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Sexualidad y pareja

Minimapas para San Valentín
Mercedes Garcia-Laso 12-02-2017 | 6:21 | 0

De nuevo San Valentín ¿un poco rollo no? Es, por supuesto, simplemente mi opinión personal, claro. Pero, como estoy estos días un poco rebelde (más de lo habitual, me refiero, jeje), no me ha salido escribir otro post entorno a temas de amores y demás (aunque me quedan aun muchísimos asuntos que desarrollar, los dejaré para otras fechas). Así que os dejo la recopilación de minimapas referentes al corazón y un parrafillo bien interesante que he encontrado en “La biografía del Silencio” de Pablo D’Ors. Confío que os sirvan, navegantes!

Minimapas para San Valentín

♥ 12 reglas de oro para vivir en pareja de Joan Garriga.

♥ 5 sencillas y bellas rutinas para mantener la pareja en buen camino.

♥ ¿Entiendes el amor?

♥ ¿Solos o en pareja?

Texto de Pablo D’Ors sobre el amor romántico

Nadie vive más engañado que un enamorado, y pocos sufren tanto como él. El amor auténtico tiene poco que ver con el enamoramiento, que hoy es el sueño por excelencia, el único mito que resta en Occidente. En el amor auténtico no se espera nada del otro; en el romántico, sí. Todavía más: el amor romántico es, esencialmente, la esperanza de que nuestra pareja nos dé la felicidad. Sobrecargamos al otro con nuestras expectativas cuando nos enamoramos. Y tales son las expectativas que cargamos sobre el ser amado que, al final, de él, o de ella, no queda ya prácticamente nada. El otro es entonces, simplemente, una excusa, una pantalla de nuestras expectativas. Por eso suele pasarse tan rápidamente del enamoramiento al odio o a la indiferencia, porque nadie puede colmar expectativas tan monstruosas.

La exaltación del amor romántico en nuestra sociedad ha causado y sigue causando insondables pozos de desdicha. La actual mitificación de la pareja es una perniciosa estupidez. Por supuesto que creo en la posibilidad del amor de pareja, pero estoy convencido de que requiere de una extraordinaria e infrecuente madurez. Ningún prójimo puede dar nunca esa seguridad radical que buscamos; no puede ni debe darla. El ser amado no está ahí para que uno no se pierda, sino para perderse juntos; para vivir en compañía la liberadora aventura de la perdición.

Otros minimapas relacionados

✎ ¿Crisis de pareja?: cuándo separarse, cómo superarlo.

✎ “No, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión”.

✎ ¿Dudas sobre identidad sexual, orientación del deseo, etc.?

✎ Regalos de última hora.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

 

Waku y sus minimapas para san valentin

¡Échate de amante a la vida y déjate de tonterías! ;)

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¿Crisis de pareja tras vacaciones?: cuándo separarse, cómo superarlo
Mercedes Garcia-Laso 12-09-2016 | 8:49 | 0

Todos hemos leído alguna vez que las vacaciones provocan crisis y rupturas de pareja. Así que el #minimapa de hoy lo dedicaré a tratar de de daros alguna pistas acerca de: 1º, cuándo separarse; 2º, cómo hacerlo lo mejor posible; y 3º, cómo superarlo. Me centraré sobre todo en el primer punto y lo más específico en relación a los hijos lo dejo para otro post.

La verdad es que es un tema importante ya que, más allá de lo anecdótico del incremento de rupturas tras agosto, nuestra sociedad se caracteriza, de forma clara, por el alto porcentaje de separaciones y divorcios. Así que allá vamos:

1-CUÁNDO SEPARARSE Y CUÁNDO NO.

En nuestra época “¿seguir juntos?” es una pregunta inherente a estar en pareja (siempre presente pero que emerge con fuerza en momentos especialmente complicados como la crianza o justamente tras los intensos primeros años de ésta). En el pasado cuando te casabas era “hasta que la muerte nos separe”. Ahora, la incertidumbre va de la mano de la libertad.

