La Rioja
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Categoría: Actualidad
Calidad y cantidad no son incompatibles

Rioja debería aceptar que la viticultura de alto rendimiento es ya una realidad y ello precisa un nuevo ordenamiento.

Vendimia mecánica en viñedo riojano con alto rendimiento

Vendimia mecánica en viñedo riojano con alto rendimiento

A resultas del refranero, calidad y cantidad se muestran antagónicos: “mejor poco y bueno que mucho y malo”, “más vale bueno que mucho”, “fíjate en la calidad y no en la cantidad”… Pero calidad, aparte de una serie de características intrínsecas a un producto que hacen que se valore como bueno, es igualmente la que corresponde al mismo por cumplir unos mínimos convenidos a precio moderado.

En la viña es asumida la relación inversa entre calidad y cantidad: si la producción es extrema la calidad se resiente, siendo los viñedos de bajos rendimientos los que brindan mejor calidad. El mismo Reglamento del Consejo y el Pliego de Condiciones de la DOC Rioja, con el objetivo de alcanzar la mejor calidad posible, establece el sistema de conducción del viñedo, el número de yemas por cepa y superficie y, en vendimia, los kilos de uva que como máximo se pueden producir por hectárea, según se trate de uva blanca o tinta.

La limitación de rendimientos se muestra como un método de preservar la calidad, pero las restricciones normativas son un factor de imagen y un mecanismo de autoregulación. Ningún técnico puede negar que se puede conseguir un vino muy digno, en cuanto a calidad intrínseca se refiere, en un viñedo de Tempranillo manejado adecuadamente que produzca por ejemplo 10.000 kg/ha de uva. Una equiparación de rendimientos bajos con calidad y de rendimientos elevados con calidad mediocre sería, como poco, simplista. Tampoco dice mucho sobre calidad los kilos de uva asignados a un viñedo concreto en vendimia: no es lo mismo la calidad asociada a un viñedo que por su naturaleza da pocos kilos, que otro con alto potencial productivo que llega al final de su ciclo con altos rendimientos y que, para cumplir los mínimos que marca el Consejo, se hace una entresaca de racimos previa a la vendimia. O peor aún, cuando su exceso de producción se asigna a otro viñedo que no llegue al rendimiento máximo establecido.

Desde siempre la viña ha sido cultivada en los terrenos hostiles, de baja fertilidad, proclives a rendimientos reducidos. En los últimos tiempos la uva para vinificación se ha ido trasladando a otras ubicaciones, desplazando a otros cultivos incluso de regadío. En estos suelos más fértiles la viña vegeta a sus anchas, lo cual no es bueno para la viña al contrario que para otros cultivos, siendo necesaria las intervenciones continuas para mantener el viñedo en buenas condiciones sanitarias y que la maduración llegue a feliz término.

El buen hacer de la mayoría de productores unido al crecimiento y diversificación de Rioja y la coexistencia de vinos de perfil y calidad intrínseca muy variados ha propiciado un crecimiento en cifras y también del espectro de clientes. Poniéndonos en los dos extremos Rioja es, ahora mismo, por un lado la viticultura de los que se aferran a la excelencia cualesquiera que sean los costes y, en el otro, la de grandes superficies y potencial productivo alto al menor coste posible (kilogrados/ha). Viticulturas diferentes con resultados cualitativos distintos. Un esquema que, ordenado, sería perfecto, susceptible de dar resultados económicos interesantes para todos los agentes implicados, capaz de satisfacer a consumidores bien distintos.

La calidad de un vino depende de la forma en que éste logre cubrir los deseos del cliente

Calidad es un concepto relativo que está relacionado con las propias percepciones e implica la satisfacción de necesidades y expectativas. Calidad, por supuesto, son muchos de los vinos de Rioja producidos en viñedos concretos, con bajos rendimientos, en ideales condiciones de cultivo y con todas las técnicas enológicas que permiten obtener el mayor provecho posible a una uva excepcional. Uva cultivada en condiciones difíciles, sin escatimar gastos en manejo y cuidados y con rendimientos limitados. Uva que da como resultado vinos singulares, de elevado precio, restringidos a clientes muy selectivos, con alto poder adquisitivo u ocasiones muy concretas. Pero la calidad no es solo patrimonio de estos vinos a la cata soberbios.

¿De qué le sirve a la mayoría de los mortales que existan botellas de vino extraordinarios si estos nos resultan inaccesibles?. Calidad es, también, la de un vino correcto que nos hagan disfrutar de su bebida a precio moderado y que nos los podamos permitir todos los días. Calidad del día a día, “calidad de andar por casa”. Esto es calidad para la mayoría, a no ser que usted sea como Onassis: “La buena vida es cara, hay otra más barata, pero no es vida”.

Ahora mismo bajo el paraguas del nombre Rioja, y no siempre como vino amparado debidamente etiquetado, se oferta tanto la calidad que demanda el cliente más exquisito, la de un restaurador que quiere un vino Rioja estándar, la que busca un joven con poco poder adquisitivo que se está introduciendo en el conocimiento del vino, o la del consumidor que quiere un vino correcto a precio moderado. Modos distintos de entender el vino y la calidad pero modelos, al fin y al cabo, compatibles, que pueden coexistir perfectamente siempre que el mercado sea honesto, transparente y convenientemente regulado.

