La Rioja
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El milenario del rey Don García, otra oportunidad perdida para La Rioja
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Marcelino Izquierdo | 25-12-2016 | 19:07| 1

 

«La historia… testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, testigo de la antigüedad». Cicerón.

Es La Rioja, en materia de cultura y de patrimonio, la tierra de las oportunidades perdidas. Citemos, por ejemplo, la malograda rehabilitación del templo del monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, donde tras hallar los vestigios de la primitiva iglesia románica –de una calidad superlativa–, este tesoro artístico lleva años oculto bajo una gruesa capa de grava, losetas y mucha ignorancia. ¿Y qué decir del Museo de La Rioja y su desafortunada reforma, después de una década cerrado a cal y canto? Por no hablar de la infausta reapertura del Centro de la Cultura del Rioja, del desaprovechamiento del legado histórico vinculado al mundo del vino que jalona el Casco Antiguo logroñés, de la paralización sine die del yacimiento de Valbuena o del derribo de decenas de edificios emblemáticos tanto en la capital como en el resto de la región.

Pero no contentas con este marasmo patrimonial, tampoco muestran las autoridades sensibilidad, ambición o voluntad política en cuanto a los antepasados que dieron lustre a esta tierra. Si exceptuamos el guiño de la Crónica Najerense o el sello impulsado por los amantes de la filatelia, el milenario del nacimiento del rey Don García (Nájera, 1016-Atapuerca, 1054) ha transcurrido sin pena ni gloria a lo largo de este año 2016 que ya se nos escapa de entre los dedos. ¡Qué oportunidad perdida para haber organizado una exposición conmemorativa o haber difundido su figura como se merece! Mimbres los había, y muchos.

Esta desidia institucional en torno a la historia, a la cultura, al patrimonio y a los más insignes predecesores hace que La Rioja sea una gran desconocida tanto para extraños como para propios.

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¿Forzó Salustiano Olózaga a la reina Isabel II?
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Marcelino Izquierdo | 22-12-2016 | 09:53| 3

El político riojano fue acusado de obligar a la soberana a firmar la disolución de las Cortes en 1843, mientras los rumores políticos lo señalaban como su amante

Algo muy extraño ocurrió en la alcoba de Isabel II del Palacio Real de Madrid en la noche del 28 de noviembre de 1843. Tan extraño, que los historiadores todavía hacen cábalas 163 años después. Todo parece indicar que lo que estalló como un escándalo político y sexual de la época entre la reina y el político riojano Salustiano Olózaga no fue sino un golpe de Estado encubierto por el que los moderados se hicieron con el poder. Y sin disparar ni un tiro.

A raíz de la caída de Baldomero Espartero como regente -tras la revuelta militar liderada por los generales Serrano y Narváez en el verano de 1843-, y recién nombrada Isabel II mayor de edad y reina de España con tan sólo 13 años, fue designado Salustiano Olózaga presidente del Consejo de Ministros como político de prestigio del ala más «templada» del progresismo.

Sin embargo, al designar el político nacido en Oyón un gobierno progresista monocolor, el Congreso de mayoría moderada respondió eligiendo como presidente de la Cámara Baja al conservador puritano Pedro José Pidal. Ante esta coyuntura, pretendió Olózaga dar un golpe de efecto y convocar nuevas elecciones para recuperar el poder parlamentario; fue entonces cuando saltó a la opinión pública el ‘escándalo Olózaga’.

En la sesión del 1 de diciembre, el moderado González Bravo, como notario mayor del Reino, leyó ante las Cortes la declaración escrita de puño y letra de Isabel II: «En la noche del 28 del mes pasado, se me presentó Olózaga y me propuso firmar el decreto de disolución de las Cortes. Yo respondí que no quería firmarlo, teniendo, para ello, entre otras razones, la de que esas Cortes me habían declarado mayor de edad. Insistió Olózaga. Yo me resistí de nuevo a firmar el citado decreto. Me levanté, dirigiéndome a la puerta que está a la izquierda de mi mesa de despacho. Olózaga se interpuso y echó el cerrojo de esta puerta. Me agarró del vestido y me obligó a sentarme. Me agarró la mano hasta obligarme a rubricar. Enseguida Olózaga se fue, y yo me retiré a mi aposento. Antes de marcharse Olózaga me preguntó si le daba mi palabra de no decir a nadie lo ocurrido, y yo le respondí que no se lo prometía».

