La Rioja

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El riojano Navarrete ‘El Mudo’ fue el primer restaurador de Van der Weyden

No quiso el cielo que hablase, / porque con mi entendimiento /

diese mayor sentimiento / a las cosas que pintase. / Y tanta vida les di /

con el pincel singular / que como no pude hablar / hice que hablasen por mí

(Lope de Vega)

Hasta el 28 de junio expone el Museo del Prado la muestra titulada ‘Rogier van der Weyden’ donde pueden contemplarse en todo su esplendor las pocas pinturas que pueden atribuirse con seguridad al artista de Tournai (Bélgica), hijo de un fabricante de cuchillos y cuyo verdadero nombre era Rogier de la Pasture (h.1399-1464). Entre estas obras maestras, destacan sobremanera ‘El Calvario’ –que acaba de ser restaurado– ‘El Descendimiento de la Cruz’ y el ‘Tríptico de Miraflores’.

En 1567, Felipe II ordenó llevar ‘El Calvario’ al monasterio de El Escorial, donde Maestre Giles restauró las uniones abiertas de la tabla, y Juan Fernández de Navarrete la deteriorada pintura. Navarrete el Mudo, nombre artístico por el que era conocido este ilustre pintor riojano, también plasmó en lienzo una copia de ‘El Calvario’ que «contentó mucho al rey» –detalla el historiador Padre Sigüenza–, quien la envió a El Bosque de Segovia. El año anterior, Fernández de Navarrete ya había restaurado ‘El Descendimiento’ de Weyden, así como el ‘Noli me tangere’ de Tiziano.

La destreza mostrada en la conservación del extenso patrimonio pictórico de Felipe II y el talento expresado en cuadros como el ‘Bautismo de Cristo’ (Museo del Prado) le valieron al artista logroñés –que aprendió a manejar los pinceles en el monasterio de La Estrella de San Asensio– ser nombrado pintor del rey en 1568, frente a otros grandes maestros de la época como Sánchez Coello, Luis de Morales o El Greco.

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El triunvirato de las Azores y el actual avispero integrista

 

E l 14 de febrero del 2003, el entonces ministro de Asuntos Exteriores francés, Dominique de Villepin, pronunció una frase lapidaria ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: «Con una intervención militar en Irak, ¿no correríamos el riesgo de agravar las fracturas entre las sociedades y entre los pueblos, fracturas, precisamente, de las que se alimenta el terrorismo?».

Un mes más tarde, tropas de Estados Unidos y Reino Unido, con el ferviente seguidismo del Gobierno español, invadió Irak con el objetivo de desmantelar la amenaza atómica que, presumiblemente, ocultaba el dictador Sadam Hussein. «Créanme, estamos haciendo lo correcto. Actuamos de acuerdo con nuestras creencias y nuestras convicciones (…). El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva», afirmaba el presidente José María Aznar.

No hace falta recordar que las tan manidas «armas de destrucción masiva» jamás aparecieron. La Guerra de Irak, que se prolongó durante ocho años y medio, acarreó –y vuelvo a citar las predicciones de Villepin en el 2003– «consecuencias incalculables para la estabilidad de esa región ya herida y frágil, reforzaría el sentimiento de injusticia, agravaría las tensiones y abriría la puerta a nuevos conflictos».

Ahora, doce años más tarde, nos echamos las manos a la cabeza con la desaforada barbarie del Estado Islámico y de Al Qaeda, recordamos con estupor el aniversario de la masacre del 11-M y las decenas de atentados que han sacudido los cinco continentes, al tiempo que sentimos en nuestra espalda el miedo y el fétido aliento del terrorismo fundamentalista.

Además de perseguir sin tregua la violencia integrista en cada rincón de la Tierra, el triunvirato de las Azores (Bush, Blair, Aznar) debería explicar por qué azuzó inopinadamente el avispero de los horrores.

