16 May 2008

La lluvia de los días

El calor del día se fue apagando por la suave brisa del norte. El claro cielo se encapotó de nubes. A pesar de este panorama se estaba bien en la calle.

Cuando dos o tres gotas cayeron, decidimos entrar en casa. Desde hacía varios días, la melancolía inundaba mi cara y a mi cabeza habían vuelto pasajes de mi vida que no creía que fuesen a volver a ella.

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Después de colgar el teléfono me dirigí al salón de arriba y puse en la gramola los grandes éxitos de Gardel. Sentado en el sofá me puse a contemplar por la ventana el cielo gris con la luz apagada. Encendí la pipa, cogí la pluma y la libreta y empecé a escribir. Un trueno me sacó de mis pensamientos.

Ella entró por la puerta con una bandeja y dos tazas de café humeante. Se sentó junto a mí. Dejé de escribir y cogí la taza que me ofrecía. Delicioso. Nadie prepara el café como ella: solo y con un chorrito de whisky. Solo ella sabe ya hacerme feliz.

Sintió frío y sacó de un cajón del mueble una pequeña manta con la que nos tapamos las piernas. Yo seguía fumando de la pipa, le cogí la mano y ella posó su cabeza en mi hombro. En la mesita, junto a la taza de café un clavel y una rosa rojos.

Ahora acaricia mi pelo cano. Sigue haciendo el mismo café. Todavía estamos sentados juntos en el sofá viendo atardecer y viendo como el tiempo marchita la rosa y el clavel. Nunca fueron bastante las veces que le dije que la quería. Este camino en el que ella no está me supera, pero ya, nada importa: pronto volveré a probar su café como a mí me gusta.

Ya tengo las maletas hechas, esta tarde cojo el tren y en la última estación estará ella esperándome. Con el traje bueno, el chaquetón, el sombrero, la pipa en la boca y el billete en la mano, sentado en un banco del andén, noté como el calor del día se iba apagando por la suave brisa del norte.

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15 May 2008

Hoy: San Isidro Labrador

- No es que sea muy santero, pero el que más o el que menos, algo sabe de religión y cuando menos de los santos (al menos españoles). A día de hoy me veo forzado a escribir este post, luego explicaré por qué pero antes la biografía del patrón de Madrid.

- Nació san Isidro en Madrid en 1082, y aunque se desconoce el día exacto de su nacimiento, dada la costumbre que existía de poner el nombre del santo del día, se supone que fue el 4 de abril, festividad de San Isidoro; la tradición afirma que nació en el número 1 de la calle del Águila. Su primer trabajo fue de pocero; tenía gran habilidad para descubrir encontrar subterráneos y siempre tuvieron fama de curativos aquellos que descubrió. Cuándo Alí-ben-Yusuf puso cerco a Madrid en 1109, muchos cristianos huyeron y entre ellos, Isidro, que se refugió en Torrelaguna. Allí conoció a María Toribia, con la cual se casó, formando un matrimonio ejemplar que fue bendecido con un hijo: Illán (Juan); protagonista un día de uno de los más portentosos milagros que se le atribuyen. Hizo subir las aguas del profundo pozo en que el niño había caído, rescatándolo sano y salvo; el poso se encuentra hoy en el Museo de San Isidro.

- Siguió viviendo en Torrelaguna durante algún tiempo, hasta que fue contratado por Iván de Vargas para que cultivase las tierras que poseía en Madrid; una parte de ellas en la margen izquierda del Manzanares (donde hoy se levanta la ermita de la Virgen del Puerto), otra en la margen derecha (donde, hasta que se produjo el "boom" constructivo, estuvo la llamada Pradera de San Isidro), y una tercera en los Carabancheles. Todas las cuidaba Isidro que, a diario y muy temprano, salía por la Puerta de Moros y se dirigía a su trabajo. Antes de salir y al volver por la tarde, siempre entraba en la iglesia de Santa María (hoy catedral de la Almudena) para orar. Su profundo amor a la Eucaristía y su entrañable devoción a la Santísima Virgen le llevaron a identificarse con el pueblo, derramando caridad a manos llenas con los más desvalidos, los que tenían hambre ya fuera de pan o del espíritu, los enfermos... siempre ayudado por su mujer que compartía su amor por los necesitados. Su caridad ilimitada despertó la admiración de sus contemporáneos, aunque nunca le faltaron tampoco los detractores envidiosos. Se le atribuyen numerosos milagros, milagros sencillos como sencilla fue su vida que corrían de boca en boca; llegaron a contarse hasta cuatrocientos en su proceso de canonización.

- Murió en olor de santidad el 30 de Noviembre de 1172, cuando contaba 90 años, y fue sepultado en el cementerio de San Andrés, correspondiente a su Parroquia. Cuarenta años después, en 1212, una lluvia torrencial puso al descubierto su cuerpo incorrupto y desde ese momento comenzó a ser venerado como Santo por el pueblo de Madrid. En 1589 comienzan los trámites de su canonización; con la petición incluida del rey Felipe II. El 14 de Junio de 1619 es beatificado por el Papa Paulo V, que fija como fecha de su fiesta el 15 de Mayo. Y es canonizado por Gregorio XV el 14 de Junio de 1622. Sin embargo, la muerte del Pontífice hizo que se retrasara la Bula de Canonización hasta el 4 de Junio de 1624; siendo entonces firmada por Benedicto XIII. San Isidro es patrón de Madrid desde 1212 y día de precepto en la Capital desde 1621. El Papa Juan XXIII extendió su patronazgo a todos los agricultores y campesinos españoles por Bula ("Agri Culturam") dada en Roma el 16 de Diciembre de 1960. Su cuerpo se trasladó a la Colegiata, donde hoy se encuentra, en tiempos de Carlos III.

El 11 de Agosto de 1697, Inocencio XII declara a su mujer Beata y en 1752 es proclamada como Santa María de la Cabeza.

- Uno de los milagros que a este santo se le atribuyen, es el de los bueyes. Santo devoto, como demuestra su biografía, dice la leyenda, que están arando, cuando a las doce oyó las campanas que tocaban para rezar el ángelus, paró de trabajar y se puso a orar. Tal era la devoción en los rezos del santo, que se pasó el día rezando, al siguiente día, a las doce, y mientras rezaba, un ángel bajó del cielo cogió la yunta de bueyes y se puso a arar él.

- Ahora vienen las consecuentes explicaciones. Soy un hombre de campo y como tal, he pasado los veranos en el pueblo entre rastrojos y montones de trigo, soy aldeano. Mi padre nación en Villarta-Quintana, que tiene por santo patrón a San Isidro, pues bien este día 15 de mayo se celebra siempre con una caparronada. Hace muchos, muchos años, en el pueblo de Villarta, el día de San Isidro ofrecía estos caparrones a los pobres, y si sobraban se repartían al pueblo. El merito de estos caparrones reside en que el día de antes, se iba casa por casa pidiendo para ellos, el que podía daba un plato de caparrones, o un trozo de chorizo, o tocino, o lo que cada uno pudiese. Con el tiempo, esta tradición caritativa se ha quedado en un residuo festivo que se sigue haciendo todos los años. Ya no se preparan caparrones para los pobres, sino para todo el que se acerque hasta Villarta ese día. El día se completa con misa y procesión, danza de los mozos al santo y los famosos versos a San Isidro:

“Glorioso San Isidro, glorioso patrón,

hoy el pueblo de Villarta, te rinde su devoción;

y estos jóvenes danzadores que te danzan con amor.

