La Rioja
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El último refugio de los canallas
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Marcelino Izquierdo | 15-05-2014 | 07:00| 4

 

En plena I Guerra Mundial, el ambicioso general francés Paul Mireau (George Macready) ordena la conquista de una inexpugnable posición alemana, misión para la que es designado el coronel Dax (Kirk Douglas). La operación, sin embargo, se torna en un infierno, lo que obliga a Dax a regresar a las trincheras junto a sus tropas. Indignado por la derrota y por lo que considera un acto de cobardía, la cúpula militar decide imponer un castigo ejemplar al regimiento.

En esencia, este es el argumento de ‘Senderos de gloria’, desde mi punto de vista una de las mejores películas sobre la Gran Guerra, de la que este año se celebra el centenario con una oleada de libros y documentales.

Sin embargo, lo que Stanley Kubrick plasma en celuloide es un apasionado alegato antibelicista y antipatriota, que un siglo más tarde continúa teniendo una vigencia absoluta: el conflicto ruso-ucraniano o la deriva separatista catalana –y su efecto rebote en el nacionalismo centralista– son dos ejemplos palmarios.

En un diálogo memorable de ‘Senderos de Gloria’, el general Mireau asegura entre las trincheras: «Quizás esté anticuada la idea de patriotismo, pero donde hay un patriota hay un hombre honrado», a lo que el coronel Dax, citando al escritor inglés del siglo XVIII Samuel Johnson, responde: «El patriotismo es el último refugio de los canallas».

Aseguraba Chesterton que «el hombre está dispuesto a morir por cada idea, siempre que no tenga una idea muy clara de ella», axioma utilizado por quienes esgrimen la bandera como un capote al que embestir de forma alocada. Si la mayor parte de las guerras se escudan tras el patriotismo –«La menos perspicaz de las pasiones», según Borges– no es sino para ocultar la verdadera causa: el poder y el dinero.

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El gallo, la gallina y el prodigio calceatense
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Marcelino Izquierdo | 10-05-2014 | 08:00| 4

Santo Domingo de la Calzada celebra el 12 de mayo a su patrón y fundador 905 años después de su muerte, una ciudad cuyo pasado, presente y futuro está indefectiblemente vinculada al Camino de Santiago. A lo largo de los miles de kilómetros que recorren Europa y, sobre todo, la Península Ibérica, y que convergen en la tumba del santo patrón de España, son miles las historias, fábulas, milagros y leyendas que los peregrinos escuchan y transmiten desde hace siglos. Pero entre todas ellas hay una que destaca: el milagro del gallo y la gallina.

Así lo relataba el escritor y expresidente de la II República Manuel Azaña: «Un matrimonio, con un hijo mancebo y guapo, posó en Santo Domingo. La moza de la posada se prendó del mancebo y le requirió de amores. El mancebo rehusó. Al marcharse, la moza escondió en las alforjas del mancebo unas alhajas. Ido, lo acusó de robo. Salieron en su alcance, le hallaron el cuerpo del delito y fue ahorcado. Los padres se llegaron de noche, a recoger el cuerpo de su hijo, y hallaron que vivía. Fueron en busca del alcalde, que estaba cenando un pollo, y diéronle cuenta del caso. Se burló: ‘Cuando este pollo eche plumas y cante, vivirá tu hijo’. El pollo, en la cazuela, comenzó a echar plumas, se alzó y cacareó vivo. Tal es el milagro de Santo Domingo».

Portento y milagro

Según explica el profesor riojano Javier Pérez Escohotado, autor del libro ‘Santo Domingo de la Calzada, ingeniero en la tierra. Con el milagro del gallo y la gallina interpretado al fin razonablemente’, «el llamado ‘milagro del gallo y la gallina’ resulta de la fusión de un milagro y de un portento: el milagro de la conservación de la vida de un peregrino, que es falsamente acusado de ladrón y condenado a la horca, y el portento de la resucitación del gallo y la gallina en la mesa del alcaide del lugar».

La primera parte de la leyenda -el episodio del peregrino ahorcado- puede encontrarse en numerosas colecciones medievales de milagros, atribuyéndose la prodigiosa salvación del caminante al mismo Santo Domingo, a Santiago Apóstol o a la Virgen María que, físicamente, sujetaban al condenado para que la soga no le robase el último aliento.

