21 Ago 2008
Perdone amigo Mario, por llamarle Eduardo

Cuando te levantas por la mañana, no tienes ni idea de la mayoría de cosas que te van a pasar en ese día. Bien es cierto, que con anterioridad te haces una agenda mental, para prepararte el día. Mi agenda del martes, a las 7 y 10 coger el autobús con una excursión de Corporales en dirección Zaragoza a la Expo, sin más premeditación ni alevosía que pasar un buen día visitando la famosa exposición del agua. Eso mismo me pasó a mi ayer, nunca sabes con quién vas a cruzar tus pasos allí donde vayas, estés en Logroño, en el pueblo o en la Expo. Del viaje poco he de decir, un gran día acompañado por gente del pueblo y por una amiga de la universidad. La Expo??? Pues qué quieren que les diga, será porque soy de letras o de pueblo, yo si voy a ver una exposición sobre el agua, lo menos que pido es que haya algo de agua ¿no?, salvando las caudalosas y procelosas aguas del Iber, que bajan igual de marrones en Logroño y en Zaragoza y cuatro fuentes ornamentales, esparcidas por todo el recinto, allí no había agua ni debajo de las piedras. Todo hormigón, países y pabellones explicando y enseñando cosas sobre el uso, consumo y aprovechamiento del agua en cada país, pero no acabó de cuajar. Una impresionante dedicación por decirnos que hay que ahorrar, no malgastar, e intentar concienciarnos en que no derrochemos tanto. EL conjunto arquitectónico una maravilla, el puente sobre el Iber en forma de gladiolo, narciso o no sé qué planta, maravilloso, unas vistas del Pilar espectaculares, el recinto limpísimo, papeleras cada diez pasos, muy bien todo, pero el trasfondo no acababa de calar. Por cierto, que como he dicho, los países se afanaban en mostrar al mundo sus cosas con el agua, otros se dedicaban al trueque en un bazar, hacían exhibiciones alegóricas del líquido elemento… Un pabellón, exprofeso para las Comunidades Autónomas, en el que La Rioja tenía su pequeño puestecito. Pues eso, pequeño y mal puesto. Yo la verdad, quedé hondamente defraudado. Pequeño espacio con dos paneles explicativos, y cómo no, cuatro botellas de Paternina, viña Tondina, Marqués de Cáceres y Faustino V. Y a casita, que llueve. Otra cosa que no ha gustado (y no solo mi) es la duración de esta exposición. De abril a septiembre, seis meses, medio año, todos coincidimos en que deberían dejarla más tiempo del que está, pero bueno. Después de mostrarles mi parecer con este invento, vamos a lo que en realidad me ocupaba en un principio en mi blog. Como ya digo ayer estuve en la Expo, recinto muy grande, en el que puedes estar varios conocidos y no verte en todo el día. Quizá porque yo le conocía de vista y por la televisión, me crucé con él. Tuve la oportunidad (que no desaproveché) en septiembre del año pasado de conocerle en persona, aquí en Logroño. Las medidas de seguridad y la cantidad de gente que se agolpaba en el interior del edificio, hacía más difícil ni siquiera verle. Pero le vi. Ayer tuve una segunda oportunidad, la oportunidad de charlar escasos diez minutos con él. Aunque nuestro encuentro, al principio, no fue muy “correcto” que digamos. Gente parada alrededor de dos señores de traje, atrae e más gente, la curiosidad de la uox pópuli, el morbo que da estar con un famoso. Un hombre alto, canoso, que vestía americana azul marino, camisa azul cielo y pantalones azules, se volvió hacia mí y me preguntó mi nombre. Don Mario Vargas Llosa, volvió su cuerpo en respuesta, a la que sin duda ha sido una de mis grandes meteduras de pata: Don Eduardo ¿me firma un autógrafo? –Por supuesto, ¿cómo te llamas? - Jesús. Desde luego, no sé si fueron los nervios, la emoción o que llevaba todo el día pabellón arriba, pabellón abajo, que en vez d decir Don Mario, dije Don Eduardo. Comprensivamente, sin duda él al ver mis emocionados ojos, comprendió mi error y aún así, escribió en la libreta que el extendí: “A Jesús, con un abrazo. Mario Vargas Llosa”. Como digo, en los escasos 5 minutos que compartimos, tuve ocasión de decirle, que le vi el año pasado en septiembre, recogiendo el doctorado honoris causa en la UR, y que yo estudiaba en la misma universidad Filología Hispánica. Deseándome lo mejor en la carrera que acababa de empezar, nos dimos la mano y nos despedimos. Perdone desde aquí, amigo Mario, por llamarle Eduardo.


