La Rioja
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Fecha: septiembre, 2015
Francia, el referente permanente
Antonio Remesal 25-09-2015 | 1:03 | 0

Los diferentes modelos de diferenciación, con sus pros y contras, ayudan a vender más vino y también a mejor precio.

Burdeos, Borgoña y Champagne zonifican sus regiones y clasifican bodegas por el prestigio de los viñedos.

Desde hace 30 años viajo a Francia, desde entonces he visto su evolución y transformación, como es lógico, he comparado con España. En los años 80 ir a Francia era como pasar de ver la televisión en blanco y negro a en color, pantalla plana “supermirafiori”. Sus casas, jardines,  hipermercados,  coches, carreteras, el vestir, …Lo más gris era la noche, en cuanto cerraban las tiendas, los franceses aceleraban el paso para agazaparse en sus casas. Ahora cuando pasas la muga ni te enteras, ya no hay control fronterizo, la misma moneda, las carreteras parecidas,…y por la noche, cuando el tiempo está regular, los “gabachos” salen a la calle como si quisieran recuperar todo el tiempo perdido.

En cuanto el vino, en Francia nada ha cambiado. ¿Para qué? siempre les ha ido bien. Incluso en los malos momentos, estoy hablando de finales del siglo XIX, con la filoxera y todo eso. Como no tenían vino vinieron por el nuestro, para venderlo como suyo. Mientras, en Rioja, siempre mirándoles con cierto complejo de inferioridad. Injustificado, me atrevo a decir ahora, pues, por fin, después de 150 años, estamos a su altura. No es chovinismo. Eso se lo dejamos a ellos. Pero es que la evolución que ha experimentado la vitivinicultura, en Rioja, también en el resto de España, ha sido extraordinaria. Parte de esa transformación se la debemos a nuestros vecino país, dónde, desde siempre se ha peregrinado en busca de su magisterio. Es por eso por lo que tomo Francia como guía para tratar el asunto de hoy.

Para empezar, hay que saber que en Francia, el terroir se ha instituido como el concepto de mayor alcance en la calidad de un vino. Éste explica por si mismo otro término muy utilizado en la jerga vitivinícola: la tipicidad. Es una obsesión de los vinicultores elaborar vinos marcados por el terroir, que reflejen fielmente su origen, el viñedo del que proceden. Parten los franceses de la premisa de que cada terroir da lugar a vinos con características que los hacen especiales. Por ello la mínima unidad de diferenciación es la que permite distinguir sus vinos de otros. Es decir, que cada comarca, municipio, pueblo, aldea, paraje, pago o viña, para ser considerada como entidad diferente, debe aportar al vino unas cualidades visuales u organolépticas diferenciadoras, o lo que es lo mismo, una tipicidad determinada.

Burdeos

Para que se hagan una idea en la AOC Bordeaux, con una superficie de viñedo aproximadamente doble que la DOC Rioja, nos encontramos con 57 apelaciones de origen diferentes.  Estas AOC se estructuran, por una parte, según el tipo de vino y requisitos para su producción (Ej.: AOC Bordeaux Clairet) y, por otra, según la zona geográfica de procedencia (Ej.: AOC Saint-Julien). Por si con esta segmentación no fuera suficiente, existe una clasificación por calidad de los chateaux (“crus”), si bien no incluye todas las regiones, caso de Pomerol, ni tampoco todos los chateaux. Algunos, muy conocidos como Petrus,  prefieren mantenerse al margen.

El primer sistema de clasificación de crus se realizó en 1855 para la Exposición Universal de París. Antes hubo otros intentos, todos ellos basaban la valoración en el prestigio de los chateaux, del propietario y del precio del vino. La clasificación de 1855 se centró en Médoc, y se mantiene prácticamente inamovible desde entonces. La máxima categoría corresponde a los Premiers Crus, con cinco escogidos miembros. Dado que los intentos de renovación de una clasificación, a todas luces obsoleta, han resultado infructuosos, nuevas clasificaciones se han realizado cubriendo en parte las lagunas de la clásica, pero carentes de su proyección. Éstas, al contrario de la de 1855, se actualizan periódicamente.

Borgoña

El Vignoble de Bourgogne, con la mitad de viña que Rioja, es seguramente la región mundial que ofrece una clasificación más rigurosa de su viñedo. Como en Burdeos las viñas se agrupan primero en pueblos y regiones en función de ciertas características comunes, pero es en Borgoña donde el terroir adquiere su máxima dimensión.

