La Rioja

img
Categoría: Sin categoría
‘La Historia de Laguardia jamás contada’

 

«Los animales, por lo general, no hablan. Los de esta historia, sí». De esta manera comienza el libro titulado ‘La historia de Laguardia jamás contada’, cuya presentación tendrá lugar el viernes 22 de julio en la Oficina de Turismo de Laguardia, situada en la Casa Garcetas. Los autores de la publicación son la pintora e ilustradora Judith Sáenz de Tejada Gorman, mientras que el texto corre a cargo de nuestro compañero Marcelino Izquierdo Vozmediano, jefe de Cierre de Diario LARIOJA

El volumen, publicado por Ediciones Másquerutas, tiene un esquema muy similar al de los anteriores proyectos sobre Logroño, La Rioja, Bilbao y Vitoria, si bien en esta ocasión el formato es más manejable y sale a la calle en castellano, inglés y euskera. A través de ‘La historia de Laguardia jamás contada’, publicación destinada a ‘niños’ «de entre 9 y 99 años», los autores describen e ilustran la villa de Laguardia con el propósito de «servir de entretenimiento, pero también de guía turística, histórica, cultural, festiva o gastronómica» asegura Izquierdo.

Tanto la pintora como el escritor ya habían colaborado conjuntamente en anteriores ocasiones. «El trabajo en equipo es muy gratificante, nos ayudamos y complementamos para que la obra sea un todo y, además, resulte divertida», afirma Judith Sáenz de Tejada.

Durante el presentación, que comenzará a las siete y media de la tarde, además de proyectar ilustraciones y fotografías, los autores irán desgranando algunas de las anécdotas y curiosidades de la villa riojano alavesa, al tiempo que dibujarán en directo a los principales personajes y las estampas más tradicionales. Tampoco faltará el turno de preguntas para los asistentes. Además de Judith Sáenz de Tejada y Marcelino Izquierdo, también estará presente el alcalde de Laguardia, Pedro León.

Ver Post >
¡Asco!

 

Pamplona. 9 de julio de 1984. Tras haber agotado el fondo común en cervezas y algún que otro bocadillo de gran calibre, mis amigos y yo buscamos acomodo en los jardines de la plaza del Castillo. Había que descansar al menos un par de horas antes de intentar la aventura del encierro. Era tal el gentío tumbado sobre el césped, a las cinco de la madrugada, que optamos por emigrar a los jardines de la Taconera, frente al hotel Tres Reyes. Dormitábamos en el pasto tras una barrera de arbustos, cuando un murmullo, entremezclado con risotadas y algún grito más alto que otro, segó nuestra paz. A lo lejos, una chica rubia de buen ver se acercaba con caminar errabundo, perseguida por una gavilla de moscones. Eran, en su mayoría, mozos ataviados de blanco y con fajín rojo, que se estaban propasando con una chica indefensa. De pronto, la muchacha fijó su vista en uno de mis amigos como quien ve un salvavidas y, tras una carrerilla inesperada, se echó en sus brazos. Estaba tan aturdida y desesperada que le plantó un beso como si fuera su novio. Nos quedamos atónitos. Con nuestro limitado inglés –¡maldigo al ministro de Educación que nos obligó a estudiar francés!- supimos que era californiana, que se llamaba Belinda y que buscaba a tres amigas de las que se había extraviado. Los moscardones seguían revoloteando alrededor, por si surgía la ocasión de llevarse a la joven a un lugar más oscuro. Por suerte, una patrulla de la Policía Local pasó cerca y Belinda quedó a buen recaudo. Aún recuerdo cómo nos insultaron los abusadores cuando se dieron cuenta de que la chica nada tenía que ver con nosotros. “No la podíamos haber repartido”, espetó uno de ellos, como si Belinda fuera un trozo de carne.

Ver Post >
Sagasta, instituto desde hace 174 años

 

El edificio del IES Sagasta, que ahora cierra sus puertas durante varios años para ser remodelado, se inauguró en 1900

 

El 21 de septiembre de 1900, festividad de San Mateo por más señas, era inaugurado el majestuoso edificio que acoge el actual IES Práxedes Mateo Sagasta, sobre el trazado del arquitecto Luis Barrón.
Casi 116 años después, el popular centro educativo acaba de cerrar sus puertas, en un emotivo acto de despedida, para poder ser rehabilitado y adaptado a las exigencias pedagógicas del siglo XXI.

