La Rioja
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Autor: aremesalvillar_501
Vendimia 2015: una mirada atrás y otra adelante (*)
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Antonio Remesal | 14-09-2015 | 2:15| 0

(*) Este artículo se publicó en el Diario La Rioja el 3 de septiembre con ligeras modificaciones respecto al entregado en redacción la semana anterior. El pedrisco del día 31 obligó a cambiar algún párrafo (a distancia al encontrarme fuera, con la información facilitada y ayuda de Alberto Gil) respetando el original que lo pueden ver en este mismo blog.

Hoy,  de nuevo en Rioja, observamos una evolución muy positiva del viñedo – incluso en las parcelas afectadas por pedrisco-, gracias a que la climatología ha acompañado en las jornadas posteriores a la fuerte tormenta de agua y granizo.

A fecha 14 de septiembre, es necesario mantener la atención en la viña y no demorar más la vendimia. Empezando, quién no lo haya hecho, a vendimiar selectivamente, pero de manera generalizada en toda la Denominación, en cuanto las condiciones de cada parcela lo permitan, ya que el grado de incertidumbre es muy grande y no es cuestión de asumir mayores riesgos.

Este es el artículo publicado el cual ratifico a esta fecha:

La ‘botrytis’, tras campar a sus anchas el año pasado, sigue siendo un factor a tener muy en cuenta.

La vendimia se acerca con buenas perspectivas generales pese al último y grave episodio de granizo, pero con alto riesgo.

No hay que darle muchas vueltas al pasado. Cualquier tiempo pasado fue pasado, o como diría mi padre, «agua pasada no mueve molino». Es el pasado, sin embargo, una guía y enseñanza para el futuro y alerta para no cometer dos veces los mismos errores. La campaña precedente, en este sentido, fue una clase magistral que difícilmente olvidaremos. La cuestión con la agricultura, y especialmente con la viticultura, es que cada año es distinto. Dependemos de las condiciones futuras que, lógicamente, no conocemos, por lo que, para evitar sorpresas desagradables, conviene estar prevenidos para lo peor. El viticultor debe estar continuamente mirando al cielo, pendiente de que la meteorología sea propicia para un desarrollo favorable del cultivo o, por el contrario, si es perjudicial, induzca a una mayor incidencia de enfermedades, plagas, o a un deficiente desarrollo. Si llueve o no llueve, si hiela o no, si el calor aprieta más o menos, o si, en época estival, una tormenta con agua alivia un poco la sequía; o si, a malas, cae un pedrisco que nos echa la cosecha a perder, como ocurría el pasado lunes  con la la tremenda tormenta que asoló las viñas entre Hormilleja y San Asensio y también parte de  La Rioja Alavesa, entre Baños de Ebro y Laguardia, así como otras zonas más puntuales.

La incertidumbre del clima es cada día mayor, los extremos meteorológicos son noticia en los titulares, y, si no, repasemos lo que llevamos de campaña: agua invernal abundantísima, primavera y verano muy seco, tormentas a finales de julio y agosto que han corregido el déficit acumulado de primavera y, sobre todo, temperaturas muy por encima de las habituales. Esto no se ajusta al patrón normal de Rioja, como sucedió las dos campañas precedentes, y como tampoco ha pasado en los últimos quince años.

Con este tiempo ‘loco’ la evolución del viñedo y de su ciclo biológico es reflejo de ese desvarío. Ni siquiera estos días de principios de septiembre, previos al ajetreo de la vendimia, el viticultor puede estar tranquilo. Por si fuera poco, quedan por tomar decisiones muy importantes, algunas de ellas compromiso entre varias soluciones, a veces contradictorias, cada una con sus ventajas e inconvenientes y con las que toca asumir, en cada caso, un riesgo. En estas fechas, con el trabajo del año ya hecho, los viticultores riojanos, han realizado los tratamientos normales, si acaso con mayor celo de lo habitual, dadas las malas experiencias de campañas precedentes. Respecto a los focos de oídio y mildiu se han controlado sin mayores problemas. A mediados de agosto las temperaturas se moderaron y las noches frescas permitieron una evolución de la maduración desde el envero en condiciones óptimas. Los últimos días de agosto y lo que llevamos de septiembre no han sido tan favorable, especialmente, para los viticultores afectados por el último episodio del granizo. Con todo ello, con las viñas cuidadas con esmero y protegidas mediante los tratamientos pertinentes, no cabe más que esperar que las condiciones sean como habitualmente han sido en septiembre para vendimiar un fruto con la calidad que ha dado nombre a Rioja.

