La Rioja
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Categoría: Hay vida aparte de vino
No me fío de los que no beben vino

En plenas fiestas de la vendimia, que mejor que un toque de humor, sobre los beneficios y perjuicios del vino para la salud.

No me gustan las personas que no beben vino, tampoco las que beben demasiado. No se trata de una aversión a quién es distinto o no comparte los mismos gustos o ideas que yo, nada que ver con eso. Lo saben los que me conocen bien. La razón viene motivada, por un comportamiento, que he observado, se repite entre ellos: tanto los que renuncian voluntariamente al vino, como los que abusan de él, actúan a menudo como si tuvieran algún reconcomio o resquemor oculto, pasan por la vida como si algo les atormentara. Hoy acabo de descubrir cuál es el motivo de este proceder común entre opuestos: están sufriendo en silencio. He leído que entre las propiedades beneficiosas del vino está la de mejorar la circulación sanguínea. El vino tinto por su gran contenido en flavonoides beneficia al sistema venoso con lo que previene contra las hemorroides. Dolencia que se tiene igualmente más posibilidades de sufrir si le das demasiado al morapio: el consumo excesivo de vino (también de otras bebidas alcohólicas) además de las consabidas peligrosas derivaciones, tiene un efecto deshidratante, causa estreñimiento e inhibe la absorción de vitaminas.

Bromas aparte, es precisamente la mesura, que generalmente va unida a un estilo de vida, y en el que el vino consumido moderadamente participa, lo que realmente causa beneficios para la salud.

Pero, esto es solo una opinión. Frente a los partidarios del consumo “tranquilo” del vino, están los radicales, que parten de la idea que toda bebida alcohólica es perjudicial y por tanto debe apartarse drásticamente de la dieta. Están también, los que por motivos religiosos tienen prohibido el alcohol (recuerden el incidente de la visita del presidente iraní a Francia). Luego están los más puritanos, que relacionan cualquier consumo de alcohol con decadencia y todo tipo de vicios morales.

Entiendan que el hecho de no compartir los gustos u opiniones no significa que no los respete. Uno puede ser todo lo “estrecho” que quiera, ahora bien, sólo para sí mismo, los demás, adultos ellos: ¡allá cada cual con su vida¡. Y es que los hay que les gusta pregonar la rigidez, el fanatismo, la obsesión, la intolerancia o la obstinación por llevar todo a los extremos, eso sí preferentemente en cabeza ajena. Los peores: los abonados a lo de “no hagas lo que hago sino lo que digo”.

A los obsesivos, obstinados por llevar todo a los extremos, es a los que dedico el título de esta página. No es que los bebedores de vino sean más abiertos o más tolerantes, lo que ocurre es que los prohibicionistas lo son muy poco. Y no sólo en el asunto objeto de prohibición ya que detrás de las políticas prohibicionistas suele haber otros intereses.

A estas alturas, estarán pensando, ahora nos suelta lo de “Prohibido prohibir” y nos dice que toda regla o autoridad es perniciosa y que por tanto hay que ir en contra. No, que va, eso está superado: si el ramalazo anarquista no se te cura a los 25 años lo hace en el momento que asumes responsabilidades y, sino, tendrás que hacértelo mirar. Por lo que hoy abogo es por la tolerancia, que ya tenemos bastantes reglas, ordenanzas, regímenes y privaciones como para que encima nos autoimpongamos restricciones añadidas. De ahí que recele con los vegetarianos, veganos, crudívoros, macrobióticos, u otras tendencias que pretender fastidiarnos la vida a base de privarnos del placer de comer, a no ser medien motivos de salud que obliguen a ello. Todos los días vemos como no sé qué universidad americana publica una noticia sobre un estudio que resulta desmiente totalmente otro anterior realizado también por muy sabios investigadores. ¿A quién creemos entonces?.

