La Rioja
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Autor: aremesalvillar_501
Imaginando Rioja
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Antonio Remesal | 23-12-2016 | 2:16| 0

Imagínense una Denominación donde los viticultores no tengan que arrancar los viñedos que plantó su padre y su abuelo a sabiendas que su trabajo será sobradamente recompensado, y es que la uva de esos viñedos irá destinada a los mejores vinos. Una Denominación donde los viñedos con menor vocación vitícola, puedan dedicarse, mediante una viticultura austera, a producir vinos correctos que agraden a todos y que todos puedan permitírselos. Imagínense una Denominación donde las mejores uvas no se queden en la cepa, donde no se tenga que tirar la uva en años de cosecha generosa y donde cada uva sea destinada a un tipo de vino según la calidad de la misma. Una Denominación donde los viticultores elijan para cada uno de sus viñas el modelo productivo, unas para producir uvas cuyos vinos estarán a la altura de los “grandes”, otras para vinos de consumo diario correctos y aptos para cualquier economía.

Imagínense una Denominación con una regulación clara, en la que coexistan diversos modos de entender el vino y que en ella cada uno tenga su sitio.

Imagínense una Denominación en donde la transparencia en su reglamento y la ausencia de vacíos legales impidan se desarrollen actividades que no hacen sino desprestigiar el nombre de la Denominación y poner en peligro la economía de la mayoría.

Imagínense una Denominación donde el bodeguero que apuesta por la calidad no tenga que competir con aquellos que, adeptos a una viticultura productivista, se aprovechan del “río revuelto” para competir con ventaja por precio. Una Denominación donde cada uno concurra en el mercado con sus iguales en el segmento que a su calidad y precio corresponde.

Imagínense una denominación donde el bodeguero pueda indicar en la etiqueta de sus vinos la procedencia de las uvas.

Imagínense una denominación donde el consumidor pueda elegir entre una oferta variada de vinos de diferentes segmentos de calidad, distintas elaboraciones, presentaciones y precios.

Imagínense una denominación en donde las decisiones se tomen pensando en el futuro de todos, más que en el beneficio a corto plazo de los menos. Donde los hijos del viticultor o bodeguero puedan continuar la tradición de sus mayores con garantía.

Imagínense una Denominación así, ¿y por qué no Rioja?

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¿Control de rendimientos? solo en el “papel”
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Antonio Remesal | 25-11-2016 | 8:14| 0

Las imágenes en la última vendimia deben hacernos reflexionar sobre si el modelo actual de Rioja controla la oferta o la calidad

El debate de diferenciación de vinos no debería quedarse sólo en los viñedos singulares, sino en desarrollar nuevos niveles de calidad y rendimientos

Uva de calidad que se ha quedado en el suelo esta vendimia

Ante el incuestionable axioma «el exceso de rendimiento y calidad no son compatibles», el pliego de condiciones de la DOC Rioja fija la máxima producción amparable por hectárea de ‘papel’ en 6.500 kilos de uva tinta y 9.000 blanca. Cifras que pueden ser modificadas previo acuerdo del sector con unos límites. Así, se puede admitir una desviación por encima de estos valores atribuible a circunstancias climatológicas, con uva que no podrá ser destinada a elaborar vino con origen Rioja. Para esta campaña 2016 se ha podido vendimiar y meter en bodega un 118% de los rendimientos estándar, es decir hasta 7.670 kg/ha de uva tinta, de los cuales 6.955 podrán ser destinados para vino Rioja. Para uva blanca, se han admitido 10.620 kg/ha de los cuales 9.630 son amparables.

