La Rioja
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La Rioja celebra el Día Mundial de la Armónica
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Marcelino Izquierdo | 24-05-2014 | 17:18| 0

Con cuatro años, a José María Centeno le regalaron una armónica. Había sufrido un accidente y, con una pierna enyesada, estuvo algún tiempo varado en casa. Dos años después ofrecía su primer concierto.

«Con la armónica, siempre he sido autodidacta –explica–, pero con una ilusión tremenda. De crío gané algún premio. Actué  en cafés, en estudios de radio, en teatros y cines, en el Espolón… hasta que fundé el primer Club Armonicista Riojano».

Antes del servicio militar, Centeno formó el dúo Walter junto a Alberto López, que triunfo en La Rioja, aunque también en Vitoria, en Burgos… «La mili supuso una separación con el mundo de la armónica y, después, me casé, tenía que mantener una familia y tuve que aparcar el instrumento durante unos años».

Dedicado profesionalmente a la electrónica, José María se trasladó a Madrid, si bien no desperdició la oportunidad de vivir durante un tiempo en Dortmund (Alemania), donde la armónica es muy valorada.

Hoy, con 82 años, Centeno es el alma mater de la armónica en La Rioja, instrumento que, una vez jubilado, lleva potenciando desde el año 2005.

«He impartido clases en la Universidad Popular de Logroño, al tiempo que creé el Rioja Armónica Club. Al principio ensayábamos en el reservado de un mesón de la ciudad, pero desde hace un año contamos con un local en el Centro Cívico de Yagüe, cedido por el Ayuntamiento de Logroño».

Hoy en día, la entidad cuenta en la actualidad con alrededor de 80 miembros, que se reúnen varios días a la semana. Ellos son los encargados de enseñar a tocar el instrumento, de preparar conjuntos y, también, de perfeccionar con sus ensayos del grupo de cámara, bajo la dirección del reconocido profesor Miguel Calvo. Y todo de forma altruista. «Las clases son gratis», remarca Centeno.

Día de la armónica

El día 24 de mayo el club celebra el Día Mundial de la Armónica con una comida en un mesón logroñés, que estará amenizada en los postres por los socios y por quienes quieran acudir al evento, ya que la participación está abierta a todo el mundo.

«El objetivo es reivindicar este instrumento que, por suerte, cada vez tiene más adeptos en La Rioja y músicos de mucho mérito, teniendo en cuenta que no son profesionales». De hecho, en los últimos meses el grupo de cámara ha llevado a cabo seis actuaciones por la geografía regional, y tiene otras cuantas más en cartera a corto y medio plazo.

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«¿Dónde va la gente? Donde va Vicente. Pues yo, al lado contrario»
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Marcelino Izquierdo | 24-05-2014 | 07:00| 0

La Casa de la Imagen, sede oficial del festival ‘PHotoEspaña 2014’, colgará la exposición ‘Nostalgia y vanidad’ del fotoperiodista logroñés Teo Martínez

 

Teo Martínez Gorrachategui (Logroño, 1930) aprendió fotografía en la universidad de la calle, a base de acierto y error, pero con la convicción de quien sabe lo que quiere. Electricista de profesión y ciclista por afición, desde muy joven se interesó por el universo de la imagen; invirtió una fortuna en una Kodak Retina junto con un sencillo manual: ‘Cómo aprender a hacer fotografías’. Timoteo dejó la electricidad, se volcó en la fotografía y retrató durante casi tres décadas La Rioja profunda. Eso sí, desde una mirada muy particular. Como sede oficial del Festival ‘PHotoEspaña 2014’ – junto con Madrid, Arlés, Londres, Almería y Toulouse–, la Casa de la Imagen inaugurará el próximo 6 de junio la exposición ‘Nostalgia y vanidad’.

–¿Qué veremos en la muestra?

–Una selección de más de cien fotografías que se alejan un poco del fotoperiodismo y se acercan a mi lado más íntimo. A las imágenes que yo captaba porque tenía ese capricho, aunque sabía que nunca se iban a publicar en La Gaceta del Norte, que era el periódico en el que trabajaba.