Y te pido de todo corazón

que mucho por todos pidas a Dios

y que guardes nuestro campos;

y si algún día nos vemos

y un pedrisco mal nublado,

lo hagas descargar, en los montes más lejanos.

Que el gasoil está muy caro, el aceite y los talleres,

por eso San Isidro, sigue arando con los bueyes.

Que nos guardes los cereales,

las legumbres y patatas

y también, los cerditos y las vacas.

Daremos la vuelta al pueblo, con un profundo fervor;

por llevar entre nosotros a la Virgen del Rosario,

a la autonomía de La Rioja y a San Isidro Labrador.”

¡Viva la Virgen del Rosario!

¡Viva San Isidro Labrador!

¡Viva el acompañamiento!

14 May 2008

Por la tarde...

- Esta tarde he experimentado muchos sentimientos que son característicos de muchos personajes tipo de los que se ha escrito. Esta tarde, cuando he llegado a casa, he disfrutado de la comida como si fuese la última, como si después del banquete recorriese la milla verde y fuese a encontrarme cara a cara con el desenlace de mi novela. Esta tarde después de comer, me he sentado en el sofá con el café y me he echado una siesta, como las siestas de que disfrutan los bebes y los ancianos; esta tarde he disfrutado de ese sueño reparador que me ha abrazado hasta el abismo del onirismo. Esta tarde después de la siesta, he realizado mis trabajos con la misma pasión que demuestra alguien con arrojo y valor, con el mismo estoicismo de alguien resignado a pasar su vida encadenado a una casa, un coche, un trabajo… con el mismo estoicismo de las masas a las 8´30 de la mañana cuando va al trabajo. Esta tarde me he afeitado con la navaja frente al espejo como un vaquero del oeste antes del duelo en la calle. Mirándome al espejo he sentido lo que sentía cualquier gran hombre en la tranquilidad del aseo mientras se afeitaba, estuviese en guerra o en paz. Esta tarde, después de cenar pronto, una cena parca en alimentos, como deben ser las cenas, he salido a la calle y he experimentado un nuevo sentimiento que en toda la tarde no había experimentado. Ese sentimiento era la unión del bebe y el vaquero, de la masa de las 8´30 y del reo condenado a muerte, ese sentimiento era mío, era yo.

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13 May 2008

Martes y 13

Encarna de noche, muy mitico...

12 May 2008

Hoy: Santo Domingo de la Calzada

- Como ya se dijo, haciendo gala de mi riojanismo, y coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Santo Domingo de la calzada, este post, hablará de él, de su vida y sus milagros.

- Domingo García, nació en Viloria de Rioja (Burgos) el 12 de mayo de 1019, hijo de un labrador llamado Ximeno García y de Orodulce, y falleció en Santo Domingo de la Calzada (Margubete) con 90 años en 1109.

- La vida en aquella época alto medieval, no era fácil, tras el fallecimiento de sus padres, intentó ser admitido en los monasterios de Valvanera y San Millán de la Cogolla, pero no lo consiguió. Tras este primer encontronazo con la iglesia, se retiró como eremita a un lugar apartado en los bosques de encinas de Ayuela, lugar cercano al actual Santo Domingo de la Calzada, llevando una vida contemplativa hasta 1039. Sobre ese año comenzó a colaborar con Gregorio, obispo de Ostia, llegado a Calahorra como enviado papal para combatir una plaga de langosta que asolaba los territorios navarros y riojanos. Este le otorgó la ordenación sacerdotal. Juntos construyeron un puente de madera sobre el río Oja para facilitar el tránsito de los peregrinos hacia Compostela. Hasta la muerte de Gregorio en 1044, acaecida en Logroño (ermita de San Gregorio, ruavieja). Tras morir Gregorio, volvió a la zona de Ayuela y emprendió una profunda labor de colonización. Taló bosques, roturó tierras y comenzó la construcción de una calzada de piedra que supuso una desviación del camino tradicional por la calzada romana entre Logroño y Burgos, pero que se convirtió, a partir de entonces, en la ruta principal entre Nájera y Redecilla del Camino. Por esta labor es conocido como Domingo de la calzada.

- Para mejorar las condiciones de los peregrinos que empezaron a transitar la nueva calzada, sustituyó el puente de madera que había construido con Gregorio por uno más robusto de piedra, y construyó un complejo integrado por hospital, pozo e iglesia, para atender a las necesidades de los viajeros, donde en la actualidad se encuentra la Casa del Santo, utilizada como albergue de peregrinos. Al apoderarse en 1076 de La Rioja, Alfonso VI de Castilla y viendo que el desarrollo del Camino contribuía a su proyecto de la castellanización de la zona, se hizo partidario del santo, de sus obras, y de su villa, visitando a Domingo en 1090 y responsabilizándolo de las obras viarias que se realizaban a lo largo del Camino de Santiago. En esos momentos, y con la ayuda de su discípulo Juan de Ortega, había iniciado ya la construcción de un templo dedicado al Salvador y Santa María. Este fue consagrado por el obispo de Calahorra en 1106. En el exterior del templo y adosado a sus muros, el santo escogió un lugar para su propia sepultura.

- El burgo, llamado Masburguete o Margubete que se dice hoy día, de Santo Domingo de la Calzada empezó como unas pocas casas construidas en torno a la ermita del santo durante su vida. Al morir Domingo en 1109 ya contaba la villa con una creciente población. La iglesia de Santo Domingo de la Calzada, en la que fue enterrado, fue elevada al rango de catedral poco después, al trasladarse a esta la diócesis de Calahorra en 1232 hasta 1235. Nueve tablas pintadas, adornan hoy una pared de la catedral y recuerda los milagros de Santo Domingo.

- Debido a su labor como constructor, Santo Domingo es el patrón de los ingenieros de caminos, canales y puertos y de los cuerpos de obras públicas.

- Muchos fueron los milagros tanto en vida como después de muerto, que se le atribuyen a Santo Domingo, el más conocido es el del gallo y la gallina. Cuenta la historia que un peregrino alemán de unos 18 años llamado Hugonell, que acompañado por sus padres, hacen el camino hasta Santiago. En el mesón donde se hospedan trabajaba una muchacha joven que se enamora de él y le requiere de amores, a lo que el muchacho se niega. Despechada y con ansias de venganza guarda en el zurrón del joven una copa de plata y luego le acusa de robo. (como para fiarte de las de Santo Domingo)

- El joven Hugonell y sus padres se disponen a abandonar Santo Domingo, cuando llega la justicia y comprueban la acusación registrando el zurrón del muchacho. Es encontrado culpable y condenado a la horca. Los padres no pueden hacer nada por él más que rezar a Santiago. Al acercarse al cuerpo ahorcado de su hijo para despedirse oyen cómo éste les habla desde la horca y les dice que está vivo por la gracia del Santo. Felices van a comunicar la noticia al corregidor que justo en ese momento está cenando opíparamente unas aves. El corregidor naturalmente se burla y lanza la frase conocida: “Vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais”. Y en ese momento, las aves saltan del plato y se ponen a cantar y cacarear. De ahí el archiconocido dicho de: “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.