Vayamos con dos extremos para esbozar el panorama:

Por una parte, el ideal de la media naranja impuesto por nuestra cultura nos lleva a buscar sin parar ese amor romántico de película y a consumir, y no construir, relaciones: “puedo encontrar a alguien mejor”. Parece que todo tiene que servir sólo al yo, y buscamos emociones fuertes que nos llenen el vacío. Y todo esto no nos permite manejarnos con las frustraciones que forman parte intrínseca del tener pareja.

Por la otra, también encontramos que muchos de nosotros aguantamos demasiado fundamentalmente por miedo (dilatando la decisión de poner punto y final a lo que ya está muerto). Nos aterra perder aquello que creíamos que teníamos (aunque no se pueda poseer ninguna realidad como duradera, ni a una persona como a un objeto); y más porque esta pérdida nos llevaría a salir fuera de la zona de confort (tanto física como mental), donde lo incierto reina.

Entontes… seguir intentado superar la crisis o dar carpetazo? Cuando mi pareja está decidida a separarse, la cosa está clara. Pero qué ocurre cuando soy yo la que me lo planteo o somos los dos los que tenemos dudas?

Quizá nos podamos plantear: ¿Está relación me ayuda a crecer, a la vez que permite que yo ayude a crecer a mi pareja? ¿Queremos los dos seguir apostando y trabajando por nuestro proyecto común de familia? Como en una empresa en crisis, o se innova o se cierra, y a otra cosa mariposa.

He escuchado a algunas personas decir que gracias a todo el enorme proceso de aprendizaje de la separación, ahora están en pareja de otra manera. Y esto me recuerda a una de las últimas frases de la película Alma Salvaje: “Si pudiera volver atrás en el tiempo, no haría nada de forma distinta… ¿Y si todas las cosas que hice fueron las que me trajeron aquí?”

El otro nos hace de espejo. Pero sólo aprendemos si nos esforzamos en poner consciencia.

Por último, el tener críos en común es clave, naturalmente. Para ellos puede llegar a ser mejor una separación que un ambiente nocivo en casa. Pero… y para papá y mamá? Antes lo normal era seguir juntos por los hijos. Ahora parece que nos hemos pasado al otro extremo. Y esto a veces resulta extremadamente difícil en determinadas situaciones (estar en plena crianza, con pocos recursos económicos y escasos apoyos). Nos dejamos influir demasiado por lo que es lo “normal” en nuestro entorno y esto no nos deja ver (ni construir) otras posibilidades.

Ah, ojead también el mini-mapa “Toma de decisiones”. Os puede dar alguna lucecita más.

2-CÓMO SEPARARSE (DIVORCIARSE) LO MEJOR POSIBLE.

Aquí sólo os voy a indicar las dos premisas sobre las que, a mi parecer, se levantan  el resto de consideraciones que se pueden construir sobre este punto (y que dejo para otra ocasión):

A) Que el amor ponga un límite al odio. Es decir, que por mucho enfado que haya, yo sea capaz de no desconectar del todo de aquel amor que hubo, y así, aunque nos hagamos daño mutuamente (cosa inevitable), que la cosa no se nos vaya de madre. De esta manera, cuando pase el tiempo y las tormentas emocionales ya queden lejos, podamos mirar atrás y sentir el alma serena y agradecida por aquel trocito de camino que compartimos con esa persona, con todo lo disfrutado, aprendido y compartido.

No es ser tonto (dejando de pelear por lo que creemos justo). Ni reprimir la rabia. Es abrir nuestra consciencia, en la medida de lo posible, y actuar desde ahí, en vez de ser manejados impulsivamente por la rabia.

B) Priorizar el bienestar presente y futuro de los críos. Esto, sí que sí, lo dejo para otro mini-mapa. Pero podéis mirar al respecto, por ejemplo: Obligaciones de los progenitores en la separación y el divorcio (2002, Fariña y Arce).

3-CÓMO SUPERAR LA RUPTURA DE PAREJA.

