La Rioja
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“El submarino de Cosme García fue el primero español en funcionar”
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Marcelino Izquierdo | 24-03-2012 | 18:46| 0

 

“El submarino de Cosme García fue el primero español en funcionar”, afirma el historiador de la Marina española Agustín Ramón Rodríguez González, miembro de la Real Academia de la Historia, con 27 libros publicados, y autor de la biógrafía del inventor riojano, bajo el título de ‘Cosme Garcia: un genio olvidado’, publicada en 1996 y reeditada en el 2007. La Armada Española bautizará los nuevos submarinos de la novedosa y revolucionaria clase S-80, que construye Navantia, con los pioneros españoles del arma submarina: Isaac Peral, Narciso Monturiol, Cosme García y Mateo García de los Reyes.

Cosme García nació en Logroño el 27 de septiembre de 1818, hijo de riojano y de navarra. Su padre, primero carpintero y después fabricante de guitarras, fue quien le inoculó la pasión por los artilugios. Cuando vio el mar por primera vez, enseguida pensó en fabricar un sumergible. Fue en Barcelona, a la edad de 39 años.

P. Aunque la ciencia y la tecnología han estado históricamente marginadas, ¿por qué Cosme García ha sufrido un olvido aún más doloroso que otros inventores?

R- En España siempre se ha estudiado poco la Historia de la Ciencia y de la Técnica, y aún menos la originada aquí, por lo visto nos hemos creído esa parte de la ‘leyenda negra’ que afirma que los españoles no hemos inventado nunca nada. También ayudó al olvido el que Cosme García, por su carácter personal y su poca familiaridad con las letras, no nos dejara escritos de su vida y de su obra…o tal vez han desaparecido; no lo sabemos.

P. Cuando hablamos de submarinos, siempre salen al estrado Monturiol y Peral… pero antes de ellos fue Cosme García.

R. El submarino de Cosme García fue el primero español en funcionar. Lo cierto es que Cosme García construyó y probó sus dos submarinos un año antes que el primero de Monturiol, y con notorio éxito, y casi treinta años antes que el de Peral. Realmente la primacía es suya, aunque, evidentemente, el de Peral era un modelo mucho más avanzado y ya prácticamente operacional.

P. ¿En qué acertó Cosme García donde otros fracasaron?

R. Entendió que el futuro era de los cascos metálicos –Monturiol apostó por la madera- y que los sumergibles tenían que parecerse a los barcos tradicionales, porque iban a pasar mucho más tiempo en superficie que sumergidos. Su diseño anunciaba el de cualquier submarino convencional de los que existen ahora. Las dimensiones de ese sumergible eran muy similares a las que luego tuvo el Ictineo I de Monturiol. Un detalle realmente genial y que faltó en muchos modelos de submarinos posteriores y más sofisticados, fue la inclusión a proa de sendos timones de profundidad o de buceo, fundamentales para facilitar las maniobras de inmersión y emersión del buque.

P. ¿Cuál era el objeto del submarino?

R. Nació para usos industriales, rescate de naufragios, etc., pero, inevitablemente, se reconvirtió en arma de guerra. Cosme García incluso diseñó un cañón de retrocarga que podía disparar por aberturas en los extremos de proa y popa. El arma, revolucionara en una época en que todavía imperaba la avancarga, fue probada con todo éxito en el polígono de Experiencias del Ejército en Carabanchel, Madrid. La “prueba oficial” del submarino se realizó el 4 de agosto de 1860 en el puerto de Alicante. La tripulación se redujo al propio inventor y a uno de sus hijos. El parte oficial del Comandante de Marina corroboró el éxito.

P. ¿Cómo valora que un nuevo submarino de la Armada española lleve el nombre del inventor logroñés?

R. Pues todo un reconocimiento a un hombre que, llevado de su ilusión, se empeñó materialmente hasta la ruina por dotar de tan revolucionario buque a su patria. Y aunque se desconocieran los detalles casi por completo de la obra de Cosme García, lo cierto es que la Armada lo ha recordado ya en dos ocasiones anteriores: desde el primer grupo de submarinos adquiridos por ella hacia 1916, del que el ‘A-2’ recibió su nombre, a muchos años después. Pero el primero era de construcción italiana y el segundo de procedencia estadounidense. A la tercera se ha conseguido que el ‘S-83’ lleve el nombre de un precursor español, siendo un proyecto y construcción completamente nacional. Si antes era conveniente que llevara ese nombre, ahora con mucho más motivo, como expliqué en mi petición a la Armada pidiéndole un recuerdo para el inventor riojano.

