La Rioja
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Autor: aremesalvillar_501
No rotundo al aumento de rendimientos en Rioja
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Antonio Remesal | 02-11-2015 | 11:35| 0

Lo pactado el jueves 29 de octubre en el Consejo Regulador, si se materializa mediante su firma el próximo miércoles 4 de noviembre, puede suponer, según mi opinión, el mayor golpe asestado a la política del Rioja y a la economía de los viticultores que hayamos conocido y puede dejar a otros grandes errores como el de “el blanco” como de magnitud menor.

De forma resumida y a “botepronto”, para que sepan de lo que estamos hablando, les diré los motivos por los que las decisiones acordadas el jueves 29 de octubre son nefastas para el sector:

– Se ha perdido una ocasión de oro para negociar en un momento en el que, dada la escasez de vino, el sector productor tenía más fuerza que nunca.
– En la reunión del jueves tocaba hablar de incremento de superficie y no de rendimientos y promoción, que se deben negociar cada año a la vista de los datos y coyuntura en ese momento.
– Se bien el aumento de superficie vía incremento de plantaciones acordado es del 0.6% (que seguro llegará al 1%) lo pactado, pendiente de ratificar, supone incrementar los rendimientos, a priori para el próximo trienio, en el 7% en uva y entre el 2,87 y el 1,43% en vino, vía transformación uva/vino. Les dejo a ustedes que hagan las cuentas de las decenas de millones de litros de vino que esto supone.
– El aumento de la oferta deja al sector productor en manos de las bodegas que con abastecimiento asegurado pueden fijar los precios a su antojo. El viticultor cobra por más kilos que debe cuidar y producir pero a un precio más bajo con lo que al final el balance es de perdida.
– Si la calidad no se paga el viticultor reduce costes y trata de producir más para poder mantener su actividad y economía.
– Sin márgenes en la producción se incrementan los arranques de viñas viejas, de bajos rendimientos o con topografías difíciles, que son precisamente las que proporcionan mejor calidad, para plantar en parcelas fértiles con mayores potenciales productivos y más fáciles de mecanizar.
– Se dificulta el relevo generacional de los jóvenes que no pueden acceder a grandes explotaciones. El viticultor necesita mucho más superficie para que la explotación resulte rentable.
– Al no existir “tierra blanca” en las zonas vitícolas tradicionalmente de mayor calidad se planta en zonas con menor vocación vitícola, con lo que esto supone para el deterioro de la calidad general.
– Mayores dificultades para los que quieren hacer vinos Premium. Para estos el sello Rioja cada vez les aporta menos, al contrario de los que van a por kilos que ven en el aumento de los rendimientos un negocio inmediato.
– Inevitablemente los incrementos de producción en parcelas con calidad dudosa, precisamente por exceso de rendimientos, entran en el canal Rioja completando cartillas de parcelas con menores rendimientos. Se aumenta la picaresca y disminuye la calidad media del vino Rioja.
– Se incrementan los excedentes de vino que no se etiqueta como Rioja pero que por otra vía compite con ventaja con el Rioja.
– Los excesos de rendimientos y una viticultura productivista conllevan irregularidades en la maduración con mayores riesgos de enfermedades sobre todo en las últimas fases de la misma. Sino véanse las fechas de vendimia de este año y no vamos a echar toda la culpa al cambio climático.
– Se pone en el mercado vino que no merece llevar la marca Rioja con lo que ello supone de deterioro de la misma.
– El sector se divide, cada uno va a lo suyo.

Para terminar les remito en este mismo blog al último artículo publicado “juntos pero no revueltos” y les recuerdo, mediante la foto que acompaño, una situación que hemos vivido hace muy poco tiempo (foto tomada el 15 de noviembre de 2010) y que, parece, pronto olvidamos: viñas con las uvas colgadas en la cepa sin vendimiar por no resultar rentable ni cortarlas.

¿En la reunión del pasado jueves en el Consejo Regulador, dónde estaban los que su misión y responsabilidad es defender la calidad?

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F.C. “Cantidad” 1 – F.C. “Calidad” 0
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Antonio Remesal | 30-10-2015 | 3:00| 0

Menudo gol, metieron ayer, los que piensan que el negocio de Rioja está en el volumen de litros de vino vendidos a los que creen en el valor añadido de la excelencia.

El gol entró despistando a la defensa con una “vaselina” (no sé si se dice así, no soy futbolero) sin que el sector productor, atento a una cifra 2.000 ha, se enterara.