–Después de años alejado de la profesión, los más entendidos valoran, y mucho, su trabajo.

–Eso es mérito de Jesús Rocandio y de Cámara Oscura. Sin él, todo lo que yo había guardado desorganizadamente se hubiera perdido.

–Algo de mérito tendrá usted también, ¿no?

–Yo tengo una forma de ser y, desde luego, eso queda reflejado en mi obra. ¿Dónde va la gente? Donde va Vicente. Pues yo, al lado contrario. ¿Por qué? En primer lugar, porque así garantizaba que mis fotografías fueran diferentes a las de otros medios; y, sobre todo, porque en cada instantánea quería ser yo mismo y no otra persona.
Copiar, a la larga, sale caro

–Pero usted, con sus medios, ha sido un estudioso de la fotografía.

–Compraba fotos y revistas de vanguardia; estaba horas mirando los encuadres, la profundidad, la luz… y disfrutaba charlando de todo ello con amigos a los que también les apasionaba la fotografía. Sin embargo nunca he pretendido copiar a nadie. Eso, a la larga, nunca sale bien.

–Toros, fútbol, sucesos, política… se ha desenvuelto en muchos y variados campos.

–Los toros me encantaban. Llegaba una hora antes, charlaba, me tomaba mi copita. El fútbol, no tanto, hacía mucho frío y mucha humedad a ras de campo. Pero lo que menos me gustaba eran las ruedas de prensa

–Pues ahora se hubiera hartado…

–Sí, ja, ja. A mí me daba igual estar delante Franco, de algún ministro o de un albañil. Con una cámara en la mano perdía el respeto. Era yo mismo

–O sea, que hacía una especie de fotoperiodismo democrático en plena dictadura.

–Todos somos personas, ¿no? Todos tiramos de la cadena y, tarde o temprano, todos vamos a morir.

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La primera misión de la Guardia Civil en La Rioja, hace 170 años
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Marcelino Izquierdo | 22-05-2014 | 07:00| 0

 

El 13 de mayo, la X Zona de la Guardia Civil –con sede en Logroño– ha conmemorado el 170 aniversario de la fundación del Instituto Armado. La Benemérita fue creada por Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada, el 13 de mayo de 1844, bajo el auspicio del líder moderado Ramón María Narváez.

Enemigo íntimo de Espartero, el general Narváez disolvió la Milicia Nacional –de espíritu liberal progresista– y apostó por la Guardia Civil como sucesora de la Santa Hermandad, que había desempeñado funciones de orden público entre 1476 y 1835. Los tricornios de la Guardia Civil desfilaron por primera vez el 1 de septiembre, cerca de la madrileña glorieta de Atocha, y el 10 de octubre cumplieron su primer servicio en la capital de España, escoltando la carrera de la comitiva de Isabel II, desde el Palacio Real hasta las Cortes, con motivo de la declaración de la mayoría de edad de la reina.

Pero lo que no mucha gente conoce es que la primera misión de envergadura que el Benemérito Cuerpo llevó a cabo en La Rioja fue la de atajar la rebelión encabezada por Martín Zurbano. El 11 de noviembre de 1844, en las afueras de Nájera, el teniente general de Varea se alzó en armas contra el Gobierno del Espadón de Loja, haciéndose eco de las promesas –luego incumplidas– del propio don Baldomero.

A lo largo de dos meses, quien fuera guerrillero, labrador, contrabandista, militar, político y, por último, sedicioso fue esquivando el patíbulo por las sierras riojanas, mientras eran detenidos y ajusticiados dos de sus hijos (Feliciano y Benito) así como varios de sus colaboradores.

Zurbano fue detenido en Ortigosa de Cameros por una patrulla compuesta por militares y guardias civiles, trasladado a Logroño en mulo y, al día siguiente, fusilado en el convento de Valbuena.

