La Rioja
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Fecha: mayo, 2014
LOS MEJORES VINOS Y LOS MÁS CAROS
Antonio Remesal 27-05-2014 | 7:18 | 0

¿Están los Riojas en las listas de los mejores vinos del mundo?

La buena relación calidad/precio es el factor diferencial del Rioja.

Soñemos por un momento e imaginemos que nos toca la lotería. Como nos gusta el vino, -sino no estaríamos leyendo esta página- decidimos celebrarlo con “lo mejor de lo mejor”. Preguntamos a un experto por los vinos más caros, dadas las circunstancias no es cosa de mirar el “número”, suponiendo que el precio más alto es sinónimo de lo mejor. Y ¡sorpresa¡, los Riojas no está en el exclusivo club de los mejores. Nos enteramos entonces, que ese es un espacio reservado a, mayoritariamente, vinos franceses como Château Lafite,  Petrus, Romanée Conti… Eso sí, cuando nos informemos del precio, caeremos en la cuenta que el premio del sorteo igual no nos llega ni para comprar una sola botella.

Toquemos ahora tierra y veamos que pasaría si a la pregunta se le añadiera una coletilla del tipo “a un precio razonable”. Desaparecerían entonces de la lista algunas marcas dejando paso a otras nuevas, en las que el precio guardaría una relación con lo que realmente el producto nos ofrece. Es en éstos ranking, en los que además de la calidad se tiene en consideración el precio, en los cuales los vinos de Rioja ocupan posiciones destacadas. Vemos así, en muchas publicaciones, nacionales y también foráneas, en las que se barema de acuerdo a la relación calidad precio, como hay una coincidencia bastante general en que el vino de Rioja vale más de lo que cuesta. Para nuestro regocijo, es ésta, una de las regiones vitícolas mundiales en la que se obtiene más valor por el dinero que se paga por botella.

Llegados a este punto, respondida la pregunta del encabezamiento de la página, analicemos las distintas connotaciones que valor y precio tienen en el vino. Afortunadamente para el comercio del vino Rioja, la mayoría de los consumidores previamente a la decisión de compra, ponemos en un lado de la balanza lo que el bien aporta y en el otro lo que cuesta.  Porqué ya decía el poeta Antonio Machado: “es de necios confundir valor con precio”.

La relación calidad precio da una idea del valor de un bien. Los consumidores en el proceso de compra, llegamos a esta ratio de una manera intuitiva: vemos la calidad e instantáneamente la comparamos con el precio. Así, decimos que algo nos parece barato o caro, en función de la percepción ante el producto o servicio y de su precio. Pero también, y los economistas lo hacen a menudo, se puede cuantificar, dividiendo la calidad entre el precio. El problema es que si bien el precio es una magnitud contable, la calidad es un concepto subjetivo lo que hace difícil asignarle un valor numérico. Una buena relación calidad/precio refleja que un determinado producto obliga a un desembolso menor que el necesario para adquirir otros de similar calidad, o, que para igualdad de precio, ese producto es mejor que el resto. Una adecuada relación calidad precio no significa necesariamente un precio barato: lo mismo se puede hablar de una relación correcta de precio y calidad con vinos de 3 € que de 100 €/botella. No existe ni máximo ni mínimo costo, lo que cuenta es que la satisfacción que obtengamos merezca el precio que pagamos: que lo que adquirimos valga lo que cueste. Del mismo modo un producto, con una buena relación calidad/precio no quiere decir que nos hallemos ante un producto de buena calidad, puede tratarse de algo que resulte tan económico que nos compense su compra, aún con bajo nivel de calidad. Y así, nos conformamos diciendo: “por lo que he pagado no se puede pedir más” o llevado al extremo “ a caballo regalado….”.

Al ser la relación calidad/precio un cociente matemático, en el que en el numerador está la calidad y en el denominador el precio, el modo de incrementarlo es, bien mejorando la calidad, rebajando el precio o mediante una combinación de ambos. Rebajar la calidad no es la solución en el caso del vino Rioja, pienso que eso lo tenemos todos claro. Ajustar el precio es un recurso valido, ¡eso sí!, siempre que se consiga a base de implementar mejoras de la eficacia productiva, de la comercialización o de la publicidad, y no, de forma ilegítima: a costa de “apretar los tornillos” a los proveedores de uva, reducir salarios de los empleados, etc.