Desarrollo de la campaña
Con un cuajado abundante, sin más contratiempo significativo que la escasez de lluvia, el viñedo llegó a septiembre con expectativas excelentes: uva abundante, sanidad extraordinaria y granos pequeños. Además, por fin, la uva se iba a pagar bien. No sabemos si San Mateo obró el milagro o el viticultor, queriendo asegurar unos ingresos que podría mermar la sequía, no hizo las descargas de uva necesarias, por lo que de unas previsiones de cosecha que encajaban en los márgenes generosos pactados para la campaña pasamos a ver en campo una cantidad de uva que superaba ampliamente, no solo la autorizada, sino también la que permite el Consejo que entre en bodega aunque no se destine a Rioja.
Una vez constata el Consejo Regulador la abundancia de uva, y bajo la consigna de que «hay un reglamento que cumplir y es necesario ajustar la oferta a la demanda para que los precios no caigan», se pone en marcha un control férreo con refuerzo de la vigilancia y con un ejercicio inédito hasta esta campaña: precintado de remolques en campo. Las intervenciones dan lugar a cientos de expedientes logrando meter a los viticultores el miedo en el cuerpo y se resignan a cortar (y destruir) las uvas para las que no alcanza el ‘papel’.
Las imágenes se difunden por los telediarios, periódicos y redes sociales y llega el escándalo. El que es ajeno al sector no puede entender cómo una uva en buen estado es enterrada para que se pudra. Tampoco los productores que han cuidado la uva y que la ven con tal calidad que, aun con altos rendimientos, permitiría elaborar grandes vinos, mejor incluso que la vendimiada en recientes campañas. La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿es este un modo de garantizar la calidad? O lo que es lo mismo: ¿controlamos la oferta o controlamos la calidad?

Fracaso del sistema de control de calidad
Habida cuenta que la uva que entra en bodega procede en muchos casos de parcelas con exceso de rendimiento, tirar las uvas en plena vendimia –lo mismo sería abrir la «canilla» del depósito del vino al desagüe– es una manera de deshacerse de los excedentes pero no de controlar la calidad. La vendimia 2016, una vez más, deja al descubierto el fracaso del sistema de calidad de Rioja.
Tirar las uvas es fracaso también de los técnicos y viticultores, que plantamos en un contexto de denominación ciertamente exigente en el que, sabemos, estamos obligados a plantar y cultivar en lugar, modo y manera para que los rendimientos no se disparen. La vendimia 2016 está finalizada pero vendrán otras con controles de rendimientos que, además, tienden a ser más rigurosos: individualmente por viñedos. Con la trazabilidad por parcelas, los excedentes que se pueden generar serán mayores que los actuales, ya que las cartillas se compensan: la uva sobrante de un viñedo se imputa a otro con rendimientos más reducidos.
Los excedentes no regulados dañan la imagen del Rioja y perjudican a la economía general aunque, a corto plazo, les resulten muy rentables a unos pocos. No es razonable que uvas de buena calidad se corten para dejarlas tiradas en el campo, dejar las mejores uvas colgadas porque hemos alcanzados los cupos del ‘papel’, arrancar los mejores viñedos poco productivos porque la uva se paga toda igual, ni tampoco generar año tras año una oferta paralela de vino común con uva Rioja. Esta vendimia ha puesto de nuevo en evidencia las fisuras del organismo regulador y la necesidad avanzar más rápido y mejor en la consideración de las distintas realidades vitivinícolas de Rioja.
Confundimos al consumidor cuando constata que a contraetiquetas y orígenes iguales corresponden vinos totalmente distintos, cuando le ofrecemos vino sin etiqueta aseverando su procedencia como Rioja. Desestabilizamos la economía del viticultor con precios tan cambiantes cada campaña, sin relación directa con la calidad de la cosecha (ni siquiera con la cantidad). Impedimos el desarrollo de aquellas bodegas y viticultores que, contra viento y marea, apuestan por la calidad. Escandalizamos a quienes, como a mí, nos enseñaron que «el pan no se tira» cuando se ven imágenes como las de esta vendimia.

Los primeros pasos para la diferenciación
En breve, se van a dar los primeros pasos para el uso de nombres de aquellas entidades que persigan un grado adicional de calidad. Es un avance importante que bien podría ser una oportunidad para diferenciar el vino Rioja, aparte de por estos niveles de calidad ligados a un territorio, por otros vinculados al modelo de producción.
A la vista de lo sucedido, por qué no discutir una propuesta para la diferenciación de los vinos, por ejemplo, en tres categorías que permitan al productor elegir entre modelos distintos. Como ideas, y a la espera de un desarrollo posterior, podríamos pensar en un primer nivel, el más alto, con los tipos de elaboraciones actuales y las que puedan surgir próximamente de vinos de entidades geográficas menores; un segundo nivel, para vinos más básicos correctos con corta crianza y, el tercero, para vinos de procedencia Rioja «sin defectos ni virtudes» e incluso con envases alternativos a la botella de 0.75 litros. Éste último nivel permitiría canalizar los excedentes y legitimar una realidad de la que nadie habla pero todos conocen: la de los vinos elaborados con excedentes de ‘papel’.

