el Haya Maldita
- Las brumas entre las que se despertaba la villa hacían presumible los aciagos sucesos que en ella iban a suceder. España, siglo XIV, un tiempo de brumas, de oscuras caras que se transfiguraban a la luz del día, tiempo de señores y vasallos, de encomiendas, tenentes y merindades, de guerras entre moros y cristianos, tiempos de reyes alfonsos, más tarde de enriques, tiempo de lucha; de santos y mártires; tiempo de oscuridad, de temor y terror, pero también tiempo de caprichoso amor, de vida y de muerte. Tiempo de miedo, miedo a lo que otros dicen que hay que tener miedo. Miedo; a las brujas.

- Se dice que residía en la villa que hoy llaman Villarta, una bruja solitaria en su ruinosa casa. El pueblo, heredad de la casa de Luna, apostado como paso del camino entre Santo Domingo y Grañón, vivía, como se podía en aquellos tiempos, tiempos buenos, si así se pueden llamar. Un pueblo con su iglesia, su Concejo y su plaza mayor. Casas bajas, de techumbre de maderos y pajas, ganado ovino y bobino, cultivo de cereales, trigo y cebada. Las carencias de estos servicios, eran suplidas escasamente por algún artesano, y por los que en el saltus, se dedicaban a la caza, Caza del jabalí y de algún otro animal, como ciervos que en aquellos montes vivían. Eran montes milenarios, montes poblados de hayas de lisa piel, blanca y moteada, conjugadas con hermosos robles que salpicaban las laderas con su armonioso tono oscuro, del que buena madera se aprovechaba. El caso, es que según las crónicas de aquella época, la citada bruja, no era el arquetipo de bruja que ahora tenemos, es decir la típica vieja con una verruga en la nariz y volando con su escoba, sino que era una hermosa y lozana moza, de la que no cabía esperar que fuese novia de Satanás. Esta moza, en edad de merecer, vivía sola en una casa al final del pueblo, y todos los días atendía sus labores en el campo, pero en su casa, dicen que había mil y un tarros con mil y una pócimas para hacer el mal. La vida pasaba tranquila en la villa, pero cuando vinieron los malos años, años de hambrunas y epidemias, la gente empezó a sospechar. Durante estas épocas, esta chica seguía igual de lozana y moza que siempre, sus cosechas seguían intactas como si no hubiese pasado nada sobre ellas, mientras el resto de huertas vecinas, se consumían poco a poco. El caso, es que el resentimiento del pueblo hacia ella se acrecentó y raro era el día que no sufría algún tipo de vejación. Esta chica, llegó al punto de contraatacar, y a cada chico y mozo que pasaba por su casa, le ofrecía un vaso de agua, que sin saberlo ellos, contenía una pócima que por la noche les hacia salir de casa y matar el ganado que en ella había. A la mañana siguiente, los chicos despertaban como si tal cosa. Al suceder estos hechos en el municipio, el pueblo tras haber comprobado las maldades de los chicos producidas por el hechizo de la bruja, montó en cólera sobre la ella así, como una masa enfurecida, poniendo en ristre bieldos, palas y teas se encaminaron a la casa de la bruja y tomándola por la fuerza, la llevaron a la cárcel. Allí la retuvieron a pan y agua hasta que a la semana, una delegación del Tribunal del Santo Oficio hizo acto de presencia en el pueblo. A la mañana siguiente, la bruja fue juzgada por dicho tribunal que la condenó a la horca en la plaza pública. Mientras era conducida al cadalso, lo único que de su boca salían eran risas que tornaron en su cara como diabólica. Ya colocado el arrollador lazo de la muerte sorbe su cuello, y no dejando de reír, se dejó caer, pero entonces, el madero que sostenía la cuerda se quebró y se cayó encima de la muchacha. Certificando su inmediata muerte, el cuerpo de la joven fue conducido hacia el monte para ser allí, hecho pasto de las fieras. Llegados al claro, a la luz del crepúsculo, el verdugo, que había llevado a sus hombros el cuerpo, se percató de que estaba vivo. Entonces, chillando como una loca, se soltó del verdugo y le arrancó una oreja de un bocado. Echó a correr, pero de nada le sirvió porque los que allí estaban, pronto la apresaron nuevamente. Dispuesta una pira de leños para quemarla, al punto en que ya se iba a iniciar la combustión de las madreas, procedió con una risa sarcástica pronunció un maleficio en latín mediante el cual, con el asombro de los allí presentes, las maderas que habían cortado para quemarla, echaron raíces, y la bruja se convirtió en un haya como tantas otras había en el bosque. Sin saber qué hacer, y después de cinco minutos de deliberación, el verdugo procedió a la tala del haya la cual lo engulló.

- Desde luego, los que allí habían estado, no dijeron absolutamente nada a nadie, pero los malos tiempos sin tener nada que hacer, hacen que la tradición oral, haya hecho posible, que hasta nosotros llegue la historia del “haya maldita”. Aún hoy se cuenta que la bruja sigue siendo un haya, “el haya maldita”, la llaman, también comentan que se alimenta de los animales del bosque, pero si algún humano se adentra en el bosque y se pierde, el haya lo atrae con un dulce y armonioso canto, y cuando lo tiene a su merced lo engulle y se lo traga, en venganza por los que la quisieron matar.

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Historias de un botijo en alta mar
Jesús Murillo SagredoLa idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.
Ui Ueri Ueniversum Uivus Uici, o lo que es lo msimo: con la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo
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