La Rioja
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Fecha: mayo, 2013
Hasta con uvas se hace vino
Antonio Remesal 28-05-2013 | 1:11 | 0

Reflexiones sobre el bajo precio pagado por la uva y lo que esto representa en la imagen de calidad de los mercados

 

“Como haga públicos los papeles que tengo en mis manos sobre la elaboración en esta bodega estás arruinado”. Ésta es la amenaza del hijo “calavera”  de los Cortazar a Santiago Miranda, propietario de la bodega competencia de su familia, exigiendo una cantidad millonaria, a cambio de su silencio. Ya habrán adivinado que esta situación de chantaje no es real y que corresponde a la serie de televisión “Gran Reserva”. No dudo que si algo no puede atribuirse a este culebrón vespertino, que como escenario tiene La Rioja, es su rigurosidad técnica: cualquier argumento es válido para llamar la atención, reforzar la perversidad de los “malos” o  la candidez de los “buenos” y de paso aumentar las cotas de audiencia. No obstante el asunto, aunque de ficción, da para una reflexión. Trasmite la escena el  mensaje de que en el proceso de elaboración del vino no todo es “limpio” y que en esos calados centenarios, dentro de los depósitos y barricas, además de uva, otros componentes pueden entrar, así como sistemas o métodos de elaboración no tan ortodoxos como podría suponerse en un vino de tan alta estima como es el Rioja.

Ya a finales de 1800 circulaba la copla: ¡Ay! Los almacenes de Haro/ Los tienen que quemar;/ Se muere mucha gente/ Del vino artificial. Eran aquellos, tiempos de mayor demanda que oferta de vino y es posible que algún comerciante sin escrúpulos,  utilizara alcohol, agua y/o alguna clase de colorante para adulterar el vino. Mi abuelo José solía contar, como broma, que un vinatero viendo que llegaba su hora le dijo al heredero en su lecho de muerte: “hijo, te contaré un secreto: hasta con uvas se hace vino”.

No tengo ninguna duda, que ni lo que el cantar dice, ni por supuesto el cuento de mi abuelo, son extrapolables a los tiempos actuales. ¡Estas cosas ahora no pasan! Y no pasan, no porque los controles sanitarios por parte de la  Administración sean más sofisticados, que lo son, ni porque tengamos un Consejo Regulador que vela para que fraudes no se produzcan, ni tampoco por que la integridad sea virtud que abunda  entre los empresarios del sector, que no dudo que así sea, sino porque, uva buena y barata es lo que, visto lo visto, sobra en Rioja. Cuando se están liquidando las operaciones de uva de la cosecha 2012, calificada por cierto como “muy buena”, y disponibles los datos de las dos anteriores campañas 2011 y 2010, ambas “excelentes”, a precios que en el mejor de los casos alcanzan los 60 céntimos/kg, seguro que no hay materia prima más barata para hacer vino, que la uva.

Rioja región vitícola tradicional, privilegiada por sus suelos y clima, en la que los viticultores cuidan las viñas con tal mimo y esmero que como si de jardines se tratara, referencia nacional en viticultura, con los métodos y  técnicas más innovadoras en la elaboración, ha estado vendiendo su producto, el vino con DOCa Rioja, a unos precios que permitían, hasta no hace mucho, vivir holgadamente a todos los eslabones de la cadena productiva. Ahora mismo y desde hace unos pocos años, el agricultor se desvela como siempre lo ha hecho con las viñas, pero lo hace más por profesionalidad o prurito personal, que por el rendimiento económico que estas generan. Puedo decir, y tengo datos para corroborar esta afirmación, que el agricultor cultiva la uva y la entrega a las bodegas, obteniendo a cambio un precio que esta por debajo de los costes de producción. Situación, que como la lógica impone, no puede continuar por mucho más tiempo.

Una vez expuesta esta tesis, me pregunto si con lo que el benjamín de los Cortazar quería extorsionar a Santiago Miranda, no era otra cosa que con la cuenta de la explotación de la bodega. Malo sería que sus clientes se enteraran del precio pagado por la uva, a la vista de la factura del vino.

Volviendo a la realidad del Rioja, la casuística es muy diversa y poco tiene que ver la administración y consecuentemente los resultados de una cooperativa, con los de una bodega comercial, los de una empresa que opere en el Mercado exterior con otra que lo haga en el nacional, que venda al vino a grandes superficies o lo dirija a la restauración, que compre la uva o que se autoabastezca, amén de la infinita gama de posibilidades y modelos intermedios.

