La Rioja
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Cuatro…y nos conocemos todos

Bodega en Mendavia perteneciente a la DOC Rioja

Rioja tiene más de 500 bodegas inscritas, que se pueden agrupar en 4 modelos de negocio.

Aunque ninguna bodega se puede adscribir totalmente  a un solo grupo. Todas tienen componentes de otras y todas en el fondo son negocios para ganar dinero, hoy me he atrevido con esta simplificación.

Bodegas “románticas”, clásicas, empresas bodegueras y ‘sociedades transvinateras’, son los cuatro grupos en los que he caracterizado las bodegas de Rioja y que conviven en la DOC sin más diferenciación que sus propias marcas.

Juan es un joven emprendedor que, resultado de rendimientos reducidos y una fina práctica vitícola y enológica, lleva tres campañas elaborando un vino excelente. Desgraciadamente no vende una caja. Ojalá tenga suerte, pero probablemente acabe como proveedor de uva o vino a granel de alguna bodega grande, con lo que Juan verá su sueño frustrado y Rioja perderá una gran promesa.

Juan se ha topado con la realidad del mercado, un totum revolutum, en el que cohabitan vinos con calidades diversas y contraetiquetas idénticas. Un mercado gobernado por la tiranía del precio, en el que es tarea imposible distinguirse si no cuentas con una marca consolidada. Éste es el escenario donde gravitan las bodegas de Rioja, que básicamente responden a cuatro patrones:

1. Proyectos románticos. El perfil del bodeguero es el de un/a joven, aunque algunos ya no tanto, la mayoría con ascendientes del mundo del vino y con sólida formación en enología o agronomía que han puesto su pasión y recursos en un proyecto personal. Se abastecen de uva de las mejores viñas: de su familia o que van adquiriendo a vecinos que les miran como bichos raros («¿para qué querrá esta viña vieja que da cuatro racimos?»).
Practican una viticultura respetuosa, de rendimientos reducidos y cuidado escrupuloso de la uva y elaboran vinos «distintos», con técnicas francesas. Empiezan con vinos del año y, en cuanto pueden, compran unas barricas para hacer vinos ‘de autor’, con unos meses de crianza; si les va bien, amplían a 50 el número para hacerse criadores. Son capaces de reflejar en su vino la tierra de donde proceden, pero muchos se quedan en el camino «se puede hacer un vino soberbio en Rioja, lo duro es venderlo», coinciden.
Con esta filosofía encontramos decenas de bodegas en Rioja, algunas de ellas con trayectorias de más de 20 años: unas en la cresta de la ola, con bodegueros elevados a la categoría de gurús, y otras, con menos suerte aunque a veces con vinos excepcionales. Algunos han tenido que aparcar su romanticismo para convertirse en empresas más comerciales. Exportan y venden a distribuidores que buscan algo exclusivo y también a enotecas y restauración. Los que aguantan el tirón y no tienen que «bajar la persiana» son los llamados a ocupar el escalafón más alto: el mismo que el de los Clos de Borgoña o los Crus de Burdeos.

2. Bodegas clásicas. Las tradicionales bodegas de Rioja. Son algunas centenarias, ubicadas casi todas en Rioja Alta y Rioja Alavesa, que elaboran sus mejores vinos con largos periodos de maduración en barrica. Ofrecen vinos con una calidad homogénea año tras año, sin sustancial variación de las ‘recetas’ de sus antepasados. Sus viñedos, situados en enclaves muy propicios para la viticultura, son propios o de proveedores de confianza con los que guardan una relación a veces de muchos años.
Sus vinos visten la mejor mesa, van muchos para exportación, se consumen en restauración o se beben en una comida o celebración especial. Los acostumbrados a los Riojas de siempre son sus clientes fieles. Tratan de mantener precios pero a veces no tienen más remedio que lanzar promociones para «hacer caja».

3. Empresas/bodega. En este grupo se encuentran la mayoría de las pymes bodegueras. Fueron fundadas a partir de los años 70 del siglo pasado hasta hoy, con capitales que han invertido en un negocio atractivo en auge. Practican una viticultura extensiva, con grandes superficies de viñedos de mediana edad, algunos viejos y otros recientes. Gran parte de su uva viene de los viñedos propios y el resto de proveedores, unos fijos y otros no. Sus vinos mantienen una relación calidad/precio muy aceptable en toda la amplia gama. No les falta al menos un vino especial con uvas muy seleccionadas que es el que suele ganar concursos y que exhiben como «buque insignia». Están estas bodegas muy expuestas a los altibajos del mercado pero el viticultor hace de «colchón»: se le paga la uva menos cuando las cosas no pintan bien.
Estas empresas suelen exportar al menos un tercio de la producción a un mercado segmentado por precio con compradores atraídos por una buena calidad a coste competitivo.

4. Sociedades transvinateras. Son compañías que transcienden el ámbito vinícola. Su visión de negocio se podría resumir en ‘business is business’ o, lo que es lo mismo, «el que venga detrás que arree». Son grupos con intereses fuera del sector del vino, incluso del agroalimentario y con otras bodegas fuera de Rioja. Dependen buena parte de proveedores a los que aprietan al máximo con uva de calidad heterogénea.

