La Rioja
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Coppola, 'El padrino' y la corrupción
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Marcelino Izquierdo | 29-10-2015 | 19:25| 0

 

«Le haré una oferta que no podrá rechazar»
Vito Corleone en El padrino

 

Recogió Francis Ford Coppola el Premio Princesa de Asturias de las Artes, como reconocimiento a una de las carreras más notables en la Historia del Séptimo Arte. Hijo y padre de artistas, siendo aún muy joven decidió el propio Coppola homenajear al cineasta John Ford, autor de joyas como La diligencia, Las uvas de la ira o El hombre tranquilo, tomando Ford como su segundo nombre.

Además de El Padrino, Coppola ha firmado otras obras maestras como Apocalyse Now, La conversación, Rebeldes, La ley de la calle o Drácula. Horas antes de recoger el galardón, el director nacido en Detroit –aunque de sangre italiana– alabó la creatividad y el riesgo en el arte, al tiempo que condenó la podredumbre que afecta a las altas esferas de la sociedad actual. «La corrupción es una enfermedad a la que no se puede sobrevivir, hay que acabar con ella, y se puede. La corrupción es una forma de mentir y la mentira es lo que permite que un país grande con un gran ejército bombardee a otro y diga: somos los buenos y los terroristas son los malos».

Mientras tanto, Mariano Rajoy inauguraba en Madrid la oficina de recuperación de activos expoliados por la corrupción y, a la misma hora, Artur Mas defendía en Barcelona la infalibilidad del sistema de adjudicaciones públicas de la Generalitat. Eso sí, ambos presidentes comparten algo en común: los extesoreros de los partidos que lideran están imputados por corrupción.

No es extraño que antes de acudir al Teatro Campoamor de Oviedo, Coppola lamentara «que algunos de los grandes villanos actuales escojan El padrino como su película favorita por la actitud fría y pragmática de sus protagonistas».

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La mala reputación
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Marcelino Izquierdo | 26-10-2015 | 23:01| 0

 

La recién celebrada Fiesta Nacional –que cuando yo era crío se denominaba día del Pilar o de la Hispanidad– ha dejado un poso de orgullo y hastío entre la mayoría de los españoles. Muchos han vibrado con los desfiles castrenses, el ondear de la bandera, los espectáculos de luz y sonido, los golpes patrióticos en el pecho o las portadas de ciertos periódicos. Otros tantos, por contra, optaron por disfrutar junto a familiares o amigos de una jornada de asueto e, incluso, los hay que se han quedado «en la cama igual porque la música militar nunca les supo levantar», como cantó George Brassens en ‘La mala reputación’.

Hay quien siente verdadera envidia de que cada 14 de julio los franceses entonen con fervor ‘La Marsellesa’ o de que los británicos agiten sus ‘Union Flag’ de bolsillo cuando la reina-queen abandona Westminster y se pasea por Londres en su Bentley State acorazado. Pero quizás no sean conscientes de que, pese a la cercanía, las historias de Francia o Reino Unido poco tienen que ver con la de España.

Mientras en los siglos XIX y XX –por no remontarnos más atrás– ambos países disfrutaban de unos regímenes basados en los pilares de la democracia, sufrían sus traumáticas pero enriquecedoras revoluciones industriales y luchaban por su soberanía contra un enemigo común en dos guerras mundiales, la Península Ibérica se había enzarzado en cuatro guerras civiles –las tres carlistas del siglo XIX y la Guerra Civil de 1936–, todas ellas contiendas fratricidas entre el Antiguo Régimen y la modernidad.

Porque detrás de sus símbolos, los ciudadanos de los países con acendrada pátina democrática celebran, cuando flamean sus enseñas, el respeto por la división de poderes, el Estado del bienestar, la lucha constante por la igualdad, la tolerancia hacia las ideas ajenas y el espíritu de acogida.

Y, creo yo, en España todavía estamos un poco lejos.

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Las huellas que impactaron a Escrivá de Balaguer en Logroño
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Marcelino Izquierdo | 20-10-2015 | 18:48| 0

 

La sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño acoge hasta el 31 de octubre una exposición que evoca la estancia en Logroño de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, justo cuando se cumplen cien años de su llegada a la ciudad, donde residió durante una década, estudió en su Instituto e ingresó en el Seminario, que entonces estaba ubicado en pleno Espolón.