De hecho, una de las primeras versiones, la atribuida al Papa Calixto en el famoso ‘Códice Calixtino’ -por suerte recuperado después de su robo en la catedral de Santiago-, se sitúa en la Tolosa francesa (Toulouse), allá por el año 1090.

Sin embargo, a lo largo de los siglos, en la leyenda fueron cambiando tanto el origen de la familia (entre alemana y francesa) como el lugar de autos. De hecho, cada ciudad jacobea se apropia de la procedencia de tan famosos peregrinos, según se visite ciudades como Lyon, Vezelay, Prato, Módena o Lorena. El milagro, en resumen, siempre es el mismo y, de hecho, existen más de treinta ejemplos en la iconografía religiosa alemana.

«La historia del peregrino condenado a la horca, tras la falsa acusación de robo –argumenta Pérez Escohotado–, pertenece a la literatura devota medieval y se encuentra en los grandes repertorios de la época: en el ‘Speculum historiale’, de 1250; en ‘La leyenda áurea’, también de mediados del siglo XIII; en ‘Passional’, que data de los albores del XIV y, con algunas variantes, en las ‘Cantigas’, de Alfonso X El Sabio, escritas entre 1252 y 1284. Mucho antes incluso, hacia el año 1160, el ‘Liber Sancti Jacobi’ se hacía eco del milagro atribuido a Santiago, pero nada agregaba del portento del gallo y la gallina ni de Santo Domingo».

Berceo, Lope, Cervantes…

Esta demostrado que la “fusión calceatense” del milagro y del portento se produjo antes del año 1350, si bien no fue hasta el siglo XVI cuando se le atribuyó en exclusiva a Santo Domingo y a su ciudad jacobea como protagonista y escenario. Es a partir de ese momento cuando el gallo calceatense entroncó con la tradición literaria de la lengua castellana de la pluma de ilustres escritores como Lope de Vega, Baltasar Gracián, María de Zayas o Miguel de Cervantes, que sublima el milagro y el portento en ‘La gitanilla’, si bien en una versión más laica. No obstante, el milagro del peregrino sin las connotaciones calceatenses, fue incluido por Gonzalo de Berceo en ‘Los milagros de Nuestra Señora’, por Alfonso X en las ya mencionadas ‘Cantigas’ o por Pedro de Medina en el ‘Libro de las grandezas y cosas memorables de España’.

Desde que en el año 1445 se construyera la primera jaula para el gallo y la gallina en la catedral, y hasta el siglo XIX, todo peregrino que se preciara recogía del suelo las plumas caídas –o las mendigaba al sacristán– para exhibirlas en su sombrero. La pluma del gallo calceatense llegó a ser un ‘souvenir’ tan importante como el bordón, la calabaza y la venera.

Los milagros del patrón también se extendieron fuera de La Rioja, aunque casi siempre con protagonista de la comarca. Uno de los más conocidos tenía como protagonista a un joven de Santo Domingo, apresado por los musulmanes en África, que se encomendó al Santo.  El guardián de la cárcel le confesó a su jefe el temor de que el cautivo fuera liberado: el moro, que estaba a punto de comerse un gallo, le espeta que tan fácilmente saldrá de la prisión como que resucite este gallo que se va a comer. En ese momento vuelve a la vida.

Es curioso, no obstante, que pese a la tradición, la devoción y la popularidad del Santo Abuelito, la Sagrada Congregación de Ritos de la Iglesia Católica no autorizara oficialmente a la ciudad de Santo Domingo la celebración de sus fiestas patronales hasta el 30 de junio de 1657.

Manuel Azaña
visita la catedral

En las ‘Obras Completas’ de Manuel Azaña incluye un cuadernillo titulado ‘Castilla la Vieja: 1926’, tres páginas repletas de breves apuntes que giran alrededor de la estancia de por Burgos y La Rioja, allá por el verano de 1926, fecha en el que don Manuel formó parte de un tribunal de oposiciones a notarios.

Y es que Azaña conocía muy bien La Rioja gracias a su amigo y posteriormente ministro bajo su mandato en la República, el arquitecto logroñés Amós Salvador Carreras. Hijo del prócer local Amós Salvador Rodrigáñez y descendiente directo de Práxedes Mateo Sagasta, Salvador Carreras entabló una inquebrantable amistad con Azaña en los años 20, alrededor del Ateneo de Madrid. De ahí que cuando el escritor viajó a Burgos, dedicó algunos día es disfrutar junto a su amigo por tierras riojanas.