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El último refugio de los canallas
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Marcelino Izquierdo | 15-05-2014 | 07:00| 4

 

En plena I Guerra Mundial, el ambicioso general francés Paul Mireau (George Macready) ordena la conquista de una inexpugnable posición alemana, misión para la que es designado el coronel Dax (Kirk Douglas). La operación, sin embargo, se torna en un infierno, lo que obliga a Dax a regresar a las trincheras junto a sus tropas. Indignado por la derrota y por lo que considera un acto de cobardía, la cúpula militar decide imponer un castigo ejemplar al regimiento.

En esencia, este es el argumento de ‘Senderos de gloria’, desde mi punto de vista una de las mejores películas sobre la Gran Guerra, de la que este año se celebra el centenario con una oleada de libros y documentales.

Sin embargo, lo que Stanley Kubrick plasma en celuloide es un apasionado alegato antibelicista y antipatriota, que un siglo más tarde continúa teniendo una vigencia absoluta: el conflicto ruso-ucraniano o la deriva separatista catalana –y su efecto rebote en el nacionalismo centralista– son dos ejemplos palmarios.

En un diálogo memorable de ‘Senderos de Gloria’, el general Mireau asegura entre las trincheras: «Quizás esté anticuada la idea de patriotismo, pero donde hay un patriota hay un hombre honrado», a lo que el coronel Dax, citando al escritor inglés del siglo XVIII Samuel Johnson, responde: «El patriotismo es el último refugio de los canallas».

Aseguraba Chesterton que «el hombre está dispuesto a morir por cada idea, siempre que no tenga una idea muy clara de ella», axioma utilizado por quienes esgrimen la bandera como un capote al que embestir de forma alocada. Si la mayor parte de las guerras se escudan tras el patriotismo –«La menos perspicaz de las pasiones», según Borges– no es sino para ocultar la verdadera causa: el poder y el dinero.

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El gallo, la gallina y el prodigio calceatense
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Marcelino Izquierdo | 10-05-2014 | 08:00| 4

Santo Domingo de la Calzada celebra el 12 de mayo a su patrón y fundador 905 años después de su muerte, una ciudad cuyo pasado, presente y futuro está indefectiblemente vinculada al Camino de Santiago. A lo largo de los miles de kilómetros que recorren Europa y, sobre todo, la Península Ibérica, y que convergen en la tumba del santo patrón de España, son miles las historias, fábulas, milagros y leyendas que los peregrinos escuchan y transmiten desde hace siglos. Pero entre todas ellas hay una que destaca: el milagro del gallo y la gallina.

Así lo relataba el escritor y expresidente de la II República Manuel Azaña: «Un matrimonio, con un hijo mancebo y guapo, posó en Santo Domingo. La moza de la posada se prendó del mancebo y le requirió de amores. El mancebo rehusó. Al marcharse, la moza escondió en las alforjas del mancebo unas alhajas. Ido, lo acusó de robo. Salieron en su alcance, le hallaron el cuerpo del delito y fue ahorcado. Los padres se llegaron de noche, a recoger el cuerpo de su hijo, y hallaron que vivía. Fueron en busca del alcalde, que estaba cenando un pollo, y diéronle cuenta del caso. Se burló: ‘Cuando este pollo eche plumas y cante, vivirá tu hijo’. El pollo, en la cazuela, comenzó a echar plumas, se alzó y cacareó vivo. Tal es el milagro de Santo Domingo».

Portento y milagro

Según explica el profesor riojano Javier Pérez Escohotado, autor del libro ‘Santo Domingo de la Calzada, ingeniero en la tierra. Con el milagro del gallo y la gallina interpretado al fin razonablemente’, «el llamado ‘milagro del gallo y la gallina’ resulta de la fusión de un milagro y de un portento: el milagro de la conservación de la vida de un peregrino, que es falsamente acusado de ladrón y condenado a la horca, y el portento de la resucitación del gallo y la gallina en la mesa del alcaide del lugar».