Mi mujer fuma, nunca le he dicho que lo deje. Es de esos seres privilegiados que consiguen mantenerse en su cigarro diario después de la comida, o si un día se tercia un acontecimiento que lo merezca, pueden caer un par de ellos o tres. Así durante 35 años. La veo cada día como se fuma su cigarrito y cómo disfruta con ello. Estoy seguro que ese momento que consigue de paz, de aislamiento, de relajación, con un cigarrillo, es infinitamente más beneficioso que el daño que en sus pulmones o arterias puede provocar. Al fin y al cabo también es mala la polución, el ruido, el exceso de trabajo (o peor, la ausencia), el stress, la hipoteca, los compañeros tóxicos, etc., y tenemos que sufrir con ellos. Lo dicho sobre fumar con mesura puede extenderse a cualquiera de los pequeños “pecados” al alcance. Satisfacciones que nos animan, nos relajan, nos evaden de la rutina, nos hacen disfrutar y, en definitiva, proporcionan a nuestra salud mental beneficios que compensan sin duda el impacto perjudicial puntual en algún otro aspecto de nuestra salud corporal. Los médicos dan a esto una explicación científica y afirmen que con estos pequeños placeres el cerebro libera endorfinas. Estas sustancias que de forma natural se generan en nuestro organismo ante determinados estímulos, producen sensaciones de bienestar, disminuyen el dolor, reducen el apetito, refuerzan nuestro sistema inmunitario, retrasan el envejecimiento, mejoran el humor, etc.

Ahora permítanme que les comente una experiencia cercana, sin validez científica pero que viene a cuento. El abuelo Segundo era la definición exacta de alegría y optimismo. Con 70 años le diagnosticaron diabetes. ¡Con lo que le gustaba el dulce!. Pues bien, cuando había algo especial que celebrar, en vez de privarse de esas delicias que por su condición le estaban prohibidas, no se cortaba un pelo. Decía, “un día es un día, luego me tomo un cuarto más de pastilla”. Vivió feliz hasta los 90 años.

¡Pero no se alarmen! no pretendo que abandonen las pautas marcadas por su médico, que algunos, me consta, piensan parecido. Entre ellos el eminente psiquiatra, y gran amigo, Jesús de La Gándara. Coincido con él, en que el placer que te pueden dar determinados, llamémosles, vicios menores, entre los que se encuentra el de un buen vino, traducido en beneficio para nuestra salud mental, compensan sus posibles efectos negativos. No nos referimos para nada a los casos en el que el vino, o mejor, el alcohol en general, es una dependencia, en cuyo caso será necesario tratar por especialistas mediante el enfoque terapéutico preciso.

Bueno es todo lo que hoy les quiero contar sobre el vino y la vida. Si no le ha gustado esta página, por poco rigurosa, personalista, subjetiva, inapropiado, discutible, porque incita al vicio y al desenfreno, o simplemente por la forma de expresarme, lo mejor que puede hacer es no darle mayor importancia. Y reírse. Con la risa, igual que con el placer del buen vino, se liberan también endorfinas.

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La generación que, con un Smartphone bajo el brazo, vino

Los que tenemos entre 50 y 60 años somos los BaBy Boomers, llamados así por la explosión de la natalidad (baby boom) de una época en la que no había televisión (ni tampoco apenas otros medios de control de la natalidad), la siguiente generación sería la X cuyos miembros rondan ahora los 40 años. La generación Y –o Millennials- son los que van camino de los 30: la primera generación nacida en democracia en España, jóvenes muy preparados que la crisis les ha pillado de lleno, muchos desempleados, casi todos con trabajos precarios o expatriados en busca de oportunidades que en España no hemos sabido ofrecer; ¡que gran derroche de recursos, imaginación y conocimiento¡.

Mientras esta generación (¿perdida?) lucha y trata de salir adelante como puede, una nueva generación asoma por el horizonte: la iGeneration (la Generación i, o Generación Z), los que nacieron a partir de 1994, y que ya querían un móvil como regalo de Primera Comunión.

