La Rioja

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«El fantasma de la Guerra Civil perdura estimulado por el miedo a lo que pasó»
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Marcelino Izquierdo | 11-04-2014 | 16:52| 0

 

«Los gobiernos deberían haber abordado la Guerra Civil como un asunto de Estado y, tarde o temprano, lo tendrán que hacer, porque se trata de una página no escrita en nuestra historia que algún día habrá que rellenar», asegura Carlos Gil Andrés, doctor en Historia, profesor de instituto y uno de los ensayistas más prolíficos de La Rioja, cuyas obras son publicadas por las editoriales más prestigiosas del país. El autor ha presentado su último libro, ‘Españoles en guerra’, en el Ateneo Riojano, de la mano de Jesús Vicente Aguirre y Roberto Fandiño.

-¿Cómo se planteó el proyecto?

-Fue un encargo de la editorial Ariel, con la que ya había publicado ’50 cosas sobre la Historia de España’, coincidiendo con los 75 años del final de la Guerra Civil. En este caso, en el título jugamos con el número 39, primero porque la contienda acabó en 1939, segundo porque desde que tomó el poder Franco permaneció 39 años al frente del país y porque, justo en este 2014, se cumplen 39 años de su muerte. Se trata de un libro no muy voluminoso, con vocación divulgativa, en el que se analizan personajes, circunstancias políticas, batallas, instituciones, partidos, episodios, poderes fácticos…

-La estructura de la publicación también ayuda a su lectura.

-En efecto. Cada uno de los 39 capítulos consta de seis páginas y contiene entradilla, cronología, citas -que pueden ser políticas, literarias, periodísticas-, un resumen y una idea global sintetizada. Por ejemplo, en el primer capítulo, titulado ‘La primavera de 1936′, la síntesis sólo tiene catorce palabras: «La guerra no fue una tragedia inevitable provocada por el fracaso de la República». Además, la maquetación y el diseño también ayudan a que el ensayo sea más ameno.

-Supongo que resumir un episodio tan denso y complejo no habrá sido fácil.

-Sobre todo en la labor de síntesis, pero también ha sido un reto. He tratado de amalgamar lo mejor de la investigación histórica de las últimas décadas, que ha avanzado mucho en este periodo de nuestro pasado. La idea es proponer al lector una narración sencilla, aunque no exenta de coherencia literaria y de atractivo.

-¿Por qué sigue interesando tanto la Guerra Civil?

-Son muchas las causas, aunque todas ellas confluyen en la idea de que la guerra está muy lejos, pero a la vez muy cerca. Los españoles creemos que el gen cainita es tan sólo nuestro, que la idea de las dos Españas es un monopolio. Sin embargo la historia comparada no dice que nuestro caso no es tan excepcional. Casi todos los países europeos han pasado por lo mismo -quizá excepto Reino Unido- a lo largo del siglo XX, que fue el siglo de la barbarie. Hay, incluso, algunas naciones que la barbarie la han sufrido dos veces, como las exrepúblicas yugoslavas o lo que puede suceder en Ucrania.

España y el futuro de Europa

-Y, entonces, ¿por qué la Guerra Civil ha trascendido incluso fuera de nuestras fronteras y es una de las más analizadas en todo el mundo?

-Por su singularidad. La Guerra Civil fue un laboratorio donde el mundo se estaba jugando su futuro. No es extraño que se produjera en vísperas de la II Guerra Mundial, porque lo que ocurrió en nuestro país iba a suceder poco después en Europa: la lucha de los valores democráticos frente a la dictadura que encarnaban Hitler y Mussolini.

-No obstante, la guerra española encuentra sus antecedentes en el siglo XIX.

-De aquellos polvos vinieron estos lodos. En las llamadas Guerras Carlistas subyacían elementos como la función del Ejército, el derecho a la tierra, la educación… que también confluyen durante la II República en un escenario complejo y muy conflictivo. En la Guerra Civil fueron muchas guerras las que se entremezclaron: la de religión, la de lucha social, la de ideología, la de identidad nacional… y todo ello con un grado de violencia muy elevado.