P. ¿Cree que su tierra natal debería poner más en valor su figura?

R. En España y en La Rioja solemos dar poco valor a las personas que realmente lo merecen, mientras que son tremendamente populares muchos personajes que sólo merecerían el olvido. Por supuesto que creo que La Rioja debe presumir de uno de sus hijos más ilustres, y pocas veces se habrá presentado mejor ocasión, cuando el reconocimiento es nacional y ha partido de las Fuerzas Armadas. La Rioja no puede quedarse atrás, y pese a la situación, no sería tan caro montar algunos actos divulgativos, exposiciones y una reedición de su hasta ahora única biografía, corregida y aumentada, y dirigida a un público más amplio y de  dentro y fuera de la Comunidad Autónoma.

P. Además del sumergible, Cosme García no dejó de inventar durante toda su vida, ¿no?

R. En mi primera investigación he conseguido hallar hasta tres modelos sucesivos de fusiles de retrocarga, el último de los cuales fue construido en serie para el Ejército, figurando ejemplares en varios museos militares españoles, aparte de una imprenta manual y, lo que fue su gran éxito, la máquina de franquear para Correos, la primera verdaderamente operativa en España, que estuvo funcionando en todas las Administraciones postales más de veinte años. Pero no descarto que hubiera otros, aún desconocidos, algunos de los cuales fueron luego aprovechados por sus hijos.

P. Paralelo a su ingenio, también tuvo una vida apasionante.

R. Hijo de un modesto carpintero y luego guitarrero, Cosme tuvo una formación autodidacta, indudablemente relacionada con mecanismos como la relojería, las armas y la imprenta. Muy joven, y en un Logroño amenazado por los carlistas, entró como su padre y su abuelo a servir en la Milicia Nacional, el ejército ciudadano de reserva del bando liberal en aquellas contiendas civiles; tuvo que casarse con su novia embarazada, que le dio varios hijos, trabajó como impresor en varios periódicos de Madrid y fue regente de la Imprenta Nacional, se trató con la élite política española de la época,  conoció a Isabel II y a Napoleón III de Francia, viajó por España y por Europa, patentó incluso en Francia sus inventos, y al final, arruinado e incomprendido, dejó a su familia por una sirvienta, de la que tuvo dos hijos más, antes de morir cuando no tenía aún los 56 años. Todo un argumento para una novela.

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LO QUE LA PEPA NO CONSIGUIÓ
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Marcelino Izquierdo | 22-03-2012 | 20:17| 0

Cuando hace ahora 200 años los diputados reunidos en Cádiz aprobaron la Constitución Española de 1812 tenían un objetivo común: enterrar el Antiguo Régimen. Era la primera Carta Magna que se sustentaba en los pilares de la democracia moderna y un texto tan avanzado, que sirvió de modelo a otras constituciones europeas y americanas.
Finiquitada la guerra contra el francés, el regreso al trono de Fernando VII -quizá el monarca más nefasto de toda la Historia de España- cercenó de raíz las ansias de libertad de un pueblo que había luchado tanto por la independencia como por la soberanía nacional. Sólo el Trienio Liberal supuso un fugaz soplo de aire fresco durante el mandato del “rey felón”, cuya muerte desembocó en la I Guerra Civil (Guerra Carlista) que convulsionó España.
El siglo XIX avanzó dando tumbos constitucionales -la Carta Magna de 1837 supuso una apuesta incontestable en favor de la modernidad-, ya que el Antiguo Régimen se resistía a fenecer, como ya había ocurrido en el resto de las naciones del mundo civilizado. La Restauración impulsada por Sagasta y Cánovas alumbró un régimen posibilista y moderno que, por desgracia, se fue desintegrando hasta que Primo de Rivera impuso la “Dictablanda”.
Tras la Guerra Civil de 1936, la tercera en apenas 100 años, el Franquismo retomó las señas de identidad del Antiguo Régimen: los Reyes Católicos, el emperador Carlos I, el Águila Imperial… borrando de raíz cualquier vestigio del doceañismo gaditano.
Cuando el régimen totalitario del caudillo -¿o era autoritario?- llegó a su fin, el espíritu de Cádiz preñó la Constitución de 1978, contestada -eso sí- por ciertos nostálgicos que, por desgracia, últimamente florecen como setas.

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Dibujos de moda de Carlos Sáenz de Tejada, en el Museo Balenciaga
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Marcelino Izquierdo | 22-03-2012 | 20:13| 0

 

El Museo Cristóbal Balenciaga de Getaria (Guipúzcoa) ha elegido para su primera exposición temporal la muestra “Crónica de París”, un recorrido por las tendencias de la alta costura del París de los años 30 de la mano del pintor de origen riojano Carlos Sáenz de Tejada.