El viaje de Azaña está documentado en la biografía escrita Cipriano de Rivas Cherif, donde  cuenta con pelos y detalles cómo ambos amigos recorrieron los monumentos de la ciudad castellana, el monasterio de Fresdelval, Santo Domingo de Silos, Covarrubias, San Pedro de Arlanza y, por supuesto, Santo Domingo de la Calzada y su catedral.

Como hemos visto al principio, las notas de Manuel Azaña sobre el milagro del gallo y la gallina -que aquel mismo año cosechó el Premio Nacional de Literatura con el ensayo biográfico ‘La vida de Juan Varela’-, no distan mucho de la versión tradicional que se explica a los peregrinos en la propia catedral calceatense, pero es significativo que un intelectual tan destacado también dejara para la posteridad el famoso milagro de Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada.

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Logroño, capital europea del patrimonio
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Marcelino Izquierdo | 08-05-2014 | 07:00| 0

 

Que dice el concejal de Desarrollo Urbano de Logroño, Pedro Sáez Rojo, que la zona de Valbuena se convertirá en «un parque arqueológico urbano integrado en la ciudad y en el parque del Ebro». Ha insistido, además, en que «el presupuesto municipal no es infinito», pero que mantendrá «el yacimiento en las mejores condiciones posibles» pese a que las actuales circunstancias económicas no les permiten a los populares hacer todo lo que les gustaría. Y se quedan tan tranquilos Sáez Rojo y el equipo de Gobierno del Ayuntamiento capitalino.

¡Qué buen remedio se me antoja esgrimir la falta de presupuesto para no acometer lo que no se quiere! Y eso que en palabras de la concejal de Hacienda y Administración Pública, Mar San Martín, «por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento de Logroño puede hablar de cifras positivas, con un superávit en el año 2013 de 4,8 millones de euros».

Habría que recordar a nuestros regidores que, cuando el Consistorio asestó un golpe casi mortal al yacimiento de Valbuena en el año 2006, cubriendo buena parte de las excavaciones con un aparcamiento ‘temporal’ en superficie, Logroño, La Rioja, España, atravesaban uno de los mejores ciclos económicos de toda su historia.

Que no cuela, vamos.

Mientras tanto, el Casco Antiguo acrecienta su declive, la casa del inquisidor sirve de mera oficina a la Fundación Dialnet, el Centro de la Cultura del Rioja está muerto de risa e infrautilizado y sobre la plaza de San Bartolomé y su torre liberada –una de las pocas actuaciones de provecho de la legislatura– pende el abrazo del oso planeado por los arquitectos Siza y Hernández.

 

Tras ostentar los títulos de Capital de la Gastronomía y del Deporte, propongo que Logroño sea Capital Europea del Patrimonio para el próximo 2015 o el 2016, a lo sumo.

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El COU Valvanera de los claveles y los porrazos, 25 años después
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Marcelino Izquierdo | 05-05-2014 | 07:00| 0

 

Los alumnos de COU Valvanera de Logroño, que fueron confundidos por la Policía Armada con una protesta revolucionaria el 25 de abril de 1976, posaron 25 años después del incidente en la Concha de El Espolón. La fotografía cedida por Eduardo Rubio muestra la imagen de aquellos estudiantes de la Transición, antes de celebrar una fiesta en el Círculo Logroñés, con motivo de las bodas de plata del curso. Fue en el año 2001.

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COU Valvanera, entre claveles y porrazos
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Marcelino Izquierdo | 04-05-2014 | 07:00| 0

 

La Policía Armada cargó contra los alumnos de COU Valvanera, a los que confundió con una protesta en favor de la revolución portuguesa

 

Eran tiempos convulsos. La Transición todavía llevaba chupete y las ansias de libertad se estrellaban cada mañana contra los muros levantados por quienes se resistían a entregar el mando.

Corría el 25 de mayo de 1976 cuando los dos centenares de estudiantes matriculados en el Curso de Orientación Universitaria de COU Valvanera se disponían a celebrar su fiesta mayor. La tradición del hoy desaparecido colegio logroñés mandaba que las chicas acudieran al cohete inaugural con elegante vestido y los chicos, de traje, corbata y clavel rojo en la solapa. Tras el chupinazo, la alegría se desbordó, y no era para menos. Se trataba de la primera vez que aquellos alumnos disfrutaban de la normalidad de un curso mixto: chicas y chicos, vamos.