El enólogo es la mano ejecutora del director comercial y de marketing para hacer una oferta de vinos adaptada al mercado. Desde vinos del año a otros con diferentes crianzas o vinos especiales en partidas pequeñas, hasta vinos ‘No-Rioja’ de excedentes o de otras denominaciones elaborados en empresas del grupo. En cualquier caso, son todos vinos correctos, a precios atractivos. Un número muy reducido de bodegas de este tipo comercializan una buena parte del vino Rioja.

Las sociedades transvinateras hacen políticas agresivas de precio. La marca paraguas, Rioja, les permite gozar, por ahora, de grandes beneficios. Sus costosas campañas publicitarias atraen a clientes que compran más por fama que por prestigio a una bodega grande más que a una gran bodega. Mientras unos buscan darse a conocer otros procuran mantener su statu quo.

Hasta aquí, esta categorización , un simple boceto  que trata de llamar la atención sobre los múltiples intereses que hay en Rioja, sobre las dificultades que las bodegas que apuestan por la calidad tienen para subsistir y sobre el riesgo de que las estructuras económicas más fuertes, en su lucha por mantener su statu quo, acaben fagocitando al resto.

Es por ello, por lo que algunos abogamos por la diferenciación que permita que aquellas empresas que van más allá del beneficio inmediato progresen y se consoliden. Y de paso que el consumidor tenga a su disposición una oferta de vino segmentada, identificable y que responda a sus expectativas.

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Juntos pero no revueltos

Rioja es una región vitivinícola múltiple y diversa que precisa el reconocimiento de sus singularidades.

Se proponen medidas que satisfagan a la pluralidad de realidades de la Denominación y propicien la pervivencia de  un modelo de Rioja enfocado a la auténtica calidad.

Tratando de ilustrar las dificultades que tiene la gestión de una nación diversa como es Francia, a Charles de Gaulle se le atribuye la reflexión “¿Cómo se puede gobernar un país que tiene 246 diferentes clases de queso?”. Les explicaré que tiene que ver esto con el vino Rioja.

Como todos sabemos Rioja es una indicación geográfica de vino de calidad, con el rango distintivo de Calificada, que se extiende por tres Comunidades. La denominación cuenta con unas 800 bodegas, parte de ellas son grandes empresas, incluso multinacionales, otras medianas y muchas son pequeñas bodegas de cosecheros, de las cuales 200 de ellas no embotellan. La uva se produce en unas 120.000 parcelas de más de 16.500 titulares, en alrededor de 63.000 has de viñedo, con terrenos con características edafológicas, microclimas, topografías y tamaños de parcela diversos, que dan lugar a sistemas diferentes de explotación. De los viticultores de Rioja, cada uno de su padre y de su madre, unos tienen a la viticultura como único medio de vida y para otros esta es sólo una fuente de ingresos extra; algunos son elaboradores, otros no…

La gestión de la Denominación la lleva a cabo el Pleno (con 32 miembros) y las Comisiones  en las que participan más de 50 vocales (ya lo dijo Napoleón: “si quieres que algo no funcione crea una comisión”). Se sientan por tanto en una misma mesa (sin contar la propia plantilla del Consejo) una multitud que actúa en nombre de agentes (grandes bodegas, cosecheros, viticultores) con intereses y economías dispares, pendiendo de administraciones con legislación y políticas diferentes y, como vemos todos los días en la prensa, con discursos  antagónicos.

Una dificultad en la gestión, ligada a la diversidad, es el peso que cada organización sustenta en las instituciones de la DOCa. Cuando es necesario tomar decisiones de transcendencia las grandes bodegas, matemáticamente con mayor representación, se llevan siempre el “gato al agua”. Empresas más centradas en su cuenta de resultados que en las consecuencias que una política restrictiva de precios a sus proveedores tiene, a medio-largo plazo, en la pervivencia del tradicional modelo de Rioja. Modelo cuya columna vertebral es la viticultura que se está reconvirtiendo y transformando y de algún modo perdiendo sus señas de identidad.

Estamos, por consiguiente, en un sistema plural, en el que se disputan cuestiones que afectan de manera determinante a la sostenibilidad del Rioja y cuyas soluciones, viniendo de una organización poco cohesionada, escasamente técnica y dispersa en intereses, son, a menudo, “pan para hoy y hambre para mañana”. Por si fuera poco, si las diferencias son grandes entre operadores  lo son también entre los miembros con la misma actividad. Porque ¿quién hace más por la marca Rioja, aquel viticultor que cultiva sus viñas con el máximo esmero en condiciones difíciles y obtiene como fruto de su trabajo calidad, que luego no se compensa en precio, o aquel que se apunta al carro de Rioja porque ve en la viticultura una alternativa a otros cultivos menos rentables, rentabilizando su actividad a base de obtener los máximos rendimientos con el mínimo gasto?, ¿aquella bodega con planteamientos de futuro, consciente del valor de cada eslabón en la cadena productiva del vino, que lucha por mantenerse en el mercado de forma consecuente con productos dignos del nombre Rioja o, aquella para la que cuadrar sus números es la prioridad, sin importar a costa de qué o de quién?

