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Regreso a la rutina

Septiembre: a por el curso, navegantes!
Mercedes Garcia-Laso 05-09-2016 | 7:33 | 0

Septiembre. Algunos se irán ahora de vacaciones pero para la mayoría empieza el curso… y eso que en Logroño con los San Mateos hasta octubre estamos a medio gas;)

¿A ti te mola este mes (por lo que tiene de “comienzo”, por lo de retomar un orden, por eso de ir a la librería a comprar los cuadernos, etc.) o eres de los que sufren el mal llamado síndrome post-vacacional?

Digo lo de “mal llamado” porque… ya nos vale poner etiquetas a todo! ¡y más aun, etiquetas que patologizan, o al menos problematizan, algo que es completamente normal! Porque normal es, y muy normal además, la pereza que nos da a la mayoría volver a tener que responder a las demandas del otro (es decir, madrugar, correr, hacer cosas que no me gustan o no me apetecen en ese momento etc.), sumándole además el echarnos de nuevo a las espaldas las preocupaciones que durante el kit-kat del verano habíamos dejado aparcadas.

Ay, cuántos de vosotros habéis deseado en estas temporadas, al sonar el despertador, esconderos bajo las sábanas deseando simplemente desaparecer como por arte de magia? A mí, al menos, me pasa a menudo, jeje;)

Luego se pasa. Pero si dispones de unos minutos en un lugar tranquilo y quieres este año salir un  poco de lo de siempre, TE PROPONGO TRES PREGUNTAS para que escribas (o dibujes, o lo que sea) lo que te surja:

1º) Que te ha ayudado otros septiembres? (como muchas veces digo “repite, lo que te ha servido; y no repitas, lo que no te ha servido”;))

2º) Respecto a qué actividades apuntarse este año, qué objetivos marcarte y demás, cierra los ojos, inspira dos veces profundamente y después observa, sin intentar modificar nada, como el aire entra y sale por las fosas nasales. También puedes salir a dar un paseo, regar tus plantitas o cualquier otra actividad que te ayude a conectar contigo mismo. Una vez, ahí, en esa relativa calma interior, mira qué necesita tu cuerpo y qué siente ante las diferentes opciones que la mente planteaba.

No quieras respuestas, simplemente estate atento. Suele pasar que es posteriormente a este ejercicio cuando aparecen las señales. Y el captarlas requiere “intención sin expectativas” y “espacio” (es decir, si tu mente no para ni un momento con la agenda repleta, es imposible que repare en lo sutil de la voz interior –y por eso, si te das cuenta, es en la ducha o medio dormido cuando a veces te das cuenta de cosas importantes).

Menos es más, recuerda. Y si observamos a plantas y animales, podemos aprender tanto de ellos…

3º) Por último, ¿y si tuvieras un ratico semanal para ti, para poner consciencia en tu vivir, para conectar con la calma y coger desde ahí perspectiva?

Si sientes ese deseo, lo difícil será hacerlo “sagrado” en tu agenda (y lo digo por experiencia). Puede ser escribir, dibujar, un paseo o cualquier cosa que nos sirva para no dejarnos arrastrar totalmente por nuestros automatismos. Y así avanzar, poco a poco, en el ir sintiendo cada vez más profundo que lo más valioso no es lo que tienes, o lo que haces, o lo que los demás piensan de ti… lo más valioso eres tú mismo intrínsecamente como ser único en el universo (suena muy new-age, lo sé, pero seguro que, por ejemplo, los montañeros me pilláis evocando lo que hace que el monte os guste tanto… y me viene también la cita de Saramago “dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”).

A por septiembre, navegantes!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

(Ilustración de Sara Fratini)

 

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Vuelta al trabajo: 6 lucecillas para la pérdida de ilusión
Mercedes Garcia-Laso 29-03-2016 | 7:27 | 0

Hoy, que la mayoría volvemos al curro tras un break d unos días, voy a dejaros un #minimapa para, con suerte, comenzar este 2º trimestre del año con una sutil apertura de perspectivas en nuestra relación con el trabajo.

Encontramos dos extremos: el “ganarás el pan con el sudor de tu frente” de nuestros padres y abuelos; y el “disfruta con tu trabajo, y si no, eres un pringao” que nos empezaron a vender (atenuándolo en la crisis) ya hace unos años.

Ahora, miremos a los animales: una gacela parece disfrutar buscando un campanilleante riachuelo para beber; pero no lo parece tanto cuando en una larga sequía, deshidratada saca fuerza de donde parece que no hay para continuar buscando agua.