El conflicto y una posible solución

Una regulación obsoleta en la DOC, y lagunas apreciables en el control, ha dado lugar a una parte de la oferta de vino que vive de las rentas de la buena imagen del Rioja, históricamente conquistada y reforzada por señaladas referencias. En los mismos canales o paralelos y compitiendo de forma desleal con el Rioja “genuino”, cultivado en terrenos con verdadera vocación vitivinícola, se comercializa un extra de vino, en parte por debajo de los niveles estándar y, también, a excedentes que, aunque no amparados, van a parar al mercado, desequilibrándolo y afectando negativamente al buen ver del Rioja. El conflicto está servido.

Una posible solución a las diferencias entre productores con filosofías de negocio tan dispares pasa primero por aceptar lo que somos: la agricultura de la uva para vinificación de altos rendimientos es ya una parte de Rioja; y, segundo, crear un ordenamiento de acuerdo a la oferta variada de producciones. De esta manera se podría adecuar la viticultura al potencial vitícola de cada parcela y dirigir cada vino al nicho de mercado que le corresponde. Viticultores y bodegas se esmerarían en su especialidad con la seguridad de un mercado transparente.

La consideración de las figuras de “vinos singulares” y de “vinos de municipio” en la oferta del Rioja es un paso en este sentido pero aún insuficiente: no abarca más que unos vinos concretos de alta gama. Lo que ahora se plantea es una categorización de los vinos producidos en el área de la Denominación. De todos. Con distintos formatos, presentaciones y etiquetados, para que clientes y consumidores sepan lo que compran. Vinos unos con precio alto para clientes exclusivos y ocasiones especiales y otros con precio asequible para todos. Con uvas de viñedos de bajos rendimientos y, también, de otros, incluso con producciones por encima de las actualmente amparadas, para vinos con una variedad de formatos y presentaciones más amplia que la que actualmente permite el Reglamento de la DOC. Todos de calidad y de Rioja.

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Estrategia sostenible para una dañina plaga del viñedo en Rioja

“La viña me confunde” dice el macho de la polilla incapaz de encontrar a las hembras para aparearse, burlado por las feromonas que desprenden los difusores repartidos por los viñedos.

La polilla del racimo (Lobesia botrana) es una pequeña mariposa en su estado adulto que causa graves daños en el viñedo riojano, más en otras zonas más cálidas. Los daños se derivan esencialmente de las heridas que sus larvas provocan en las uvas de las que se alimentan al favorecer la infestación por botrytis o podredumbre del racimo. Campañas como la del 2014 en Rioja en la que la incidencia de la polilla fue muy alta, conjuntamente con lluvias en época de vendimia, dieron lugar a la aparición de botrytis en muchos viñedos, con serias consecuencias sobre la producción y calidad de la uva y del vino.

La polilla inverna como crisálida ocultándose en el tronco, en hojas caídas de la viña y en la vegetación circundante. En primavera emergen los adultos y cuando las hembras son fecundadas ponen los huevos en los racimos en flor a mediados de junio. Las larvas u orugas de esta primera generación atacan los botones florales pero sus daños no suelen graves. En el mes de julio aparece la segunda generación que, como la tercera (agosto-septiembre), causa perjuicios mayores. Estas ponen los huevos en los granos verdes o ya enverados, donde los tratamientos difícilmente penetran.

La sociedad actual propugna cada día más un uso sostenible de los productos químicos en la agricultura, tanto por cuestiones de naturaleza ecológica, económica, como sanitaria, es por lo que el empleo de fitosanitarios debe reducirse al mínimo posible, siendo la opción última a utilizar solo cuando no sean viables alternativas menos dañinas o mecanismos naturales de control. En este contexto ha surgido con fuerza, aunque se conoce hace muchos años, un método de defensa contra la polilla que se ha mostrado muy efectivo, siguiendo unos mínimos requerimientos, allí donde se ha utilizado por viticultores (o agrupaciones) y bodegas, y que se denomina “técnica de confusión sexual”.

Técnica de confusión sexual para la lucha contra la polilla del racimo

Consiste en colocar por el viñedo unos objetos que difunden idéntica feromona que la hembra segrega para llamar al macho al apareamiento. Impregnado el ambiente de esta hormona, que el olfato humano no distingue, los machos vuelan despistados incapaces de encontrar a las hembras a las que no pueden aparear y por tanto no fecundan. Con esta técnica se puede prescindir de tratamientos insecticidas contra polilla (que matan también fauna útil como mariquitas o abejas) y que una vez está bajo control y al disminuir los riesgos de aparición de botrytis se reducen igualmente los tratamientos consiguientes contra este hongo.

Al objeto de dar a conocer a los viticultores la importancia del control eficaz de la polilla de racimo, las herramientas existentes, y exponer con detalle las ventajas que, el uso de la técnica de confusión sexual, tendría por grupos de viticultores o por propietarios con una superficie mínima de viñedo, se va a realizar una jornada técnica en Laguardia organizada por la Diputación Foral de Álava para todo aquel viticultor o técnico interesado.

