La Rioja

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Pero… ¿quién diantre es Pedro Albéniz?

 

Pero… ¿quién diantre es Pedro Albéniz?, se preguntan algunos de los visitantes de la XLVIII Exposición que la Federación Riojana de Sociedades Filatélicas. Resulta que el tal Albéniz es este año protagonista de la muestra que se celebra esta semana en los bajos del Ayuntamiento de Logroño, y que mañana se clausura.

Hijo del también músico riojano Mateo Albéniz, el ‘desconocido’ Pedro Albéniz fue profesor de piano de la reina Isabel II, primer maestro de piano del Conservatorio de Madrid y pionero en la introducción de novedosas técnicas musicales y pedagógicas. Este ilustre logroñés impulsó el denominado «pianismo romántico», que se extendería por toda España a partir de 1830, y fue autor de un innovador método para la enseñanza de su instrumento, referente de los estudiosos del piano. Ocupó, además, la Vicepresidencia del Liceo Artístico y Literario, la Academia Filarmónica de Madrid lo nombró distinguido profesor y entre sus condecoraciones figuran las de caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III y de la Orden Española de Isabel la Católica.

Y, por si esto fuera poco, los historiadores consideran a Pedro Albéniz como el músico más influyente en la Familia Real de mediados del siglo XIX, pues era habitual verle en la corte, escuchar las piezas que componía para los ‘Conciertos de familia’ y tocar el piano a cuatro manos junto a la propia Isabel II

Gran dinamizador de la vida cultural madrileña, Albéniz era asiduo de las veladas músico-literarias que se celebraban en la capital y en las que participaban célebres escritores como el también riojano Bretón de los Herreros.
Mientras Madrid, con Ruiz Gallardón al frente, homenajeó a Albéniz en el 2008, su ciudad natal ni tan siquiera se ha dignado en dedicarle una calle.

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San Pedro se la bendiga o el parking hospitalario de la vergüenza

Aparece más de una vez en ‘El Quijote’ cervantino y hasta Clarín lo rescató para su ‘Regenta’. Sabio refrán: “A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”. O sea que, cuando Dios todopoderoso ordena algo, nada puede hacer el apóstol San Pedro, Pontífice de la Iglesia Católica, sino darle su bendición. Hablando en plata, resignación, acatamiento y que sea lo que Dios quiera.

Se descolgó este verano el Gobierno de La Rioja con la propuesta de convertir en zona de pago el aparcamiento Oeste 1 del hospital San Pedro. Pese al oscurantismo y la ‘estivalidad’ del anuncio, enseguida se movilizó buena parte de la sociedad logroñesa en contra de una medida tan arbitraria como poco racional. Fue entonces cuando la Consejería de Salud despejó la incógnita: en el 2013, siendo presidente autonómico Pedro Sanz, la Fundación Rioja Salud había firmado un contrato con la empresa Aparcamiento CIBIR SL por el que se obligaba a hacer de pago el aparcamiento gratuito del San Pedro o, de lo contrario, debería abonar una indemnización de 10 millones de euros.

¿Es que nadie va a dimitir por tan gravosa y lamentable gestión? ¿Es que nadie del anterior Gobierno regional va dar explicaciones?

Mientras cualquier obra pública tarda años en concretarse, las infraestructuras para que el sufrido ciudadano pague religiosamente en este parking van a estar listas en un pispás. Así, el usuario del hospital o sus familiares tan sólo tendrán que enfrentarse a las máquinas de control de acceso y obtener su tique de descuento introduciendo la tarjeta sanitaria del paciente en un lector o teclear los nueve primeros dígitos de la misma o teclear el DNI, además de adjuntar el número de habitación y el apellido del paciente. Eso sí, también tienen la opción de ir el parking del CIBIR, que cuesta lo mismo, y ahí es donde está el negocio… para la empresa gestora, claro está.

Lo dicho: San Pedro se la bendiga.

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La más bella de 1908 era riojana

Una modistilla logroñesa de 18 años fue la primera miss que representó a España a nivel internacional, en un concurso organizado por ‘The Chicago Sunday Tribune’

Aunque la belleza femenina siempre ha sido a lo largo de los siglos motivo de exaltación, el origen de los concursos de belleza de la edad moderna nació en 1921 en Estados Unidos cuando se celebró el certamen de Miss América, en la ciudad costera de Atlantic City.