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Larga vida para ‘El Ministerio del Tiempo’

Nos ha sorprendido durante el último mes TVE con la emisión de la serie ‘El Ministerio del Tiempo’, una audaz aventura a medio camino entre la historia de España y la ciencia-ficción, protagonizada por Rodolfo Sancho, Nacho Fresneda y Aura Garrido –actriz de origen riojano-, además de otros ilustres de la escena. El argumento, que recuerda al de aquella serie de finales de los 60 titulada The time tunnel (El túnel del tiempo), y ambas deudoras de la ‘La máquina del tiempo’ de H.G. Welles, permite a los guionistas bucear en nuestro pasado, desde Atapuerca hasta el siglo XXI, sin desperdiciar la ocasión para lanzar críticas e ingeniosas puyas a la realidad que nos rodea.
Personajes como Velázquez, el Empecinado, Lope de Vega, Picasso, Isabel la Católica, Franco o Torquemada, así como hechos históricos tan relevantes como la Armada Invencible, la Guerra de la Independencia, los Tercios de Flandes o la Guerra Civil transitan por este Ministerio que, a la vez de entretener al espectador, le enseñan la historia de nuestro país de una forma divertida, amena y muy bien escrita. No en vano, los responsables de la serie -Pablo y Javier Olivares- ya habían demostrado su calidad con ‘Isabel’ o ‘Víctor Ros’, está última, por cierto, maltratada por la cadena pública.
Sin duda, una propuesta diferente, arriesgada, instructiva y alejada de los tópicos que, por lo general, monopolizan las producciones de la pequeña pantalla nacional. Pese a todo, parece que TVE no está por la labor de que ‘El Ministerio del Tiempo’ tenga continuidad. Se aduce que la cuota de pantalla no es la esperada, aunque los índices de audiencia están lastrados por un errático criterio de programación.
Pero una cadena que todos pagamos de nuestro bolsillo no debe tener como objetivo ser la más vista ni la más comercial –que para eso ya están las privadas-, sino la mejor, la que más calidad atesore. La BBC británica es el ejemplo.
Me resisto a creer que la línea historiográfica del guión –elegir al Empecinado en vez de al general Palafox o resaltar el vínculo nazi del dictador Franco, por ejemplo- tenga algo que ver en ese sfumato prematuro. Pareciera que, desde las alturas, miraran con más simpatía una serie titulada ‘El Ministerio de los Borregos’, que es en lo que les gustaría convertir a los ciudadanos.

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Centro de la Cultura del Rioja, apertura a la carrera

 

Al Ayuntamiento de Logroño le han entrado las prisas por abrir el Centro de la Cultura del Rioja (CCR) después de mantenerlo infrautilizado durante casi cuatro años. Y lo ha hecho así, de pronto, como si fueran a celebrarse elecciones a la vuelta de la esquina o algo parecido. El concejal portavoz del equipo de Gobierno municipal –y no la alcaldesa- informó de la adjudicación a la UTE riojana Riojawine Internacional Center, constituida por las firmas OSGA y Sapje, de la gestión del CCR.

El Centro abrirá sus puertas después de Semana Santa con la puesta en marcha de una enoteca, un vino-bar, una oficina de turismo y atención al peregrino y una exposición temporal. Ya, en la segunda semana de mayo, la oferta se completará con la exposición permanente que estará lista en ¡cuarenta días!

Pero… echemos la vista atrás.

Cuando el equipo de gobierno encabezado por la alcaldesa Cuca Gamarra arrancó la legislatura, allá por la primavera del 2011, el CCR estaba casi a punto de caramelo. El arquitecto Jesús Marino Pascual, que ese mismo año fue distinguido con el Galardón de las Artes de La Rioja, había rehabilitado -con muy buen gusto, por cierto- la Casa de la Virgen a fin de que se convirtiera en una especie de museo histórico del vino que la ciudad llevaba décadas pidiendo a gritos. En su interior, lagares, calados, prensas y otros elementos que datan desde el siglo XVI se prestaban como modelos originales e idóneos para mostrar cómo era la cultura del Rioja desde la antigüedad hasta el momento actual. Sin duda, un marco único y una ocasión única para dar impulso al Casco Antiguo y atraer a los amantes de la enología y su mundo que, por suerte, cada vez son más, así como del arte y la cultura en general.

En una jornada de puertas abiertas por la zona más vetusta de la capital, celebrada el 26 de marzo del mentado 2011, miles de logroñeses y de viajeros pudieron contemplar y recorrer el interior del Centro de la Cultura del Rioja e, incluso, visitar la mal llamada Casa Museo o Casa de la Inquisición, en realidad casa del inquisidor Mateo de las Nuevas. El propio arquitecto Marino Pascual apuntaba entonces que en verano la obra del CCR estaría finalizada.