Sáenz de Tejada fue testigo en primera fila de todas las novedades que se presentaron en los salones de costura de París y de todos sus entresijos, que plasmó en más de 300 dibujos e ilustraciones. Cada uno de los desfiles de firmas como Worth, Patou, Callot Soeurs, Heim, Paquin o Rochas fue publicado por el diario “ABC” y por el semanario “Blanco y Negro” a través de las crónicas ilustradas. Era un mundo iluminado por mujeres elegantes y de ambientes sofisticados, que Sáenz de Tejada también recreó para otras revistas como “Jardin des Modes”, “Femina”, “Elegant Welt”, “Harper”s Bazaar” o, con seudónimo, para “Vogue”. Los dibujos son de una figuración estilizada, dejando atrás sus coqueteos con los ismos de principios del siglo XX o el realismo social.

Dos años más joven que Balenciaga, Sáenz de Tejada abandonó París en 1936, un año antes de que el modisto de Getaria se estableciera en la capital francesa, si bien ya había viajado a la ciudad del Sena en los años 20 y 30. Allí conoció de primera mano muchas de las pasarelas que el pintor ilustró con sus dibujos y puso las bases del cambio de la moda en las siguientes décadas.

 

A lo largo de casi diez años, Carlos Sáenz de Tejada fue testigo en primera fila de todas las novedades que se presentaron en los salones de costura de París y de todos sus entresijos. Cada uno de los desfiles de firmas como Worth, Patou, Callot Soeurs, Heim, Paquin o Rochas fue publicado por el diario “ABC” y por el semanario “Blanco y Negro” a través de las crónicas ilustradas que el pintor rubrica. Se trata de un mundo iluminado por mujeres elegantes -altas, como marca la época- y de ambientes sofisticados que Sáenz de Tejada también recrea para otras revistas internacionales, como las francesas “Jardin des Modes” y “Femina”, la alemana “Elegant Welt”, la americana “Harper”s Bazaar” o, con seudónimo, para la competencia de todas ellas, “Vogue”. Un recorrido por las tendencias, al tiempo que un reflejo del nuevo papel que la mujer iba adquiriendo.

Entre Dalí y Breton

En el París que se encuentra Sáenz de Tejada en 1926 campa a sus anchas el surrealismo de Dalí y de Breton. En Madrid -que abandona durante casi una década-, deja huérfanas a las vanguardias, pues su estudio de la calle Horno de la Mata ha sido punto de reunión de sus ideólogos. Y es en la capital del Sena donde se convierte en un auténtico corresponsal gráfico. Sus dibujos son de una figuración estilizada, dejando atrás sus coqueteos con los ismos de principios del siglo XX o el realismo social.

 

De las 775 ilustraciones de moda creadas por el artista de origen riojano de Sáenz de Tejada que custodia el Museo ABC, en Getaria  se exponen más de 300. Se trata, sin duda, de una obra desconocida por el gran público que, hasta bien poco, siempre había vinculado al pintor tan sólo a la iconografía creada por el régimen del general Franco. El aparato surgido durante la dictadura se apropió, sin ningún pudor, de su personal estilo y lo manipuló hasta convertirlo, sin serlo, en su portavoz. Durante décadas su gran obra, rica en variedad y sutileza, quedó oculta tras espurios intereses políticos.

Carlos Sáenz de Tejada y Lezama (Tánger, 1897-Madrid, 1958) era hijo del diplomático Carlos Sáenz de Tejada y Groizard y de María de Lezama González del Campillo, una familia proveniente de la antigua aristocracia española, fuertemente arraigada a La Rioja y La Rioja Alavesa. De su extensa obra, hay importantes muestras en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, Artium de Vitoria, Museo de Bellas Artes de Bilbao o Museo de Arte Moderno de Madrid.
Coco Chanel y Schiaparelli

 

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Un cementerio bajo el IES Sagasta
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Marcelino Izquierdo | 15-03-2012 | 09:00| 0

 

Bajo el edificio del IES Sagasta reposan los restos de más de 200 frailes carmelitas. El 21 de septiembre de 1900 se inauguraba el actual Instituto de Segunda Enseñanza, asentado sobre lo que era el antiguo convento de los Carmelitas. Lo que muy pocos saben es que, junto a los cimientos del centro educativo, bajo las aulas, la biblioteca, la sala de profesores, los patios de deporte y recreo, existe un cementerio con las tumbas de 202 religiosos de la orden del Monte Carmelo. Así lo documenta el historiador y cronista arnedano Felipe Abad León en su libro ‘El muro y la noria’, un recorrido en el tiempo, a través de 440 páginas, del convento de los Carmelitas Descalzos de Logroño.