Trece años antes, sin embargo, en 1907, la prensa norteamericana lanzó el guante en busca de la mujer más guapa del planeta. Y fue una logroñesa quien fue elegida para representar a España y cuya imagen dio la vuelta al mundo.

El periódico ‘The Chicago Tribune’ había organizado un concurso de belleza para elegir a la mujer más hermosa de Estados Unidos, de la que salió vencedora Marguerite Frey, una joven empleada de banca de 19 años y residente en Denver (Colorado). La idea había surgido de una apuesta entre un neoyorkino y un vecino de Chicago, que insertaron en la prensa varios anuncios en busca de la joven más atractiva de esta última ciudad. El éxito fue tal, con cientos de fotos enviadas, que ‘The Chicago Sunday Tribune’ compró los derechos. El concurso comenzó el 19 de diciembre de 1906 y concluyó el 7 de julio de 1907.

Empujada por el orgullo norteamericano tras la elección de Marguerite Frey –y por una evidente operación de marketing para vender más ejemplares–, la publicación del estado de Illinois lanzó el guante al resto del mundo: retó a que otros países para que presentaran a sus candidatas.

A través de decenas de cablegramas, los responsables del dominical de Chicago invitaron a periódicos de Francia, Inglaterra, Argentina, Suecia, Noruega, Japón, Escocia, Irlanda, México, Costa Rica, Nueva Zelanda, Chile, Sudáfrica, Australia, Gales… y también España para que se sumasen a tan novedosa –para la época– iniciativa.

Cuatro finalistas españolas

El periodista y editor Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, alma mater de ‘Blanco y Negro’ y de ABC, recogió el guante: «Aceptamos el desafío, pues si es cierto que los Estados Unidos son el país más rico del mundo, no es menos  cierto que la belleza y la gracia femenina fueron y serán siempre patrimonio de la mujer española».

Así, ‘Blanco y Negro’ designaría a la representante del país a través de un casting de fotografías que, según las bases del concurso, deberían pertenecer a chicas de entre 14 y 30 años y que no fueran «profesionales» del mundo de la moda, la música o la escena. El jurado estuvo compuesto por reconocidos pintores, escultores, críticos de arte, fotógrafos y redactores de ‘Blanco y Negro’ y ‘ABC’, quienes eligieron a las cuatro finalistas. Cuatro fueron los retratos finalistas que, sin nombres ni apellidos, bajo lema y con sobre cerrado, pasaron por el tamiz de un jurado  y del público. Finalmente, la ganadora llevaba por lema ‘Logroño’ e incluía una imagen realizada por el excelente fotógrafo calagurritano Alberto Muro.

De esta manera lo contaba en sus páginas la publicación madrileña: «El día 20 de febrero de 1908, ante el notario del Ilustre Colegio de Madrid  Federico Plana Pelusa, se procedió al escrutinio de los votos obtenidos en el Concurso de Belleza convocado en el nº 858 de la revista ‘Blanco y Negro’, correspondiente al día 12 de octubre del año pasado. Al efecto, se hizo el recuento de los boletines recibidos, cuyo número resultó ser 16.927, y hecha por dicho notario la relación por grupos, se vio que de los cuatro retratos publicados, elegidos por el jurado, había obtenido el número 2, cuyo lema es ‘Logroño’, 9.603 votos, cantidad superior a los sufragios reunidos por cada uno de los otros tres retratos». ¿Quién era la ganadora?

 

Vecina de la calle del Mercado

Ante el mismo notario, se procedió a abrir el sobre ganador, bajo el lema de ‘Logroño’, que correspondía a la señorita Petra Herce. Además de poseer una belleza serena –con puede apreciarse en el retrato de Muro–, Petra Herce era una joven logroñesa de 18 años, aprendiz de modista –una más de las cientos de modistillas que trabajaban en la capital riojana– y que por aquel entonces se hallaba soltera. Tenía su domicilio en calle del Mercado, nº 112, piso segundo, actual calle Portales. Así hablaba ‘The Chicago Tribune’: «Es apenas una niña que representa el grado más elevado de ese encanto español que ha fascinado a los poetas y pintores del mundo entero desde los albores de la civilización».