Es necesario estar precavido y atento a la meteorología para actuar con la máxima celeridad.

Perspectivas muy buenas

Hemos llegado, pues, a septiembre, con un viñedo, en términos generales, con buen aspecto: la uva está sana, y la parra muestra una lozanía que parece estemos a finales de julio. La calidad pinta buena. Los rendimientos, aunque variables entre viñedos, alcanzarán fácilmente los límites marcados por el Consejo Regulador.

Ahora bien, si entramos en detalles, hay síntomas que nos obligan a mantener el nivel de alerta. Mientras el grado probable (madurez industrial) alcanza niveles propios de mediados de septiembre, la maduración fenólica evoluciona más lentamente, especialmente en las viñas más cargadas, donde, además, el hollejo no presenta la tersura que sería deseable. Nos encontramos, igualmente, con mucha heterogeneidad en la maduración entre parcelas, cepas e, incluso, racimos en la misma cepa dependiendo fundamentalmente de la carga. Y, por último, una cuestión a tener muy en cuenta: el año pasado fue un año con alta incidencia de ‘botrytis’ con lo que el inóculo, las estructuras de resistencia, están ahí para desarrollarse en caso de que las condiciones le sean propicias. Algún foco en blanco y granos sueltos en tinto ya se pueden ver.

Pero seamos optimistas, hoy se está ya en la recta final de la vendimia de las nuevas variedades de blanco (sauvignon blanc, chardonnay, verdejo y tempranillo blanco). Pronto se generalizará la vendimia de la viura y si las condiciones se mantienen, en términos generales, el tempranillo tinto en breve se podrá cortar en su óptimo de madurez enológica, la que permite elaborar el mejor vino posible, al menos una semana antes que el pasado año. Todo esto contando que el tiempo ayude unos pocos días más.

Pero como todo es susceptible de empeorar, en viñedos muy cargados o más sensibles, es posible una evolución rápida -acordémonos de la pasada campaña-. Es necesario estar precavido y muy atento a las previsiones y condiciones meteorológicas para actuar con la máxima celeridad si fuera necesario. El aclareo de racimos en viñedos muy cargados y con uvas apelotonadas y los deshojados para facilitar la aireación del racimo son medidas que se deberían ya haber tomado, pero que aún podemos acometer, mejor tarde que nunca, para aminorar eventuales complicaciones. Tratamientos a estas alturas no se plantean, excepto, si acaso, de productos con acción desecante que no dejen residuos.

Cuando llegue el momento, se empezará la vendimia por aquellas parcelas con uva propicia según el vino buscado, así como las que presenten mayores riesgos de venirse abajo rápidamente, aun cuando no estén en el óptimo deseable. Además de esta vendimia selectiva, que ya en Rioja viene siendo tradicional por necesaria, aquellas bodegas que elaboren vinos de alta gama pueden plantearse la recogida escalonada en la misma parcela si se aprecian diferencias de maduración entre racimos que la justifiquen.

Son todas estas medidas con un coste económico elevado. Lamentablemente los precios de la uva no estar para despilfarrar ni un céntimo, por lo que el viticultor y la bodega tienen que valorar cabalmente las decisiones a tomar. Gastar o no gastar (cada vez que se pisa la viña nos cuesta dinero). Vendimiar asegurando la calidad con que contamos en un momento dado o esperar al óptimo que es posible no llegue nunca. Esta es la cuestión y hay mucho en juego.

