La Rioja
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Fecha: abril, 2015
PORQUE ¡AQUÍ NO HAY PLAYA!
Antonio Remesal 29-04-2015 | 8:11 | 0

El turismo enológico como aliado incuestionable en la mejora de la economía 

España recibió cerca de 60 millones de turistas en 2012 y los avances de los datos oficiales de julio y septiembre indican, a estas alturas de verano, que este año superaremos holgadamente esta cifra. Una tarta muy golosa que genera sustanciales ingresos, pero de la cual a Rioja le ha correspondido una mínima parte. La razón es de todos conocida: ¡aquí no hay playa!.  Sí, sobre el binomio sol y playa ha pivotado hasta la fecha el turismo en España, con lo que nuestra región queda fuera del negocio de la primera industria del país. Nuestros visitantes, la mayoría de fin de semana, lo son muchos procedentes de las grandes capitales de España o de las regiones más próximas, siendo limitado el número de extranjeros que hasta aquí llegan. Las visitas de fuera de nuestras fronteras se producen algunas por razones de trabajo, otras por su proximidad a Bilbao, Santander, San Sebastián y Pamplona, como focos más próximos de interés por sí mismo. Otros visitantes se topan con Rioja de paso en sus rutas por carretera Este-Oeste y Norte-Sur, o  como peregrinos en su camino a Santiago.

Sin menospreciar la fórmula existente en España, que constituye el 80% de los ingresos por turismo, se imponen nuevos modelos de turismo más cercanos a la cultura, respetuosos con el medio ambiente, con público generalmente más exigente que busca más calidad que precio. Entre ellas el enoturismo que hace del vino el eje fundamental de una oferta turística complementada con todo tipo de actividades culturales y de ocio. Es necesario, pues, completar la oferta tradicional de costas, para poder conectar con un público con otras necesidades, hábitos e inquietudes.

El turismo enológico además de la visita a bodegas y elaboradores del vino, permite una explotación de los diferentes  recursos existentes mediante actividades muy variadas: culturales, deportivas, gastronómicas, etc., y cuyo límite es solo la imaginación; para ello Rioja dispone  de todos los elementos necesarios para hacer de esta actividad una fuente de ingresos substancial. El turismo enológico esta dirigido a personas de poder adquisitivo medio-alto cuyo gasto medio por estancia es superior al resto de los turistas y que son, al mismo tiempo, los consumidores habituales o potenciales del vino de Rioja.

Naturaleza privilegiada, patrimonio cultural y etnográfico extraordinario, renombradas bodegas, reputada gastronomía, una buena red de comunicaciones, y por supuesto el vino, confluyen en el área que ocupa la Denominación  y son  argumentos suficientes que justifican el aprovechamiento en esta región de un patrimonio que ni con mucho alcanza el potencial posible. Es necesario decir, para no llamarnos a engaño, que el enoturismo se halla lejos de convertirse en una alternativa al sector vitivinícola, el negocio no esta en el turismo, sino en el vino. El enoturismo debe considerarse como una forma complementaria a la comercialización, que proporciona prestigio al vino y a la bodega. En por consiguiente  un modelo de venta que ayuda a aumentar el consumo del vino y la fidelización de los clientes. Ahora bien, ésta es una oferta que para que sea exitosa y perdurable en el tiempo, debe ser competitiva, dando un servicio impecable y una atención especializada…

Los bodegueros californianos cuando aún estaba sin acuñar el término de enoturismo, han utilizado el potencial turístico como aliado más poderoso para la promoción de sus caldos, convirtiéndolo además en negocio por sí mismo o como canal de ventas principal. Otras zonas productoras de vinos de calidad como La Toscana que se toma como referencia cuando de enoturismo se habla, Oporto, Aquitania en los países europeos limítrofes, o regiones como Ribera de Duero, Toro, Penedés, Priorato, Rías Baixas o Mancha, ciñéndonos al territorio español, son algunos ejemplos con distinto nivel de desarrollo de esta actividad.