El desafío lanzado por el periódico de Chicago al resto del mundo tardó semanas en ir recibiendo respuestas de los cinco continentes, pues cada país debía de elegir en primer lugar a su candidata y, después, proponerla. Y, claro está, los medios de locomoción de la época no eran tan rápidos ni tan eficientes como los actuales. Aún así, como un goteo permanente, ‘The Chicago Tribune’ fue publicando las imágenes de las bellas aspirantes, sobre todo en el suplemento dominical. Finalmente, alrededor de 15.000 las fotografías tomaron parte en el certamen.

Tras una esmerada selección, fueron elegidas para la gran final las chicas más hermosas, entre las que no estuvo la riojana, y finalmente el título mundial fue a parar a la representante inglesa Ivy Lilian Close, con 18 años recién cumplidos, a quien el título empujó al mundo del espectáculo. Bajo el nombre artístico de Ivy Close, contrajo matrimonio a los pocos meses del concurso con el fotógrafo y realizador Elwin Neame (1885–1923) y comenzó a protagonizar películas de cine mudo, hasta completar una cuarentena de títulos como ‘The Lure of London’, ‘The Ware Case’,  ‘The House Opposite’, ‘Nelson’, ‘Missing the Tide’, ‘The Irresistible Flapper’, ‘The Flag Lieutenant’, Was She Justified?’ o ‘La roue’. Su exitosa carrera en Estados Unidos acabó con la llegada del cine sonoro, ya que su acento inglés se consideró inadecuado para el público norteamericano.

Por que respecta a Petra Herce, además de la satisfacción de haber representado a España en el primer  concurso global de belleza, retomó su vida cotidiana como modista en Logroño.

 

Duelo en Chile por la muerte de su mujer más guapa

Entre todos los países convocados a participar en el concurso de belleza, Chile se negó a presentar por una razón extraña: Sofía de Schiavetti, durante años considerada como  la mujer más hermosa del país andino, había muerto recientemente. «¿Qué sentido tiene buscar a otra persona? –explicaban fuentes chilenas al ‘Chicago Tribune’–. Claro que hay otras mujeres hermosas en Chile, muchas, pero las gentes de esta tierra romántica son tan fieles a la memoria de su belleza perdida que no van a presentar otra candidata». Y es que los chilenos adoraban a Sofía de Schiavetti, hija de una antigua y aristocrática italiana que se estableció en Sudamérica en el siglo XIX y residente en Valparaíso. Chile mantenía a Sofía de Schiavetti en su memoria como algo sagrado, casi como a una santa, y no el país no estaba dispuesto a reconocer que la joven podría tener una posible competidora, incluso en su propio país. Porque, además de convertirse en un icono de belleza, Schiavetti era muy reconocida por su labor social, su pureza y su bondad con las clases menos favorecidas.

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Tiempos extraños

“Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

 

Despertamos un lunes de noviembre –algunos casi ni dormimos tras la resaca electoral– con la inquietante victoria de Donald Trump en el imperio usamericano. No fue una sorpresa mayúscula, acostumbrados ya a sobresaltos como el ‘brexit’ o el referéndum de Colombia, pero sí un toque de atención en torno a lo que ocurre en estos tiempos extraños, a los errores del pasado reciente y al futuro incierto que nos aguarda. “Hay que refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad, porque hemos pasado a dos dedos de la catástrofe, advirtió Nicolas Sarkozy, en el 2008, cuando la crisis no cesaba en su empeño de arrasar a las clases medias y de hundir todavía más a las menos favorecidas. Nada nuevo se supo de aquella “refundación”. ¿O sí?

En España, entretanto, una suerte de grisalla retoma un gobierno que, aún interino, siempre tuvo bajo control, la socialdemocracia se fagocita con el empeño puesto en la desintegración y el populismo avanza por ambos flancos del arco ideológico. Nada importan ni la pobreza ni la corrupción. Nada importa que la clase política robe, mienta, manipule o dilapide nuestro futuro agostando, por ejemplo, la hucha de las pensiones. Nada.