 

 

Honra e inocencia

El alboroto entre los escaños fue de los que hacen época. Por mucho que Olózaga y sus correligionarios intentaron defender el honor del político riojano, la acusación era tan grave y escabrosa que no fue posible disiparla con simples palabras. «Mi honra no puedo sacrificarla ni a la reina ni a dios ni al mundo entero; hombre de bien, inocente, he de aparecer ante el mundo, aunque fuera en la escalera de la horca», exclamó. Pero ante el cariz que tomaban los acontecimientos, y ante el temor de perder la vida ante un pelotón de ejecución, optó Olózaga por escapar rumbo a Portugal y posteriormente a Francia.

Añadidos a la calumnia, los moderados, con el reaccionario Luis González Bravo a la cabeza, lanzaron los rumores de que don Salustiano había sido el amante de la reina-niña, el encargado de iniciarla en el arte del amor e, incluso, de desflorarla. Esta última teoría fue sustentada por el historiador Ricardo de la Cierva en su novela ‘El Triángulo: alumna de la libertad’, finalista del Premio Planeta 1988.

Es verdad que el joven Olózaga tenía fama de amante fogoso e infatigable conquistador. Ahí está su insistente cortejo a María Dolores de Quiroga, quien rechazó la oferta matrimonial del abogado riojano e ingresó en la orden de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora con el nombre de sor Patrocinio. Años más tarde, sor Patrocinio -conocida en toda España como la «monja de las llagas»- entraría en la corte borbónica y ejercería enorme influencia sobre la propia Isabel II.

Pero… ¿qué pasó, en realidad, entre la reina y Olózaga? Según Álvaro Figueroa, conde de Romanones, ninguno de los dos dijo la verdad. En su reeditado libro ‘Un drama político, Isabel II y Olózaga’, el político y escritor aristócrata asegura que Isabel II se mostró reacia a disolver las Cortes, a lo que el presidente del Consejo de Ministros trató de imponer su voluntad: «Creemos que (Olózaga) le cogió, no la mano, sino las manos para acariciárselas suavemente. Lo sucedido se redujo, al parecer a un arrebato surgido en un momento en que los sentidos son los amos. ¿Fue una finalidad política la que movió a Olózaga? ¿Una pasión intensa? No; sólo vanidad, la vanidad plebeya de un hombre grande: la de haber triunfado sobre una mujer que era reina, hipótesis no absurda, dado el temperamento de doña Isabel, dominador constante de toda su vida».

 

Golpe de Estado

Que la reina mintió -o le obligaron a mentir-, es evidente: los cerrojos de las puertas de su alcoba que, según su testimonio, don Salustiano atrancó, nunca existieron. Olózaga, por su parte, se aprovechó de que Isabel era sólo una niña a la que engatusó con su labia y arrebatadora personalidad. «Cuando me despedí, la reina me regaló una caja de bombones para mi hija», esgrimió el político como epílogo a su almibarada versión.

El académico Alejandro García Nieto, en su ensayo ‘Los «sucesos de Palacio», del 28 de noviembre de 1843’, publicado en el año 2007, pone el foco en «la intervención de la marquesa de Santa Cruz, aya de la reina y espía en Palacio del partido moderado, a quien Narváez y González Bravo habían alertado para que vigilara bien los despachos reales ya que sospechaban que Olózoga podría presentar en cualquier momento un decreto de disolución de los Cortes a fin de preparar desde el ministerio un nuevo Congreso con cómoda mayoría del partido progresista».

Una indisposición impidió a la marquesa acudir aquel día a Palacio, pero una vez recuperada, «interrogó hábilmente a la reina sobre el despacho de la noche anterior hasta que se enteró de lo sucedido». Cuando Narváez acudió a entrevistarse con Isabel II, el aya le informó de la firma real. «Buscando una salida, llamaron a Pidal, cuya llorera subió más aún las alarmas de Isabel 11, convencida ya de que había realizado algo muy mal. En su consecuencia ella misma, o entre todos, urdieron la excusa de la violencia», añade García Nieto.