La primera parte de la leyenda -el episodio del peregrino ahorcado- puede encontrarse en numerosas colecciones medievales de milagros, atribuyéndose la prodigiosa salvación del caminante al mismo Santo Domingo, a Santiago Apóstol o a la Virgen María que, físicamente, sujetaban al condenado para que la soga no le robase el último aliento.

De hecho, una de las primeras versiones, la atribuida al Papa Calixto en el famoso ‘Códice Calixtino’ -por suerte recuperado después de su robo en la catedral de Santiago-, se sitúa en la Tolosa francesa (Toulouse), allá por el año 1090.

Sin embargo, a lo largo de los siglos, en la leyenda fueron cambiando tanto el origen de la familia (entre alemana y francesa) como el lugar de autos. De hecho, cada ciudad jacobea se apropia de la procedencia de tan famosos peregrinos, según se visite ciudades como Lyon, Vezelay, Prato, Módena o Lorena. El milagro, en resumen, siempre es el mismo y, de hecho, existen más de treinta ejemplos en la iconografía religiosa alemana.

«La historia del peregrino condenado a la horca, tras la falsa acusación de robo –argumenta Pérez Escohotado–, pertenece a la literatura devota medieval y se encuentra en los grandes repertorios de la época: en el ‘Speculum historiale’, de 1250; en ‘La leyenda áurea’, también de mediados del siglo XIII; en ‘Passional’, que data de los albores del XIV y, con algunas variantes, en las ‘Cantigas’, de Alfonso X El Sabio, escritas entre 1252 y 1284. Mucho antes incluso, hacia el año 1160, el ‘Liber Sancti Jacobi’ se hacía eco del milagro atribuido a Santiago, pero nada agregaba del portento del gallo y la gallina ni de Santo Domingo».

Berceo, Lope, Cervantes…

Esta demostrado que la “fusión calceatense” del milagro y del portento se produjo antes del año 1350, si bien no fue hasta el siglo XVI cuando se le atribuyó en exclusiva a Santo Domingo y a su ciudad jacobea como protagonista y escenario. Es a partir de ese momento cuando el gallo calceatense entroncó con la tradición literaria de la lengua castellana de la pluma de ilustres escritores como Lope de Vega, Baltasar Gracián, María de Zayas o Miguel de Cervantes, que sublima el milagro y el portento en ‘La gitanilla’, si bien en una versión más laica. No obstante, el milagro del peregrino sin las connotaciones calceatenses, fue incluido por Gonzalo de Berceo en ‘Los milagros de Nuestra Señora’, por Alfonso X en las ya mencionadas ‘Cantigas’ o por Pedro de Medina en el ‘Libro de las grandezas y cosas memorables de España’.

Desde que en el año 1445 se construyera la primera jaula para el gallo y la gallina en la catedral, y hasta el siglo XIX, todo peregrino que se preciara recogía del suelo las plumas caídas –o las mendigaba al sacristán– para exhibirlas en su sombrero. La pluma del gallo calceatense llegó a ser un ‘souvenir’ tan importante como el bordón, la calabaza y la venera.

Los milagros del patrón también se extendieron fuera de La Rioja, aunque casi siempre con protagonista de la comarca. Uno de los más conocidos tenía como protagonista a un joven de Santo Domingo, apresado por los musulmanes en África, que se encomendó al Santo.  El guardián de la cárcel le confesó a su jefe el temor de que el cautivo fuera liberado: el moro, que estaba a punto de comerse un gallo, le espeta que tan fácilmente saldrá de la prisión como que resucite este gallo que se va a comer. En ese momento vuelve a la vida.

Es curioso, no obstante, que pese a la tradición, la devoción y la popularidad del Santo Abuelito, la Sagrada Congregación de Ritos de la Iglesia Católica no autorizara oficialmente a la ciudad de Santo Domingo la celebración de sus fiestas patronales hasta el 30 de junio de 1657.

Manuel Azaña
visita la catedral

En las ‘Obras Completas’ de Manuel Azaña incluye un cuadernillo titulado ‘Castilla la Vieja: 1926’, tres páginas repletas de breves apuntes que giran alrededor de la estancia de por Burgos y La Rioja, allá por el verano de 1926, fecha en el que don Manuel formó parte de un tribunal de oposiciones a notarios.