Elevado a los altares por el Papa Juan Pablo II , diseminada su Obra por el mundo entero y difundida su biografía a nivel mundial a través de la película ‘Encontrarás dragones’, de Roland Joffé, Escrivá de Balaguer comenzó en la capital riojana su carrera eclesiástica. Y lo hizo a raíz de una «señal divina» que iluminó su camino. En su libro ‘El muro y la noria. Los carmelitas descalzos en Logroño’, el cronista riojano Felipe Abad León abunda sobre lo que le aconteció al niño José María en la calle Mayor.

El invierno de 1917-1918 fue muy frío. Los termómetros llegaron hasta los 17 grados bajo cero durante varias semanas y la ciudad quedó paralizada. Una de esas madrugadas, con apenas 16 años, Escrivá observó unas huellas sobre la nieve: las pisadas de un carmelita que caminaba descalzo. Al verlas, José María experimentó una profunda inquietud religiosa y un fuerte deseo de entrega. Otros hacían tantos sacrificios por Dios, ¿y él -se preguntó- no era capaz de ofrecer nada? El carmelita era el padre José Miguel de la Virgen del Carmen -Mariano Domínguez Alonso en su partida de nacimiento-, que se convertiría en su director espiritual, y al que guardaría gran cariño hasta su prematuro fallecimiento en 1942.

La importancia que Escrivá otorgó a la señal divina que le condujo al camino de Dios es evidente, según sus biógrafos y sus propias obras. Así lo remarca el filme de Joffé. Una placa colocada en la logroñesa calle Mayor narra la experiencia y la sitúa entre diciembre de 1917 y enero de 1918. Indagando, indagando, Abad León aventura la escena en el 29 de diciembre y las huellas del padre José Miguel en el recorrido entre el convento (junto al Espolón) y la calle Barriocepo, donde habría ido a visitar a una anciana -Bonifacia Zuazo-, que murió días después.

Abundando en la investigación de Felipe Abad, quizá hay que situar la fecha del episodio de las huellas del padre José Miguel entre el 8 y el 12 de enero. Es evidente que en la casa de los Escrivá -en la calle calle Sagasta- se hablaba a diario de lo que ocurría en la capital y de la caridad necesaria para combatir la miseria. Esto, sin duda, fue calando en la conciencia del muchacho, que vio en las pisadas descalzas del carmelita la señal de Dios. Si a esto unimos la muerte -el día 11- de un ayudante de Montes de 45 años, domiciliado en la calle Once de Junio y hermano de una religiosa carmelita (sor Eugenia), ¿no podría ser ésta la causa que llevó al padre José Miguel a caminar descalzo hasta el final de la calle Mayor para darle la extramaunción?

Lo que los biógrafos del fundador del Opus Dei eluden, por lo general, es que el temporal de frío y nieve que provocó decenas de muertes también desencadenó la solidaridad de toda la provincia en ayuda de los más desfavorecidos. La sociedad se movilizó, sobre todo a partir del 1 de enero de 1918, con donativos que se encauzaban a través de Ayuntamiento, Círculo Logroñés, Gran Casino, Cocina Económica o el periódico LA RIOJA.

Entre aquellas gentes desprendidas estaba la familia Garrigosa, propietaria de ‘La ciudad de Londres’, comercio textil del que el padre de san Josemaría era dependiente, y hasta los propios empleados de la tienda aportaron 38 pesetas a la colecta días después. A buen seguro que en casa de los Escrivá la tragedia que estaba ocurriendo en la ciudad a causa del frío era el centro de la conversación, así como los donativos que, a diario, los vecinos aportaban según sus posibilidades, lo que sin duda influyó en el niño José María, provocó la pregunta: “¿Y yo no soy capaz de ofrecer nada?” y desencadenó su determinación por abrazar la vida religiosa.

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La aventura desesperada de un conductor rumbo a Piqueras
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Marcelino Izquierdo | 13-10-2015 | 17:25| 5

 

Siempre recordaré los interminables viajes a Madrid que desde niño realizaba junto mis padres. Salíamos en autobús de mañanada, comíamos un bocadillo en Soria –donde había que esperar varias horas otro autocar– y llegábamos al Foro ya de noche, tras parar en casi todos los meódromos que jalonaban la carretera. Tampoco es que el ferrocarril tuviera muchas ventajas, pues obligaba a enlazar con otro tren en Miranda de Ebro, con la consiguiente demora y el costoso traslado de maletas a mano.