El gran dislate: Rioja diversa pero con un modelo de producción único

Rioja dispone de unas condiciones naturales que permiten producir en viñedos concretos, con producciones limitadas, vinos a la altura de los más reputados del mundo y, en otros, con producciones más que generosas, vinos correctos. Entre estos extremos existe toda la gama intermedia que se les ocurra. Cada modelo de producción da lugar a vinos de diferente categoría, pero por cualquiera que el viticultor o bodeguero se decante puede ganarse la vida. El problema es que en Rioja, a diferencia de todas las famosas denominaciones del mundo, aún con toda su gran diversidad, tiene un modelo único: la elección hoy en día no es posible.

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Rioja: estamos que lo tiramos
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Antonio Remesal | 25-10-2016 | 12:25| 0

Rendimientos elevados no son siempre sinónimo de calidad deficiente

Rendimientos elevados no son siempre sinónimo de calidad deficiente

Todos nos escandalizamos cuando vemos fotografías como la de la portada de estos días en “El Diario La Rioja” con viñedos con las calles cubiertas de uva que se ha cortado para dejarla ahí pudriéndose en el suelo.

A la vez hemos visto y oído protestas de viticultores porque el Consejo Regulador les obliga a tirar la uva cuando en la parcela se alcanzan los máximos rendimientos autorizados. Son estos viticultores, en muchos casos, los mismos que se han quejado del precio de la uva en campañas pasadas.

No voy a defender la labor del Consejo Regulador, ya lo ha hecho perfectamente este organismo en boca del Jefe de los Servicios Técnicos Pablo Franco: “Rioja es una marca con valor, respeto y reconocimiento y tenemos que cumplir con un pliego de condiciones… Estamos protegiendo el negocio y la forma de vida de mucha gente… No se puede tener a la suegra borracha y la cuba llena. Hay buenos precios y lo mejor que le puede pasar al viticultor es que se mantengan o mejoren”. Hasta aquí nada que objetar.

De lo que no puedo es estar tan de acuerdo, es cuando comenta “ 15.000 ó 20.000 kilos por hectárea no dan uvas de calidad y toda la uva no da para pagarse a 90 céntimos.” Y no estoy de acuerdo:

– Primero: porque la calidad es un concepto subjetivo. Calidad también es un vino correcto a precio moderado.

– Segundo: porque el límite de rendimiento para producir vino de calidad depende intrínsecamente de cada parcela, de modo que habrá viñedos en los que con rendimientos elevados se pueda producir uva de calidad  mientras que en otros, aún con rendimientos inferiores, nunca se alcance.

– Y tercero:  expresar, como lo ha hecho el Jefe de los Servicios Técnicos de la DOC, que una producción elevada no da uvas de calidad, es equivalente a decir que buena parte de la uva de Rioja no es de calidad. La uva que se ha quedado en el campo es la misma que la que ha entrado en bodega al proceder de la misma parcela y haber llevado los mismos cuidados y tratamientos.

Por otra parte, estarán de acuerdo conmigo, que la mejor manera de limitar la oferta no es destruyendo los excedentes, aunque solo sea por cuestiones éticas.

Manifiesta también el Sr. Franco que “se está trabajando en distinguir nuestros viñedos singulares y eso significa seguir apostando por la calidad y por el control de producciones” . Obviamente lo que se ha hecho hasta ahora es del todo insuficiente.

Que tengamos que tirar la uva en el momento de vendimia no es sólo un fracaso del sistema, lo es también de los técnicos (aquí me incluyo) y viticultores, que no hemos sabido dar con la parcela, el material vegetal, o las técnicas de cultivo, que limiten los rendimientos a los máximos autorizados para  viñedos que fueron concebidos para elaborar vino amparado con un sistema de calidad ciertamente exigente.