-Como escribió usted en ‘Lejos del frente’, la Guerra Civil en La Rioja apenas duró 80 horas…

-… sin embargo, los muertos se cuentan por miles, y la mayoría civiles. ¿Cómo es posible? Pues porque durante la contienda y, en la posguerra, se produjeron fusilamientos masivos que buscaban aniquilar al enemigo para que no volviera a levantar cabeza.

-Incluso, sigue habiendo miedo a aquella guerra y a otra nueva.

-El fantasma de la Guerra Civil perdura estimulado por el miedo a lo que ocurrió. Es un miedo que fue inculcado por el propio régimen para perpetuarse en el poder. Existe un consenso básico entre los historiadores y los expertos. Otra cosa es el debate público o político, las manipulaciones interesadas, los pseudohistoriadores…

 

La Transición

-¿Pudo haberse zanjado esta polémica en la Transición, ahora que está tan moda la concordia con la muerte de Adolfo Suárez?

-No era fácil. En la Transición se pensó que era mejor pasar la página de la Guerra Civil y mirar al futuro. Sin embargo la página está aún sin escribir y a comienzos del siglo XXI, cuando la memoria comenzó a fallar, nos dimos cuenta de que la herida no se había curado y de que había gente interesada en seguir agitando la bandera del miedo y defendiendo el franquismo.

-El español piensa bien pero tarde…

-La Transición apostó por un pacto de futuro para enterrar el pasado, para que todos camináramos juntos hacia la democracia, que era el objetivo final. Sin embargo ese pacto no tendría por qué haber aceptado ni una carta blanca ni un olvido definitivo de la barbarie y, sobre todo, de las víctimas.

-¿Hay todavía solución?

-La página de la Guerra Civil tendrá que escribirse tarde o temprano; no puede quedar en blanco. El Estado debería hacer todo lo posible para reparar a las víctimas, enterrar a los muertos y no dejarlos en las cunetas, como permanecen miles de ellos. Todavía se está a tiempo de hacerlo, aunque apenas quedan víctimas directas de aquello. Eso sí, todavía quedan sus familiares y, sobre todo, la dignidad de un país. Ahora que está desapareciendo la última memoria viva de la guerra es muy importante que las nuevas generaciones conozcan la verdad contada con historiadores rigurosos y no por pseudohistoriadores que carecen de rigor.

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Adolfo Suárez y… Pilar Salarrullana
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- | 11-04-2014 | 16:52| 0

 

Mucho se ha ponderado, con motivo de su reciente fallecimiento, la labor de Adolfo Suárez como piloto de la Transición, sin duda una de las páginas más brillantes de la historia de España. Pocos, sin embargo, han recordado los duros años de la travesía en el desierto que el expresidente protagonizó al frente del CDS, y que acabó alejándolo de la política activa. En ese capítulo tan amargo también jugó su papel Pilar Salarrullana.

El 29 de octubre de 1989, el Centro Democrático y Social sufrió un batacazo electoral que abrió una profunda crisis en el partido creado por Suárez tras la descomposición de UCD. Pero a la derrota en las urnas se sumó una rebelión interna dentro del CDS –«no hay peor cuña que la del mismo árbol»– que consumió las escasas fuerzas que don Adolfo atesoraba. Una semana después, el estadista de Cebreros –Suárez fue un hombre de Estado de principio a fin– dejó su escaño en el Congreso de los Diputados y urdió la retirada a sus cuarteles de invierno, que se concretó en 1991.

El relevo en el hemiciclo, sin embargo, todavía se demoró unas fechas. En el puesto octavo de la candidatura del CDS por Madrid figuraba la riojana de adopción Pilar Salarrullana, que hubiera logrado el acta de diputada tras la renuncia de Suárez. Sin embargo, esta mujer luchadora y de larga trayectoria pública, que había combatido a las sectas en cuerpo y alma, no aceptó el cargo, al igual que su compañera de lista, la navarra Ana Yabar. Finalmente, Laura Morso ocupó el escaño vacante.

Y al igual que el primer presidente de la democracia española apostó por dedicarse a su familia, Salarrullana regresó a Tricio y, sin que se le cayeran los anillos, retomó la docencia de la asignatura de francés en el IES Hermanos D’Elhuyar. Años más tarde, Pilar regresía a la política doméstica como concejal logroñesa.

