La Rioja
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Enemigos íntimos
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Marcelino Izquierdo | 17-09-2017 | 18:04

“Petulante vanidad la de un pueblo que se cree oprimido”. Miguel de Unamuno

Lo que yo vi el pasado lunes en Barcelona, 11 de septiembre y Diada de Catalunya por más señas, no lo hubiera ni imaginado hace cuatro décadas, cuando ingresé en la Universidad de Bellaterra. Es cierto que el caldo de cultivo nacionalista, que se remonta al último tercio del siglo XIX, ha ido inculcando a cierto sector de la sociedad catalana un halo de superioridad sobre el resto de España, que la clase política ha ido trufando de odio y de sinrazón.

Lo que yo vi reflejado entre las decenas de miles de personas que avanzaban por el Paseo de Gracia, con la sonrisa en los labios y una estelada en la espalda, no fue sino una palpable demostración de cómo un pueblo puede enterrar su proverbial seny y precipitarse por la cuesta del borreguismo. Afirma el historiador Juan Pablo Fusi que las identidades tan sólo son homogéneas en las comunidades inventadas, ya que en las reales existe una saludable diversidad. Y esa diversidad se palpa en Cataluña cuando se habla con amigos, con el taxista o con el panadero.

Pero mientras ese extraño frente catalanista que amalgama a la más rancia burguesía con la izquierda republicana o los anticapitalistas –un cóctel contra natura, se mire por donde se mire- hace tiempo que ha perdido el norte, el Gobierno de España continúa anclado en el dontancredismo y, en vez de hacer política, lo cifra todo al ámbito judicial. El tacticismo político de quienes manejan el cuanto peor en Cataluña, mejor en el resto de España. Y no sólo eso. De aquellos polvos vienen estos lodos: la campaña de recogida de firmas contra el Estatut, el “Pujol, enano, habla castellano”, el boicot a los productos catalanes lanzado desde posiciones de la derecha extrema…

Ambos polos son, y no sólo lo parecen, enemigos íntimos, unos enemigos que se retroalimentan en sus propios discursos; pues mientras se habla de Cataluña, en la cara oculta de la luna se camuflan el escándalo del tres por ciento, la pasarela judicial de los Pujol, el compadreo de la Gürtel, el caso Palau, la Operación Lezo, el saqueo de la Comunidad de Valencia, las telarañas que preludian el punto y final del fondo de las pensiones, los más de 60.000 millones de euros de ese rescate bancario que no iba a costar un duro al consumidor, los salarios de miseria, los recortes en sanidad, educación y demás servicios sociales… Y, mientras tanto, “¡Visca Catalunya!” y “¡Viva España!”.