Como por aquel entonces aún no se había extendido el botellón, los preuniversitarios acudieron a apagar su sed a la calle Laurel. Ronda arriba ronda abajo, el vino pronto calentó el ánimo de los jóvenes, que decidieron proseguir la ‘marcha’ en el ‘Torcuato’, garito de moda en la actual zona peatonal.

De tránsito por el Espolón, los alumnos bailaron ‘El corro de la patata’ alrededor de la estatua de Espartero y, sobre la Concha, cantaron temas de moda, y hasta alguna jota se entonó.

A punto de cruzar Vara de Rey, los un tanto achispados estudiantes se vieron sorprendidos por una inopinada carga policial. Los agentes de la Policía Armada comenzaron a porrazo limpio, y por la espalda, sin distinguir faldas de pantalones. ¡Qué manta de golpes (por no decir un palabro)!

La estampida fue unánime, pues los agredidos no eran capaces de entender lo que ocurría. Es verdad que el clima del país estaba raro, raro, raro pero… ¿qué habían hecho ellos? Con algún moratón de más, los alumnos de COU Valvanera se ocultaron en sus respectivas casas, por si acaso.

 

 

¿Revolución de los claveles?

Los responsables del centro educativo pidieron una explicación a las autoridades, que salieron por peteneras. Al principio, el portavoz del Gobierno Civil acusó a los jóvenes de participar en una manifestación ilegal con motivo del segundo aniversario de la Revolución de los claveles portuguesa. Se olvidaba, sin embargo, que la tradición del reventón en la solapa llevaba instituida en COU Valvanera desde el curso 72/73.

A renglón seguido, el gobernador habló de una «lamentable confusión» por parte de la Policía con una protesta de Magisterio. Es más, cuando el desafortunado aporreamiento llegó a la Justicia, algún agente declaró haber escuchado cómo los ‘manifestantes’ cantaban la Internacional, himno que –por aquel entonces– los chavales no habían escuchado en su vida.

Todo quedó en nada y hasta los cardenales desaparecieron pronto. De aquel desaguisado, al igual que yo, se acuerdan estos preuniversitarios que hoy son médicos, profesores, comerciales, ingenieros, abogados, militares, economistas, bancarios, periodistas, matemáticos, empresarios, químicos, catedráticos, farmacéuticos, deportistas…

Sería imposible citarlos a todos, pero la mayoría se reconocerá en las fotos.

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Julián Rezola, héroe anónimo
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Marcelino Izquierdo | 30-04-2014 | 09:26| 0

 

Remerorando los recuerdos de la Transición, a propósito del reciente fallecimiento de Adolfo Suárez, cayó en mis manos un poema escrito en enero de 1977. ‘No te canses compañero’, lo tituló su autor, Julián Rezola. Dice así:

«No te canses compañero, el hombre es bueno, ya lo verás.

Cuando te levantes por la mañana piensa en la gente que vas a ver: en el autobús, en el trabajo y en la calle, y alégrate, ¡alégrate! del maravilloso espectáculo que es el hombre.

Mira sus caras, la cera de sus arrugas; mira sus manos, cuenta sus dedos, observa sus hombros cargados, imagina el peso que han soportado.

Huele sus ropas, la camisa, la chaqueta, los calcetines y, si puedes, los calzoncillos.

Y si eres como pienso, sentirás el olor de las cadenas, el olor del látigo y de la pena, y el olor de la frustración.

Y si esto no te es suficiente para seguir luchando: ¡abandona!, no tienes razón, pero, sobretodo, no tienes temple».

El poema, publicado por Ediciones Emilianeses en una recopilación de textos incompletos de Julián Rezola (‘Palabras de amistad, libertad y lucha’), fue, además, musicado por Jesús Vicente Aguirre, también en aquellos tiempos del cambio. Los mismos tiempos de concordia, generosidad e ilusión que la clase política pretende ahora arrimar a sus intereses de poder, si bien tan sólo de boquilla.

Todos señalan a Suárez como artífice de la Transición, pero pocos recuerdan a las personas anónimas que hicieron posible que España pasara de la sombra a la luz en un tiempo récord. Uno de esos héroes anónimos fue Julián Rezola Trapero –educador, poeta, sindicalista–,  nacido en Logroño en 1943, fallecido en Barcelona en el 2009 y, ad æternum, ciudadano del mundo.