 

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Vendimia 2015. Una mirada atrás y otra adelante
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Antonio Remesal | 30-08-2015 | 8:00| 0

No hay que darle muchas vueltas al pasado. Cualquier tiempo pasado fue pasado, o como diría mi padre:  “agua pasada no mueve molino”. Es el pasado, sin embargo, una guía y enseñanza para el futuro y alerta para no cometer dos veces los mismos errores. La campaña precedente, en este sentido, fue una clase magistral que difícilmente olvidaremos.

La cuestión con la agricultura, y especialmente con la viticultura, es que cada año es distinto. Extrapolar la experiencia o información de una campaña a otra no es tarea sencilla.  Dependemos de las condiciones futuras que, lógicamente, no conocemos, por lo que, para evitar sorpresas desagradables, conviene estar prevenidos para lo peor. El viticultor, de este modo, debe estar continuamente mirando al cielo, pendiente de que la meteorología sea propicia para un desarrollo favorable del cultivo o, por el contrario, si es perjudicial, induzca a una mayor incidencia de enfermedades, plagas, o a un  deficiente desarrollo. Si llueve o no llueve, si hiela o no, si el calor aprieta más o menos, o si, en época estival, una tormenta con agua alivia un poco la sequía; o si, a malas, cae un pedrisco que nos echa la cosecha a perder.

La incertidumbre del clima es cada día mayor, los extremos meteorológicos son noticia en los titulares, y si no, repasemos lo que llevamos de campaña: agua invernal abundantísima, primavera y verano muy seco, tormentas a finales de julio y agosto que han corregido el déficit acumulado de primavera y, sobre todo, temperaturas muy por encima de las habituales. Esto no se ajusta al patrón normal de Rioja, como no lo han hecho las dos campañas precedentes, y como tampoco lo han hecho los últimos quince años. Lo dicho comparando con el histórico de Rioja o con la referencia que, los que llevamos muchas vendimias por delante, tenemos forjada en nuestra memoria.

Con este tiempo “loco” la evolución del viñedo y de su ciclo biológico, es reflejo de ese desvarío, ni siquiera estos días de principios de septiembre, previos al ajetreo de la vendimia, el viticultor puede estar tranquilo. Por si fuera poco, quedan de tomar decisiones muy importantes, algunas de ellas compromiso entre varias soluciones, a veces contradictorias, cada una con sus ventajas e inconvenientes y con las que toca asumir, en cada caso, un riesgo.

Un repaso a la campaña

En estas fechas, con el trabajo del año ya hecho, los viticultores riojanos, han realizado los tratamientos normales, si acaso con mayor celo de lo habitual, dadas las malas experiencias de campañas precedentes. No hay que reseñar, a excepción de alguna granizada puntual, a finales de julio y principios de agosto, mayores incidencias. Respecto a los focos de oídio y mildiu se han controlado sin mayores problemas. A mediados de agosto las temperaturas se moderaron  y las noches frescas permitieron una evolución de la maduración desde el envero en condiciones óptimas. Los últimos días de agosto y lo que llevamos de septiembre no ha sido tan favorable. Con todo ello, con las viñas cuidadas con esmero y protegidas mediante los tratamientos pertinentes, no cabe más que esperar que las condiciones sean como habitualmente han sido en septiembre, para vendimiar un fruto con la calidad que ha dado nombre a Rioja.

Perspectivas muy buenas pero con alto riesgo

Hemos llegado, pues, a septiembre, con un viñedo con buen aspecto, la uva está sana, y la parra muestra una lozanía que parece estemos a finales de julio,  la calidad pinta buena. Los rendimientos, si variables entre viñedos, alcanzarán fácilmente los límites marcados por el Consejo Regulador. Es esta la visión general con sólo dar una vuelta por el viñedo riojano de Labastida a Alfaro.

