Tenemos los combustibles a unos precios que hacen que coger el coche sea un auténtico lujo aunque no es que se vean más bicicletas, por ejemplo, por las calles. Nos gusta la comodidad y la independencia que nos da esta máquina. Sin embargo, el coche o la calefacción son dos de los ejemplos más claros de artilugios que contaminan a un nivel más cotidiano. Tenemos, por lo tanto, un problema doble: contaminación y una mayor apertura de nuestras carteras. ¿Y si nosotros mismo produjéramos un combustible en nuestro propio cuerpo para poder alimentar a los insaciables motores o calderas?
Uno de los proyectos más avanzados en busca de una sustancia que sustituya a los actuales combustibles es el hidrógeno. Se estima que este componente del agua, produce la suficiente energía como para mover un coche en un ratio de kilómetros / consumo bastante prometedores. El problema es que el proceso de obtención del hidrógeno desde el agua es muy costoso por lo que el precio de este carburante nuevo, ya probado en experiencias piloto, también es caro aunque competitivo.
Pues bien, Gerardine Botte, profesora de química e ingeniería biomolecular en la Universidad de Ohio en Estados Unidos, ha desarrollado una serie de técnicas que consiguen producir hidrógeno de una manera más barata desde la orina. Por lo tanto, estaríamos hablando de una nueva línea de investigación y de infinitas “centrales productoras” que van desde grandes superficies a granjas. Estas últimas, producirían tanto combustible como abonos a partir de los excrementos sólidos.
Según se lee en yahoo.es , estamos hablando de una estimación de consumo de unos 40 kilómetros por litro de este nuevo combustible que, de llevarse a cabo su producción, competiría directamente con los derivados del petróleo además de revolucionar la industria, los sistemas de calefacción o los mismos automóviles. Como todo lo nuevo, está en investigación pero, tal y como está la situación actual, quizá esté entre nosotros antes de lo que pensamos.