Ya en 1860 se realizó la primera clasificación y, a diferencia de Burdeos donde el orden en la jerarquía se otorga a chateaux individuales, en Borgoña es la ubicación de la viña (climats) la que determina el escalafón. Es decir, la clasificación atiende a la vocación vitícola o potencial enológico del viñedo.   Cuenta con cinco tipos de AOC: 33 Grand Crus (Ej.: La Romanée-Conti), la máxima categoria, 562 Premier Crus (Ej. Volnay Clos des Ducs), 44 Communales o Villages (Ej. Chablis) y 23 denominaciones regionales y semi-regionales. La exhaustividad con la que se ha llevado a cabo la división de los terroirs es tal, que una finca en la máxima categoría, en la que solo está el 2% de lo producido en Borgoña, multiplica el precio exponencialmente respecto a la limítrofe, separada puede que sólo por un camino.

Champagne

Terminaremos con la zona donde se producen los espumosos más afamados del mundo: Champagne. Esta DOC se extiende por más de 300 municipios y unas 35.000 has. Sus viñedos están clasificados desde 1927 de acuerdo a su terroir en 3 categorías y una escala del 80 al 100%. Los champagne más distinguidos son los Grand Crus (clasificados todos al 100%), inmediatamente después vienen los Premier Crus (del 90 a 99% ), y el resto, que se clasifican del 80 al 89%. Las puntuaciones en la escala determina el precio de la tierra, de la uva y por supuesto del vino.

Con todo, los modelos de clasificación son siempre controvertidos. Con sus pros y sus contras, cuentan con adeptos y detractores, pero de su impacto comercial nadie duda: ayudan a vender más vino y a mayor precio. Que Francia multiplique por cuatro el precio de venta del litro de vino respecto a España es un dato que de ninguna manera se puede asociar únicamente a la calidad del producto. . De ellos, como de todos y de todo, aún tenemos muchas cosas que aprender. Viajando y también leyendo, que es otra forma de viajar sin marearse, descubrimos como hay modos y maneras muy diversos. Algunos, en parte o su totalidad extrapolables a nuestras vidas. Y es que del viajar, aparte de polvo en los zapatos, siempre queda algo.

Mi opinión particular sobre la posible adaptación a Rioja de los modelos franceses de zonificación será objeto de próximos artículos.

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Vendimia 2015: una mirada atrás y otra adelante (*)
Antonio Remesal 14-09-2015 | 2:15 | 0

(*) Este artículo se publicó en el Diario La Rioja el 3 de septiembre con ligeras modificaciones respecto al entregado en redacción la semana anterior. El pedrisco del día 31 obligó a cambiar algún párrafo (a distancia al encontrarme fuera, con la información facilitada y ayuda de Alberto Gil) respetando el original que lo pueden ver en este mismo blog.

Hoy,  de nuevo en Rioja, observamos una evolución muy positiva del viñedo – incluso en las parcelas afectadas por pedrisco-, gracias a que la climatología ha acompañado en las jornadas posteriores a la fuerte tormenta de agua y granizo.

A fecha 14 de septiembre, es necesario mantener la atención en la viña y no demorar más la vendimia. Empezando, quién no lo haya hecho, a vendimiar selectivamente, pero de manera generalizada en toda la Denominación, en cuanto las condiciones de cada parcela lo permitan, ya que el grado de incertidumbre es muy grande y no es cuestión de asumir mayores riesgos.

Este es el artículo publicado el cual ratifico a esta fecha:

La ‘botrytis’, tras campar a sus anchas el año pasado, sigue siendo un factor a tener muy en cuenta.

La vendimia se acerca con buenas perspectivas generales pese al último y grave episodio de granizo, pero con alto riesgo.

No hay que darle muchas vueltas al pasado. Cualquier tiempo pasado fue pasado, o como diría mi padre, «agua pasada no mueve molino». Es el pasado, sin embargo, una guía y enseñanza para el futuro y alerta para no cometer dos veces los mismos errores. La campaña precedente, en este sentido, fue una clase magistral que difícilmente olvidaremos. La cuestión con la agricultura, y especialmente con la viticultura, es que cada año es distinto. Dependemos de las condiciones futuras que, lógicamente, no conocemos, por lo que, para evitar sorpresas desagradables, conviene estar prevenidos para lo peor. El viticultor debe estar continuamente mirando al cielo, pendiente de que la meteorología sea propicia para un desarrollo favorable del cultivo o, por el contrario, si es perjudicial, induzca a una mayor incidencia de enfermedades, plagas, o a un deficiente desarrollo. Si llueve o no llueve, si hiela o no, si el calor aprieta más o menos, o si, en época estival, una tormenta con agua alivia un poco la sequía; o si, a malas, cae un pedrisco que nos echa la cosecha a perder, como ocurría el pasado lunes  con la la tremenda tormenta que asoló las viñas entre Hormilleja y San Asensio y también parte de  La Rioja Alavesa, entre Baños de Ebro y Laguardia, así como otras zonas más puntuales.

La incertidumbre del clima es cada día mayor, los extremos meteorológicos son noticia en los titulares, y, si no, repasemos lo que llevamos de campaña: agua invernal abundantísima, primavera y verano muy seco, tormentas a finales de julio y agosto que han corregido el déficit acumulado de primavera y, sobre todo, temperaturas muy por encima de las habituales. Esto no se ajusta al patrón normal de Rioja, como sucedió las dos campañas precedentes, y como tampoco ha pasado en los últimos quince años.