Más tarde, mi padre se compró un Biscúter, que nos dejaba tirados en cualquier cuneta y que, por suerte, duró poco. Algo más rápido, aunque no tanto, era el Seat 600 de segunda mano que sustituyó a aquel cochecillo casi de juguete, si bien cada hora era preciso detenerse para refrigerar con agua el radiador. A veces, pasábamos más tiempo en trayecto que en Madrid.

Desde entonces, la vida en España ha cambiado mucho y para bien. Los vehículos son más veloces, cómodos y fiables; el túnel de Piqueras evita todo aquella yincana de vueltas y revueltas, y de Soria a Madrid se despliega una magnífica autovía que, no sólo acorta el tiempo de viaje sino que, además, aporta mayor seguridad. Sin embargo, hay algo que sigue igual. Diría, incluso, que ha ido a peor: el trayecto entre Logroño y Piqueras.

Además, desde la pasada primavera, entre tres y cinco semáforos –según qué días– detienen el tráfico durante varios minutos a causa de unas obras para arreglar los desprendimientos de tierra y piedras. Ya pueden ser la una de la tarde o las tres de la madrugada. Da igual. Los cinco minutos de rigor en cada parada no los evita nadie.

Hace tiempo, décadas quizá, que se viene barajando la posibilidad de mejorar el trayecto que llega hasta Piqueras, un interminable tramo que se hace más insufrible aún si pillas por medio un vehículo pesado, tanto de ida como de vuelta. ¿Es que nadie se va a plantear de una vez una vía más rápida y segura entre Logroño y Soria? Casi cuesta más recorrer el centenar de kilómetros que separa las dos ciudades que los mas de 230 entre Soria y Madrid.

Y la excusa de lo intrincado de la sierra camerana ya no cuela, pues existen autovías en zonas tan o más abruptas de Cantabria, Asturias, Navarra o Galicia. Aunque, visto que para construir apenas una decena de kilómetros de enlace entre la Autovía de Navarra y la AP-68 han tenido que transcurrir diez años, ¿Cuántas décadas habría que esperar para un proyecto como el que aquí sería necesario?

Ahora, cuando se cumplen siete años de la inauguración del túnel de Piqueras, las cifras apuntan que el tráfico que lo atraviesa no alcanza ni la mitad del previsto en el 2008. Administración y transportistas lo achacan a la recurrente crisis económica. Pero… ¿alguna cabeza pensante se ha planteado que para ir de la capital riojana al puerto es necesario invertir una hora y hora y cuarto un camión?

Desde que Práxedes Mateo Sagasta ordenó allanar el camino a los Cameros, cuando iba de vacaciones de Madrid a Torrecilla, han pasado ya más de 125 años.

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Martín Fernández de Navarrete, otro ilustre riojano sin calle en Logroño
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Marcelino Izquierdo | 04-10-2015 | 17:53| 0

 

El 8 de noviembre se cumplen 250 años del nacimiento de Martín Fernández de Navarrete, marino, historiador, político y personaje clave en la consolidación de la identidad riojana. Vio la luz en Ábalos el 8 de noviembre de 1765, donde curso sus primeros estudios, aunque su amor por la navegación le impulsó a enrolarse en la Marina.

Hombre culto y meticuloso, Fernández de Navarrete fue comisionado por el Gobierno para relatar la historia marítima de España, lo que le llevó a descubrir los diarios del primer y del tercer viaje a América de Cristóbal Colón y a publicar reputados ensayos: ‘Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde el fin del siglo XV’, ‘Disertación sobre la historia de la náutica’ y ‘Biblioteca marítima española’. Ministro de Marina con Carlos VI, tras la Guerra de la Independencia ejerció los cargos de secretario de la Academia de San Fernando y director de la Academia de Historia. Alejado de la Armada, don Martín escribió en 1819 una excelente biografía de Miguel de Cervantes, acompañando una edición de ‘Don Quijote de la Mancha’, obra clave para comprender la vida y obra del escritor de Alcalá.