Sin embargo, la historia del primer instituto que tuvo La Rioja se remonta al otoño de 1842, con la creación del denominado Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Logroño, que vio la luz por el empeño personal de Baldomero Espartero, en aquel tiempo regente del Reino de España.

Instalado en el antiguo convento de los Carmelitas Descalzos, la apertura del primer curso académico tuvo lugar el 1 de octubre de 1843 y así funcionó hasta finales del siglo XIX, cuando las autoridades, conscientes de las limitaciones para la docencia del viejo monasterio fundado en 1629, proyectaron el nuevo edificio en el mismo emplazamiento.

Cuando arranquen las obras de reforma del IES Sagasta –todavía sin fecha concreta–, técnicos y operarios se encontrarán bajo los cimientos alrededor de doscientas tumbas de religiosos carmelitas, inhumados entre 1629 y la Guerra de la Independencia (1808-1814), y que Barrón quiso respetar.

A lo largo de sus 164 años de vida, miles y miles han sido los alumnos y profesores que han pasado por sus aulas, de los que entresacamos a un puñado de ellos, seguros de que nos dejamos a muchos en el tintero por falta de espacio: los arquitectos Fermín Álamo, Quintín Bello y Agapito del Valle; los matemáticos Julio Rey Pastor, Sixto Cámara Tecedor y Olegario Fernández Baños; los académicos Emilio Alarcos Llorach y José María Lope Toledo; los profesores Ildefonso Zubía, Ignacio Zumeta y Tomás Mingot; los políticos Amós Salvador Rodrigáñez, Joaquín Elizalde y José María Gil-Albert; los escritores Paulino Masip y Rafael Sánchez Mazas; el cronista Jerónimo Jiménez; el ingeniero Carlos Fernández Casado; el oftalmólogo Ramón Castroviejo; el Premio Príncipe de Asturias Luis Díez del Corral; el religioso José María Escrivá de Balaguer, hoy Sanjosemaría, o los pintores Baldomero Sáenz y Emilio García Moreda.

La imagen que hoy contemplamos, y que pertenece al archivo del Instituto de Estudios Riojano (IER), fue tomada en 1934 por Manuel Arribas y publicada como postal por la imprenta Hijos de Alesón. Frente a la fachada principal, se erige la estatua de Práxedes Mateo Sagasta, político torrecillano que da nombre al instituto desde 1975. Al fondo, a la izquierda, el cuartel de Artillería, cuyo espacio ocupa ahora el Ayuntamiento capitalino.

Ver Post >
Centro de la Cultura del Rioja o el que avisa no es traidor

«El mejor profeta del futuro es el pasado» (Lord Byron)

 

Hace justo un año, vaticinaba en este mismo ‘Crisol’ y en el blog ‘Historias Riojanas’ el futuro incierto del Centro de la Cultura del Rioja (CCR) nada más abrir sus puertas: «(…) deprisa y corriendo, el CCR se ha querido poner en marcha al calor de las urnas a través de un proyecto errático, cortoplacista y de consumo interno o, lo que es lo mismo, de autopropaganda».

¡Cuánto me fastidia haber sido profeta… y en mi tierra!

Pese a que el Ayuntamiento de Logroño acaba de anunciar el cierre y la suspensión temporal del contrato del Centro de la Cultura del Rioja, con la excusa de reparar las goteras de la cubierta y otras deficiencias añadidas, se antoja evidente que esta medida –que llega en lo más álgido de la temporada turística– no responde, ni de lejos, a las causas apuntadas. De hecho, la reapertura es una quimera sin fecha ni intención. Las goteras y otros desperfectos de la cubierta son anteriores a la apertura del Centro, de lo que puedo dar fe.

Lo que Logroño necesita, y desde hace muchos años, es un museo de calidad y no una suerte de vídeos superfluos e instalaciones minimalistas. Lo de la cafetería, el winebar, la sala de cata, la tienda de vinos o el escenario de música y teatro con copa incluida lleva años ofertándose a través de la iniciativa privada.