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¡Pobre Doménikos!
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Marcelino Izquierdo | 17-04-2014 | 09:21| 2

 

Cuando el Museo de La Rioja reabrió sus puertas hace casi seis meses, tras una década de (contra)reforma, le dediqué un ‘Crisol’ que acababa de esta manera: «Otro día ya hablaremos de lo inadvertidas que pasan joyas como la Venus de Herramélluri, de la iluminación deficiente y peligrosa, de las torticeras atribuciones de obras a grandes maestros o, incluso, de la confusión en las cartelas de algunos de los autores».

Es verdad que la Venus de Herramélluri ha visto mejorada su iluminación –no así su ubicación–, o que los focos halógenos ya guardan el metro de distancia mínimo con las tablas de San Millán u otros óleos para no llegar chamuscarlos.

Como ya apuntaba entonces, el lienzo de ‘San Francisco de Asís’, que el Museo citaba en su cartela como obra de El Greco, en realidad no es de Doménikos Theotokopoulos sino que está atribuido a su taller. Pero siendo lamentable el error, lo peor de todo es que la directora asegure que «no creo que (la placa) cambie mucho la información que se da». Pues sí. El error era tal que la Consejería de Cultura tuvo que desdecir a María Teresa Sánchez Trujillano y ordenar el cambio de la cartela.

Dicen desde el Museo que “tras haber sido examinada la documentación, procede actualizar la cartela”. Olvidan, sin embargo, que además del informe de restauración del lienzo realizada en los últimos años -que ya certificaba que el cuadro no era de El Greco-, la valoración realizada en los años 20 -hace casi un siglo-, y en la que el óleo fue restaurado en Madrid y sustituido el marco, ya se confirmaba que el ‘San Francisco’ estaba “atribuido al taller de El Greco”.

Sin embargo, en la nueva placa provisional del Museo se detalla que el polémico cuadro proviene del convento de San Antonio de Nalda cuando la documentación, por contra, no apunta en la misma dirección. La mayor parte de la colección pictórica que hoy se cuelga en el Museo de La Rioja permaneció, durante décadas, en el Instituto de Segunda Enseñanza (hoy IES Sagasta), entidad que en el siglo XIX reunía las mejores condiciones para su custodia.

Pues bien. El archivo del centro educativo revela que el lienzo ya estaba en allí años antes de que llegaran las obras procedentes del convento de San Antonio. Cabe la posibilidad de que el cuadro hubiera sido llevado desde Nalda con anterioridad, pero parece más lógico pensar en los conventos de San Francisco, bien de Logroño bien de Santo Domingo, como origen verdadero.

 

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La agitada vida sexual de la reina Isabel II y su ginecólogo riojano
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Marcelino Izquierdo | 16-04-2014 | 07:00| 4

 

El ginecólogo de Isabel II protagonizó en 1857 una peculiar anécdota. A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la reina preguntó al médico si la criatura sería varón o hembra. «Varón», contestó el doctor sin dudarlo, y así fue. Tras el parto, y profundamente agradecida por el nacimiento de un varón, Isabel II lo nombró marqués del Real Acierto, título que el galeno rechazó argumentando que todo había sido una simple casualidad.

Sin embargo, estaba la reina tan feliz con su primer hijo varón vivo que cambió el Marquesado del Real Acierto por el de Leiva, dado que en esa villa riojana había nacido el doctor. Pero se cruzó por medio la emperatriz de Francia, la española Eugenia de Montijo, quien ostentaba el Señorío de Leiva. La esposa de Napoleón III hizo llegar su indignación a la corte, acusando a Isabel II de ofrecer a su «comadrón o partero» un título del que ella era única propietaria. Finalmente, el ginecólogo recibió el título de marqués de San Gregorio, día en que nació Alfonso XII.

Pero… ¿quién era tan afortunado «comadrón o partero»?

Tomás Eustaquio del Corral y Oña vio la luz en la localidad riojalteña de Leiva el 18 de septiembre de 1807. Siendo todavía muy joven, Corral se trasladó a Madrid para cursar Medicina, en cuya facultad impartió la docencia hasta que sacó la cátedra por oposición. En 1855 fue nombrado rector de la Universidad Central, a la que representó en el Senado durante tres legislaturas.