La caída de Salustiano Olózaga y de todo el progresismo hizo posible que el partido moderado impusiera su control durante los siguientes diez años. En la ‘Década Moderada’, con Narváez como líder, se aprobó la Constitución de 1845, que dilapidaba numerosas conquistas sociales y políticas; la reforma de la Hacienda, que con su apuesta por los impuestos indirectos encareció el coste de la vida; o el Concordato, por el que el Vaticano bendecía a Isabel II a cambio de prebendas y donaciones.

Un político nacido en Oyón, criado en Arnedo y de vocación universal

Nacido en Oyón el 8 de junio de 1805 de una familia acomodada y de ideología liberal, su infancia discurrió en Arnedo, donde su padre, Celestino, ejercía como médico. Allí aprendió sus primeras letras, que su progenitor le enseñaba con los artículos de la Constitución de 1812. Tuvo como profesor de latín al catedrático Marcelino Magro, refugiado en Arnedo, y en el convento de Vico ganó, con apenas 10 años, su primer concurso literario.

Estudiante de Filosofía en Zaragoza y en Madrid -y posteriormente Derecho-, con 15 años acaudilló una revuelta estudiantil y era habitual en encendidos debates y tertulias de la capital, donde pronto ocupó el rango de oficial de la Milicia Nacional. Huyó de España en 1823, tras la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, y en su combate sin tregua contra el absolutismo de Fernando VII y de la dinastía borbónica sufrió exilio varias veces, cárcel y hasta eludió la pena de muerte en más de una ocasión.

Excelente orador y alma mater de la Constitución de 1837, Olózaga ocupó altos cargos: gobernador civil de Madrid, diputado durante décadas (sobre todo por los distritos de Arnedo y de Logroño), preceptor de la reina Isabel II, presidente del Congreso de los Diputados, presidente del Consejo de Ministros, ministro de Estado o embajador.

Ingresó en la Real Academia de la Historia (1853) y 18 años después en la Real Academia Española. Entre sus libros destacan ‘Historia política de Aragón’, ‘De la beneficencia en Inglaterra y en España’, ‘Estudios sobre elocuencia, política, jurisprudencia, historia y moral’ y ‘La mujer de Logroño, La riojana’.

Le sorprendió la muerte a Salustiano Olózaga el 26 de septiembre de 1873 en París, donde era embajador de España. Está enterrado en el Mausoleo Conjunto del madrileño Panteón de Hombres Ilustres, junto a Mendizábal, Argüelles y Calatrava, entre otros.

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El puente de Alejandro Ganzábal
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Marcelino Izquierdo | 19-12-2016 | 19:33| 0

 

Fue Alejandro Ganzábal algo más que un notable cantero, que alcanzó los honores de ingeniero por méritos y sabiduría. Íntimo amigo de Práxedes Mateo Sagasta y de Amós Salvador Rodrigáñez, este riojano de adopción –nacido en Yurreta (Vizcaya)– llegó a Logroño con motivo de la construcción de la línea férrea Tudela-Bilbao. Con posterioridad dirigiría Ganzábal obras tan importantes como el Hospital Provincial, el ‘nuevo’ puente de Piedra, bodegas Marqués de Riscal en Elciego, la carretera de Peñacerrada o, incluso, su propio panteón y el del doctor Zubía (ambos, por cierto, al borde de la ruina).

Con motivo de su fallecimiento, publicó Diario LA RIOJA el 30 de octubre de 1906 un obituario plagado de anécdotas protagonizadas por Ganzábal: «Cuando Logroño se hallaba en peligro de poder ser objeto de un audaz golpe de mano de los carlistas en la última guerra civil (1872-1876), encomendó la Junta de defensa al señor Ganzábal la construcción de murallas provisionales, y éste lo hizo con tal acierto en el brevísimo plazo de tres meses, que mereció justas alabanzas de las autoridades militares».

Precisamente, en la xilografía publicada por el rotativo británico ‘The Graphic’ (Londres, 1875) –el mundo entero estaba muy interesado en el desarrollo de la III Guerra Carlista–, puede observarse la imagen del puente de Piedra, reforzado defensivamente por Ganzábal con una garita de vigilancia, portón de acceso y piezas de artillería sobre una improvisada muralla.