Ahora bien, si entramos en detalles hay síntomas que nos obligan a mantener el nivel de alerta. Mientras el grado probable (madurez industrial) alcanza niveles propios de mediados de septiembre, la maduración fenólica evoluciona más lentamente, especialmente en las viñas más cargadas, donde, además, el hollejo no presenta la tersura que sería deseable. Nos encontramos, igualmente, con mucha heterogeneidad en la maduración entre parcelas, cepas e, incluso, racimos en la misma cepa, dependiendo fundamentalmente de la carga. Y, por último, una cuestión a tener muy en cuenta: el año pasado fue un año con alta incidencia de botrytis con lo que el inóculo, las estructuras de resistencia, están ahí para desarrollarse en caso de que las condiciones le sean propicias. Algún foco en blanco y granos sueltos en tinto ya se pueden ver.

Pero seamos optimistas, hoy, 30 de agosto, se está ya en la recta final de la vendimia de las nuevas variedades de blanco (Sauvignon Blanc, Chardonnay, Verdejo y Tempranillo Blanco), pronto se generalizará la vendimia de la Viura y si las condiciones se mantienen, en términos generales, el Tempranillo Tinto en breve se podrá cortar en su óptimo de madurez enológica, la que permite elaborar el mejor vino posible, al menos una semana antes que el pasado año. Todo esto contando que el tiempo se mantenga en buenas condiciones unos pocos días más.

Pero como todo es susceptible de empeorar y, como  anteriormente indicaba, en viñedos muy cargados o más sensibles, es posible una evolución rápida –acordémonos de la pasada campaña-, es necesario estar precavido y muy atento a las previsiones y condiciones meteorológicas para  actuar con la máxima celeridad si fuera necesario. El aclareo de racimos en viñedos muy cargados y con uvas apelotonadas y realizar deshojados para facilitar la aireación del racimo, son medidas que se deberían ya haber tomado, pero que aún  podemos acometer, mejor tarde que nunca, para aminorar eventuales complicaciones. Tratamientos a estas alturas no se plantean excepto, si acaso, de productos con acción desecante que no dejen residuos.

Cuando llegue el momento, se empezará la vendimia por aquellas parcelas con uva propicia según el vino buscado, así como las que presenten mayores riesgos de venirse abajo rápidamente, aun cuando no estén en el óptimo deseable. Además de esta vendimia selectiva, que ya en Rioja viene siendo tradicional, por necesaria, aquellas bodegas que elaboren vinos de alta gama y se lo puedan permitir, pueden plantearse la recogida escalonada en la misma parcela si se aprecian diferencias de maduración entre racimos que la justifiquen.

Son todas estas medidas con un coste económico elevado. Lamentablemente los precios de la uva no estar para despilfarrar ni un céntimo, por lo que el viticultor y la bodega tienen que valorar cabalmente las decisiones a tomar.

Gastar o no gastar (cada vez que se pisa la viña nos cuesta dinero). Vendimiar asegurando la calidad con que contamos en un momento dado o esperar al óptimo que es posible no llegue nunca. Esta es la cuestión y hay mucho en juego.

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De gigantes y molinos.
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Antonio Remesal | 25-08-2015 | 8:35| 0


Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento y las torres de la luz en las tierras de Rioxa.

Estando un día don Quijote en un camino que discurre hacia el conocido campo de Bilibio, vio por la quiebra que dos montañas hacen para dejar paso al Ebro, unos molinos, y  así como los descubrió imaginóse ser cosa de nuevo desafío, por lo que dijo a su escudero:

– La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque diviso allí en  esos majuelos, llecos y tierras de sembradura, delante de aquel bosque, un gran ejercito de hombres flanqueados por gigantes en línea de combate

– ¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza-

– Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas u esos otros con patas como podencos apostadas sobre los renques de las viñas.

