21 Ago 2008

Perdone amigo Mario, por llamarle Eduardo

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Cuando te levantas por la mañana, no tienes ni idea de la mayoría de cosas que te van a pasar en ese día. Bien es cierto, que con anterioridad te haces una agenda mental, para prepararte el día. Mi agenda del martes, a las 7 y 10 coger el autobús con una excursión de Corporales en dirección Zaragoza a la Expo, sin más premeditación ni alevosía que pasar un buen día visitando la famosa exposición del agua. Eso mismo me pasó a mi ayer, nunca sabes con quién vas a cruzar tus pasos allí donde vayas, estés en Logroño, en el pueblo o en la Expo.

Del viaje poco he de decir, un gran día acompañado por gente del pueblo y por una amiga de la universidad. La Expo??? Pues qué quieren que les diga, será porque soy de letras o de pueblo, yo si voy a ver una exposición sobre el agua, lo menos que pido es que haya algo de agua ¿no?, salvando las caudalosas y procelosas aguas del Iber, que bajan igual de marrones en Logroño y en Zaragoza y cuatro fuentes ornamentales, esparcidas por todo el recinto, allí no había agua ni debajo de las piedras. Todo hormigón, países y pabellones explicando y enseñando cosas sobre el uso, consumo y aprovechamiento del agua en cada país, pero no acabó de cuajar. Una impresionante dedicación por decirnos que hay que ahorrar, no malgastar, e intentar concienciarnos en que no derrochemos tanto. EL conjunto arquitectónico una maravilla, el puente sobre el Iber en forma de gladiolo, narciso o no sé qué planta, maravilloso, unas vistas del Pilar espectaculares, el recinto limpísimo, papeleras cada diez pasos, muy bien todo, pero el trasfondo no acababa de calar. Por cierto, que como he dicho, los países se afanaban en mostrar al mundo sus cosas con el agua, otros se dedicaban al trueque en un bazar, hacían exhibiciones alegóricas del líquido elemento… Un pabellón, exprofeso para las Comunidades Autónomas, en el que La Rioja tenía su pequeño puestecito. Pues eso, pequeño y mal puesto. Yo la verdad, quedé hondamente defraudado. Pequeño espacio con dos paneles explicativos, y cómo no, cuatro botellas de Paternina, viña Tondina, Marqués de Cáceres y Faustino V. Y a casita, que llueve. Otra cosa que no ha gustado (y no solo mi) es la duración de esta exposición. De abril a septiembre, seis meses, medio año, todos coincidimos en que deberían dejarla más tiempo del que está, pero bueno.

Después de mostrarles mi parecer con este invento, vamos a lo que en realidad me ocupaba en un principio en mi blog. Como ya digo ayer estuve en la Expo, recinto muy grande, en el que puedes estar varios conocidos y no verte en todo el día. Quizá porque yo le conocía de vista y por la televisión, me crucé con él. Tuve la oportunidad (que no desaproveché) en septiembre del año pasado de conocerle en persona, aquí en Logroño. Las medidas de seguridad y la cantidad de gente que se agolpaba en el interior del edificio, hacía más difícil ni siquiera verle. Pero le vi. Ayer tuve una segunda oportunidad, la oportunidad de charlar escasos diez minutos con él. Aunque nuestro encuentro, al principio, no fue muy “correcto” que digamos. Gente parada alrededor de dos señores de traje, atrae e más gente, la curiosidad de la uox pópuli, el morbo que da estar con un famoso. Un hombre alto, canoso, que vestía americana azul marino, camisa azul cielo y pantalones azules, se volvió hacia mí y me preguntó mi nombre. Don Mario Vargas Llosa, volvió su cuerpo en respuesta, a la que sin duda ha sido una de mis grandes meteduras de pata: Don Eduardo ¿me firma un autógrafo? –Por supuesto, ¿cómo te llamas? - Jesús. Desde luego, no sé si fueron los nervios, la emoción o que llevaba todo el día pabellón arriba, pabellón abajo, que en vez d decir Don Mario, dije Don Eduardo. Comprensivamente, sin duda él al ver mis emocionados ojos, comprendió mi error y aún así, escribió en la libreta que el extendí: “A Jesús, con un abrazo. Mario Vargas Llosa”. Como digo, en los escasos 5 minutos que compartimos, tuve ocasión de decirle, que le vi el año pasado en septiembre, recogiendo el doctorado honoris causa en la UR, y que yo estudiaba en la misma universidad Filología Hispánica. Deseándome lo mejor en la carrera que acababa de empezar, nos dimos la mano y nos despedimos. Perdone desde aquí, amigo Mario, por llamarle Eduardo.