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De Matadero Municipal a Casa de las Ciencias de Logroño
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- | 08-04-2014 | 12:22| 0

La Casa de las Ciencias cumple 15 años de vida en un edificio proyectado por Luis Barrón en 1901

 

Acaban de cumplirse quince años de la inauguración de la Casa de la Ciencias de Logroño, tres lustros durante los cuales alrededor de 1,3 millones de personas han visitado o tomado parte en algunos de los servicios, actividades o programas que desarrollados en el edificio. Pero antes de albergar la Casa de las Ciencias, el edificio proyectado por el arquitecto Luis Barrón –en los albores del siglo XX– sirvió como Matadero Municipal.

A finales del siglo XIX, los dos mataderos existentes en la capital riojana se encontraban en una situación bastante deficiente. El Ayuntamiento, consciente de que  el abastecimiento de carne, su sacrificio y distribución debían cumplir una serie de condiciones higiénico-sanitarias, acordó construir una nueva instalación.

El logroñés Luis Barrón redactó el proyecto en 1901, aunque el matadero no comenzó a prestar servicio hasta el 1 de junio de 1911. Ubicado al otro lado del Ebro, entre los puentes de Piedra y de Hierro, el inmueble está considerado como uno de los paradigmas de la arquitectura industrial de la ciudad. La imaginación y el buen trabajo de Barrón, arquitecto municipal durante tres décadas, permitieron a Logroño un desarrollo racional y moderno, eliminada ya la barrera urbanística que suponía el recinto amurallado.

De este periodo datan el Plan General de Alineaciones, la Tabacalera, el Instituto de Segunda Enseñanza (actual IES Sagasta), la Gota de Leche, el  Salón de Columnas del Teatro Bretón o el Matadero Municipal, este último inaugurado oficialmente el 11 de junio de 1911 –festividad de San Bernabé–, dos años después de la muerte del propio Barrón.

Durante setenta años, el edificio mantuvo su función de matadero hasta que el paso del tiempo aconsejó la  construcción de otro nuevo. Cerró su actividad en 1981, momento en el que el servicio se trasladó a las nuevas instalaciones de la carretera del Cortijo.

Usos sociales y culturales

Hasta finales del siglo XX, al antiguo Matadero Municipal se le dieron usos  sociales y culturales muy variados: centro social, club de la tercera edad, aula de las escuelas-taller, escenario de representaciones y conciertos…

Ya bajo el mandato del alcalde José Luis Bermejo, el Ayuntamiento acometió una profunda reforma del edificio del arquitecto Barrón, que se reinauguró como Casa de las Ciencias el 22 de abril de 1999.

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¿Cuentas o rosarios?
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- | 08-04-2014 | 12:21| 0

Es extraño que, con nuestros genes y nuestros antecedentes, a los políticos riojanos no les cuadren los números. Estaba previsto que la tasa de paro descendiera del 9% durante la presente legislatura y ahí sigue, subida a la parra, rondando el 20%. Más del doble, vamos. Tampoco parecen dominar bien las cifras algunos partidos políticos de la región, que o no saben o no se acuerdan de dónde salieron los dineros para pagar la remodelación de sus sedes.

Es extraño, como digo, lo rematadamente mal que se les dan las cuentas a nuestros dirigentes –que más que cuentas parecen rosarios–, con los excelentes matemáticos que siempre ha dado esta comunidad autónoma. Y no me refiero tan sólo a Julio Rey Pastor, uno de los más prestigiosos del mundo en el siglo XX.

No se lo van a creer, pero la primera cátedra que se creó en España de Estadística Matemática se la disputaron dos riojanos: Sixto Cámara Tecedor, natural de Baños de Rioja, y Olegario Fernández-Baños, nacido en Badarán. El segundo terminó llevándose el premio gordo, pero, dos años después, Cámara obtuvo la cátedra de Geometría Analítica.

En otra ocasión abundaremos en la figura de Fernández-Baños, impulsor de los entonces denominados Índices del Coste de la Vida –actual I.P.C.–, entre otros parámetros que todavía siguen vigentes.

Pero este 2014, precisamente, se van a cumplir 50 años de la muerte de Sixto Cámara, toda una eminencia en el campo de la geometría y un avanzado a su tiempo en la inclusión de gráficos en nomografía y estadística. Bien merecería este ilustre profesor un recuerdo, un homenaje, un ciclo divulgativo… En fin, esas cosas que se organizan en otras tierras para ensalzar a sus hijos más eximios y que en la nuestra tan sólo ocurre en raras ocasiones.

