La Rioja

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Desmemoria y memoria (histórica)

 

Vuelve a reabrir el Partido Socialista riojano el debate sobre la memoria histórica y el cambio del nombre de calles con reminiscencias franquistas que todavía lucen en Logroño, para vergüenza de la democracia. Lo hace, sin embargo, tarde y en formato cerrado. Tarde, porque durante la legislatura que gobernó el Ayuntamiento capitalino (2007-2011) tiempo tuvo el PSOE para aplicar la ley impulsada por el Gobierno de España y respaldada por Naciones Unidas, institución nada sospechosa y que, hace pocas semanas, recriminaba de nuevo la tolerancia que el Ejecutivo central aún mantiene con el antiguo Régimen. Pero es que a los socialistas siempre les ocurre lo mismo: se acuerdan de hacer los deberes justo cuando están en la oposición… y luego pasa lo que pasa.

¡Qué desmemoria!

En cuanto al «formato cerrado», no parece muy de recibo proponer un simple cambio de cromos –Antonio Sagastuy vs. Alejandro Dalmati, Milicias vs. Miguel Sarabia…– sin abrir con anterioridad un debate sobre qué denominaciones deben ser suprimidas y qué personas, lugares o hechos relevantes –que los hay, y muchos– merecen engrosar el callejero de la ciudad. Desde luego, no es lo mismo hablar de absolutos extraños para La Rioja como Calvo Sotelo, Víctor Pradera, Jorge Vigón, García Morato o Yagüe que de González Gallarza quien, una década antes de que estallara la Guerra Civil, era un héroe de la incipiente aviación mundial.

Tampoco le valen ya más excusas al PP –y ahora también a su socio, Ciudadanos– para emprender una limpieza política y moral que debería haber realizado hace décadas. ¿O creen que Angela Merkel, compañera de Rajoy en las filas conservadoras europeas, permitiría que una avenida de Berlín luciera la placa de Adolf Hitler o de Hermann Goering?

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¿Qué relevancia da el nuevo Gobierno de La Rioja a Cultura y Turismo?

“La cultura es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que, en el curso de siglos, han permitido al hombre ser menos esclavizado”
(André Malraux)

Arranca un tiempo nuevo en el Palacete, tras casi media vida de virreinato, con dos promesas que no son baladís: transparencia y cercanía o cercanía y transparencia –tanto monta, monta tanto- de las que tan necesitada está La Rioja. Bienvenidas sean ambas como declaración de intenciones, si bien con el paso de la legislatura veremos cuál es la magnitud y el calado que José Ignacio Ceniceros revela en tal empeño. Nada podemos juzgar de la labor del recién alumbrado Gobierno, todavía en fase de ensamblaje, aunque la sola formulación de las diferentes consejerías despierta alguna duda.

Y es que las palabras –o su ausencia– no son inocentes. Veamos: Presidencia, Relaciones Institucionales y Acción Exterior; Administración Pública y Hacienda; Salud; Políticas Sociales, Familia, Igualdad y Justicia; Educación, Formación y Empleo; Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente; Desarrollo Económico e Innovación; Fomento y Política Territorial.

¿Dónde está Cultura? ¿Dónde está Turismo? Se nos llena la boca a los riojanos con lo valioso de nuestro acervo cultural, de nuestro patrimonio, con la creciente influencia del turismo en la economía regional y, sin embargo, nada de ello aparece de forma explícita en la nomenclatura de las ocho carteras autonómicas.

Inquieta la inclusión emboscada de la Cultura en la Consejería de Desarrollo Económico e Innovación porque, cierto es que la Cultura genera una industria que crea empleo y da pingües beneficios. Pero no hay que olvidar, ahora que se manosean tanto conceptos como libertad, liberal o libre albedrío, que la verdadera libertad es la Cultura.

Unamuno dixit.

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“La Rioja, autopista de España”

En los años sesenta, estuvo de moda una pegatina que, adherida a la luna trasera de los ‘Seat 600’, ‘Simca 1000’ o ‘Renault 4’, rezaba así: «La Rioja, autopista de España», axioma ilustrado con el satírico dibujo de una carreterucha trufada de baches y un utilitario hundido en un enorme socavón.

Décadas más tarde, la antigua provincia logroñesa continúa haciendo gala de aquel deshonroso eslogan –si bien nada tienen que ver las carreteras del tradofranquismo con las actuales-, pese a que a lo largo de estos veinte años de prosperidad dispensados durante la recién finiquitada ‘Era Sanz’, la ahora comunidad autónoma se ha transformado en la Arcadia ibérica, envidia de tirios y troyanos.

Al sur se encuentran las tierras de Soria, donde sus moradores llevan tiempo reivindicando la construcción de infraestructuras que las unan con el resto del país, y al este sobrevive una provincia aragonesa, cuyo lema reivindicativo lo dice todo: “Teruel existe”.

Pues bien, resulta que mientras Soria dispone en su red viaria de 121 kilómetros de autovía y Teruel de 143, La Rioja tan sólo suma 57. Y, ojo, son datos oficiales del Ministerio de Fomento que, bien analizados, confiesan lo que las autoridades se callan: somos la provincia española con menos kilómetros de carretera gratuita de doble calzada, a distancia de la siguiente; por no hablar de otras comunidades uniprovinciales: Navarra (258), Baleares (187), Cantabria (230), Asturias (425) o Murcia (547)

Eso sí, la región está vertebrada por la AP 68, autopista de pago con 119 kilómetros que corren paralelos a la ribera del Ebro y que, por obra y gracia del Gobierno del popular Aznar y el aplauso cómplice de quien hasta ahora ha ocupado el Palacete del Espolón, hace dos años que debería haber sido ya gratuita.

