La Rioja
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Fecha: mayo, 2016
Vino: de venta en farmacias
Antonio Remesal 13-05-2016 | 8:58 | 0

En 1991 un programa de la CBS sacaba a la luz un estudio en el que se atribuía al vino la buena salud cardiovascular de los franceses en comparación con ciudadanos de otros países. Aquel fenómeno, que se vino a llamar “la paradoja francesa”, por lo chocante que resultaba esto en un país en el que se incluyen en su dieta habitual una gran cantidad de grasas (queso, foie gras,..), atrajo un mayor interés por el vino, traducido en un incremento del consumo en países como Estados Unidos. También, la noticia fue el detonante del inicio de multitud de líneas de investigación sobre la repercusión en la salud del consumo regular de vino.

Desde entonces nuevas propiedades beneficiosas para la salud, aparte de las cardiovasculares, se han ido descubriendo que avalan la conveniencia para los adultos de incluir vino en la dieta. Entre ellas, su influencia en la mejora de la función cognitiva, de los reflejos mentales y en la reducción de la incidencia de las patologías degenerativas como demencia o Alzhéimer. Científicamente se ha demostrado que el vino disminuye el desarrollo y progresión de determinados cánceres, como el de próstata, mama, leucemia o pulmón. También, dicen los versados, que el vino tinto contiene sustancias antihistamínicas que hacen disminuir los síntomas provocados por alergias. O lo último que he leído que levanta el “animo” a los hombres (efectivo contra la disfunción eréctil).

En otras investigaciones se ha encontrado que el vino, especialmente el blanco, ayuda a convertir la grasa blanca en grasa oscura. Esta última en lugar de acumularse produce energía para elevar la temperatura corporal, de ahí, que contribuye a la reducción de peso. ¡Atentos pues chicos y chicas, si queréis cuidar el tipo, mejor el vino que la cerveza!.

Que el vino combate las bacterias bucales y reduce la caries lo tenía claro un viejo amigo ya hace muchos años cuando me recomendaba un trago (previo enjuague) al terminar de comer cuando no disponía del cepillo dental a mano. Él lo llamaba “el dentífrico del viajante”. Ahora, mira por dónde, hay evidencias científicas que acreditan el efecto del vino contra los gérmenes productores de caries y las propiedades antiinflamatorias del vino (gingivitis, inflamaciones de garganta).

La mayoría de las bondades para la salud atribuidas al vino son debidas a su contenido en polifenoles, especialmente el resveratrol, un potente antioxidante. El resveratrol, como la quercetina y otros polifenoles del vino, se localizan fundamentalmente en el hollejo y las pepitas. Los vinos tintos son mucho más ricos en polifenoles, por lo que, respecto a estos elementos, el tinto es más saludable que el blanco o el rosado. Otros factores, como la variedad, clima o determinados sistemas de cultivo, hacen variar sus contenidos. Está estudiado que los vinos jóvenes o los elaborados mediante maceración carbónica presentan mayores niveles que los criados o los elaborados con uva despalillada.

Los polifenoles, además de en el vino, se encuentran en frutas y hortalizas, lo cual les llevará a pensar en la alternativa de incluir en la dieta estos vegetales, o incluso el mosto, sin los efectos negativos del alcohol. Pues bien, si las ventajas de una alimentación con frutas y hortalizas son indiscutibles, en tanto que son fuente de vitaminas, minerales y fibra, los polifenoles de estos productos frescos no son aprovechados por los seres humanos debido a su relativa insolubilidad en medios acuosos. Sin embargo en el vino, con la fermentación, estas sustancias se convierten en estructuras más fácilmente asimilables. Asimismo, el alcohol mantiene estos pigmentos naturales en solución, haciendo más fácil su absorción a través del intestino. Es, por consiguiente, la combinación de alcohol y polifenoles lo que da lugar a los beneficios en la salud.

Con todo esto ¡no sé a qué estamos esperando para poner el vino de venta en farmacias! Bromas aparte, lo que es evidente es que ni el vino es la panacea para todas las enfermedades, ni tampoco es tan malo como algunos lo pintan. La mayoría de los profesionales de la medicina coinciden en que la toma prudencial de vino, en especial acompañado de las comidas, ese medio vasito de la comida y la cena, resulta beneficioso para la salud.

Como ven la palabra clave es la moderación. Concepto que hoy aplicamos al vino, pero que se podría extender a otros alimentos o a cualquier ámbito de la vida. Porque ya lo decía un escritor latino –creo que Terencio-, “nada en demasía”, ni siquiera lo más valioso, placentero o saludable. En la misma línea, a Paracelso se le atribuye lo de “la dosis hace el veneno” lo que viene a decir que hasta el mejor medicamento o producto saludable puede matar si la dosis es muy elevada. O, nuestro ilustre escritor patrio del Siglo de Oro de las letras, Don Francisco de Quevedo, “el exceso es el veneno de la razón”; sentencia con la que proclama, igualmente, la contención y la medida. La explicación científica de lo provechoso de la mesura en el vino, aparte de las obvias consecuencias negativas del alcohol, parece ser debida a que si la ingesta de etanol supera unos límites se bloquea su metabolización, pasando a ser un compuesto tóxico en el organismo.