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14 Ago 2008

¡Oh capitán, mi capitán!

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A punto de marcharme a disfrutar de las fiestas de Corporales, aquí os dejo con un poema de mi amigo Walt Whitman, célebre (el poema) pro se parte contratante de la película “el club de los poetas muertos”. Poeta norteamericano nació en Long Island, Nueva York en 1819. Desde niño leyó con avidez los clásicos, interesándose muy especialmente por la obra de Goethe, Hegel y Emerson, quienes se convirtieron posteriormente en su fuente de inspiración. Abandonó los estudios básicos para emplearse como ayudante de imprenta y más tarde ofició como maestro y periodista, escribiendo artículos para diversas revistas y periódicos. En 1850 se trasladó a Nueva Orleans para trabajar en el campo de la construcción. Cinco años más tarde, tras un gran esfuerzo económico, publicó su famosa obra "Hojas de hierba", alabada en todos los medios literarios y reeditada un sinnúmero de veces. Durante la guerra secesión norteamericana sirvió como ayudante de enfermería. Al terminar el conflicto continuó añadiendo poemas para las nuevas ediciones de su obra y escribiendo ensayos de contenido político. Aquejado por varias enfermedades, se estableció en New Jersey donde falleció en marzo de 1892.

OH CAPITÁN, MI CAPITÁN

Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?

Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.

Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.

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29 Jul 2008

Arroz y tartana

“A las tres de la tarde, entró doña Manuela en la plaza del Mercado, envuelto el airoso busto en un abrigo cuyos faldones casi llegaban al borde de la falda, cuidadosamente enguantada, con el limosnero al puño y velado el rostro por la tenue blonda de la mantilla.”

Así comienza, al menos la edición que tengo, de las obras del valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Escrita en su día como una novela de folletín para el diario “El Pueblo” que el mismo fundó y dirigió, está recopilada, como otras grandes obras del realismo, escritas de esa manera, en un solo volumen que facilita su lectura.

Novelista español nacido en Valencia. En sus años de juventud se adhirió al movimiento republicano y fue editor del diario antimonárquico El Pueblo. En 1896, fue arrestado por sus actividades políticas y condenado a dos años de trabajos forzados. Blasco Ibáñez fue posteriormente (1898-1907) diputado del Partido Republicano en el Parlamento español. Sus novelas, que contienen descripciones vivas y realistas de la vida en su Valencia natal, adquirieron más fama fuera de España que en su propio país. Su primera obra de éxito fue La barraca (1898), una novela que denunciaba la injusticia social en la Valencia campesina. Otras de sus obras de carácter regional son Cañas y barro (1902), La Catedral (1903) y Sangre y arena (1908). Su obra más famosa, Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), se ocupa de diversos temas filosóficos y culturales y a partir de ella se han realizado varias películas muy conocidas.