Esta jornada, ejemplo de colaboración entre distintas Administraciones, es de entrada libre y su título es “Estrategia de lucha conjunta contra la polilla del racimo en Rioja Alavesa”, tendrá lugar a partir de las 11 de la mañana el próximo lunes 23 de abril en el salón de actos de la Cuadrilla de Rioja Alavesa (carretera de Vitoria, 2, Laguardia).

La jornada que será inaugurada por el Diputado de Agricultura de la Diputación Foral de Álava Eduardo Aguinaco, se iniciara con la ponencia de Eugenio García del Moral presidente de ARPROVI que dará cuenta sobre la identificación de la plaga, su ciclo, los daños que provocan en el viñedo y la estrategia de control tanto química, cada vez más cuestionada, como por métodos biológicos: bioinsecticidas (Bacillus thuringiensis) y confusión sexual (mediante feromonas), continuará con la intervención de la investigadora de NEIKER Ana Mª Diez Navajas que informará sobre la evaluación de las poblaciones que se está realizando en Rioja Alavesa mediante monitoreo de adultos capturados con trampas. Posteriormente intervendrá José Luis Ramos, Jefe de Protección de cultivos de la Consejería de Agricultura del Gobierno de La Rioja que incidirá en la técnica de confusión sexual (mediante feromonas) y la experiencia en La Rioja. Bajo el punto de vista práctico, José Ignacio Gracia, Director Técnico de la D.O. Campo de Borja, presentará los resultados obtenidos en la Denominación Campo de Borja en cuyos viñedos se viene utilizando de forma generalizada desde 2015 el método de confusión sexual revelándose como una alternativa altamente eficaz al uso de insecticidas químicos.

La jornada pretende contribuir a la implantación de este sistema en Rioja Alavesa, una labor de promoción que se está realizando igualmente en las otras provincias de la DOC Rioja: La Rioja y Navarra, y que de llevarse a cabo de forma generalizada se convertiría en un factor diferencial cualitativo para la Denominación, disminuiría la dependencia de productos químicos y la necesidad de ajustarse a las fechas de aplicación de los fitosanitarios para que resulten eficaces.
Como único inconveniente para el desarrollo de la técnica de confusión sexual es que es necesaria una superficie mínima para que el tratamiento sea efectivo por lo que si no se dispone precisa la unión con viticultores de viñedos anejos.

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Cambio de nombre de Rioja Baja. Rectificar es de sabios

Puedo decir que yo fui uno de los promotores del cambio de nombre de Rioja Baja, por lo que me siento un poco responsable de las repercusiones y foco de la polémica  que se ha generado en los últimos días sobre la conveniencia o no de la denominación Rioja Oriental para Rioja Baja.

Viñedos en Alfaro. Rioja mediterránea. A.Remesal

Viñedos en Alfaro. Rioja mediterránea. A.Remesal

Para empezar diré que el revuelo está totalmente justificacado ya que la cuestión no es precisamente trivial. Algunos se están jugando los cuartos.

En un artículo que publicaba en el diario “La Rioja” con fecha 18 de junio de 2015 decía literalmente: “No cabe, por consiguiente, un nombre dentro de la Denominación que pueda inducir al despiste, error o menoscabo y, dado que el de Rioja Baja pudiera hacerlo, se proponen alternativas al mismo. Les sugiero por ejemplo el de Rioja Mediterránea (si no existen impedimentos legales), u otros, como Rioja Oriental, Rioja del Naciente, Rioja Dorada, Rioja Luminosa, Rioja Radiante, Rioja Brillante, Rioja Candente, Rioja de la Luz, Rioja del Contraste, … Cualquiera de ellos nos sugiere una idea más próxima a la realidad presente en esta singular subzona de la DOC Rioja. Su elección queda para los expertos en Branding (o si lo prefieren en español, imagen de marca)”.

Como veis una de mis propuestas de cambio de nombre de Rioja Baja era por el de Rioja Oriental, pero había otras…

Podéis releer el artículo completo en el siguiente enlace: http://www.lomejordelvinoderioja.com/noticias/201506/18/rioja-baja-rioja-mediterranea-20150618003636-v.html

No sé que tipo de estudio se hizo para tomar  la decisión y elegir definitivamente el de “Rioja Oriental” pero hay que decir,  pasado el tiempo, que probablemente se cometió un error, una vez conocemos que este tiene connotaciones peyorativas en ciertos paises. No se dice que en otros mercados, por ejemplo China, tan importante actualmente, es precisamente lo contrario.

La cuestión es que se ha hecho un movimiento estratégico y comercial que puede sea negativo de cara a la venta en mercados tan trascendetales como el de Estados Unidos. Es pues hora de tomar medidas y rectificar y si hay que envainarsela nos la envainamos, que no pasa nada. Aún estamos a tiempo antes que los daños sean mayores.