Y es que Azaña conocía muy bien La Rioja gracias a su amigo y posteriormente ministro bajo su mandato en la República, el arquitecto logroñés Amós Salvador Carreras. Hijo del prócer local Amós Salvador Rodrigáñez y descendiente directo de Práxedes Mateo Sagasta, Salvador Carreras entabló una inquebrantable amistad con Azaña en los años 20, alrededor del Ateneo de Madrid. De ahí que cuando el escritor viajó a Burgos, dedicó algunos día es disfrutar junto a su amigo por tierras riojanas.

El viaje de Azaña está documentado en la biografía escrita Cipriano de Rivas Cherif, donde  cuenta con pelos y detalles cómo ambos amigos recorrieron los monumentos de la ciudad castellana, el monasterio de Fresdelval, Santo Domingo de Silos, Covarrubias, San Pedro de Arlanza y, por supuesto, Santo Domingo de la Calzada y su catedral.

Como hemos visto al principio, las notas de Manuel Azaña sobre el milagro del gallo y la gallina -que aquel mismo año cosechó el Premio Nacional de Literatura con el ensayo biográfico ‘La vida de Juan Varela’-, no distan mucho de la versión tradicional que se explica a los peregrinos en la propia catedral calceatense, pero es significativo que un intelectual tan destacado también dejara para la posteridad el famoso milagro de Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada.

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Logroño, capital europea del patrimonio
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Marcelino Izquierdo | 08-05-2014 | 07:00| 0

 

Que dice el concejal de Desarrollo Urbano de Logroño, Pedro Sáez Rojo, que la zona de Valbuena se convertirá en «un parque arqueológico urbano integrado en la ciudad y en el parque del Ebro». Ha insistido, además, en que «el presupuesto municipal no es infinito», pero que mantendrá «el yacimiento en las mejores condiciones posibles» pese a que las actuales circunstancias económicas no les permiten a los populares hacer todo lo que les gustaría. Y se quedan tan tranquilos Sáez Rojo y el equipo de Gobierno del Ayuntamiento capitalino.

¡Qué buen remedio se me antoja esgrimir la falta de presupuesto para no acometer lo que no se quiere! Y eso que en palabras de la concejal de Hacienda y Administración Pública, Mar San Martín, «por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento de Logroño puede hablar de cifras positivas, con un superávit en el año 2013 de 4,8 millones de euros».

Habría que recordar a nuestros regidores que, cuando el Consistorio asestó un golpe casi mortal al yacimiento de Valbuena en el año 2006, cubriendo buena parte de las excavaciones con un aparcamiento ‘temporal’ en superficie, Logroño, La Rioja, España, atravesaban uno de los mejores ciclos económicos de toda su historia.

Que no cuela, vamos.

Mientras tanto, el Casco Antiguo acrecienta su declive, la casa del inquisidor sirve de mera oficina a la Fundación Dialnet, el Centro de la Cultura del Rioja está muerto de risa e infrautilizado y sobre la plaza de San Bartolomé y su torre liberada –una de las pocas actuaciones de provecho de la legislatura– pende el abrazo del oso planeado por los arquitectos Siza y Hernández.

 

Tras ostentar los títulos de Capital de la Gastronomía y del Deporte, propongo que Logroño sea Capital Europea del Patrimonio para el próximo 2015 o el 2016, a lo sumo.

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El COU Valvanera de los claveles y los porrazos, 25 años después
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Marcelino Izquierdo | 05-05-2014 | 07:00| 0

 

Los alumnos de COU Valvanera de Logroño, que fueron confundidos por la Policía Armada con una protesta revolucionaria el 25 de abril de 1976, posaron 25 años después del incidente en la Concha de El Espolón. La fotografía cedida por Eduardo Rubio muestra la imagen de aquellos estudiantes de la Transición, antes de celebrar una fiesta en el Círculo Logroñés, con motivo de las bodas de plata del curso. Fue en el año 2001.