– ¿Ves toda aquella polvareda que allí se levanta? –pregunto don Quijote a su escudero-, Pues como yo atisbo es cuajada de un copiosísimo ejercito que de diversas gentes y gigantes viene marchando, asaltando sin licencia a su paso tierra que no es sino de aquellos que la labran y de las criaturas que en ella moran: pájaros y mosquitos del aire, gusanillos de la tierra, y aún las alimañas, que por alguna razón fueron creadas ya antes que hombre  alguno la pisara y para más que ornamento están en ella emplazadas; seres débiles sin armas y tropa que les defienda y que han de menester mi favor y auxilio; es por ese motivo por lo que con ellos pienso hacer batalla: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

– Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen con tres brazos no son gigantes, sino molinos y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento mueve la rueda que hace girar la industria; y los otros con sólo dos brazos son torres, usadas para cosa más allá de mi entendimiento.

–  Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla, fiera porque lucharé hasta que les venza o perezca en el empeño, y desigual, porque veo que con estos gigantes va un escuadrón de predicadores, mentecatos, escribanos y bellacos que con su palabra fácil pondrán a todos contra mí, tratándome como si de un trastornado yo fuere, en su afán de alcanzar sus fines.   Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento y torres, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer gigante del grupo de los que sujetaba una maroma sin fin relumbrante como su espada; y dándole una lanzada el gigante encolerizado le lanzó un rayo, con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que salió volando maltrecho y carbonizado entre las viñas al tiempo que todo lleno de humo se quedaba.

Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante.

– !Válame Dios¡ -dijo Sancho- ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos y torres y que es menester ha puesto don Iberdrolo y otra gente muy principal, y que ignorar al poderoso es propio de quien no tiene sino pájaros en la cabeza?.

– Calla amigo Sancho -respondió don Quijote- que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, y que lo que ahora afirmáis son artificios para no sé que fin, según tu parecer de necesidad, lo que yo veo con mis ojos no son sino contrarios y gigantes invadiendo tierras que no son suyas; si hubieran venido por sus fueros habrían usado la aldaba y a buen seguro, las gentes de aquí, que fama tienen, además de por su buen vino, por pacífica y enemiga de meterse en ruidos y pendencias, les habrían abierto la puerta de par en par y a algún trato hubieran de llegar. Porque sabes Sancho que ésta es gente de paz y en sus lares siempre ha habido, para los que vienen de buena honra, ricas viandas, bebercio y acogimiento; pero también he oído comentar de sus naturales ímpetus, y que al que con oscuras intenciones viene o apropiarse de lo suyo busca, se va con el rabo entre las piernas.

– Porque –añadió el de la Triste Figura- en lo tocare a la morada se hace lo que es menester del amo, porque para eso es la propiedad; y en las cosas naturales ¿quién es nadie para contradecir ni evitar lo que por el cielo esta ordenado?

– Pero entonces vuestra merced –pregunto Sancho Panza- ¿eran o no gigantes con los que habéis guerreado y mal parado habéis salido?

– Que más da mi fiel Sancho –respondió don Quijote- galgos o podencos, gochos o gorrinos, burros o jumentos, arrieros o carreteros. En campo ajeno estaban y sólo su amo, por suyo, ha de decir si se entra, pasta, vendimia, racima o siquiera se sestea; desde el mismo infierno hasta el firmamento; porque sólo los labradores, y por ley de Dios sus inquilinos naturales, pueden en él hacer lo que le viniera en talante. Por lo que sí alguien entra en la propiedad que por justicia no le corresponde, a sus amos debe pedir licencia.

– Y en como juzgas mi estado, mi buen escudero Sancho: harto molido y quebrantado estoy, pero con la frente muy alta por  haber cumplido los mandamientos de caballero,  que entre otros son: ofrecer mi brazo y mi persona en ayuda de los flacos y menesterosos y desfacer cuantos agravios y sinrazones encuentre a mi paso; con lo que ahora, cumplida la tarea, sólo queda esperar que la suerte se mude y que lo que hoy se ha perdido se gane mañana. Lo demás ya está todo dicho; lo fecho, el de arriba ha de juzgar, y aunque tú no lo veas de este modo, el tiempo descubridor de todas las cosas dará la razón a quien la tenga.