¿Cuántas muertes habrían podido evitarse en la N-232?

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Instituto Sagasta: ¡Sí se pudo!

 

Práxedes Mateo Sagasta, el político más influyente del siglo XIX español, esculpió para la historia un axioma lapidario: “Cuando se cierran las puertas de la justicia, se abren las de la revolución”. Ingeniero, periodista y siete veces presidente del Gobierno, el espíritu del prócer nacido en Torrecilla en Cameros parece haber impregnado las paredes del instituto logroñés que lleva su nombre y los corazones de sus moradores, ya sean alumnos o docentes.

Es verdad que la propuesta realizada por Ciudadanos de trasladar el instituto con más alcurnia de la región a las deterioradas instalaciones del viejo Maristas –con oscuras intenciones urbanísticas de por medio– ­tenía poco recurrido y ningún futuro. Sin embargo, la pronta movilización de la comunidad educativa y de otras entidades y colectivos riojanos, así como el denuedo de su frontal oposición, han propiciado que el plan se haya disuelto, más pronto que tarde, como un azucarillo.

Pero el ejemplo ofrecido por el IES Sagasta durante las últimas semanas demuestra que la tenacidad y la inteligencia son más convincentes y pragmáticas que el exabrupto y el pataleo. Porque, aunque nuestros mandamases no lo quieran entender, las señas de identidad de una tierra y de sus gentes, su acervo cultural, sentimental y patrimonial unen casi tanto como el hartazgo por la incompetencia y el engaño.

Como anécdota, algunos recordarán que en la época de la Transición apareció ilustrando una tapia del final de Vara de Rey la siguiente pintada: “Seamos realistas, pidamos lo imposible. París, 1968. Logroño, siempre”.

Y no es broma.

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El Instituto Práxedes Mateo Sagasta y el que asó la manteca

 

Cuando, en plena campaña electoral de las locales y autonómicas, la candidatura logroñesa de Ciudadanos propuso trasladar el IES Práxedes Mateo Sagasta al antiguo colegio de Maristas, parecía una boutade de políticos desnortados, que siembran dilemas donde no los hay y, sin embargo, son incapaces de ver los problemas reales de la gente corriente. La petición del partido naranja planteaba mudar el instituto con más solera de la ciudad al viejo centro de los Hermanos Maristas y ubicar en las instalaciones del Sagasta un centro cívico, una biblioteca, el Archivo Provincial y otras oficinas de servicios como la Agencia de Desarrollo Económico. ¿Y por qué no la perrera municipal?

Ni el que asó la manteca, vamos.

Pero la sorpresa fue mayúscula cuando la formación que a nivel nacional encabeza Albert Rivera insistió en incluir este dislate en el acuerdo de investidura, suscrito con un Partido Popular, desesperado por seguir tocando poder. ¡Anda que no tienen problemas y necesidades mucho más prioritarias Logroño, La Rioja y sus sufridos moradores! En vez insuflar cordura, aire fresco y cambio tranquilo –habría mucho que discutir sobre el significado intrínseco de ‘cambio tranquilo–, C`s  parece tener muy clara, al menos en esta comunidad autónoma, su línea programática: “Un problema para cada solución”.

Y, ojo, si el PP secunda la moción, será cómplice de la misma paradoja.

Este tipo de extravagancias, sin embargo, suelen ser fruto de la bisoñez política de sus progenitores o de cierta impericia. ¿O no? Porque, bien pensado, ¿no resulta extraño que, muchos años después de adquirir Maristas por un potosí, ahora se pretenda recuperar un colegio en ruinas de propiedad privada y un terreno inmobiliario muy jugoso en pleno centro de la ciudad?

Como preguntaría Séneca, cui prodest?

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Tomen nota, políticos logroñeses: El mejor alcalde, el Rey

Y no lo tenía fácil. Ha transcurrido un año desde que Felipe VI recogiera el cetro entregado por su padre, que más que cetro parecía un caramelo envenenado, dada la deriva que la corona española había tomado en los últimos años. Al ‘escándalo Urdangarin’ comenzó a sumarse una retahíla de desgracias y nefastas decisiones –rubias y elefantes incluidos– que empujaron a la monarquía a un callejón de intrincada escapatoria. Pero hete aquí que, 365 días después, ni los españoles ni los políticos de turno perciben a los Reyes como un problema de urgente resolución, y así lo corroboran los sondeos del CIS, pese a que subrayan que todavía queda mucha labor por hacer.

Varias son las causas que han contribuido a esa especie de normalización institucional –de la que tan necesitada está España–, en la que no abundan ni los monárquicos contumaces ni republicanos acérrimos, aunque habría que hacer hincapié en cuatro de ellas: diálogo, transparencia, honestidad y tolerancia cero con la corrupción. Esta última razón quedó especialmente apuntalada cuando, días atrás, a Felipe VI no le tembló la voluntad a la hora de desposeer a su hermana Cristina del título de duquesa de Palma.

Buena nota deberían tomar de las medidas auspiciadas por el Trono los políticos que acaban de ser ‘coronados’ por las urnas. Es verdad que el monarca no ha tenido que someterse al veredicto de ciudadanía, pero sí ha entendido como nadie su mensaje claro y nítido. Llegan tiempos nuevos, tiempos de cambio, porque así lo exigen los españoles y los riojanos y, por ahora, parece que el renovado gobierno municipal de Logroño no ha acabado de asimilarlo tomando decisiones exentas de diálogo y transparencia.

Tomen nota, señores políticos, de lo que dijera el gran Lope de Vega: “El mejor alcalde, el Rey”.

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