La Rioja

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De repente… Trump
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Marcelino Izquierdo | 23-01-2017 | 19:08

 

“Mañana muchos maldecirán mi nombre”

 

Acaba de convertirse Donald John Trump en el 45º presidente norteamericano. ¡Dios salve a los Estados Unidos de América! Y, de paso, al resto del planeta.

La elección del magnate neoyorkino ha sido recibida con estupor e indignación entre las élites intelectuales de su país y, reconozcámoslo, con una mezcla de incredulidad, extravagancia y burla en todo el mundo. Cuando el 16 de junio del 2015 emprendió Trump su carrera hacia la Casa Blanca, muy pocos lo tomaron en serio; igual ocurrió tras su designación contra pronóstico como candidato republicano, con su irracional ascenso en las encuestas e, incluso, una vez confirmada su incontestable victoria en las urnas sobre la demócrata Hillary Clinton.

El humorista David Letterman, a propósito del estrambótico cabello que luce el nuevo inquilino del Despacho Oval, ironizaba durante la campaña: “¿Cómo viajará Trump cuando sea presidente? Obviamente usará el ‘Hair Force One’”. Entre bromas y veras, el cómico Louis CK iba más allá: “Por favor dejen de votar por Trump. Fue gracioso un rato, pero el tipo es Hitler. ¿Tú crees que los alemanes de los años 30 vieron venir eso? Hitler era sólo un tipo hilarante y refrescante con un peinado extraño que decía cualquier cosa”. Visto lo visto, pocos le hicieron caso.

Sin proyecto político alguno, sin preparación ni cultura democrática, sin respeto ni empatía por sus semejantes –ya sean mujeres, mexicanos, musulmanes o chinos–, y con un discurso vago, ramplón y contradictorio, más propio de un niñato consentido que de un estadista con un mínimo de sentido común, Donald toma los mandos de la nación más poderosa de la Tierra. ¡Que Dios o los contrapoderes del Tío Sam nos pillen confesados!

Por cierto, la frase que encabeza el artículo lleva la firma de Adolf Hitler.