La Rioja

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¿Casco Antiguo de Logroño, Casco Histórico o Casco Arruinado?

 

¡Qué obsesión tienen nuestros políticos por cambiar el nombre de las cosas y de tener un problema para cada solución, y no al revés como debería ser su tarea! Denunciaban esta semana los socialistas logroñeses el lamentable estado en el que está sumido el Casco Antiguo de la capital riojana y, en particular, “el barrio de la Judería”. Tras cuatro años prácticamente perdidos para esta zona tan sensible de la ciudad, la nueva Corporación que gobierna el PP –con el respaldo en la sombra de Ciudadanos- parece dispuesta a mantener la misma táctica de inacción y logomaquia que la pasada legislatura. Todo son promesas incumplidas y castillos en el aire, mientras la zona donde se concentran las señas de identidad de Logroño continúa languideciendo.

No obstante, parece mentira que los concejales del PSOE todavía no se hayan enterado de que entre las siete calles que comunican avenida de Navarra con Rodríguez Paterna nunca hubo una Judería, y que su verdadero nombre es la Villanueva. ¡Pues ya va siendo hora, hombre!

Para su conocimiento, los argumentos que avalan la teoría de que en el barrio de la Villanueva nunca existió una judería son incontables. No obstante, para muestra un botón: el Archivo Municipal de la ciudad conserva un documento de 1488 en el que los Reyes Católicos instaban al corregidor logroñés Juan de Luján «a buscar un barrio en el que recoger a los judíos». Si cuatro años más tarde (1492), Isabel y Fernando –tanto monta, monta tanto- decretaron la expulsión hebrea de la Península Ibérica, ¿cuándo pudo existir tal Judería? Es cierto que, durante la Edad Media, la entonces villa pudo contar con una aljama en torno a su sinagoga, pero nunca en la zona de la Villanueva.

 

 

Inacción política del Ayuntamiento

Volvamos al presente. Pocas después de la denuncia formulada por la oposición socialista, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento quiso recordar a través de una nota de prensa “los proyectos que hay previstos en la zona del Casco Histórico”. ¿Casco Histórico? ¿Desde cuándo se denomina Casco Histórico al Casco Antiguo de Logroño? Sin duda, la palabra es más gradilocuente pero, de seguir con la misma gestión política que hasta ahora, pronto no se podrá hablar ni de histórico ni de antiguo, simplemente de Casco Arruinado.

Afirman los populares que “El Casco Histórico es considerado para este Ayuntamiento como el alma, corazón y piel de Logroño, un escaparate de la imagen de la ciudad hacia el exterior y resaltamos además que requiere de actuaciones “con pausa, mimo y cuidado”. Y tienen razón en su argumento, así como en el “mimo” y el “cuidado”, pero como sigan haciendo hincapié en la “pausa”, llegará en momento en el que el barrio ya no tenga salvación.

 

 

La ciudadanía es consciente de que no resulta fácil reflotar una zona como esta: sin embargo –además de ejecutar lo prometido desde hace cuatro años- existen tres palabras mágicas que han funcionado, y muy bien, en muchas otras ciudades españolas y europeas y que, además, no son tan gravosas para las arcas públicas: seguridad, limpieza y buena iluminación. A partir de ahí, seguimos hablando de adecentamiento, de inversión pública y, sobre todo, de una voluntad política que ahora mismo permanece ausente.

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Tras las huellas de Práxedes Mateo Sagasta en las calles de Logroño

 

Recorrer el Logroño sagastino. Esa es la idea propuesta por la Fundación Sagasta a través de un itinerario confeccionado por el profesor José Luis Ollero Vallés y que señala en un plano de la época los puntos de interés que vinculan a la capital riojana con el ‘Viejo Pastor’ torrecillano, sin duda el político más influyente del siglo XIX español. La visita diseñada por este doctor en Historia y experto en Práxedes Mateo Sagasta contempla siete lugares del Casco Antiguo de la ciudad:

1) Estatua del prócer torrecillano, obra del escultor Pablo Gilbert y restaurada por Jesús Infante, situada en La Glorieta frente al Muro del Carmen.

2) IES Sagasta, instituto que lleva su nombre.

3) Palacio de los Chapiteles, en la calle Portales, antiguo ayuntamiento y actual sede del Instituto de Estudios Riojanos y de la Fundación Sagasta. En su interior puede contemplarse un busto del político riojano, esculpido por Mariano Benlliure e idéntico al que se expone en el Espacio Sagasta.

4) Calle Sagasta, antigua calle de los Abades, que desemboca en el…

5) Puente de Hierro, que se inauguró en 1882 cuando don Práxedes presidía el Consejo de Ministros e impulsado por él.

6) Casa-tienda de los Mateo Sagasta, en la calle Portales a la altura de Gallarza.