11 Ago 2008
En segunda, por favor. Vagón 16
No me podía permitir un billete más caro. Pedí en taquilla un billete de segunda de Reus a Logroño. Cuando apareció el Talgo, imponente, proveniente de Barcelona, cogí la pequeña maleta y subí al vagón 16, que era el que correspondía a mi asiento. Bancos corridos de madera a cada lado, con un estrecho pasillo al centro. Encima de nuestras cabezas, un estante para colocar el equipaje. Pronto el vagón se llenó de pasajeros. Familias con hijos, y lo que conlleva. Señoras mayores, de luto negro, por el marido perdido. Alegres señoras con dos capones en una cesta y la compra del mercado de Reus, algún militar de permiso, y alguna criada, cuyas amas, por no pagar otro billete en primera, las condenaban al vagón 16. La algarabía y el popurrí de acentos y cantos de los allí presentes hacía pensar que menos en un vagón, estabas en un mercado. Caras alegres y rostros felices. Todos hablaban con todos. No tardó en pasar el revisor mirándonos los billetes, me dijo que en la locomotora estaba mi hermano, y al poco tiempo, se me ocurrió ir a verle. Al pasar de segunda clase, parece que se abrieron las puertas de palacio. Un pasillo el doble de ancho, barbas graves, vestidos de tiro largo, con sombreo a la moda y una cigarrera amable, que ofrecía a los hombre puros y cigarrillos. El vagón restaurante, con todo su lujo, las mesas manteladas de blanco, la vajilla bien colocada y las ventanas con dosel. No tardé mucho más en reunirme con mi hermano, aunque pronto volví al vagón 16.
Nunca me imaginé que un tren de finales del siglo XIX se pareciese tanto a uno del siglo XXI. El vaivén y el armonioso y lento movimiento era el mismo de aquellos años. La Primera clase (llamada preferente) y la segunda (llamada turista), dudo mucho que en estos haya tercera. Aunque la apariencia interna haya cambiado y sean ahora asientos mullidos en vez de bancos de madera, la actitud de las personas no ha cambiado con el paso de los años. Señores de traje o no, pero con rostros graves. Señoras enjoyadas, con elegante parafernalia bisutera. Amplios espacios y sillones más cómodos. Con vagón-cafetería; En la clase turista la uox populi, alegres jóvenes que regresaban de sus vacaciones y gente despierta y alegre que hablaba con su compañero de viaje. Si acaso tuvieses que ir a dejar la maleta al vagón reservado para ello, pasando por preferente, ¡salve sea que no te mirasen mal!, cuanta hipocresía. Un poquito arrugados sí que íbamos, pero lo compensaba la animada charla en que íbamos pasando el rato.
Al llegar a Logroño, varios coches de caballos esperaban al otro lado de la estación. ¡Bautista! A casa. Estos viajes me dejan molida. Bajé y yo fui a casa andando. Hoy ya no esperan coches de caballo, ya solo esperan los coches, aunque de ellos sigan tirando los caballos.



25 Jul 2008
El amanecer que nunca ví o la historia del amanecer que nos dio la espalda
- La noche, de pesado calor, no nos desanimó ni un momento, después de salir de casa algo más calentitos (y lo digo por los dos vasos de whisky que me metí pal cuerpo) fuimos a paso ligero a la discoteca. Puta manía en esta ciudad de cobrar a los tíos después de la una y las tías gratis toda la noche. (Habla X) Cuestiones de marketing, que lo he estudiado, Jesús. (Hablo yo) Pues me cago yo en el marketing y en tus estudios. Con lo tranquilo que soy yo para todo, y ahora venga deprisa.