Sólo, sin contar el aumento de superficie anual aprobado, que es “el chocolate del loro”, fueron aprobados ayer vía incrementos de rendimiento en viña y bodega, para los tres próximos años, lo que va a suponer un 10% más de vino de Rioja cada año (equivalente a 6.500 hectáreas o 50 millones de kilos de uva). Lo dicho golazo.

 

La foto tomada no hace muchos años es posible se repita en los próximos.

Ya en la rueda de prensa posterior,los que apuestan por la cantidad se lamentaban como si la victoria hubiera sido derrota. Así  suelen hablar las estrellas de fútbol.

 

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Juntos pero no revueltos
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Antonio Remesal | 29-10-2015 | 10:28| 0

Rioja es una región vitivinícola múltiple y diversa que precisa el reconocimiento de sus singularidades.

Se proponen medidas que satisfagan a la pluralidad de realidades de la Denominación y propicien la pervivencia de  un modelo de Rioja enfocado a la auténtica calidad.

Tratando de ilustrar las dificultades que tiene la gestión de una nación diversa como es Francia, a Charles de Gaulle se le atribuye la reflexión “¿Cómo se puede gobernar un país que tiene 246 diferentes clases de queso?”. Les explicaré que tiene que ver esto con el vino Rioja.

Como todos sabemos Rioja es una indicación geográfica de vino de calidad, con el rango distintivo de Calificada, que se extiende por tres Comunidades. La denominación cuenta con unas 800 bodegas, parte de ellas son grandes empresas, incluso multinacionales, otras medianas y muchas son pequeñas bodegas de cosecheros, de las cuales 200 de ellas no embotellan. La uva se produce en unas 120.000 parcelas de más de 16.500 titulares, en alrededor de 63.000 has de viñedo, con terrenos con características edafológicas, microclimas, topografías y tamaños de parcela diversos, que dan lugar a sistemas diferentes de explotación. De los viticultores de Rioja, cada uno de su padre y de su madre, unos tienen a la viticultura como único medio de vida y para otros esta es sólo una fuente de ingresos extra; algunos son elaboradores, otros no…

La gestión de la Denominación la lleva a cabo el Pleno (con 32 miembros) y las Comisiones  en las que participan más de 50 vocales (ya lo dijo Napoleón: “si quieres que algo no funcione crea una comisión”). Se sientan por tanto en una misma mesa (sin contar la propia plantilla del Consejo) una multitud que actúa en nombre de agentes (grandes bodegas, cosecheros, viticultores) con intereses y economías dispares, pendiendo de administraciones con legislación y políticas diferentes y, como vemos todos los días en la prensa, con discursos  antagónicos.

Una dificultad en la gestión, ligada a la diversidad, es el peso que cada organización sustenta en las instituciones de la DOCa. Cuando es necesario tomar decisiones de transcendencia las grandes bodegas, matemáticamente con mayor representación, se llevan siempre el “gato al agua”. Empresas más centradas en su cuenta de resultados que en las consecuencias que una política restrictiva de precios a sus proveedores tiene, a medio-largo plazo, en la pervivencia del tradicional modelo de Rioja. Modelo cuya columna vertebral es la viticultura que se está reconvirtiendo y transformando y de algún modo perdiendo sus señas de identidad.

Estamos, por consiguiente, en un sistema plural, en el que se disputan cuestiones que afectan de manera determinante a la sostenibilidad del Rioja y cuyas soluciones, viniendo de una organización poco cohesionada, escasamente técnica y dispersa en intereses, son, a menudo, “pan para hoy y hambre para mañana”. Por si fuera poco, si las diferencias son grandes entre operadores  lo son también entre los miembros con la misma actividad. Porque ¿quién hace más por la marca Rioja, aquel viticultor que cultiva sus viñas con el máximo esmero en condiciones difíciles y obtiene como fruto de su trabajo calidad, que luego no se compensa en precio, o aquel que se apunta al carro de Rioja porque ve en la viticultura una alternativa a otros cultivos menos rentables, rentabilizando su actividad a base de obtener los máximos rendimientos con el mínimo gasto?, ¿aquella bodega con planteamientos de futuro, consciente del valor de cada eslabón en la cadena productiva del vino, que lucha por mantenerse en el mercado de forma consecuente con productos dignos del nombre Rioja o, aquella para la que cuadrar sus números es la prioridad, sin importar a costa de qué o de quién?