Varios años después de aposentarse en la capital de La Rioja, había levantado Alejandro Ganzábal un imponente caserón de sillares –que para algo era cantero–, a escasos metros al norte del citado puente, en el que residir junto a su familia. Durante décadas y décadas, el edificio fue conocido como el Parador del Norte.

 

 

El Parador del Norte

Aquel Parador del Norte –que ya es polvorienta historia– puede contemplarse en todo su esplendor, al fondo, en la fotografía de finales del siglo XIX que esta Retina de la Memoria rescata del Archivo Jerónimo Jiménez. Se trata del puente de Piedra, atestado de logroñeses que acompañaban los restos mortales de Baldomero Espartero y su esposa María Jacinta (duquesa de la Victoria). Tras permanecer varios años inhumados en el cementerio municipal, ambos cuerpos fueron trasladados en coches de caballos hasta Santa María de la Redonda para ocupar el panteón que todavía hoy se visita en el ala izquierda en la concatedral. Era el 30 de agosto de 1889.

Pero centrémonos en el paisaje de la instantánea. La explanada que se encuentra en primer término corresponde a la rotonda hoy existente frente al Hospital Provincial y sobre la que, hasta bien entrado el siglo XIX, aún se erguía el castillo medieval que custodiaba el puente y el acceso norte de la ciudad. Una pequeña barrera, posiblemente una empalizada compuesta por maderos, protegía las laderas hacia el cauce del Ebro.

Al fondo, cruzando el río, los dos fielatos –que, por suerte, todavía no han sido víctimas de la piqueta–, donde pagaban sus tributos las personas que querían acceder a la capital. Mucho se ha especulado sobre la fecha de construcción de las casetas –que el Consistorio databa hace años en los albores del siglo XX–, aunque estas dos imágenes remontan su origen a antes de 1875.

Y justo detrás de los fielatos, como un gigante solitario, se yergue la majestuosa casa de Ganzábal, el Parador del Norte, con tejado a cuatro aguas, que sin duelo fue derruido el pasado verano.

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Los Últimos (riojanos) de Filipinas
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Marcelino Izquierdo | 14-12-2016 | 21:49| 0

Aunque no participó en la defensa de la iglesia de Baler, cuya gesta narra la recién estrenada película ‘Los Últimos de Filipinas’, el riojano Blas García Hernández está considerado como uno de los héroes de aquella absurda guerra que sumió España en la denominada crisis del 98 y que puso fin a la potencia colonial nacida bajo los Reyes Católicos tras el descubrimiento de América.

Nacido en la villa de Anguiano el 2 de octubre de 1851, Blas García Hernández combatió en la Guerra de Filipinas con el rango de capitán y en aquel país permaneció prisionero hasta que las intrincadas y tardías negociaciones políticas dieron sus frutos en 1900, dos años después de finalizado en conflicto entre Madrid y Manila. Por todas estas razones, además de a las víctimas del surrealista ‘sitio de Baler’, a estos militares retenidos por el presidente tagalo Emilio Aguinaldo también se les llama los “Últimos de Filipinas”. Durante años había permanecido García Hernández destinado en las lejanas islas del Pacífico, residiendo allí junto a su esposa, Concepción Nielfa, y donde nacieron sus hijos Eugenio, Dolores y María del Carmen.

No es casual que el primogénito del oficial anguianero, Eugenio García Nielfa (Filipinas, 1883-Cordoba, 1953), haya sido el escritor que con más continuidad y empeño hizo uso del término “hispanidad”, rescatándolo de un artículo publicado por Miguel de Unamuno en Buenos Aires (1910), y contribuyendo sobremanera a que a partir de 1926 ese concepto se expandiera a ambos lados del Atlántico.

Otros muchos riojanos combatieron en la última gran guerra colonial española, como fue el caso del alberitense Francisco Reinares, abuelo de Isabel Preysler, mientras otros se vieron atrapados por la contienda, como el fraile agustino recoleto Pedro Bengoa Cárcamo, nacido en San Vicente de la Sonsierra en 1872.