- En la misma esquina de todos los días, como una jauría hambrienta de perros sarnosos se preparaba una amalgama de hombrecillos guiris, hijos de la Gran Bretaña, rubios colorados (que se ve que no conocen la crema del sol) abrumados por unos personajes, de extraño acento porteño, más cansos que una vaca de madera en brazos, y dicen que a estos tales les llaman relaciones públicas. (Advertencia a Jorge, ahora hablan los RR.PP) Chicas, chicos, a dónde van? (Narrador) Con acento argentino, deje alegre, pero cansado, por lo que sin duda es un trabajo de mierda. (RR.PP otra vez) Van de fiesta? Ya saben dónde van a ir esta noche? Pásense por aquí, chupitos gratis, fiesta de no sé qué y algo de mas allá. Mira, suben esa calle, y la primera a la derecha. (Ahora hablo yo) Que sí chato que sí, que ahora vamos. (Narrador) Y si consigues salir vivo, te juntas con 80 flyers, free pass (o simplemente tarjetitas odiosas que da esta gente) de veinte mil discotecas, anunciando la fiesta y el odioso chupito. Ay qué cosas te cuento, botijo.
- ¡Albricias Alvar Fáñez! Por fin llegamos a la discoteca, la noche ya era algo más fresca, pero la bocanada de aire viciado por los espirituosos y por algo más que tabaco sospechoso nos pegó en la cara como una bofetada. La música a tope, la gente hasta el culo y allí estaba ella, subida en un pódium, la gogó más hermosa que jamás habían visto mis ojos. Piel morena, ojos marrones, pelo negro y un cuerpo de infarto. Mi musa, que dirían los clásicos, un ser inalcanzable, pero en la que tampoco merece la pena malgastar versos sibilinos, mejor cantarle a mi amigo Jack. Ese sí que me escucha y me entiende. Largas y arduas disertaciones entre vaso y vaso hemos tenidos, y las que vendrán compañero, y las que vendrán. La noche pasó como pasan las noches de fiesta, entre baile y baile, y pasado un rato, afuera al jardincito. Gran acierto de las discotecas de esta ciudad, que como digo yo (y hablo yo) esto si lo patentas en Logroño, triunfa.
- Llegó la hora del cierre y como siempre en cada mochuelo a su olivo (el que por fortuna pudo, no acabó en el suyo, sino en otro, sin duda más placentero). Bajando a casa, hablando de las banalidades de la vida, se nos ocurrió al compañero Mallafré y a un servidor, que era pronto meterse en casa, y por estar cercana la hora del alba, pues allí que nos fuimos a ver amanecer en el Mediterráneo. Tras dirimir unos escasos minutos con las chicas si venían o no, siendo ellas en desbandada las que se fueron a casa, pusimos nuestros pasos camino hasta una playa cercana, algo más pequeña, que llaman dels capellans, para ver ese magnífico espectáculo de la madre natura como es el amanecer. No pude resistirme y la música de mi móvil; lenta, pausada y antigua se puso a sonar mientras esperábamos al alba. Hablando de la vida, de lo pasado, de lo que va a venir, y de lo que queríamos que viniese, nos pillaron las horas, pero aquello no acababa de salir. Un poco trastocado, se me ocurre mirar para atrás, y no sé qué puñetas hicimos, si tanto se enfadó con nosotros la madre naturaleza, o los astros del cielo o el hado, que salto: Hijos de puta; Jorge, está amaneciendo por detrás, no por el mar. No pudimos sino reírnos y marcharnos a casa con el recado; cabizbajos y afligidos, entre pozos de silencio.
A Jorge Mallafré Muro y por extensión al resto de la tripulación. Y no dejes de buitrear chatos.

P.D: Hubiese puesto fotos del amanecer, pero... no tengo ;)
20 Jun 2008
Amarse de igual a igual
AMARSE DE IGUAL A IGUAL
Amarse de igual a igual; esto es quizá lo más difícil que nos ha sido encomendado, la tarea suprema, la prueba y el examen últimos, el trabajo para el que cualquier otro trabajo es solo preparación. Por eso, los jóvenes, principiantes en todo, aún no dominan el amor: aún tienen que aprenderlo. Han de aprender a amar con todo su ser, con todas sus fuerzas congregadas en torno a su corazón solitario y ansiosos, que late hacia las alturas. Pero el periodo de aprendizaje es siempre un largo periodo de aislamiento, y así, por mucho tiempo y hasta muy avanzada la vida, amar es, para el que ama, soledad, un estar solo más grande y más hondo. En un principio, amar no es algo que implique consagrarse, entregarse y unirse a otro (pues ¿qué sería la unión de lo no clarificado, no terminado, aun subordinado?); en el individuo es un noble motivo para madurar, para llegar a ser algo en sí mismo en aras de otro; es una exigencia grande y muy poco modesta, algo que hace de él un elegido y lo llama a cosas grandes. Solo visto así, como una misión la de trabajar en la propia persona (“aguzar el oído y darle al martillo día y noche”), deberían los jóvenes hacer uso del amor que les es dado. Consagrase y entregarse y toda forma de comunión no es cosa de ellos (pues todavía han de almacenar y recolectar durante mucho, mucho tiempo), eso es la meta final, es quizá aquello para lo que ahora a penas bastan las vidas humanas.