Con este tiempo ‘loco’ la evolución del viñedo y de su ciclo biológico es reflejo de ese desvarío. Ni siquiera estos días de principios de septiembre, previos al ajetreo de la vendimia, el viticultor puede estar tranquilo. Por si fuera poco, quedan por tomar decisiones muy importantes, algunas de ellas compromiso entre varias soluciones, a veces contradictorias, cada una con sus ventajas e inconvenientes y con las que toca asumir, en cada caso, un riesgo. En estas fechas, con el trabajo del año ya hecho, los viticultores riojanos, han realizado los tratamientos normales, si acaso con mayor celo de lo habitual, dadas las malas experiencias de campañas precedentes. Respecto a los focos de oídio y mildiu se han controlado sin mayores problemas. A mediados de agosto las temperaturas se moderaron y las noches frescas permitieron una evolución de la maduración desde el envero en condiciones óptimas. Los últimos días de agosto y lo que llevamos de septiembre no han sido tan favorable, especialmente, para los viticultores afectados por el último episodio del granizo. Con todo ello, con las viñas cuidadas con esmero y protegidas mediante los tratamientos pertinentes, no cabe más que esperar que las condiciones sean como habitualmente han sido en septiembre para vendimiar un fruto con la calidad que ha dado nombre a Rioja.

Es necesario estar precavido y atento a la meteorología para actuar con la máxima celeridad.

Perspectivas muy buenas

Hemos llegado, pues, a septiembre, con un viñedo, en términos generales, con buen aspecto: la uva está sana, y la parra muestra una lozanía que parece estemos a finales de julio. La calidad pinta buena. Los rendimientos, aunque variables entre viñedos, alcanzarán fácilmente los límites marcados por el Consejo Regulador.

Ahora bien, si entramos en detalles, hay síntomas que nos obligan a mantener el nivel de alerta. Mientras el grado probable (madurez industrial) alcanza niveles propios de mediados de septiembre, la maduración fenólica evoluciona más lentamente, especialmente en las viñas más cargadas, donde, además, el hollejo no presenta la tersura que sería deseable. Nos encontramos, igualmente, con mucha heterogeneidad en la maduración entre parcelas, cepas e, incluso, racimos en la misma cepa dependiendo fundamentalmente de la carga. Y, por último, una cuestión a tener muy en cuenta: el año pasado fue un año con alta incidencia de ‘botrytis’ con lo que el inóculo, las estructuras de resistencia, están ahí para desarrollarse en caso de que las condiciones le sean propicias. Algún foco en blanco y granos sueltos en tinto ya se pueden ver.

Pero seamos optimistas, hoy se está ya en la recta final de la vendimia de las nuevas variedades de blanco (sauvignon blanc, chardonnay, verdejo y tempranillo blanco). Pronto se generalizará la vendimia de la viura y si las condiciones se mantienen, en términos generales, el tempranillo tinto en breve se podrá cortar en su óptimo de madurez enológica, la que permite elaborar el mejor vino posible, al menos una semana antes que el pasado año. Todo esto contando que el tiempo ayude unos pocos días más.

Pero como todo es susceptible de empeorar, en viñedos muy cargados o más sensibles, es posible una evolución rápida -acordémonos de la pasada campaña-. Es necesario estar precavido y muy atento a las previsiones y condiciones meteorológicas para actuar con la máxima celeridad si fuera necesario. El aclareo de racimos en viñedos muy cargados y con uvas apelotonadas y los deshojados para facilitar la aireación del racimo son medidas que se deberían ya haber tomado, pero que aún podemos acometer, mejor tarde que nunca, para aminorar eventuales complicaciones. Tratamientos a estas alturas no se plantean, excepto, si acaso, de productos con acción desecante que no dejen residuos.

Cuando llegue el momento, se empezará la vendimia por aquellas parcelas con uva propicia según el vino buscado, así como las que presenten mayores riesgos de venirse abajo rápidamente, aun cuando no estén en el óptimo deseable. Además de esta vendimia selectiva, que ya en Rioja viene siendo tradicional por necesaria, aquellas bodegas que elaboren vinos de alta gama pueden plantearse la recogida escalonada en la misma parcela si se aprecian diferencias de maduración entre racimos que la justifiquen.

Son todas estas medidas con un coste económico elevado. Lamentablemente los precios de la uva no estar para despilfarrar ni un céntimo, por lo que el viticultor y la bodega tienen que valorar cabalmente las decisiones a tomar. Gastar o no gastar (cada vez que se pisa la viña nos cuesta dinero). Vendimiar asegurando la calidad con que contamos en un momento dado o esperar al óptimo que es posible no llegue nunca. Esta es la cuestión y hay mucho en juego.

 

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.