 

 

Pareciera que, por fin, la ciudad podría lucir, a lo más tardar antes del 2012, con un marco expositivo digno y, sin duda, dinamizador del Casco Antiguo, teniendo en cuenta, además, que por aquellas fechas aún permanecía cerrado a cal el canto el Museo de La Rioja. Tiempo habrá más adelante para analizar lo que denomino ‘Los horrores de la plaza de San Agustín’.

Sin embargo, la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento capitalino, celebrada el 13 de julio –sólo un mes después de que el PP llegara al poder municipal-, guardaba una desagradable sorpresa: el Consistorio paralizaba las obras de construcción del CCR, una suspensión  transitoria «de entre dos o tres meses» -apuntaba entonces la concejal Mar San Martín-, para poder avanzar en la elaboración del proyecto museográfico.

Nada más se supo hasta casi un año más tarde. Así, el 19 de mayo del 2012, la propia alcaldesa anunciaba que el Centro de la Cultura del Rioja albergaría actividades periódicas, como las incluidas dentro de la programación de la Capitalidad Española de la Gastronomía, hasta que pudiera ser acondicionado como museo del vino.

Transcurrieron los meses, incluso los años, sin que el CCR cumpliera las expectativas para las que fue creado, a excepción de actos puntuales como algún concierto de Actual o jornadas temáticas de Pascuas a Ramos. En resumen, un edificio singular, organizado estructuralmente para albergar una exposición sobre el vino de Rioja y otros servicios, que hubiera multiplicado de manera exponencial la oferta turística y cultural de Logroño y dinamizado la maltrecha economía del barrio, teniendo en cuenta que por aquel entonces estábamos inmersos en lo más crudo de la cruda crisis, permanecía muerto de risa.

Ciertos malpensados llegaron a afirmar -sin ningún rubor, por cierto- que si el Ayuntamiento había desaprovechado tanto el CCR como la casa del inquisidor, escudándose tanto en la necesidad de concretar un plan museográfico como en la falta de presupuesto, no era sino con la intención de ocultar dos proyectos ejecutados por el equipo de gobierno anterior. Aunque, a mi entender, esta teoría no se sostiene: nadie es tan torpe ni tan retorcido como para tirar piedras contra el tejado de los logroñeses. ¿O sí?

Pero volvamos a los hechos ciertos y olvidémonos de las maledicencias.

El 21 de mayo del 2014, la concejal de Comercio, Cultura y Turismo, Pilar Montes, anunciaba el resultado del concurso de ideas para la gestión del Centro de la Cultura del Rioja, convocado por el Consistorio. ¡Nada menos que tres años después de la llegada del Partido Popular al gobierno municipal! ‘Expociencia’, la firma ganadora, denominó su propuesta con el sugestivo título de ‘In Rioja veritas’, en la que defendía la instalación de un museo del vino -¡oh novedad!- en la planta baja, sótano, entreplanta y primera planta del CCR, con exposiciones permanentes y temporales.

‘In Rioja veritas’ estructuraba su plan en tres grandes bloques temáticos: arqueología e historia; antropología y etnografía y, por último, ciencias del vino. Apuntaba también ‘Expociencia’ la conversión del patio polivalente en una sala de usos múltiples para diferentes eventos -como ya estaba, vamos-, así como la posibilidad de instalar una agencia de viajes, un vinobar, una enotienda y una escuela de posgrado y máster sobre enología y gastronomía.

Para este viaje no eran menester tan enormes alforjas, sobre todo si tenemos en cuenta que junto a la rehabilitada Casa de la Virgen, el arquitecto Jesús Marino Pascual también entregó en el año 2011 al Ayuntamiento una voluminosa memoria de cientos de páginas en las que explicaba los porqués de cada uno de los detalles del edificio, que él mismo concibió como centro temático o museo. La experiencia de Marino en otros proyectos singulares vinculados al mundo de la cultura y el vino, como el Museo Vivanco, Bodegas Darien o Bodegas Antion, le avalaban. O sea, que la excusa del dilapidar tres años en la confección de un plan museográfico se antoja una falacia o, al menos, excusas de mal pagador.

 

 

De esta forma, nos encontramos a tres semanas de que el Centro de la Cultura del Rioja abra sus puertas de manera parcial y a 40 días para que lo haga al completo, por supuesto con anterioridad a que se celebren las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo.

Los logroñeses, expertos o no en la materia, se preguntarán: ¿Cómo es posible que el Ayuntamiento haya demorado cuatro años la apertura del CCR cuando una UTE no especializada en museografía puede ponerlo en marcha en tan sólo 40 días y 40 noches?