Los chavales pertenecientes a la iGeneration, con la “i” de iPhone, iPad, iCloud, etc., están metidos hasta el cuello en las nuevas tecnologías, todos tienen un Smartphone de última generación, un portátil, una tablet, participan en multitud de redes sociales: Facebook, Instagram, Twitter,…compran por internet, escuchan la música gratis por el móvil, leen poco y lo que leen lo hacen solo en pantallas, hablan por WhatsApp a todas horas y no ven la televisión (sólo chatean y comparten videos, música y películas).

En otro orden de cosas, son realistas, han vivido la crisis y los grandes conflictos armados, han conocido el azote terrorista, los dramas humanos de refugiados. Los jóvenes de la iGeneración, en general, son multiculturales, hablan idiomas, son deportistas, saludables, implicados en causas sociales y emprendedores. El mundo es pequeño para ellos, lo conocen todo: lo han visto por internet.

Pero vayamos al grano: hablemos de vino y dejemos la sociología del comportamiento para los especialistas. De eso, si quieren saber más, también sobre los tiempos que nos toca vivir y como son los que dirigirán el mundo en el futuro, háganse con el último libro de Jesús de la Gándara, Psiquiatra y mi amigo: “Cibernícolas: vicios y virtudes de la vida veloz”, publicado en Plataforma Editorial (y también en versión digital).

Sobre el consumo de vino de la generación i, he leído un artículo en “winebusiness” sobre un estudio realizado en la Universidad de Sonoma (EEUU) del cual se extrae, entre otras cosas, que está generación que irrumpe ahora en el consumo adulto, será una generación interesada por el vino. De acuerdo a los estudiosos del tema y firmantes del artículo –Liz Thach and Bus 305W- después de una generación amante del vino viene otra que pasa de él, por lo que a la generación que ahora asoma le gustará el vino. Así dicen que ha ocurrido en Estados Unidos, yo personalmente creo que en España los jóvenes han dejado de beber vino cuando los de la generación mía (Baby Boomers) dejamos de serlo (por jóvenes). Vamos, que por una causa u otra, el vino desde hace 20 años va de capa caída. Ni la generación X y menos los Millennials han destacado precisamente por su interés por el mundo del vino. Algo se ha hecho mal.

Y como de no repetir errores se trata, me imagino que los especialistas en Marketing estarán estudiando los motivos que llevan a la desafección en los últimos tiempos de los jóvenes por el vino y, también, las fórmulas para llegar a ellos. A esos estudiosos del consumo y del comercio, por si es de utilidad, les daré una pista fruto de mi experiencia personal, la que da tener una hija de la generación i y un hijo a caballo entre la iGeneration y la de los Millennials: con ellos hablo más por WhatsApp y por email que en persona. Ya saben entonces que camino utilizar para hacerles  llegar la información, promoción y difusión de la ciencia del vino a estos chavales.

 

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Un golpe de estado muy “particular” (*)

Han transcurrido casi dos meses de las elecciones y los partidos políticos mayoritarios siguen sin ponerse de acuerdo para la formación de gobierno. Dadas las repercusiones que en todo orden significan para el normal desenvolvimiento del país. Hoy, a pocos días de que se cumplan 35 años del intento de golpe del 23F, solicito el apoyo de los lectores para mi “particular” golpe de estado.

Se pretende mediante esta acción instaurar un nuevo orden constitucional en este país traducido en la proclamación de un gobierno transitorio hasta que las circunstancias aconsejen reponer la soberanía al pueblo español. Dicho lo anterior les presento los nombres del nuevo ejecutivo:

Ministro de Economía, Competitividad y ministro Portavoz: Mi cuñado Ricardo, brillante economista. Le sienta muy bien los trajes. Con menos planta, y seguro menos conocimientos que él, hizo un buen papel en Europa ese ministro griego calvo. ¡Ah! Y me pasa las camisas de Armani que él ya no se pone.

Ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación: Mi sobrina Ángela. Es buena persona y siempre está dispuesta a cooperar con todo el mundo. Le gusta viajar. Debe perfeccionar su inglés. En ello estamos.