Por otra parte, la multiplicidad de modelos vitivinícolas en la denominación, da lugar a calidades heterogéneas que, de momento, comparten el mismo nombre Rioja. Nada tiene que ver el esfuerzo que requiere el cultivo de una hectárea, en cinco parcelas distantes, en vaso, con marco estrecho, en pendiente en Ábalos, por poner un ejemplo, con el necesario para cultivar una parcela de regadío de una hectárea, en espaldera totalmente mecanizada en Azagra (donde, por cierto, también se hacen muy buenos vinos). Tampoco es comparable la apuesta que, contra viento y marea, hacen determinadas bodegas por la calidad, acorde con el prestigio de la Calificada, con otras que buscando liquidez rápida, ponen en cuestión la marca Rioja con productos o precios que no están a la altura. Sin embargo, todos venden con el mismo sello y todos se dirigen a los mismos mercados.

La fórmula aplicada según el sistema de gestión actual de “café para todos” a la larga va  contra  la protección y el fomento de la calidad y, aunque pueda ser igualatoria, no es justa: hay esferas de la sociedad que la justicia implica igualdad, en otras no son términos sinónimos. Es por todo esto, por lo que, si bien cualquier planteamiento de negocio es respetable, no podemos permitir que el modelo que defiende la calidad a ultranza acabe siendo la excepción a la regla. Es preciso la identificación de las singularidades y el respaldo de aquellas realidades que, apostando por la excelencia, no pueden competir en el diario rifirrafe comercial con los riojas “al uso”, pero que dan distinción a la DOC y permiten vender en mercados en los que el precio no es el único argumento de venta.

Ante un panorama diverso y variopinto, en el cual radica gran parte de la riqueza de Rioja, se impone, aun cuando eso conlleve mayores trabas en la gestión, la implementación de medidas valientes y audaces que conduzcan a un escenario más justo y sostenible. Entre ellas:

• Puesta en marcha del observatorio de precios. Con interlocutores conscientes que la calidad tiene un coste.

• Zonificación en función del terroir y características del vino producido. Al margen de límites político-administrativos y sin establecimiento previo de niveles de calidad. Las zonas irán con el tiempo adquiriendo nombre y el mercado pondrá a cada una en su sitio.

• Control por parte del Consejo Regulador para que las bodegas embotelladoras no puedan hacer figurar la procedencia de uvas de viñedos viejos, en más botellas que las que por superficie de viñedo viejo, propio o procedente de proveedores, puedan acreditar.

• Posibilidad de distinción e etiquetado con indicativos no contemplados actualmente, que permitan una diferenciación, mención al origen o sistema de producción. Para aquellos que puedan acreditar modelos o prácticas alternativas en pro de la calidad.

Sí, todos tenemos derecho a jugar. Pero pongámonos antes de acuerdo en que liga (o ligas) queremos hacerlo, agrupémonos por categorías y asignemos a cada uno su puesto en el equipo. Esta secuencia de acciones, traducida al campo del Rioja, es necesaria para, en mi opinión, la clarificación, superación de diferencias, minoración de agravios y a la pervivencia de la esencia del Rioja.

Artículo publicado en el “Diario de La Rioja” el 15/10/2015

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Quien a buen árbol se arrima…

El entorno como elemento de calidad del viñedo. Por el mantenimiento de los ecosistemas originales de la vid.

La diversidad de la vegetación próxima al viñedo influye en la calidad  del vino resultante.

Coincidía días atrás con Basilio Izquierdo, que para aquel que no sepa de quién hablo, es uno de los grandes enólogos nacionales que, con más de medio siglo en el oficio, ha contribuido de manera significativa a situar los vinos de Rioja en lugar destacado en el panorama mundial. Director técnico de bodegas CVNE hasta hace unos años, ahora, ajeno a los requerimientos de una gran bodega, lleva a cabo un proyecto personal  mediante el cual elabora varios vinos, unos tranquilos, otros espumosos, que los que hemos tenido la oportunidad de catarlos, estamos absolutamente asombrados. Conversaba esa mañana, y compartía con Basilio, sobre cuales eran los factores determinantes de la calidad de la uva. Aparte de la consabida edad del viñedo, suelo o clima, subrayaba, (de forma pausada, amable, como él acostumbra a expresarse, con la seguridad que avala la experiencia), la poca atención que se presta al entorno próximo al viñedo. Entendiendo por el entorno, la vegetación próxima que crece en la misma viña y en sus cercanías: ribazos, lindes, bosquetes e isletas dentro de la parcela, en los roquedos y taludes. Esos “recovecos”, que por su pendiente, accidentalidad o escasez de tierra arable no se han labrado nunca, donde ni siquiera el sufrido cultivo de viñedo ha podido establecerse, cumplen cometidos ecológicos y agrícolas esenciales; entre ellos los de defensa contra la erosión, al proteger y sostener el terreno, división de propiedades, barrera de seguridad para la realización de labores con la maquinaria, o antaño con los animales de tiro, refugio de fauna y flora local. Estos recodos, joyas naturales, generan unas condiciones ambientales, e incluso un microclima, muy beneficioso para la producción de las cepas que crecen en las proximidades. Según Basilio, este entorno, hasta hace poco inherente al viñedo riojano, da como fruto en la elaboración de los viñedos asociados a él, vinos con estructuras particularmente complejas, más finos y delicados, con óptima expresión cualitativa.