El problema no radica en si la UTE (formada por Osga y Sapje) que gestiona el CCR incumple o no el pliego de condiciones redactado por el Consistorio; el problema, en sí, es el propio pliego de condiciones, que no apostó por un centro de titularidad pública, que contribuya a dinamizar el Casco Antiguo y que amalgame los vínculos de la capital con la enología y su cultura.

Ver Post >
Hooligans

«El patriotismo es la virtud de los depravados» (Oscar Wilde)

 

Define el diccionario de la RAE el término hooligan como «hincha británico de comportamiento violento y agresivo». Era Edward Hooligan, allá por 1877, un tipo canalla, borrachín y pendenciero, que todos los fines de semana armaba la marimorena – en versión inglesa, claro– en su barrio del sur de Londres, cuando su hígado y su escaso cerebro estaban bañados en cerveza. Fueron tan sonadas sus ‘hazañas bélicas’ que el apellido quedó muy pronto vinculado a cualquier hecho violento que salpicara calles, pubs o parques de la capital británica.

Cuentan también que, al arrancar el siglo XX, una familia irlandesa de apellido Hooligan sembraba el terror en los campos de fútbol londinenses. El padre, la madre y su caterva de retoños se dedicaban a insultar ruidosamente a cuantas aficiones se enfrentaban a los equipos en los que jugaba alguno de los miembros del clan. La franquicia Hooligan, por desgracia, acabó extendiéndose por el planeta y adaptándose a cada lugar con apelativos como ultras, barras bravas, tiffosi o torcidas.

Tras el frenazo que supuso la tragedia de Heysel, que en 1985 dejó 39 muertos y 500 heridos, ha ido reflotando con fuerza de manera intermitente hasta llegar a la actual Eurocopa de Francia. Ingleses y rusos, sobre todo, están dejando un rastro de asquerosa y execrable sinrazón, amparados en un patrioterismo futbolero que, en resumen, no esconde sino una realidad mucho más peligrosa: la intolerancia.

Thomas Mair, asesino de la diputada laborista Jo Cox, no deja de ser un hooligan llevado a la máxima expresión de la crueldad, un intolerante fanático del Brexit que, envuelto en la ‘Union flag’, odia hasta la muerte a quienes no piensan como él.

Pese a todo, el Brexit triunfó respaldado por millones de hooligans, que prefirieron apostar por la cerrazón y el ombliguismo cateto.

Ver Post >
‘Discorso di Logrogno’

 

 

Cuando apenas queda un lustro para conmemorar el V centenario del Sitio de Logroño y el Voto de San Bernabé –del que hoy celebramos su festividad por todo lo alto–, bueno sería recordar cómo el viento fresco del Renacimiento comenzó a soplar en esta zona del valle del Ebro, en los albores del siglo XVI, cambiando el destino de un villorrio medieval alrededor de un puente por el de una próspera ciudad. Diez años antes de la gesta de 1521, el pensador e historiador Francesco Guicciardini  fue nombrado embajador de la República de Florencia en la Corona de Aragón, que entonces gobernaba Fernando el Católico.

La importancia estratégica de la ahora capital riojana, en relación al conflicto que Navarra mantenía con castellanos y aragoneses y que desembocó en la conquista del reino pamplonés, obligó al diplomático italiano a residir en Logroño durante largas temporadas. Seguro que Guicciardini rindió visita a Viana, donde pocos años antes había perdido la vida y estaba enterrado César Borgia, protagonista de ‘El príncipe’ (1513), obra cumbre de su paisano y amigo Nicolás Maquiavelo.

Pero entre los servicios políticos a su república y la curiosidad por el arte y la cultura de la zona, Francesco Guicciardini todavía tuvo tiempo de redactar uno de los muchos ensayos políticos y filosóficos que publicó a lo largo de su vida y que, en honor a la ciudad que le dio cobijo, tituló ‘Discorso di Logrogno’ (1512). Alejado de la vorágine del Cinquecento fiorentino, el entonces joven filósofo pudo juzgar desde la lejanía, y con mayor independencia, los conflictos que afloraban en la ciudad toscana. En su ‘Discorso di Logrogno’, Guicciardini ofrece una visión escéptica y desencantada de la política y de la capacidad humana para intervenir en la realidad. ¿Les suena?

Ver Post >