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Luis Burgos retrata la Cuba auténtica
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Marcelino Izquierdo | 26-03-2014 | 16:30| 0

 

Tras Nueva York y Pekín, el pintor de Varea afronta un nuevo reto en La Habana, donde trabajará durante meses

 

Acompañado por la música de Benny Moré, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo y todas las estrellas del Buenavista Social Club, el pintor Luis Burgos despliega en el lienzo el cromatismo de sus pinceles. Hace calor… y humedad. El sol se cuela por alguna rendija del improvisado taller y profana las sombras creativas del artista de Varea, que cambia de posición el caballete. Hace calor… y humedad.

Ese es el día a día de Luis Burgos en La Habana. Después de experiencias internacionales «muy gratificantes y creativas», tanto en Nueva York como en Pekín, el artista logroñés se planteó hace meses un nuevo reto: viajar a Cuba. En este empeño ha estado trabajando, sobre todo en el terreno logístico, hasta que hace dos semanas tomó un avión hacia Cuba, acompañado por el fotógrafo Alfredo Iglesias.

Instalado en un caserón en el barrio habanero del Vedado –llamado así haber sido zona residencial exclusiva para norteamericanos y sus ‘caprichos’ arquitectónicos–, Burgos se ha enfrentado a una especie de transición cultural.

«Nada más llegar –explica– hemos tenido que acondicionar un estudio de pintura en la azotea, cubierta con plásticos. Juan, el vecino carpintero, ha fabricado un caballete y los bastidores para las telas; aún así, el sol del mediodía cubano nos obligó a bajar todos los bártulos a una terracita del primer piso».

La «reacción» de las telas

Y es que cada instante es una aventura. «Las telas reaccionan al nuevo clima de forma misteriosa. Al principio se encogen y, una vez en el bastidor, se destensan. Sin embargo, merece la pena. Aquí, todos los sentidos se desbordan: los sabores, las olores, las gentes, las casas».

La vendedora de maní, con su cesta repleta de cacahuetes, canta por la calle con voz de soprano: «Cómprame un cucuruchito de maní». Se sienta en un portal y posa con un puro habano. La imagen queda impresa en la memoria de la cámara de Alfredo Iglesias y en la retina de Luis Burgos. De ahí, al lienzo.

La aventura por tierras caribeñas no ha hecho sino comenzar y, si todo va bien, se prolongará hasta después del verano. El proyecto del pintor riojano incluye varios cuadros que ya tenía en mente en España, pero sabido es que la creatividad de un artista se desboca cuando los estímulos son tantos y tan intensos.

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Mala memoria sobre el 11-M
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Marcelino Izquierdo | 14-03-2014 | 09:42| 4

“Durante estos tres días, el Gobierno de José María Aznar (PP) defendió la tesis de un ataque de la organización separatista vasca ETA por no reconocer la pista islamista, que sonaba como una represalia por la participación de España la guerra en Irak.

(Le Monde)

 

Hace años, me tocó moderar en Arnedo una mesa redonda sobre la autonomía riojana, organizada por la UR. El entonces diputado nacional Neftalí Isasi llegó a afirmar que si La Rioja era comunidad autónoma se lo debía a la labor realizada por «ese gran presidente llamado José María Aznar». Otra contertulia, la ya fallecida Pilar Salarrullana, respondió a porta gayola: «Jolín, Neftalí, menos mal que lo hemos vivido que, si no, con la vehemencia que lo cuentas, casi casi nos lo creemos».

Viene a cuento esta anécdota a raíz del décimo aniversario del 11-M y las llamadas a «asumir los errores de todos» durante esos días. Por suerte, la mayoría de los españoles apuesta por pasar página, sabiendo que, detrás del mayor atentado de nuestra historia, está Al Qaida y no ETA. Sin embargo, Cospedal, Ignacio González o Zaplana, entonces portavoz del Gobierno, siguen apostado por la ambigüedad y el oscurantismo. Es cierto que cierta emisora informó de la falsa presencia de suicidas en los trenes y que hubo gente que se echó a la calle el sábado por la tarde exigiendo la verdad (en Logroño, apenas 80 personas ante a la Delegación del Gobierno).