Mi propuesta de hoy es que se de libertad para la utilización de uno u otro nombre para Rioja Baja según que mercados. Se podría igualmente cuestionar la conveniencia de la denominación “Rioja Oriental” o que esta se descarte si así definitivamente se decide . Si hay que buscar otro nombre que se haga, pero antes de tomar la decisión final que se consulte con todos los implicados, y que se lleve a cabo un estudio serio de la repercusión que un movimiento de marketing de estas características, que no es precisamente baladí, supone.

Ya es hora de que la DOC empieze a ser un poco más flexible y también sensible, en este y en otros temas, dicho sea ya de paso.

Ya lo dijo Churchill: “Aquellos que no cambian de parecer nunca cambian nada”, sentencia con la que estoy plenamente de acuerdo, pues de sabios es rectificar.

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Caminos de hierro, voluntades de papel.

El ferrocarril clave en la prosperidad de Rioja

Impacto del paso del ferrocarril por un viñedo riojano. A. Remesal

Impacto del paso del ferrocarril por un viñedo riojano. A. Remesal

Siglo y medio después de la llegada del tren a Rioja, este medio de transporte resulta de nuevo clave para el futuro de la Denominación. Sobre el papel proposiciones diversas y divergentes.

Las vías férreas, las carreteras o las líneas eléctricas, son infraestructuras que admiten alternativas diversas. Cada solución técnica planteada tiene su coste e impacta de distinta manera en el recorrido por donde discurre por lo que es natural se presenten discrepancias en su definición. La afección al viñedo riojano está condicionando estas infraestructuras esenciales.

La historia del vino de Rioja y la del ferrocarril, como las vías del tren, transcurren paralelas. Tanto es así que Rioja no sería hoy lo que es sin el ferrocarril. A partir de 1857 se empieza a construir la línea ferroviaria que une Tudela con Bilbao. El ferrocarril permitiría la salida de los productos agrícolas, principalmente el vino, a la gran ciudad de Bilbao, y de su puerto y del de Pasajes, a la exportación.

A finales del siglo XIX, el ferrocarril se configuraba como el medio de transporte definitivo de personas y mercancías. Este momento coincidió con la crisis del oídio y la filoxera en Francia, cuando bodegueros franceses ven en los viñedos riojanos el punto propicio para el abastecimiento de su mercado. La línea Bilbao-Tudela, finalizada en el último tercio del siglo XIX, sería el medio que posibilitaría el transporte del vino y el acicate para la creación de las grandes bodegas próximas a las estaciones de ferrocarril en La Rioja. Para los cosecheros y bodegas asentados en territorio alavés, en Labastida, Elciego o Laguardia, el ferrocarril quedaba más a desmano. Necesitaron reforzar su red de caminos y puentes para con carretas llegar con su vino a las estaciones más próximas del otro lado del Ebro.

El ferrocarril, como ha apuntado en alguna de sus publicaciones el enólogo Manuel Ruiz, supuso un cambio en el modelo de estructuras vitícola de las zonas afectadas. Las estaciones, apartaderos y bodegas se instalan en los terrenos aluviales y llanos, al reunir las mejores condiciones para ello. Es el caso de Haro, Cenicero o Fuenmayor donde se abandonan progresivamente las cuevas de cosechero para llevar la uva a las bodegas comerciales y elaborar en los calados solo para consumo propio. En Rioja Alavesa y la Sonsierra el hecho de que el ferrocarril no pasara por sus tierras supuso la conservación de las bodegas de cosechero y la preservación de este modelo de empresa familiar.

Igualmente el paso del ferrocarril, precisamente por los terrenos aluviales de la provincia de La Rioja, propicio el desarrollo de la viticultura en estas áreas. Se plantan viñas en parcelas de gran tamaño, llanas y con posibilidades de riego, en terrenos dedicados hasta entonces a cultivos más productivos, pues es necesario abastecer de uva a las grandes bodegas creadas entonces. En Rioja Alavesa y en la Sonsierra, sin embargo, continúan con el cultivo en laderas y parcelas de pequeño tamaño en los terrenos característicos arcillo-calcáreos mientras las fincas más productivas se siguen destinando a cereal.

Por los mismos años otra gran vía era foco de atención en la región. Enlazaría Logroño con Pamplona permitiendo la conexión con Francia por el Roncal y con Madrid por Soria. Intereses y voluntades diversos, causados por disputas acerca del trazado, por si se empezaba a construir por Pamplona o por Logroño, o por si la vía debía ser ancha o estrecha, impidieron llegar a un acuerdo en su construcción, prevaleciendo los intereses particulares sobre el beneficio común. Una línea que, de haberse ejecutado, hubiera cambiado el mapa industrial y comercial de la región, se queda finalmente en el papel.

Lo que es portada de los periódicos últimamente es la propuesta para la construcción de una línea de Alta Velocidad ferroviaria Logroño- Miranda. En una reciente visita a Logroño el Ministro de Fomento ha presentado incluso un esbozo con cuatro posibles vías alternativas. Las cuatro suponen una gran afección a la zona de viñedos por las que pasan, dos más a Rioja Alta y otra más a Rioja Alavesa. Tras el rechazo general inicial y retractos varios, lo que ahora se discute no es solo el trazado, sino el modelo de comunicaciones a su paso por la DOC.