«Los Carmelitas Descalzos están en La Rioja desde 1598, año en el que se fundó el convento de las Carmelitas de Calahorra; en 1603 el de los padres de Calahorra, en 1628, los padres de Logroño y algo más tarde, el de las carmelitas de la capital», asegura el sacerdote carmelita José Miguel Garrido, párroco de Nuestra Señora del Carmen.
Desde su llegada a la capital riojana, los religiosos del Monte Carmelo se instalaron en diferentes edificios de la ciudad, aunque el lugar donde más tiempo residieron fue donde hoy se encuentra el Instituto Sagasta, para cuya construcción se emplearon materiales del convento derribado de los Carmelitas, que tuvieron que abandonarlo tras la desamortización de Mendizábal.

El monasterio se levantó en el siglo XVII, en medio de fértiles huertas –más allá de las murallas de Logroño–, frente al Muro del Siete (hoy Cervantes) y el Muro del Carmen. Ocupaba el actual espacio del IES Sagasta, la Glorieta y otras zonas de labranza aledañas, con sus tapias, su noria y todo lo necesario para el autoabastecimiento de los carmelitas.
«He dividido mi libro en dos etapas –explica Felipe Abad–. En primer lugar, incluyo el período que va desde la fundación del monasterio, en 1628, hasta las desamortizaciones de mediados del XIX, el posterior abandono del convento, su uso por instituto y su demolición, a finales de ese mismo siglo».

Ya en la segunda parte, el autor analiza la época que va desde la refundación (1917), en el convento de las Carmelitas Descalzas que se hallaba al otro lado de la antigua vía del ferrocarril, en el espacio que hoy ocupan el hotel Carlton e Ibercaja. «La vigente parroquia de Nuestra Señora del Carmen, con más de 70 años de vida –añade–, se instaló en un edificio entre las calles Jorge Vigón y Doctores Castroviejo en 1947. Se trataba de una iglesia neogótica, diseñada por el arquitecto Agapito del Valle, que fue derribada en 1973 y vuelta a levantar en la planta baja de un nuevo edificio, donde ahora se encuentra».

Muertos entre 1628 y 1808

El convento de los Carmelitas Descalzos tuvo una gran importancia durante sus 180 años de existencia, tanto dentro de la orden del Monte Carmelo como en la vida de la propia ciudad. En su libro ‘El muro y la noria’, además de los avatares de la orden y del propio convento, Abad León ha incluido las biografías, más o menos cortas, de los 700 padres carmelitas que vivieron y, muchos de ellos, murieron en Logroño entre 1628 y 1808. «Como en otros muchos monasterios –argumenta el historiador–, la mayoría de los religiosos que fallecían enclaustrados eran inhumados en el propio convento, principalmente en el templo». De ahí que bajo la iglesia del Carmen, punto neurálgico del convento, iban siendo enterrados los frailes, tanto en las capillas laterales como en otras zonas del templo, así como en los claustros.
«Como anécdota –señala Abad–, entre 1794 y 1795 fallecieron tres carmelitas, que fueron inhumados en sepulturas contiguas números 17, 18 y 19, en la capilla del Carmen. El primero, José Ágreda Ruiz de Alda, tenía 80 años y fue tracista general de la orden e ingeniero; el segundo, Francisco Armendariz Beriain, era un estudiante de 19 años, y, el tercero, Andrés Fresno Machacón, de 79 años, fue un reputado sabio que editó las obras completas de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz».

Los últimos enterramientos tuvieron lugar en 1808, pues a raíz de la francesada las tropas de Napoleón expulsaron a los monjes y tomaron el convento como cuartel. Destruido durante la Guerra de la Independencia, los carmelitas volvieron a levantarlo, pero la desamortización de Mendizábal les obligó a abandonarlo definitivamente. Esta medida coincidió en el tiempo con el nacimiento del Instituto de Segunda Enseñanza, en plena I Guerra Carlista, que ocupó las instalaciones del convento en 1843, gracias al empeño de Espartero. El edificio sería derribado en 1895 e inaugurado el  actual instituto un lustro después.

Obra del arquitecto logroñés Luis Barrón

El 20 de abril de 1895 comenzaron las obras de derribo del antiguo convento carmelita, por entonces sede del instituto, aunque la actividad académica no se interrumpió, pues profesores y alumnos fueron trasladados a la calle Barriocepo nº 13 (actual Colegio de Arquitectos de La Rioja). El arquitecto municipal Luis Barrón elaboró los planos del nuevo centro instituto, que en 1894 aprobó el Ministerio de Fomento. Tras más de cinco años de obras , el 21 de septiembre de 1.900, festividad de San Mateo, se inauguró el curso académico y el nuevo centro denominado ‘Instituto General’. En 1923 cambió de nombre por el de ‘Instituto Nacional de 2ª Enseñanza’, en 1959 por el de Instituto Marqués de la Ensenada, mientras que en 1975 se bautizó, en honor del insigne político torrecillano, como ‘Instituto Práxedes Mateo Sagasta’.