Cuando uno se separa de su pareja ha de pasar por un duelo. Veamos dos porqués:

A) Por una parte, más o menos inconscientemente habíamos creado una familia que, como una semillita, pensábamos que iba a crecer, dar frutos y envejecer bellamente. Y este sueño se ha roto y la pérdida duele.

B) Por otra, a uno le cuesta separarse de la idea que tiene del otro, no del otro en sí. Y esto permite entender que cuando el otro es un mal tipo (o mala tipa), como no nos relacionamos con la persona tal como es, sino con la idea que tenemos de ella, es de esa idea de la que nos cuesta separarnos.

En esta idea del otro hemos concentrado una buena parte del amor y energía que antes teníamos puesta en nosotros. Se la hemos regalado al otro. Y cuando nos separamos, no nos queda amor por nosotros y encima hemos perdido al otro.

Os remito entonces al mini-mapa “Viviendo y acompañando duelos” pues, con matices, os puede ayudar a comprender el proceso que hay que transitar para trasvasar la energía psíquica que teníamos depositada en la pareja y todas sus cosas asociadas (expectativas, rutinas, recuerdos etc.) a nosotros mismos y a otros deseos y proyectos. Aquí el apoyo de tu gente es fundamental. También lo es encontrar actividades que te den pelín de paz (ejemplo: deporte); el trabajo, por estar ocupado (y así no pensar) y mantener una cierta rutina; y los hijos, en caso de que los tengas. Además, como en los puntos 1 y 2, un acompañamiento desde la psicoterapia te puede ayudar a atravesar mejor estas tormentas y encontrar tu salida.

UNA REFLEXIÓN PARA TERMINAR…

Actualmente a la pareja como institución se le exige más que nunca en la historia: entendimiento económico, relacional, comunicacional, pasional, sexual, de crianza de hijos, etc. Demasiadas funciones que cumplir sostenidas sobre el vínculo amoroso, no os parece?

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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“No, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión”
Mercedes Garcia-Laso 05-07-2016 | 8:48 | 0

Al escuchar el otro día este estribillo, que todos conocemos, en una verbena, me dije “he de escribir sobre ello”. Y, la verdad, es que lo que dice la susodicha canción nos pasa a todos en mayor o menor grado cuando estamos enamorados.  ¿Pero qué pasa cuando es excesivo? (y seguro que todos tenemos la experiencia, ya sea en carne propia o en la de un buen amigo).

Algunos expertos hablan entonces de adicción. Y, como con la adicción a drogas, puede llevar a la extrema dependencia, problemas de salud emocional y en nuestra vida social, e incluso a un síndrome de abstinencia.

Una persona “enganchada” a otra necesita con tanta angustia su compañía que acepta cualquier cosa con tal de seguir la relación. Y podemos encontrar una aparente incapacidad para llevar una vida independiente de la otra persona; un pensamiento rumiativo sobre ella; ansiedad e insomnio cuando está lejos; o síntomas depresivos con aparición, incluso, de ideas de suicidio si se da la separación. Lo podemos observar en “Romeo y Julieta” y demás historias y canciones de “amores” románticos o pasionales.

 “…y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren…”

¡Qué romántico por favor! Pero esto de “amor” no tiene nada!!!

No me voy a meter aquí en conceptualizaciones complejas (como podría ser la idea de “goce” de los lacanianos) que ayudan a entender este comportamiento tan humano (pues no se da en el resto de los animales) y tan absurdo. Sólo señalaros que si algo no empuja a la vida no es amor. Y es que tenemos la manía de llamar amor a cosas tan diferentes como dependencia, deseo, sometimiento, pasión, fascinación, idealización etc.

Ah, otra cosa importante que también quiero remarcar es que no nos engancharnos a una persona real sino a una imagen que proyectamos en ella (un ideal; un personaje que represente un conflicto interno; etc).

En fin, este es uno de los motivos  más habituales por el que la gente va al psicólogo, y provoca malestar tanto al afectado como al objeto de nuestra obsesión (salvo que éste, por su personalidad, le mole la dinámica sumisión-dominación).