Vemos entonces ya en los animales, los “extremos” antes comentados (el fluir, el disfrute; y el esfuerzo) y el sentido fundamental del trabajo: la supervivencia, que en nuestra sociedad viene en relación al dinero (que es lo que nos permite comer, resguardarnos del frío etc.).

Hay muchísimos aspectos que comentar en este amplísimo tema. Hoy me quiero ceñir a la pérdida de ilusión, decepción y frustración que sufrimos muchos de nosotros cuando trabajamos en organizaciones que de repente descubrimos muy muy alejadas de nuestros valores. Para ello, os voy a dejar seis puntos y ya me diréis si os son útiles en alguna medida;) Hasta la próxima, navegantes!

1º. Una definición de trabajo que encontré hace mucho y que me sirve de faro (es decir, un “ideal”, una utopía, pero que me sirve como una referencia): “En las comunidades nativas cada ser humano invierte su tiempo y su energía ofreciendo sus capacidades a la comunidad. El trabajo de cada quien hace que la comunidad de vida se complete y fluya, trabajas para servir a la vez que para desarrollar tus capacidades y mejorarlas. Tu trabajo te dignifica a ti y también a los que se sirven de él. Hay entonces ya un beneficio intrínseco en el trabajo que realizo: aprendo, crezco, mejoro, adquiero habilidades y sabiduría… que a la vez revierten en el trabajo que ofrezco: cada vez más profundo, eficaz y útil a mi comunidad. La necesidad de pertenencia (una de las necesidades básicas del ser humano) está así cubierta: soy útil a los demás, ocupo el lugar que me corresponde en el grupo y soy respetado y valorado por ello. Además de eso hay un justo intercambio de bienes que permite tener un techo, comida, ropas, transporte y los instrumentos necesarios para seguir desarrollando el trabajo-servicio. Es decir, necesidades básicas cubiertas que permiten, a su vez, continuar con la búsqueda de trascendencia que mueve a todo ser humano” (Maite Pardo).

2º. En todo trabajo hay luces y sombras, y precisamente por eso te pagan. A un artista, por ejemplo, le puede apasionar pintar pero en el momento que quiere ganarse la vida con ello, ha de responder a las demandas del otro y esto lleva a hacer cosas que a uno no le apetecen o en el momento en el que no apetecen (sin olvidar claro lo relativo a motivación intrínseca/extrínseca).

3º. Acordarme de la peli “La lista de Schindler”: quizá no pueda cambiar la abominable estructura donde me encuentro pero sí puedo hacer pequeñas cosas que estén en mi mano. Dejarme arrastrar por la organización donde trabajo es mucho más fácil pero mi espíritu se irá resintiendo, y pagaré el precio de una vida gris, de un enfermar físico o de un amargar a los demás.

4º. Cuento de los picapedreros: Se cuenta que en plena Edad Media, alguien se acercó a las obras de una catedral, y le preguntó sucesivamente a tres canteros qué estaban haciendo. El primero contestó adustamente: “Estoy desollándome las manos para pulir esta piedra”. El segundo indicó, serenamente: “Estoy ganando un salario para sacar adelante a mi familia”. El tercero, con voz entusiasta, respondió: “Estoy colaborando a edificar una catedral!”.

5º. Aunque hoy estoy con las gafas de cristal rosa puestas (creo que como truco para no tirar el despertador por la ventana esta mañana cuando ha sonado), no quiero “olvidarme” de, al menos en un punto, poner el acento en el lado oscuro de la humanidad y de nosotros mismos. Es un gravísimo error ignorarlo en un intento de que todo sea “paz y amor·. Estamos en “Juego de Tronos” y hay que estar bien atentos: atentos a las jugadas de los demás y a nuestras propias sombras.

Y 6º. Fragmento de un poema de El Profeta de Khalil Gibran –donde podéis sustituir la palabra “Dios” por “naturaleza” o lo que os sugiera vuestro interior:

<

Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso. Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento. Y todo saber es vano cuando no hay trabajo. Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.

¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela. Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella. Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto. Es infundir en todas las cosas que hacéis el aliento de vuestro propio espíritu.

He oído a menudo decir, como si fuera en sueños: «El que trabaja en mármol y encuentra la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que labra la tierra.» «Aquel que se apodera del arco iris para colocarlo en una tela transformada en la imagen de un hombre es más que el que hace las sandalias para nuestros pies.»

Pero, yo digo, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la menor de las hojas de la hierba. Y solamente es grande el que cambia la voz del viento en una canción, hecha más dulce por su propio amor.