El escenario al que hemos asistido en Rioja esta vendimia es hasta ahora inédito, pero desde aquí les aseguro que se volverá a repetir. Lo mismo que veremos cepas sin vendimiar porque por los precios bajos no compense cortar la uva. Que me equivoque dependerá fundamentalmente de que Rioja planifique cuanto antes una estrategia clara de cara al futuro. Que Rioja sepa de una vez por todas que quiere ser de mayor. Que tenga al menos un plan, que el que tiene, si es que lo tiene, a la vista está, no es bueno.

Y es que aquí, en Rioja, como en todos los sitios, no estamos para tirar nada.
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No me fío de los que no beben vino
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Antonio Remesal | 13-10-2016 | 10:36| 0

En plenas fiestas de la vendimia, que mejor que un toque de humor, sobre los beneficios y perjuicios del vino para la salud.

No me gustan las personas que no beben vino, tampoco las que beben demasiado. No se trata de una aversión a quién es distinto o no comparte los mismos gustos o ideas que yo, nada que ver con eso. Lo saben los que me conocen bien. La razón viene motivada, por un comportamiento, que he observado, se repite entre ellos: tanto los que renuncian voluntariamente al vino, como los que abusan de él, actúan a menudo como si tuvieran algún reconcomio o resquemor oculto, pasan por la vida como si algo les atormentara. Hoy acabo de descubrir cuál es el motivo de este proceder común entre opuestos: están sufriendo en silencio. He leído que entre las propiedades beneficiosas del vino está la de mejorar la circulación sanguínea. El vino tinto por su gran contenido en flavonoides beneficia al sistema venoso con lo que previene contra las hemorroides. Dolencia que se tiene igualmente más posibilidades de sufrir si le das demasiado al morapio: el consumo excesivo de vino (también de otras bebidas alcohólicas) además de las consabidas peligrosas derivaciones, tiene un efecto deshidratante, causa estreñimiento e inhibe la absorción de vitaminas.

Bromas aparte, es precisamente la mesura, que generalmente va unida a un estilo de vida, y en el que el vino consumido moderadamente participa, lo que realmente causa beneficios para la salud.

Pero, esto es solo una opinión. Frente a los partidarios del consumo “tranquilo” del vino, están los radicales, que parten de la idea que toda bebida alcohólica es perjudicial y por tanto debe apartarse drásticamente de la dieta. Están también, los que por motivos religiosos tienen prohibido el alcohol (recuerden el incidente de la visita del presidente iraní a Francia). Luego están los más puritanos, que relacionan cualquier consumo de alcohol con decadencia y todo tipo de vicios morales.

Entiendan que el hecho de no compartir los gustos u opiniones no significa que no los respete. Uno puede ser todo lo “estrecho” que quiera, ahora bien, sólo para sí mismo, los demás, adultos ellos: ¡allá cada cual con su vida¡. Y es que los hay que les gusta pregonar la rigidez, el fanatismo, la obsesión, la intolerancia o la obstinación por llevar todo a los extremos, eso sí preferentemente en cabeza ajena. Los peores: los abonados a lo de “no hagas lo que hago sino lo que digo”.

A los obsesivos, obstinados por llevar todo a los extremos, es a los que dedico el título de esta página. No es que los bebedores de vino sean más abiertos o más tolerantes, lo que ocurre es que los prohibicionistas lo son muy poco. Y no sólo en el asunto objeto de prohibición ya que detrás de las políticas prohibicionistas suele haber otros intereses.

A estas alturas, estarán pensando, ahora nos suelta lo de “Prohibido prohibir” y nos dice que toda regla o autoridad es perniciosa y que por tanto hay que ir en contra. No, que va, eso está superado: si el ramalazo anarquista no se te cura a los 25 años lo hace en el momento que asumes responsabilidades y, sino, tendrás que hacértelo mirar. Por lo que hoy abogo es por la tolerancia, que ya tenemos bastantes reglas, ordenanzas, regímenes y privaciones como para que encima nos autoimpongamos restricciones añadidas. De ahí que recele con los vegetarianos, veganos, crudívoros, macrobióticos, u otras tendencias que pretender fastidiarnos la vida a base de privarnos del placer de comer, a no ser medien motivos de salud que obliguen a ello. Todos los días vemos como no sé qué universidad americana publica una noticia sobre un estudio que resulta desmiente totalmente otro anterior realizado también por muy sabios investigadores. ¿A quién creemos entonces?.