Se olvida, sin embargo, que a esa misma hora, transcurridas ya 48 horas desde que la pista de Al Qaida fuera evidente –y así lo reflejaba toda la prensa mundial–, el Gobierno siguiera anclado en la mentira. De hecho, ese mismo sábado, el ministro del Interior Ángel Acebes ratificaba a ETA como hipótesis principal de la masacre, al tiempo que TVE proyectaba en prime time nocturno la película ‘Asesinato en febrero’, sobre el atentado etarra contra Fernando Buesa. Y, para más inri, el mismo día de las elecciones, un periódico nacional lleva a portada esta frase de Mariano Rajoy: «Tengo la convicción moral de que fue ETA».

Menos mal que lo hemos vivido, que si no…

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Los Siderales, del Espolón al Bolo Pin Club
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Marcelino Izquierdo | 15-03-2014 | 09:40| 0

 

Fueron los sesenta años de fiebre musical. El estallido del fenómeno beatle en todo el mundo  –La Rioja incluida– y el deseo de apertura entre la juventud española desencadenaron un despertar de la cultura musical, que se tradujo en una gran proliferación de grupos pop, entre ellos Los Siderales, que nacieron en 1964.

Un año antes, cuatro jóvenes logroñeses habían fundado la banda Los Ducados de Plata, que actuó en teatros como el Bretón, el Moderno, o el de Educación y Descanso, en la calle Los Baños. Como no había Internet, aquellos músicos aficionados escuchaban sus canciones favoritas en algún tocadiscos prestado o en las máquinas de discos de los bares, sacaban a oído los acordes y ensayaban en bajeras de mala muerte.

Cuando Los Ducados de Plata se disolvieron, dos de sus componentes –Serafín Galiana ‘Fino’ y Santiago Santo Domingo ‘Santi’– plantearon a Enrique Facerías y José María Larrauri formar un nuevo grupo, que bautizarían como Los Siderales. El nombre tenía su gracia, pues se inspiró en la Guerra Fría que Estados Unidos y la Unión Soviética disputaban en el «espacio sideral» con sus cohetes y sus sputniks.

El Festival de Intérpretes de la Canción Moderna, que Radio Rioja organizaba en El Espolón, presentado por Fernando Asensio, sirvió de trampolín para los músicos –Los Siderales entre ellos– que perseguían el éxito más allá de las fronteras riojanas. Y es que compartir escenario con estrellas como el Dúo Dinámico o Raphael, en aquellas noches de septiembre, ya era todo un premio. La marcha de Enrique Facerías propició un cambio sustancial de la banda, con la incorporación de Ángel Javier Latorre, que había actuado con éxito en el mencionado festival, y del teclista José Juan Abanto, hasta entonces en The Red Demons.

A esta etapa de Los Siderales corresponde la imagen que hoy llega a la Retina: Ángel Javier Latorre (cantante), Serafín Galiana ‘Fino’ (batería), José María Larrauri (bajo), Santiago Santo Domingo ‘Santi’ (guitarra ) y José Juan Abanto ‘Pepe’ (teclado). Durante años, el grupo actuó en los locales emblemáticos de la ciudad (Rex, Ducal, Bolo Pin Club, Atenea…), aunque también tocaron en La Rioja y provincias limítrofes.

En 1965 el grupo ganó el primer premio en el citado Festival de Intérpretes de la Canción Moderna, dotado con 20.000 pesetas, lo que en aquella época era un Potosí.

Décadas después, en diciembre de 1998, Los Siderales (Ángel Javier, Pepe, Berna, Fino y Santi) volvieron a juntarse y actuaron en el Auditorio Municipal junto a Chema Purón y a otros ‘jóvenes’ de los sesenta.

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La Virgen de Valvanera, en el corazón de México DF
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Marcelino Izquierdo | 14-03-2014 | 12:07| 0

 

En pleno centro de México DF, muy próxima al Zócalo, se encuentra la catedral de San Marón, iglesia maronita de rito siríaco-arameo que reconoce la autoridad del Papa, aunque guarda las tradiciones de las primitivas comunidades cristianas de Jerusalén y Antioquía. Para los riojanos, lo curioso de este templo es que, hasta 1922, fue parroquia de Nuestra Señora de la Valvanera y, con anterioridad, ‘Combento de Balvanera’. De hecho, el altar mayor de la catedral todavía sigue presidido por un precioso lienzo de la patrona de La Rioja.