 

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Bomberos de Logroño desde 1912
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Marcelino Izquierdo | 12-03-2012 | 09:00| 0
Hace cien años, el 1 de julio de 1912, comenzó a funcionar el primer Parque Municipal de Bomberos de Logroño. Y lo hizo bajo el impulso del Ayuntamiento de la capital riojana, que aprobó la creación de la primera plantilla del Servicio Municipal de Incendios. Era entonces alcalde de la ciudad el liberal amosista Alfredo Muñoz Martínez de Morentin, quien ya estuvo al frente de la Corporación entre el 1 de septiembre de 1906 y el 1 de julio de 1909. Nacía así el Cuerpo de Bomberos, que en 1914 vería redactado su primer reglamento y tendría que afrontar su «gran bautismo de fuego» -valga la redundancia- el 9 de julio de 1914, con el incendio que calcinó la Plaza de Toros, situada en la actual confluencia de las calles Avenida de Colón y Duquesa de la Victoria.
Contaba por aquel entonces el Parque logroñés con una plantilla de 36 bomberos que, además de apagar fuegos y colaborar en cualquier catástrofe, eran especialistas en albañilería, carpintería, fontanería o mecánica, bajo la dirección facultativa del arquitecto municipal de turno.
Depósitos Municipales
El primer Parque de Bomberos de la ciudad fue instalado en uno de los pabellones del edificio de los Depósitos Municipales, situados en plaza de Murrieta, actual plaza del Alférez Provisional. Son los que pueden verse en la imagen tomada por Alberto Muro, fotógrafo calagurritano que estudió en Bilbao, y que instaló su estudio en la capital riojana en 1895.
El posterior traslado de los Depósitos Municipales permitió la ampliación del Parque de Bomberos, que permaneció en esa zona hasta 1989, tras la construcción de las actuales instalaciones de Pradoviejo. El edificio estaba situado delante del Gobierno militar, en la calle Sagastuy, justo donde ahora hay unos enormes aparcamientos.
Durante décadas, el Servicio de Extinción de Incendios de Logroño se fue dotando de los medios materiales más modernos, como aquella legendaria regadora automóvil-bomba Laffly, el camión Federal, el coche tanque Pegaso (de fabricación española) o la autoescalera Mercedes que llegaba, según decían los chiquillos, «casi hasta el cielo».
Durante este siglo de existencia, tres han sido los integrantes del Cuerpo de Bomberos que han perdido la vida en acto de servicio. Se trata de los arquitectos municipales Fermín Álamo y Andrés Ceballos, muertos en 1937 durante un incendio ocurrido en el aeródromo de Agoncillo, y el bombero Juan Gispert, en la extinción del fuego que afectó en 1987 a la fábrica de calzados Mazo.
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Los templarios riojanos que trajeron la Cruz de Cristo
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Marcelino Izquierdo | 10-03-2012 | 10:00| 4

La Rioja tiene algo de mágico. Grial, leyendas, templarios, lignum crucis. El misterio artúrico también sobrevuela esta tierra, una tierra con mucha historia, que con sus escasos 323.000 habitantes y su limitación de recursos ve muy complicado poder investigar y poner en valor buena parte de su ilustre pasado. Hablamos de esa Rioja que, además de las indelebles señas de identidad acuñadas a lo largo de la Historia, desprende un halo de misterio y de leyenda que, si bien parece transportarnos a la Inglaterra del rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, a la Champaña del escritor francés Chretien de Troyes o al Jerusalén del cruzado rey Balduino, también conserva sus reminiscencias en este pequeña región de 5.000 kilómetros cuadrados.

Hablo de Abalos, Alcanadre, Alesón, Carbonera, Hormilla, Nájera, Navarrete, San Vicente de la Sonsierra, Santo Domingo de la Calzada, Tirgo, Tricio, San Asensio, Villamediana de Iregua… Todas estas localidades, y algunas más, conservan reminiscencias templarias científicamente documentadas, por no hablar de municipios riojanos próximos al cañón soriano de Río Lobos -comarca griálica donde las haya- o de la propia Sierra de la Demanda. Hoy, sin embargo, hablaremos de una iglesia mágica, Santa María de la Piscina, que sirvió como relicario de la Cruz de Cristo, encontrada por un cruzado en Jerusalén, allá por el siglo XII, así como del monasterio najerino de Santa María la Real, fundado por el rey Don García.

El nacimiento de Santa María de la Piscina nos retrotrae al destierro de don Rodrigo Díaz de Vivar, por todos conocido como el Cid Campeador, cuando se adentró en el valle Ebro y atacó el frente militar del rey entre Haro y Logroño. El Cid arrebató el castillo de Haro al conde Diego López con el fin de preparar el gran asalto al castillo de Logroño, en el año 1092 gobernado por el conde García Ordóñez, alférez de Alfonso VI. El Campeador no pretendía combatir a monarca, aunque sí demostrarle cuan poderoso era el temple de su Tizona. Y es que siempre ha habido amores que matan.

