La Rioja

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El Caballero de la Rosa
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Marcelino Izquierdo | 08-03-2013 | 16:42

LA ROSA
Esta a quien ya se le atrevió el arado,
con púrpura fragante adornó el viento,
y negando en la pompa su elemento
bien que caduca luz, fue sol del prado.
Tuviéronla los ojos por cuidado,
siendo su triunfo breve pensamiento;
¿quién sino el hierro fuera tan violento
de la ignorancia rústica guiado?
Aún no gozó de vida aquel instante
que se permite a las plebeyas flores,
porque llegó al ocaso en el oriente;
¡oh tú, cuanto más rosa y más triunfante,
teme, que la belleza son colores
y fácil de morir todo accidente!

Se acaban de cumplir 355 años de la muerte de uno de los más insignes poetas y dramaturgos logroñeses. Nacido en la capital riojana en 1580, Francisco López de Zárate falleció el 5 de marzo de 1658 en la villa y corte madrileña. Más conocido como el Caballero de la Rosa, debido al felicísimo soneto dedicado a la reina de las flores, algunos de cuyos versos encabezan este crisol.

Era López de Zárate hijo de un noble militar a las órdenes de Carlos V, premiado por el emperador de Gante con el empleo de correo mayor. Estudió latín y retórica en Logroño, hasta que con 18 años viajó a Salamanca para cursar Derecho, pero se le torció la carrera. Se alistó entonces en los Tercios de Italia, donde aprendió a manejar con igual pericia la espada y la pluma, y regresó a España donde fue secretario del adinerado valido don Rodrigo Calderón y, después, oficial del Consejo de Estado. Mas no hacía nuestro Caballero buenas migas con las ‘clases extractivas’ del Siglo de Oro, por lo que regresó a su ciudad natal para entregarse a las musas por completo.

Modesto y talentoso, López de Zárate ocupó un puesto relevante en el Parnaso hispano y trabó noble amistad con Cervantes, Tirso de Molina o Lope de Vega.

Con motivo del tercer centenario de su desaparición el escultor Lucarini fundió en bronce un busto del Caballero de la Rosa, allá por 1958, que lució durante décadas sobre la fuente de San Bartolomé, hasta que una remodelación la confinó en el colegio que lleva su nombre. Los entonces niños del Casco Antiguo todavía añoramos aquella estatua.