En Rioja tenemos ejemplos del buen hacer en este sentido. No citaré ninguno para evitar omisiones injustas, pero cada bodega, lo mismo que con su vino, busca un factor diferenciador que le haga despuntar con respecto a las bodegas vecinas en el mercado turístico, desde su prestigio de marca, hasta la arquitectura, pasando por su actividad museística, espectáculos, spas, gastronomía, etc. El bodeguero es consciente que las visitas a la bodega suponen una herramienta de promoción con la de dar a conocer sus caldos y que como toda labor de marketing es un trabajo del día a día, con resultados a largo plazo. Estamos lejos de otras regiones vitícolas que realizan un importante porcentaje de sus ventas mediante la venta directa en bodega.

Amén de las iniciativas que se vienen realizando en los últimos años para la potenciación del turismo del vino, materializadas en proyectos como Las Rutas del Vino, el Museo Dinastía Vivanco, Centro Temático Villa Lucía, el Centro de la Cultura del Rioja (que ya veremos en que se traduce) etc., es necesario un fuerte impulso institucional para la adaptación de las instalaciones, mejora de infraestructuras, recuperación del patrimonio cultural y natural, restauración y embellecimiento de los pueblos y conjuntos monumentales, creación de empresas auxiliares de servicios, así como la formación del personal que de una u otra manera va a tener contacto con el visitante. Igualmente, para impulsar el enoturismo, es necesaria la creación de otra serie de atractivos que sean alternativa o completen la oferta actual  o que sirvan de reclamo para perfiles diversos de visitantes.

En todo caso, para el éxito de las iniciativas que se pongan en marcha y en suma la explotación de este potencial económico, es imprescindible exista un elevado grado de colaboración entre las tres Comunidades Autónomas que participan en la Denominación, La Rioja, Navarra y País Vasco, lo mismo que entre empresas vitivinícolas y turísticas de todos los territorios, que unidas y trabajando en colaboración, lejos de competir entre ellas, conseguirían un efecto sinérgico que a todos beneficiaría.

El segmento de turismo enológico es, en resumen, una alternativa al turismo tradicional al alza, generadora de ingresos y de puestos de trabajo, resulta una herramienta muy interesante en la promoción del producto estrella de Rioja, el vino, y en definitiva supone un aliado incuestionable en la búsqueda de la competitividad y repunte de la economía.

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El hábito no hace al monje
Antonio Remesal 08-04-2015 | 2:51 | 0

RIOJA NO PUEDE DAR LA ESPALDA A NUEVOS FORMATOS DE ENVASADO.

Casi siempre que alguien recurre en una conversación a lo de “blanco y en botella”, para manifestar algo obvio e incuestionable, me queda la duda de la contundencia de la afirmación. Será porque yo lo de la leche en botella lo he visto poco. Donde yo he vivido hasta no hace muchos años (los tiempos de Maricastaña para mis hijos), la leche, o lo que rigurosamente se puede llamar leche,  la iba repartiendo el lechero de casa en casa y de la lechera de aluminio pasaba a la cazuela. En este recipiente se hervía y al enfriar dejaba en la superficie casi un dedo de deliciosa nata que yo rebañaba a escondidas de Josefa, mi madre, que luego protestaba “es que no dejas más que el agua”.  Eso hasta que llegó el tetrabrik con el que acabó el gozo de la leche de verdad, pero no por el recipiente en sí, que el hábito no hace al monje, sino porque lo que nos encontramos en estos envases lo llaman leche pero lo podrían llamar igual “preparado lácteo” o “clarificante de café”.

Con el vino la cosa no ha evolucionado de la misma forma, el vino de mi niñez tenía, en ocasiones sabor a pez, de los pellejos o botas que lo contenían. A veces a vinazo de mala calidad, vendido en botellas de litro, de las que había que devolver el casco para que no te cobraran por él dos reales en la tienda. No fue hasta ya mozo que empecé a conocer el vino de Rioja, por supuesto en botella de 0.75 litros con tapón de corcho. Eso ya era otra cosa. Fehaciente demostración que no todos los tiempos pasados son mejores.