Concluyendo, sea cual sea el esquema productivo, política comercial y de gestión, es mi opinión, que si no valoramos apropiadamente el resultado del trabajo, esfuerzo y dedicación del colectivo de productores, difícilmente vamos a encontrar el aprecio de los Mercados y menos aún seremos capaces de defender el precio de nuestro vino.

Confiemos en que gestores y comerciantes bodegueros aprovechen las ventajas competitivas que supone disponer de una materia prima de calidad excelsa a bajo precio para ampliar y consolidar Mercados y que a corto-medio plazo se corrijan los agravios que sobre los productores recaen. Si no es así, no es difícil adivinar lo que el futuro nos depara.

Publicado el 28 de mayo de 2013

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¿A menos uva mejor precio?
Antonio Remesal 02-05-2013 | 12:48 | 0

La menor producción no siempre se compensa con un alza del valor de la uva y del vino

 

El actual momento con viñas aún empezando a brotar, otras con hojas extendidas y las más adelantadas con brotes de varios centímetros, las heladas de la madrugada del domingo 21, en la que se registraron temperaturas por debajo de – 2,5º grados en varias localidades de Rioja Alta y Alavesa y, el frente frío que ahora mismo nos afecta, son circunstancias que hacen que el agricultor viva pendiente de la información meteorológica más que nunca.

 

De acuerdo a mis conocimientos de meteorología, son tres los tipos de heladas: de advección, de evaporación y de irradiación, debiendo su denominación a las circunstancias y fenómenos que acompañan a cada una de ellas. Las heladas de advección se producen por la irrupción de masas de aire muy frío procedente de las regiones polares. Estas heladas ocurren generalmente en invierno y muy raramente ocurren en nuestra zona, cuando lo hacen el área afectada suele ser muy grande. Las heladas de evaporación, como su nombre indica, se manifiestan cuando el agua en contacto con la planta se evapora, robando calor a la misma. Si la temperatura desciende por debajo de los cero grados  pueden provocar daños, dependiendo su magnitud del estado fenológico del viñedo. Pero no son estas heladas de evaporación,  ni tampoco la de  advección, las más temidas en Rioja. En el campo nos inquietamos en esta época cuando el cielo se queda totalmente despejado, con ausencia de viento y poca humedad ambiente. En presencia de estas condiciones el calor de la tierra se irradia, enfriándose la capa de aire más próxima a la superficie. El enfriamiento hace que el vapor del aire se condense como rocío, o si el frío es muy intenso en forma de escarcha. Se conocen también a las heladas de radiación como heladas blancas, por el color de la escarcha que se aprecia por la mañana en las superficies de los objetos o plantas después de una helada de esta clase.  Los hondones o viñedos más bajos son los más sensibles a las heladas de irradiación ya que el aire frío se acumula en ellos. Los suelos con texturas ligeras y pedregosos se enfrían más rápidamente, con lo que los riesgos de las viñas situados en estas zonas son también mayores.

 

A finales de abril solo con que el termómetro marque por debajo de los cero grados los daños pueden ser ya importantes “Marcos, Marquete, vendimiador sin corquete” (San Marcos 25 de abril). Después de una helada las yemas y brotes se ennegrecen  y algunos necrosan y mueren con la consiguiente perdida de producción. Otros pámpanos se desarrollan más tarde, pero, en todo caso, con menor fertilidad, por lo que los rendimientos siempre quedan mermados.

 

A mediados de abril, de 1999, concretamente el día 16, una helada que según la prensa nacional “asoló gran parte del viñedo de la Denominación” y que luego no resulto en una disminución de rendimiento  tan grave como en principio se temía, unido a otros factores ajenos a lo agronómico, produjo un incremento aquel año, del precio de la uva nunca antes, ni tampoco después, conocido. Podría pensarse que si la cosecha de uva es corta los precios aumentarán, pero esto no es siempre así. La estadística indica que la reducción  de rendimientos no supone siempre un alza de precios de la uva y el vino, es por lo que, contrario a lo que podía pensarse, “si hay poca uva al menos se pagará bien” es un argumento no válido, y por consiguiente que para nada tranquiliza al agricultor.

 

Después del frente frío que viene afectando desde el pasado fin de semana, con nieve en la sierra, con una situación económica como la actual, el aviso del pasado 21 de abril, que todavía no sabemos como se va a traducir en rendimientos, y la viña con un desarrollo como corresponde a inicios de mayo, el refrán “El mes de mayo es el mes más largo que tiene el año”, se hace bueno.  Seguiremos, por consiguiente, atentos a “el tiempo” y mirando al cielo….

Publicado el 2 de mayo de 2013

 

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.