Tras este discurso ayudó presto Sancho a incorporarse a su amo y a subir sobre Rocinante, y él subió sobre su jumento,  y juntos tornaron a su comenzado camino a paso tirado,  para hacerlo él cavilando detrás de su señor Don Quijote; del que pensó que quizá no tenía el juicio tan perdido como a veces le parecía y fuera él mesmo el que estaba engañado, turbados los sentidos por el miedo y haciendo que las cosas no parecieran lo que son.

Y es desta manera como concluyó esta aventura que para el Triste fue desventura, entre riscos y breñas, en tierras de buen vino, agua clara y gente sana, para que cada uno saque de limpio aquello que le venga en gana.

NOTA: Recuperamos hoy un artículo que se escribió hace unos meses, y que ahora es de nuevo actualidad, en relación con la polémica sobre la línea de alta tensión que está en proyecto atravesará viñedos de Rioja Alta hasta la subestación de Haro.  En el artículo, como habéis visto, se reescribe uno de los capítulos más conocidos de “El Quijote”, apelando de éste particular modo al entendimiento.

 

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Viña Gravonia Crianza 2005
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Antonio Remesal | 05-08-2015 | 1:00| 0

El vino que, hoy, me apetece…

Viña Gravonia Crianza 2005

Bodega: R. López de Heredia Viña Tondonia. Haro (La Rioja)

Teléfono: 941310244

Internet: www.lopezdeheredia.com

Zona/D.O.: DOCa Rioja

Tipo de vino: Blanco seco

Cosecha: 2005

Variedades: 100% Viura

Botellas/año: unas 50.000

Precio: alrededor de 11  €

Puntuación: 9.5/10

 Para desmentir a aquellos que puedan pensar que con nuestra variedad blanca tradicional no se pueden hacer grandes vinos, les presento hoy un gran clásico de Rioja: Viña Gravonia. Elaborado con uvas del viñedo familiar próximo a la bodega: viña Zaconia, con suelos pobres y con gran cantidad de cantos rodados. Las cepas tienen una edad que ronda los 50 años. 

Quién no sabe de la filosofía de esta bodega centenaria R. López de Heredia Viña Tondonia y sus vinos, y a la vista de la cosecha (2005), podría pensar que es una botella que se ha quedado olvidada y que ahora nos quieren colar. Esta sensación puede mantenerse una vez servido en copa, por su color y aroma, ligeramente evolucionados. Para más inri, si el que nos sirve el vino lo conoce, veremos que su temperatura (se recomienda servir sobre 14-16º aunque algunos lo preferimos un “pelín” más fresco) no es la de un blanco al uso. 

Pero es que estamos ante un vino que nada tiene que ver con los blancos frescos, afrutados que ahora se llevan. Estamos realmente ante un vino distinto. Pero esa singularidad, esos atributos personales y característicos, es lo que hacen de él un vino fantástico. 

Este vino se ha mantenido en madera durante cuatro años acabando su desarrollo en botella. Aparte del largo periodo de crianza y envejecimiento en botella, destacamos de su elaboración llevar a cabo fermentación maloláctica (verdaderamente raro en blancos) y que la clarificación se realiza con el sistema clásico de claras de huevo. 

Reconozco que no es un vino para todo el mundo y que a algunos necesitan  tiempo para “cogerle el tranquillo”, pero si gusta, gustará muchísimo. Es de esos tesoros que se mantienen intactos año tras año, que con cada copa nos traen gustos y sensaciones que creíamos olvidadas. 

Su precio es muy ajustado teniendo en cuenta  el gran coste de inmovilizado que soporta. Estamos hablando de la cosecha 2005 y la bodega no saca este vino al mercado hasta que, utilizando los mismos términos que usa la familia López Heredia, está “educado”. Y para estarlo hay que tener al menos el bachillerato completo.  

