La Rioja

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La muralla de Santo Domingo de la Calzada apunta ruina

 

Día a día, la muralla de Santo Domingo de la Calzada avanza hacia la ruina. Se hunde, vamos. Una de las ciudades más simbólicas del Camino de Santiago, que tiene en el turismo jacobeo un nada desdeñable nicho de negocio y de empleo, contempla cómo parte de su patrimonio corre el peligro de venirse abajo. Hace tiempo que los ‘testigos’ de yeso, estratégicamente situados entre las grietas de la fortificación para alertar de sus movimientos, se resquebrajaron.

Argumenta el alcalde, Javier Azpeitia, que antes de actuar en la muralla es necesaria la elaboración de un plan director, lanzándole así el ‘muerto’ a la Consejería de Educación, Cultura y Turismo. Pero mientras Ayuntamiento y Gobierno de La Rioja marean la perdiz, uno de los torreones de la avenida de Burgos amenaza con derrumbarse de un momento a otro. Y no es el único.

Para colmo, el recinto amurallado calceatense está incluido en el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva –dependiente de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales–, aunque, por ahora, tal honor y privilegio, en la práctica, resulta tan útil como tener un tío en La Habana.

Lo cierto y verdad es que durante los últimos años nada se ha avanzado en la protección del lienzo que no se hubiera proyectado en la pasada legislatura y, de hecho, atrás quedan los estudios y los trabajos de rehabilitación supervisados por Mayte y Pedro Álvarez Clavijo.

De anteriores presupuestos municipales, se deduce que las partidas destinadas a adquirir y rehabilitar cada torreón rondó los 200.000 euros anuales, cifra más que asumible por las tres administraciones e, incluso, en solitario por el Ayuntamiento, si mostrara verdadera voluntad política de afrontar la recuperación de esta parte del patrimonio de la ciudad.

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El frontón de Huércanos y las fiestas patronales de San Pantaleón

Hace 60 años, el 27 de julio de 1954, la villa ‘pochanquera’ reinauguró su frontón

Tal día como hoy de hace sesenta años, con motivo de las fiestas patronales en honor a San Pantaleón, Huércanos reinauguró su frontón municipal con un partido de pelota por todo lo alto, al mejor de 26 tantos. Los pochanqueros Ruperto y José Nájera se enfrentaban a ‘Los Rubios’, de Uruñuela, y, aunque la afición había depositado su confianza en los locales, los forasteros se llevaron el duelo por 26 a 20.

Y es que Huércanos siempre ha gozado de una gran afición pelotazale y de jugadores de relieve; desde Emilio Bezares, a medio camino entre los siglos XIX y XX, hasta, décadas más tarde, el mentado Ruperto, Iruzubieta, Gorostiza o Santi, entre otros muchos.

Es creencia popular que la villa de Huércanos disfruta de frontón desde hace varios siglos, si bien las primeras pruebas documentales datan del Catastro del riojano marqués de la Ensenada (1753), en el que consta una propiedad municipal denominada ‘frontón’, y que se encontraría donde los más ancianos del lugar recuerdan como el ‘juego de pelota’, según ha investigado Floren García Merino, experto conocedor de la historia y el folklore de su pueblo.

Mucha es la documentación que atestigua, a lo largo de los siglo XIX y XX, cómo la administración de la cancha era sacada. Una de esas actas corresponde al acuerdo municipal, con fecha de 27 de agosto de 1893, que ordenaba la subasta del arreglo del frontón, cediendo por un lustro la instalación y de forma gratuita por cinco años a aquella persona que dejara terminada la obra y garantizara un buen surtido de pelotas para los jugadores. No obstante, el Ayuntamiento de Huércanos exigía, en una peculiar cláusula, que el rematante no podía cobrar más de cinco céntimos de peseta por entrada en los partidos a 24 tantos.

Hacia 1950, el frontón municipal tuvo que acondicionarse a los nuevos tiempos y a los nuevos reglamentos. El 10 de agosto de 1950, el arquitecto Fernández Ruiz-Clavijo afrontó la reforma y ampliación de la cancha, cuyas obras comenzarían tiempo después, como puede verse en la imagen.

El frontis fue elevado dos metros más, la pared lateral se levantó enteramente de ladrillo, la cancha pasó a medir 28 metros de largo y 10 de ancho –con una superficie total de 280 metros cuadrados–, al tiempo que se acondicionaron cuatro gradas con un aforo para 100 aficionados. El presupuesto de las obras rondó los 20 millones de pesetas, que era una pasta.

La pelota regresó al remodelado frontón el 27 de julio de 1954, con el partido ya citado.