Por aquel entonces, Ramiro Sánchez, primogénito del rey navarro Sancho García el de Peñalén -hijo del rey Don García de Nájera-, perdía su reino tras la muerte de su padre durante una sublevación navarra. El Cid, sin embargo, protegió a Ramiro y lo casó con su hija mayor Cristina, de cuyo matrimonio nació García Ramírez. Este monarca, conocido por los historiadores como El Restaurador, recuperaría el reino de Navarra para su estirpe.

Quizá por ello, los cruzados nobles a Tierra Santa, que tenían a Díaz de Vivar como héroe invencible, convencieron a su yerno Ramiro Sánchez para que tomara parte en la segunda expedición de la I Cruzada, que predicó el Papa Urbano II. En el año 1099, durante la toma de Jerusalén, asaltó el infante con su mesnada la zona de la muralla donde hoy todavía está adosada a la Piscina Probática de Salomón, donde encontró un trozo de la Vera Cruz

De regreso a la Península Ibérica, hizo testamento el infante Don Ramiro, una de cuyas copias en latín se conserva en el Archivo Histórico Nacional, procedente de Santa María la Real de Nájera. Era en el mentado testamento en el que dejó a su hijo mayor, García Ramírez, el Reino de Navarra, así como el encargo de levantar una iglesia que protegiera el lignum crucis. Así reza la voluntad del monarca: «Que este templo tome la forma de la Piscina Probática, teniendo por patrona a Santa María. En él serán expuestas las reliquias traídas de Jerusalén y, en especial, el trozo que pertenece a la Santa Cruz». Así lo cumplen su hijo García Ramírez y el abad de Cardeña, Pedro Virila, quienes para el año 1136 lo habían construido.

El historiador Juan García Atienza defiende la tesis de que Santa María de la Piscina no es sino la reproducción de la Piscina Probática del Templo de Salomón, “donde los templarios hallaron el Grial y otras reliquias de conocimiento eterno”.

Un escudo enigmático

Esta piscina fue construida por el rey Salomón, cerca del Templo de Jerusalén, para que los sirvientes lavasen en ella los animales que se presentaban a los sacerdotes para ofrecerlas en sacrificio, según cuenta el Antiguo Testamento. Ya es tiempos de Cristo, el Evangelio de San Juan explica que, junto a la piscina, «yacía una gran muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que estaban esperando se moviese el agua; un ángel del Señor bajaba y quien al agua entraba quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese».

Hoy en día, el templo de Santa María de la Piscina sigue enclavada frente a la aldea de Peciña, término de San Vicente, protegida por la Sierra de Cantabria y encaramada sobre un gran roca, ubicación conforme a los cánones ortodoxos: puerta al mediodía y ábside mirando a Jerusalén. “En la portada luce su escudo de armas -correspondiente al siglo XVI- en el que destacan -según explica García Atienza- nueve flores de lis, cuatro cruces de los Ocho Beatitudes, que adoptaron los templarios como emblema y la vieira jacobea, la concha griálica que contiene el agua bautismal por la que se accede al conocimiento”.

Este grial, en forma de jarra, aparece también en el escudo de la cofradía de disciplinantes de la Vera Cruz -conocidos como los ‘picaos’ de San Vicente– y también como símbolo del monasterio de Santa María la Real de Nájera, fundado por el rey don García tras el milagro del halcón y la paloma y el hallazgo de la virgen y la jarra de azucenas.

Don García y el Santo Grial

Y si Santa María de la Piscina evoca connotaciones griálicas entre la devoción y la mitología, qué decir del monasterio de Santa María la Real, fundado por el rey Don García de Nájera allá por el siglo XI. Cuenta la leyenda que estando el monarca de caza, su halcón se adentró en una cueva mientras perseguía una paloma. El rey entró tras él en la cueva y allí descubrió una imagen de la Virgen iluminada por una lámpara y con una jarra de azucenas a sus pies, prodigio que le llevó a crear el monasterio, en el que se ubica la cueva con la imagen de la Virgen, la lámpara y la terraza o jarra. Esto también explica que fundara la primera orden de caballería hispana, conocida como la Orden de la Terraza o la Jarra, por el recipiente con azucenas que adornaba a la imagen.