Cartas a un joven poeta. A Franz Xaver Kappus, 14 de mayo de 1904.
P.D: He vuelto. Y con más ganas y más fuerzas que nunca. Este botijo no lo va a hundir ni Cristo. Suerte & Justicia; Salud & República.
13 Jun 2008
Que cuando vienen del campo...
Que cuando vienen del campo vienen cantando
¿Por qué vienen tan contentos los labradores?
Que cuando vienen del campo vienen cantando
Ya vienen del ver el fruto de sus sudores.
Que ven las espigas de oro que van granando;
Que ven las espigas de oro que van granando
¿Por qué vienen tan contentos los labradores?
A todos los labradores del mundo y de todas las épocas, especialmente en esta que se ve todo tan negro. Especialmente a mi abuelo, que es, como pone en su carnet de identidad viejo, de profesión: labrador. Y por supuesto, también a todas las labradoras (que también está negro el asunto)

10 Jun 2008
Logroño 1521
10 de mayo de 1521; Un jinete galopa como el viento por los caminos que usan los peregrinos que recorren Navarra hasta la frontera con Castilla, donde se erige Logroño, imponente fortaleza castellana. En su saya lleva un mensaje para el capitán de fronteras y corregidor de la ciudad de Logroño Don Pedro Vélez de Guevara. El muchacho llegó al vado donde se pasa al puente de piedra que cruza el Ebro, y que lleva a la puerta norte. Pronto, el corregidor atendió al muchacho, que decía venir de parte del capitán de las tropas castellanas de Carlos I apostadas en Navarra para parar al ejército francés.
"Al señor corregidor de la muy noble y muy leal ciudad de Logroño: sepa vuescencia que los pocos recursos que nos quedan no son los suficientes para contener el avance de las tropas de Asparrot. Las huestes comuneras y algunos navarros ayudan al enemigo y nosotros poco más podremos aguantar; el avance hacia Viana es inminente, enseguida el ejército llegará a Logroño. Prepare la ciudad para resistir ante el enemigo."
-¡Me cagon mis muelas! Gracias chico.- dijo don Pedro al leer el papel amarillento que le había entregado el chaval -¡Alguacil! Llame a Concejo en Santiago. ¡Venga ostia!- La tarde iba pasando, y uno a uno entraban por la puerta de la iglesia el concejo de la localidad. Burgueses y artesanos en Santiago reunidos, decidieron hacer frente a las tropas francesas. La ciudad se puso manos a la obra. Se reforzaron los puntos débiles de la muralla y se enviaron oteadores hasta Viana para ver cómo se desarrollaba el combate. La mañana del 23 de mayo, el cura de Santiago, desde la torre vio que el agitado paso de las tropas francesas se acercaba desde Viana. Pronto subió el corregidor a la torre a ver el espectáculo que las hordas galas estaban montando. -Mi capitán, pa´mi que estos quien quedarse.- dijo el cura. -Que se queden- musitó Pedro. -Y sabrá este porqué nos llaman nobles y leales.-
Frente a las murallas viejas de Logroño un centenar, más quizá, de tiendas de campaña se establecieron, como intuyó el cura, para quedarse, al menos apostadas unos días. Las mañanas de mayo frescas en el norte, hacen que a André de Foix se le alegre el ánimo. Agh! El aigge navaggo me sienta bien.- dijo Asparrot –Mejog sentagá el castellanou, mon capitain- dijo un suboficial francés. Las tropas que bajo su mando salieron de París habían tomado ya Pamplona, Estella y Viana. Pero pronto el puro aire de Navarra se le va a atravesar al francés, justo, cuando la mañana del 25 de mayo, tras estar unos cuantos días carteándose con el corregidor de Logroño, le llegaron estas líneas: “…que aunque vuescencia me asegure que va a passar con sus tropas por esta villa sin façer danno e respetando haciendas e vidas, le repito que Logroño no abrirá sus puertas al enemigo francés habiendo en ella uno solo de sus habitantes con vida para defender la plaça. Nos defenderemos hasta la muerte.” -Peggo, Françiose, esto, que´est que çe?- -Que la ciudad no se rinde, mon capitain-. -D´accord, ellos lo han queggido.- Ahoga, pgonto, toca a comabate-.