- Muchos otros milagros se le atribuyen al santo, como el que acaeció construyendo el puente nuevo, cuando un carro pasó encima de un señor, al que resucitó el santo, otro milagro, de los menos conocidos, es el de los bueyes de Corporales, cuentan que el santo subió a este pueblo (a cinco kilómetros de Sto. Domingo) para pedir ayuda para la construcción del puente, un joven mozo le dijo, que si uncía los bueyes bravos que tenía en una era en Sampol, le daba la yunta y la ayuda de los mozos del pueblo, así se encaminó Domingo a uncir a los bueyes, cuando llegó donde pastaban, les miró a los ojos y se volvieron mansos, así pudo uncirlos y el pueblo de Corporales prestó su ayuda al santo para hacer el puente.

- Hoy las fiestas del Santo en Santo Domingo, son el acontecimiento que todos los calceatenses esperan todo el año, desde la procesión de las Prioras, la de la Rueda, la de las doncellas, el pan del Santo, todo en estos días recuerda la vida y milagros de Santo Domingo. Cabe decir, que durante la procesión del Santo el día 12, en la catedral se hace una misa por la Cofradía del Santo de Corporales, en memoria del milagro de los bueyes de Corporales, milagro poco recalcado, dentro de la biografía de este santo.

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Gallinero gotico que alberga el gallo y la gallina

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imagen del santo en procesión (2007)

09 May 2008

Telefonía movil, vuelva usted mañana.

- La otra tarde tuve el inmenso placer de acompañar a una amiga a una tertulia sobre poesía, en la que se expuso un video, del que los dos sacamos grandes conclusiones, y del que otro día ya hablaré, porque lo que hoy me centra es otra historia. Espero que Raquel no se moleste, pero os voy a contar lo que nos pasó. Salimos de la UR con rumbo a la casa de los periodistas (donde era el citado evento de poesía) pero nos detuvimos antes en una tienda de telefonía móvil, pues por diversos acontecimientos que no vienen al caso, Raquel debía adquirir otro teléfono móvil. Pues bien, entramos en la tienda y estuvimos esperando hasta que atendieron a mi compañera. Esperamos al menos tres cuartos de hora para que al final no hiciésemos lo que habíamos ido a hacer, bien el caso es que con la señora que estaba delante nuestro estuvieron los tres cuartos de hora que nos toco esperar (mas lo que seguramente antes llevaba ya). Desconozco el problema de esta señora con su móvil, pero a juzgar por las molestias de la dependienta, debía ser muy grave, pues llamó a atención al cliente, a personal, a los que llevan las ventas, y si se hubiese terciado hasta al patriarca de Constantinopla. El caso, que a la par que una de las dependientas atendía a esta señora, la otra estaba preparando un móvil para otro señor, con este también tardaron, comprensible, al parecer porque aquel hombre no se aclaraba mucho con aquello, pero bueno, el caso, que después de aguantar estoicamente de pié a que la dependienta acabase de hablar con el que estaba hablando, (a vistas de su cara, debió hablar hasta con el director ejecutivo de la compañía telefónica) bueno, pues el problema, después de tanta llamada para arriba y para abajo, no sirvió para nada, porque la señora se fue por donde había venido. ¡Albricias Alvar Fañez! Por fin nos toca y la señorita atiende a Raquel. Mientras estaban intentando arreglar el problema de Raquel, yo muy amablemente le pregunté a la otra chica si me podía sentar en una banqueta que había (que habían sacado para el señor, que no se había sentado) porque tenía dolor de espalda y no podía estar mucho tiempo de pie. Correctísima me dijo que sí, que por favor, que para eso estaban. Pues yo creo que fue lo único bueno que sacamos de esa tienda, porque al poco rato, después de intentar solucionar el problema, nos fuimos debido a unos fallos técnicos sin los que no se podía llevar a cabo la solución al problema, el caso es que al no haber manera de solucionar el problema, la dependienta nos despachó poco menos, porque vaya… Si hubiésemos ido de traje y bien arreglados, segur que hasta nos hubiesen hecho hasta reverencias, pero como íbamos casual, pues es lo que pasa (dije yo luego más tarde…)

- Esto nos hizo despotricar contra las compañías telefónicas y todo su entorno durante todo el viaje, lo que nos llevó de las arduas tardes (como estas) a hablar de todo lo relacionado como digo con el teléfono. Y yo no sé a ustedes, pero a mi casa parece que le tocan todas, no sé las veces que en una semana pueden llegar a llamar las compañías telefónicas… ¿hola está el señor en casa? Le llamamos de Telefónica, Unidos, Orange, Euskaltel, Amena, (que creo que ya no existe…) para preguntarle por su comodidad con su compañía telefónica… Bueno, llaman preguntando por esto o por cualquier otra chorrada parecida. El teléfono de mi casa tiene una pantalla que se ve quien te llama, cuando pone teléfono privado, suelo coger yo, y siempre suelo responde lo mismo: ¿por quién dice que pregunta? Ayyy, pues ya lo siento maja, pero están trabajando… buff esta semana ya imposible por la tarde. Sí, si, por la mañana si que están, llame entonces… ayy, de nada maja, a ti por llamar. O pongo voces; La del servicio: ¿Pregunta por el señor Murillo? No en este momento lo señores están en un viaje y hasta la semana que viene no volverán, sí, desde luego, yo les dejo el recado, adiós buenos días. Está también la de poner voz de anciano: ¿Si? Ay maja pues es que están los hijos trabajando, y yo no te puedo atender, que no entiendo, sí, sí, llama mañana que estarán. Ala, a pasar buen día… o la de niño inocente: ¿Pregunta por mi padre? no pues no está, está trabajando… no, yo no te puedo contestar porque soy el hijo pequeño y no sé nada, adiós. Nunca me gusta ser maleducado con la gente, y siempre intento contestar cortésmente a estas señoritas que llaman a casa, pero sé que hay de los que cogen y les dejan hablando solos y se van a hacer otra cosa cuando les intentan vender la moto, o como mi abuelo el pobre hombre, me contó el otro día que llamaron a casa (ellos viven en Corporales, un pequeño pueblo a 53 km de Logroño) para preguntarles si estaban contentos con su línea de internet, a lo que mi abuelo respondió: “No maja, que no tenemos que aquí está la vida mucho triste”.

