La Rioja
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Fecha: noviembre, 2014
¿Qué se ha hecho mal en esta complicada vendimia?
Antonio Remesal 12-11-2014 | 8:27 | 0

Se hace un “examen de conciencia” de la campaña y se proponen algunas claves para mejorar en el futuro.

Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Esta es la frase que nos obligaban a repetir una y otra vez en aquellas monótonas sesiones de catequesis. Repetíamos tanto lo mismo que al final no sabíamos lo que decíamos. Solamente después de un tiempo he encontrado un sentido a aquello: puede que a su manera hablaran del ciclo PDCA, de la mejora continua, que simplificando no es otra cosa que planificar y evaluar una vez se ha ejecutado para no tropezar dos veces en la misma piedra e ir mejorando.

Sé que a toro pasado todos somos Manolete, y que dicho sea de paso, cuando he visto algunas actuaciones de esta vendimia me he acordado de “Manolete, Manolete, si no sabes torear pa que te metes” . Dicho esto, voy a hacer un examen de conciencia de la campaña vitícola, de modo que los “pecados mortales”, que a mi juicio se han cometido, puedan evitarse en el futuro, o si eso no es posible, tratar de aminorar las consecuencias implementando los cambios pertinentes.

El verano empezó con mucho calor en junio, chubascos tormentosos y algún pedrisco, si bien el cuajado en general fue aceptable: la “muestra” pronosticaba entonces  una holgada cosecha. Los meses de julio y agosto transcurrieron con tormentas aisladas y temperaturas por debajo de las habituales. La elevada humedad ambiente de los primeros días de julio aumentó las posibilidades de desarrollo de enfermedades criptogámicas, especialmente  mildiu, enfermedad que se manifestó en hojas y también excepcional y peligrosamente en racimos. En cuanto al oídio, esta enfermedad endémica en Rioja, no ha sido la principal preocupación, el viticultor sabe a lo que se expone si no hace las cosas bien y este año los riesgos eran muy altos. Con todo ello, gracias a la profesionalidad de los viticultores, a un gasto en productos por encima del 25% de lo habitual y las  intervenciones en  verde -desniete, deshojado, despuntes- estos hongos no llegaron a causar grandes daños.

Además de la incidencia del  mildiu en una ulterior hipotética botrytis, hay que destacar este año la fuerte ataque de polilla (2ª y hasta 3ª generación) insecto que, si la humedad es alta, propicia la podredumbre. El peligro de esta plaga viene por que las hembras hacen la puesta sobre las uvas en las zonas más protegidas del racimo, dónde los tratamientos apenas penetran.

Y llegó septiembre

A pesar de todo llegábamos al mes de septiembre con un buen aspecto de la viña,  fenología dentro de la media de otros años y rendimientos altos. Quedaba solo esperar que las dos o tres semanas para el inicio de la vendimia fueran en la línea de lo habitual. El optimismo era la nota dominante,  la cosecha generosa, los viticultores iban a recibir precios al fin dignos, el Consejo Regulador permitía la entrada en bodega de un 5% más de uva tinta y un 10% más de blanca amparada y además, las bodegas necesitaban uva al estar con las existencias mermadas tras la corta cosecha 2013.  Para más dicha, unas tormentas en la primera decena de septiembre refrescaban las viñas que empezaban a sufrir por un mes de julio y agosto sin ver el agua, engordaban el grano y daban un poco “vidilla” a la vegetación. Pero, “el gozo en un pozo”, lo que se creía era una lluvia de paso llego para quedarse, entrabamos en un periodo de inestabilidad, todas las previsiones meteorológicas así lo confirmaban. Confluían entonces las condiciones atmosféricas y el estado de la viña, con mucha carga, racimos compactos y mucha vegetación en el área del racimo, perfectas para el desarrollo de la botrytis. Estaban en juego casi 500 millones de kilos de uva que suponían 400 millones de euros para miles de familias de viticultores.

Mientras tanto el Consejo Regulador, Casa del Vino, Enológica,… viendo como la acidez caía bruscamente, el hollejo se reblandecía por momentos, y el grado era moderado todavía, daban mensajes difusos y no siempre concordantes, más dirigidos a posibles clientes de vino, que a los que de verdad se la estaban jugando: los viticultores. Se optó  por esperar, confiando que “entrará el norte” y resecara el racimo.  Sin embargo, otros, con “ese estado de la uva” y con la información del tiempo en internet, abogábamos por iniciar la vendimia tratando de asegurar la calidad que en aquel momento había. Y al final no hubo milagros, ya entrados en la segunda semana de octubre  había que rendirse a la evidencia, era preciso coger la uva, la espera no podía dilatarse ni un día. Con agua, con barro, no había manos suficientes en Rioja, urgía vendimiar rápidamente. A toda prisa la uva aun “colgada” el 8 de octubre entraba en bodega en poco más de una semana.