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COU Valvanera, entre claveles y porrazos
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Marcelino Izquierdo | 04-05-2014 | 07:00| 0

 

La Policía Armada cargó contra los alumnos de COU Valvanera, a los que confundió con una protesta en favor de la revolución portuguesa

 

Eran tiempos convulsos. La Transición todavía llevaba chupete y las ansias de libertad se estrellaban cada mañana contra los muros levantados por quienes se resistían a entregar el mando.

Corría el 25 de mayo de 1976 cuando los dos centenares de estudiantes matriculados en el Curso de Orientación Universitaria de COU Valvanera se disponían a celebrar su fiesta mayor. La tradición del hoy desaparecido colegio logroñés mandaba que las chicas acudieran al cohete inaugural con elegante vestido y los chicos, de traje, corbata y clavel rojo en la solapa. Tras el chupinazo, la alegría se desbordó, y no era para menos. Se trataba de la primera vez que aquellos alumnos disfrutaban de la normalidad de un curso mixto: chicas y chicos, vamos.

Como por aquel entonces aún no se había extendido el botellón, los preuniversitarios acudieron a apagar su sed a la calle Laurel. Ronda arriba ronda abajo, el vino pronto calentó el ánimo de los jóvenes, que decidieron proseguir la ‘marcha’ en el ‘Torcuato’, garito de moda en la actual zona peatonal.

De tránsito por el Espolón, los alumnos bailaron ‘El corro de la patata’ alrededor de la estatua de Espartero y, sobre la Concha, cantaron temas de moda, y hasta alguna jota se entonó.

A punto de cruzar Vara de Rey, los un tanto achispados estudiantes se vieron sorprendidos por una inopinada carga policial. Los agentes de la Policía Armada comenzaron a porrazo limpio, y por la espalda, sin distinguir faldas de pantalones. ¡Qué manta de golpes (por no decir un palabro)!

La estampida fue unánime, pues los agredidos no eran capaces de entender lo que ocurría. Es verdad que el clima del país estaba raro, raro, raro pero… ¿qué habían hecho ellos? Con algún moratón de más, los alumnos de COU Valvanera se ocultaron en sus respectivas casas, por si acaso.

 

 

¿Revolución de los claveles?

Los responsables del centro educativo pidieron una explicación a las autoridades, que salieron por peteneras. Al principio, el portavoz del Gobierno Civil acusó a los jóvenes de participar en una manifestación ilegal con motivo del segundo aniversario de la Revolución de los claveles portuguesa. Se olvidaba, sin embargo, que la tradición del reventón en la solapa llevaba instituida en COU Valvanera desde el curso 72/73.

A renglón seguido, el gobernador habló de una «lamentable confusión» por parte de la Policía con una protesta de Magisterio. Es más, cuando el desafortunado aporreamiento llegó a la Justicia, algún agente declaró haber escuchado cómo los ‘manifestantes’ cantaban la Internacional, himno que –por aquel entonces– los chavales no habían escuchado en su vida.

Todo quedó en nada y hasta los cardenales desaparecieron pronto. De aquel desaguisado, al igual que yo, se acuerdan estos preuniversitarios que hoy son médicos, profesores, comerciales, ingenieros, abogados, militares, economistas, bancarios, periodistas, matemáticos, empresarios, químicos, catedráticos, farmacéuticos, deportistas…

Sería imposible citarlos a todos, pero la mayoría se reconocerá en las fotos.

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Julián Rezola, héroe anónimo
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Marcelino Izquierdo | 30-04-2014 | 09:26| 0

 

Remerorando los recuerdos de la Transición, a propósito del reciente fallecimiento de Adolfo Suárez, cayó en mis manos un poema escrito en enero de 1977. ‘No te canses compañero’, lo tituló su autor, Julián Rezola. Dice así:

«No te canses compañero, el hombre es bueno, ya lo verás.

Cuando te levantes por la mañana piensa en la gente que vas a ver: en el autobús, en el trabajo y en la calle, y alégrate, ¡alégrate! del maravilloso espectáculo que es el hombre.