Por otra parte, ocurre que los precios bajos se identifican a menudo con calidad mediocre, por lo que la reducción de precios tiene sus límites. El cliente desconfía de las gangas, no entiende que producto de calidad y económico puedan ir juntos. Si no vean como algunos fabricantes venden caro como estrategia de ventas y modo de mantener el estatus. Se sabe, que la percepción que el cliente tiene de un artículo cuya calidad es tan intangible como el vino, depende también del precio. El precio da seguridad de acierto al comprador. Si es caro es bueno, si es barato no me fío.

Esta claro que excepto para el grupo privilegiado que no le importa gastar y lo que buscan es calidad al precio que sea, el resto de los mortales tratamos de llevarnos lo mejor con el menor desembolso posible. El hecho que la relación calidad/precio sea un criterio muy importante para la elección de cualquier producto, incluido el vino, sitúa a Rioja en una situación aventajada a la hora de la venta, pero para ello el vendedor debe disponer de esa información. Debe por tanto existir una eficiente labor de comunicación,  para que ese trabajo previo de conseguir un producto de calidad a un precio ajustado sea percibido por los clientes.

Sabemos lo difícil y competitivo que es la venta de vino y que, como consecuencia, si queremos estar en el mercado estamos obligados a adaptar nuestros precios a los de competidores cuya calidad se perciba como similar a la nuestra, pero debemos tener siempre en mente que si bajamos los precios con menoscabo de la calidad,  tarde o temprano perderemos la confianza del cliente. Si la opción es mantener la calidad y reducir precio, aparte de que seguro se hace a costa del sacrificio de alguien, el cliente puede llegar a pensar que lo que le ofrecemos no es bueno. Y es que “nadie da duros a cuatro pesetas”.

Concluyendo, la relación calidad precio es un indicador muy válido de la percepción de la calidad para el consumidor, siendo la calidad  un concepto subjetivo en el que intervienen en su valoración variables ajenas, en el caso del vino, al contenido de la botella. Por otra parte, teniendo en cuenta que precio barato se identifica con mala calidad, que  el precio elevado aporta valor (el vino como símbolo de representación a veces hasta de ostentación) y que a precio siempre habrá quien gane. Y que, por último, Rioja tiene potencial suficiente para hacer un producto de alta calidad. Tomando todo ello en consideración, dos vías nos quedan para vender y que las ventas se mantengan en el tiempo: productos de alta gama a precios muy elevados o productos de calidad a un precio razonable, pero ¡ojo!, garantizando que el precio de venta cubre las necesidades de todo el sistema productivo. Otros planteamientos no son sostenibles en el tiempo. Digo yo.

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VINO DE RIOJA: LA CALIDAD SE LE SUPONE
Antonio Remesal 06-05-2014 | 6:45 | 0

Se plantea un nuevo sistema de calificación doble: la cosecha y la añada.

Una creíble valoración de los vinos debería hacerse también con la salida de los crianzas al mercado.

Al acabar la “mili” se entregaba a los soldados recién licenciados un librito que era algo así como la cartilla de notas en el ámbito de la enseñanza. En “la blanca”, que por su color se conocía a la cartilla militar, se reflejaban los destinos y las incidencias durante el tiempo de servicio en el ejercito, junto con una evaluación del soldado en lo referente a conducta, amor al Servicio, disposición, …y valor. Este último apartado se rellenaba invariablemente con un “se le supone”, y así se indicaba, dado que el soldado al no haber entrado en combate real no había tenido ocasión de demostrar su valía. Era pues de esperar su coraje si la ocasión lo requería. No sé de nadie que en su cartilla militar figurara cosa distinta, al fin y al cabo uno iba a la “mili” para hacerse “un hombre” y no parece muy apropiado, que en el espacio reservado al valor, figurara algo así como, “es un poco gallina”. Han pasado 30 años, ahora la “mili” ya no es obligatoria, los soldados son profesionales, el ejercito no es solo “cosa de hombres”, y más que prepararse para la guerra llevan a cabo acciones humanitarias, algunas en países en guerra, que sin duda ponen a menudo a prueba el valor del profesional. A pesar de estos diferencias, el ejercito como otros ámbitos de la sociedad cambian muy despacio, por lo que no sería de extrañar que la cartilla militar sea hoy la misma de entonces. La mía de principios de los 80 llevaba aún el escudo preconstitucional, aún cuando ya llevábamos años en democracia.

