La Rioja

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¿Valbuena? ¡Y un cuerno!
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Marcelino Izquierdo | 05-04-2013 | 16:12

 

De poco importa que el ilustrado Jovellanos escribiera, a finales del siglo XVIII, que del acervo histórico logroñés destacaba, ante todo, la belleza de su Palacio de la Inquisición. Al igual que buena parte del patrimonio de la ciudad, también la sede del Santo Oficio desapareció víctima de desgracias concatenadas: Guerra de la Independencia, conflictos carlistas, desamortizaciones, desarrollismo, piqueta, incultura, especulación y desidia, mucha desidia.

Tras años de investigación, y con motivo de La Rioja Tierra Abierta 2007, el Ayuntamiento decidió cubrir «provisionalmente» los importantes restos arqueológicos con una capa de brea, para que la zona sirviera de aparcamiento. La promesa de las autoridades –que consta en las hemerotecas– pasaba por reiniciar las excavaciones una vez finalizada la exposición. Sin embargo, seis años después, los coches siguen estacionados sobre el núcleo duro de la historia de Logroño sin que nadie haga nada:  iglesia medieval, convento dominico, centro de poder inquisitorial (allí se fraguó el Auto de Fe de 1610), presidio, hospital militar o patíbulo del general de Varea Martín Zurbano.

El monasterio de Valcuerna –nombre original– cambió su advocación por el de Valbuena, allá por la Edad Media, atendiendo a la requisitoria de un meticuloso obispo al que Valcuerna se le hizo malsonante. El topónimo, por el contrario, tenía su razón de ser, pues cuenta le leyenda que allí fue hallada una imagen de la Virgen bajo los restos de un cementerio de animales. A la pequeña imagen de madera se le llamó ‘La Juradera’, pues ante la escultura juraban el Fuero de 1095 los forasteros que aquí buscaban cobijo.

Pero, visto lo visto, la zona debería recuperar su nombre original, dado que a los políticos locales, a todos, el patrimonio logroñés les importa un cuerno.