La Rioja
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Autor: Marcelino
McMartin, el héroe escocés de Nalda
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Marcelino Izquierdo | 25-07-2017 | 6:03| 0

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Era Miguel Martínez un esforzado agricultor, que desde hacía décadas alimentaba a su familia labrando las fértiles tierras de Nalda. Una mañana de marzo de 1834, inmersa la nación española en su primera guerra civil de la Historia Contemporánea, observó desde su majuelo el paso de tres carlistas. Con arrebatadora vehemencia, empuñó Martínez el azadón y se encaró con los facciosos, instándoles a que se rindieran. El combate fue tan feroz como desigual y, aunque cerca estuvo el naldense de la victoria, una bala traicionera le arrebató el alma. Narran crónicas y boletines que la acendrada fidelidad y bizarría de Miguel Martínez conmovió de tal forma a la reina regente María Cristina –madre de la futura Isabel II– que, para enjugar las lágrimas de su viuda, le concedió una pensión vitalicia de ocho reales diarios, transmisible a los seis huérfanos que la sobrevivieran.

Pero, ¿quién era en realidad Miguel Martínez? El joven soldado escocés Michael McMartin había desembarcado en España con el Regimiento de Escoceses 79th del Clan Cameron, a las órdenes de sir Arthur Wellesley, duque de Wellington, que combatió a Napoleón durante la Guerra de la Independencia. Avanzando las tropas británicas por la meseta castellana, se enroló McMartin en una patrulla de reconocimiento que inspeccionó La Rioja en el verano de 1810. Y fue en Nalda, acabada la guerra contra el francés, donde halló el amor, se despojó del morrión, la casaca roja y la falda de rayas multicolores (kilt), y echó raíces. De Michael McMartin pasó a ser Miguel Martínez, trocó el fusil por la azada, formó una nutrida familia y siempre mantuvo sus convicciones liberales frente a los nostálgicos del Antiguo Régimen.

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El Sitio de Logroño se acerca a su V Centenario y no queda mucho tiempo
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Marcelino Izquierdo | 26-06-2017 | 5:59| 0

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Con la vista puesta en el  2021, la alcaldesa ha reunido en junio a su equipo de gobierno y a los portavoces de los grupos municipales para poner en marcha la conmemoración del V Centenario del Sitio de Logroño. Más que una mesa de trabajo, el Ayuntamiento se limitó a dar el pistoletazo de salida y a convocar una segunda cita para septiembre, quizá sin ser consciente de que apenas quedan poco más de tres años para la efeméride de 1521. Es posible que a quien no conozca cómo se organizan estos eventos, le parezca que aún queda tiempo suficiente hasta el 2021, pero si la ciudad pretende encarar uno de sus principales hitos históricos con garantías de calidad y éxito, no hay un minuto que perder.

Para empezar, Logroño carece de un ensayo histórico, riguroso y actualizado, de lo que ocurrió antes, durante y después de que el general Asparrot cercara la capital, una publicación que separe el grano de la paja, la realidad de la leyenda, capaz de contextualizar el siglo XVI. Por suerte, tenemos en La Rioja historiadores, arqueólogos y otros expertos en la época renacentista, capaces de afrontar este desafío. Sin embargo, para acometer con garantías este tipo de investigación, se necesita tiempo y, por supuesto, dinero.

Tienen los logroñeses la gran oportunidad de encarar una fecha que les permita conocer mejor sus señas de identidad y, al mismo tiempo, darse a conocer fuera de la comunidad autónoma. Hay que huir del autobombo, del oropel y del consumo interno –que con tanto ahínco persigue cierta clase política– y, por una vez, que sean la ciudad y sus vecinos los verdaderos beneficiados de su acervo histórico y cultural.

Todavía estamos a tiempo.

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González de Mendoza, de Torrecilla en Cameros a la China del siglo XVI
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Marcelino Izquierdo | 21-06-2017 | 10:50| 0

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Cuando en el año 1581 aprovechó Felipe II la muerte del rey Sebastián para anexionarse el reino de Portugal y sus posesiones de ultramar, pronto germinó en El Escorial la idea de establecer relaciones diplomáticas con China, la exótica Catay, y su posterior evangelización. Con el propósito de conocer mejor los territorios comprendidos entre los ríos Yangtsé y Amarillo, entonces bajo la dinastía Ming, fue encargado fray Juan González de Mendoza, agustino natural de La Rioja, de recopilar toda la información sobre aquel lejano país y sus habitantes.