Así, ordenó Don García labrar numerosos collares de finísimo oro y otras tantas jarras de azucenas del dorado metal pendientes de ellos. Luego hizo llamamiento de las personas de más calidad de sus reinos y, habiendo ordenado que se juntasen a 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, en la iglesia de Santa María la Real, después de celebrada la misa, para que esta divisa e insignia fuese tenida en más estima, el mismo monarca se colocó el primer collar y jarra de azucenas de él pendiente, y luego lo dio a sus cinco hijos, que fueron los dos Sanchos, que le sucedieron en el reino; el infante Don Ramiro, señor de Calahorra, de Torrecilla de Cameros y de Ribafrecha y sus villas; el infante Don Fernando, señor de Jubera y Lagunilla: y el infante Don Ramón, señor de Murillo y Agoncillo.

La leyenda najerina del halcón y la paloma guarda enormes paralelismos con otras historias de carácter griálico y artúrico que se recuerdan en toda la geografía europea. La mayoría de ellas, independientemente de detalles circunstanciales, concluyen con el hallazgo de una imagen religiosa y, en muchas ocasiones, de cierta jarra, cáliz o recipiente ligado al grial. Incluso la creación de una divisa u orden -la Orden de la Terraza fue la fundada por el rey najerino- semeja a otras órdenes medievales parecidas a los Templarios.

El grial, reliquia paradigmática de cuantas se relacionan con el hijo de Dios, es la copa con la que -según las fuentes evangélicas y las tradicionales- Jesucristo instituyó el sacramento de la Eucaristía durante la última cena. El rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda buscaron con denuedo el Santo Grial -palabra que deriva de la Sangre Real que Jesús derramó en el cáliz- y son varias las ciudades que aseguran poseerlo.

En España, la tradición más acendrada sitúa el grial en manos de San Lorenzo, diácono de Roma, quien, antes de sufrir martirio en la parrilla, ordenó enviarlo a su Huesca natal. Ya en la Península, peregrinó por el reino aragonés -incluido San Juan de la Peña- hasta llegar a Valencia, en cuya catedral se encuentra hoy en día.

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Franco conspiró contra el obispo de Calahorra
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Marcelino Izquierdo | 03-03-2012 | 11:00| 3

Hace justo ahora 70 años, el obispo de la antigua Diócesis de Calahorra y La Calzada Fidel García firmó su propia sentencia. No fue de muerte, pero casi casi. El 28 de febrero de 1942 don Fidel rubricó la ‘Pastoral sobre algunos errores modernos’ en alemán, un alegato antinazi que no sentó nada bien al régimen del general Franco, que por aquel entonces ansiaba el triunfo de Hitler en la II Guerra Mundial. Aunque fue censurada en España, la pastoral –publicada en la Imprenta Moderna de Logroño (en Duquesa de la Victoria) el 12 de marzo– fue difundida por los aliados a lo largo de todo el mundo, como acredita la investigación que la tesis doctoral de la historiadora calagurritana María Antonia San Felipe defendió hace un año, y que se publicará próximamente.

«Fidel García era un hombre excepcional, brillante orador y muy comprometido con el mundo que le tocó vivir –explica la doctora San Felipe, exalcaldesa de Calahorra y hoy volcada con la historia-. De hecho, empecé a interesarme por su figura por la pastoral Sobre algunos errores modernos, inspirada en la encíclica del Papa Pío XI ‘Mitt brennender sorge’ (con gran preocupación) de 1937, que le enemistó con el caudillo.

Hasta en ‘The New York Times’

La repercusión internacional del desplante eclesial a Francisco Franco, en plena II Guerra Mundial, fue enorme. El arma de la propaganda puede ganar tantas batallas como infantería, la artillería o la aviación. Así, el Foreign Office británico difundió las críticas de don Fidel contra el nazismo (y también contra el comunismo, lo que el Régimen minimizó) a través de la prensa anglosajona -como ‘The New York Times’ estadounidense-, de las que también se hicieron eco movimientos católicos de Francia, México, Argentina, Chile y también llegó a países tan exóticos como Turquía, Sudáfrica o Egipto. Incluso ‘L’Osservatore Romano’, órgano oficial de la Santa Sede, reflejó el atrevimiento del prelado en sus páginas.

Además de la España de posguerra civil, el escrito del obispo riojano causó un enorme disgusto en el III Reich alemán, que protestó a través de su embajador ante el Vaticano. «Es llamativo -explica San Felipe- que el sacerdote Jakob Gapp, beatificado por Juan Pablo II décadas después, fuera condenado a muerte en 1943 en Berlín por alta traición por difundir la Pastoral de Fidel García».

Desde aquel momento, ciertos sectores de la Falange comenzaron a urdir una campaña de desprestigio contra el obispo, haciendo circular rumores y maledicencias sobre sus supuestas debilidades con «mujeres de mala nota». Esta maniobra de descrédito se agravó tras el nuevo pulso de don Fidel contra el Régimen, tras no votar en el referéndum de 1947 sobre la sucesión del caudillo. Así lo atestigua uno de los rumores (leerlo en la imagen adjunta) que se conservan en el Archivo Histórico de La Rioja, de los miles que se mecanografiaron para dejar constancia del control que Franco tenía de cualquier aspecto de la sociedad española y riojana.