- Escribo todo esto, porque la verdad (y me paso lo políticamente correcto por el arco del triunfo) estoy hasta los cojones de que llamen preguntando siempre lo mismo para obtener la misma respuesta, estoy cansado de que cada vez que vayamos a una tienda de telefonía móvil, nos pregunten (en plan borde) ¿para recargar? Pues no bonita, venía a otra cosa pero (por lista) me voy. De que tengamos que esperar una hora para que nos atiendan y como nos pasó esa vez (y otras tantas) que nos atiendan mal, o que nos despachen con cajas destempladas, o, hay que pedir la pieza a Alemania, tardará X y costará Y… y la indiferencia que muestran estas chicas, que parecen que odian (y lo más probable es que así sea) su trabajo y te miran con mala cara y te atienden mal… un asco, vamos… ¿Pues sabéis lo que os digo? Que se vayan todos a la mierda, que han puesto columpios.

07 May 2008

Hoy, poesía

- Ayer pusimos un relato de Julio Cortazar, hoy me decanto por una de las corrientes más prolíficas dentro del panorama literario español de principios del siglo XX, el modernismo. En concreto, lo que ahora se disponen a leer es la “Oda a España” del catalán Joan Maragall (1860-1911). Poeta, ensayista y traductor español nacido en Barcelona en 1860. Perteneciente a una familia de sólida posición económica, rechazó el interés de su padre por involucrarlo en los negocios, para licenciarse en Derecho por la Universidad de Barcelona en 1884. A partir de 1892 desarrolló una intensa actividad literaria participando como columnista de importantes diarios, traduciendo grandes autores, ocupando la presidencia del Ateneo Barcelonés, y obteniendo galardones importantes como los Juegos Florales de Barcelona, Maestro en Gai Saber y el premio Fastenrath en 1910. Fue además miembro fundador de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes. Entre sus obras destacadas se encuentran, "Oda a Espanya" 1898, "Visions i Cants" 1900, "L'Elogi de la paraula" 1903, "El Comte Arnau" 1909, "Enllà" 1906 "Oda nova a Barcelona y Cant espiritual" 1910 y "Seqüèncie" en 1911. Falleció en Barcelona en diciembre de 1911. He aquí pues su “Oda a España”:


(versión original en catalán)

Escolta, Espanya,

la veu d’un fill

que et parla en llengua

no castellana;

parlo en la llengua

que m’ha donat

la terra aspra:

en aquesta llengua

pocs t’han parlat;

en l’altra, massa.

T’han parlat massa

dels saguntins

i dels que per la pàtria moren:

les teves glòries

i els teus records,

records i glòries

només de morts:

has viscut trista.

Jo vull parlar-te

molt altrament.

Per què vessar la sang inútil?

Dins de les venes

vida és la sang,

vida pels d’ara

i pels que vindran:

vessada és morta.

Massa pensaves

en ton honor

i massa poc en el teu viure:

tràgica duies

a mort els fills,

te satisfeies

d’honres mortals,

i eren tes festes

els funerals,

oh trista Espanya!

Jo he vist els barcos

marxar replens

dels fills que duies

a que morissin:

somrients marxaven

cap a l’atzar;

i tu cantaves

vora del mar

com una folla.

On són els barcos?

On són els fills?

Pregunta-ho al Ponent i a l’ona brava:

tot ho perderes,

no tens ningú.

Espanya, Espanya,

retorna en tu,

arrenca el plor de mare!

Salva’t, oh!, salva’t

de tant de mal;

que el plô et torni fecunda, alegre i viva;

pensa en la vida que tens entorn:

aixeca el front,

somriu als set colors que hi ha en els núvols.

On ets, Espanya?

No et veig enlloc.

No sents la meva veu atronadora?

No entens aquesta llengua

que et parla entre perills?

Has desaprès d’entendre an els teus fills?

Adéu, Espanya!



(versión en castellano)

Escucha, España, la voz de un hijo
que te habla en lengua no castellana;
hablo en la lengua que me ha legado
la tierra áspera;
en esta lengua pocos te hablaron;
en la otra, demasiado.

Demasiado de los saguntinos
y de los que mueren por la patria;
y por tus glorias y tus recuerdos,
recuerdo y gloria de cosas muertas,
triste has vivido.

De distinta manera quiero hablarte.
¿Por qué derramar la sangre inútil?
La sangre es vida, si está en las venas,
vida hoy, vida para los que vengan;
vertida, es muerte.

Demasiado pensaste en tu honor
y escasamente en tu vida:
tus hijos, trágica, diste a la muerte.
Mortales honras te satisfacían;
tus fiestas eran tus funerales,
¡oh triste España!

Yo vi barcos zarpar repletos
de hijos que a la muerte entregabas:
sonriendo iban hacia el azar,
y tú cantabas junto a la mar
como una loca.

¿Dónde tus barcos? ¿Dónde tus hijos?
Pregúntalo al Poniente, a la ola brava:
perdiste todo, a nadie tienes.
¡España, España, vuelve en ti,
rompe el llanto de madre!

Sálvate, sálvate de tantos males;
que el llanto te haga alegre, fecunda y viva;
piensa en la vida que te rodea;
alza la frente,
sonríe ante los siete colores del iris.

¿Dónde estás España, dónde que no te veo?
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No comprendes esta lengua que entre peligros te habla?
¿A tus hijos no sabes ya entender?
¡Adiós, España!




06 May 2008

Cambio de luces

- Este es uno de los relatos de mi siempre admirado Julio Cortázar. Aunque es algo extenso merece la pena leerlo. Lleva por título, “Cambio de Luces”, que lo disfruten:

Esos jueves al caer la noche cuando Lemos me llamaba después del ensayo en Radio Belgrano y entre dos cinzanos los proyectos de nuevas piezas, tener que escuchárselos con tantas ganas de irme a la calle y olvidarme del radioteatro por dos o tres siglos, pero Lemos era el autor de moda y me pagaba bien para lo poco que yo tenía que hacer en sus programas, papeles más bien secundarios y en general antipáticos. Tenés la voz que conviene, decía amablemente Lemos, el radioescucha te escucha y te odia, no hace falta que traiciones a nadie o que mates a tu mamá con estricnina, vos abrís la boca y ahí nomás media Argentina quisiera romperte el alma a fuego lento.

No Luciana, precisamente el día en que nuestro galán Jorge Fuentes al término de Rosas de ignominia recibía dos canastas de cartas de amor y un corderito blanco mandado por una estanciera romántica del lado de Tandil, el petiso Mazza me entregó el primer sobre lila de Luciana. Acostumbrado a la nada en tantas de sus formas, me lo guardé en el bolsillo antes de irme al café (teníamos una semana de descanso después del triunfo de Rosas y el comienzo de Pájaro en la tormenta) y solamente en el segundo martini con Juárez Celman y Olive me subió al recuerdo el color del sobre y me di cuenta de que no había leído la carta; no quise delante de ellos porque los aburridos buscan tema y un sobre lila es una mina de oro, esperé a llegar a mi departamento donde la gata por lo menos no se fijaba en esas cosas, le di su leche y su ración de arrumacos, conocí a Luciana.