Por otra parte, la multiplicidad de modelos vitivinícolas en la denominación, da lugar a calidades heterogéneas que, de momento, comparten el mismo nombre Rioja. Nada tiene que ver el esfuerzo que requiere el cultivo de una hectárea, en cinco parcelas distantes, en vaso, con marco estrecho, en pendiente en Ábalos, por poner un ejemplo, con el necesario para cultivar una parcela de regadío de una hectárea, en espaldera totalmente mecanizada en Azagra (donde, por cierto, también se hacen muy buenos vinos). Tampoco es comparable la apuesta que, contra viento y marea, hacen determinadas bodegas por la calidad, acorde con el prestigio de la Calificada, con otras que buscando liquidez rápida, ponen en cuestión la marca Rioja con productos o precios que no están a la altura. Sin embargo, todos venden con el mismo sello y todos se dirigen a los mismos mercados.

La fórmula aplicada según el sistema de gestión actual de “café para todos” a la larga va  contra  la protección y el fomento de la calidad y, aunque pueda ser igualatoria, no es justa: hay esferas de la sociedad que la justicia implica igualdad, en otras no son términos sinónimos. Es por todo esto, por lo que, si bien cualquier planteamiento de negocio es respetable, no podemos permitir que el modelo que defiende la calidad a ultranza acabe siendo la excepción a la regla. Es preciso la identificación de las singularidades y el respaldo de aquellas realidades que, apostando por la excelencia, no pueden competir en el diario rifirrafe comercial con los riojas “al uso”, pero que dan distinción a la DOC y permiten vender en mercados en los que el precio no es el único argumento de venta.

Ante un panorama diverso y variopinto, en el cual radica gran parte de la riqueza de Rioja, se impone, aun cuando eso conlleve mayores trabas en la gestión, la implementación de medidas valientes y audaces que conduzcan a un escenario más justo y sostenible. Entre ellas:

• Puesta en marcha del observatorio de precios. Con interlocutores conscientes que la calidad tiene un coste.

• Zonificación en función del terroir y características del vino producido. Al margen de límites político-administrativos y sin establecimiento previo de niveles de calidad. Las zonas irán con el tiempo adquiriendo nombre y el mercado pondrá a cada una en su sitio.

• Control por parte del Consejo Regulador para que las bodegas embotelladoras no puedan hacer figurar la procedencia de uvas de viñedos viejos, en más botellas que las que por superficie de viñedo viejo, propio o procedente de proveedores, puedan acreditar.

• Posibilidad de distinción e etiquetado con indicativos no contemplados actualmente, que permitan una diferenciación, mención al origen o sistema de producción. Para aquellos que puedan acreditar modelos o prácticas alternativas en pro de la calidad.

Sí, todos tenemos derecho a jugar. Pero pongámonos antes de acuerdo en que liga (o ligas) queremos hacerlo, agrupémonos por categorías y asignemos a cada uno su puesto en el equipo. Esta secuencia de acciones, traducida al campo del Rioja, es necesaria para, en mi opinión, la clarificación, superación de diferencias, minoración de agravios y a la pervivencia de la esencia del Rioja.

Artículo publicado en el “Diario de La Rioja” el 15/10/2015

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Abel Mendoza Graciano Grano a Grano 2012
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Antonio Remesal | 14-10-2015 | 9:58| 0

Bodega: Bodega Abel Mendoza Monge, S.L., San Vicente de la Sonsierra (La Rioja)

Teléfono: 941308010

Internet:

Zona/D.O.: DOCa Rioja

Tipo de vino: Tinto

Cosecha: 2012

Variedades: 100% Graciano

Botellas/año: 1750

Precio: unos 40 €

Puntuación: 9.0/10

 

He coincidido con Abel no mucho más de media docena de veces, recuerdo cada una de ellas, con él siempre se aprende algo, siempre te deja algo para la reflexión. Desde el primer contacto, uno se da cuenta que estamos ante todo un personaje. Sus vinos ratifican que lo que pregona no es palabrería hueca; y es que Abel, siempre acompañado de su mujer Maite, sin quién, estoy seguro, nada sería lo mismo, es la pura esencia de la tierra. El cuidado que, él mismo, con sus manos, pone en su trabajo, su apego a la tradición, a lo auténtico, se refleja a la perfección en sus vinos. Desde su joven de maceración carbónica, Jarrarte, hasta los elaborados con variedades minoritarias de los que otro día hablaremos. 

