La Rioja
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Enrique López Marín, el riojano que catapultó el ‘género chico’
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Marcelino Izquierdo | 13-02-2012 | 11:00

«Su vida comienza con una incógnita o un error de peso que el propio Enrique López Marín no se ocupó de rectificar. Todas las bibliografías que citan al escritor riojano dicen que nació en 1868, dos años después de la fecha que indica su partida de bautismo, el 19 de noviembre de 1866», asegura Inmaculada Benito, profesora e investigadora del IER
Benito es la responsable de la edición de cuatro piezas cómicas del «género chico» escritas por el literato logroñés López Marín, cuya biografía también analiza en el libro recientemente publicado por el Instituto de Estudios Riojanos.
«Es curioso, pero el expediente académico del Instituto Sagasta señala que el escritor tenía 10 años cuando superó el examen de instrucción primaria, el 28 de septiembre de 1878, cuando, en realidad, le faltaban dos meses para cumplir los 12 años». De igual modo que «su partida de defunción, que he cotejado en el Archivo Histórico de Madrid, informa de que «tenía 50 años» el día de su muerte –11 de marzo de 1919– y no 52, que era su edad verdadera».
Enrique López Marín residió en la capital riojana hasta 1878, año en el que se traslado a Madrid y estudió en el Instituto San Isidro, cuna académica de figuras de la talla de Larra, Baroja, Mihura, los hermanos Machado, Benavente, y dos Nobel de Literatura: Aleixandre y Cela). Con motivo de su fallecimiento, el colaborador de LA RIOJA Isaac Abeytua lo recordaba como un escritor logroñés que adquirió gran fama en Madrid, donde hizo fortuna. También señalaba el parentesco con la familia Insausti, dueña de la Pirotecnia logroñesa, no en vano su madre era Casimira Insausti, hija mayor de la familia, aunque se desconoce porqué se cambió el segundo apellido.
La vinculación con su ciudad natal la mantuvo a través de colaboraciones literarias, como por ejemplo en el periódico satírico logroñés ‘El Zurriago’ (1897).
Con 17 años, según Inmaculada Benito, dejó los estudios y se vinculó a la vida bohemia madrileña. «Frecuentaba tertulias literarias, cafés –en el café Levante compartía mesa con Jacinto Benavente–, teatros, redacciones de periódicos… Su primera obra, ‘Bordeaux: vino de mesa’, la estrenó con 22 años».

Cien obras
La última década del siglo XIX fue la más prolífica de su carrera, pues del periodo 1889-1900 data casi la mitad de su producción dramática (33 obras). «Es un buen ejemplo del teatro que hacía furor en esos años, que son considerados la década de esplendor del «género chico»: obras en un acto, la mayoría de carácter cómico, de no más de una hora de duración, donde la música y los cantables ocupaban una parte muy importante, porque era lo que más le gustaba al público», explica la profesora.
Sus dos éxitos más atronadores son ‘Los africanistas’ (1894) una parodia de ‘El dúo de la Africana’, ambas con música del compositor Manuel Fernández Caballero y, ‘Venus-Salón’ (1899), una revista en colaboración con F. Limendoux, cuya fama propició hasta una cuarta edición reformada con escenas nuevas (1905), que alcanzó más de 600 representaciones en los teatros de la Zarzuela, Lírico y Eslava. También en 1907 López Marín fue secretario del Teatro Real.
Con 29 años dirigió el periódico ‘El diablo mundo’, con una joven redacción: Palomero, Limendoux y Gabaldón. «Sus colaboraciones en prensa fueron continuas, siempre en publicaciones de carácter cómico, satírico, festivo, la más destacada ‘Madrid Cómico’, aunque ya más maduro, dirigió la revista ‘Crónica teatral’ (1908-1909)».

Cuplé ‘Polichinela’

De su labor como dramaturgo en el siglo XX destaca, además de seguir colaborando con músicos tan prestigiosos como Ruperto Chapí o Vicente Lleó (’La Corte del faraón’), escribió la letra de numerosos cuplés. Fueron los teatros Lara y Eslava los que acogieron los títulos más afamados de estos años: ‘El vals de los besos’ (Eslava, 1911), ‘La de los ojos del cielo’ (Lara, 1911), ‘Marido modelo’ (Lara, 1912), ‘El gato rubio’ (Novedades, 1912), ‘En Sevilla está el amor’ (Eslava, 1912), ‘La perdición de los hombres’, ‘El Polichinela’ y ‘La escena del sofá’ (Lara, 1913), ‘La reina de las palomas’ (Lara, 1914) y ‘La dama del velo azul’ (Coliseo Imperial, 1914). Entre las cupletistas que cantaron sus letras la más conocida era la bilbaína Aurora Jauffret, ‘La Goya’.
«Llama la atención –añade Inmaculada Benito– que la partida de defunción señale que su estado civil era el de soltero, pese a que tuvo un hijo, Manuel López Marín, también escritor y periodista. De hecho, compartía el piso con Alejandra Camarillo, de Guadalajara».
El panegírico más sentido lo escribió en el diario ABC su amigo Floridor (Luis Gabaldón): «De noble ingenio, de fácil y elegante pluma, que [se] supo substraer siempre, por su nativo buen gusto, a toda sugestión chocarrera, porque su temperamento atildado y exquisito se rebelaba contra toda manifestación de plebeyez literaria».