No necesito ver una foto de usted, decía Luciana, no me importa que Sintonía y Antena publiquen fotos de Míguez y de Jorge Fuentes pero nunca de usted, no me importa porque tengo su voz, y tampoco me importa que digan que es antipático y villano, no me importa que sus papeles engañen a todo el mundo, al contrario, porque me hago la ilusión de ser la sola que sabe la verdad: usted sufre cuando interpreta esos papeles, usted pone su talento pero yo siento que no está ahí de veras como Míguez o Raquelita Bailey, usted es tan diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia. Creyendo que odian al príncipe lo odian a usted, la gente confunde y ya me di cuenta con mi tía Poli y otras personas el año pasado cuando usted era Vassilis, el contrabandista asesino. Esta tarde me he sentido un poco sola y he querido decirle esto, tal vez no soy la única que se lo ha dicho y de alguna manera lo deseo por usted, que se sepa acompañado a pesar de todo, pero al mismo tiempo me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz, que está segura de conocerlo de veras y de admirarlo más que a los que tienen los papeles fáciles. Es como con Shakespeare, nunca se lo he dicho a nadie, pero cuando usted hizo el papel, Yago me gustó más que Otelo. No se crea obligado a contestarme, pongo mi dirección por si realmente quiere hacerlo, pero si no lo hace yo me sentiré lo mismo feliz de haberle escrito todo esto.

Caía la noche, la letra era liviana y fluida, la gata se había dormido después de jugar con él sobre lila en el almohadón del sofá. Desde la irreversible ausencia de Bruna ya no se cenaba en mi departamento, las latas nos bastaban a la gata y a mí, y a mí especialmente el coñac y la pipa. En los días de descanso (después tendría que trabajar el papel de Pájaro en la tormenta) releí la carta de Luciana sin intención de contestarla porque en ese terreno un actor, aunque solamente reciba una carta cada tres años, estimada Luciana, le contesté antes de irme al cine el viernes por la noche, me conmueven sus palabras y ésta no es una frase de cortesía. Claro que no lo era, escribí como si esa mujer que imaginaba más bien chiquita y triste y de pelo castaño con ojos claros estuviera sentada ahí y yo le dijera que me conmovían sus palabras. El resto salió más convencional porque no encontraba qué decirle después de la verdad, todo se quedaba en un relleno de papel, dos o tres frases de simpatía y gratitud, su amigo Tito Balcárcel. Pero había otra verdad en la posdata: Me alegro de que me haya dado su dirección, hubiera sido triste no poder decirle lo que siento.

A nadie le gusta confesarlo, cuando no se trabaja uno termina por aburrirse un poco, al menos alguien como yo. De muchacho tenía bastantes aventuras sentimentales, en las horas libres podía recorrer el espinel y casi siempre había pesca, pero después vino Bruna y eso duró cuatro años, a los treinta y cinco la vida en Buenos Aires empieza a desteñirse y parece que se achicara, al menos para alguien que vive solo con una gata y no es gran lector ni amigo de caminar mucho. No que me sienta viejo, al contrario; más bien parecería que son los demás, las cosas mismas que envejecen y se agrietan; por eso a lo mejor preferir las tardes en el departamento, ensayar Pájaro en la tormenta a solas con la gata mirándome, vengarme de esos papeles ingratos llevándolos a la perfección, haciéndolos míos y no de Lemos, transformando las frases más simples en un juego de espejos que multiplica lo peligroso y fascinante del personaje. Y así a la hora de leer el papel en la radio todo estaba previsto, cada coma y cada inflexión de la voz, graduando los caminos del odio (otra vez era uno de esos personajes con algunos aspectos perdonables pero cayendo poco a poco en la infamia hasta un epílogo de persecución al borde de un precipicio y salto final con gran contento de radioescuchas). Cuando entre dos mates encontré la carta de Luciana olvidada en el estante de las revistas y la releí de puro aburrido, pasó que de nuevo la vi, siempre he sido visual y fabrico fácil cualquier cosa, de entrada Luciana se me había dado más bien chiquita y de mi edad o por ahí, sobre todo con ojos claros y como transparentes, y de nuevo la imaginé así, volví a verla como pensativa antes de escribirme cada frase y después decidiéndose. De una cosa estaba seguro, Luciana no era mujer de borradores, seguro que había dudado antes de escribirme, pero después escuchándome en Rosas de ignominia le habían ido viniendo las frases, se sentía que la carta era espontánea y a la vez -acaso por el papel lila- dándome la sensación de un licor que ha dormido largamente en su frasco.

Hasta su casa imaginé con sólo entornar los ojos, su casa debía ser de esas con patio cubierto o por lo menos galería con plantas, cada vez que pensaba en Luciana la veía en el mismo lugar, la galería desplazando finalmente el patio, una galería cerrada con claraboyas de vidrios de colores y mamparas que dejaban pasar la luz agrisándola, Luciana sentada en un sillón de mimbre y escribiéndome usted es muy diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia, llevándose la lapicera a la boca antes de seguir, nadie lo sabe porque tiene tanto talento que la gente lo odia, el pelo castaño como envuelto por una luz de vieja fotografía, ese aire ceniciento y a la vez nítido de la galería cerrada, me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz.

La víspera de la primera tanda de Pájaro hubo que comer con Lemos y los otros, se ensayaron algunas escenas de esas que Lemos llamaba clave y nosotros clavo, choque de temperamentos y andanadas dramáticas, Raquelita Bailey muy bien en el papel de Josefina, la altanera muchacha que lentamente yo envolvería en mi consabida telaraña de maldades para las que Lemos no tenía límites. Los otros calzaban justo en sus papeles, total maldita la diferencia entre ésa y las dieciocho radionovelas que ya llevábamos actuadas. Si me acuerdo del ensayo es porque el petiso Mazza me trajo la segunda carta de Luciana y esa vez sentí ganas de leerla enseguida y me fui un rato al baño mientras Angelita y Jorge Fuentes se juraban amor eterno en un baile de Gimnasia y Esgrima, esos escenarios de Lemos que desencadenaban el entusiasmo de los habitués y daban más fuerza a las identificaciones psicológicas con los personajes, por lo menos según Lemos y Freud.

Le acepté la simple, linda invitación a conocerla en una confitería de Almagro. Había el detalle monótono del reconocimiento, ella de rojo y yo llevando el diario doblado en cuatro, no podía ser de otro modo y el resto era Luciana escribiéndome de nuevo en la galería cubierta, sola con su madre o tal vez su padre, desde el principio yo había visto un viejo con ella en una casa para una familia más grande y ahora llena de huecos donde habitaba la melancolía de la madre por otra hija muerta o ausente, porque acaso la muerte había pasado por la casa no hacía mucho, y si usted no quiere o no puede yo sabré comprender, no me corresponde tomar la iniciativa pero también sé -lo había subrayado sin énfasis- que alguien como usted está por encima de muchas cosas. Y agregaba algo que yo no había pensado y que me encantó, usted no me conoce salvo esa otra carta, pero yo hace tres años que vivo su vida, lo siento como es de veras en cada personaje nuevo, lo arranco del teatro y usted es siempre el mismo para mí cuando ya no tiene el antifaz de su papel. (Esa segunda carta se me perdió, pero las frases eran así, decían eso; recuerdo en cambio que la primera carta la guardé en un libro de Moravia que estaba leyendo, seguro que sigue ahí en la biblioteca).