Ministro de Defensa: Nicolás, mi sobrino. ¡No es poco guerrero ni nada el tío!. Debe cuidar un poco la impulsividad si no queremos “liarnos a palos” con todo el mundo. Primero da y luego pregunta.

Ministra de Hacienda: Mi cuñada Inés. Ha sido siempre muy ahorradora, vive en Soria (ya se sabe la fama de los sorianos), pero sobre todo tiene claro que “Vale más un céntimo bien empleado que un céntimo ahorrado”.

Ministra de Justicia: Alejandra, mi sobrina. Con esta no me equivoco un pelo. En cuanto lleve unos meses en el cargo, el pueblo pedirá por aclamación cambiar en todas las instituciones el símbolo de la justicia (la diosa romana con la balanza y los ojos tapados) por una foto suya.

Ministro de Interior: Mi hijo Gonzalo. Tiene buena planta, carácter, muestra autoridad y es diplomático. Lo hará bien.

Ministra de Obras Públicas: Mi sobrino Pablo, ingeniero de caminos trabajando en Suiza y muy considerado, lo cual tiene mérito habida cuenta de como son los suizos con los extranjeros.

Ministra de Administraciones Públicas: Mi hija Leyre. Nadie tiene las cosas más claras. Como psicóloga y con el tema catalán en cartera negociará con mucha “mano izquierda” para mantener la integridad de España. Votó a  “Podemos” ,pero eso, como la juventud, se pasa con el tiempo.

Ministra de Educación, Cultura y Turismo: Mi hermana Elisa. No saben lo bien que tiene educados a sus hijos y además es maestra.

Ministro de Deporte: Mi sobrino Mateo. Listo, frío y calculador. Cualquier deporte se le da bien. Es, también un artista del balón y, como su padrino, confío en que me retire pronto (si no sale bien el “golpe”).

Ministro de Empleo y Seguridad Social: Mi cuñado Pepe. Gran capacidad de negociación (lo demostró en su periodo de sindicalista) y tiene aguante el tío ¿Dónde han visto dos cuñados que se lleven bien?. Todo el mérito es suyo.

Ministra de Seguridad Social: Mi hermana Graciela. Siempre ha sido la más trabajadora de la familia, tiene visión a largo plazo. Más lista que el “hambre”. Y es un “cielo”.

Ministra de Industria y Energía: Mi sobrina Lucía. Ingeniera Industrial ya casi. Buena estudiante y espabilada. Por otra parte conviene que las mujeres vayan adquiriendo cargos de responsabilidad en la industria en este país.

Ministro de Nuevas tecnologías e Innovación: Mi sobrino Rodrigo que es un “crack” en esto de los ordenadores y le sobra imaginación. Todo un líder.

Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: En este caso, como excepción, me salgo de la “familia” para nombrar en este ministerio a mi amigo Jesús. Le gusta más el monte que a las cabras, es capaz de cultivar (y que se pongan “coloraos”) tomates en Burgos, me ha dedicado un libro suyo y, lo más importante, es mi psiquiatra particular. Me hará falta. Nos hará falta a todos.

Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad: Cristina mi mujer, es enfermera y, además, ¡no saben ustedes como nos trae a todos en casa!

Ministro del Vino y de la Viña: Este nuevo ministerio lo pensaba ocupar yo mismo, pero por razones que luego conocerán debo declinar. Por el momento lo dejo vacante  hasta decidirme por alguno de los colegas riojanos que seguro harán un buen papel en el cargo.

Presidenta: Mi madre Josefa. La persona más razonable y buena que conozco. Siempre ha sido una mujer cabal que ha mantenido a la familia unida. Conoce los puntos fuertes y debilidades del Ejecutivo y mediará para que se tomen las decisiones más sensatas. Nunca nos ha defraudado. ¿Qué más se puede pedir a un presidente?