Meternos en una historia truculenta de éstas nos puede pasar a cualquiera porque todos tenemos una parte vulnerable que, si nos topamos con la persona inadecuada y además estamos flojos, ya está liada. Sin embargo, hay personas  que tienen una fuerte tendencia a las relaciones de dependencia y aunque cada caso es diferente, podemos decir en general que:

Cuando están solas, se sienten vacías e incompletas; aunque les pueda generar miedo la intimidad y el compromiso, buscan continuamente relaciones, y contactos sexuales;  o, por el contrario, se aíslan (algunas incluso engordan muchísimo como forma inconsciente de protegerse); buscan todo el rato la aprobación y el cariño del otro (temiendo su rechazo, no hablan de lo que realmente sienten u opinan); buscan la felicidad exclusivamente en el cariño que le dé la otra persona; y permiten cualquier cosa en nombre del “amor”.

El origen de esta tendencia está en la infancia. Por norma general se ha crecido en climas emocionales tan inestables que en el adulto  de hoy se oculta un niño herido que ansía el buen amor que no tuvo. No obstante, Sartre dice “soy lo que hago con lo que hicieron de mí” con lo que:

-por una parte, de niños somos víctimas inocentes de todo lo injusto que nos haya podido pasar (y tenemos todo el derecho a sentir lo que sintamos en el ahora al respecto);

-y por otra, como adultos somos responsables de lo que hacemos con nuestras heridas: si las hacemos más grandes; o trabajamos para gestionarlas mejor y/o curarlas.

Entonces, qué hacer ante estas situaciones?  Lo primero es reconocer que existe un problema. Y aquí el tener buenos amigos que te den su perspectiva sincera desde fuera es fundamental.

Segundo, eso de “un clavo a otro quita” suele ser una huida hacia adelante que aplaza en conflicto, y por tanto la solución, y además hace caer, de nuevo, en situaciones similares.

Y tercero, hemos de entender lo que nos pasa realmente para poder encontrar una salida alternativa. Y aquí el acompañamiento de un profesional suele ser fundamental.  Hay que ser valiente para atreverse, es cierto. Pero la recompensa es comenzar un nuevo camino en el que vivenciemos que nuestra felicidad depende de nosotros mismos, no de estar con nadie.

La pareja  nunca nos va a dar lo que no tuvimos en la infancia. Y acabo con una cita, que aunque sea de Osho –un autor espiritual–, se puede leer desde lo puramente psicológico y además me parece muy bella:

La capacidad de estar solo es la capacidad de amar. Puede que te parezca paradójico, pero no lo es. Es una verdad existencial; sólo aquellas personas que son capaces de estar solas son capaces de amar, de compartir, de llegar a lo más profundo de la otra persona; sin poseer a la otra persona, sin depender de ella, sin reducirla a una cosa, y sin volverse adictos a ella. Permiten que la otra persona tenga total libertad porque saben que si se marcha, ellos seguirán siendo tan felices como son ahora. La otra persona no puede arrebatarles su felicidad, porque no es quien se la dio.

Entonces, ¿Por qué quieren estar juntos?

Ya no se trata de una necesidad; se trata de un lujo. Intenta comprenderlo. Las personas autenticas se aman porque es un lujo, no una necesidad. Disfrutan compartiendo; tienen mucha alegría, les gustaría derramarla en alguien más. Y saben cómo interpretar su vida como solistas.

El solista de flauta sabe cómo disfrutar a solas de su flauta. Y si por casualidad se encuentra con un guitarrista, un solista de cuerdas, disfrutarán tocando juntos y creando una armonía entre flauta y cuerda. Ambos disfrutarán: ambos derramarán su riqueza en la otra persona”.

Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Solos o en pareja? (#14deFebrero)
Mercedes Garcia-Laso 08-02-2016 | 7:55 | 0

El pasado San Valentín os dejé un mini-mapa sencillito, práctico y naif para parejas (ver aquí). Éste voy a escribir más sobre la soltería. Y digo “más” porque en todos, en todo momento, coexisten las dos posibilidades. Ah, utilizo “soltería” en sentido amplio, es decir, como opuesto a “en pareja” (incluyo, por tanto, a separados, divorciados y viudos) porque lo prefiero a “singles” (qué ya nos vale de anglicismos, en vez de ir limpiando de connotaciones negativas nuestros términos más castizos). 