El fulgor de las tropas francesas fue paliado con la astucia de aquellos logroñeses, que primero inundaron con las aguas del Ebro el campamento francés y con escaramuzas nocturnas hacían estragos entre las filas francesas. -Condenados loggonieses- Los días pasaban y la ciudad resistía al mando de don Pedro Vélez de Guevara, los ciudadanos distribuidos en grupos atacaban al enemigo, reforzaban la muralla, ayudaban a los heridos. Los ánimos franceses no decaían, pero previsor, el capitán mandó una carta al merino de Nájera, don Antonio Manrique de Lara, para que viniese a ayudar a los logroñeses que desde hace 17 días aguantaba el envite francés como podía. –Señor, dicen las mujeres que casi ya no queda comida en las despensas nada más que unos corruscos de pan y odres de vino, que merman cada día. Pues ya sabes, prepara un grupo de diez hombres y esta noche baja al Ebro y pescad cuanto podáis para comer. La mañana del 10 de junio, sin duda alguna los logroñeses embistieron al enemigo con más fuerza. A lo lejos y a pesar del ruido de los cañonazos franceses y logroñeses, se oyeron las trompetas de socorro, las huestes de Carlos I al mando de Antonio Manrique de Lara llegaban desde Nájera para ayudar a Logroño. Un total de 20.000 hombres que arremetieron y persiguieron a los franceses, con lo que Asparrot tuvo que cejar en su empeño de dominar Logroño y marchar en desbandada hacia su casa.
Al ver los logroñeses que los franceses abandonaban sus puestos, salieron todos de sus casa gozosos de alegría. Al día siguiente, la ciudad mudó su cara y se volvió alegre y festiva. –Cura, ¿qué santo es hoy?-, -San Bernabé, creo señor- -Bien, pues a él haremos voto y tendremos por patrón, ya que ha sido hoy cuando nos hemos librado de esos malditos franceses- Y el pueblo salió a la calle, que recorrió la ciudad, parándose en cada puerta de la muralla, donde el corregidor de la villa, con el pendón del sitio, daba un banderazo como señal de domino a la ciudad, ciudad que resistió el asedio francés durante 18 días; ciudad muy noble y muy leal, a la corona de Castilla.
Este es el homenaje que hoy yo rindo a Logroño. Tras la ascensión al trono imperial alemán, Castilla sufre la invasión de las tropas francesas de Francisco I, mientras Carlos V estaba en Flandes. Estas tropas contaron con el apoyo de algunos comuneros y de los navarros, que tras la anexión de Fernando II, pertenecían a Castilla. En este contexto als tropas mandadas por André de Foix, conde de Foix y señor de Asparrot (más conocido como Asparrot) llega a las murallas de Logroño, viejas conocidas para la famila de Fiox, ya que en 1336, tampoco habían sucumbido a las tropas de Gastón de Foix, siendo los logroñeses dirigidos por Ruiz Díaz de Gaona. Para 1521, Logroño contaba con unas ventajas fiscales heredadas del fuero de Alfonso VI y ampliadas sucesivamente con el título de ciudad en 1431, por Juan II, dándosele el 20 de julio de 1444 los títulos de “Muy noble y muy leal” ciudad de Logroño. Fueros ampliados tras esta batalla, siendo rey Carlos I de Castilla que en 1523 llega a Logroño, otorgando al escudo de la ciudad las tres flores de lis, insignia del ejército francés al que habían resistido. Este es sin duda uno de los pasajes de la historia de Logroño que todos sabemos, pero que a la vez todos desconoces. Espero que les haya gustado.
30 May 2008
el Haya Maldita
- Las brumas entre las que se despertaba la villa hacían presumible los aciagos sucesos que en ella iban a suceder. España, siglo XIV, un tiempo de brumas, de oscuras caras que se transfiguraban a la luz del día, tiempo de señores y vasallos, de encomiendas, tenentes y merindades, de guerras entre moros y cristianos, tiempos de reyes alfonsos, más tarde de enriques, tiempo de lucha; de santos y mártires; tiempo de oscuridad, de temor y terror, pero también tiempo de caprichoso amor, de vida y de muerte. Tiempo de miedo, miedo a lo que otros dicen que hay que tener miedo. Miedo; a las brujas.