La adecuación del trazado al paso del AVE, además del daño irreparable al viñedo, sería una obra con altísimo coste y beneficio incierto. Una más de las que, sin salir de La Rioja, se viene invirtiendo en comunicaciones en los últimos años. Es el caso del aeropuerto de PAGOncillo-Logroño que pagamos todos y utilizan cuatro. O el soterramiento del ferrocarril a su paso por Logroño; enfocado a eliminar una barrera al crecimiento de la ciudad para, a escasos 400 metros, construir una trinchera similar: la de la carretera que circunvala Logroño; vía igualmente desproporcionada para un tráfico que acabará, donde debería haberlo hecho hace tiempo, en una autopista liberalizada. En la misma línea de desmesura esta la macroestación de trenes, una obra más propia de una gran urbe que no de Logroño. En fin gastos y más gastos que no se justifican y que podrían dedicarse a acciones que realmente reporten beneficios para los ciudadanos con unos recursos que no son ilimitados, como parece algunos creen.

Volviendo al proyecto de conexión de La Rioja por ferrocarril, antes de determinar la solución de comunicaciones es preciso un análisis en profundidad de los impactos derivados de la infraestructura, más allá de la evaluación ambiental de la Administración, considerando el viñedo, y sus paisajes, como patrimonio inviolable. No solo porque peligra el reconocimiento de la UNESCO sino porque está en juego el futuro de Rioja.

Una región, la que abarca la DOC Rioja, que ha apostado tan fuerte por el vino y en la que, a medio plazo, el turismo se configura como una de las fuentes de ingresos fundamentales, no puede permitirse la mínima afección a un territorio tan valioso, pero tampoco debe renunciar a los beneficios de unas buenas comunicaciones. Es por eso necesario encontrar una solución de compromiso, entre servicio, retorno de la inversión e impacto. No importa la Comunidad Autónoma que se vea inicialmente más afectada.

Todos los caminos llevan a Roma, pero unos mejor que otros.

Visto que los ejes principales de Alta Velocidad Este-Oeste y Norte-Sur no pasarán por Rioja, cabría preguntarse si es realmente indispensable una línea de Alta Velocidad o basta con un proyecto más modesto que permitiera llegar fácil a Miranda o Castejón a costa de sacrificar unos minutos de tiempo por trayecto.

Algunos entendemos que la solución que se elija debe mantener en esencia el trazado actual, mejorando las prestaciones de velocidad, frecuencia de trenes y el número de paradas. Convirtiendo el ferrocarril en un auténtico servicio de cercanías y de movimiento de mercancías, en uno de los medios de transporte más ecológicos. El incremento de tiempo de desplazamiento comparando con la Alta Velocidad no parece relevante en un recorrido tan corto cuando existe alternativa rápida por carretera. Un planteamiento así, mejoraría la movilidad regional uniendo todas las poblaciones de La Rioja al Este y Oeste de Logroño y estas a su vez con Castejón y Miranda y, a través de estos nudos, las comunicaciones de la DOC Rioja con el resto del mundo. Todo a través de un recorrido de 150 Km paisajísticamente imponente.

Explicación de la propuesta de mejora del trazado de ferrocarril actual versus nuevo trazado y conexión mediante Alta Velocidad

Lo que aquí se plantea está en la línea de los sistemas de trasportes existentes en la mayoría de las grandes ciudades en las que los aeropuertos se encuentran a las afueras.

Esto es, un buen servicio de transfers o trenes lanzadera que iniciando su recorrido en Logroño y con paradas hacía el oeste en Cenicero y Haro y hacía el este en Calahorra permitiera comunicar con Miranda de Ebro y Castejón de Ebro respectivamente, para llegar puntualmente a conectar con todos los trenes de pasajeros que circulen por esas estaciones en cualquier dirección. Del mismo modo partiendo de Miranda y Castejón debería asegurarse la conexión de todos los trenes con parada en estas estaciones hacía Logroño.

Con una mejora en la línea y sin grandes inversiones los trenes podrían circular los 48 kilómetros de trayecto hasta Miranda a una media de 100 km/hora (el doble de la actual) con lo que el viaje se podría realizar en poco más de 30 minutos. Del mismo modo el viaje Logroño-Castejón, en su recorrido de 69 kilómetros, se podría realizar en aproximadamente la misma media hora (el trazado de esta vía es menos sinuoso y permite mayores velocidades de los trenes).

La pérdida de unos minutos en el trayecto a Miranda o Castejón, respecto al viaje en AVE, no supone apenas nada en un recorrido a Madrid o Barcelona por ejemplo, pero supondría un ahorro importante en gastos de infraestructuras, no se alteraría apenas el trazado actual (y por tanto el paisaje) y se daría un mejor servicio a la región ya que estos trenes realizarían paradas intermedias. Cualquier viajero podría llegar tanto a Haro, Cenicero o Calahorra partiendo de estas estaciones, sin necesidad de acercarse a Logroño para tomar el tren. Estas estaciones intermedias facilitarían también el tránsito de turistas con Rioja Alavesa y la Ribera Navarra sin tener que llegar a Logroño para conectar. En definitiva un mejor servicio por mayor frecuencia de trenes y paradas, sin derrochar recursos económicos, mínima alteración del paisaje y sólo a cambio de unos minutos más en los primeros kilómetros de un viaje mayor.