Gracias a una mente preclara y a un enorme bagaje académico, el galeno riojano demostró su brillantez en áreas de conocimiento tan dispares como la medicina, la filosofía o la literatura. Era tal su prestigio, que en 1854 Tomás del Corral fue designado primer médico de Cámara y, cuatro años más tarde, médico personal de Isabel II, a la que ya atendió en el parto de la infanta María Cristina.

Obligada a casarse

Desde que fuera obligada a contraer matrimonio con su primo Francisco de Asís –que la rumorología motejaba como ‘Paquita Natillas’, dada su afectación, una malformación en el glande y su presunta homosexualidad–, la reina no había tenido suerte ni con su pareja ni con sus hijos. Luis de Borbón y Borbón (1849) nació muerto, Fernando (1850) falleció poco después de ver la luz y, para colmo de males, tras el nacimiento de María Isabel (1851), Isabel II fue acuchillada por el clérigo arnedano Martín Merino, que le causó heridas de pronóstico reservado.

Tras el regicidio frustrado y su posterior recuperación, la reina volvió a quedarse embaraza, pero la infanta María Cristina (1854) falleció con tres días de vida y Francisco de Asís Leopoldo (1856) murió el mismo día del nacimiento. No es extraño, pues, que la Casa Real estallara de júbilo cuando llegó al mundo Alfonso de Borbón (1857), un varón deseado y, además, aparentemente sano. De hecho, años más tarde terminaría ciñendo la corona de España como Alfonso XII (1874-1885).

Corrió el rumor en la corte de que el auténtico padre del príncipe de Asturias no era el consorte Francisco de Asís sino Enrique Puigmoltó, capitán de Ingenieros, hecho que es aceptado por varios historiadores. Tal era así, que la aristocracia y el pueblo en general se referían a Alfonso con el apodo del ‘Puigmoltejo’.

Una batería de amantes

Tomás del Corral, como ginecólogo de la reina, debió de tener mucho trabajo, y no sólo por los once partos –de los que el riojano atendió ocho– y por los numerosos abortos que la paciente sufrió. Y es que la vida amorosa de Isabel II estuvo repleta de aventuras esporádicas y de amantes, entre los que estaban –según la rumorología– el compositor Emilio Arrieta, Carlos Marfori, el comandante José María Ruiz de Arana –conocido en el foro como ‘el pollo Arana’– o el mencionado Puigmoltó. También a su esposo y rey consorte se le vincularon en la época numerosos amantes masculinos.

«Casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono», afirma Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia. Asegura Burdiel que «Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada», y añade: «Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era lo habitual entre la aristocracia y la realeza de la época».

Cuando estalló la Revolución de 1868, la reina huyó España y se exilió en Francia donde, años después, dejó de convivir con su esposo.

Así concluyó la etapa de Tomás del Corral como médico de Cámara y ginecólogo, que prosiguió una brillante carrera profesional e intelectual.
Corral ingresó en la Academia de Medicina, de la que llegaría a ser presidente, y también en la Academia de la Lengua, en la que ocupó el sillón de la letra M. El médico riojano falleció en Madrid el 14 de diciembre de 1882, y era tal su fama que ‘La Ilustración Española y Americana’ le dedicó la portada –con un gran retrato incluido– en su memoria.

 

 

‘Los Borbones en pelota’, obra satírica e ilustrada de los hermanos Bécquer

Tras la caída de la reina Isabel II y su exilio en Francia, los hermanos Bécquer –el poeta Gustavo Adolfo Bécquer y el pintor Valeriano Domínguez Bécquer–, firmaron bajo el seudónimo de SEM –que también usaban en la revista ‘Gil Blas’– más de un centenar de láminas satíricas, la mayoría procaces, eróticas e, incluso, pornográficas.

Son láminas pintadas a la acuarela, donde se caricaturiza a Isabel II en posturas indecentes, al igual que a otros personajes públicos de su reinado, todas ella descritas con textos preñados de sátira y mala leche. La obra se realizó durante el bienio 1868-1869.

El álbum, que lleva por título ‘Los Borbones en pelota’, no tuvo una edición real encuadernada en su época, sino que estuvo compuesto por 107 dibujos originales y separados en el tiempo, y una distribución clandestina.