La obra que hoy me ocupa, y que espero que hayan reconocido en las primeras líneas del post, tomadas prestado por don Vicente, son de Arroz y tartana. Ambientada en la Valencia de finales de siglo, la obra reconstruye el auge y caída de doña Manuela de Fora, viuda de Pajares, dentro de la escala social, como vive por encima de sus posibilidades y como aparenta lo que no tiene viviendo en el lujo, y hasta el cuello de pagarés. La familia de Pajares la completan tres de sus cuatro hijos: Amparito, Conchita y Rafaelito, hijos del “ilustre” doctor Pajares. Su hijo mayor, y también eje de la historia Juan Peña, es fruto del primer matrimonio de doña Manuela con el comerciante Melchor Peña. Completa el cuadro familiar el avaro hermano de doña Manuela, el tío Juan. Don Eugenio, fundador de “Las Tres rosas”, la familia Cuadros y otros tantos personajes como la prometida de Juanito, Tonica.

La caída social de doña Manuela, es el pretexto que usa Blasco Ibáñez para sacar a relucir el cambio social que se produce a finales de siglo en Valencia (y en toda España) La vetustez que adquieren los valores del siglo anterior (honor sobre todo) son relegados por el mercantilismo y la otra gran protagonista de la obra, la Bolsa. El final del comercio honrado, el dejar que “los ochavos” crezcan en la Bolsa por arte de magia, abandonar el comportamiento recto, vivir aparentando, en definitiva y como dice la copla valenciana, que da título a la obra,

“Arroz y tartana

casaca a la moda;

Y que rode la bola

A la valenciana.”

Libro recomendable para leer en verano, alegre y fresco, que engancha. SI alguno tiene menos tiempo y quiere, puede buscar (que imagino que estará) en el archivo digital de RTVE, la miniserie de José Antonio Escrivá: “Arroz y tartana” que realizó para TVE, con Carmen Maura en el papel de doña Manuela, Eloy Azorín como Juanito y Pepe Sancho como don Juan. Aunque el argumento varíe en algunos aspectos en la teleserie, ésta ayuda a conformar la imagen mental de Valencia y de lo que Blasco Ibáñez cuenta en el libro.

Pon fotos sin limite en slide.com GRATIS!!!D. Vicente Blasco Ibáñez.

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Carmen Maura en el papel de doña Manuela de Fora, viuda de Pajares.

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José Sancho, en el papel de Juan de Fora (hermano de Dña. Manuela)

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Eloy Azorín, en el papel de Juanito Peña.

25 Jul 2008

El amanecer que nunca ví o la historia del amanecer que nos dio la espalda

- La noche, de pesado calor, no nos desanimó ni un momento, después de salir de casa algo más calentitos (y lo digo por los dos vasos de whisky que me metí pal cuerpo) fuimos a paso ligero a la discoteca. Puta manía en esta ciudad de cobrar a los tíos después de la una y las tías gratis toda la noche. (Habla X) Cuestiones de marketing, que lo he estudiado, Jesús. (Hablo yo) Pues me cago yo en el marketing y en tus estudios. Con lo tranquilo que soy yo para todo, y ahora venga deprisa.

- En la misma esquina de todos los días, como una jauría hambrienta de perros sarnosos se preparaba una amalgama de hombrecillos guiris, hijos de la Gran Bretaña, rubios colorados (que se ve que no conocen la crema del sol) abrumados por unos personajes, de extraño acento porteño, más cansos que una vaca de madera en brazos, y dicen que a estos tales les llaman relaciones públicas. (Advertencia a Jorge, ahora hablan los RR.PP) Chicas, chicos, a dónde van? (Narrador) Con acento argentino, deje alegre, pero cansado, por lo que sin duda es un trabajo de mierda. (RR.PP otra vez) Van de fiesta? Ya saben dónde van a ir esta noche? Pásense por aquí, chupitos gratis, fiesta de no sé qué y algo de mas allá. Mira, suben esa calle, y la primera a la derecha. (Ahora hablo yo) Que sí chato que sí, que ahora vamos. (Narrador) Y si consigues salir vivo, te juntas con 80 flyers, free pass (o simplemente tarjetitas odiosas que da esta gente) de veinte mil discotecas, anunciando la fiesta y el odioso chupito. Ay qué cosas te cuento, botijo.