Pero si España, su marina y su cultura le deben mucho, La Rioja está todavía más en deuda con él. Junto a otros prohombres de esta tierra, Navarrete impulsó la creación de la provincia de Logroño y contribuyó a poner las bases de lo que desembocaría en comunidad autónoma a finales del siglo XX.

Sus paisanos deberían haber dedicado una calle de la capital a su memoria, pero no es así. Como tantos y tantos riojanos ilustres, Fernández de Navarrete permanece en el limbo de los justos, mientras personajes nefastos o irrelevantes siguen figurando en el callejero de la ciudad para regocijo del franquismo latente.

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Cuando el Ebro causó el mayor accidente de La Rioja
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Marcelino Izquierdo | 29-09-2015 | 17:52| 0

Se cumplen 135 años del naufragio que costó la vida a 90 militares del Regimiento Valencia en 1880

 

«Empezó a zozobrar la balsa, aunque con lentitud, pero perdiéndose la serenidad se produjo un pánico lamentable con todas sus consecuencias; unos cayeron al agua y arrastraron a otros, muchos se lanzaron al río; dicen que se oyó la voz de tirarse al agua los que sepan nadar, y cada uno obró según su impresión en aquel terrible momento; siendo buena prueba de la confusión y falta de serenidad, el hecho de que aquéllos que conservaron ésta y permanecieron de pie sobre el tablero, se salvaron todos, con el agua al pecho los de menor talla, pues en aquel sitio sólo había dos metros y veinticinco centímetros de profundidad de agua».

Así relataba el naufragio del puente volante de Logroño sobre el río Ebro, ocurrido el 1 de septiembre de 1880, la revista ‘Memorial de Ingenieros del Ejército’, publicada en Madrid dos semanas después de la tragedia. Noventa militares perdieron la vida en el accidente más mortífero jamás registrado en La Rioja en su historia contemporánea, del que ahora se cumplen 135 años.

Para conocer los antecedentes de la tragedia habría que remontarse a junio de 1775, cuando una gran riada cubrió todo el Puente de Piedra y hundió uno de los torreones. El deterioro de la infraestructura levantada en el siglo XII por San Juan de Ortega fue creciendo por culpa de la I Guerra Carlista (1833-1840), hasta que años más tarde se optó por derruir el resto de las torres en ruina.

Un paso provisional de madera, que permitía al puente seguir manteniendo el servicio de forma precaria, se hundió el 9 de agosto de 1880 el paso de una sección de artillería rodada. Era necesario, pues, buscar una solución de urgencia, solución que llegó de la mano del cuerpo de pontoneros del Ejército, que instaló en pocos días un puente volante entre ambas márgenes del Ebro.

Un puente volante, según el ‘Diccionario militar’ del brigadier Almirante, «es la almadia, barca o balsa suelta que va de una orilla á otra impelida por el remo o la corriente misma, a lo largo de una maroma o fiador fuertemente asegurado en las orillas». De esta forma, a imagen del lo que aún funcionaba en pleno siglo XX en Lapuebla de Labarca -de ahí el topónimo de la localidad alavesa-, se instaló una plataforma de 63 metros cuadrados, fabricada con dos barcas unidas mediante vigas.

El trágico 1 de septiembre de 1880, el Regimiento de Infantería de Valencia, acantonado en la ciudad, y su banda de música atravesaron el río rumbo al campo de maniobras. Pero el peso mal repartido de soldados e instrumentos y el pavor que causó la zozobra causada por la corriente hizo volcar la embarcación.

Fue tan mortífero y espectacular el naufragio, que la noticia no sólo impactó en toda España, sino que también recorrió los cinco continentes, como lo prueban artículos e ilustraciones en la prensa europea, americana e, incluso, australiana.

Y es que la catástrofe tocó hasta tal punto la fibra del Congreso de los Diputados, que acaloradamente abordó la necesidad de instalar cuanto antes las infraestructuras necesarias para poder comunicar ambas márgenes del río. Con urgencia, el Gobierno de España construyó un puente de madera provisional al que se bautizó como ‘Sagasta’, al tiempo que, un año más tarde, nacía el proyecto del Puente de Hierro, inaugurado en 1882, siendo presidente del Consejo de Ministro el torrecillano Práxedes Mateo Sagasta. El Puente de Piedra, por su parte, sufrió una remodelación total, bajo la dirección del ingeniero riojano Fermín Manso de Zúñiga, y fue inaugurado el 11 de junio de 1884, festividad de San Bernabé.