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¿Es moral la corrupción?
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Marcelino Izquierdo | 12-12-2016 | 16:32| 2

«La responsabilidad política por la corrupción se salda en las urnas». Rafael Catalá. Ministro de Justicia

 

En nada contribuyen a apaciguar las palabras de Rafael Catalá el enrarecido clima que divide España tras la muerte de Rita Barberá y el vínculo de su infarto con los casos de corrupción que le salpicaban. Es más, en cualquier país serio, Catalá ya tendría que haber dimitido por la gravedad de sus declaraciones, más siendo ministro de Justicia.

Afirmaba Ted Kennedy que «en política sucede como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal», aforismo que no acaban de asimilar los mandatarios de este país. De forma interesada y torticera, ha conseguido la clase política española amalgamar de manera indisoluble responsabilidad moral y responsabilidad penal, y lo peor de todo es que buena parte de la sociedad ha caído en la añagaza, sin plantearse lo espurio de esta oferta 2×1.

En un obsceno ejercicio de cinismo, han lanzado sin reparo altos cargos populares envenenados dardos contra la prensa sobre el ‘caso Barberá’: «Las hienas siguieron mordiendo», «la habéis condenado a muerte», «fue sometida a una cacería injustificada», sin hacer autocrítica sobre el doble discurso mantenido en los últimos meses.

Las tan cacareadas ‘penas de telediario’ se acortarían ostensiblemente si los gobernantes abandonaran sus cargos en cuanto la sombra de la sospecha judicial recayera sobre ellos. Si, por contra, se aferran al sillón aduciendo mil excusas o tratan de sortear la acción de los tribunales valiéndose de su condición o de aforamientos, corren el peligro de que sus correligionarios, la prensa o la sociedad los arrincone, y con razón.

P.D. Señores de Unidos Podemos: un minuto de silencio no es el reconocimiento político de nadie, sino un gesto de empatía hacia quien acaba de fallecer y su familia.

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Pero… ¿quién diantre es Pedro Albéniz?
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Marcelino Izquierdo | 30-11-2016 | 17:12| 2

 

Pero… ¿quién diantre es Pedro Albéniz?, se preguntan algunos de los visitantes de la XLVIII Exposición que la Federación Riojana de Sociedades Filatélicas. Resulta que el tal Albéniz es este año protagonista de la muestra que se celebra esta semana en los bajos del Ayuntamiento de Logroño, y que mañana se clausura.

Hijo del también músico riojano Mateo Albéniz, el ‘desconocido’ Pedro Albéniz fue profesor de piano de la reina Isabel II, primer maestro de piano del Conservatorio de Madrid y pionero en la introducción de novedosas técnicas musicales y pedagógicas. Este ilustre logroñés impulsó el denominado «pianismo romántico», que se extendería por toda España a partir de 1830, y fue autor de un innovador método para la enseñanza de su instrumento, referente de los estudiosos del piano. Ocupó, además, la Vicepresidencia del Liceo Artístico y Literario, la Academia Filarmónica de Madrid lo nombró distinguido profesor y entre sus condecoraciones figuran las de caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III y de la Orden Española de Isabel la Católica.

Y, por si esto fuera poco, los historiadores consideran a Pedro Albéniz como el músico más influyente en la Familia Real de mediados del siglo XIX, pues era habitual verle en la corte, escuchar las piezas que componía para los ‘Conciertos de familia’ y tocar el piano a cuatro manos junto a la propia Isabel II

Gran dinamizador de la vida cultural madrileña, Albéniz era asiduo de las veladas músico-literarias que se celebraban en la capital y en las que participaban célebres escritores como el también riojano Bretón de los Herreros.
Mientras Madrid, con Ruiz Gallardón al frente, homenajeó a Albéniz en el 2008, su ciudad natal ni tan siquiera se ha dignado en dedicarle una calle.

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San Pedro se la bendiga o el parking hospitalario de la vergüenza
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Marcelino Izquierdo | 21-11-2016 | 12:01| 1

Aparece más de una vez en ‘El Quijote’ cervantino y hasta Clarín lo rescató para su ‘Regenta’. Sabio refrán: “A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”. O sea que, cuando Dios todopoderoso ordena algo, nada puede hacer el apóstol San Pedro, Pontífice de la Iglesia Católica, sino darle su bendición. Hablando en plata, resignación, acatamiento y que sea lo que Dios quiera.