- ¡Albricias Alvar Fáñez! Por fin llegamos a la discoteca, la noche ya era algo más fresca, pero la bocanada de aire viciado por los espirituosos y por algo más que tabaco sospechoso nos pegó en la cara como una bofetada. La música a tope, la gente hasta el culo y allí estaba ella, subida en un pódium, la gogó más hermosa que jamás habían visto mis ojos. Piel morena, ojos marrones, pelo negro y un cuerpo de infarto. Mi musa, que dirían los clásicos, un ser inalcanzable, pero en la que tampoco merece la pena malgastar versos sibilinos, mejor cantarle a mi amigo Jack. Ese sí que me escucha y me entiende. Largas y arduas disertaciones entre vaso y vaso hemos tenidos, y las que vendrán compañero, y las que vendrán. La noche pasó como pasan las noches de fiesta, entre baile y baile, y pasado un rato, afuera al jardincito. Gran acierto de las discotecas de esta ciudad, que como digo yo (y hablo yo) esto si lo patentas en Logroño, triunfa.

- Llegó la hora del cierre y como siempre en cada mochuelo a su olivo (el que por fortuna pudo, no acabó en el suyo, sino en otro, sin duda más placentero). Bajando a casa, hablando de las banalidades de la vida, se nos ocurrió al compañero Mallafré y a un servidor, que era pronto meterse en casa, y por estar cercana la hora del alba, pues allí que nos fuimos a ver amanecer en el Mediterráneo. Tras dirimir unos escasos minutos con las chicas si venían o no, siendo ellas en desbandada las que se fueron a casa, pusimos nuestros pasos camino hasta una playa cercana, algo más pequeña, que llaman dels capellans, para ver ese magnífico espectáculo de la madre natura como es el amanecer. No pude resistirme y la música de mi móvil; lenta, pausada y antigua se puso a sonar mientras esperábamos al alba. Hablando de la vida, de lo pasado, de lo que va a venir, y de lo que queríamos que viniese, nos pillaron las horas, pero aquello no acababa de salir. Un poco trastocado, se me ocurre mirar para atrás, y no sé qué puñetas hicimos, si tanto se enfadó con nosotros la madre naturaleza, o los astros del cielo o el hado, que salto: Hijos de puta; Jorge, está amaneciendo por detrás, no por el mar. No pudimos sino reírnos y marcharnos a casa con el recado; cabizbajos y afligidos, entre pozos de silencio.

A Jorge Mallafré Muro y por extensión al resto de la tripulación. Y no dejes de buitrear chatos.

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P.D: Hubiese puesto fotos del amanecer, pero... no tengo ;)

06 Jul 2008

Poesía... (IV parte)

AMAPOLA

Amapola linda,

amapola colorada

que surcas España

tintado con tu color

prados verdes y verdes campos de cereal

dorado y preciado oro del labrador.

Amapola roja que

pintas la soledad de castilla,

las alturas de Cantabria,

las depresiones de Iberia.

Amapola roja que

Bajo el sol andaluz buscas sombra;

Sombra entre los olivos de Jerez.

Amapola; flor

débil y tierna

hija de la sangre

derramada por la tierra

sangre roja como tú

como tú

amapola roja

ALAMGRO

Pueblo manchego eres;

de patios y corrales

de edificios medievales

palacios e iglesias.

Das tu vida al interior,

encajeras son tus mujeres

labradores son tus hombres.

En otro tiempo fuiste

tesoro de Carlos I

familias alemanas

gran pueblo te hicieron.

Tu vida pasa lenta y despacio

en los patios blasonados

de palacios solariegos.

A la sombra de la Historia

Almagro vive la comedia.

Fachadas blancas; negras celosías

coloradas de geranios

del color de las amapolas

que tintan la soledad

de los campos de Castilla

Patios de arena y cal,

pozo al centro

sombra de árboles centenarios

cuyas ramas tocan

las estrelladas noches de Almagro.