Y, mientras, la incesante marcha de personas íntegras, de referentes morales y culturales, se hace cada vez más insoportable. Horas después de que el dramaturgo Francisco Nieva hiciera mutis por el foro, dejando huérfano el lado más genial, salvaje y atrevido del teatro, desaparecía Leonard Cohen, poeta, músico y, sobre todo, una mirada crítica y singular de un mundo feroz: “Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera”, sentenció.

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Hola, Rufián

“Tanto el capitalismo como el nacionalismo son frutos de la obsesión por el poder, el éxito y la posición social”. Aldous Huxley

 

Hola, Rufián. Aunque nadie nos ha presentado, me atrevo a tratarte de tú. No es mi estilo, pero conocido tu descaro y altanería, nada de andarnos por las ramas. Reconócelo: te excita pontificar desde la tribuna del Congreso, con cara de niño que nunca ha roto un plato, leyendo desmañados monólogos que no pasarían el corte en ‘El Club de la Comedia’, y te pone aún más cuando tus ocurrencias incendian los escaños de los que consideras enemigos de tu patria. Esgrimes un discurso tan infantil y maniqueo que, si se analiza con sosiego, uno no sabe si reír o llorar o las dos cosas a la vez.

Mira, Rufián. Puedes ser nacionalista o independentista. ¡Faltaría más! Eso sí, aplícate lo que escribió George Orwell: “El nacionalismo es hambre de poder atemperada por el autoengaño”. Y recuerda que Orwell combatió el fascismo en la Guerra Civil y se jugó la vida contra Franco, el mismo dictador que trivializas sin ambages cuando comparas su régimen con la actual democracia. ¡Cómo me hubiera gustado verte, con tu cachaza y arrogancia, corriendo delante de los ‘grises’ en las Ramblas!

Descalificas, Rufián, a unos y a otros (con razón o sin ella), desenfundando tu revólver de rústico perdonavidas sin importarte la incoherencia de tu discurso. Recuerda que tú y tu grupo sustentáis en el poder a la burguesía catalana, la misma que lleva décadas ejerciendo las mismas políticas neoliberales que la derecha española (francesa, alemana, británica…), la misma que está podrida hasta el tuétano de corrupción.

Y tenlo claro, Rufián: izquierda (esquerra) y nacionalismo son términos tan in-com-pa-ti-bles, antónimo, como frío y caliente, luz y oscuridad, paz y guerra, inteligencia y torpeza.

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La estéril reválida

 

No le falta razón al filósofo y experto docente José Antonio Marina cuando asevera que el problema más grave que afronta la educación en España es que no interesa ni a políticos ni a ciudadanos. Es cierto que tanto a los partidos como a muchos españolitos de a pie se les llena la boca a la hora de reclamar un pacto sobre la enseñanza, lo que no deja de ser un brindis al sol puesto que luego, en las encuestas del CIS, jamás aparece la educación entre las prioridades generales.

Algunos países han logrado darle la vuelta a su sistema educativo como si fuera un calcetín –Finlandia es el ejemplo más palpable–, pero España lleva toda la eternidad suspendiendo esta asignatura pendiente. No es fácil, sin duda, pues la enseñanza está preñada de ideología –y no hablo sólo de reprobar asignaturas como la Educación para la Ciudadanía, por ejemplo– y de pingües intereses económicos. Me refiero a aspectos más profundos, como el eterno debate entre la igualdad o la calidad; el método de aprendizaje verbalista y atiborrado de contenidos, o la influencia de la religión –sea cual sea– en el diseño curricular.

Desde luego, lo que nunca va a elevar el nivel de la enseñanza son medidas como la reválida aprobada por el Gobierno y desactivada ahora por Rajoy –veremos cómo queda finalmente la ocurrencia–, pues la letra nunca entró con sangre, por mucho que les pese a algunos. Las mejoras en la docencia deben abundar en el meollo del proceso educativo y no en la evaluación final, en el obsoleto método de enseñanza que sufre España, en la formación del profesorado y en una verdadera apuesta presupuestaria sin estrecheces ni cortoplacismos.

Hasta que no entendamos que la educación es sinónimo de aprender y no de aprobar, seguiremos en la senda equivocada.

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