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Campaña electoral ‘gratuita’ a Podemos

Érase una vez un partido político llamado Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), fundado en Barcelona en 1931, y que tuvo relevancia durante la II República con dirigentes como Macià, Companys o Tarradellas. Tras la dictadura franquista, ERC retomó su actividad pública con resultados dispares en Cataluña y el techo de un diputado nacional desde las primeras elecciones democráticas de 1977. Dando tumbos, consiguió Esquerra –con apenas 5.503 militantes– convertirse en el 2003 en el ‘partido bisagra’ para alcanzar la Generalitat, lo que se tradujo aquel desafortunado gobierno tripartito presidido por el socialista (?) Maragall. De hecho, el entonces líder de ERC, Carod-Rovira, ocupó el cargo de ‘conseller en cap’.

Ultranacionalista catalán y polémico donde los haya, Carod fue objeto de una campaña de acoso y derribo tras reunirse con dos jefes de ETA, sin conocimiento de Maragall. La torpeza del ‘conseller en cap’ acabó costándole el cargo, si bien los ataques contra ERC no cejaron. Al año siguiente, el resultado de Esquerra en las elecciones generales españolas fue espectacular: pasó de uno a ocho escaños y, en la actualidad, sus militantes superan los 10.000. Este salto exponencial de Esquerra fue fruto, sin duda, de la eficiente ‘campaña publicitaria’ encabezada por el propio presidente Aznar. Tal es la fuerza actual de ERC, que en las próximas autonómicas tiene todas las papeletas para alcanzar la presidencia de la Generalitat.

Diez años después, la historia se repite con una operación de marketing muy similar, y que tiene a Podemos como ‘cliente’. Las fuerzas conservadoras se ceban ahora con Pablo Iglesias, al que tachan de radical, de pro-etarra, de bolivariano, de populista… En resumen, que la derecha va a convertir a Podemos en alternativa de gobierno ¿Premeditado? Ese juicio queda a criterio del lector.

PD. El vídeo de Joaquín Reyes en ‘El intermedio’ es un ejemplo de la parodia con chispa, del humor bien entendido, muy lejos del insulto zafio y de la demagogia barata

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Portales de posguerra en una mañana de lluvia

 

No fueron tiempos amables los sufridos en los años 40. En lo más crudo de la cruda posguerra, una capital de provincias como Logroño trataba de sobrevivir, acuciada por la escasez, por la miseria humana y, sobre todo, por el hambre. Cartillas de racionamiento, trapicheo, estraperlo y filas en los cuarteles mendigando el rancho contrastaban con lujosos bailes y fiestas de postín, que las familias bien avenidas disfrutaban con manjares como pato flambeado, langosta, champán francés y gin-fizz. La imagen que hoy llega a esta Retina de la Memoria corresponde a la entonces calle General Mola –actual Portales–, fechada en el año 1946 y publicada por E. Sicilia.

Esa Calle Mayor que, una década más tarde, plasmaría en celuloide Juan Antonio Bardem; una grisalla que, además de adquirir la categoría de obra maestra del cine mundial, se convirtió en un fiel retrato de la España profunda del franquismo.

En la fotografía, tomada con la colegiata de La Redonda –aún no había alcanzado el rango de concatedral– y el palacio de los Chapiteles de fondo, puede observarse la calle semivacía, con un único vehículo aparcado, un ciclista perdido y otro coche que avanza a la altura de la plaza del Mercado, por aquella época plaza de los Héroes del Alcázar. Y el asfalto, abrillantado por la lluvia, que más bien parece un espejo. Portales conservó la estructura de vía al tráfico hasta su peatonalización, impulsada por Manuel Sáinz y Pilar Salarrullana en la década de los 80.

Calle de tiendas y paseos

Contrasta la soledad de la instantánea –quizás tomada a primera hora de la mañana– con el bullicio que la calle Portales albergada, y todavía conserva, como una de las arterias más comerciales y de más agradable paseo de la capital riojana. Bien entrada la tarde, sobre todo sábados y domingos, centenares de logroñeses –jóvenes en su mayoría– caminaban bajo los soportales en un carrusel interminable de ida y vuelta, en el que todos los procesionantes quería ver y ser vistos.

Casi en primer término de la foto, puede leerse el letrero ‘Casa Barajas. Comidas’, uno de los establecimientos habituales en el que riojanos y forasteros podían evadirse de la descarnada realidad. Un poco más atrás se ve un coche apartado tipo ‘haiga’. ¿Que qué marca es esa? Cuando los nuevos ricos, a costa del estraperlo y el chanchullo, iban a adquirir un vehículo, siempre pedían al vendedor “el más grande que ‘haiga’”

A la izquierda, se encuentra la bocacalle que accede a la plaza Martínez Zaporta, donde el café Moderno ya era un local de referencia, así como el cine de igual nombre en el que triunfaban casposas películas españolas –con alguna excepción– y las de hazañas bélicas. A la derecha, la calle Gallarza abría un sinfín de posibilidades: bar Chaval, calle Laurel… y, en los alrededores, el café Los Leones,  La Granja, el Círculo La Amistad o el café Comercio, en el Espolón.