- Se dice que residía en la villa que hoy llaman Villarta, una bruja solitaria en su ruinosa casa. El pueblo, heredad de la casa de Luna, apostado como paso del camino entre Santo Domingo y Grañón, vivía, como se podía en aquellos tiempos, tiempos buenos, si así se pueden llamar. Un pueblo con su iglesia, su Concejo y su plaza mayor. Casas bajas, de techumbre de maderos y pajas, ganado ovino y bobino, cultivo de cereales, trigo y cebada. Las carencias de estos servicios, eran suplidas escasamente por algún artesano, y por los que en el saltus, se dedicaban a la caza, Caza del jabalí y de algún otro animal, como ciervos que en aquellos montes vivían. Eran montes milenarios, montes poblados de hayas de lisa piel, blanca y moteada, conjugadas con hermosos robles que salpicaban las laderas con su armonioso tono oscuro, del que buena madera se aprovechaba. El caso, es que según las crónicas de aquella época, la citada bruja, no era el arquetipo de bruja que ahora tenemos, es decir la típica vieja con una verruga en la nariz y volando con su escoba, sino que era una hermosa y lozana moza, de la que no cabía esperar que fuese novia de Satanás. Esta moza, en edad de merecer, vivía sola en una casa al final del pueblo, y todos los días atendía sus labores en el campo, pero en su casa, dicen que había mil y un tarros con mil y una pócimas para hacer el mal. La vida pasaba tranquila en la villa, pero cuando vinieron los malos años, años de hambrunas y epidemias, la gente empezó a sospechar. Durante estas épocas, esta chica seguía igual de lozana y moza que siempre, sus cosechas seguían intactas como si no hubiese pasado nada sobre ellas, mientras el resto de huertas vecinas, se consumían poco a poco. El caso, es que el resentimiento del pueblo hacia ella se acrecentó y raro era el día que no sufría algún tipo de vejación. Esta chica, llegó al punto de contraatacar, y a cada chico y mozo que pasaba por su casa, le ofrecía un vaso de agua, que sin saberlo ellos, contenía una pócima que por la noche les hacia salir de casa y matar el ganado que en ella había. A la mañana siguiente, los chicos despertaban como si tal cosa. Al suceder estos hechos en el municipio, el pueblo tras haber comprobado las maldades de los chicos producidas por el hechizo de la bruja, montó en cólera sobre la ella así, como una masa enfurecida, poniendo en ristre bieldos, palas y teas se encaminaron a la casa de la bruja y tomándola por la fuerza, la llevaron a la cárcel. Allí la retuvieron a pan y agua hasta que a la semana, una delegación del Tribunal del Santo Oficio hizo acto de presencia en el pueblo. A la mañana siguiente, la bruja fue juzgada por dicho tribunal que la condenó a la horca en la plaza pública. Mientras era conducida al cadalso, lo único que de su boca salían eran risas que tornaron en su cara como diabólica. Ya colocado el arrollador lazo de la muerte sorbe su cuello, y no dejando de reír, se dejó caer, pero entonces, el madero que sostenía la cuerda se quebró y se cayó encima de la muchacha. Certificando su inmediata muerte, el cuerpo de la joven fue conducido hacia el monte para ser allí, hecho pasto de las fieras. Llegados al claro, a la luz del crepúsculo, el verdugo, que había llevado a sus hombros el cuerpo, se percató de que estaba vivo. Entonces, chillando como una loca, se soltó del verdugo y le arrancó una oreja de un bocado. Echó a correr, pero de nada le sirvió porque los que allí estaban, pronto la apresaron nuevamente. Dispuesta una pira de leños para quemarla, al punto en que ya se iba a iniciar la combustión de las madreas, procedió con una risa sarcástica pronunció un maleficio en latín mediante el cual, con el asombro de los allí presentes, las maderas que habían cortado para quemarla, echaron raíces, y la bruja se convirtió en un haya como tantas otras había en el bosque. Sin saber qué hacer, y después de cinco minutos de deliberación, el verdugo procedió a la tala del haya la cual lo engulló.