Corral de comedias que indiferente,

te eriges en la plaza mayor

patio porticado de fachadas blancas

caladas que se extienden

rectas por las calles.

Calles de piedra que hablan

del paso del tiempo y del

lento trote de caballos

que cansados miran

las piedras de los empedrados suelos de Castilla.

20 Jun 2008

Amarse de igual a igual

AMARSE DE IGUAL A IGUAL

Amarse de igual a igual; esto es quizá lo más difícil que nos ha sido encomendado, la tarea suprema, la prueba y el examen últimos, el trabajo para el que cualquier otro trabajo es solo preparación. Por eso, los jóvenes, principiantes en todo, aún no dominan el amor: aún tienen que aprenderlo. Han de aprender a amar con todo su ser, con todas sus fuerzas congregadas en torno a su corazón solitario y ansiosos, que late hacia las alturas. Pero el periodo de aprendizaje es siempre un largo periodo de aislamiento, y así, por mucho tiempo y hasta muy avanzada la vida, amar es, para el que ama, soledad, un estar solo más grande y más hondo. En un principio, amar no es algo que implique consagrarse, entregarse y unirse a otro (pues ¿qué sería la unión de lo no clarificado, no terminado, aun subordinado?); en el individuo es un noble motivo para madurar, para llegar a ser algo en sí mismo en aras de otro; es una exigencia grande y muy poco modesta, algo que hace de él un elegido y lo llama a cosas grandes. Solo visto así, como una misión la de trabajar en la propia persona (“aguzar el oído y darle al martillo día y noche”), deberían los jóvenes hacer uso del amor que les es dado. Consagrase y entregarse y toda forma de comunión no es cosa de ellos (pues todavía han de almacenar y recolectar durante mucho, mucho tiempo), eso es la meta final, es quizá aquello para lo que ahora a penas bastan las vidas humanas.

Cartas a un joven poeta. A Franz Xaver Kappus, 14 de mayo de 1904.

P.D: He vuelto. Y con más ganas y más fuerzas que nunca. Este botijo no lo va a hundir ni Cristo. Suerte & Justicia; Salud & República.

01 Jun 2008

Y nos dieron las 10...

- En estos días previos a los exámenes de Junio, y con la sensación de que no has hecho nada en todo el año, queda poco tiempo para el asueto. Si de él dispusiese algo más, no tengan la menor duda que no recurriría a ponerles una canción. Si no están tan agobiados como yo, paren cinco minutos y escuchen la canción. Bueno, como el tiempo está un poco tristón, romántico y nostálgico como yo, os dejo una vez más con Joaquín Sabina (a ver si hay más suerte que con la canción “con dos camas vacías”). Hoy, una canción clásica para los románticos; ¿cuántas veces no la hemos bailado en las fiestas del pueblo y en Logroño en San Mateo con esa chica que nos gustaba? Aunque luego nos dijésemos adiós y ojalá que nos volviésemos a ver. Que la disfruten:

Fue en un pueblo con mar
una noche después de un concierto;
tú reinabas detrás
de la barra del único bar que vimos abierto
-"Cántame una canción
al oído y te pongo un cubata"-
-"Con una condición:
que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata"-
loco por conocer
los secretos de su dormitorio
esa noche canté
al piano del amanecer todo mi repertorio.
Los clientes del bar
uno a uno se fueron marchando,
tú saliste a cerrar,
yo me dije:
-"Cuidado, chaval, te estás enamorando"-,
luego todo pasó
de repente, su dedo en mi espalda
dibujo un corazón
y mi mano le correspondió debajo de tu falda;
caminito al hostal
nos besamos en cada farola,
era un pueblo con mar,
yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola...
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Nos dijimos adiós,
ojalá que volvamos a vernos
el verano acabó
el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno,
y a tu pueblo el azar
otra vez el verano siguiente
me llevó, y al final
del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente,
y no halle quien de ti
me dijera ni media palabra,
parecía como si
me quisiera gastar el destino una broma macabra.
No había nadie detrás
de la barra del otro verano.
Y en lugar de tu bar
me encontré una sucursal del Banco Hispano Americano,
tu memoria vengué
a pedradas contra los cristales,
-"Se que no lo soñé"-
protestaba mientras me esposaban los municipales
en mi declaración
alegué que llevaba tres copas
y empecé esta canción
en el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.