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El NODO del siglo XXI

 

Estoy a 800 kilómetros de La Rioja. Entro en una taberna y pido un pulpo a feira, unos berberechos al vapor y unas navajas a la plancha, todo regado con Albarino, que no es Rioja pero, fresquito, está muy bueno. Al fondo, el televisor desmenuza el Mundial de Brasil. De pronto, el deporte pone su punto y final con el Tour y la actualidad -la de verdad, vamos- regresa a la pantalla: El beatífico y nada teocrático Ejército israelí bombardea a los malvados integristas palestinos; El Gobierno firma con Rusia el convenio de adopciones internacionales dejando a las parejas homosexuales sin posibilidad alguna, pese a que la legislación nacional española, por ahora, les otorga los mismos derechos. Blesa, uno de los detonantes de la crisis económica que sufre el país -sólo Cajamadrid ha costado decenas de miles de millones de euros del maltrecho erario público-, sigue en libertad mientras el juez Silva, por una cuestión de forma, se sienta en el banquillo…

De pronto, aparece en la pantalla la imagen de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España. Habla encaramado a un atril con un fondo que más parece un plasma que un paisaje real.  El plano se abre y, junto a él, aperecen varias autoridades riojanas. Está inaugurando, asegura TVE, el último tramo de la autovía del Camino a su paso por La Rioja. Recuerdo, días atrás, cuanto estaba todavía en Logroño, cómo la ministra de Fomento, Ana Pastor, acudía a la colocación de un tablero sobre el río Ebro del enlace que comunica con Navarra. ¿El último tramo? Me suena a mentira. Entre Santo Domingo de la Calzada y Grañón todavía queda trecho que infraestructurar. La imagen de Rajoy con un atril, en mitad de una autovía desierta, me huele a déjà vu, a NODO. El NODO del siglo XXI. Para Colmo, esta visita es la primera oficial que Rajoy lleva a cabo a La Rioja. De verdad: ¿es que Rajoy no tiene nada mejor que hacer que inaugurar una autovía, al ‘estilo caudillo’, con un retraso abochornante?

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Arnedillo, balneario de salud y de ocio

De posible origen romano, las aguas de Arnedillo eran muy apreciadas en el siglo XVIII en la Corte de Madrid

“Constan estos baños de azufre, de salitre o nitro, y de vitriolo y así serán útiles para todas las enfermedades que aprovechan estos ingredientes”. De esta manera explicaba, en el año 1745, el doctor Félix Eguía, las propiedades de las aguas termales de Arnedillo, en su ‘Escrito abstracto de los mejores autores, de las virtudes, y para qué enfermedades son útiles, y de sus ingredientes, las aguas minerales de Trillo, del Molar, de Arnedillo, de Sacedón, y de Buendía, que son las que regularmente practican los cortesanos de esta Corte de Madrid, para libertarse de sus respectivas dolencias, y lo que deben executar antes, en el baño, y después de él’.

La tradición balnearia de esta localidad riojabajeña puede remontarse a la época romana, basándonos en ciertos vestigios hallados en la zona, si bien los primeros escritos sobre sus propiedades medicinales datan del año 1068. No sería hasta el siglo XIX cuando junto al famoso balneario se levantara un hotel que, tras diferentes lagunas históricas, todavía sigue funcionando a pleno rendimiento.

Durante el reinado de Fernando VII, en 1816, fue redactado el primer reglamento de aguas y baños minerales, dado el interés de la Administración por el control de la sanidad. Fue por aquel entonces cuando los balnearios, además de como centros terapéuticos, también adquirieron fama lúdica y cultural para los más privilegiados.

En 1847, el calagurritano Florencio Martínez de Pinillos –que había adquirido gran experiencia en las aguas termales de Cestona (Guipúzcoa)– compró al Gobierno el balneario de Arnedillo, mejorando sus instalaciones y levantando un hotel.

Las aguas termales de Arnedillo nacen gracias a la existencia de una falla geológica, que hace descender la caliza del jurásico a más de dos kilómetros de profundidad. Abajo, la temperatura alcanza los 100 grados, por lo que el agua de lluvia de Cameros eleva su temperatura y suben a la superficie a través de la citada falla conservando los 40 grados centígrados.

En la fotografía publicada por la Imprenta Hauser y Menet –una de las más prolíficas de la época a nivel nacional–, vemos cómo el vecindario de Arnedillo contempla uno de esos primeros vehículos a motor que, a buen seguro, acababa de trasladar hasta el balneario a alguna familia pudiente. Era mediados de los años 10 y la I Guerra Mundial estaba permitiendo el despegue industrial de La Rioja, gracias sobre todo a las conservas. Incluso el balneario abrió sus servicios a los militares que combatían en África para curar así sus heridas y dolencias.

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