- Desde luego, los que allí habían estado, no dijeron absolutamente nada a nadie, pero los malos tiempos sin tener nada que hacer, hacen que la tradición oral, haya hecho posible, que hasta nosotros llegue la historia del “haya maldita”. Aún hoy se cuenta que la bruja sigue siendo un haya, “el haya maldita”, la llaman, también comentan que se alimenta de los animales del bosque, pero si algún humano se adentra en el bosque y se pierde, el haya lo atrae con un dulce y armonioso canto, y cuando lo tiene a su merced lo engulle y se lo traga, en venganza por los que la quisieron matar.

19 May 2008
Las lagrimas de Santa Cristina
- Cuando era niño, me gustaba escuchar los cuentos y leyendas que me contabas mis abuelos. La tónica que adquiría cada tarde de sábado, me transportaba en el tiempo muchos años atrás, pero siempre a corta distancia, siempre alguna historia sobre Corporales. Mi abuela era por lo general la que me contaba historias fantásticas o relacionadas con algún santo o cosa parecida; Al contrario, mi abuelo siempre ponía ese punto realista contándome más que leyendas, su vida en forma de cuentos que me contaba antes de ir a dormir.
- Ahora, como me dijo un profesor, ya no queda tiempo para ver las flores y los románticos nostálgicos nos conformamos con el recuerdo, siempre vivo de rimas y leyendas, que una vez más, la tradición oral ha hecho presentes hasta hoy. La lluvia, como un post anterior, es hoy objeto de mi post. Me gusta ver la lluvia caer desde la ventana de mi habitación, me relaja con una música lenta de fondo. Cuando cae poco, me gusta bajar por Portales hasta el ayuntamiento. Logroño está bonito cuando llueve. La estampa que se produce es indescriptible para un romántico como yo. Logroño renace cada vez que llueve.
- Cada vez que estoy en Corporales y llueve, mi abuela siempre dice lo mismo, “mira como cae, esto es Santa Cristina, que está triste y llora”. ¿Por qué? preguntaba mi voz de niño. Hace mucho tiempo, un poco más arriba de la era de Sampol, había una ermita dedicada a Santa Cristina, donde vivía un ermitaño. El paraje desde donde se alzaba el pequeño templo, asemejaba como un tapiz verde. Subiendo más arriba, en la cumbre de Sampol, se ve el San Lorenzo, hermoso manto blanco cubre la escarnecida roca de la cima del santo patrón de Ezcaray. Los azules que tiñen el cielo no deslucen ni por un momento, los algodones celestes ni siquiera osan hacer acto de presencia. Bajando la mirada se alcanza la población de Corporales, mas allá Grañón y su cerro, villa del camino Santo Domingo, Villarta y Quintana, a lo lejos los días claros, las peñas de Cellorigo. Esta pequeña ermita, albergaba nada más que la imagen de Santa Cristina, a la que devotamente subían de Corporales a honrar y venerar el primer fin de semana de mayo. El ermitaño, santo varón aguantaba los fríos inviernos de la Demanda y los sosegados veranos del norte. Pero todo se pasa y este buen hombre feneció en la promesa de guardar la ermita y fue a encontrarse con Dios. Mientras, la ermita seguía inerte, un pequeño filón de roca gris en el verdor de los campos de mayo, que no ha medio mes tornarán a amarillo. Pero lo que no se cuida perece y los inviernos son duros en la montaña. Un año de grandes nevadas, hizo que el tejado se venciese y esta quedase al descubierto. Noticia hay que alguno subió por la imagen, pero al ir a cogerla no se pudo con ella. Tras las nevadas de enero, las lluvias de marzo llegaron y el deshielo hizo que las piedras en ruinas terminasen de vencerse y así la ermita, con una pared sana que hacía de dique al agua que venía de monte cayó, arrastrando la imagen por el lecho del rio. Lo que no pudo el hombre piadoso, pudo la madre natura. Y la talla de Santa Cristina bajó rio abajo hasta derivar en el imponente cauce, aunque hoy seco, del rio Oja que da nombre a la comunidad. El pausado paso de las aguas llevo a la imagen poco más allá, parándose caprichosa a merced de las aguas en un lado, cerca, casi en la puerta de la ermita de las Abejas, de Santo Domingo. El buen hombre que de ésta ermita se hacía cargo, al ver la imagen la limpió y la llevo al interior del templo. Si algún día pasáis por allí, entrad a ver la imagen de la santa. Un trueno me sacó de mis pensamientos. “¿ves Jesús? Santa Cristina, está llorando, porque no está en Corporales.” Sonreí a mi abuela, “lo sé abuela, lo sé” y quedé confuso mirando por la ventana aquel túmulo de piedras donde un día descansó la imagen de Santa Cristina, que hoy llora por no poder estar en Corporales.