Con todo ello se ha establecido, de acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), que la dosis recomendable de ingesta de vino diario, basado en la cantidad de alcohol que contiene, para un adulto varón de constitución normal es de unos 230-250 cc (30 gramos de alcohol) y 150 cc (20 gramos) para la mujer. El porqué los hombres pueden beber hasta un tercio de botella diario de vino, mientras que la mujer no debe sobrepasar apenas la mitad, es debido a la mayor dificultad de las féminas para metabolizar el alcohol.

Pues bien, comamos, bebamos y –espacio para rellenar a su gusto-, pero hagámoslo sin excesos, en la dosis y medida justa. En el caso del vino una copa con cada comida principal nos hará más agradable, y digerible los alimentos y, según médicos e investigadores, contribuirá a mejorar nuestra salud. Fuera de las comidas, también, pero sorbito a sorbito, con la moderación siempre en mente.

Por último, no importa que el vino sea blanco, tinto o rosado, joven o criado, seco o dulce, tranquilo o espumoso, siempre que sea de buena calidad y se beba en compañía.

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La generación que, con un Smartphone bajo el brazo, vino
Antonio Remesal 10-05-2016 | 1:00 | 0

Los que tenemos entre 50 y 60 años somos los BaBy Boomers, llamados así por la explosión de la natalidad (baby boom) de una época en la que no había televisión (ni tampoco apenas otros medios de control de la natalidad), la siguiente generación sería la X cuyos miembros rondan ahora los 40 años. La generación Y –o Millennials- son los que van camino de los 30: la primera generación nacida en democracia en España, jóvenes muy preparados que la crisis les ha pillado de lleno, muchos desempleados, casi todos con trabajos precarios o expatriados en busca de oportunidades que en España no hemos sabido ofrecer; ¡que gran derroche de recursos, imaginación y conocimiento¡.

Mientras esta generación (¿perdida?) lucha y trata de salir adelante como puede, una nueva generación asoma por el horizonte: la iGeneration (la Generación i, o Generación Z), los que nacieron a partir de 1994, y que ya querían un móvil como regalo de Primera Comunión.

Los chavales pertenecientes a la iGeneration, con la “i” de iPhone, iPad, iCloud, etc., están metidos hasta el cuello en las nuevas tecnologías, todos tienen un Smartphone de última generación, un portátil, una tablet, participan en multitud de redes sociales: Facebook, Instagram, Twitter,…compran por internet, escuchan la música gratis por el móvil, leen poco y lo que leen lo hacen solo en pantallas, hablan por WhatsApp a todas horas y no ven la televisión (sólo chatean y comparten videos, música y películas).

En otro orden de cosas, son realistas, han vivido la crisis y los grandes conflictos armados, han conocido el azote terrorista, los dramas humanos de refugiados. Los jóvenes de la iGeneración, en general, son multiculturales, hablan idiomas, son deportistas, saludables, implicados en causas sociales y emprendedores. El mundo es pequeño para ellos, lo conocen todo: lo han visto por internet.

Pero vayamos al grano: hablemos de vino y dejemos la sociología del comportamiento para los especialistas. De eso, si quieren saber más, también sobre los tiempos que nos toca vivir y como son los que dirigirán el mundo en el futuro, háganse con el último libro de Jesús de la Gándara, Psiquiatra y mi amigo: “Cibernícolas: vicios y virtudes de la vida veloz”, publicado en Plataforma Editorial (y también en versión digital).

Sobre el consumo de vino de la generación i, he leído un artículo en “winebusiness” sobre un estudio realizado en la Universidad de Sonoma (EEUU) del cual se extrae, entre otras cosas, que está generación que irrumpe ahora en el consumo adulto, será una generación interesada por el vino. De acuerdo a los estudiosos del tema y firmantes del artículo –Liz Thach and Bus 305W- después de una generación amante del vino viene otra que pasa de él, por lo que a la generación que ahora asoma le gustará el vino. Así dicen que ha ocurrido en Estados Unidos, yo personalmente creo que en España los jóvenes han dejado de beber vino cuando los de la generación mía (Baby Boomers) dejamos de serlo (por jóvenes). Vamos, que por una causa u otra, el vino desde hace 20 años va de capa caída. Ni la generación X y menos los Millennials han destacado precisamente por su interés por el mundo del vino. Algo se ha hecho mal.

Y como de no repetir errores se trata, me imagino que los especialistas en Marketing estarán estudiando los motivos que llevan a la desafección en los últimos tiempos de los jóvenes por el vino y, también, las fórmulas para llegar a ellos. A esos estudiosos del consumo y del comercio, por si es de utilidad, les daré una pista fruto de mi experiencia personal, la que da tener una hija de la generación i y un hijo a caballo entre la iGeneration y la de los Millennials: con ellos hablo más por WhatsApp y por email que en persona. Ya saben entonces que camino utilizar para hacerles  llegar la información, promoción y difusión de la ciencia del vino a estos chavales.

 

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.