El convento tuvo su origen en un ‘recogimiento’ para mujeres españolas ‘arrepentidas’ que desearan abandonar el oficio o la vida galante –o sea, la prostitución–, y volvieran a la senda del bien. Estamos en 1572. Cien años después, el convento llegó a tener hasta 180 monjas, al que la gente acudía a oírlas cantar en los oficios y a comprar las bellas manualidades que realizaban, entre ellas flores de gran hermosura.

Con el dinero de los benefactores se levantó un nuevo templo, bendecido por el arzobispo Payo Henríquez en 1671, y que se dedicó a la Inmaculada Concepción bajo el título de Nuestra Señora de Balvanera, nombre que adoptó también el convento. Años después, el templo acogería la parroquia de Nuestra Señora de la Valvanera.

 

Declive del convento

Pero, tras el auge llegó el declive. El convento sufrió un incendio en el siglo XVIII, las monjas fueron exclaustradas y la reforma liberal también limó los cimientos de la institución. En consecuencia, el convento quedó dividido en lotes y vendido a particulares hasta que, a principios el siglo XX, quedó demolido todo vestigio conventual. En 1922, el arzobispo de la archidiócesis de México cedió la iglesia a la comunidad maronita, que fue erigida como catedral de San Marón en 1995.

Sin embargo, el sello de la patrona de La Rioja se mantiene indeleble. El retablo mayor de la catedral está presidido por un cuadro de la Virgen de Valvanera, que representa la imagen sedente de la Madre con el niño sentado en su regazo.

No es el único vestigio de Valvanera en México DF. Una de las capillas de la iglesia de San Francisco fue levantada por «los naturales de La Rioja», que «edificaron la capilla de Nuestra Señora de Valvanera y la dedicaron el 17 de noviembre de 1791», explica el historiador Francisco Morales. Sobre la puerta central de su fachada barroca y churrigueresca, en un nicho, «estaba la imagen de Nuestra Señora de Valvanera».

 

 

DE CONVENTO RIOJANO A CATEDRAL MARONITA

Alberto Montes

Esta ha sido mi tercera visita a México en una década, y cada vez que vuelvo encuentro más razones para justificar mis viajes alrededor de este país. Esta vez, el objetivo principal era asistir a las ceremonias del día de difuntos o, como llaman allí, ‘La Noche de Muertos’. Como natural de Matute que soy, y dado que el santuario de la Virgen de Valvanera lo tenemos, como quien dice, dentro de nuestro monte mancomunal, todo lo que se refiere a nuestra patrona lo siento muy cercano. Y en mis viajes, además, procuro informarme de la presencia de lo riojano en el mundo. Y he de decir que, frecuentemente, me llevo grandes sorpresas.

Caminando sin rumbo concreto por las calles aledañas del Zócalo de la capital mexicana, desemboqué accidentalmente en la calle Correo Mayor. Advertí con grata sorpresa que sobre la placa de dicha calle había un azulejo con la leyenda ‘Calle de la estampa de Balvanera. 1869-1928’. Justo al lado, en el cruce con la calle República de Uruguay, había una iglesia. Me acerqué, y antes de entrar, me detuve a leer las placas de información sobre la misma: «Catedral de San Marón, Santuario de San Chárbel y Sede de la Eparquía de Nuestra Señora de los mártires del Líbano». Al lado de esta placa figuraban otras dos más. Una, de cerámica, decía: «Combento de Balvanera»; la otra, más moderna y rectangular, indicaba: «Parroquia de Nuestra Señora de la Valvanera. Fue construida en el s. XVIII para el convento del mismo nombre. Actualmente es la Catedral Maronita de México».

Ya en el interior del templo, me llamaron la atención las modernas vidrieras que tamizaban una intensa luz matinal. Alcé la vista y vi que las vidrieras eran alegorías marianas y de santos maronitas, en las que los donantes plasmaron en ellas sus nombres, para que sus descendientes no olvidaran ni los orígenes ni las tradiciones de aquellos emigrantes del Líbano que, por diversas razones, arribaron a México décadas después.