Hoy 11 de noviembre, llegado San Martín, la uva es vino, vista la evolución de las fermentaciones, catado y analizado, lo que tenemos son dos cosechas, con las múltiples variantes intermedias:
1ª Aquellos que llevaron un manejo adecuado de la vegetación mediante deshojados, aclareo de racimos, efectivo control sanitario y selección de la uva, aspirarán a grandes vinos, incluso con recolecciones tardías.
2ª Los que fallaron mínimamente en alguno de estos aspectos, su calidad dependerá del grado de “pecado”,  de la fecha de vendimia y,  en todo caso, del buen hacer del enólogo.

Y ya puestos, aquí van algunas propuestas a futuro:

– Es prioritario establecer mayor coordinación entre los diversos organismos que están trabajando en el control de la maduración en Rioja.
– Debe haber una información dirigida a los medios y público en general y otra más técnica y precisa, “sin edulcorantes”, para los viticultores.
– La protección ecológica para la polilla, con técnicas de confusión sexual en parcelas grandes está dando un mejor resultado que los métodos químicos. Habría que plantearse la generalización de su uso en Rioja.
– Es necesario establecer modelos de predicción para la botrytis ahora que las previsiones meteorológicas a medio plazo son bastante precisas. Aparte del dato del tiempo, el resto son parámetros conocidos: grado de sensibilización por heridas provocadas por plagas, enfermedades o granizo, compacidad del racimo, rendimientos, tamaño del grano, estado de la vegetación, tersura del hollejo, etc. Toda esta información tratada informáticamente ayudará sin duda a la determinación de la fecha de vendimia  en función de los riesgos que cada uno quiera asumir. Y por último:
– Altos rendimientos y calidad no pueden ir juntos. Si existe riesgo de botrytis en septiembre hay que quitar uva en las viñas muy cargadas.

Después de este examen de conciencia, les dejo a ustedes lo que queda de la “confesión”. Algunas claves espero haber dado para no “pecar” , y en su caso “enmendar” en las próximas campañas.

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LOS VITICULTORES DEL SIGLO XXI: LA FUERZA DEL RIOJA
Antonio Remesal 05-11-2014 | 8:37 | 0

Hoy recomiendo como lectura el libro de Miguel Larreina, con quien comparto el papel de los viticultores para la pervivencia del medio rural y del propio negocio del vino de Rioja.

“A su tiempo maduran las uvas”, dice el refrán popular, y así suele ser, pero ¡que largo se hace a veces!. Ésta ha sido una de esas vendimias en las que no veíamos el momento de “soltar el remolque”. Han sido dos meses peculiares en las que el proceso de maduración ha estado condicionado por una climatología de lo más desfavorable que recordamos. En realidad, cada año es diferente y cada año son miles de viticultores, miles de familias riojanas, las que viven la maduración de la uva con estrés y  zozobra. Es mucho lo que han trabajado e invertido a lo largo del año, es mucho lo que se juegan los viticultores riojanos en pocos días. De este riesgo, de la tensión permanente de este colectivo, de su papel trascendente en nuestra sociedad rural y en la economía regional, habla largo y tendido, el experto Miguel Larreina en su último libro: “Los viticultores del siglo XXI: la fuerza del Rioja”.

El autor, estudioso del sector vitivinícola desde hace treinta años, pone en valor en este libro las grandes fortalezas del colectivo de viticultores riojanos, contrastándolas con unas debilidades que se han agudizado a raíz de la última crisis, de las muchas que sufre el campo, la iniciada en 2008. Comienza hablando de la fuerza demográfica de la familia vitícola, continúa con la  Historia del vino Rioja, esa experiencia secular de triunfos y de fracasos que ha forjado una casta especial de agricultores. Resalta luego, la impresionante trascendencia económica de un sector vitivinícola riojano, cuyo éxito comercial es precisamente la garantía de supervivencia de los que trabajamos en esto. Alude también a la plusvalía que supone ese “mar de Tempranillo”, esas sesenta mil hectáreas de un viñedo prestigioso. Prosigue enfatizando la fuerza personal del viticultor, su carácter endurecido en un medio tan hostil. Incide sobre la agricultura familiar como factor de mantenimiento del mundo rural, una de las mayores plusvalías de la Denominación. A continuación comenta otra fortaleza del colectivo de viticultores riojanos, la del poder que le otorgan las urnas. Se extiende después en la oportunidad que supone para la pervivencia de los viticultores las ayudas procedentes de la Unión Europea que, según indica, no están suficientemente aprovechadas. Y finalmente, tras repasar las Instituciones regionales relacionadas con la viticultura, acaba destacando un valor que ahora se empieza a reconocer, la profesionalidad, con leyes que, por fin, confieren al agricultor profesional beneficios sobre los que no tienen el cuidado de la tierra como actividad principal.