De hecho, la obra en su conjunto fue redescubierta hacia 1986, si bien solamente han llegado hasta nuestros días 89 de las ilustraciones. El volumen ‘Los Borbones en pelota’ fue publicado en 1991, con los estudios de Lee Fontanella, Robert Pageard  y María Dolores Cabra Loredo. En el 2012, la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia y premio Nacional de Historia 2011, Isabel Burdiel, encabezó una magnífica edición.

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El riojano Rufino Rodrigo, héroe del incendio de Valparaíso de 1953
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Marcelino Izquierdo | 13-04-2014 | 15:17| 0

 

La ciudad chilena de Valparaíso sufre estos días uno de los incendios más pavorosos de su historia, aunque no el primero. Hace poco más de 60 años, el 1 de enero de 1953, la capital portuaria del país sudamericano se vio sorprendida por las llamas y la tragedia. Entre las numerosas víctimas, 37 voluntarios de las Compañías de Bomberos fallecieron en cumplimiento de su deber y haciendo honor a su lema “Abnegación y constancia”. Entre aquellos muertos se encontraba el español Rufino Rodrigo Ruiz, un riojano que, desde entonces, pasó a ser una institución en la historia de los bomberos chilenos.

Rufino Rodrigo había nacido en 1912 en la localidad de Rabanera de Cameros. Como muchos jóvenes de la época, emigró a Chile con apenas 15 años. Allí se reunió con su hermana mayor Andrea Rodrigo, que vivía en Valparaíso con su esposo Julio López Rodrigo, también oriundo de Rabanera.

En Valparaíso contrajo matrimonio con una joven de origen británico, Anita Davey, al tiempo que se labraba un futuro en la industria fundando una fábrica de confección de ropa. Pero, además de los negocios, el emprendedor camerano siguió los pasos de su tío Santiago Ruiz Lería, que era bombero voluntario. Así, ingresó en denominada la Bomba España, donde ocupó el cargo de maquinista, encargado de uno de los dos carros con que contaba la compañía.

Pero en la madrugada del 1 de enero de 1953, un violento incendio se declaró en un almacén de maderas, al que acudieron los dos carros de la Compañía Bomba España. El carro comandado por Rufino Rodrigo se instaló al frente al fuego cuando se produjo una terrible explosión. Así lo explicaba el parte del Libro Diario de la Compañía: “Pasados los primeros momentos de confusión entre el público que huía, los heridos que clamaban por auxilio comenzaron a ser atendidos. Entre ellos se encontraba nuestro voluntario honorario Rufino Rodrigo Ruiz que cayó inconsciente al lado de la bomba Ahrens-Fox a cuyo cargo estaba. Trasladado de inmediato a la Asistencia Pública falleció ahí a las 4:00 hrs A.M.”.

Según narra Juan Antonio García Sánchez en su libro ‘La Rioja y los Riojanos en Chile (1818-1970)’, el parte del Libro Diario de la Compañía informaba que ya sobre las diez de la mañana “fueron trasladados los restos de nuestro mártir Rufino Rodrigo (Q.E.P.D.) al cuartel donde se erigió una severa capilla ardiente. Durante todo el día 1 de enero y hasta 1as últimas horas de la noche cientos de personas llegaron hasta el cuartel para expresar a la Compañía el hondo pesar por la desgracia que nos aflige y para dar una postrer despedida a los restos de nuestro infortunado compañero y mártir”.

Al día siguiente, y después de que la capilla ardiente fuera visitada por miles de personas, durante una emotiva ceremonia fueron trasladados los restos del bombero riojano a la catedral de Valparaíso, donde en la mañana del 3 de enero se celebró una misa solemne misa por Rufino y por el resto de las víctimas del incendio, oficiada por el obispo de la ciudad. Seguidamente, los restos de Rufino Rodrigo fueron colocados en el carro bomba en una comitiva encabezada por el presidente de la República de Chile, Don Carlos Ibañez del Campo.

Cientos de riojanos y de sus descendientes fueron y siguen siendo miembros voluntarios de los cuerpos de bomberos chilenos, que tienen en el camerano Rufino Rodrigo a su héroe.

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El Boletín Oficial de La Rioja cumple 180 años
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Marcelino Izquierdo | 11-04-2014 | 15:08| 0

 

Corría el mes de febrero de 1834. La provincia de Logroño había sido restablecida el 30 de noviembre del año anterior, una década después de su creación durante el Trienio Liberal (1822). La muerte de Fernando VII había desencadenado –además de una guerra fratricida– la puesta en marcha de la nueva división civil del territorio español en 49 provincias, entre ellas la de Logroño, a cargo del ministro de Fomento Javier de Burgos. En realidad, la premura de los acontecimientos se desencadenó por motivos bélico-políticos.

