La Rioja
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Fecha: noviembre, 2013
Sobre viñas viejas
Antonio Remesal 27-11-2013 | 8:30 | 0

Se proponen estímulos e incentivos para parar de una vez por todas los arranques de viñedos más antiguos.

Coincide casi todo el mundo en que las viñas viejas, llevadas adecuadamente, producen mejor vino que las plantadas más recientemente. Es por eso por lo que encontramos en las etiquetas o en la comunicación de determinados vinos, textos como los que a continuación transcribo:

“Este vino se ha elaborado con uva procedente de viñedos viejos de bajo rendimiento…”, “… de nuestros viñedos viejos situados en las laderas de …”, “ … de cepas de más de 60 años que no producen más de tres racimos…”,“… de los pagos más viejos de la familia…”

El termino de viña viejas no es utilizado solo en España, sino que se extiende a toda la geográfia mundial. Así “old vines” dicen los angloparlantes, “vieilles vignes” los francófonos, “vigna vecchia” los italianos y “alte reben” los teutones. Todos destacan aquellos vinos procedentes de viñas con más años como susceptibles de brindar una mayor calidad.

Amén de lo que como herramienta de marketing supone la elaboración con uvas procedentes de viñedos viejos, es innegable el componente cualitativo ligado directamente a su baja producción, menor de 2 kilos de uva por cepa generalmente. Este extra en calidad es debido a que los viñedos más antiguos tienen un desarrollo radicular más desarrollado, lo que les permite superar mejor las condiciones de falta o exceso de agua. Por otra parte, el balance entre la superficie foliar y rendimiento, es apropiado para una correcta gestión de los recursos hídricos y minerales, alcanzando la maduración en las mejores condiciones. Es por lo que los vinos resultantes son mas equilibrados, finos, estructurados y con aromas más complejos e intensos.

La consideración de viñedo viejo es variable, como ocurre con las personas, no todos llegamos igual a la misma edad, pero podemos decir que, como regla general, a partir de 35 o 40 años un vino elaborado con estas uvas puede destacar su procedencia sin que nadie ponga en cuestión su consideración.

La vid empieza a dar uva a partir del segundo o tercer año, alcanza su pleno rendimiento sobre los 10 y a partir de 20-25, dependiendo del trato que haya recibido, empieza a mermar su producción. En buenas condiciones de cultivo una planta de viña puede sobrepasar los 100 años, estando documentadas cepas de más de 400 años en la isla de Santorini en Grecia. En España no se conoce existan vides tan ancestrales, si bien quedan algunos ejemplos notables de viñas prefiloxéricas, es decir de antes de que la plaga arrasara el viñedo Europeo, allá por 1890. Son viñas plantadas sobre “pie franco” directamente al suelo. Desde la filoxera, la parte productiva de la planta se injerta sobre un portainjerto de vides de origen americano, resistente a la plaga.

Los americanos, para los cuales todo lo que tiene más de treinta años es una antigüedad, dicen de ellos “los supervivientes”, y los cuidan como auténticas joyas. Sus viñedos más antiguos, la mayoría con 40 o 50 años, aunque alguno alcance los 100, se encuentran en Sonoma (Old Vine Zinfandel) y son tratados al mismo nivel que las secuoyas gigantes de sus parques naturales: como un tesoro del patrimonio nacional a proteger. En cuanto a sus vinos, algunos de los mejores productores elaboran sus grandes vinos precisamente de esas cepas.

Mientras tanto en España, donde la Rioja no se queda al margen, desde el año 2.000 la superficie de viñedo viejo ha ido decreciendo paulatinamente, fundamentalmente propiciado por los incentivos para el arranque y la reestructuración del viñedo con ayudas europeas. También ha contribuido a ello el hecho que el precio pagado por la uva no ha compensado económicamente el cultivo de viñedos con bajo rendimiento. Aquellas bodegas que han sabido vender su vino con un valor añadido, eludiendo a su procedencia, han mantenido sus viñas más viejas o han podido pagar la uva a precios más próximos a su costo de producción, caso de abastecimiento exterior. Los viticultores que no han visto compensado su esfuerzo en el precio de su uva, han aguantado lo que han podido y al final muchos han acabado por arrancar.

Es en este mes de noviembre, aún con la resaca de la vendimia, cuando se empiezan a conocer los precios a los que se liquidará la uva entregada a las bodegas, y es cuando los agricultores más se plantean la sustitución de los viñedos viejos menos productivos por las nuevas plantaciones, que además de aumentar los rendimientos, permiten una mejor mecanización y facilitan las labores de mantenimiento del viñedo. Y es que la mayoría de viñas viejas están plantadas con marcos muy estrechos, con anchuras de calles de poco más de metro y medio, lo que impide entrar con tractor. Son parcelas pequeñas y con topografía quebrada, con muchas marras, donde las labores, los tratamientos y la recolección se complican sobremanera. Como resultado poca uva, eso si excelente, pero que no se paga: el encarecimiento y penuria de los trabajos, supone que sería necesario pagar la uva al doble de lo que se paga para que fuera rentable su cultivo.

Llega entonces el momento de hacer balance: en un lado el rendimiento económico, en el otro el trabajo y el esfuerzo. Que la viña la plantara su padre o su abuelo, hasta su bisabuelo,….u otros motivos sentimentales, son los pretextos que retienen al agricultor para no coger la “retro” y cargarse de una vez todas esas vides cansadas, que no dan más que trabajo y que no son sostenibles económicamente.

La Administración en este sentido no ayuda, las subvenciones europeas para arranque y sustitución de viñedos viejos están a golpe de solicitud, solo con reunir unos mínimos requisitos. Algunos somos persistentes en el discurso: “La lógica dice que veremos como las uvas de los viñedos viejos se pagan como corresponde”, “mira lo que ha pasado con el blanco, nadie lo quería y ahora a plantar lo que antes arrancamos, y más”, “Algún día pasará aquí como en Francia, Alemania, EEUU,.. donde si se valoran …” Palabras que no se traducen en nada. Ni siquiera a los amigos se les puede pedir el esfuerzo de aguantar año tras año una estructura productiva que no lo es. Es el viticultor a quien vemos con la mochila y con la “morisca”, afanado día tras día a la intemperie. Es él, quien recoge, o a veces deja en el campo -como hemos visto años atrás por que ni siquiera vendimiar vale la pena- el escaso fruto de su trabajo.

Es por todo ello por lo que, tratando de evitar la sangría de arranque de viñedos viejos que se produce cada año, y antes de que sea tarde para evitar la masacre de este elemento del paisaje, símbolo vivo de la tradición y joya del patrimonio vitícola, es necesario promover iniciativas para la conservación de los viñedos más antiguos. Entre ellas, sugerimos:

– Apoyo económico de las Administraciones para su sostenibilidad.
– Catalogación de viñedos singulares para su preservación. Acción con la posibilidad de unión al proyecto de “Paisajes del Viñedo” en su candidatura para Patrimonio de la Humanidad.
– Regulación del uso del termino “viñas viejas” lo mismo que se hace con los tiempos de crianza.
– Precio de la uva estrictamente ligado a su calidad en el que la edad del viñedo sea un parámetro a valorar.

Cuando una viña es arrancada lo es para siempre, dando la espalda a nuestro pasado y privando a generaciones futuras de la posibilidad de conocer las cepas que un día hicieron universal a Rioja. Que su suerte cambie no depende más que de nosotros.

 

 

 

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.