La Rioja

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Llega el fin del mundo
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Marcelino Izquierdo | 21-12-2012 | 12:24

 

Estimado lector: si, por casualidad, hoy está leyendo tranquilamente esta sección de ‘El Crisol’ es que el fin del mundo no ha llegado… todavía.

En el 999, a punto de cruzar el umbral del primer milenio, la Europa altomedieval se preparaba para afrontar el Apocalipsis según San Juan. Fiestas interminables, orgías sexuales o grandes comilonas preludiaron lo que iba a ser el ocaso del planeta tierra. Cuentan los anales que en un pueblo del Pirineo catalán sus exhaustos vecinos se reunieron en torno a la torre de la iglesia para aguardar, todos juntos, el punto y final. Ya al filo de la medianoche, la campana repicó hasta doce tañidos y, aunque tan sólo fue un minuto, por las mentes de payeses y artesanos transcurrió la eternidad. De pronto, uno de ellos exclamó: «¡Las doce y nada se mueve!».

Si el milenarismo, el bimilenarismo, las profecías de Nostradamus o los augurios de ciertas sectas no oficiales han errado –año sí año también– en sus catastróficas predicciones, era evidente que los mayas no iban a ser menos.

Pero si el Apocalipsis aún sigue en el horizonte, todo parece indicar que nuestra sociedad, tal y cómo hoy la conocemos, hace tiempo que agoniza.

Porque, dígame usted, estimado lector si, por casualidad, continúa leyendo este ‘Crisol’: ¿Cuándo pasó por su cabeza que las autoridades recortarían de forma tan brutal los sueldos de funcionarios y no funcionarios? ¿Cuándo que el paro alcanzaría los seis millones… y subiendo? ¿Cuándo que los empresarios darían puerta a sus empleados en un pispás? ¿Cuándo que pagaría por servicios sanitarios públicos básicos y, quizá, más pronto que tarde, por la educación de sus hijos?

No será el fin del mundo, pero sí del mundo que conocemos.