Viaje de ida y vuelta
- Portales seguía siendo Portales. La calle se desperezaba de su letargo entre barrenderos y camioneros que descargaban en los bares y comercios sus mercancías. Los ladrillos de la glorieta del Doctor Zubía, clareaban al sol que se alzaba en el cielo de Logroño. Montados en el autobús, cogimos la carretera con rumbo a la cuidad del Cid. Las brumas que se cernían sobre los viñedos de Haro y los secanos del Pancorbo no desanimaron nuestros cuerpos, que lucían alegres caras al ver las verdes tierras del cereal y al fondo, las azules montañas de Castilla. El mismo sol que dejamos en Logroño aparece brillante entre la barba luenga de la estatua de Don Rodrigo y unas meninas que invitaban a pasar el puente sereno que llevaba a la Catedral.
Capital fría de Castilla la vieja, un frío que se mete entre las sienes, un frio calentado por las vidrieras góticas del templo donde yacen los Condestables de Castilla, Doña Jimena y el Cid y otros tantos canónigos. Templo de piedra y alabastro, con sillería de madera en el coro, templo de Castilla, última casa de Cid.
- A un lado queda el Espolón y nos vamos por las anchas tierras de Castilla rumbo al silencio, al eterno susurro del viento arrullando las ramas del centenario ciprés de Silos.
El ciprés de Silos

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó, a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
- El sobrecogedor canto gregoriano de los monjes invita a la reflexión. El vermú de los domingos y la comida campestre en el rio me hacen recordar el prado donde descansó el romero de Berceo. La isocefalia de los relieves del bajo claustro, los artesonados mudéjares del techo, el silencio roto por los pasos tranquilos de los monjes y por las campanas que llaman a la oración. El primer sepulcro del santo de Cañas contempla inerte el paso de los caminantes. La botica renacentista, orgullo de la comunidad eclesiástica de Silos. Atrás dejamos Silos y continuamos nuestro camino por Castilla y paramos quejumbrosos a orillas del Arlanza, donde se erige una colegiata canónica que alberga los restos de Fernán González, primer conde castellano independiente del reino de León. Un cura campechano, cargado por los años con voz de gallo y gallos de vino nos cuenta la historia de Covarrubias, su colegiata y la historia de una noruega, condesa de Castilla. El tiempo se paró y en la picota de la plaza, las conversaciones se tornaron sobre las visitas a diferentes puntos del mundo. La verdad el sol castellano que me daba en la cara, disimuló el cansancio del peregrino cansado, que avanza con paso lento a su destino, que finalmente alcanza.
- La tarde avanza y de la Edad Media al Renacimiento, en la villa de Lerma hacemos pausa. El palacio del Duque, reconvertido en moderno parador se alza en lo alto. EL patio de armas empedrado, rodeado de soportales; Lerma, ciudad castellana, residencia regia, capital de tiempo en tiempo del mundo. Lerma, historia y vida.
- Los últimos rayos del sol nos acogen entre los árboles del Espolón de Burgos. Las suaves aguas del Arlanzón nos invitan a sentarnos y descansar las piernas, bajo un atardecer mágico. El esplendor de la catedral no desfallece ni con los últimos suspiros del sol, que le dan una aureola de medievalismo que te transporta al siglo XIII. La ciudad ya descansa y de la estatua de Don Rodrigo sobre Babieca con Tizona a la diestra nos despedimos, para volver y contemplar a Don Joaquín sobre su caballo.

- El cariz que toman a las últimas horas de sol el campo castellano se asemejan a un florido cuadro de colores cálidos. Finalmente, la oscuridad cubrió nuestras vidas y tanto como el día, la oscuridad redentora en la que los hombres beben, y las mujeres lloran.

Sobre este blog
Historias de un botijo en alta mar
Jesús Murillo Sagredo- La idea de tener un blog, al principio no me terminaba de converncer. Soy lo que llaman un pato en esto de las tecnologías de internet. Me llamo Jesús Murillo y estudio en la UR Filología Hispánica. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sonbre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog. Suerte & Justicia; Salud & República.
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