La Rioja

img
Fecha: diciembre 23, 2012
Llega el fin del mundo
Marcelino Izquierdo 23-12-2012 | 8:00 | 4

 

Estimado lector: si, por casualidad, hoy está leyendo tranquilamente esta sección de ‘El Crisol’ es que el fin del mundo no ha llegado… todavía.

En el 999, a punto de cruzar el umbral del primer milenio, la Europa altomedieval se preparaba para afrontar el Apocalipsis según San Juan. Fiestas interminables, orgías sexuales o grandes comilonas preludiaron lo que iba a ser el ocaso del planeta tierra. Cuentan los anales que en un pueblo del Pirineo catalán sus exhaustos vecinos se reunieron en torno a la torre de la iglesia para aguardar, todos juntos, el punto y final. Ya al filo de la medianoche, la campana repicó hasta doce tañidos y, aunque tan sólo fue un minuto, por las mentes de payeses y artesanos transcurrió la eternidad. De pronto, uno de ellos exclamó: «¡Las doce y nada se mueve!».

Si el milenarismo, el bimilenarismo, las profecías de Nostradamus o los augurios de ciertas sectas no oficiales han errado –año sí año también– en sus catastróficas predicciones, era evidente que los mayas no iban a ser menos.

Pero si el Apocalipsis aún sigue en el horizonte, todo parece indicar que nuestra sociedad, tal y cómo hoy la conocemos, hace tiempo que agoniza.

Porque, dígame usted, estimado lector si, por casualidad, continúa leyendo este ‘Crisol’: ¿Cuándo pasó por su cabeza que las autoridades recortarían de forma tan brutal los sueldos de funcionarios y no funcionarios? ¿Cuándo que el paro alcanzaría los seis millones… y subiendo? ¿Cuándo que los empresarios darían puerta a sus empleados en un pispás? ¿Cuándo que pagaría por servicios sanitarios públicos básicos y, quizá, más pronto que tarde, por la educación de sus hijos?

No será el fin del mundo, pero sí del mundo que conocemos.

Ver Post >
El antiguo mercado de San Bartolomé, bajo la cámara de Víctor Lorza
Marcelino Izquierdo 23-12-2012 | 1:00 | 0

 

Su torre es inconfundible, y más ahora que puede contemplarse en casi todo su esplendor tras la reciente rehabilitación de piedras y ladrillos. Y es que la plaza de San Bartolomé pasa por ser uno de los rincones más bellos y singulares de Logroño. Pero el lector se preguntará: ¿de dónde ha salido esa peculiar edificación con rejas que oculta parte la iglesia? La imagen, con nevada de fondo, fue tomada por el médico y fotógrafo Víctor Lorza el 30 de diciembre de 1917, y corresponde al antiguo mercado de abastos de la capital riojana. Hace de ello 95 años.
Esta curiosa y casi desconocida instantánea puede disfrutarse, junto a otras 99 más, en la muestra titulada ‘Víctor Lorza. Repertorios fotográficos 1900-1940’, que permanecerá colgada en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño hasta el 27 de enero de 2013.

Casa de la Imagen

La Casa de la Imagen y Cámara Oscura han hecho posible que una parte esencial del legado fotográfico de Lorza, conservado gracias a la familia Lanchares-Barrasa, refresque la memoria de los logroñeses que, sin fotografías como la presente, jamás hubieran imaginado cómo era su capital en los tiempos pretéritos.

Víctor Manuel Lorza y Farias fue un notable galeno y científico, nacido en Logroño el 23 de diciembre de 1877 y fallecido en la misma ciudad el 23 de agosto de 1961. Aficionado a la fotografía mientras estudiaba en la Facultad de Medicina de Zaragoza –posiblemente, influenciado por su profesor Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina–, Lorza ocupó el cargo de director del Laboratorio Municipal de Logroño.

«El verdadero sentido de las fotografías de Lorza, algunas de las cuales podemos ahora ver en la exposición que ce celebra en el Ayuntamiento, se encuentra en el álbum, en la agrupación, en la reiteración temática que establece una tesis social, urbanística y económica sobre la ciudad que habitó», explica Jesús Rocandio, alma mater de la Casa de la Imagen de la capital riojana.

¿Y qué decir de San Bartolomé? Pues que fue una de las plazas más destacadas del Logroño medieval, que hasta finales del siglo XIX sólo tenía acceso a través de las calles Caballería y Herrerías. Este aire reservado la hacía ideal para la celebración de espectáculos taurinos, de representaciones teatrales y, por supuesto, de mercados.

De hecho, en el ágora bartolomea se construyó un mercado de abastos con hierro forjado, que funcionó hasta que en el año 1930 quedó inaugurada la plaza de abastos que Fermín Álamo diseñó en la calle Sagasta.

Ver Post >