El trabajo es el amor hecho visible.>>

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Organizándome mis extra-escolares… ufff!
Mercedes Garcia-Laso 02-09-2015 | 7:46 | 0

Desayunando he ojeado el post de Rosa Useleti (una preciosidad reversible con la topé este verano) y he pensado escribir en el espejo del baño con un pintalabios, que no tengo, su mensaje ¡porque se me olvida, se me olvida, se me olvida!

Os copio mi particular resumen:

<septiembre es especial, por muchos motivos… entre otras cosas porque percibo en el ambiente (y sobre todo a través del facebook y el mail) que ¡hay que hacer algo!

Hay que hacer bajar los kilos de más del verano, hay que apuntarse al gimnasio, hay que volver a ver a los amigos, hay que reservar plaza en un curso que me han dicho que es buenísimo, hay que leerse el libro tal, hay que formarse, hay que, hay que, hay que… ¡Ay!, qué susto, digo yo.

Mi truco: Observo, respiro, respiro, respiro y decido. No se me ocurre mejor forma de seguir afinando mi brújula, MI CUERPO.

Lucia Znamirowski

Esta “sencilla” y a menudo olvidada pauta es la guía para que tu cuerpo decida qué necesitas para este curso escolar (a corto plazo) y para la vida. Tu cuerpo sabe dónde está el norte, el sur, el este y el oeste. No hay más. Para los intensos, estudiosos, intrépidos, escépticos….quizá es poco, pero ahí está el reto que me/os lanzo.>>

Y es que según mi vivencia nuestro mayor problema es que no nos escuchamos… y nos dejamos llevar por inercias, automatismos, exigencias o modelos externos de cuya influencia sobre nosotros ni siquiera somos conscientes.

Aunque, mejor expresado, diría que no sabemos escucharnos pues esto, en realidad, es un proceso en el que, como diría Rosa, vamos afinando cada vez más y más.

El cuerpo es esencial en ello pero hay otros “esenciales”… y a cada persona le puede servir más alguno en particular… os remito, por lo tanto, a la etiqueta “escúchate” de este blog para que investiguéis.

Daros un tiempo, un espacio … respirad, observad… y si así os surge, preguntadme vía e-mail por mis espacios individuales y grupales de aprendizaje de la escucha.

Apasionante se vuelve la vida en el camino de la escucha… ya veréis;)

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Cuesta de enero
Mercedes Garcia-Laso 07-01-2015 | 7:57 | 0

Pasaron las navidades..…. y te gusten éstas o no… y aunque muchos digamos que tenemos ganas de volver a la rutina… enero es, en general, un mes durillo. Sin embargo, el concepto de “cuesta de enero” aunque por una parte nos tranquiliza, por otra puede lastrarnos aun más.

El poner una etiqueta a lo que nos ocurre nos apacigua… al igual que sentir que lo que nos pasa es normal y transitorio (según vayamos retomando el ritmo normalizado irá remitiendo, como nos ha pasado otros años). Pero también esto de “la cuesta de enero” puede contagiarnos de un pesimismo y victimismo colectivo que no nos deje abrir nuestros propios y particulares caminos en la espesura de este bosque con forma de mes.

Así que si te encuentras atascado en los problemas, queda con un amigo con papel y lápiz y buscad posibles respuestas creativas a cada asunto. Después fijad objetivos concretos y alcanzables (más pequeños cuanto más bajito sea tu estado de ánimo) para la siguiente semana, y determinad qué día os llamaréis para ver si los habéis cumplido y establecer los siguientes. Ah, y fundamental: premiaros y valoraros el esfuerzo de cada pasito.

Intentad, de esta manera, convertir en retos lo que os preocupa… jugando a transformaros en merlines de las finanzas caseras; o apostando a mejorar vuestro estado físico; o lanzándoos a la aventura de aprender a apreciar más lo es auténticamente importante y a saborear las pequeñas delicadezas que podamos encontrar en el día.

Y también tener una meta a medio plazo guiada por el “quiero”, no por el “debo”, suele dar color a los grises de la rutina.

¿Y si, por una vez, dejásemos a un lado ese remordimiento de conciencia por los excesos navideños y aprovechamos el impulso del cambio de año para regar el jardín de nuestros valores y deseos, partiendo de unos auto-mimos por todo lo bueno que hemos hecho el año pasado por nuestra gente y por nosotros mismos?

A muchísimas personas les gusta el montañismo, la escalada, los maratones, el ciclismo… por qué no tomar la vida de la misma manera?

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.