Por qué algunas personas están casi toda su vida en pareja (con la misma o diferentes) y otras lo contrario? Indudablemente que los guapos tienen más facilidad para ligar pero… lo de tener pareja o no, parece que va por otro lado. En realidad, lo solemos atribuir fundamentalmente a circunstancias de la vida, a la suerte y a alguna característica personal nuestra. Sin embargo, si escarbamos un poco en nosotros mismos veremos que, como en otros ámbitos de la vida, la suerte no tiene tanto peso como nos gustaría creer y ha sido más una elección inconsciente (ver post “Inconsciente”).

Utilizo la palabra “elección” para continuar diciendo que ninguna opción es mejor que la otra. Salvando las distancias, es como la decisión de montar una empresa sólo o con un socio: las dos posibilidades tienen ventajas e inconvenientes. Lo cierto es que la mayoría de los solteros a partir de los cuarenta están encantados de serlo. Es la década de los 30 la que más quebraderos de cabeza suele  traer en cuanto a que los amigos se casan y yo me quedo sola (y aun más follón mental si soy mujer y deseo tener hijos).

Fundamentalmente para este grupo de solteros dejo estos dos vídeos de estilos muy diferentes pero esencia común. Son de dos mujeres pero, a mi entender y con otros matices, aplicables también a los hombres: “35 años y soltera” de Paula Schargorodsky (7 min) y “How To Be Alone” de Andrea Dorfman y Tanya Davis (4 min).

Además, es esencial siempre tener en cuenta que la pareja no está hecha para hacernos felices sino que es una manera de ir aportando al futuro (hijos y otro tipo de proyectos) a la vez que uno va creciendo (el otro te hace de espejo…). Y esas dos funciones están igual en la soltería, aunque de diferente forma.

Por otra parte, merece la pena comenzar a cuestionarnos lo que se abandera como virtud de cada una de las dos opciones: la libertad en la soltería; y la compañía en la pareja. Las dos, curiosamente, claramente sobrevaloradas en esta sociedad:

-La primera por el exceso de individualismo de hoy, y la falta de compromiso y de perseverancia (ganas de salir a la disco teniendo un examen importante para mí pasado mañana, por ejemplo);

-Y la segunda porque nos han hecho asociar la soledad con algo malo.

Respecto a  este segundo punto, me gustó, y mucho, la defensa de la soledad que leí en el post del 8 de febrero de la BuenaVida. Para mí es algo imprescindible, se viva sólo o en pareja (como ya habréis podido observar en alguno de mis mini-mapas, “Descansar”, “La cabeza te va a estallar?” etc.):

La soledad es un espacio sanador (tras pasarnos el día rodeados de gente, de reunión en reunión, atentos a las redes sociales y al móvil, hiperactivos e hiperconectados); es esencial para la creatividad, la innovación y el buen liderazgo; y nos posibilita escucharnos, mirar hacia dentro, vivir más plenamente.

Lo que pasa es que nos asusta y la evitamos, y cuanto más la evitamos más nos asusta. Mireia Darder señala que conviene enfrentarse a ese momento teniendo en cuenta que la tristeza es resultado simplemente del hecho de aflojarse después de tanta tensión y de haber hecho un enorme esfuerzo por aparentar fortaleza y aguantar la presión ante los que nos rodean. Además en ella emergen nuestros asuntos inconclusos, y también el aburrimiento y el vacio. Y no sabemos tolerarlos, sostenerlos (algo que es, por otra parte, tan necesario): 

No se puede olvidar que para ser realmente autónomo has de aprender a transitar la soledad. El amor no es lo contrario de la soledad sino la soledad compartida” (Mireia Darder).