Otra cosa es el resultado final que depare el Centro, el discurso expositivo, los contenidos, el diseño, la escenografía… porque lo importante del Centro de la Cultura del Rioja debe ser el museo del vino, puesto que enotecas, vino-bares, agencias de viaje y oficina de turismo son servicios que la ciudad ya oferta desde hace muchos años.

El resultado final está a la vuelta de la esquina, antes de que toque introducir la papeleta en la urna.

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¡Eterna campaña electoral!

 

Aunque todavía quedan más de dos meses para que se celebren los comicios autonómicos y municipales, llevamos en campaña electoral desde antes de la Navidad. Vivimos/sufrimos un atípico 2015, en el que se van a encadenar como ristras de chorizo cuatro citas con las urnas. A saber, las inminentes andaluzas, las ya mentadas del 24 de mayo, otras regionales –y plebiscitarias, según Artur Mas– en Cataluña y, para fin de año, la madre de todas las elecciones: las generales.

En realidad, la clase política se ha encargado de que, día sí día también, cada rueda de prensa, comparecencia, presentación, entrega de premios, inundación, curso, inauguración o visita se convierta en un acto de propaganda partidista sin otro objetivo que captar clientes o, lo que es igual, votantes. Hasta hace unos años, los mandamases no fijaban su vista más allá de la legislatura en curso –lo que ya daba idea de su cortedad de miras–, pero, en los últimos tiempos, se han superado a sí mismos y, ante cualquier sondeo demoscópico, no dudan en darse un baño de masas o hacer un casting de fotografía y vídeo con tal de aparecer en los ‘papeles’.

Mi duda estriba en que si nuestros próceres están todo el día dedicados al autobombo, a alabar su gestión y a meter el dedo en el ojo del enemigo ajeno, ¿de dónde sacan tiempo para dejarse la piel por el pueblo que los eligió y que tanto les debe por su magnánimo afán?

Resulta sarcástico ver cómo se hunde el techo de Najerafórum apenas cinco días más tarde de su inauguración. ¿Habrán influido las prisas por ponerlo en marcha y por cortar la cinta de rigor? ¿Qué decir también del Barco del Vino de Haro, un proyecto previsto para el 2013 que, por arte de birlibirloque, el Ayuntamiento jarrero pretende botar antes del 24-M? ¿Y qué mosca le habrá picado al Consistorio logroñés para querer abrir ahora el Centro de la Cultura del Rioja después de tenerlo muerto de risa durante cuarto años?

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La Religión, según el BOE

 

El Boletín Oficial del Estado publicaba, en su edición del pasado 24 de febrero, el currículo de la enseñanza de Religión Católica, a través de una resolución del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En total, 21 páginas redactadas al dictado de la Conferencia Episcopal, en las que la jerarquía eclesiástica española asegura que “lejos de una finalidad catequética o de adoctrinamiento, la enseñanza de la religión católica ilustra a los estudiantes sobre la identidad del cristianismo y la vida cristiana”.

Uno de los pilares sobre el que se sustenta la ideología de la futura asignatura de Religión reza así: “La iniciativa creadora de Dios tiene una finalidad: establecer una relación de amistad con el hombre. Es decir, Dios ha creado al ser humano para que sea feliz en relación con Él (…). No obstante, el ser humano pretende apropiarse del don de Dios prescindiendo de Él. En esto consiste el pecado. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz. Dado que su naturaleza está hecha para el bien, su experiencia de mal y de límite le hace añorar la plenitud que él no puede darse por sí mismo y busca de algún modo restablecer la relación con Dios”.

Se escuda el Ministerio en que la asignatura no es obligatoria y que quien no la elija deberá estudiar la alternativa, denominada Valores Culturales y Sociales. Parece no querer darse cuenta el Gobierno de que las personas, antes que cristianos, musulmanes o judíos, son ciudadanos obligados a respetar la ley y el Estado de Derecho, y que las creencias religiosas –sin duda inalienables- forman parte del ámbito privado de cada uno.

En resumen, que para aprobar el curso en Educación Primaria o Secundaria el alumno deberá practicar la oración y asimilar que Dios es uno y trino, creador de todas las cosas y la verdad única y suprema.

¡Menos mal que no se trata de adoctrinamiento!

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