La evaluación del ejercito a los soldados reflejados en la cartilla militar, y la que hace el Consejo Regulador sobre las cosechas, tiene en común la irrelevancia de la información y la resistencia a los cambios.

Hace pocos días, el Consejo Regulador de la DOCa Rioja ha otorgado la valoración oficial de “Buena” a la cosecha 2013, sobre la base del muestreo exhaustivo realizado para la calificación de los vinos. Desde el año 1985, año en que se puso en marcha el Plan de Calificación de los vinos de Rioja, los vinos elaborados en la denominación están sometidos a un riguroso proceso, por el cual, miles de muestras tomadas directamente de los depósitos de elaboración por los veedores del Consejo, se evalúan mediante análisis en laboratorio y organolépticos (cata), para determinar si merecen o no el amparo de la denominación. La declaración de la calidad de la cosecha es, en primer lugar, una fuente de información para conocer con que vinos de la respectiva cosecha se cuenta y también es un argumento comercial.

Proclamar, como lo ha hecho recientemente el Consejo Regulador, que la media de los vinos testados de 2013 responde al predominio de un mayor volumen de vinos de buena calidad, es decir muy poco.  En un proceso en el que los vinos que no dan la talla son descalificados, la calidad de los vinos que pasan la criba (los únicos que llegarán a comercializarse como Riojas) no es cuestionable. Como el valor, se le supone. No se contempla tampoco la posibilidad de calificar los vinos como mediocres, y menos aún como malos, no solo por razones comerciales sino, como es lógico, por que no se justificaría en caso contrario la existencia del Consejo Regulador, que como misión principal tiene la de velar por la excelencia de su producto, discriminando los vinos que no alcanzan el nivel para ser Riojas.

Por otra parte, la información ofrecida tan precozmente denota ciertas limitaciones. El hecho que el dato de la cosecha se haga público apenas  tres meses después de que el vino merezca ese nombre, equivale, volviendo al mundo castrense, a evaluar al soldado en periodo de instrucción. Como va a evolucionar el vino, una vez esté completada su elaboración, en su periodo de crianza, tiene una buena dosis de enigma. Para determinar el mérito de una añada es preciso conocer su comportamiento ante “fuego real”, por lo que el examen actual es válido únicamente para vinos jóvenes, siendo necesario esperar un tiempo para según como evolucione la cosecha dar la nota global del examen. Particularmente echo de menos la valoración de la añada, esta sí real y que no tiene por que coincidir con la de la cosecha, una vez comprobada la respuesta de los vinos de una determinada vendimia en el proceso de crianza.

En otro orden de cosas, partiendo de que:  el examen de calidad lo realiza el mismo Consejo Regulador, aunque podamos participar otros colectivos -siempre interesados-, que desde 1984 no exista ni siquiera una añada de Rioja  “normal”, ni que decir “mediana” -para encontrar una hay que remontarse a 1972-,  no da precisamente credibilidad a la información. A esto hay que unir el dato significativo que desde 2.001 cinco cosechas han sido calificadas como “excelentes”. Aunque uno pueda estar de acuerdo en la gran bondad de alguna de ellas, dudo, ahora mismo, obtuvieran todas la misma nota en una reválida .

Es por todo esto por lo que propongo una revisión del sistema actual con alguna novedad, que bajo mi modo de ver podría traducirse en lo siguiente:

– Realizar dos calificaciones una para los vinos jóvenes (valoración de la cosecha) y otra en el momento que salga a la calle el crianza correspondiente a esa cosecha (valoración de la añada). Procedería entonces, ahora en 2014, ratificar la añada de 2012.  Se podría dar la circunstancia que esta cosecha  que en 2013 se valoro como muy “Muy Buena” podría hoy mejorar o empeorar la calificación definitiva.
– Cambiar la terminología y así evaluar la cosecha como: por debajo, por encima o al nivel de la media de Rioja y  la añada con los mismos grados incluyendo, además, el de  “Sobresaliente” para añadas realmente excepcionales.

La información de la añada es un argumento comercial y sirve como criterio (no tanto en España como en otros países), para la elección de los vinos por el cliente, por lo que debe mantenerse, pero obliga a una revisión, en pro de su funcionalidad y de la credibilidad de la información y por ende del vino Rioja. La modificación en la línea apuntada es una de las posibles opciones, otra es no hacer nada.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.