Y acabo el post sugiriéndoos otros dos mini-mapas (“Pareja”, “Entiendes el amor?”) y con un apunte: Nuestro mundo es hoy incertidumbre (más posibilidades pero también más miedos) por lo que la vida sentimental se transforma en obra artística que se va moldeando cada día si aprendemos a sostener nuestros fantasmillas. Hasta la próxima, navegantes!

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Mercedes Garcia-Laso 24-11-2015 | 8:55 | 0

Hoy os quiero proponer unas breves pinceladas que nos puedan invitar a pensar sobre nuestro particular posicionamiento ante el 25N, es decir, ante la violencia de género.

PRIMERO, en mi opinión el atajar esta lacra que parece no cesar, pasa por un cambio social de raíz, pues en nuestras sociedades patriarcales y falocéntricas la mujer lleva siglos considerada como inferior al hombre… y aunque en nuestra cultura ha habido importantes avances (sólo hace falta recordar la situación de la mujer en España hace 40 años) persiste la devaluación… aunque ahora sea bajo nuevas formas… bueno, y bajo otras, no tan nuevas.

Así las campañas de prevención del maltrato dirigidas a niños y púberes tienen una eficacia bastante limitada frente a lo que nuestros críos ven en los medios de comunicación e internet, donde se presentan modelos muy poco “adecuados”, por decirlo finamente… modelos que, por otra parte, no son otra cosa que la explicitación del imaginario que impera en nuestra sociedad, y del que, la mayoría de las veces, no somos ni conscientes.

No obstante, es cierto que las campañas de prevención de violencia e intervenciones sociales del estilo pueden tener su papel, ya que a todos en un momento dado, un vídeo, una lectura, un algo, nos puede ayudar a un “darnos cuenta” importante  (ejemplo: vídeo “Doble Check de notodofilmfest”, o imagen que adjunto). Aunque también he de reconocer que algunas de las campañas con las que me encuentro me gustan bien poco (pero hoy no entraré en ello).

He comenzado, como veis, por el nivel social y cultural, que es lo que hace que varíe los porcentajes de violencia entre unos países y otros, aunque en todos, quiero enfatizar, se requeriría una transformación profunda y una recuperación los valores femeninos, entre otras cosas, como explicaba en el #minimapa “Hombres y mujeres”.

EN SEGUNDO LUGAR, nos encontramos con nivel individual, es decir, la persona, su entorno y los avatares de su vida. Aquí, lo que más marca la probabilidad que tiene una mujer de ser maltratada es cómo vive sus primeros años de vida… si bien es cierto, que cualquier mujer podemos encontrarnos atrapadas por un perverso que destroza nuestro cerebro y amenaza a nuestros hijos (de ahí que haya utilizado la palabra “probabilidad”). Por otra parte, lo que más protege en un momento dado es, según mi parecer, contar con buenos amigos.

En este segundo punto hay que remarcar también el deber ético del entorno, del que tantas veces nos escaqueamos… y es que todos debemos asumir nuestra responsabilidad: ¿hasta cuándo mirar hacia otro lado para evitarme problemas? Como decía Martin Luther King “lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.”

A este respecto, a los hombres en particular os dejo un vídeo (Jackson Katz: La violencia contra las mujeres, un asunto de hombres) subrayando que ningún ser humano es un objeto y que es vuestra responsabilidad no apoyar con el silencio cuando entre los colegas alguien hace un comentario ofensivo hacia una mujer. Esto es por supuesto también aplicable a las mujeres, que a veces somos mucho más machistas que ellos, y encima sin darnos cuenta.

POR ÚLTIMO, encontraríamos en nivel de intervención con la mujer maltratada. Y voy a acabar este mini-mapa con un resumen de una parte de un artículo de María Cruz Estada, donde se reflexiona acerca de por qué tantas intervenciones en temas de violencia contra las mujeres fracasan… siendo mi interés que nos sirva a todos de pequeño esbozo para seguir pensando y haciéndome preguntas sobre mi particular mapa mental (mis creencias, mi posicionamiento) ante esta cruda realidad. Hasta la próxima semana, navegantes! 