Se descolgó este verano el Gobierno de La Rioja con la propuesta de convertir en zona de pago el aparcamiento Oeste 1 del hospital San Pedro. Pese al oscurantismo y la ‘estivalidad’ del anuncio, enseguida se movilizó buena parte de la sociedad logroñesa en contra de una medida tan arbitraria como poco racional. Fue entonces cuando la Consejería de Salud despejó la incógnita: en el 2013, siendo presidente autonómico Pedro Sanz, la Fundación Rioja Salud había firmado un contrato con la empresa Aparcamiento CIBIR SL por el que se obligaba a hacer de pago el aparcamiento gratuito del San Pedro o, de lo contrario, debería abonar una indemnización de 10 millones de euros.

¿Es que nadie va a dimitir por tan gravosa y lamentable gestión? ¿Es que nadie del anterior Gobierno regional va dar explicaciones?

Mientras cualquier obra pública tarda años en concretarse, las infraestructuras para que el sufrido ciudadano pague religiosamente en este parking van a estar listas en un pispás. Así, el usuario del hospital o sus familiares tan sólo tendrán que enfrentarse a las máquinas de control de acceso y obtener su tique de descuento introduciendo la tarjeta sanitaria del paciente en un lector o teclear los nueve primeros dígitos de la misma o teclear el DNI, además de adjuntar el número de habitación y el apellido del paciente. Eso sí, también tienen la opción de ir el parking del CIBIR, que cuesta lo mismo, y ahí es donde está el negocio… para la empresa gestora, claro está.

Lo dicho: San Pedro se la bendiga.

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La más bella de 1908 era riojana
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Marcelino Izquierdo | 19-11-2016 | 18:50| 0

Una modistilla logroñesa de 18 años fue la primera miss que representó a España a nivel internacional, en un concurso organizado por ‘The Chicago Sunday Tribune’

Aunque la belleza femenina siempre ha sido a lo largo de los siglos motivo de exaltación, el origen de los concursos de belleza de la edad moderna nació en 1921 en Estados Unidos cuando se celebró el certamen de Miss América, en la ciudad costera de Atlantic City.

Trece años antes, sin embargo, en 1907, la prensa norteamericana lanzó el guante en busca de la mujer más guapa del planeta. Y fue una logroñesa quien fue elegida para representar a España y cuya imagen dio la vuelta al mundo.

El periódico ‘The Chicago Tribune’ había organizado un concurso de belleza para elegir a la mujer más hermosa de Estados Unidos, de la que salió vencedora Marguerite Frey, una joven empleada de banca de 19 años y residente en Denver (Colorado). La idea había surgido de una apuesta entre un neoyorkino y un vecino de Chicago, que insertaron en la prensa varios anuncios en busca de la joven más atractiva de esta última ciudad. El éxito fue tal, con cientos de fotos enviadas, que ‘The Chicago Sunday Tribune’ compró los derechos. El concurso comenzó el 19 de diciembre de 1906 y concluyó el 7 de julio de 1907.

Empujada por el orgullo norteamericano tras la elección de Marguerite Frey –y por una evidente operación de marketing para vender más ejemplares–, la publicación del estado de Illinois lanzó el guante al resto del mundo: retó a que otros países para que presentaran a sus candidatas.

A través de decenas de cablegramas, los responsables del dominical de Chicago invitaron a periódicos de Francia, Inglaterra, Argentina, Suecia, Noruega, Japón, Escocia, Irlanda, México, Costa Rica, Nueva Zelanda, Chile, Sudáfrica, Australia, Gales… y también España para que se sumasen a tan novedosa –para la época – iniciativa.

Cuatro finalistas españolas

El periodista y editor Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, alma mater de ‘Blanco y Negro’ y de ABC, recogió el guante: «Aceptamos el desafío, pues si es cierto que los Estados Unidos son el país más rico del mundo, no es menos  cierto que la belleza y la gracia femenina fueron y serán siempre patrimonio de la mujer española».

Así, ‘Blanco y Negro’ designaría a la representante del país a través de un casting de fotografías que, según las bases del concurso, deberían pertenecer a chicas de entre 14 y 30 años y que no fueran «profesionales» del mundo de la moda, la música o la escena. El jurado estuvo compuesto por reconocidos pintores, escultores, críticos de arte, fotógrafos y redactores de ‘Blanco y Negro’ y ‘ABC’, quienes eligieron a las cuatro finalistas. Cuatro fueron los retratos finalistas que, sin nombres ni apellidos, bajo lema y con sobre cerrado, pasaron por el tamiz de un jurado  y del público. Finalmente, la ganadora llevaba por lema ‘Logroño’ e incluía una imagen realizada por el excelente fotógrafo calagurritano Alberto Muro.