Ya hemos alertado repetidamente en estas mismas páginas, que como consecuencia de la baja rentabilidad de los viñedos tradicionales, en los últimos años se esta produciendo una progresiva reducción de estos viñedos singulares, la mayoría mediante reestructuración de los mismos. Las labores que han acompañado a esta adaptación de las estructuras agrícolas a otras más competitivas, han permitido una mejora de la eficiencia en las tareas de cultivo, facilitando el trabajo del viticultor de forma extraordinaria, sin embargo ha supuesto un alto coste ecológico. A partir del año 2.000, año en el que se aprobó el esquema europeo de ayudas a la reestructuración y reconversión del viñedo, se han ejecutado miles de actuaciones, de las contempladas en esta línea en las tres regiones que forman parte de la DOCa Rioja, y también en el resto de España, y Europa. La intervención más común, aquí al menos, ha sido la de arranque de viña vieja y preparación del terreno para plantación posterior en espaldera.  El dinero procedente de Europa ha incentivado la acometida de proyectos, algunos colosales, con movimientos de tierras, creación de escolleras artificiales, inversión de perfiles del terreno, cambios de los cursos de agua,  eliminación de pendientes por nivelación y otras tareas, más propias de colosales obras civiles, que de la simple adecuación de un terreno para el cultivo agrícola. El resultado, ligado a ingentes inversiones de muy dudosa amortización, ha dado lugar a parcelas de mayor tamaño, prácticamente llanas, con desmontes y terraplenes artificiales, geometrías y topografías que en muchos casos nada tienen que ver con las originarias.

Es verdad que estamos en un sector muy competitivo y que es fundamental todo cuanto se haga para facilitar los trabajos del día a día del agricultor, mejorar la eficacia y los rendimientos, pero si queremos ser diferentes de otras áreas en las que el viñedo ha entrado a saco en los últimos años, con la intención de invadir los mercados mundiales a bajo coste, es preciso mantener las distancias mediante una agricultura respetuosa con el medio y que aporte algún valor añadido.

Otros muchos colegas de la profesión como J.Carlos Sancha, Enrique Gª Escudero, Juan B. Chávarri o Fernando Martínez de Toda, por citar algunos, son investigadores especialmente interesados en la preservación y recuperación de variedades minoritarias. A ellos, les he escuchado resaltar muchas veces el interés de mantener la “foto fija” de lo que tradicionalmente ha sido Rioja, tanto por la excepcionalidad de los vinos procedentes de estos viñedos, con cepas y entornos cada uno singulares, como por el papel ecológico que desempeñan.

La influencia que la vegetación próxima a la cepa tiene en el mosto, y en consecuencia en los vinos, he tenido la oportunidad de verificarla yo mismo fehacientemente. Me remitiré a una cata en la que se comparaban los vinos producidos en las distintas parcelas de un ensayo, con diferentes cubiertas vegetales en las calles de cultivo. Constatábamos entonces de forma unánime en el análisis sensorial, como la vegetación de las calles próximas, daba lugar a diferentes aromas a los vinos. Trasladando esto a una pequeña parcela, imaginen la complejidad de aromas que se pueden generar en un viñedo rodeado de plantas como el tomillo, retama, lavanda, romero, espino, hinojo, cola de caballo, manzanilla,…y árboles como olivos, almendros, robles, encinas, carrascos, pinos,…

El mediático y reconocido naturalista Joaquín Araujo, destacaba no hace mucho en Laguardia, el interés medioambiental de la agricultura que propugna “el paisaje del obstáculo”, en contraposición de la ausente de barreras.

La belleza de la asimetría, de la accidentalidad, el cromatismo de cada cepa, de cada matorral o árbol, en cualquier época del año, contrasta con la rutina de la homogeneidad de color y forma de las fincas plantadas en líneas perfectas de longitud infinita, con variedades, patrones y clones similares. Y es que, aparte de las características que en la calidad de la uva imprimen estos viñedos singulares, que encontramos en la denominación, lo mismo en Rioja Alta, en Rioja Baja, que en la Alavesa, forman parte de un particular y precioso mosaico paisajístico en el que las vides conviven con otros cultivos como olivos, almendros y cereal, con zonas de pastizales, monte bajo y matorral, en parcelas con diferentes geometrías y en el que la ausencia de simetría y aparente desorden lo hace particularmente bello.

Por otra parte, no es en absoluto desdeñable la función que este conjunto de cultivos y llecos tiene para la conservación de la biodiversidad tanto botánica como faunística. Pájaros como gorriones, carboneros, jilgueros, perdices, codornices, abejarucos, becadas, cárabos, pinzones, petirrojos, arrendajos…. o mamíferos como conejos, liebres, zorros, lagartos, tejones, corzos, culebras,… pueden verse cuando uno pasea por estos enclaves de biología tan variada.