Ya en casa, si se disponen de las condiciones adecuadas, se puede conservar durante varios años sin perder un ápice sus propiedades.  

Cata: Color dorado pajizo, mantiene la brillantez debido a los continuos trasiegos. En nariz destacan los aromas a cítricos, especias, almendra,..y, otros, propios de su particular elaboración. En boca, milagrosamente mantiene la frescura y la fruta con matices que le dotan de una gran complejidad. Largo y redondo. Este es un vino que lo mismo puede tomarse con un aperitivo que acompañando cualquier comida, pescado o carne. Reserva un trago para el postre y veras que bien va con dulce. Con chocolate negro es fantástico.  

Como apunta Mercedes López Herediahoy en día, su gran valor añadido es, además de su capacidad de deleite, su rareza”.  

Un clásico vino “fino” (adjetivo que reza en la etiqueta y que mejor define los vinos de esta bodega) que, gracias al empeño de la familia López Heredia, se mantiene.

 

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¡ Vaya año que llevamos!
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Antonio Remesal | 29-07-2015 | 8:03| 0

Las atípicas condiciones meteorológicas , los índices de la botrytis del 2014 y la experiencia nos deben hacer ser hoy por hoy más cautos que entusiastas

El ejercicio agrícola es de lo más inusual, aunque la viña, iniciado ya el envero, tiene una apariencia excelente

Llevamos un año agrícola de lo más inusual en lo que al tiempo se refiere. Los meteorólogos, y hombres del campo, utilizan de continuo palabras como atípico, caprichoso, anómalo, raro, extraordinario,.. o dicen: “este ha sido el más o menos -aquí pongan lo que quieran- en los últimos no sé cuántos años”. Pues sí, los extremos meteorológicos son la tónica habitual, y, reflejo de ello, la viña. Sino repasemos la actual campaña.

Las precipitaciones han sido tan abundantes este invierno que ha brotado el agua en fincas y localizaciones que ni los más viejos recuerdan. Tanto que, como si en invierno ya hubiera caído todo lo que tenía que caer, esta primavera ha sido de las más secas de las que se disponen registros. Para agravar la falta de agua el calor vino muy pronto: a primeros de mayo ya parecía que estuviéramos en julio. Desde junio hasta ahora apenas ha habido días de tregua, y una ola de calor  ha seguido a la otra, como si de un maremoto veraniego se tratara. En la segunda quincena de julio la inestabilidad nos ha acompañado lo que ha favorecido el desarrollo de tormentas que han descargado en forma de grandes trombas de agua y, lo que es peor, granizo, en puntos concretos de Rioja Alta y Alavesa.

Así las cosas, nadie que hoy visitara Rioja por primera vez esta campaña imaginaría se han producido fenómenos fuera de lo ordinario. A excepción únicamente de las parcelas dañadas por el pedrisco, otras en las que el agua de las últimas tormentas ha arrastrado o acumulado la tierra, o algunos  plantados, que acusan el déficit de precipitaciones que arrastramos desde el inicio del periodo vegetativo, la viña tiene una apariencia excelente, con muestra de uva abundante. Con todo ello, las atípicas condiciones climatológicas que se han producido hasta ahora, la concurrencia de elevados índices de botrytis la pasada vendimia, y la experiencia, nos hace ser cautos a la hora de manifestar cualquier tipo de entusiasmo.

Vemos estos días como las uvas, una a una, “pintan” del verde a su color característico en la maduración. Es lo que conocemos como envero, periodo que ahora se inicia en la parte más occidental de Rioja (estado fenológico M1) y se completará en pocos días en la zona más oriental (estado M). Este calendario significa  un adelanto respecto a un año normal de al menos 8 o 10 días. En estas fechas, en las que no se puede hablar aún de cosecha (hasta que no esté en la bodega no se puede) y a falta de siete u ocho semanas desde que el racimo ha cambiado de color hasta la vendimia, pueden pasar muchas cosas, y de hecho pasarán: la uva engrosará, se producirá un enriquecimiento de azucares paralelamente a la perdida de la acidez y una acumulación de compuestos fenólicos y aromas primarios. Que ese proceso siga su ciclo normal, dependerá de las condiciones que se presenten y del trabajo del viticultor.