- Sé que hay cosas peores que la lluvia, pero cada vez que llueve no puedo evitar sonreír y acordare de la historia que me contaba mi abuela. Si en Corporales lloraba Santa Cristina; Logroño llora porque estoy triste, y cada vez que lloro, la ciudad también llora, y Logroño renace y yo renazco de mis propias cenizas, rescoldos de experiencias pasadas, de momentos idos que llevo en el corazón.

16 May 2008
La lluvia de los días
El calor del día se fue apagando por la suave brisa del norte. El claro cielo se encapotó de nubes. A pesar de este panorama se estaba bien en la calle.
Cuando dos o tres gotas cayeron, decidimos entrar en casa. Desde hacía varios días, la melancolía inundaba mi cara y a mi cabeza habían vuelto pasajes de mi vida que no creía que fuesen a volver a ella.

Después de colgar el teléfono me dirigí al salón de arriba y puse en la gramola los grandes éxitos de Gardel. Sentado en el sofá me puse a contemplar por la ventana el cielo gris con la luz apagada. Encendí la pipa, cogí la pluma y la libreta y empecé a escribir. Un trueno me sacó de mis pensamientos.
Ella entró por la puerta con una bandeja y dos tazas de café humeante. Se sentó junto a mí. Dejé de escribir y cogí la taza que me ofrecía. Delicioso. Nadie prepara el café como ella: solo y con un chorrito de whisky. Solo ella sabe ya hacerme feliz.
Sintió frío y sacó de un cajón del mueble una pequeña manta con la que nos tapamos las piernas. Yo seguía fumando de la pipa, le cogí la mano y ella posó su cabeza en mi hombro. En la mesita, junto a la taza de café un clavel y una rosa rojos.
Ahora acaricia mi pelo cano. Sigue haciendo el mismo café. Todavía estamos sentados juntos en el sofá viendo atardecer y viendo como el tiempo marchita la rosa y el clavel. Nunca fueron bastante las veces que le dije que la quería. Este camino en el que ella no está me supera, pero ya, nada importa: pronto volveré a probar su café como a mí me gusta.
Ya tengo las maletas hechas, esta tarde cojo el tren y en la última estación estará ella esperándome. Con el traje bueno, el chaquetón, el sombrero, la pipa en la boca y el billete en la mano, sentado en un banco del andén, noté como el calor del día se iba apagando por la suave brisa del norte.

14 May 2008
Por la tarde...
- Esta tarde he experimentado muchos sentimientos que son característicos de muchos personajes tipo de los que se ha escrito. Esta tarde, cuando he llegado a casa, he disfrutado de la comida como si fuese la última, como si después del banquete recorriese la milla verde y fuese a encontrarme cara a cara con el desenlace de mi novela. Esta tarde después de comer, me he sentado en el sofá con el café y me he echado una siesta, como las siestas de que disfrutan los bebes y los ancianos; esta tarde he disfrutado de ese sueño reparador que me ha abrazado hasta el abismo del onirismo. Esta tarde después de la siesta, he realizado mis trabajos con la misma pasión que demuestra alguien con arrojo y valor, con el mismo estoicismo de alguien resignado a pasar su vida encadenado a una casa, un coche, un trabajo… con el mismo estoicismo de las masas a las 8´30 de la mañana cuando va al trabajo. Esta tarde me he afeitado con la navaja frente al espejo como un vaquero del oeste antes del duelo en la calle. Mirándome al espejo he sentido lo que sentía cualquier gran hombre en la tranquilidad del aseo mientras se afeitaba, estuviese en guerra o en paz. Esta tarde, después de cenar pronto, una cena parca en alimentos, como deben ser las cenas, he salido a la calle y he experimentado un nuevo sentimiento que en toda la tarde no había experimentado. Ese sentimiento era la unión del bebe y el vaquero, de la masa de las 8´30 y del reo condenado a muerte, ese sentimiento era mío, era yo.

Sobre este blog
Historias de un botijo en alta mar
Jesús Murillo SagredoLa idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.
Ui Ueri Ueniversum Uivus Uici, o lo que es lo msimo: con la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo
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