Mi mujer fuma, nunca le he dicho que lo deje. Es de esos seres privilegiados que consiguen mantenerse en su cigarro diario después de la comida, o si un día se tercia un acontecimiento que lo merezca, pueden caer un par de ellos o tres. Así durante 35 años. La veo cada día como se fuma su cigarrito y cómo disfruta con ello. Estoy seguro que ese momento que consigue de paz, de aislamiento, de relajación, con un cigarrillo, es infinitamente más beneficioso que el daño que en sus pulmones o arterias puede provocar. Al fin y al cabo también es mala la polución, el ruido, el exceso de trabajo (o peor, la ausencia), el stress, la hipoteca, los compañeros tóxicos, etc., y tenemos que sufrir con ellos. Lo dicho sobre fumar con mesura puede extenderse a cualquiera de los pequeños “pecados” al alcance. Satisfacciones que nos animan, nos relajan, nos evaden de la rutina, nos hacen disfrutar y, en definitiva, proporcionan a nuestra salud mental beneficios que compensan sin duda el impacto perjudicial puntual en algún otro aspecto de nuestra salud corporal. Los médicos dan a esto una explicación científica y afirmen que con estos pequeños placeres el cerebro libera endorfinas. Estas sustancias que de forma natural se generan en nuestro organismo ante determinados estímulos, producen sensaciones de bienestar, disminuyen el dolor, reducen el apetito, refuerzan nuestro sistema inmunitario, retrasan el envejecimiento, mejoran el humor, etc.

Ahora permítanme que les comente una experiencia cercana, sin validez científica pero que viene a cuento. El abuelo Segundo era la definición exacta de alegría y optimismo. Con 70 años le diagnosticaron diabetes. ¡Con lo que le gustaba el dulce!. Pues bien, cuando había algo especial que celebrar, en vez de privarse de esas delicias que por su condición le estaban prohibidas, no se cortaba un pelo. Decía, “un día es un día, luego me tomo un cuarto más de pastilla”. Vivió feliz hasta los 90 años.

¡Pero no se alarmen! no pretendo que abandonen las pautas marcadas por su médico, que algunos, me consta, piensan parecido. Entre ellos el eminente psiquiatra, y gran amigo, Jesús de La Gándara. Coincido con él, en que el placer que te pueden dar determinados, llamémosles, vicios menores, entre los que se encuentra el de un buen vino, traducido en beneficio para nuestra salud mental, compensan sus posibles efectos negativos. No nos referimos para nada a los casos en el que el vino, o mejor, el alcohol en general, es una dependencia, en cuyo caso será necesario tratar por especialistas mediante el enfoque terapéutico preciso.

Bueno es todo lo que hoy les quiero contar sobre el vino y la vida. Si no le ha gustado esta página, por poco rigurosa, personalista, subjetiva, inapropiado, discutible, porque incita al vicio y al desenfreno, o simplemente por la forma de expresarme, lo mejor que puede hacer es no darle mayor importancia. Y reírse. Con la risa, igual que con el placer del buen vino, se liberan también endorfinas.

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La investigación debe atender a las necesidades de la “calle”
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Antonio Remesal | 11-08-2016 | 9:06| 0

Finca experimental de La Grajera (La Rioja)

La Universidad de California en Davis ha dado a conocer a un grupo de viticultores las líneas de investigación en las que están trabajando. Un ejemplo de como la investigación recoge las necesidades de la “calle”, dedica sus medios y esfuerzo precisamente en ellas  y comunica los resultados a quien corresponde. Es lo que se denomina transferencia tecnológica. 

Les paso el artículo literal y el enlace por si quieren aumentar la información:

Santa Rosa, Calif.—David Block, chairman of the Department of Viticulture and Enology at University of California, Davis, recently shared several advances results in research as well as new opportunities for partnerships with the wine industry.