De esta manera lo contaba en sus páginas la publicación madrileña: «El día 20 de febrero de 1908, ante el notario del Ilustre Colegio de Madrid  Federico Plana Pelusa, se procedió al escrutinio de los votos obtenidos en el Concurso de Belleza convocado en el nº 858 de la revista ‘Blanco y Negro’, correspondiente al día 12 de octubre del año pasado. Al efecto, se hizo el recuento de los boletines recibidos, cuyo número resultó ser 16.927, y hecha por dicho notario la relación por grupos, se vio que de los cuatro retratos publicados, elegidos por el jurado, había obtenido el número 2, cuyo lema es ‘Logroño’, 9.603 votos, cantidad superior a los sufragios reunidos por cada uno de los otros tres retratos». ¿Quién era la ganadora?

 

Vecina de la calle del Mercado

Ante el mismo notario, se procedió a abrir el sobre ganador, bajo el lema de ‘Logroño’, que correspondía a la señorita Petra Herce. Además de poseer una belleza serena –con puede apreciarse en el retrato de Muro–, Petra Herce era una joven logroñesa de 18 años, aprendiz de modista –una más de las cientos de modistillas que trabajaban en la capital riojana– y que por aquel entonces se hallaba soltera. Tenía su domicilio en calle del Mercado, nº 112, piso segundo, actual calle Portales. Así hablaba ‘The Chicago Tribune’: «Es apenas una niña que representa el grado más elevado de ese encanto español que ha fascinado a los poetas y pintores del mundo entero desde los albores de la civilización».

El desafío lanzado por el periódico de Chicago al resto del mundo tardó semanas en ir recibiendo respuestas de los cinco continentes, pues cada país debía de elegir en primer lugar a su candidata y, después, proponerla. Y, claro está, los medios de locomoción de la época no eran tan rápidos ni tan eficientes como los actuales. Aún así, como un goteo permanente, ‘The Chicago Tribune’ fue publicando las imágenes de las bellas aspirantes, sobre todo en el suplemento dominical. Finalmente, alrededor de 15.000 las fotografías tomaron parte en el certamen.

Tras una esmerada selección, fueron elegidas para la gran final las chicas más hermosas, entre las que no estuvo la riojana, y finalmente el título mundial fue a parar a la representante inglesa Ivy Lilian Close, con 18 años recién cumplidos, a quien el título empujó al mundo del espectáculo. Bajo el nombre artístico de Ivy Close, contrajo matrimonio a los pocos meses del concurso con el fotógrafo y realizador Elwin Neame (1885–1923) y comenzó a protagonizar películas de cine mudo, hasta completar una cuarentena de títulos como ‘The Lure of London’, ‘The Ware Case’,  ‘The House Opposite’, ‘Nelson’, ‘Missing the Tide’, ‘The Irresistible Flapper’, ‘The Flag Lieutenant’, Was She Justified?’ o ‘La roue’. Su exitosa carrera en Estados Unidos acabó con la llegada del cine sonoro, ya que su acento inglés se consideró inadecuado para el público norteamericano.

Por que respecta a Petra Herce, además de la satisfacción de haber representado a España en el primer  concurso global de belleza, retomó su vida cotidiana como modista en Logroño.

 

Duelo en Chile por la muerte de su mujer más guapa

Entre todos los países convocados a participar en el concurso de belleza, Chile se negó a presentar por una razón extraña: Sofía de Schiavetti, durante años considerada como  la mujer más hermosa del país andino, había muerto recientemente. «¿Qué sentido tiene buscar a otra persona? –explicaban fuentes chilenas al ‘Chicago Tribune’–. Claro que hay otras mujeres hermosas en Chile, muchas, pero las gentes de esta tierra romántica son tan fieles a la memoria de su belleza perdida que no van a presentar otra candidata». Y es que los chilenos adoraban a Sofía de Schiavetti, hija de una antigua y aristocrática italiana que se estableció en Sudamérica en el siglo XIX y residente en Valparaíso. Chile mantenía a Sofía de Schiavetti en su memoria como algo sagrado, casi como a una santa, y no el país no estaba dispuesto a reconocer que la joven podría tener una posible competidora, incluso en su propio país. Porque, además de convertirse en un icono de belleza, Schiavetti era muy reconocida por su labor social, su pureza y su bondad con las clases menos favorecidas.