Precisamente, una de las vidrieras fue donada por la familia Slim, concretamente la Linda Slim y sus hijos, en memoria de Don Julián Slim. Y es que esta familia procede de Líbano y, hoy en día, es una de las más ricas del mundo.

 

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Siento asco por la violencia de género, otra modalidad de terrorismo
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Marcelino Izquierdo | 09-03-2014 | 10:24| 2

 

Asco. «Me llamo Jurdan Martitegi Lizaso. Soy militante de ETA y me siento muy orgulloso de serlo. Hago mías todas las acciones político-militares que ETA ha realizado en medio siglo de historia». Asco cuando escucho al etarra Martitegi, que atentó contra el cuartel de la Guardia Civil de Calahorra con espeluznante sangre fría. Él, quizá, no lo sabe; otros muchos, aunque nunca hayan empuñado una pistola, tampoco. Pero todos ellos forman parte de una secta, una secta que, desde niños, les empuja a la xenofobia, al odio de la sinrazón. Y me da igual que los terroristas y quienes los jalean cubran su conciencia con la bandera de la intolerancia, ya sea de raíz nacionalista o de fundamentalismo religioso. Me dan asco.

También asco, hasta la náusea, siento cada vez que una mujer es asesinada por su esposo, pareja, novio, amante o amigo con derecho a roce. En España, 700 mujeres han muerto durante la última década a manos de otros tantos hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación sentimental. Esta misma semana, coincidiendo con el Día de la Mujer, la UE denunciaba que 62 millones de europeas han sido víctimas de esa violencia de género a lo largo de su vida.

¿Qué ocurriría si cifras tan insoportables estuvieran directamente vinculadas al terrorismo en cualquiera de sus ramas? ¿No es la violencia de género una modalidad de terrorismo tan terrible como cualquier otra? Sin embargo, la última encuesta del CIS revela que el maltrato sigue varado en la cola de las preocupaciones ciudadanas de los españoles.

Asco siento cuando pienso en el mundo que estamos dejando a nuestros hijos, cuando la violencia de género crece entre los jóvenes riojanos y cuando se socavan los aún insuficientes avances conquistados por la mujer. Asco.

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San Millán de la Cogolla cierra a la hora de las gallinas
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Marcelino Izquierdo | 09-03-2014 | 10:15| 6

 

Es agosto. Hace un sol de justicia. Recorremos La Rioja mi familia y yo para enseñarles a unos amigos catalanes la belleza de nuestros paisajes, las joyas de nuestro patrimonio y los vestigios que jalonan nuestro pasado, en una región tan pequeña en tamaño como enorme en historia, arte y naturaleza. Acabamos de almorzar en Ezcaray, disfrutando tranquilamente de su gastronomía y, tras el café, partimos rumbo a San Millán de la Cogolla.

Por la mañana, hemos visitado Nájera, Cañas y Santo Domingo de la Calzada. De camino, les explicamos a nuestros amigos el valor que atesora el monasterio emilianense, cuna del castellano y Patrimonio de la Humanidad, e, incluso, esbozamos –sin desvelar mucho más–, la singularidad del cenobio de Suso, el de arriba, y la de Yuso, el de abajo. Llegamos a las seis menos veinte de la tarde.

Cuando nos disponemos a adquirir las entradas, nos avisan en la ventanilla de que la última visita es a las 18.30 horas, y que ya sólo nos da tiempo de ver uno de los dos monasterios.

¡Pero si no son ni las seis! –Replico, todavía alucinado.

Al final, decidimos subir a Suso y esperar a que nuestros amigos vuelvan otro año para completar el recorrido.

¿Cómo es posible que en verano, cuando el sol sigue luciendo con fuerza hasta las nueve de la tarde, el mascarón de proa del turismo riojano eche la persiana tan pronto? ¿Quién puede plantearse pernoctar o, incluso, quedarse a cenar allí?

Cotejando horarios veraniegos de otros monumentos españoles, llegué a la conclusión de que, en efecto, San Millán cerraba a la hora de las gallinas: San Lorenzo de El Escorial (20 horas), Leyre (19.30 horas), Yuste (20 horas), San Juan de la Peña (20 horas), Museo de La Rioja (21 horas)…

Y otra más.

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