 

 

La primera muerte del ‘músico mayor militar’ Cipriano Sanz Fatuarte

Cipriano Sanz Fatuarte logró salvar la vida en el naufragio de Logroño. Como músico que tocaba el bombo en la banda del Regimiento Valencia, se agarró a su instrumento y logró alcanzar la orilla junto a otros compañeros. Él no lo sabía, pero fue su primera muerte. A raíz del accidente, su salud se tornó muy delicada, hasta que falleció siete años más tarde. El expediente médico realizado tiempo después constata que «desde que cayó al Ebro viene padeciendo del pecho, habiendo echado sangre por la boca en repetidas ocasiones y en la actualidad lo expulsa al menor esfuerzo y siempre que tose».

Desde su residencia en Fort Lauderdale (Florida, EEUU), Marybelle Kuykendall, bisnieta de Cipriano, lleva años reconstruyendo la biografía de su antepasado. «Con apenas 11 años, mi bisabuelo ingresó en 1846 como soldado en el Regimiento de Infantería Bailén número 24. Entre 1863 y 1874 aparece como músico contratado y ya desde ese año, como músico mayor. Dedicó toda su vida al Ejército español».

La segunda y definitiva muerte de Cipriano Sanz le sorprendió el 23 de junio de 1887 en Jarque (Zaragoza), donde estaba de permiso para descansar. Fue enterrado con su uniforme de músico mayor.

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Sonrojante guerra de banderas
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Marcelino Izquierdo | 27-09-2015 | 18:56| 0

 

En la película Padre Padrone (1977), Paolo y Vittorio Taviani plasman en celuloide la novela autobiográfica de Gavino Ledda, un pastor analfabeto de Cerdeña, que hasta los veinte años estuvo aislado de la sociedad, casi mudo, al cargo del rebaño familiar, y que llegaría a ser uno de los profesores de lingüística más reputados de Italia. En Padre, Padrone, l’educazione di un pastore (1975), Ledda narra su aventura vital desmenuzando aquellas palabras que marcaron su niñez y adolescencia, aquellos vocablos que, atendiendo a su raíz, significado o derivación, estaban preñados de simbolismo y en absoluto eran inocentes.

Impacta sobremanera la concatenación de expresiones que los hermanos Taviani ilustran con maestría cinematográfica, como la que da nombre al libro y a la película: «Padre-Patrón-Patrono-Padre nuestro-Patriarca-Padrino», sin olvidar la retahíla que al protagonista y autor le sugiere el concepto de patria y honor: «Bandera-Banda-Bandido».

La sonrojante batalla de banderas, disputada el día de la Merced en el balcón municipal de Barcelona –ciudad en la que, por cierto, disfruté de Padre Padrone días después de su estreno–, vuelve a poner en evidencia la supremacía de los símbolos –sean cuales sean– sobre la realidad tangible y cruel. No importa que migrantes y refugiados mueran de hambre o colgados de una alambrada ni que los gobiernos mientan y roben a espuertas sin rubor ni castigo ni que continúen en la calle quienes, con sus deleznables tejemanejes, están asesinando el futuro. Sólo importan dos trozos de tela y un himno.

Como decía Voltaire, «lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo».

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Las 17 calles de la discordia franquista
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Marcelino Izquierdo | 03-09-2015 | 09:25| 24

 

¡Pero qué desazón les da a los nostálgicos de la Dictadura la aplicación de la Ley sobre la Memoria Histórica y, también, a quienes pretenden pescar votos en río revuelto! El cambio de nombre de las calles de Logroño con reminiscencias franquistas y golpistas fue respaldado por el Ayuntamiento, aplicando  una norma nacional aprobada por el Congreso de los Diputados. Sin embargo, lo que en cualquier nación civilizada se traduce como cumplir la ley, llana y simplemente, en ciertos sectores de la sociedad española levanta auténticas ampollas de indignación.

¿Por qué? Muy sencillo, porque algunas formaciones políticas aún siguen manteniendo una postura ambigua respecto al anterior Régimen, algunos por convicción y otros con el objetivo de atraer a ese 10-15 por ciento de electores de extrema derecha que sociológicamente tiene cada país, al igual que sucede en Francia, Italia, Bélgica, Estados Unidos, Holanda o Finlandia.

