los que hace 300 años recibía una persona en 6 semanas. O dicho de otra manera, hoy en día sufrimos una presión para aprender y adaptarnos cuarenta veces mayor que la de nuestros tatarabuelos.

(Igor Morski)

Es claro que antes se vivía en un mundo prácticamente estático: uno moría en un mundo bastante parecido al que había nacido… con lo cual había poco que aprender. Así, aunque la vida físicamente fuera muy dura y la muerte (por accidente, infecciones etc) más cotidiana, las mentes de las gentes tenían espacios de descanso que formaban parte de la rutina: mirar el atardecer… pescar… o simple-mente sentarse a “no hacer nada”, tras el trabajo, hasta la hora de acostarse para de nuevo volver al campo al amanecer.

No es cuestión de idealizar para nada este modo de vida (pues ya sabemos las brutalidades que también sucedían entonces)… pero sí me hace reflexionar: El hecho es que genéticamente el cerebro humano no ha tenido tiempo de evolucionar, ni de casualidad, para adaptarse a semejante estilo de vida actual.

Recuerdo cuando recibí mi primer email (la misma ilusión que ahora cuando recibo una carta;)); cuando vivíamos sin móviles; cuando no había internet! Y hoy, cada día hay que aprender algo nuevo… y correr, sobre todo correr! correr por trabajo, correr por formación, correr por información, correr incluso por ocio… a ver la peli iraní en V.O; o a la fiesta irlandesa que organizan esta noche; o a preparar la escapada de este finde.

Por todo ello es TAN importante para nuestra salud mental contar con espacios de silencio… espacios donde la palabrería de nuestra mente se vaya calmando. En el post “Mindfulness” os dejé un sencillo ejercicio de meditación (también os sugiero el breve texto de Pablo d’Ors “Biografía del silencio”). No obstante, y para los que os salga urticaria cuando escucháis estas palabrejas, el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza, el cocinar, el coser, la jardinería, los trabajos manuales… o cualquier cosa que se haga sin un objetivo y que deje la mente fresca, la mirada más tolerante y nos reconcilie con la vida, puede valer ^_^

El meditar (o como lo queráis llamar) nos abre también otros caminos… como por ejemplo el de la escucha… pero éstos los dejo para otros #minimapas ;) y me despido con este enlace a la “meditación de la mandarina”… a ver qué os parece;) Hasta la próxima semana, navegantes! Bueno, o hasta el viernes si os animáis al taller que doy en Ibercaja :D

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.