P.D: He estado dudando si poner solo el video de Sabina, o el dúo con Rocío Durcal. No he podido decidirme.


Suerte & Justicia

Salud & República

30 May 2008

el Haya Maldita

- Las brumas entre las que se despertaba la villa hacían presumible los aciagos sucesos que en ella iban a suceder. España, siglo XIV, un tiempo de brumas, de oscuras caras que se transfiguraban a la luz del día, tiempo de señores y vasallos, de encomiendas, tenentes y merindades, de guerras entre moros y cristianos, tiempos de reyes alfonsos, más tarde de enriques, tiempo de lucha; de santos y mártires; tiempo de oscuridad, de temor y terror, pero también tiempo de caprichoso amor, de vida y de muerte. Tiempo de miedo, miedo a lo que otros dicen que hay que tener miedo. Miedo; a las brujas.

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- Se dice que residía en la villa que hoy llaman Villarta, una bruja solitaria en su ruinosa casa. El pueblo, heredad de la casa de Luna, apostado como paso del camino entre Santo Domingo y Grañón, vivía, como se podía en aquellos tiempos, tiempos buenos, si así se pueden llamar. Un pueblo con su iglesia, su Concejo y su plaza mayor. Casas bajas, de techumbre de maderos y pajas, ganado ovino y bobino, cultivo de cereales, trigo y cebada. Las carencias de estos servicios, eran suplidas escasamente por algún artesano, y por los que en el saltus, se dedicaban a la caza, Caza del jabalí y de algún otro animal, como ciervos que en aquellos montes vivían. Eran montes milenarios, montes poblados de hayas de lisa piel, blanca y moteada, conjugadas con hermosos robles que salpicaban las laderas con su armonioso tono oscuro, del que buena madera se aprovechaba. El caso, es que según las crónicas de aquella época, la citada bruja, no era el arquetipo de bruja que ahora tenemos, es decir la típica vieja con una verruga en la nariz y volando con su escoba, sino que era una hermosa y lozana moza, de la que no cabía esperar que fuese novia de Satanás. Esta moza, en edad de merecer, vivía sola en una casa al final del pueblo, y todos los días atendía sus labores en el campo, pero en su casa, dicen que había mil y un tarros con mil y una pócimas para hacer el mal. La vida pasaba tranquila en la villa, pero cuando vinieron los malos años, años de hambrunas y epidemias, la gente empezó a sospechar. Durante estas épocas, esta chica seguía igual de lozana y moza que siempre, sus cosechas seguían intactas como si no hubiese pasado nada sobre ellas, mientras el resto de huertas vecinas, se consumían poco a poco. El caso, es que el resentimiento del pueblo hacia ella se acrecentó y raro era el día que no sufría algún tipo de vejación. Esta chica, llegó al punto de contraatacar, y a cada chico y mozo que pasaba por su casa, le ofrecía un vaso de agua, que sin saberlo ellos, contenía una pócima que por la noche les hacia salir de casa y matar el ganado que en ella había. A la mañana siguiente, los chicos despertaban como si tal cosa. Al suceder estos hechos en el municipio, el pueblo tras haber comprobado las maldades de los chicos producidas por el hechizo de la bruja, montó en cólera sobre la ella así, como una masa enfurecida, poniendo en ristre bieldos, palas y teas se encaminaron a la casa de la bruja y tomándola por la fuerza, la llevaron a la cárcel. Allí la retuvieron a pan y agua hasta que a la semana, una delegación del Tribunal del Santo Oficio hizo acto de presencia en el pueblo. A la mañana siguiente, la bruja fue juzgada por dicho tribunal que la condenó a la horca en la plaza pública. Mientras era conducida al cadalso, lo único que de su boca salían eran risas que tornaron en su cara como diabólica. Ya colocado el arrollador lazo de la muerte sorbe su cuello, y no dejando de reír, se dejó caer, pero entonces, el madero que sostenía la cuerda se quebró y se cayó encima de la muchacha. Certificando su inmediata muerte, el cuerpo de la joven fue conducido hacia el monte para ser allí, hecho pasto de las fieras. Llegados al claro, a la luz del crepúsculo, el verdugo, que había llevado a sus hombros el cuerpo, se percató de que estaba vivo. Entonces, chillando como una loca, se soltó del verdugo y le arrancó una oreja de un bocado. Echó a correr, pero de nada le sirvió porque los que allí estaban, pronto la apresaron nuevamente. Dispuesta una pira de leños para quemarla, al punto en que ya se iba a iniciar la combustión de las madreas, procedió con una risa sarcástica pronunció un maleficio en latín mediante el cual, con el asombro de los allí presentes, las maderas que habían cortado para quemarla, echaron raíces, y la bruja se convirtió en un haya como tantas otras había en el bosque. Sin saber qué hacer, y después de cinco minutos de deliberación, el verdugo procedió a la tala del haya la cual lo engulló.