Pero con este libro, además de rendir homenaje al viticultor riojano, difundir su duro trabajo cotidiano y poner sobre la mesa su problemática concreta, sus fortalezas y debilidades, el autor pretende llamar la atención de la sociedad sobre un colectivo que, a pesar de su tamaño, y de la tradición milenaria de su actividad, sigue siendo un “gigante silencioso”. Se podrá coincidir o discrepar con el Doctor Larreina en ciertos apartados de su, aunque escueto, denso libro, pero lo cierto es que en conjunto estamos ante un trabajo colosal, difícil, escrito tanto con la cabeza como con el corazón. Los capítulos de historia y economía me han gustado especialmente, por la facilidad con que resume una realidad, que por estar inmerso en ella, es a menudo difícilmente comprensible. Con relación al apartado final de conclusiones, no me resisto a mostrarle al lector de esta página algunas perlas:
– “Hay que trasladar a la sociedad que lo más valioso del Rioja  es su capital humano,……” la Denominación Rioja es lo que es gracias a la ruralidad, a la pervivencia de esos pequeños pueblos que sin la viña estarían desiertos hace tiempo. Los viticultores y sus familias son la garantía máxima de esa pervivencia, pero esa función tan dura y cara hay que “pagársela” corrigiendo las deficiencias en infraestructuras de ese mundo rural….
– “Además de por la generación de riqueza que aporta, el trabajo del viticultor es importante porque evita la despoblación del medio rural, salva del abandono a actividades agropecuarias en crisis, mantiene paisajes y ecosistemas singulares y atractivos, genera puestos de trabajo en los pueblos, distribuye la riqueza en tiempos de bonanza,…Si los viticultores riojanos no tienen futuro el medio rural riojano no tendrá futuro”.
– “La viticultura es hoy en Rioja una profesión esclava, dura, para gente sufrida y callada, para estoicos,…Por un lado no pueden ponerse enfermos, no pueden lesionarse, no pueden dejar de ir a la viña, no tienen mecanismos de sustitución,…y, por otro lado, siempre se encuentran presionados por el calendario, el clima, la fenología y los caprichos de una viña que no permite prever nada, no hay modo de organizar con una mínima antelación unas vacaciones con la mujer y los hijos por Semana Santa, por San Bernabé, por San Mateo”.
-“La gran tensión en la que viven los viticultores se refleja en una siniestralidad  y morbilidad extraordinarias que hay que estudiar y atajar….- Al estrés, el cansancio, las prisas en las que vive este colectivo como causas del incremento de accidentes, se suman  otros factores provocados por la crisis como el hecho cierto de que los tractores están cada vez más viejos, las menguantes pensiones que obligan a  trabajar más allá de la edad de jubilación, los bajos precios de la uva que impiden contratar peones y obligan al viticultor a trabajar más horas de las debidas…”
-“Hoy se le exige al viticultor riojano ser experto no sólo en la viña y en maquinaria sino también en normativa medioambiental, en legislación laboral, en ayudas europeas, en legislación vitícola,[………] y todas sus obligaciones tienen serios perjuicios económicos o personales caso de no acometerlas acertadamente. Si se equivoca en el momento o dosis del tratamiento, pierde parte de la cosecha; si no hace en la viña las operaciones marcadas por la bodega, se rescinde el contrato; un error en los papeles de uno de los peones de vendimia, multa de la Seguridad Social; [………] si no está atento a los plazos de solicitud de ayuda a la reestructuración, adiós subvención; si no toma las debidas precauciones con el producto fitosanitario, riesgo para su salud, si se descuida con el tractor, se va al ribazo…”
En fin, estamos ante una lectura obligada para los viticultores, útil, también, para aquellos que desconocen la problemática del mundo rural riojano. Este libro es, sin duda, una manera de acercarse a ella, por mi parte más de un día incidiré en alguno de los temas tratados en sus páginas.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.