Speaking to an audience of members of the Allied Grape Growers during its annual meeting in Santa Rosa, Block said “Research is best thought of as an investment. Like financial investments, a diversified portfolio of research investments will be most effective over time.” He briefly presented five case studies:

• Chardonnay clones 4 and 5

• Elimination of cork taint

• Adams-Harbertson tannin assay

• Low water use rootstocks

• Impact of V&E teaching program on the California, U.S. and world wine industry

Chardonnay Clones

The available Chardonnay clones in the 1950s were uneconomic because of low yields (0.5 tons per acre). Over a 20-year period, grape geneticist Harold Olmo observed, selected, grew and released clones 4 and 5.

Now Chardonnay is the mostly widely planted variety in California at 92,000 acres. Nurseries estimate that 75% of these acres are clones 4 and 5.

Block estimates that the program cost less than a few $100,000 (2016 value). Between 1980 and 2012, the clones represented $14.5 billion in present value. “The return is so high that people can’t believe it.

” Cork taint ” (TCA)

The amount of 2,4,6-trichloroanisole (TCA) in wines increased in the 1980s and 1990s to affect nearly 6% of all wines. A new analytical technique that allows rapid sampling was developed by Susan Ebeler and Christian Butzke in 1995 and transferred to Electronic Testing Laboratories (ETS). The result was the Cork QC program and a major reduction in TCA rate. This saved $3.4 billion (2012 value) from 2006 to 2012, as the TCA rate dropped from 5% to 1%.

This development also cost less than $100,000.

Grape breeding in the Walker Lab

Andy Walker’s first rootstock breeding program released GRN-1 through GRN-5 (Grape Rootstocks for Nematodes) to resist aggressive strains of root-knot, dagger, lesion, citrus nematodes and phylloxera. Bred in 1993 and 1994, they were released to nurseries in 2008 and to growers in 2011.

The lab is now combining broad nematode resistance with salt and drought resistance, and advanced selections are in field testing. Wine grape breeding program The first few 97.5% V. vinifera Pierce’s disease-resistant selections are ready for release to nurseries in late 2016 and to growers in 2019.

These vines demonstrate the potential of classical breeding to 97% vinifera in about 10 years, grapes that progressed from peppery, herbaceous wines with blue-purple pigments to high-quality vinifera characteristics. About 20 more will be released in the next 10 years. They are classically bred with resistance from V. arizonica using DNA markers to optimize selection, not genetic modification. They have been field test tested with numerous industry-based wine tastings. The first commercial-scale wines will be made at Caymus in the fall of 2016.

Microbes in wine production

David Mills has been using next-generation sequencing tools that allow comprehensive tracking of all microbes to address such questions as:

• Do wineries establish a “house” microflora? (PlosOne 2012)

• Do different regions harbor different microflora on grapes? (PNAS 2013)

• Do incoming varietals have characteristic microflora? (PNAS 2013)

• Do different vineyard blocks have characteristic microflora? (mBio 2016)

• Do regional microbes influence wine? (mBio 2016)

Single-vine precision irrigation

Block and other researchers are developing a flexible, low-power, cost-effective system for precision irrigation of individual vines.

“Vineyard irrigation needs change spatially and with climate, but vines are currently irrigated in bulk. This means that water use is high in a vineyard, yet water resources are scarce. Grape quality could be improved by sensing the water status of individual vines and delivering the right amount of water at less than $5 per vine—maybe significantly less,” he said.

Researchers are trying to develop a system that is easy to install and maintain yet uses water more efficiency and increases wine quality.  The first-generation proof-of-concept pilot single-vine resolution irrigation system is now installed and operational on 640 vines at Oakville experimental station.

Scientists at UC Davis are working on new ideas for inexpensive, reliable solutions to fluidics and sensing. Cypress Semiconductor, which also made a heavy investment in high-tech fermentation tanks, has invested $208,000 in UC Davis and University of Michigan and is working with them to develop the next generation of vineyard irrigation systems. (Block discussed this project at the recent ASEV national conference. For more on that presentation see the MOG blog.)

How much should be invested in research?

Block concluded his talk with the question of how much should be invested in research: “You need to start with an industry vision, then move to a research vision to accomplish industry goals. Figure out how much is needed to fund this vision and how it will be funded.” He summed, “This creates the opportunity for critical partnership.”

Read more at: http://www.winesandvines.com/template.cfm?section=news&content=172816
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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.