7) Parlamento de La Rioja, antiguo convento de La Merced y Tabacalera, industria esta última que aterrizó en Logroño gracias a las gestiones realizadas por Amós Salvador Rodrigáñez y por su tío Práxedes Mateo Sagasta.

Sin duda, la localización menos conocida de este recorrido es la que corresponde a la casa-tienda de la familia, que se encontraba en la actual calle Portales (entonces calle del Mercado y, antes, Herventia), casi en la esquina con la calle San Blas (actual Gallarza). Y es que Clemente Mateo-Sagasta, padre del prócer camerano, regentaba un comercio ?heredado de su progenitor? de confitería y productos coloniales (cera, cacao, azúcar, canela, pimienta, vainilla, clavo?), que más tarde amplió con otros bienes como la sal o el vino.

Exilio familiar y nacimiento en Torrecilla

La familia formada por Clemente y Esperanza Escolar residía en aquella vivienda y allí seguía llevando el comercio. Cuando triunfó el grito de Riego y Fernando VII fue obligado a jurar la Constitución de 1812, Mateo Sagasta de alistó en la Milicia Nacional y fue uno de los liberales más destacados durante el denominado Trienio Liberal. Pero cuando en 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis invadieron la Península Ibérica y restauraron el absolutismo, Clemente se vio obligado a huir fuera de Logroño si no quería ser pasado por las armas, como les ocurrió a muchos liberales por toda España, Riego incluido.

Esperanza buscó refugio en su localidad natal de Torrecilla en Cameros y allí regresaría tiempo después su esposo Clemente, cuando las aguas comenzaron a regresar a su cauce y a Fernando VII se le acabó la sed de sangre. Esa fue la circunstancia por la que Práxedes Mariano Mateo Sagasta Escolar nació en aquel pueblo de la sierra, el 21 de julio de 1825, al que estuvo unido el resto de su vida y al que muchas veces regresaba de Madrid para tomarse un descanso.

Siendo aún Práxedes casi un bebé, la familia retornó a su domicilio logroñés, donde Clemente abrió el comercio y, con el paso del tiempo, amplió sus negocios mercantiles con otros de más calado, como el transporte de viajeros y mercancías. Y en Logroño residió el primogénito hasta que, muy jovencito, se trasladó a Madrid para cursar estudios de Ingeniería de Caminos, donde obtuvo el número uno de su promoción.

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Desmemoria y memoria (histórica)

 

Vuelve a reabrir el Partido Socialista riojano el debate sobre la memoria histórica y el cambio del nombre de calles con reminiscencias franquistas que todavía lucen en Logroño, para vergüenza de la democracia. Lo hace, sin embargo, tarde y en formato cerrado. Tarde, porque durante la legislatura que gobernó el Ayuntamiento capitalino (2007-2011) tiempo tuvo el PSOE para aplicar la ley impulsada por el Gobierno de España y respaldada por Naciones Unidas, institución nada sospechosa y que, hace pocas semanas, recriminaba de nuevo la tolerancia que el Ejecutivo central aún mantiene con el antiguo Régimen. Pero es que a los socialistas siempre les ocurre lo mismo: se acuerdan de hacer los deberes justo cuando están en la oposición… y luego pasa lo que pasa.

¡Qué desmemoria!

En cuanto al «formato cerrado», no parece muy de recibo proponer un simple cambio de cromos –Antonio Sagastuy vs. Alejandro Dalmati, Milicias vs. Miguel Sarabia…– sin abrir con anterioridad un debate sobre qué denominaciones deben ser suprimidas y qué personas, lugares o hechos relevantes –que los hay, y muchos– merecen engrosar el callejero de la ciudad. Desde luego, no es lo mismo hablar de absolutos extraños para La Rioja como Calvo Sotelo, Víctor Pradera, Jorge Vigón, García Morato o Yagüe que de González Gallarza quien, una década antes de que estallara la Guerra Civil, era un héroe de la incipiente aviación mundial.

Tampoco le valen ya más excusas al PP –y ahora también a su socio, Ciudadanos– para emprender una limpieza política y moral que debería haber realizado hace décadas. ¿O creen que Angela Merkel, compañera de Rajoy en las filas conservadoras europeas, permitiría que una avenida de Berlín luciera la placa de Adolf Hitler o de Hermann Goering?

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¿Qué relevancia da el nuevo Gobierno de La Rioja a Cultura y Turismo?

“La cultura es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que, en el curso de siglos, han permitido al hombre ser menos esclavizado”
(André Malraux)

Arranca un tiempo nuevo en el Palacete, tras casi media vida de virreinato, con dos promesas que no son baladís: transparencia y cercanía o cercanía y transparencia –tanto monta, monta tanto- de las que tan necesitada está La Rioja. Bienvenidas sean ambas como declaración de intenciones, si bien con el paso de la legislatura veremos cuál es la magnitud y el calado que José Ignacio Ceniceros revela en tal empeño. Nada podemos juzgar de la labor del recién alumbrado Gobierno, todavía en fase de ensamblaje, aunque la sola formulación de las diferentes consejerías despierta alguna duda.