Si se lo hubiera contado a Lemos le habría dado una idea para otra pieza, clavado que el encuentro se cumplía después de algunas alternativas de suspenso y entonces el muchacho descubría que Luciana era idéntica a lo que había imaginado, prueba de cómo el amor se adelanta al amor y la vista a la vista, teorías que siempre funcionaban bien en Radio Belgrano. Pero Luciana era una mujer de más de treinta años, llevados eso sí con todas las de la ley, bastante menos menuda que la mujer de las cartas en la galería, y con un precioso pelo negro que vivía como por su cuenta cuando movía la cabeza. De la cara de Luciana yo no me había hecho una imagen precisa salvo los ojos claros y la tristeza; los que ahora me recibieron sonriéndome eran marrones y nada tristes bajo ese pelo movedizo. Que le gustara el whisky me pareció simpático, por el lado de Lemos casi todos los encuentros románticos empezaban con té (y con Bruna había sido café con leche en un vagón de ferrocarril). No se disculpó por la invitación, y yo que a veces sobreactúo porque en el fondo no creo demasiado en nada de lo que me sucede, me sentí muy natural y el whisky por una vez no era falsificado. De veras, lo pasamos muy bien y fue como si nos hubieran presentado por casualidad y sin sobreentendidos, como empiezan las buenas relaciones en que nadie tiene nada que exhibir o que disimular; era lógico que se hablara sobre todo de mí porque yo era el conocido y ella solamente dos cartas y Luciana, por eso sin parecer vanidoso la dejé que me recordara en tantas novelas radiales, aquella en que me mataban torturándome, la de los obreros sepultados en la mina, algunos otros papeles. Poco a poco yo le iba ajustando la cara y la voz, desprendiéndome con trabajo de las cartas, de la galería cerrada y el sillón de mimbre; antes de separarnos me enteré de que vivía en un departamento bastante chico en planta baja y con su tía Poli que allá por los años treinta había tocado el piano en Pergamino. También Luciana hacía sus ajustes como siempre en esas relaciones de gallo ciego, casi al final me dijo que me había imaginado más alto, con pelo crespo y ojos grises; lo del pelo crespo me sobresaltó porque en ninguno de mis papeles yo me había sentido a mí mismo con pelo crespo, pero acaso su idea era como una suma, un amontonamiento de todas las canalladas y las traiciones de las piezas de Lemos. Se lo comenté en broma y Luciana dijo que no, los personajes los había visto tal como Lemos los pintaba pero al mismo tiempo era capaz de ignorarlos, de hermosamente quedarse sólo conmigo, con mi voz y vaya a saber por qué con una imagen de alguien más alto, de alguien con el pelo crespo.

Si Bruna hubiera estado aún en mi vida no creo que me hubiera enamorado de Luciana; su ausencia era todavía demasiado presente, un hueco en el aire que Luciana empezó a llenar sin saberlo, probablemente sin esperarlo. En ella en cambio todo fue más rápido, fue pasar de mi voz a ese otro Tito Balcárcel de pelo lacio y menos personalidad que los monstruos de Lemos; todas esas operaciones duraron apenas un mes, se cumplieron en dos encuentros en cafés, un tercero en mi departamento, la gata aceptó el perfume y la piel de Luciana, se le durmió en la falda, no pareció de acuerdo con un anochecer en que de golpe estuvo de más, en que debió saltar maullando al suelo. La tía Poli se fue a vivir a Pergamino con una hermana, su misión estaba cumplida y Luciana se mudó a mi casa esa semana; cuando la ayudé a preparar sus cosas me dolió la falta de la galería cubierta, de la luz cenicienta, sabía que no las iba a encontrar y sin embargo había algo como una carencia, una imperfección. La tarde de la mudanza la tía Poli me contó dulcemente la módica saga de la familia, la infancia de Luciana, el novio aspirado para siempre por una oferta de frigoríficos de Chicago, el matrimonio con un hotelero de Primera Junta y la ruptura seis años atrás, cosas que yo había sabido por Luciana pero de otra manera, como si ella no hubiera hablado verdaderamente de sí misma ahora que parecía empezar a vivir por cuenta de otro presente, de mi cuerpo contra el suyo, los platitos de leche a la gata, el cine a cada rato, el amor.

Me acuerdo que fue más o menos en la época de Sangre en las espigas cuando le pedí a Luciana que se aclarara el pelo. Al principio le pareció un capricho de actor, si querés me compro una peluca, me dijo riéndose, y de paso a vos te quedaría tan bien una con el pelo crespo, ya que estamos. Pero cuando insistí unos días después, dijo que bueno, total lo mismo le daba el pelo negro o castaño, fue casi como si se diera cuenta de que en mí ese cambio no tenía nada que ver con mis manías de actor sino con otras cosas, una galería cubierta, un sillón de mimbre. No tuve que pedírselo otra vez, me gustó que lo hubiera hecho por mí y se lo dije tantas veces mientras nos amábamos, mientras me perdía en su pelo y sus senos y me dejaba resbalar con ella a otro largo sueño boca a boca. (Tal vez a la mañana siguiente, o fue antes de salir de compras, no lo tengo claro, le junté el pelo con las dos manos y se lo até en la nuca, le aseguré que le quedaba mejor así. Ella se miró en el espejo y no dijo nada, aunque sentí que no estaba de acuerdo y que tenía razón, no era mujer para recogerse él pelo, imposible negar que le quedaba mejor cuando lo llevaba suelto antes de aclarárselo, pero no se lo dije porque me gustaba verla así, verla mejor que aquella tarde cuando había entrado por primera vez en la confitería).

Nunca me había gustado escucharme actuando, hacía mi trabajo y basta, los colegas se extrañaban de esa falta de vanidad que en ellos era tan visible; debían pensar, acaso con razón, que la naturaleza de mis papeles no me inducía demasiado a recordarlos, y por eso Lemos me miró levantando las cejas cuando le pedí los discos de archivo de Rosas de ignominia, me preguntó para qué lo quería y le contesté cualquier cosa, problemas de dicción que me interesaba superar o algo así. Cuando llegué con el álbum de discos, Luciana se sorprendió también un poco porque yo no le hablaba nunca de mi trabajo, era ella que cada tanto me daba sus impresiones, me escuchaba por las tardes con la gata en la falda. Repetí lo que le había dicho a Lemos pero en vez de escuchar las grabaciones en otro cuarto traje el tocadiscos al salón y le pedí a Luciana que se quedara un rato conmigo, yo mismo preparé el té y arreglé las luces para que estuviera cómoda. Por qué cambiás de lugar esa lámpara, dijo Luciana, queda bien ahí. Quedaba bien como objeto pero echaba una luz cruda y caliente sobre el sofá donde se sentaba Luciana, era mejor que sólo le llegara la penumbra de la tarde desde la ventana, una luz un poco cenicienta que se envolvía en su pelo, en sus manos ocupándose del té. Me mimás demasiado, dijo Luciana, todo para mí y vos ahí en un rincón sin siquiera sentarte.