Es por todo ello por lo que es necesario un esfuerzo, lo mismo particular, que por parte de las Administraciones, para proteger estos viñedos y los valores asociados a ellos, fomentando si cabe las plantaciones de esta naturaleza, que aunque sabemos que son a menudo ajenas a la filosofía imperante de máximos rendimientos, y puedan parecer anacrónicas, seguro no nos arrepentiremos de haber contribuido a su preservación.

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LOS MEJORES VINOS Y LOS MÁS CAROS

¿Están los Riojas en las listas de los mejores vinos del mundo?

La buena relación calidad/precio es el factor diferencial del Rioja.

Soñemos por un momento e imaginemos que nos toca la lotería. Como nos gusta el vino, -sino no estaríamos leyendo esta página- decidimos celebrarlo con “lo mejor de lo mejor”. Preguntamos a un experto por los vinos más caros, dadas las circunstancias no es cosa de mirar el “número”, suponiendo que el precio más alto es sinónimo de lo mejor. Y ¡sorpresa¡, los Riojas no está en el exclusivo club de los mejores. Nos enteramos entonces, que ese es un espacio reservado a, mayoritariamente, vinos franceses como Château Lafite,  Petrus, Romanée Conti… Eso sí, cuando nos informemos del precio, caeremos en la cuenta que el premio del sorteo igual no nos llega ni para comprar una sola botella.

Toquemos ahora tierra y veamos que pasaría si a la pregunta se le añadiera una coletilla del tipo “a un precio razonable”. Desaparecerían entonces de la lista algunas marcas dejando paso a otras nuevas, en las que el precio guardaría una relación con lo que realmente el producto nos ofrece. Es en éstos ranking, en los que además de la calidad se tiene en consideración el precio, en los cuales los vinos de Rioja ocupan posiciones destacadas. Vemos así, en muchas publicaciones, nacionales y también foráneas, en las que se barema de acuerdo a la relación calidad precio, como hay una coincidencia bastante general en que el vino de Rioja vale más de lo que cuesta. Para nuestro regocijo, es ésta, una de las regiones vitícolas mundiales en la que se obtiene más valor por el dinero que se paga por botella.

Llegados a este punto, respondida la pregunta del encabezamiento de la página, analicemos las distintas connotaciones que valor y precio tienen en el vino. Afortunadamente para el comercio del vino Rioja, la mayoría de los consumidores previamente a la decisión de compra, ponemos en un lado de la balanza lo que el bien aporta y en el otro lo que cuesta.  Porqué ya decía el poeta Antonio Machado: “es de necios confundir valor con precio”.

La relación calidad precio da una idea del valor de un bien. Los consumidores en el proceso de compra, llegamos a esta ratio de una manera intuitiva: vemos la calidad e instantáneamente la comparamos con el precio. Así, decimos que algo nos parece barato o caro, en función de la percepción ante el producto o servicio y de su precio. Pero también, y los economistas lo hacen a menudo, se puede cuantificar, dividiendo la calidad entre el precio. El problema es que si bien el precio es una magnitud contable, la calidad es un concepto subjetivo lo que hace difícil asignarle un valor numérico. Una buena relación calidad/precio refleja que un determinado producto obliga a un desembolso menor que el necesario para adquirir otros de similar calidad, o, que para igualdad de precio, ese producto es mejor que el resto. Una adecuada relación calidad precio no significa necesariamente un precio barato: lo mismo se puede hablar de una relación correcta de precio y calidad con vinos de 3 € que de 100 €/botella. No existe ni máximo ni mínimo costo, lo que cuenta es que la satisfacción que obtengamos merezca el precio que pagamos: que lo que adquirimos valga lo que cueste. Del mismo modo un producto, con una buena relación calidad/precio no quiere decir que nos hallemos ante un producto de buena calidad, puede tratarse de algo que resulte tan económico que nos compense su compra, aún con bajo nivel de calidad. Y así, nos conformamos diciendo: “por lo que he pagado no se puede pedir más” o llevado al extremo “ a caballo regalado….”.

Al ser la relación calidad/precio un cociente matemático, en el que en el numerador está la calidad y en el denominador el precio, el modo de incrementarlo es, bien mejorando la calidad, rebajando el precio o mediante una combinación de ambos. Rebajar la calidad no es la solución en el caso del vino Rioja, pienso que eso lo tenemos todos claro. Ajustar el precio es un recurso valido, ¡eso sí!, siempre que se consiga a base de implementar mejoras de la eficacia productiva, de la comercialización o de la publicidad, y no, de forma ilegítima: a costa de “apretar los tornillos” a los proveedores de uva, reducir salarios de los empleados, etc.

Por otra parte, ocurre que los precios bajos se identifican a menudo con calidad mediocre, por lo que la reducción de precios tiene sus límites. El cliente desconfía de las gangas, no entiende que producto de calidad y económico puedan ir juntos. Si no vean como algunos fabricantes venden caro como estrategia de ventas y modo de mantener el estatus. Se sabe, que la percepción que el cliente tiene de un artículo cuya calidad es tan intangible como el vino, depende también del precio. El precio da seguridad de acierto al comprador. Si es caro es bueno, si es barato no me fío.

