Disce te ipsum; Disce, non sones.
- Siempre que desde esta cátedra que me han adjudicado sin derecho propio he hablado de política o historia lo he hecho con la finalidad de enseñar, sin transmitir ningún mensaje de ningún color. Cuando he hablado de la educación y la he criticado, a día de hoy puedo decir que no me retracto mis palabras. Creo que la forma de dar clases, tanto en bachiller como en la universidad, se sigue ciñendo, como en los siglos anteriores a las clases magistrales, llenas de erudición, donde el alumno copiaba y copiaba todo el día. Esta mañana me he enterado que los planes de Bolonia quieren “abolir” esa vieja consideración y hacer del alumno su propio profesor, es decir, el profesor ya no daría esas clases magistrales, sino que se limitaría a ser el guía del alumno, y debe ser éste quien se enseñe a sí mismo. Esta labor me parece muy loable, de no ser porque el sistema educativo superior español es como la casa la Charito. Primero tenemos que modificar todo ese sistema y adaptarlo al europeo, y eso pasa por dejar todas las licenciaturas (que ya no serán licenciaturas, sino grados) a cuatro años, aumentando en un año las carreras de tres y suprimiendo uno en las de cinco. Dentro de España (y ya no a nivel europeo, como he dicho alguna vez) se debe cambiar todo el sistema educativo, en especial la educación secundaria no obligatoria para no formar borregos, sino personas. Bien, el tema que ahora me lleva a escribir estas líneas no es ni los tratados de Bolonia, ni mucho menos cuestionar la gestión administrativa de la educación a nivel regional ni nacional (muy cuestionable por otro lado). Lo que realmente me lleva a escribir estas líneas es la relación alumno-estudio-profesor.
- Esta mañana he recordado con agrado y nostalgia, un suceso que me ocurrió en el instituto en segundo de bachillerato en clase de latín. El profesor, don José Ignacio Cadiñanos Castro, entró en el seminario y sin decir nada nos entregó un folio en blanco y escribió con su esmerada letra en la pizarra, la siguiente frase: “Sólo aprende quien se enseña a sí mismo; quien no se enseña a sí mismo no aprende; como mucho, tintinea”. Al acabar esta frase, dejó caer la tiza y dirigiéndose a nosotros, dijo: “escribid lo que os parezca sobre esta frase”. Desconozco por completo las causas que le llevaron a hacer aquello. Lo cierto es que aquella frase me marcó. Después de escribir en el folio y de leerlo en voz alta, comenzó a explicarnos el sentido de la frase. La labor del profesor es la de guiar al alumno, no la de abotagarle con información, tiene que ser el profesor el que la facilite, desde luego, pero debe ser el alumno el que la descubra, y el que investigue, encuentre y valore; De este modo, la formación será mayor en contenidos y en aplicación de los mismos. Yo puedo venir, daros el temario y marcharme, vosotros tomar apuntes y preguntar si tenéis dudas, pero la asimilación de los conceptos no es la misma. Es preferible saber poco del conjunto que mucho de un tema (burros ilustres, los llaman otros). El alumno debe ser su formador, debe enseñarse a sí mismo, no debe esperar que por copiar en clase le vendrá la inspiración divina el día del juicio y todo solucionado, porque no es así. El ejercicio de autoformación debe ser regido, eso sí, por un profesor que es el que debe dar una visión interpretativa de los contenidos en general, ya que sin esa visión y esa referencia, uno se pierde.
- Desgraciadamente, he tenido pocos profesores como don José Ignacio, don Fernando y como don Francisco. Todas aquellas personas que sean capaces de dejar la semilla del querer saber más en alguien, ya han hecho más que una clase magistral. A todos los que me han enseñado a enseñarme y a todos los que vendrán, gracias, y elevo esta gratificación no solo a mis profesores, sino a todo aquel del que he aprendido algo, a mis padres, a mi hermano y abuelos, a la tripulación que me aguanta y a todas mis compañeras de letras, que día a día me dan tanto más de lo que yo les doy. Gracias. Y recuerdo ya en estas las últimas líneas de este post, la frase de don José Ignacio: “Sólo aprende quien se enseña a sí mismo; quien no se enseña a sí mismo no aprende; como mucho, tintinea”, o como él prefería decir, en latín, “Disce te ipsum; disce, non sones.”
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Historias de un botijo en alta mar
Jesús Murillo SagredoLa idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.
Ui Ueri Ueniversum Uivus Uici, o lo que es lo msimo: con la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo
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