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Tiempos extraños
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Marcelino Izquierdo | 16-11-2016 | 11:48| 1

“Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

 

Despertamos un lunes de noviembre –algunos casi ni dormimos tras la resaca electoral– con la inquietante victoria de Donald Trump en el imperio usamericano. No fue una sorpresa mayúscula, acostumbrados ya a sobresaltos como el ‘brexit’ o el referéndum de Colombia, pero sí un toque de atención en torno a lo que ocurre en estos tiempos extraños, a los errores del pasado reciente y al futuro incierto que nos aguarda. “Hay que refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad, porque hemos pasado a dos dedos de la catástrofe, advirtió Nicolas Sarkozy, en el 2008, cuando la crisis no cesaba en su empeño de arrasar a las clases medias y de hundir todavía más a las menos favorecidas. Nada nuevo se supo de aquella “refundación”. ¿O sí?

En España, entretanto, una suerte de grisalla retoma un gobierno que, aún interino, siempre tuvo bajo control, la socialdemocracia se fagocita con el empeño puesto en la desintegración y el populismo avanza por ambos flancos del arco ideológico. Nada importan ni la pobreza ni la corrupción. Nada importa que la clase política robe, mienta, manipule o dilapide nuestro futuro agostando, por ejemplo, la hucha de las pensiones. Nada.

Y, mientras, la incesante marcha de personas íntegras, de referentes morales y culturales, se hace cada vez más insoportable. Horas después de que el dramaturgo Francisco Nieva hiciera mutis por el foro, dejando huérfano el lado más genial, salvaje y atrevido del teatro, desaparecía Leonard Cohen, poeta, músico y, sobre todo, una mirada crítica y singular de un mundo feroz: “Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera”, sentenció.

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Hola, Rufián
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Marcelino Izquierdo | 07-11-2016 | 11:53| 2

“Tanto el capitalismo como el nacionalismo son frutos de la obsesión por el poder, el éxito y la posición social”. Aldous Huxley

 

Hola, Rufián. Aunque nadie nos ha presentado, me atrevo a tratarte de tú. No es mi estilo, pero conocido tu descaro y altanería, nada de andarnos por las ramas. Reconócelo: te excita pontificar desde la tribuna del Congreso, con cara de niño que nunca ha roto un plato, leyendo desmañados monólogos que no pasarían el corte en ‘El Club de la Comedia’, y te pone aún más cuando tus ocurrencias incendian los escaños de los que consideras enemigos de tu patria. Esgrimes un discurso tan infantil y maniqueo que, si se analiza con sosiego, uno no sabe si reír o llorar o las dos cosas a la vez.

Mira, Rufián. Puedes ser nacionalista o independentista. ¡Faltaría más! Eso sí, aplícate lo que escribió George Orwell: “El nacionalismo es hambre de poder atemperada por el autoengaño”. Y recuerda que Orwell combatió el fascismo en la Guerra Civil y se jugó la vida contra Franco, el mismo dictador que trivializas sin ambages cuando comparas su régimen con la actual democracia. ¡Cómo me hubiera gustado verte, con tu cachaza y arrogancia, corriendo delante de los ‘grises’ en las Ramblas!

Descalificas, Rufián, a unos y a otros (con razón o sin ella), desenfundando tu revólver de rústico perdonavidas sin importarte la incoherencia de tu discurso. Recuerda que tú y tu grupo sustentáis en el poder a la burguesía catalana, la misma que lleva décadas ejerciendo las mismas políticas neoliberales que la derecha española (francesa, alemana, británica…), la misma que está podrida hasta el tuétano de corrupción.

Y tenlo claro, Rufián: izquierda (esquerra) y nacionalismo son términos tan in-com-pa-ti-bles, antónimo, como frío y caliente, luz y oscuridad, paz y guerra, inteligencia y torpeza.

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