Esta claro que excepto para el grupo privilegiado que no le importa gastar y lo que buscan es calidad al precio que sea, el resto de los mortales tratamos de llevarnos lo mejor con el menor desembolso posible. El hecho que la relación calidad/precio sea un criterio muy importante para la elección de cualquier producto, incluido el vino, sitúa a Rioja en una situación aventajada a la hora de la venta, pero para ello el vendedor debe disponer de esa información. Debe por tanto existir una eficiente labor de comunicación,  para que ese trabajo previo de conseguir un producto de calidad a un precio ajustado sea percibido por los clientes.

Sabemos lo difícil y competitivo que es la venta de vino y que, como consecuencia, si queremos estar en el mercado estamos obligados a adaptar nuestros precios a los de competidores cuya calidad se perciba como similar a la nuestra, pero debemos tener siempre en mente que si bajamos los precios con menoscabo de la calidad,  tarde o temprano perderemos la confianza del cliente. Si la opción es mantener la calidad y reducir precio, aparte de que seguro se hace a costa del sacrificio de alguien, el cliente puede llegar a pensar que lo que le ofrecemos no es bueno. Y es que “nadie da duros a cuatro pesetas”.

Concluyendo, la relación calidad precio es un indicador muy válido de la percepción de la calidad para el consumidor, siendo la calidad  un concepto subjetivo en el que intervienen en su valoración variables ajenas, en el caso del vino, al contenido de la botella. Por otra parte, teniendo en cuenta que precio barato se identifica con mala calidad, que  el precio elevado aporta valor (el vino como símbolo de representación a veces hasta de ostentación) y que a precio siempre habrá quien gane. Y que, por último, Rioja tiene potencial suficiente para hacer un producto de alta calidad. Tomando todo ello en consideración, dos vías nos quedan para vender y que las ventas se mantengan en el tiempo: productos de alta gama a precios muy elevados o productos de calidad a un precio razonable, pero ¡ojo!, garantizando que el precio de venta cubre las necesidades de todo el sistema productivo. Otros planteamientos no son sostenibles en el tiempo. Digo yo.

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DE GIGANTES Y MOLINOS

 
Hoy, día del libro, me he atrevido a “reescribir” uno de los capítulos más conocidos de “El Quijote”. Apelo así al entendimiento a propósito de la instalación de líneas eléctricas y aerogeneradores en áreas y paisajes singulares de viñedo.

Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento y las torres de la luz en las tierras de Rioxa.
Estando un día don Quijote en un camino que discurre hacia el conocido campo de Bilibio, vio por la quiebra que dos montañas hacen para dejar paso al Ebro, unos molinos, y así como los descubrió imaginóse ser cosa de nuevo desafío, por lo que dijo a su escudero:

– La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque diviso allí en esos majuelos, llecos y tierras de sembradura, delante de aquel bosque, un gran ejercito de hombres flanqueados por gigantes en línea de combate

– ¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza-

– Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas u esos otros con patas como podencos apostadas sobre los renques de las viñas.

– ¿Ves toda aquella polvareda que allí se levanta? –pregunto don Quijote a su escudero-, Pues como yo atisbo es cuajada de un copiosísimo ejercito que de diversas gentes y gigantes viene marchando, asaltando sin licencia a su paso tierra que no es sino de aquellos que la labran y de las criaturas que en ella moran: pájaros y mosquitos del aire, gusanillos de la tierra, y aún las alimañas, que por alguna razón fueron creadas ya antes que hombre alguno la pisara y para más que ornamento están en ella emplazadas; seres débiles sin armas y tropa que les defienda y que han de menester mi favor y auxilio; es por ese motivo por lo que con ellos pienso hacer batalla: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

– Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen con tres brazos no son gigantes, sino molinos y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento mueve la rueda que hace girar la industria; y los otros con sólo dos brazos son torres, usadas para cosa más allá de mi entendimiento.

– Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla, fiera porque lucharé hasta que les venza o perezca en el empeño, y desigual, porque veo que con estos gigantes va un escuadrón de predicadores, mentecatos, escribanos y bellacos que con su palabra fácil pondrán a todos contra mí, tratándome como si de un trastornado yo fuere, en su afán de alcanzar sus fines. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento y torres, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer gigante del grupo de los que sujetaba una maroma sin fin relumbrante como su espada; y dándole una lanzada el gigante encolerizado le lanzó un rayo, con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que salió volando maltrecho y carbonizado entre las viñas al tiempo que todo lleno de humo se quedaba.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer gigante del grupo de los que sujetaba una maroma sin fin relumbrante como su espada; y dándole una lanzada el gigante encolerizado le lanzó un rayo, con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que salió volando maltrecho y carbonizado entre las viñas al tiempo que todo lleno de humo se quedaba.

Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante.

– !Válame Dios¡ -dijo Sancho- ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos y torres y que es menester ha puesto don Iberdrolo y otra gente muy principal, y que ignorar al poderoso es propio de quien no tiene sino pájaros en la cabeza?.