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- Desde luego, los que allí habían estado, no dijeron absolutamente nada a nadie, pero los malos tiempos sin tener nada que hacer, hacen que la tradición oral, haya hecho posible, que hasta nosotros llegue la historia del “haya maldita”. Aún hoy se cuenta que la bruja sigue siendo un haya, “el haya maldita”, la llaman, también comentan que se alimenta de los animales del bosque, pero si algún humano se adentra en el bosque y se pierde, el haya lo atrae con un dulce y armonioso canto, y cuando lo tiene a su merced lo engulle y se lo traga, en venganza por los que la quisieron matar.

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28 May 2008

Con dos camas vacías...

- Ya siento no haber escrito en todos estos días, pero mi deber como estudiante me ha reclamado con más fuerza. Hoy, que he sacado algo más de tiempo, os dejo con otra de Sabina, “con dos camas vacías”, versionada por María Jiménez. Mañana, si me da tiempo, o en breve, escribiré algo con más enjundia, o eso espero. Bueno, pues que la disfruten S&J; S&R:

Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos,
ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
antes de que me quieras como se quiere a un gato
me largo con cualquiera que se parezca a tí.

De par en par te abro las puertas que me cierras,
me cuentan que el olvido no te sienta tan mal,
la paz que has elegido es peor que mi guerra,
aquella cama nido parece un hospital.

Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento
que muerde las esquinas de esta ciudad impía,
pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento
desde un hotel de lujo con dos camas vacías.

¿Quién hará mi trabajo debajo de tu falda?,
la boca que era mía ¿de qué boca será?,
el roto de tu ombligo ya no me da la espalda
cuando pierdo contigo lo que gano al billar.

Aunque nunca me callo, guardo un par de secretos,
lo digo de hombre a hombre, de mujer a mujer.
Ni me caso con nadie, ni guardo pa´ mis nietos,
por no tener no tengo, ni edad de merecer.

Como pago al contado nunca me falta un beso,
siempre que me confieso me doy la absolución,
ya no cierro los bares ni hago tantos excesos,
cada vez son más tristes las canciones de amor.

23 May 2008

El Cuervo, un poema de Edgar Allan Poe

- Este poema de Edgar Allan Poe, es sin duda alguna uno de sus mejores textos, a parte de la adaptación cinematográfica… (sin comentarios) que lo disfruten.

EL CUERVO

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Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

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Sobre este blog

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Historias de un botijo en alta mar

La idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.

Ui Ueri Ueniversum Uivus Uici, o lo que es lo msimo: con la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo

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