Desde luego puse solamente algunos pasajes de Rosas, el tiempo de dos tazas de té, de un cigarrillo. Me hacía bien mirar a Luciana atenta al drama, alzando a veces la cabeza cuando reconocía mi voz y sonriéndome como si no le importara saber que el miserable cuñado de la pobre Carmencita comenzaba sus intrigas para quedarse con la fortuna de los Pardo, y que la siniestra tarea continuaría a lo largo de tantos episodios hasta el inevitable triunfo del amor y la justicia según Lemos. En mi rincón (había aceptado una taza de té a su lado pero después había vuelto al fondo del salón como si desde ahí se escuchara mejor) me sentía bien, reencontraba por un momento algo que me había estado faltando; hubiera querido que todo eso se prolongara, que la luz del anochecer siguiera pareciéndose a la de la galería cubierta. No podía ser, claro, y corté el tocadiscos y salimos juntos al balcón después que Luciana hubo devuelto la lámpara a su sitio porque realmente quedaba mal allí donde yo la había corrido. ¿Te sirvió de algo escucharte?, me preguntó acariciándome una mano. Sí, de mucho, hablé de problemas de respiración, de vocales, cualquier cosa que ella aceptaba con respeto; lo único que no le dije fue que en ese momento perfecto sólo había faltado el sillón de mimbre y quizá también que ella hubiera estado triste, como alguien que mira el vacío antes de continuar el párrafo de una carta.

Estábamos llegando al final de Sangre en las espigas, tres semanas más y me darían vacaciones. Al volver de la radio encontraba a Luciana leyendo o jugando con la gata en el sillón que le había regalado para su cumpleaños junto con la mesa de mimbre que hacía juego. No tiene nada que ver con este ambiente, había dicho Luciana entre divertida y perpleja, pero si a vos te gustan a mí también, es un lindo juego y tan cómodo. Vas a estar mejor en él si tenés que escribir cartas, le dije. Sí, admitió Luciana, justamente estoy en deuda con tía Poli, pobrecita. Como por la tarde tenía poca luz en el sillón (no creo que se hubiera dado cuenta de que yo había cambiado la bombilla de la lámpara) acabó por poner la mesita y el sillón cerca de la ventana para tejer o mirar las revistas, y tal vez fue en esos días de otoño, o un poco después, que una tarde me quedé mucho tiempo a su lado, la besé largamente y le dije que nunca la había querido tanto como en ese momento, tal como la estaba viendo, como hubiera querido verla siempre. Ella no dijo nada, sus manos andaban por mi pelo despeinándome, su cabeza se volcó sobre mi hombro y se estuvo quieta, como ausente. ¿Por qué esperar otra cosa de Luciana, así al filo del atardecer? Ella era como los sobres lila, como las simples, casi tímidas frases de sus cartas. A partir de ahora me costaría imaginar que la había conocido en una confitería, que su pelo negro suelto había ondulado como un látigo en el momento de saludarme, de vencer la primera confusión del encuentro. En la memoria de mi amor estaba la galería cubierta, la silueta en un sillón de mimbre distanciándola de la imagen más alta y vital que de mañana andaba por la casa o jugaba con la gata, esa imagen que al atardecer entraría una y otra vez en lo que yo había querido, en lo que me hacía amarla tanto.

Decírselo, quizá. No tuve tiempo, pienso que vacilé porque prefería guardarla así, la plenitud era tan grande que no quería pensar en su vago silencio, en una distracción que no le había conocido antes, en una manera de mirarme por momentos como si buscara, algo, un aletazo de mirada devuelta enseguida a lo inmediato, a la gata o a un libro. También eso entraba en mi manera de preferirla, era el clima melancólico de la galería cubierta, de los sobres lila. Sé que en algún despertar en la alta noche, mirándola dormir contra mí, sentí que había llegado el tiempo de decírselo, de volverla definitivamente mía por una aceptación total de mi lenta telaraña enamorada. No lo hice porque Luciana dormía, porque Luciana estaba despierta, porque ese martes íbamos al cine, porque estábamos buscando un auto para las vacaciones, porque la vida venía a grandes pantallazos antes y después de los atardeceres en que la luz cenicienta parecía condensar su perfección en la pausa del sillón de mimbre. Que me hablara tan poco ahora, que a veces volviera a mirarme como buscando alguna cosa perdida, retardaban en mí la oscura necesidad de confiarle la verdad, de explicarle por fin el pelo castaño, la luz de la galería. No tuve tiempo, un azar de horarios cambiados me llevó al centro un fin de mañana, la vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no comprendí al comprender que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo, un hombre que se inclinaba un poco para besarla en la oreja, para frotar su pelo crespo contra el pelo castaño de Luciana.

05 May 2008

¡La madre de todas las rotondas!

- Ya se ha hablado varias veces en estos blogs de la maravillosidad de internet y de las coas que uno puede encontrarse. Desde noviembre que me saqué el carnet de conducir, he de decir que he estado muy pendiente de toda noticia que saliese sobre la conducción. Bueno, a lo que vengo. Que uno, buscando y buscando en las procelosas aguas de internet se encuentra con cosas como esta:

- Advierto a todos los que tenéis carnet y podéis encontraros con esto, a los que están en ello, esto no viene en los libros y al resto, estáis avisados:

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- Observando la utilidad y características arquitectónicas de las rotondas, omnipresentes en la R.G.C.E en vías urbanas, interurbanas y travesías, que adornan la sinuosa y a la vez recta senda del asfalto español, cual toro de Osborne, en los cerros de las autopistas españolas, he recalado en la madre de las rotondas. Esto es lo maravilloso de internet, que te enteras de todo. La madre de las rotondas, la insuperable y mágica rotonda así llamada: “magic roundabout”.

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- Sugiero que debido al carácter de la vox populi de esta comunidad y al del español en general, le podríamos poner como nombre, no ese anglicismo de “magic roundabout”, qué coño, a la riojana “mecagüen dioro baco” o como “mecagüen la hospitalera” que sin duda diríamos al topar con ella, pero dudo mucho que alguno de nosotros nos encontremos con algo semejante en este país. Bien es cierto, que en esta comunidad se destilan las rotondas en la capital por doquier, pero no son tan bastas como estas británicas. Éstas son demasiado evolucionadas y creo que ni nuestros mejores ingenieros las entiendan. Así que como para explicarlas luego con señales y dárnoslas a entender a gente tan burra como nosotros.

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- En conjunción nuevamente con la génesis del político de inauguración de monumentos que no sirven para nada, es costumbre por estos lares que a cada rotonda que se haga, la adornen al menos algún jardincillo, las más dedicadas a motivos nobles (ilustres de la Gran Vía, el mamotreto que le sigue frente a la torre de Logroño, la supuesta sicodélica puerta de Avenida de Burgos, la del noveno centenario en la UR…) Ah, por cierto, ahora que lo pienso, en estas rotondas caben muchos más monumentos; y visto que el Ayuntamiento se ve que le gusta esto de los adornos tanto florales como chorras, tal y como está la vida, igual se dejan de monumentos y se ponen a plantar vides u hortalizas y volvemos al minifundio..., ¡con lo que nos ha costado la concentración parcelaria!