He utilizado la palabra tradición, pero no se crean que por eso esta bodega renuncia a la innovación, al descubrimiento de cosas nuevas. No, nada de eso, y como muestra este monovarietal de graciano, que rebate a los que dicen que esta variedad es sólo para mezcla. 

Procede este vino de viñas viejas de San Vicente de La Sonsierra, cultivadas, aunque no figure en la etiqueta, siguiendo métodos de agricultura biológica, respetuosa con el medio ambiente, (y claro, con los que nos vamos a beber el vino). Esta filosofía es la que aplica en todo el proceso, desde la viña a la bodega.  

Como el nombre del vino indica, una vez vendimiada la uva, el racimo se desgrana grano a grano. Se fermenta en acero inoxidable con temperatura controlada y se realiza la segunda fermentación, la maloláctica, en barricas de roble francés. 

El vino permanece en barrica nueva durante 18 meses realizando varios trasiegos durante ese periodo. 

Su precio, aunque puede parecer elevado, no lo es: éste es un vino que vale muy bien lo que cuesta. Estamos ante viñedos de muy bajo rendimiento, en los que prácticamente todas las labores y tratamientos se realizan de forma artesanal, culminando con el desgrane a mano, para no romper las uvas, y una larga permanencia en barrica nueva francesa. 

Se presenta en estuche de madera lo que lo hace muy adecuado para regalo a cualquier aficionado al vino.

Cata: Color rojo picota brillante, aromas acusados a fruta madura, tostados. En boca tiene una entrada refrescante pero con cuerpo, acidez correcta, con notas especiadas, dulces incluso, apenas tánico, aterciopelado, bastante largo.

 

Para servir a 15-16 grados y acompañar, por ejemplo, ahora que entrado el otoño el cuerpo pide algo contundente, unas patatas con chorizo o unas pochas a la riojana. Maite me indica que marida muy bien con chocolate negro, caza, queso, pasta, risottos,…y como final de una comida larga debido a su frescura. No tengo la menor duda que así será. 

¡Ah!, y si tienen ocasión acérquense a San Vicente. Conozcan la bodega, sus viñas, y …a Abel y a Maite, seguro que volverán. 

 

 

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Francia, el referente permanente
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Antonio Remesal | 25-09-2015 | 1:03| 0

Los diferentes modelos de diferenciación, con sus pros y contras, ayudan a vender más vino y también a mejor precio.

Burdeos, Borgoña y Champagne zonifican sus regiones y clasifican bodegas por el prestigio de los viñedos.

Desde hace 30 años viajo a Francia, desde entonces he visto su evolución y transformación, como es lógico, he comparado con España. En los años 80 ir a Francia era como pasar de ver la televisión en blanco y negro a en color, pantalla plana “supermirafiori”. Sus casas, jardines,  hipermercados,  coches, carreteras, el vestir, …Lo más gris era la noche, en cuanto cerraban las tiendas, los franceses aceleraban el paso para agazaparse en sus casas. Ahora cuando pasas la muga ni te enteras, ya no hay control fronterizo, la misma moneda, las carreteras parecidas,…y por la noche, cuando el tiempo está regular, los “gabachos” salen a la calle como si quisieran recuperar todo el tiempo perdido.

En cuanto el vino, en Francia nada ha cambiado. ¿Para qué? siempre les ha ido bien. Incluso en los malos momentos, estoy hablando de finales del siglo XIX, con la filoxera y todo eso. Como no tenían vino vinieron por el nuestro, para venderlo como suyo. Mientras, en Rioja, siempre mirándoles con cierto complejo de inferioridad. Injustificado, me atrevo a decir ahora, pues, por fin, después de 150 años, estamos a su altura. No es chovinismo. Eso se lo dejamos a ellos. Pero es que la evolución que ha experimentado la vitivinicultura, en Rioja, también en el resto de España, ha sido extraordinaria. Parte de esa transformación se la debemos a nuestros vecino país, dónde, desde siempre se ha peregrinado en busca de su magisterio. Es por eso por lo que tomo Francia como guía para tratar el asunto de hoy.