Así fue como la ‘Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reyno de la China’ vio la luz en 1585, se convirtió en la obra más influyente del siglo XVI y logró una gran difusión por Europa gracias a las decenas de reediciones impresas en varios idiomas. Lo más curioso es que su autor jamás pisó China –ni tan siquiera Asia–, pero el rigor de sus fuentes y el minucioso trabajo de documentación hicieron del libro una referencia indispensable para genios como Montaigne, Francis Bacon o Walter Raleigh. El desastre de la Armada Invencible, sin embargo, y la convicción de Felipe II sobre lo intrincado de la empresa abortaron la “conquista de China”.

Juan González de Mendoza había nacido en Torrecilla en Cameros hacia 1545 en el seno de una familia hidalga de escasa fortuna. Quizá por ello marchó a México con 17 años e ingresó en la orden de agustina, donde adquirió la fama de hombre culto. Ya entrado el siglo XVII, tras el éxito de su monografía sobre China, fue nombrado arzobispo de las Islas Eolias (Sicilia), Chiapas (México) y Popayán (Colombia), donde falleció en 1618.

¡Ah!, se me olvidaba. Tampoco tiene calle en Logroño.

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Kurosawa y los papanatas
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Marcelino Izquierdo | 12-06-2017 | 5:24| 0

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Narra ‘Dersu Uzala’ el encuentro de un cazador nómada de raza hezhen, allá a comienzos del siglo XX, con una expedición militar rusa que topografía una remota zona de la taiga siberiana. Aunque la película presenta al solitario Dersu como a un viejo tosco y malencarado, poco a poco irá descubriendo que tras ese hombrecillo hay un ser humano sabio, inteligente, compasivo y, sobre todo, leal. Así comienza la entrañable aventura de amistad y de amor por la naturaleza realizada por Akira Kurosawa, cuyo original lenguaje cinematográfico ha influido y sigue influyendo en el devenir del séptimo arte.

Cuando la revista ‘Tiempo’ desveló que a la Princesa Leonor le encantaba ‘Dersu Uzala’ o ‘El viaje de Chihiro’, de Hayao Miyazaki, y que leía a Carroll, Stevenson o Tolkien, las redes sociales comenzaron a incendiarse con descerebrados ‘memes’, de los que tanto aplaude esta sociedad pazguata que nos ha tocado sufrir. Fuera miembro de la realeza o de clase media, a nadie le hubiera extrañado, sin embargo, que una niña de 11 años escuchara reguetón a todas horas, estuviera enganchada a la consola o no se perdiera el más estrafalario de los ‘reality show’ que pululan en las parrillas televisivas.

Es lo que tiene aceptar, sin un mínimo de rebeldía, un mundo cada vez más acrítico y embrutecido, donde el arte, la filosofía, la literatura o el buen cine son denostados por sistema; donde la educación es un mero instrumento para formar mecánicos, economistas o camareros que encajen sin fisuras en el universo orwelliano y, por supuesto, para perpetuar el statu quo.

Seguro que a estos papanatas Kurosawa les suena más a una marca de motos que a uno de los grandes directores de la historia.

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Territorios históricos
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Marcelino Izquierdo | 09-06-2017 | 10:31| 0

La disposición adicional primera de la Constitución española reconoce la existencia de «territorios forales» en el País Vasco y Navarra, si bien el Estatuto de Autonomía de Euskadi torna la expresión por la de «territorios históricos». Es cierto que la Carta Magna consensuada en 1978 se redactó en plena Transición, intentando esquivar las amenazas involucionistas, cuando lo prioritario pasaba por alejarse de la dictadura cuanto antes y abrazar la anhelada democracia. Cuarenta años después, cada vez es más chocante escuchar o leer la manida frase de «territorios históricos», como si otras regiones, La Rioja por ejemplo, carecieran de historia.

Presentó Nájera el lunes 5 de junio el sello de curso legal ‘Milenario del Fuero de Nájera (1017-2017)’, editado por Correos y tras la iniciativa de ACONA, con el objetivo de seguir reivindicando el ilustre pasado de una tierra, desconocido incluso hasta para sus propios habitantes.

Aunque se desconoce la fecha exacta, investigadores como Martínez Marina apuntan a que hace ahora un milenio –año arriba, año abajo–, el rey de Nájera-Pamplona Sancho III el Mayor otorgó a la ciudad un fuero especial, que sería confirmado por el monarca castellano Alfonso VI en 1076 y, con posterioridad, por Alfonso VII, Fernando IV y Pedro I el Cruel.

Este conjunto de privilegios y exenciones jurídicas de las que gozaba Nájera en los albores del siglo XI constituyen nada menos que el origen de la legislación navarra, al tiempo que sirvieron de base para el desarrollo de un derecho nacional. Es más, la mayoría de las cartas pueblas otorgadas a Vitoria, San Sebastián, Bilbao y otras villas vascas se inspiraron en los fueros municipales de Jaca, Nájera y Logroño.

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