Como la nueva provincia necesitaba un órgano de difusión y comunicación, a través del que canalizar toda la información institucional, las autoridades crearon el Boletín Oficial de Logroño, que salió a la calle el 15 de febrero de 1834, sábado por más señas, si bien no llegó a publicarse de manera regular e ininterrumpida hasta el 1 de julio del mismo año.

El citado primer ejemplar del Boletín recogía en su portada un artículo –titulado de «de oficio»–, que informaba sobre la nueva división territorial de España, así como sobre la delimitación geográfica de la entonces provincia logroñesa. La primera página también se hacía eco de los precios de subscripción, tanto para los abonados residentes en la capital como para los que vivían en el resto de la provincia. Al mes, recibir el Boletín costaba 7 reales en Logroño y 8,5 reales en las localidades de fuera de la capital, mientras que si la subscripción era anual ascendía, respectivamente, a 74 y 94 reales.

Noticias de la guerra

En aquella convulsa época del siglo XIX, España estaba inmersa en su primera guerra civil, que la historia bautizaría como I Guerra Charlista (1833-1840), de ahí que las noticias referentes a la contienda, sobre todo desde la perspectiva del bando isabelino, predominaran a lo largo de esos primeros años.

Imprentas como las de Menchaca, Agustín Ortoneda, Facundo Martínez Zaporta, Francisco Martínez Zaporta o Merino y cía se encargaron de plasmar en papel el Boletín Oficial de Logroño. Ya en 1889, tomó las riendas la Imprenta Provincial, que en algún periodo radicó su maquinaria en la Beneficencia, actual sede de las consejerías de Educación y Cultura y Obras Públicas.

El actual Boletín Oficial de La Rioja, «en el que se publican los documentos que, de acuerdo al ordenamiento jurídico, deben ser objeto de publicación oficial», acaba de cumplir 180 años de vida.

Sin embargo, mucho ha cambiado desde el siglo XIX, entre otras cosas la irrupción de las nuevas tecnologías. El consejero de Presidencia y Justicia del Gobierno regional, Emilio del Río, presentó hace poco más de un mes el nuevo servicio denominado ‘BOR a la carta’, que permite al ciudadano recibir en su correo electrónico alertas sobre temas que sean de su interés.

Se trata de una suscripción gratuita que tiene por objeto hacer más accesible el Boletín a los ciudadanos. «El ‘BOR a la carta’ permite obtener información sobre áreas previamente seleccionadas por el usuario, de tal forma que, cada vez que el Boletín publica alguna novedad relacionada con esos temas, el usuario recibe una notificación a su correo electrónico», explica Del Río.

Cambio de nombre

El Boletín Oficial permutó el nombre de Logroño por el de La Rioja el 25 de noviembre de 1980, coincidiendo con el cambio de nombre de la provincia, y el 2 de septiembre de 1982 se convirtió en el órgano oficial de la recién creada Comunidad Autónoma de La Rioja.

Con la aparición de Internet, en noviembre de 1999 el texto de los boletines se puso a disposición de los ciudadanos a través de una base de datos que, desde 1982, permite su consulta gratuita. A partir del 1 de agosto del 2008, el Boletín pasó a editarse en formato electrónico. El propio BOR publicaba el motivo de su función: «En el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma de La Rioja, el cumplimiento del requisito de publicación se realiza a través del ‘Boletín Oficial de La Rioja’ regulado por el Decreto 47/2008 de 11 de julio».

Este Decreto marcó las bases de un profundo cambio, tanto en su sistema de tramitación general como en su edición, pues la edición impresa fue sustituida por la edición electrónica –«única versión, con la consideración de oficial y auténtica»–. Ha supuesto un ahorro de papel de 408.101 kilos, lo que supone un ahorro de 97.944 euros. El año pasado, el BOR publicó 160 boletines, con más de 27.415 páginas y 13.361 anuncios. Del total de los anuncios publicados, 4.916 correspondieron a consejerías autonómicas, 4.212 de ayuntamientos, 2.760 de la Delegación del Gobierno, 1.252 de Juzgados y Tribunales, y 221 de otros anunciantes.

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