El problema es que, a fuerza de no condenar con la contundencia debida una dictadura tan execrable como la del caudillo, otro tanto por ciento de la ciudadanía, que nada tiene que ver con el pensamiento ultra, se deja arrastrar por argumentos tan simplistas como el que luce en una pancarta de la calle Milicias: «No me importa el nombre de la calle… ¡Me preocupa el paro!». A todos nos preocupa el paro y la corrupción y el desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas… ¿Y qué tiene que ver eso con erradicar las huellas marcadas a sangre y fuego por un criminal como Franco? Nada.

El último subterfugio pasa por plantear un referéndum en el que los vecinos puedan decidir si aprueban o no el cambio de denominación, como si hasta ahora se les hubiera consultado a los logroñeses sobre las peatonalizaciones, la tala de árboles, la eliminación de aparcamientos o el aumento de los impuestos.

Es verdad que la permuta puede producir transtornos a los vecinos, al igual que ocurrió durante la Transición o a otros muchos ciudadanos -como es mi caso-, cuando el Ayuntamiento cambia denominaciones de calles o de algunos tramos, lo que ocurre más a menudo de lo que la gente cree. En todo caso, el gasto que esta medida conlleva es el chocolate del loro en comparación con lo que hemos tenido que pagar a los bancos, con los sueldos de los asesores elegidos a dedo en nuestras instituciones más cercanos -y que salen de nuestros impuestos-, de las decenas de millones de euros que ha costado la chapuza del edificio de Correos, arruinado desde hace más de una década, u otros cientos de dislates que se han perpetrado, se perpetran y se perpetrarán. Y nosotros, con los brazos cruzados, sin hacer nada.

No señores, no nos engañemos. La frontal oposición a limpiar los callejeros de dictadores y golpistas -que no nuestra Historia, por desgracia- no nace en el gasto, en que hay otras prioridades… No. Nace del apego a un tiempo pasado que la gente más joven, por suerte, no conoció.

Es imposible saberlo, pero me hubiera gustado ver a quienes se escudan tras el gasto, el paro y otras cortinas de humo haciendo pública su oposición cuando el generalísimo borró del plano logroñés decenas de nombres. ¿A que entonces no se hubieran atrevido?

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La carrera de caracoles del ‘Tío Chito’
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Marcelino Izquierdo | 01-09-2015 | 21:12| 0

Murillo de Río Leza saltó a la palestra nacional con su carrera de caracoles durante los años 70 y 80

 

Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura, escribía lo siguiente en ABC en el verano de 1980: «Un caballero riojano, José Fernández, ‘Tío Chito’, es juez de paz, cantaor de saetas, prestidigitador y ciclista y organiza carreras de caracoles (…). Yo pregunto: ¿quien dé mas?».

Y es  que en 1971, con motivo de las fiestas patronales que Murillo de Río Leza celebra en honor a San Esteban Protomártir, al mentado ‘Tío Chito’ se le ocurrió la estrambótica idea de organizar una carrera de caracoles, a imagen del Tour de Francia. En el año del debut, el autodenominado campeonato mundial de los gasterópodos tuvo su expectación entre los vecinos de la localidad, pero en la siguiente edición la noticia dio la vuelta a España.

Miles de personas acudieron a la localidad bañada por el Leza, aquel 6 de agosto de 1972, para presenciar la carrera internacional de caracoles. Esta singular competición constaba de dos fases: una prueba de montaña –que consistía en ascender por una rampa de 60 centímetros de longitud–, para los buenos escaladores, y la modalidad de sprint, en la que tomaron la salida los caracoles más rápidos de cada país participante, y los había de Francia, Reino Unido, Suiza, Alemania, Chile, Estados Unidos y, por supuesto, España. El ganador, en aquella edición, fue un caracol hispano que se impuso al representante galo por milímetros, al recorrer 1.25 metros en cinco minutos.

Pero la sorpresa fue la gran repercusión mediática que la cita festiva registró a nivel nacional. Las cámaras de TVE –por aquel entonces la única televisión de España– difundieron las imágenes tanto por la Península Ibérica como por medio mundo, mientras la prensa nacional –incluidos los periódicos deportivos– y algunos medios extranjeros también se hicieron eco en sus páginas del rally caracolero.