Vicepresidente primero y ministro de la Presidencia: Mi padre Pablo, ¿quién mejor?. Un ejemplo de superación. Que les voy a decir de él si con un sueldo de empleado ha sacado adelante a 4 hijos, todos con carrera y camino de convertirse en altos cargos en la Administración: dos ministros, ministro consorte, y servidor, asesor del gobierno.

Forma de Gobierno: Monarquía. De momento, hemos decidido mantener a Felipe y a Leticia como reyes. Les pedimos únicamente que continúen en la línea que llevan, que eduquen bien a su hija y que, como mandan las normas de tan “tradicional” institución, elijan ellos mismos al esposo de la futura reina Leonor; buscando un matrimonio provechoso para el Estado y en evitación de que se tope con alguno que luego le salga “rana”.

Ninguno de los cargos nombrados ha tenido nunca ningún problema con la justicia, más allá de alguna que otra multa de tráfico. A ninguno se le conoce ningún caso de corrupción, malversación, prevaricación, cohecho, falsedad documental, malversación, blanqueo de capitales, o maldades parecidas. Todos pagan religiosamente sus impuestos (que remedio si viven de su salario). En fin,  gente normal, no como  algunos “sus señorías”, “respetables”, y “honorables” en los que confiábamos. Además, todos se llevan bien con sus vecinos y son apreciados y queridos por aquellos que les conocen bien.

No se ha tenido en cuenta la “paridá” de hombres y mujeres para la elección del ejecutivo. Soy de la idea que la posición en la que orina el sujeto no debe ser un objeto de valoración en el trabajo.

Como han podido apreciar no reservo para mí cargo representativo alguno. Primero, no quiero que digan que soy un tirano y que todo “se queda en casa” pero, además, debo confesar que yo NO soy un hombre totalmente honesto. Cuando estudiaba, para pasar algún examen recurrí  a las “chuletas” ya que soy de frágil memoria. Esto me inhabilita, (me refiero a lo de las “chuletas”, lo de la mala memoria ha sido en España un mal general de la clase dirigente), para poder aceptar cargos de alta responsabilidad. Tampoco le doy puesto alguno a mi hermano Lorenzo, porque aunque es un gran profesional, trabajador y buena persona, el muy “capullo” en cuanto cumpla los 60 se quiere jubilar.

La misma compostura de la que hago gala con mi apartamiento exigiré a cualquier cargo de mi gobierno si se presentara una pizca de inmoralidad o la mínima relajación en sus deberes.

Se pondrán en marcha los mecanismos necesarios para la constitución de este gobierno en el momento que se encuentre el apoyo suficiente traducido en el respaldo de los lectores.

Probablemente estarán pensando que la propuesta que hoy les hago es ridícula, despótica, poco seria, anacrónica, improcedente, y cuantos adjetivos quieran añadir. Si es así, están ustedes en lo cierto.

Para su tranquilidad les diré que cada uno de los nominados son personas honradas y sensatas que no aceptaran ningún cargo si consideran que no están a la altura.

Con todo ya habrán  imaginado que el objeto de este escrito, en el que me separo de mi temática habitual, el mundo del vino, no es otro que hacer recapacitar al lector. Soy de la opinión que a los candidatos para los cargos del máximo nivel debe exigirse que en las actividades que anteriormente hayan realizado, hayan demostrado: integridad, rectitud, honestidad, decencia, sentido de la Justicia, sensibilidad y sentido común. Todo ello por encima de un currículo brillante, una formación adecuada al puesto, conocimientos técnicos, idiomas, etc., que, no cabe duda, importan, pero que si hay interés se aprenden y si no sabrán buscar el asesoramiento.

Seguro que si estos valores y cualidades personales y humanas fuera condición “sine qua non” para el desempeño de estos “ministerios”, de los que depende el futuro de todo un país, las cosas pintarían bastante mejor para España.

 (*) No es mi intención con esta “broma” que hoy les presento, banalizar el triste, ya histórico, suceso del 23 F que pudo acabar con la Democracia en España. Igualmente me pronuncio en contra de cualquier actuación que vaya en contra de las Leyes vigentes.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.