La Rioja

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Fecha: enero 18, 2013
La Rioja, bajo el mágico influjo del Romanticismo
Marcelino Izquierdo 18-01-2013 | 8:00 | 3

Aunque fue en el siglo XIX cuando nacieron la fotografía y el cine, el dibujo logró su apogeo como arte visual. La proliferación de periódicos y revistas que se ilustraban con grabados, retratos a plumilla o litografías, así como ciertos libros más sofisticados en su edición, propiciaron que la imagen en pequeño formato viviera su gran época.

El Romanticismo contribuyó, con su particular estética, a difundir paisajes, edificios, floclore que, hasta entonces, no tenían su reflejo en papel o en lienzo. La llegada a la Península Ibérica de viajeros de otros países, atraídos por el exotismo de sus imágenes y sus gentes, así como de otros pintores autóctonos que ilustraban diferentes Historias de España nos han dejado auténticas joyas. Así, Pedro Pérez de Castro, excelente acuarelista, dibujante y litógrafo, dejó para la posteridad dos de los castillos más descatados de La Rioja: los de Leiva y Cuzcurrita.

Caballero de la Orden de Carlos III y mayordomo de semana de Isabel II, Pérez de Castro conoció muy bien el norte de España, no en vano su mala salud le llevo a pasar temporadas en Vizcaya y Guipúzcoa, especialmente en el balneario de Alzola, desde donde visitó La Rioja Alta.

El Monte Laturce

El grabado del monasterio del Monte Laturce, publicado en ‘España geográfica’ (1845), da fe de la magnitud y la importancia de este edificio religiosos antes de las Desamortizaciones. Hoy apenas quedan algunas ruinas.

También son reseñables los grabados que sobre el puente y la ciudad de Logroño realizó Mellado también hacia esos años o los incluidos, tiempo después, por Waldo Giménez Romera en su ‘Cronica de la provincia de Logroño’ (1867),  los trajes regionales y tradiciones populares de diferentes localidades riojanas, así como los grabados que asiduamente publicaban revistas como ‘La ilustración española y americana’ o ‘Mundo gráfico’, entre otras.

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