La fama del ‘Tío Chito’ fue in crescendo a medida que diferentes programas de televisión, incluido el que presentaba José María Íñigo, entrevistaban a este curioso personaje. Junto a él, cual fieles escuderos, siempre iban sus amigos Pepe Heredia y el popular ‘Gato Rojo’.

Entre las muchas anécdotas que ocurrieron durante los años que duró la carrera, cabe destacar que en 1975 hubo de suspenderse la prueba por enfermedad del caracol Jerónimo, campeón del mundo, que fallecería en 1979. Ese verano, antes de comenzar la competición y ante miles de curiosos, se procedió al traslado del ataúd del gran Jerónimo, en una carroza tirada por su hijo, Jerónimo II.

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¿Casco Antiguo de Logroño, Casco Histórico o Casco Arruinado?
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Marcelino Izquierdo | 26-08-2015 | 16:29| 2

 

¡Qué obsesión tienen nuestros políticos por cambiar el nombre de las cosas y de tener un problema para cada solución, y no al revés como debería ser su tarea! Denunciaban esta semana los socialistas logroñeses el lamentable estado en el que está sumido el Casco Antiguo de la capital riojana y, en particular, “el barrio de la Judería”. Tras cuatro años prácticamente perdidos para esta zona tan sensible de la ciudad, la nueva Corporación que gobierna el PP –con el respaldo en la sombra de Ciudadanos- parece dispuesta a mantener la misma táctica de inacción y logomaquia que la pasada legislatura. Todo son promesas incumplidas y castillos en el aire, mientras la zona donde se concentran las señas de identidad de Logroño continúa languideciendo.

No obstante, parece mentira que los concejales del PSOE todavía no se hayan enterado de que entre las siete calles que comunican avenida de Navarra con Rodríguez Paterna nunca hubo una Judería, y que su verdadero nombre es la Villanueva. ¡Pues ya va siendo hora, hombre!

Para su conocimiento, los argumentos que avalan la teoría de que en el barrio de la Villanueva nunca existió una judería son incontables. No obstante, para muestra un botón: el Archivo Municipal de la ciudad conserva un documento de 1488 en el que los Reyes Católicos instaban al corregidor logroñés Juan de Luján «a buscar un barrio en el que recoger a los judíos». Si cuatro años más tarde (1492), Isabel y Fernando –tanto monta, monta tanto- decretaron la expulsión hebrea de la Península Ibérica, ¿cuándo pudo existir tal Judería? Es cierto que, durante la Edad Media, la entonces villa pudo contar con una aljama en torno a su sinagoga, pero nunca en la zona de la Villanueva.

 

 

Inacción política del Ayuntamiento

Volvamos al presente. Pocas después de la denuncia formulada por la oposición socialista, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento quiso recordar a través de una nota de prensa “los proyectos que hay previstos en la zona del Casco Histórico”. ¿Casco Histórico? ¿Desde cuándo se denomina Casco Histórico al Casco Antiguo de Logroño? Sin duda, la palabra es más gradilocuente pero, de seguir con la misma gestión política que hasta ahora, pronto no se podrá hablar ni de histórico ni de antiguo, simplemente de Casco Arruinado.

Afirman los populares que “El Casco Histórico es considerado para este Ayuntamiento como el alma, corazón y piel de Logroño, un escaparate de la imagen de la ciudad hacia el exterior y resaltamos además que requiere de actuaciones “con pausa, mimo y cuidado”. Y tienen razón en su argumento, así como en el “mimo” y el “cuidado”, pero como sigan haciendo hincapié en la “pausa”, llegará en momento en el que el barrio ya no tenga salvación.

 

 

La ciudadanía es consciente de que no resulta fácil reflotar una zona como esta: sin embargo –además de ejecutar lo prometido desde hace cuatro años- existen tres palabras mágicas que han funcionado, y muy bien, en muchas otras ciudades españolas y europeas y que, además, no son tan gravosas para las arcas públicas: seguridad, limpieza y buena iluminación. A partir de ahí, seguimos hablando de adecentamiento, de inversión pública y, sobre todo, de una voluntad política que ahora mismo permanece ausente.

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