Una vez que la batalla del eje Este-Oeste está perdida, la alternativa que se ha venido planteando de un tren de Alta Velocidad supondría, cualquiera que sea el trayecto elegido, una inversión enorme unida a una alteración del paisaje irreversible (con lo que esto supone de cara al turismo) y al patrimonio vitícola , para al final tener como mucho uno o dos trenes diarios pasando por Logroño cuyos horarios habría que adecuarlos al movimiento de trenes de la vía principal (que pasa por Pamplona y el País Vasco). Es verdad que serían trenes muy rápidos, como lo es el avión, pero su baja frecuencia limitaría el número de viajeros tanto que lo haría inviable económicamente (lo mismo que el aeropuerto de Agoncillo).

Trabajemos por consiguiente, con los pies en el suelo, en la búsqueda de una alternativa de transporte enmarcada dentro de una red de comunicaciones nacional, adecuada a la necesidad real, proporcional a sus costes y utilidad, valorando los impactos y pensada para un futuro. Casi nada.

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No hay derecho

La imposibilidad de transmisión del “papel” para plantar viña no ha sido el único derecho suspendido como consecuencia de la nueva regulación europea

Viñedos en Rioja Alavesa

Viñedos en Rioja Alavesa

Por imperativo comunitario hemos pasado de un escenario, ”el anterior a enero de 2016”, en el que el “papel” para viña, o lo que es lo mismo el documento que facultaba la plantación de viña, se compraba y vendía libremente, como cualquier otro bien, a una situación, en el que la transmisión de los derechos es historia pasada.

 

Hasta el 1 de enero de 2016 el derecho para plantar vid se conseguía por una adjudicación de la Administración, un arranque en la misma explotación, o la compra del derecho a un propietario que hubiera arrancado y que renunciara a plantar con el mismo. Al contrario que ahora, bastaba arrancar el viñedo para poder vender, conjunta o separadamente, la tierra y el derecho.

 

Los cambalaches del “papel”

 

El que no podía, o no quería,  comprar derechos pero, aun así, pretendía plantar viña, debía esperar a las adjudicaciones procedentes de la reserva, un reservorio de derechos a nivel nacional, que los políticos manejaban a la perfección y del tiraban periódicamente, cayendo como un regalo del cielo a los agraciados.

 

En un mercado de carestía la especulación estaba servida. La venta de “papel” se convirtió en un negocio sujeto al trapicheo que ni en los más negros tiempos del estraperlo. Los viticultores o intermediarios compraban y vendían, en un mercado paralelo al del viñedo y al de la tierra, el derecho que otorgaba la posibilidad de entrar  en el “Club Rioja” o, si ya se estaba dentro, de aumentar la cuota de participación. Un “club” tan selecto y exclusivo que una acción del mismo, el derecho para plantar una hectárea de viña, llego a cotizarse hasta en 30.000 €.

 

La liberalización del mercado del viñedo será total tarde o temprano, como lo es ya en el sector lácteo y este año lo será en remolacha.  De momento, como antesala del libre mercado, desde el 1 de enero de 2016 los derechos han desaparecido. Para plantar vid es precisa una autorización administrativa, que se diferencia de los  antiguos derechos en que  no son transferibles.  La obtención de “papel” para plantar es solo posible mediante un arranque en la misma explotación o bien por la adjudicación por el Ministerio, cuyas reglas, “emanadas” de Europa, hasta el momento, han dado lugar, al menos en Rioja, a grandes arbitrariedades y que no han dejado satisfechos más que a aquellos que se han aprovechado de las mismas.

 

A tenor de la normativa comunitaria, si se constata demanda, el Ministerio de Agricultura está obligado a ofrecer nuevas autorizaciones para plantación, en una cifra que puede llegar hasta un 1% de la superficie vitícola nacional.  Siempre que a petición de las Denominaciones de Origen correspondientes y, para garantizar la competitividad, el Ministerio decida reducir el porcentaje que se asigne a determinadas regiones.

 

El pasado año de 4173 hectáreas a repartir para toda España 387 correspondieron a Rioja. Dado que la superficie concedida no alcanzó ni para los jóvenes sin viña, los que tenían más puntos con los criterios fijados de reparto, se tuvo que prorratear la asignación en función de la superficie solicitada, correspondiendo a cada uno finalmente el 11% de la superficie pretendida.  En Rioja la mayor parte de las plantaciones fue adjudicada a unos pocos terratenientes (o sus testaferros), mientras los muchos que cumplían las condiciones pero que acreditaron pequeñas superficies de tierra blanca se quedaron con muy poco. Para los viticultores profesionales que necesitaban ampliar su explotación, ni una hectárea, ni siquiera a los jóvenes.