En Rioja el vino de la DOC, por normativa, se sigue vendiendo solamente en botellas. La variedad se manifiesta en los formatos y tamaños, desde el cuarto de botella  hasta la Salomón que contiene el equivalente a 28 botellas estándar, o la Primat a 36, pasando por  la Mágnum, muy común, equivalente a dos botellas. Claro está que el vidrio imprime categoría al producto y lo relaciona con un producto de calidad, sin embargo no hay que desdeñar otros envases, los cuales bien podrían ser una alternativa al vidrio para vinos destinados a su pronto consumo. Soluciones que por su menor peso y volumen para la misma capacidad resultan de más fácil manejo y también más ecológicas.

Dejando aparte el tetrabrik, que se asocia directamente con vino barato, desde hace unos años podemos encontrarnos el vino en un envase llamado Bag in Box (bolsa en caja), que combina la caja y la bolsa, y que permite conservarlo con todas sus propiedades hasta su completo consumo, al impedir que la luz o el aire altere el producto una vez abierto.

El Bag in Box (BIB), u otros sistemas similares, tienen como ventajas la seguridad en cuanto a roturas, su comodidad en el manejo y en el servicio, al incorporar un grifo antigoteo,  y también representan un ahorro en los costes de transporte y de espacio en el almacenaje. El sistema está concebido para que según vayamos vaciando el contenido, la bolsa de plástico interior se retraiga, sin que penetre el aire que podría oxidar el vino en el interior. Según indican los fabricantes, con estos sistemas se garantiza el mantenimiento de las propiedades del vino, abierta la caja, durante varias semanas sin apenas alteraciones.

El Bag in Box fue inventado en Australia y desde allí se ha expandido al resto del mundo. En nuestro vecino país, Francia, más de un tercio del vino se compra en este envase, eso sí, para la mesa lo pasan a una botella. La misma implantación tiene en países como Alemania, Suecia, Finlandia, Noruega, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica, por citar algunos, siendo la tendencia de uso creciente.

En cuanto a la cata, en la primera copa dudo sea posible notar la diferencia entre un vino envasado en vidrio respecto a un vino en BIB. El vino envasado en Bag in Box, cuando el consumo no es inmediato mantiene mejor las propiedades organolépticas que el de la botella que queda de un día para otro. Es verdad que, pero esto es extensible a cualquier envase, para no acortar la vida útil del vino es necesario que durante todo el ciclo hasta el consumo no se superen los 25º.

En lo referente a formato, presentación y capacidad son muy variados.  Hemos visto BIB entre 1,5 y 20 litros para uso doméstico, y de hasta 1.000 litros para hostelería. Existen además a la venta múltiples dispositivos para un servicio más profesional.

Hay que decir en contra del Bag in Box, que por bueno que sea el diseño no imprimen la distinción que da una botella,  por lo que cuando uno piensa en una ocasión especial o un regalo, puede que su empaque no resulte aparente. No obstante, las presentaciones van mejorando día a día. Hoy se encuentran en el mercado propuestas con personalizaciones de distintas bodegas de lo más original y atractivo.

Podemos concluir que el envase Bag in Box por los beneficios logísticos, economía y por ser una solución más respetuosa con el medio ambiente o, simplemente, porque es necesario atender a la demanda, bien podría ser una alternativa en Rioja para vinos destinados a su pronto consumo. Para ello es preciso el desarrollo del artículo 32 del Reglamento del Consejo Regulador que “podrá autorizar para usos especiales otros tipos de envase, que entienda no perjudican la calidad o prestigio de los vinos protegidos”. Soluciones como esta que a la larga acabaran imponiéndose, entiendo debieran plantearse cuanto antes.  Y es que no es justificable, aunque sólo sea bajo el punto de vista económico, enviar al otro lado del mundo una botella de vino, al menos de las de precios más bajos, con presentaciones en las que nos cuesta más las cintas que el manto.

Es necesario tener en cuenta, además, que en las exportaciones de vino a granel, en las que Rioja se queda fuera por imposición reglamentaria, la presentación de nuestro vino en formatos del tipo indicado podría permitir a Rioja entrar en un segmento hasta ahora vetado, al reducir los costes sin merma de calidad de producto. Del mismo modo, no hay que olvidar los nuevos consumidores, los jóvenes, que con su carácter menos conservador, no harán feos a  propuestas novedosas que, a primera vista son, ante todo, prácticas.

 

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.