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Amarse de igual a igual

AMARSE DE IGUAL A IGUAL

Amarse de igual a igual; esto es quizá lo más difícil que nos ha sido encomendado, la tarea suprema, la prueba y el examen últimos, el trabajo para el que cualquier otro trabajo es solo preparación. Por eso, los jóvenes, principiantes en todo, aún no dominan el amor: aún tienen que aprenderlo. Han de aprender a amar con todo su ser, con todas sus fuerzas congregadas en torno a su corazón solitario y ansiosos, que late hacia las alturas. Pero el periodo de aprendizaje es siempre un largo periodo de aislamiento, y así, por mucho tiempo y hasta muy avanzada la vida, amar es, para el que ama, soledad, un estar solo más grande y más hondo. En un principio, amar no es algo que implique consagrarse, entregarse y unirse a otro (pues ¿qué sería la unión de lo no clarificado, no terminado, aun subordinado?); en el individuo es un noble motivo para madurar, para llegar a ser algo en sí mismo en aras de otro; es una exigencia grande y muy poco modesta, algo que hace de él un elegido y lo llama a cosas grandes. Solo visto así, como una misión la de trabajar en la propia persona (“aguzar el oído y darle al martillo día y noche”), deberían los jóvenes hacer uso del amor que les es dado. Consagrase y entregarse y toda forma de comunión no es cosa de ellos (pues todavía han de almacenar y recolectar durante mucho, mucho tiempo), eso es la meta final, es quizá aquello para lo que ahora a penas bastan las vidas humanas.

Cartas a un joven poeta. A Franz Xaver Kappus, 14 de mayo de 1904.

P.D: He vuelto. Y con más ganas y más fuerzas que nunca. Este botijo no lo va a hundir ni Cristo. Suerte & Justicia; Salud & República.

"Románticos, el gorrión y la mariposa" o "Historia de un poeta enamorado"

- Las líneas que ahora se disponen a leer son las letras de un escritor enamorado. Son las frases entrelazadas de sentimientos que vagan dentro de lo hondo de mi ser. Es la plasmación de mis pensamientos la tarde del 29 de Abril de 2007.

- Ya no se llevan esos jardines con árboles en flor por los que surca, tranquila y serpenteante el agua de un río, cuyo término es un idílico estanque. Las meriendas bajo los sauces al atardecer de un caluroso día de verano, quedan para los óleos impresionistas. Una dama altiva, serena, orgullosa paseando por el parque, pasa por el blanco puente y queda a su mitad contemplando la estampa. Una mariposa, se posó en su mano. En el estanque, majestuosos cisnes blancos nadan alegres, en parejas, otros solitarios. La anaranjada luz del crepúsculo, dota al paisaje de una gama de colores indescriptibles. Todavía se ve el cielo azul, al que gana terreno la noche. No. Todavía no. El azul sigue. No oscurece. Un sendero de amarilla arena cruza el parque. Se ramifica. A los lados, frondosos árboles, donde las parejas, sentadas en la hierba, juguetean con sus manos. De lejos, se oye un "Te quiero". La dama, en todo momento acompañada por la mariposa, sigue andando. Sola. Feliz. Andando, más adelante, ve jugar a los niños con una pelota. Tres niñas en corro cuchichean, mientras las otras, con sus vestidos de domingo, saltan a la comba. Los padres, despreocupados, leen tranquilamente el periódico vespertino, sentados alrededor de pequeñas mesas redondas con tazas de café y copas de whisky. A su paso, los hombres se levantan. "Buenas tardes, señorita". Ella, altiva, serena, menea la cabeza por respuesta. En otro corrillo, algo más animado que el de los hombres, sentadas, las mujeres, las más haciendo punto de cruz, las otras leyendo, o en animada charla. Las jovencitas del corro salieron a su encuentro y le abrazaron, deshaciéndose en halagos hacia ella. "Gracias, pero prefiero dar un paseo". En su camino, encontró un edificio bajo, era la cafetería. En la terraza, se distinguían graves matrimonios que no cruzaban palabra, con mesas de jóvenes, en los que la muchacha con pícara mirada, sólo con el leve movimiento del abanico, declaraba su amor al novio, que esbozaba una sonrisa. En esto, la mariposa, que no cesó en todo el viaje de pulular por su alrededor, seguía con ella. Así, llegó cerca del quiosco. Un grupo de músicos tocaba un pasodoble y parejas de niños y mayores, bailaban al compás. Algo alejado del grupo, pero no mucho, un hombre retrataba con esmero la escena. Prosiguió su camino, siguiendo la senda amarillenta que llevaba al lago. Un lago, en el que nenúfares, cisnes y majestuosos patos convivían en armonía. De repente, detuvo sus pasos. En un banco solitario se veía la figura desdibujada de un hombre. Esta visión se vio prontamente turbada por el sordo grito de un pavo real que desplegó su majestuosa cola. Soberbio. El hombre, advirtió la presencia de la dama, a la que se dirigió con paso lento y algo entrecortado. Por fin se encontraron. Ella, tendió la mano que gustoso él besó. Él tendió con la otra un ramo de rosas rojas. Miradas que lo dicen todo, un sentimiento indescriptible. Nervios. El dulce canto de un gorrión animó la escena. Amor. Amor prontamente turbado, pues un relámpago asustó a ambos. A lo lejos, se oyó el furioso relinchar de un caballo. Comenzó a llover. Refugiados bajo un árbol, se cruzaron dos "Te quiero”. Un tropel de gente hizo su aparición, niños, mujeres y hombres en estampida hacia el bar. De la cola de la multitud surgió un hombre a caballo negro, con espuelas de plata. Al galope, acabó con la felicidad. Se la llevó, no mediaron palabra. El jinete sacó una pistola y disparó. En ese momento, el gorrión dejó de cantar y alzó el vuelo hacia un futuro incierto. Todo se acabó. Cuando el joven levantó su cuerpo del suelo, estaba solo. Se la llevó. A sus pies, el ramo de rosas. Lo cogió y salió corriendo bajo la lluvia. Desorientado llegó al quiosco donde, quedó el piano solitario. Se sentó y empezó a tocar. De las teclas del piano, salió una melodía triste y queda, un canto al amor perdido. Seguía lloviendo. El pequeño gorrioncillo hizo su aparición y se posó, majestuoso en el piano. Al lado, un ramo de rosas. Una mariposa también llegó a la extraña escena y se quedó junto al pájaro. El hombre, seguía tocando. Ya no llueve. Luce el sol. Una voz cálida preguntó: “¿Qué te pasó? Ya no tocas como antes ¿Dónde queda el romanticismo inspirador de tus composiciones?” “¿Mi inspiradora?” respondió el hombre mientras una lágrima surcaba las arrugas de su cara. “¿Mi musa? Se llama Soledad”. Y el piano dejó de sonar. Silencio. El gorrión comenzó a cantar y la mariposa alzó su vuelo al horizonte.