– Calla amigo Sancho -respondió don Quijote- que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, y que lo que ahora afirmáis son artificios para no sé que fin, según tu parecer de necesidad, lo que yo veo con mis ojos no son sino contrarios y gigantes invadiendo tierras que no son suyas; si hubieran venido por sus fueros habrían usado la aldaba y a buen seguro, las gentes de aquí, que fama tienen, además de por su buen vino, por pacífica y enemiga de meterse en ruidos y pendencias, les habrían abierto la puerta de par en par y a algún trato hubieran de llegar. Porque sabes Sancho que ésta es gente de paz y en sus lares siempre ha habido, para los que vienen de buena honra, ricas viandas, bebercio y acogimiento; pero también he oído comentar de sus naturales ímpetus, y que al que con oscuras intenciones viene o apropiarse de lo suyo busca, se va con el rabo entre las piernas.

– Porque –añadió el de la Triste Figura- en lo tocare a la morada se hace lo que es menester del amo, porque para eso es la propiedad; y en las cosas naturales ¿quién es nadie para contradecir ni evitar lo que por el cielo esta ordenado?

– – Pero entonces vuestra merced –pregunto Sancho Panza- ¿eran o no gigantes con los que habéis guerreado y mal parado habéis salido?

– Que más da mi fiel Sancho –respondió don Quijote- galgos o podencos, gochos o gorrinos, burros o jumentos, arrieros o carreteros. En campo ajeno estaban y sólo su amo, por suyo, ha de decir si se entra, pasta, vendimia, racima o siquiera se sestea; desde el mismo infierno hasta el firmamento; porque sólo los labradores, y por ley de Dios sus inquilinos naturales, pueden en él hacer lo que le viniera en talante. Por lo que sí alguien entra en la propiedad que por justicia no le corresponde, a sus amos debe pedir licencia.

– Y en como juzgas mi estado, mi buen escudero Sancho: harto molido y quebrantado estoy, pero con la frente muy alta por haber cumplido los mandamientos de caballero, que entre otros son: ofrecer mi brazo y mi persona en ayuda de los flacos y menesterosos y desfacer cuantos agravios y sinrazones encuentre a mi paso; con lo que ahora, cumplida la tarea, sólo queda esperar que la suerte se mude y que lo que hoy se ha perdido se gane mañana. Lo demás ya está todo dicho; lo fecho, el de arriba ha de juzgar, y aunque tú no lo veas de este modo, el tiempo descubridor de todas las cosas dará la razón a quien la tenga.

Tras este discurso ayudó presto Sancho a incorporarse a su amo y a subir sobre Rocinante, y él subió sobre su jumento, y juntos tornaron a su comenzado camino a paso tirado, para hacerlo él cavilando detrás de su señor Don Quijote; del que pensó que quizá no tenía el juicio tan perdido como a veces le parecía y fuera él mesmo el que estaba engañado, turbados los sentidos por el miedo y haciendo que las cosas no parecieran lo que son.

Y es desta manera como concluyó esta aventura que para el Triste fue desventura, entre riscos y breñas, en tierras de buen vino, agua clara y gente sana, para que cada uno saque de limpio aquello que le venga en gana.

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Sostenibilidad: porque lo primero es lo primero

Se propone como hoja de ruta para sortear la crisis la sostenibilidad, la misma que siguen algunos vitivinicultores de Rioja.

Que las ventas del Rioja han alcanzado récords históricos no debería llevarnos a manifestaciones triunfalistas, a la vista de lo que es patente en la calle: bodegas en quiebra, otras en liquidación, muchas que se las ven y se las desean para cuadrar los números, uva a precios que apenas cubren los gastos, aumento de la masa vegetal injustificado, arranque masivo de viñas viejas, emprendedores con talento que no pueden abrirse paso, precios medios del vino que nos equiparan a regiones vitícolas mediocres, ausencia de calificación de las zonas de producción de acuerdo a su potencial enológico, constante caída del consumo de vino, degradación del paisaje y menoscabo de la identidad y patrimonio vitivinícola,… Mientras, las medidas para solucionar la situación, son solo parches en un camino que no es sino una huida hacia adelante: solicitamos la declaración de patrimonio universal para nuestras pirámides entre tanto nos llevamos las piedras, se pide calidad pero no se paga, se quiere que se nos reconozca nuestro producto mientras se tiran los precios, nos quejamos de excedentes pero seguimos plantando,…

Ante un panorama general de Rioja tan complicado, hay empresas vitícolas riojanas que con la vista puesta en un horizonte a más largo plazo, se desmarca de la política general. Los modelos de gestión de algunas de estas empresas, en representación de lo mejor de la vitivinicultura riojana, fueron debatidos en una jornada sobre vitivinicultura sostenible celebrada en Laguardia a finales de febrero. En la reunión organizada por ARPROVI, Diputación Foral del Álava y el Gobierno de La Rioja, participaron seis bodegas de la DOCa Rioja que expusieron su punto de vista y experiencia, así como las estrategias que se llevan a cabo, para el manejo de suelo, control de plagas, riego (en su caso), control de residuos y efluentes en la bodega o ahorro de energía, por citar algunas de las materias que se trataron. Además, como invitado de honor, asistió el distinguido naturalista Joaquín Araujo.