Mira sus caras, la cera de sus arrugas; mira sus manos, cuenta sus dedos, observa sus hombros cargados, imagina el peso que han soportado.

Huele sus ropas, la camisa, la chaqueta, los calcetines y, si puedes, los calzoncillos.

Y si eres como pienso, sentirás el olor de las cadenas, el olor del látigo y de la pena, y el olor de la frustración.

Y si esto no te es suficiente para seguir luchando: ¡abandona!, no tienes razón, pero, sobretodo, no tienes temple».

El poema, publicado por Ediciones Emilianeses en una recopilación de textos incompletos de Julián Rezola (‘Palabras de amistad, libertad y lucha’), fue, además, musicado por Jesús Vicente Aguirre, también en aquellos tiempos del cambio. Los mismos tiempos de concordia, generosidad e ilusión que la clase política pretende ahora arrimar a sus intereses de poder, si bien tan sólo de boquilla.

Todos señalan a Suárez como artífice de la Transición, pero pocos recuerdan a las personas anónimas que hicieron posible que España pasara de la sombra a la luz en un tiempo récord. Uno de esos héroes anónimos fue Julián Rezola Trapero –educador, poeta, sindicalista–,  nacido en Logroño en 1943, fallecido en Barcelona en el 2009 y, ad æternum, ciudadano del mundo.

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¡Pobre Doménikos!
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Marcelino Izquierdo | 17-04-2014 | 09:21| 2

 

Cuando el Museo de La Rioja reabrió sus puertas hace casi seis meses, tras una década de (contra)reforma, le dediqué un ‘Crisol’ que acababa de esta manera: «Otro día ya hablaremos de lo inadvertidas que pasan joyas como la Venus de Herramélluri, de la iluminación deficiente y peligrosa, de las torticeras atribuciones de obras a grandes maestros o, incluso, de la confusión en las cartelas de algunos de los autores».

Es verdad que la Venus de Herramélluri ha visto mejorada su iluminación –no así su ubicación–, o que los focos halógenos ya guardan el metro de distancia mínimo con las tablas de San Millán u otros óleos para no llegar chamuscarlos.

Como ya apuntaba entonces, el lienzo de ‘San Francisco de Asís’, que el Museo citaba en su cartela como obra de El Greco, en realidad no es de Doménikos Theotokopoulos sino que está atribuido a su taller. Pero siendo lamentable el error, lo peor de todo es que la directora asegure que «no creo que (la placa) cambie mucho la información que se da». Pues sí. El error era tal que la Consejería de Cultura tuvo que desdecir a María Teresa Sánchez Trujillano y ordenar el cambio de la cartela.

Dicen desde el Museo que “tras haber sido examinada la documentación, procede actualizar la cartela”. Olvidan, sin embargo, que además del informe de restauración del lienzo realizada en los últimos años -que ya certificaba que el cuadro no era de El Greco-, la valoración realizada en los años 20 -hace casi un siglo-, y en la que el óleo fue restaurado en Madrid y sustituido el marco, ya se confirmaba que el ‘San Francisco’ estaba “atribuido al taller de El Greco”.

Sin embargo, en la nueva placa provisional del Museo se detalla que el polémico cuadro proviene del convento de San Antonio de Nalda cuando la documentación, por contra, no apunta en la misma dirección. La mayor parte de la colección pictórica que hoy se cuelga en el Museo de La Rioja permaneció, durante décadas, en el Instituto de Segunda Enseñanza (hoy IES Sagasta), entidad que en el siglo XIX reunía las mejores condiciones para su custodia.

Pues bien. El archivo del centro educativo revela que el lienzo ya estaba en allí años antes de que llegaran las obras procedentes del convento de San Antonio. Cabe la posibilidad de que el cuadro hubiera sido llevado desde Nalda con anterioridad, pero parece más lógico pensar en los conventos de San Francisco, bien de Logroño bien de Santo Domingo, como origen verdadero.

 

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