Y es que las palabras –o su ausencia– no son inocentes. Veamos: Presidencia, Relaciones Institucionales y Acción Exterior; Administración Pública y Hacienda; Salud; Políticas Sociales, Familia, Igualdad y Justicia; Educación, Formación y Empleo; Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente; Desarrollo Económico e Innovación; Fomento y Política Territorial.

¿Dónde está Cultura? ¿Dónde está Turismo? Se nos llena la boca a los riojanos con lo valioso de nuestro acervo cultural, de nuestro patrimonio, con la creciente influencia del turismo en la economía regional y, sin embargo, nada de ello aparece de forma explícita en la nomenclatura de las ocho carteras autonómicas.

Inquieta la inclusión emboscada de la Cultura en la Consejería de Desarrollo Económico e Innovación porque, cierto es que la Cultura genera una industria que crea empleo y da pingües beneficios. Pero no hay que olvidar, ahora que se manosean tanto conceptos como libertad, liberal o libre albedrío, que la verdadera libertad es la Cultura.

Unamuno dixit.

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“La Rioja, autopista de España”

En los años sesenta, estuvo de moda una pegatina que, adherida a la luna trasera de los ‘Seat 600’, ‘Simca 1000’ o ‘Renault 4’, rezaba así: «La Rioja, autopista de España», axioma ilustrado con el satírico dibujo de una carreterucha trufada de baches y un utilitario hundido en un enorme socavón.

Décadas más tarde, la antigua provincia logroñesa continúa haciendo gala de aquel deshonroso eslogan –si bien nada tienen que ver las carreteras del tradofranquismo con las actuales-, pese a que a lo largo de estos veinte años de prosperidad dispensados durante la recién finiquitada ‘Era Sanz’, la ahora comunidad autónoma se ha transformado en la Arcadia ibérica, envidia de tirios y troyanos.

Al sur se encuentran las tierras de Soria, donde sus moradores llevan tiempo reivindicando la construcción de infraestructuras que las unan con el resto del país, y al este sobrevive una provincia aragonesa, cuyo lema reivindicativo lo dice todo: “Teruel existe”.

Pues bien, resulta que mientras Soria dispone en su red viaria de 121 kilómetros de autovía y Teruel de 143, La Rioja tan sólo suma 57. Y, ojo, son datos oficiales del Ministerio de Fomento que, bien analizados, confiesan lo que las autoridades se callan: somos la provincia española con menos kilómetros de carretera gratuita de doble calzada, a distancia de la siguiente; por no hablar de otras comunidades uniprovinciales: Navarra (258), Baleares (187), Cantabria (230), Asturias (425) o Murcia (547)

Eso sí, la región está vertebrada por la AP 68, autopista de pago con 119 kilómetros que corren paralelos a la ribera del Ebro y que, por obra y gracia del Gobierno del popular Aznar y el aplauso cómplice de quien hasta ahora ha ocupado el Palacete del Espolón, hace dos años que debería haber sido ya gratuita.

¿Cuántas muertes habrían podido evitarse en la N-232?

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Instituto Sagasta: ¡Sí se pudo!

 

Práxedes Mateo Sagasta, el político más influyente del siglo XIX español, esculpió para la historia un axioma lapidario: “Cuando se cierran las puertas de la justicia, se abren las de la revolución”. Ingeniero, periodista y siete veces presidente del Gobierno, el espíritu del prócer nacido en Torrecilla en Cameros parece haber impregnado las paredes del instituto logroñés que lleva su nombre y los corazones de sus moradores, ya sean alumnos o docentes.

Es verdad que la propuesta realizada por Ciudadanos de trasladar el instituto con más alcurnia de la región a las deterioradas instalaciones del viejo Maristas –con oscuras intenciones urbanísticas de por medio– ­tenía poco recurrido y ningún futuro. Sin embargo, la pronta movilización de la comunidad educativa y de otras entidades y colectivos riojanos, así como el denuedo de su frontal oposición, han propiciado que el plan se haya disuelto, más pronto que tarde, como un azucarillo.

Pero el ejemplo ofrecido por el IES Sagasta durante las últimas semanas demuestra que la tenacidad y la inteligencia son más convincentes y pragmáticas que el exabrupto y el pataleo. Porque, aunque nuestros mandamases no lo quieran entender, las señas de identidad de una tierra y de sus gentes, su acervo cultural, sentimental y patrimonial unen casi tanto como el hartazgo por la incompetencia y el engaño.

Como anécdota, algunos recordarán que en la época de la Transición apareció ilustrando una tapia del final de Vara de Rey la siguiente pintada: “Seamos realistas, pidamos lo imposible. París, 1968. Logroño, siempre”.

Y no es broma.

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