Para empezar, hay que saber que en Francia, el terroir se ha instituido como el concepto de mayor alcance en la calidad de un vino. Éste explica por si mismo otro término muy utilizado en la jerga vitivinícola: la tipicidad. Es una obsesión de los vinicultores elaborar vinos marcados por el terroir, que reflejen fielmente su origen, el viñedo del que proceden. Parten los franceses de la premisa de que cada terroir da lugar a vinos con características que los hacen especiales. Por ello la mínima unidad de diferenciación es la que permite distinguir sus vinos de otros. Es decir, que cada comarca, municipio, pueblo, aldea, paraje, pago o viña, para ser considerada como entidad diferente, debe aportar al vino unas cualidades visuales u organolépticas diferenciadoras, o lo que es lo mismo, una tipicidad determinada.

Burdeos

Para que se hagan una idea en la AOC Bordeaux, con una superficie de viñedo aproximadamente doble que la DOC Rioja, nos encontramos con 57 apelaciones de origen diferentes.  Estas AOC se estructuran, por una parte, según el tipo de vino y requisitos para su producción (Ej.: AOC Bordeaux Clairet) y, por otra, según la zona geográfica de procedencia (Ej.: AOC Saint-Julien). Por si con esta segmentación no fuera suficiente, existe una clasificación por calidad de los chateaux (“crus”), si bien no incluye todas las regiones, caso de Pomerol, ni tampoco todos los chateaux. Algunos, muy conocidos como Petrus,  prefieren mantenerse al margen.

El primer sistema de clasificación de crus se realizó en 1855 para la Exposición Universal de París. Antes hubo otros intentos, todos ellos basaban la valoración en el prestigio de los chateaux, del propietario y del precio del vino. La clasificación de 1855 se centró en Médoc, y se mantiene prácticamente inamovible desde entonces. La máxima categoría corresponde a los Premiers Crus, con cinco escogidos miembros. Dado que los intentos de renovación de una clasificación, a todas luces obsoleta, han resultado infructuosos, nuevas clasificaciones se han realizado cubriendo en parte las lagunas de la clásica, pero carentes de su proyección. Éstas, al contrario de la de 1855, se actualizan periódicamente.

Borgoña

El Vignoble de Bourgogne, con la mitad de viña que Rioja, es seguramente la región mundial que ofrece una clasificación más rigurosa de su viñedo. Como en Burdeos las viñas se agrupan primero en pueblos y regiones en función de ciertas características comunes, pero es en Borgoña donde el terroir adquiere su máxima dimensión.

Ya en 1860 se realizó la primera clasificación y, a diferencia de Burdeos donde el orden en la jerarquía se otorga a chateaux individuales, en Borgoña es la ubicación de la viña (climats) la que determina el escalafón. Es decir, la clasificación atiende a la vocación vitícola o potencial enológico del viñedo.   Cuenta con cinco tipos de AOC: 33 Grand Crus (Ej.: La Romanée-Conti), la máxima categoria, 562 Premier Crus (Ej. Volnay Clos des Ducs), 44 Communales o Villages (Ej. Chablis) y 23 denominaciones regionales y semi-regionales. La exhaustividad con la que se ha llevado a cabo la división de los terroirs es tal, que una finca en la máxima categoría, en la que solo está el 2% de lo producido en Borgoña, multiplica el precio exponencialmente respecto a la limítrofe, separada puede que sólo por un camino.

Champagne

Terminaremos con la zona donde se producen los espumosos más afamados del mundo: Champagne. Esta DOC se extiende por más de 300 municipios y unas 35.000 has. Sus viñedos están clasificados desde 1927 de acuerdo a su terroir en 3 categorías y una escala del 80 al 100%. Los champagne más distinguidos son los Grand Crus (clasificados todos al 100%), inmediatamente después vienen los Premier Crus (del 90 a 99% ), y el resto, que se clasifican del 80 al 89%. Las puntuaciones en la escala determina el precio de la tierra, de la uva y por supuesto del vino.

Con todo, los modelos de clasificación son siempre controvertidos. Con sus pros y sus contras, cuentan con adeptos y detractores, pero de su impacto comercial nadie duda: ayudan a vender más vino y a mayor precio. Que Francia multiplique por cuatro el precio de venta del litro de vino respecto a España es un dato que de ninguna manera se puede asociar únicamente a la calidad del producto. . De ellos, como de todos y de todo, aún tenemos muchas cosas que aprender. Viajando y también leyendo, que es otra forma de viajar sin marearse, descubrimos como hay modos y maneras muy diversos. Algunos, en parte o su totalidad extrapolables a nuestras vidas. Y es que del viajar, aparte de polvo en los zapatos, siempre queda algo.

Mi opinión particular sobre la posible adaptación a Rioja de los modelos franceses de zonificación será objeto de próximos artículos.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.