Haciendo un repaso a los peligros que cada año acechan el viñedo, no podemos decir que hasta hoy, contrariamente a lo que se presuponía, éste haya sido un año especialmente complicado. El oídio, enfermedad para la que el viticultor en Rioja está particularmente precavido, no ha dado mayor guerra esta campaña. El meteoro tampoco ha propiciado la invasión del mildiu, con lo que apenas se ha visto alguna mancha en hojas. En lo referente a botrytis, es difícil prever pero las cosas se pueden complicar desde el momento que, ya a estas alturas, se ha visto algún foco puntual, algo totalmente inusual. La enfermedad está ahí, sólo hace falta se presenten condiciones para su desarrollo. Toca pues hacer una vigilancia permanente del viñedo y una actuación rápida cuando las circunstancias lo precisen. El momento más efectivo para realizar tratamientos contra botrytis es el comienzo del envero, a partir de entonces hay que estar atentos a la evolución de la maduración, a la sanidad de la uva y, a la meteorología hasta el final del ciclo, por si pudieran aparecer focos que hagan necesaria la intervención inmediata con fitosanitarios, o mediante técnicas culturales. Proceder con los deshojados en las caras menos expuestas al sol es a menudo conveniente para facilitar la aireación de los racimos y que los productos fitosanitarios penetren. Asimismo, se debe recordar la conveniencia de realizar en las viñas muy cargadas un aclareo de racimos que, aparte de facilitar la maduración de los que queden, reducirá los riesgos de enfermedades criptogámicas si vienen mal dadas.

Incidiendo de nuevo en la prevención, especial cuidado se tendrá con la polilla del racimo, insecto que hace la puesta sobre las uvas y propicia la podredumbre desde dentro del racimo. Hay que recordar que las técnicas de confusión sexual están dando muy buenos resultados. También, se pueden ver estos días en Rioja ataques de araña amarilla, las cuales se manifiestan por manchas amarillentas en las hojas basales de las variedades blancas y rojizas en las tintas. Para controlar esta plaga que puede afectar a la maduración es necesario vigilar los viñedos para, en su caso, intervenir.

En conclusión, estamos hoy, con la viña enverando, con aspecto excelente, pero a falta de los días más críticos y que definen verdaderamente la cantidad y calidad de la vendimia. Las reservas de agua acumuladas durante el invierno, unido a las altas temperaturas desde prácticamente la brotación, y las lluvias de los últimos días, pueden significar un adelanto de la vendimia. No obstante, mejor no aventurar: son los días desde el envero hasta la sazón del fruto los que marcan definitivamente la fecha de vendimia, cantidad y calidad de la cosecha. De aquí a entonces, es deseable, para que la maduración enológica llegue a feliz término,  que el sol caliente como corresponde al verano, alguna lluvia refresque (y no más) la vegetación y las temperaturas nocturnas nos permitan dormir plácidamente, señal que el salto térmico entre el día y la noche está dentro de lo habitual. Hay que tener presente que las heridas provocadas por plagas, enfermedades o granizo, la compacidad del racimo, altos rendimientos, vegetación muy espesa, fuerte vigor, hollejo reblandecido, etc. son parámetros que hacen peligrar una maduración en condiciones sanitarias satisfactorias.

Hemos visto como, el viticultor riojano, ahora en agosto, lejos de relajarse e irse de vacaciones, como lo solemos hacer todos los que tenemos la suerte de tener trabajo, debe permanecer en su puesto atento a la meteorología y a esos riesgos o escenarios anómalos, cada campaña distintos, que pueden dar al traste con el esfuerzo de todo un año.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.