***

Según Estada los tratamientos se suelen convertir en fallidos por TRES tipos de errores del profesional… que son consecuencia de lo que los programas sanitarios le aconsejan o le enseñan, y también de dejarse llevar en el tratamiento por la ideología personal y por los ideales compartidos con el grupo social al que pertenece (los ideales pueden ser absolutamente legítimos pero en el trabajo con pacientes hay que poder dejarlos de lado para poder verdaderamente escuchar).

1. El primer error consiste en ACONSEJAR a la mujer maltratada algo del tipo: “No deberías soportar más esta situación”.

Este error no sólo la toman muchos terapeutas, sino también las amigas, madres, hermanas de la mujer maltratada. Lo que sabemos, o deberíamos saber los profesionales que tratamos a personas con este problema, es que cualquier intento de ayuda que venga por ese lado, NO SÓLO NO sirve para ayudar a las mujeres, sino que suele culpabilizarlas aún más, porque ellas tampoco entienden realmente por qué aguantan tanto, ni tampoco tienen las fuerzas para separarse.

Y esta culpa las lleva a angustiarse más y, con ello, a distanciarse de la amiga, hermana, madre o psicoterapeuta que así la aconsejan (angustiadas —también ellas— por el miedo de que las cosas tomen un giro dramático). Queda entonces, aparte de maltratada, sola; y quienes querían ayudarla, frustrados.

2. Otro error —error de matiz, pero fundamental— es que hace ya unos diez o doce años, cuando se empezó a considerar la posibilidad de tratar a mujeres víctimas de maltrato como tales, era bastante general que se intentara QUE ASUMIERAN SU RESPONSABILIDAD en lo que les ocurría, sobre todo cuando se comprobaba que, a pesar del tratamiento, seguían con su maltratador, o que era altísimo el índice de mujeres que, una vez alejadas, volvían al domicilio familiar. Se repetía así hasta la saciedad, y se sigue haciendo, frases como: “la mujer no es culpable, pero sí responsable”, o “hay que distinguir entre culpabilidad y responsabilidad”.

Por ello, dada la dificultad de hacer esta sutilísima distinción, eran muchas las mujeres que abandonaban el tratamiento.  Y no es que sea falso del todo, pero para que estas frases cobren todo su peso, necesitamos poder distinguir QUIÉN es el agente de la responsabilidad y sobre QUÉ se es responsable. Por esa misma razón, responsabilizar en exclusiva al maltratador, deja a la mujer maltratada la posición pasiva, es decir el lugar del objeto, lugar que es justamente del que habrá de poder salir para no ser maltratada.

3. Tampoco le parece interesante a Estada la vertiente que toman muchos tratamientos que consisten en DAR EL ESTATUTO DE VÍCTIMA a las mujeres que sufren maltrato por parte de su compañero. Y esto lo argumenta con DOS razones:

3.1. Que a partir de que se colectiviza a alguien, ya no se le puede escuchar como sujeto.

Es decir, sólo se escuchará lo que ya “sabemos” de la víctima de maltrato (decir que la maltratada actúa así, o asá, antes de escucharla), no a la persona que tienen delante, y aun menos lo singular, lo subjetivo, lo que se dice entre líneas acerca de las razones por las que esa persona —no otra, ni un colectivo— no puede salir de su situación de maltrato.

Cualquier aplicación protocolaria de una terapia (salvo la medicamentosa), cualquier tratamiento estereotipado desde la teoría, NO DEJARÁ ESCUCHAR lo que cada mujer formule a propósito de sus problemas para salir de la situación en que se encuentra.

3.2. Que a partir de serle incorporado ese nuevo nombre, el de víctima, éste se convierte así en algo del orden de una identidad: algo así como que lo que es del orden de un estar, se convierte en algo del orden del ser. De esta manera se dificulta el desprendimiento de esa nueva identidad gracias a la cual ha empezado a existir socialmente pues que por fin pertenece a un colectivo… pero a un colectivo en el que no figurará como sujeto, sino en tanto objeto nombrado por una instancia superior.

*** (artículo completo en: psicoanalisiscotidiano.wordpress.com)

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).