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03 May 2008

España con himno; España con signo

- A la vista de los acontecimientos, aunque acaecidos hace algún tiempo en este país, desde esta cátedra, y debido a mi labor de desimbecilizamiento del personal, me veo con la autoridad de hacer una reflexión sobre este tema del himno. No hace mucho tiempo saltó a la prensa, sugerido por el espacio informativo de una cadena de televisión, un asunto curioso como es el de los derechos de autor generados por la interpretación del Himno Nacional. Esto ha actualizado, a su vez, un tema tan escasamente conocido, y, como siempre, mal interpretado: el propio origen y la andadura de nuestra primera música para la rendición de honores. Desde las salvas que las gentes rendían a los reyes castellanos durante la Reconquista cuando volvían victoriosos de su lucha contra los musulmanes, contando también Aragón con un himno como la “Marxa dels reys D’Aragó”, hasta “Els Segadors” en la Baja Edad Media. Durante el reinado de la casa de Austria en España, se toca la “Marcha Austriaca”, atribuida a San Ignacio de Loyola. Desconozco el himno elegido por los primeros Borbones, pero con la invasión del enemigo francés en 1808 se advierten una gran cantidad de marchas e himnos militares. También en esta época aparece el “Himno de Riego”, que adquirirá gran relevancia en el futuro. Así pues durante el reinado de Fernando VII se prohíbe su exposición pública. Sea dicho, que la “Marcha Real”, nuestro actual Himno Nacional, fue ejecutada por primera vez como música de honor para la boda de S.M. la Reina Doña Isabel II con su primo, el Infante Don Francisco de Asís María de Borbón. No obstante, la primera disposición oficial sobre esta pieza musical habría de llegarnos en 1853, con una Real Orden en la que se toma como Himno oficial la antigua “Marcha Granadera”. Así pues, y descontando el período de la II República, el himno oficial español ha sido la “Marcha Granadera” o “Marcha Real”.
- Al estudiar el Himno Nacional y su génesis, surge el interrogante de cómo se convierte la “Marcha Granadera” en “Marcha Real”. Es lógico suponer que la “Marcha Granadera” empezó a imponerse por la costumbre desde comienzos del reinado isabelino, ya antes del decreto de 1853, se había popularizado la pieza como música de honores más allá de la rendición de los mismos a las personas reales españolas. El destronamiento de Isabel II trajo consigo la desaparición de la Marcha Real. Como no había ninguna música de honor que la reemplazara, se encargó la composición de un himno del nuevo Régimen que como no llegó a fructificar, fue reemplazado nuevamente, con Amadeo I por la “Marcha Real”. En 1908, sin que fuera declarada himno español, S.M. el Rey Alfonso XIII, dispone que se lleve a cabo la ordenación definitiva de la Marcha Real.
- La Marcha Real es uno de los pocos himnos en el mundo que no tiene letra. No obstante, ha habido intentos de ponérsela, aunque no han llegado a tener éxito, por lo que no se adoptaron como oficiales. En el reinado de Alfonso XIII le hizo una letra el autor teatral Luis Marquina, sin éxito. Durante la II República, se adoptó el "Himno de Riego", una marcha de los Batallones de las Milicias Nacionales de principios del siglo XIX como oficial de la República, y que no tenía nada que ver con la otra. Y durante la dictadura del General Franco, el himno sigue siendo la “Marcha Real” a la que se cantaba a veces con los versos del poeta José María Pemán, muy acorde con los gustos políticos de la época. Esta letra, aunque se cantó un tiempo en las escuelas, fue abandonada cuando la dictadura de Franco empezó su acercamiento a Estados Unidos y Europa. Una vez llegada la democracia a España, la constitución de 1978 no refleja la existencia en España de un himno oficial, sí habla de la bandera. En la actualidad, existe un real decreto que regula el himno nacional:

REAL DECRETO 1560/1997, DE 10 DE OCTUBRE, QUE SE REGULA EL HIMNO NACIONAL

(Publicado en el BOE núm. 244, de 11 de octubre de 1997)

De conformidad con lo previsto en el artículo 97 de la Ley del Patrimonio del Estado, de 15 de abril de 1964, y en el artículo 43 de la Ley de Propiedad Intelectual, de 12 de abril de 1996, el Real Decreto 1543/1997, de 3 de octubre, dispuso la adquisición exclusiva por el Estado de los derechos de explotación de la obra tradicionalmente conocida como "Marcha Granadera" o "Marcha Real Española".

Dada la naturaleza de esta obra, resulta oportuno regular, asimismo, su carácter y utilización como himno nacional de España y establecer, formalmente, la partitura oficial, sus diferentes versiones y las distintas modalidades de interpretación.

En su virtud, a propuesta del Presidente del Gobierno y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 10 de octubre de 1997,

DISP0NGO:

Artículo 1.

El himno nacional de España es el conocido tradicionalmente por "Marcha Granadera" o "Marcha Real Española". Su partitura oficial será la que figura en el anexo del presente Real Decreto.

Artículo 2.

El himno nacional de España se interpretará de acuerdo con las siguientes directrices:

a) Constará técnicamente de una frase de dieciséis compases, dividida en dos secciones, cada una de las cuales tendrá cuatro compases repetidos. La indicación metronómica será de negra igual a setenta y seis, y la tonalidad de Si b mayor. Sus duraciones serán de cincuenta y dos segundos para la versión completa y de veintisiete segundos para la versión breve.

b) Se entenderá por versión breve la interpretación de los cuatro compases de cada sección, sin repetición.

c) Las partituras de banda, de orquesta y de reducción para órgano son las que se contienen en el anexo de este Real Decreto y servirán de referencia para cualquier versión de grupo de cámara.

d) El himno nacional de España, en cualquiera de sus dos versiones, se interpretará siempre íntegramente y una sola vez.

- Como digo, el himno aparece durante mucho tiempo en la historia de España, así pues, el significado que la gente atribuye a este símbolo es una connotación histórica parcialmente errónea, ya que la “Marcha Real” no es símbolo de una parcela de la historia, que todos, más o menos tenemos reciente y debido a nuestra ignorancia no queremos buscar más y nos conformamos con lo que nos cuentan. Pues bien, este himno, ya se tocaba durante los reinados de Carlos III, y los sucesivos reyes, con ligeras modificaciones en el título, así pues de “Marcha Granadera” pasó a ser “Marcha de Honor” a finalmente “Marcha Real”. La cuestión de la letra del himno, también ha supuesto un gran debate en la historia, al que finalmente se ha puesto fin, optando por la opción de no ponerle letra, aunque ahora, algunos sectores se quejan de que el himno no la tenga. Ni la ha tenido nunca, salvo como digo los intentos de Luis Marquina, José María Pemán y otros muchos otros por dotar de una letra al himno, que aúne el sentimiento de las gent