 

Se tuvo la posibilidad de plantear un recurso de alzada contra la resolución del Ministerio en la que se fijaban en 645 hectáreas el crecimiento del potencial vitícola en la Denominación de Origen para 2017 y se mantenían los mismos desafortunados criterios de adjudicación del 2016. No se hizo. Argumentaron pocas posibilidades de que prosperara. No haciendo nada las posibilidades no es que sean pocas, es que son nulas. Ahora todos tachan de auténtica “chapuza” el reparto de 2016, “a buenas horas mangas verdes”. El 2017 será más de lo mismo, las pequeñas modificaciones que se han hecho no evitarán que los “listillos” encuentren fórmulas para saltarse un reglamento que tiene poco margen de maniobra. Por hacer las cosas tarde y mal, tocará de nuevo envainársela.

De las 387 hectáreas repartidas en 2016 para Rioja, 363 se han quedado en La Rioja, 4 han ido para Álava y 20 para Navarra

Por otra parte, el acuerdo tácito en la interprofesional que garantizaba un crecimiento equilibrado en proporción a la superficie de viñedo de cada autonomía perteneciente a la DOC se ha incumplido: el reparto de viñedo en la DOC Rioja no ha sido proporcional a la representación de cada una de las Comunidades Autónomas del Rioja. Si nos referimos al viñedo origen Rioja de cada una de las provincias de la DOC, le correspondería a La Rioja el 70% de las adjudicaciones de nuevas plantaciones,  el 20% a Álava y el 10% a Navarra, cifras que contrastan con las adjudicaciones de 2016, y que seguirán en la misma línea en 2017 y, si no hay acuerdo en el pleno del Consejo, en 2018. No es extraño que los viticultores alaveses se quejen, en 2016 solo 4 hectáreas de las 387 repartidas fueron para Álava.

 

Autorización de nuevas plantaciones para 2018

 

La semana pasada el Ministerio ha puesto a disposición de las organizaciones agrarias un borrador del Real Decreto que modificará para el 2018 los criterios de reparto. Como novedad, parece que experiencia y formación agrícola, serán requisitos que se incorporaran. Se primará a los jóvenes y a los viticultores profesionales. El principio de potenciar las explotaciones más respetuosas con el medio ambiente también entra en el paquete de preferencia en las adjudicaciones. No estaría tampoco de más que se vetara el acceso a plantaciones a los favorecidos por la laxa regulación  de 2016 y 2017 y se limitara el número de  hectáreas por adjudicación. Ya puestos a pedir, yo sugeriría se incluyeran entre los criterios de selección beneficiar a los viticultores que dispongan de mayor porcentaje de viñedo viejo,  contar con la vocación vitícola del terreno donde se pretende plantar y priorizar a los términos municipales en los que el viñedo es el cultivo  tradicional y mayoritario.

 

Aún hay tiempo hasta el 1 de noviembre de 2017 para que la interprofesional del Rioja plantee, por un procedimiento que está perfectamente regulado, recomendaciones al Ministerio  que debe ir precedido por un acuerdo entre las partes representativas de cada zona geográfica. Este debería pasar por que las nuevas plantaciones se dirijan a las zonas, explotaciones y viticultores que, en principio, por condiciones naturales y profesionalidad, garanticen una mayor calidad, aspecto sin duda en el que se deposita el futuro de Rioja.

 

La pelota está, pues, en la interprofesional y el Pleno del Consejo Regulador.  Es el Ministerio y  las Comunidades Autónomas quienes deben recogerla y jugarla bien. Pero ya para 2018.

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Cuatro…y nos conocemos todos

Bodega en Mendavia perteneciente a la DOC Rioja

Rioja tiene más de 500 bodegas inscritas, que se pueden agrupar en 4 modelos de negocio.

Aunque ninguna bodega se puede adscribir totalmente  a un solo grupo. Todas tienen componentes de otras y todas en el fondo son negocios para ganar dinero, hoy me he atrevido con esta simplificación.

Bodegas “románticas”, clásicas, empresas bodegueras y ‘sociedades transvinateras’, son los cuatro grupos en los que he caracterizado las bodegas de Rioja y que conviven en la DOC sin más diferenciación que sus propias marcas.

Juan es un joven emprendedor que, resultado de rendimientos reducidos y una fina práctica vitícola y enológica, lleva tres campañas elaborando un vino excelente. Desgraciadamente no vende una caja. Ojalá tenga suerte, pero probablemente acabe como proveedor de uva o vino a granel de alguna bodega grande, con lo que Juan verá su sueño frustrado y Rioja perderá una gran promesa.