Las seis bodegas que tomaron parte en el foro han hecho de la sostenibilidad una ventaja competitiva. Son bodegas, todas ellas, que tienen como prioridades el respeto a la naturaleza, al medio ambiente, la salud del agricultor y del consumidor y como compromiso social, contribuir al desarrollo económico general. Son, además, modelos reconocidos de éxito, con grandes marcas muy bien ponderadas por crítica y consumidores, que engrandecen la marca Rioja allá donde van.

Joaquín Araujo, que inició la jornada, contraponía dos tipos de agricultura, la que propugna el “paisaje que ama el obstáculo” con aquella cuya meta es obtener los máximos e inmediatos rendimientos económicos. Porque para el naturalista, los obstáculos, lindes, árboles, bosquetes, arroyos, setos, terrazas, pendientes, muros de piedra, guardaviñas,… cumplen una función ecológica y cultural, aparte de paisajística, a la que no podemos ni debemos renunciar.

Por parte de las bodegas intervino primero Abel Mendoza, de la bodega con el mismo nombre de San Vicente de La Sonsierra, un agricultor autentico, profundamente enraizado en la tierra, que ha sabido mantenerse al margen del negocio cuyo principal argumento es el precio. Sus principios están basados en la obtención de la uva de los mejores pagos, de las viñas más viejas y recuperación de variedades casi olvidadas, llevando a cabo propuestas muy atrevidas que le han dado gran notoriedad.

Juan Luís Cañas y Mª José Aparicio de Bodegas Luis Cañas en Villabuena remarcaban el primero con su visión empresarial y la segunda como técnico, que lo fácil, lo sencillo, va a tener muchas dificultades, y sólo la calidad tiene futuro. Es precisamente la calidad el motor que mueve y distingue esta empresa.

Por su parte, Miguel Angel de Gregorio de Bodegas Finca Allende en Briones, activista del terroir, apostaba por la diferenciación y singularidad como ingredientes de su receta de éxito. Cuidada selección de las técnicas enológicas, viñedos y uvas, parece ser la clave de elaboración de sus vinos sabios.

Representando a La Granja Nuestra Señora de Remelluri de Labastida, Amaia Rodriguez, subrayó el interés de su familia por mantener los valores culturales, viejas cepas y varietales, paisajes, elementos arquitectónicos tradicionales, e incluso técnicas de cultivo que para algunos pueden resultar obsoletos, pero en los que creen firmemente, lo mismo que aquellos que ensalzan sus vinos en todo el mundo.

Julio César López de Heredia, de bodegas R. López de Heredia-Viña Tondonia, presentó su modelo de negocio soportado en la tradición. Esta bodega que pronto cumplirá 150 años, con su filosofía y línea de trabajo, pretende (y lo consigue), trasladar a los paladares del siglo XXI la experiencia y el disfrute del carácter original de sus originales vinos. El hecho de incluir el nombre de su viñedo en la razón social, da fe del valor de la viña para esta empresa familiar jarrera.

Por último intervino Rubén Liquete, de Bodegas y Viñedos Artadi. Este ingeniero de las viñas apuesta por el terroir y por el esmero y cuidado del viñedo y la uva. Utilizan, en esta prestigiosa bodega de Laguardia, métodos de la agricultura ecológica muy cerca de la biodinámica, que según los datos aportados, resultan tan efectivos y no más gravosos que los tradicionales.

Las seis bodegas presentes en el foro, como otras que hubieran merecido estar, con su gestión eficiente de la explotación y de los recursos naturales y económicos, son ejemplo de maneras distintas de hacer las cosas. Sin atajos, porque la calidad al final es apreciada y se puede defender en el Mercado. De las palabras de Joaquín Araujo destacaría su comentario sobre la cita de Plinio “no pretendamos que el cielo obedezca a la tierra”. Escuchemos a la naturaleza, que estaba aquí cuando nosotros llegamos. Porqué algún día nos daremos cuenta que “lo primero es lo primero”.

Y para que cuando eso ocurra no sea demasiado tarde: sigamos las referencias de aquellas empresas que han sabido llegar a ese cliente que valora otros aspectos aparte del precio. Distingamos lo esencial de lo accesorio y reflexionemos donde nos lleva el camino iniciado. Busquemos alternativas que nos permitan rectificar hacía la senda de la sostenibilidad: empecemos la casa por los cimientos y construyamos una estructura de calidad que se mantenga en el tiempo. Porque la sostenibilidad crea y mantiene el espacio y las condiciones bajo las cuales en armonía con el medio natural pueden ser satisfechos tanto nuestros requerimientos y necesidades, como las de los que vengan después.

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Sobre el autor Antonio Remesal
Ingeniero Agrónomo y enólogo. He trabajado en la empresa privada en ámbitos muy variados de la ingeniería. Actualmente en la Administración, en el sector del vino, con el que me siento absolutamente comprometido. Escribo sobre viticultura y enología y, de paso, sobre lo que tercia…Autor del libro “Talking about wine: Rioja”, primer libro monográfico sobre Rioja escrito en inglés.