Corporales, 29 de abril de 2007

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Poesía...

- Cuando me falla la prosa, escribo en verso. Ahora comprobarán por qué no puedo escribir rimado.

EL CAFÉ, SOLO

Me gusta el café,

nunca lo he negado,

pero el café solo. Sólo café.

En casa con el periódico,

en un bar con los amigos,

pero el café solo. Sólo café.

Dicen que me susceptibilizo,

que ironizo, que dandizo,

pero el café solo. Sólo café.

Con un mus o con un libro,

estudiando o meditando,

pero el café solo. Sólo café.

Ninfas de mis sueños,

Penélope que espera,

Melibea que agoniza,

Rosana confundida,

Dulcinea en el corazón,

Doña Inés enamorada,

Úrsula en soledad,

pero el café solo. Sólo café.

Un día me regalaron un clavel rojo,

me dijeron adiós,

pero el café solo…

¡NO! El café con whisky,

y yo, solo.

MI POESÍA

Piel morena,

Ojos oscuros,

Pelo negro,

Labios carmesí,

Semblante altivo,

Manos pequeñas,

Hablar pausado.

¿Todavía preguntas?

Para mí,

eres tú, solo tú,

tú, solo tú poesía.

La dueña de mi corazón,

la dueña de mis versos.

¡NO SOY POETA!

Nunca tuve ninguna intención,

bien es sabido que en mi razón

lo que importa es el corazón

y aunque cedí a tal presión,

no espero recibir galardón,

pero si algún día se oye recitación,

¡Bienvenida sea! Sin ninguna objeción,

pero sepa usted que la aparición

de estos versos que escribo a colación,

realmente son fruto de la vana imaginación,

y no se puede comparar esta aberración

a los exquisitos versos que con antelación

otros grandes con premeditación

escribieron para la función.

¡Voto a tal que no es esa mi intención!

¡Que no! ¡Que no soy poeta!

Simple y felizmente, divago.

P.D: Otro día prometo poner versos de los grandes poetas, no estos insustanciales versos, fruto de lo que fue un vano intento por ser poeta. Suerte & Justicia; Salud & República.

Sobre este blog

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Historias de un botijo en alta mar

La idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.

Ui Ueri Ueniversum Uivus Uici, o lo que es lo msimo: con la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo

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