Juan se ha topado con la realidad del mercado, un totum revolutum, en el que cohabitan vinos con calidades diversas y contraetiquetas idénticas. Un mercado gobernado por la tiranía del precio, en el que es tarea imposible distinguirse si no cuentas con una marca consolidada. Éste es el escenario donde gravitan las bodegas de Rioja, que básicamente responden a cuatro patrones:

1. Proyectos románticos. El perfil del bodeguero es el de un/a joven, aunque algunos ya no tanto, la mayoría con ascendientes del mundo del vino y con sólida formación en enología o agronomía que han puesto su pasión y recursos en un proyecto personal. Se abastecen de uva de las mejores viñas: de su familia o que van adquiriendo a vecinos que les miran como bichos raros («¿para qué querrá esta viña vieja que da cuatro racimos?»).
Practican una viticultura respetuosa, de rendimientos reducidos y cuidado escrupuloso de la uva y elaboran vinos «distintos», con técnicas francesas. Empiezan con vinos del año y, en cuanto pueden, compran unas barricas para hacer vinos ‘de autor’, con unos meses de crianza; si les va bien, amplían a 50 el número para hacerse criadores. Son capaces de reflejar en su vino la tierra de donde proceden, pero muchos se quedan en el camino «se puede hacer un vino soberbio en Rioja, lo duro es venderlo», coinciden.
Con esta filosofía encontramos decenas de bodegas en Rioja, algunas de ellas con trayectorias de más de 20 años: unas en la cresta de la ola, con bodegueros elevados a la categoría de gurús, y otras, con menos suerte aunque a veces con vinos excepcionales. Algunos han tenido que aparcar su romanticismo para convertirse en empresas más comerciales. Exportan y venden a distribuidores que buscan algo exclusivo y también a enotecas y restauración. Los que aguantan el tirón y no tienen que «bajar la persiana» son los llamados a ocupar el escalafón más alto: el mismo que el de los Clos de Borgoña o los Crus de Burdeos.

2. Bodegas clásicas. Las tradicionales bodegas de Rioja. Son algunas centenarias, ubicadas casi todas en Rioja Alta y Rioja Alavesa, que elaboran sus mejores vinos con largos periodos de maduración en barrica. Ofrecen vinos con una calidad homogénea año tras año, sin sustancial variación de las ‘recetas’ de sus antepasados. Sus viñedos, situados en enclaves muy propicios para la viticultura, son propios o de proveedores de confianza con los que guardan una relación a veces de muchos años.
Sus vinos visten la mejor mesa, van muchos para exportación, se consumen en restauración o se beben en una comida o celebración especial. Los acostumbrados a los Riojas de siempre son sus clientes fieles. Tratan de mantener precios pero a veces no tienen más remedio que lanzar promociones para «hacer caja».

3. Empresas/bodega. En este grupo se encuentran la mayoría de las pymes bodegueras. Fueron fundadas a partir de los años 70 del siglo pasado hasta hoy, con capitales que han invertido en un negocio atractivo en auge. Practican una viticultura extensiva, con grandes superficies de viñedos de mediana edad, algunos viejos y otros recientes. Gran parte de su uva viene de los viñedos propios y el resto de proveedores, unos fijos y otros no. Sus vinos mantienen una relación calidad/precio muy aceptable en toda la amplia gama. No les falta al menos un vino especial con uvas muy seleccionadas que es el que suele ganar concursos y que exhiben como «buque insignia». Están estas bodegas muy expuestas a los altibajos del mercado pero el viticultor hace de «colchón»: se le paga la uva menos cuando las cosas no pintan bien.
Estas empresas suelen exportar al menos un tercio de la producción a un mercado segmentado por precio con compradores atraídos por una buena calidad a coste competitivo.

4. Sociedades transvinateras. Son compañías que transcienden el ámbito vinícola. Su visión de negocio se podría resumir en ‘business is business’ o, lo que es lo mismo, «el que venga detrás que arree». Son grupos con intereses fuera del sector del vino, incluso del agroalimentario y con otras bodegas fuera de Rioja. Dependen buena parte de proveedores a los que aprietan al máximo con uva de calidad heterogénea.

El enólogo es la mano ejecutora del director comercial y de marketing para hacer una oferta de vinos adaptada al mercado. Desde vinos del año a otros con diferentes crianzas o vinos especiales en partidas pequeñas, hasta vinos ‘No-Rioja’ de excedentes o de otras denominaciones elaborados en empresas del grupo. En cualquier caso, son todos vinos correctos, a precios atractivos. Un número muy reducido de bodegas de este tipo comercializan una buena parte del vino Rioja.

Las sociedades transvinateras hacen políticas agresivas de precio. La marca paraguas, Rioja, les permite gozar, por ahora, de grandes beneficios. Sus costosas campañas publicitarias atraen a clientes que compran más por fama que por prestigio a una bodega grande más que a una gran bodega. Mientras unos buscan darse a conocer otros procuran mantener su statu quo.

Hasta aquí, esta categorización , un simple boceto  que trata de llamar la atención sobre los múltiples intereses que hay en Rioja, sobre las dificultades que las bodegas que apuestan por la calidad tienen para subsistir y sobre el riesgo de que las estructuras económicas más fuertes, en su lucha por mantener su statu quo, acaben fagocitando al resto.

Es por ello, por lo que algunos abogamos por la diferenciación que permita que aquellas empresas que van más allá del beneficio inmediato progresen y se consoliden. Y de paso que el consumidor tenga a su disposición una oferta de vino segmentada, identificable y que responda a sus expectativas.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.