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Antonio Remesal | 19-07-2017 | 11:09

La imposibilidad de transmisión del “papel” para plantar viña no ha sido el único derecho suspendido como consecuencia de la nueva regulación europea

Viñedos en Rioja Alavesa

Viñedos en Rioja Alavesa

Por imperativo comunitario hemos pasado de un escenario, ”el anterior a enero de 2016”, en el que el “papel” para viña, o lo que es lo mismo el documento que facultaba la plantación de viña, se compraba y vendía libremente, como cualquier otro bien, a una situación, en el que la transmisión de los derechos es historia pasada.

 

Hasta el 1 de enero de 2016 el derecho para plantar vid se conseguía por una adjudicación de la Administración, un arranque en la misma explotación, o la compra del derecho a un propietario que hubiera arrancado y que renunciara a plantar con el mismo. Al contrario que ahora, bastaba arrancar el viñedo para poder vender, conjunta o separadamente, la tierra y el derecho.

 

Los cambalaches del “papel”

 

El que no podía, o no quería,  comprar derechos pero, aun así, pretendía plantar viña, debía esperar a las adjudicaciones procedentes de la reserva, un reservorio de derechos a nivel nacional, que los políticos manejaban a la perfección y del tiraban periódicamente, cayendo como un regalo del cielo a los agraciados.

 

En un mercado de carestía la especulación estaba servida. La venta de “papel” se convirtió en un negocio sujeto al trapicheo que ni en los más negros tiempos del estraperlo. Los viticultores o intermediarios compraban y vendían, en un mercado paralelo al del viñedo y al de la tierra, el derecho que otorgaba la posibilidad de entrar  en el “Club Rioja” o, si ya se estaba dentro, de aumentar la cuota de participación. Un “club” tan selecto y exclusivo que una acción del mismo, el derecho para plantar una hectárea de viña, llego a cotizarse hasta en 30.000 €.

 

La liberalización del mercado del viñedo será total tarde o temprano, como lo es ya en el sector lácteo y este año lo será en remolacha.  De momento, como antesala del libre mercado, desde el 1 de enero de 2016 los derechos han desaparecido. Para plantar vid es precisa una autorización administrativa, que se diferencia de los  antiguos derechos en que  no son transferibles.  La obtención de “papel” para plantar es solo posible mediante un arranque en la misma explotación o bien por la adjudicación por el Ministerio, cuyas reglas, “emanadas” de Europa, hasta el momento, han dado lugar, al menos en Rioja, a grandes arbitrariedades y que no han dejado satisfechos más que a aquellos que se han aprovechado de las mismas.

 

A tenor de la normativa comunitaria, si se constata demanda, el Ministerio de Agricultura está obligado a ofrecer nuevas autorizaciones para plantación, en una cifra que puede llegar hasta un 1% de la superficie vitícola nacional.  Siempre que a petición de las Denominaciones de Origen correspondientes y, para garantizar la competitividad, el Ministerio decida reducir el porcentaje que se asigne a determinadas regiones.

 

El pasado año de 4173 hectáreas a repartir para toda España 387 correspondieron a Rioja. Dado que la superficie concedida no alcanzó ni para los jóvenes sin viña, los que tenían más puntos con los criterios fijados de reparto, se tuvo que prorratear la asignación en función de la superficie solicitada, correspondiendo a cada uno finalmente el 11% de la superficie pretendida.  En Rioja la mayor parte de las plantaciones fue adjudicada a unos pocos terratenientes (o sus testaferros), mientras los muchos que cumplían las condiciones pero que acreditaron pequeñas superficies de tierra blanca se quedaron con muy poco. Para los viticultores profesionales que necesitaban ampliar su explotación, ni una hectárea, ni siquiera a los jóvenes.

 

Se tuvo la posibilidad de plantear un recurso de alzada contra la resolución del Ministerio en la que se fijaban en 645 hectáreas el crecimiento del potencial vitícola en la Denominación de Origen para 2017 y se mantenían los mismos desafortunados criterios de adjudicación del 2016. No se hizo. Argumentaron pocas posibilidades de que prosperara. No haciendo nada las posibilidades no es que sean pocas, es que son nulas. Ahora todos tachan de auténtica “chapuza” el reparto de 2016, “a buenas horas mangas verdes”. El 2017 será más de lo mismo, las pequeñas modificaciones que se han hecho no evitarán que los “listillos” encuentren fórmulas para saltarse un reglamento que tiene poco margen de maniobra. Por hacer las cosas tarde y mal, tocará de nuevo envainársela.

De las 387 hectáreas repartidas en 2016 para Rioja, 363 se han quedado en La Rioja, 4 han ido para Álava y 20 para Navarra

Por otra parte, el acuerdo tácito en la interprofesional que garantizaba un crecimiento equilibrado en proporción a la superficie de viñedo de cada autonomía perteneciente a la DOC se ha incumplido: el reparto de viñedo en la DOC Rioja no ha sido proporcional a la representación de cada una de las Comunidades Autónomas del Rioja. Si nos referimos al viñedo origen Rioja de cada una de las provincias de la DOC, le correspondería a La Rioja el 70% de las adjudicaciones de nuevas plantaciones,  el 20% a Álava y el 10% a Navarra, cifras que contrastan con las adjudicaciones de 2016, y que seguirán en la misma línea en 2017 y, si no hay acuerdo en el pleno del Consejo, en 2018. No es extraño que los viticultores alaveses se quejen, en 2016 solo 4 hectáreas de las 387 repartidas fueron para Álava.

 

Autorización de nuevas plantaciones para 2018

 

La semana pasada el Ministerio ha puesto a disposición de las organizaciones agrarias un borrador del Real Decreto que modificará para el 2018 los criterios de reparto. Como novedad, parece que experiencia y formación agrícola, serán requisitos que se incorporaran. Se primará a los jóvenes y a los viticultores profesionales. El principio de potenciar las explotaciones más respetuosas con el medio ambiente también entra en el paquete de preferencia en las adjudicaciones. No estaría tampoco de más que se vetara el acceso a plantaciones a los favorecidos por la laxa regulación  de 2016 y 2017 y se limitara el número de  hectáreas por adjudicación. Ya puestos a pedir, yo sugeriría se incluyeran entre los criterios de selección beneficiar a los viticultores que dispongan de mayor porcentaje de viñedo viejo,  contar con la vocación vitícola del terreno donde se pretende plantar y priorizar a los términos municipales en los que el viñedo es el cultivo  tradicional y mayoritario.

 

Aún hay tiempo hasta el 1 de noviembre de 2017 para que la interprofesional del Rioja plantee, por un procedimiento que está perfectamente regulado, recomendaciones al Ministerio  que debe ir precedido por un acuerdo entre las partes representativas de cada zona geográfica. Este debería pasar por que las nuevas plantaciones se dirijan a las zonas, explotaciones y viticultores que, en principio, por condiciones naturales y profesionalidad, garanticen una mayor calidad, aspecto sin duda en el que se deposita el futuro de Rioja.

 

La pelota está, pues, en la interprofesional y el Pleno del Consejo Regulador.  Es el Ministerio y  las Comunidades Autónomas quienes deben recogerla y jugarla bien. Pero ya para 2018.

Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.