Prostitución en Barcelona

Fue en agosto de 1952 cuando se precipitó la celada tendida por sectores ultracatólicos, aprovechando el Congreso Eucarístico celebrado en Barcelona. El Patronato de Protección a la Mujer y la sociedad secreta denominada la Hermandad de la Sagrada Familia de Nazaret llevaron a cabo una supuesta inspección en un piso de Barcelona, donde aseguraban que se practicaba la prostitución, y donde afirmaban que el obispo fue detenido cuando se encontraba en compañía de mujeres y de menores.

«La principal prueba de cargo contra el obispo fue un documento sin firma (leerlo en la imagen adjunta), que contaba hechos totalmente falsos -argumenta María Antonia San Felipe-. Más bien parecía una octavilla para ser difundida y desacreditarle, pues otro informe de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona desmentía esos extremos y situaba a don Fidel en un domicilio en el que había una señora de 27 años y otra de edad avanzada, pero en el que no se mencionaba que hubiera menores ni evidencia alguna de prostitución».

Es preciso explicar que en aquella época, los obispos que viajaban a eventos oficiales no se alojaban en hoteles, sino en pensiones y en casas particulares -mucho más económicas en tiempos de crisis-, la mayoría vinculadas a familias católicas. «No es posible ir más allá de lo que muestran los documentos -añade San Felipe-, pero lo que queda claro en mi tesis doctoral es la fuerza del entramado franquista, que vulneraba la intimidad de personas mediante coacciones y delaciones; una muestra más de la ciénaga de corrupción, no sólo política y económica sino también moral, en la que nadaba el Régimen».

La difusión interesada de estos hechos, nunca probados, precipitó la dimisión del obispo Fidel García, que en 1953 abandonó la sede calagurritana y presentó su dimisión en Calahorra.

El Motín de Calahorra

Fidel García Martínez había nacido en 1880 en una humilde familia de Soto y Amio (León) y cursó sus estudios en el Seminario de Comillas, inaugurado en 1892 por el primer marqués y la Compañía de Jesús. Allí permaneció 14 años hasta su ordenación con las más altas calificaciones. Obtuvo su primer destino pastoral como coadjutor de Trubia (Asturias) y posteriormente en La Felguera. Fidel García dejó el mundo tranquilo y reposado del Seminario para entrar en contacto con la situación social del proletariado de las cuencas mineras de Asturias. Las condiciones de trabajo, la miseria y los problemas de salud que observa le llevan a cuestionar la eficacia de los Círculos Católicos como fórmula de evangelización. Comprometido con el catolicismo social del Papa León XIII, clave a la hora de acercar a la Iglesia a mujeres y niños, mostraba sus dudas sobre la efectividad de la estrategia en los que llamaba «hombres barbudos», mineros muy concienciados con sus condiciones laborales. Tras ganar la oposición a la canonjía magistral de la catedral palentina, llegó esa la capital  en 1910 donde pronto fue nombrado provisor y vicario general del Obispado, delegado general de Capellanías y gobernador eclesiástico.

 

Una década más tarde, Fidel García aterrizó en La Rioja, en medio del clima de decadencia y resignación que vivía la Diócesis de Calahorra y La Calzada, como consecuencia del Concordato de 1851 y del motín de la Ciudad de los Mártires (1892) contra los rumores de traslación de la sede episcopal a Logroño. Llegó en 1921 como administrador apostólico –la Diócesis llevaba 40 años sin obispo “propio” como castigo a su afrenta a los poderes civil y eclesiástico-, pero el prestigio de Fidel García pondría fin al bloqueo. Gracias a su altura intelectual y teológica, fue elegido para representar a España en el XXVIII Congreso Eucarístico Internacional de Chicago (1926), experiencia que marcaría no sólo la resolución del conflicto de la Diócesis, sino que resultó de gran importancia para su evolución personal. Meses después fue nombrado “obispo propio” de la diócesis riojana y en ese cargo permaneció hasta que se retiró en 1953, cansado de sufrir una pertinaz persecución oficial. Murió veinte años después en Logroño. Al obispo García le debe la ciudad el Seminario Diocesano –muy al estilo norteamericano que conoció en Chicago- donde él mismo está enterrado. Como homenaje, el rostro de don Fidel fue elegido por el artista vasco Aurelio Arteta para representar a san Matías, en la pintura mural que decora la cúpula del templo del Seminario.

 

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¿REFORMA LABORAL?
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Marcelino Izquierdo | 02-03-2012 | 16:21| 3

Érase una vez un molinero que trabajaba de sol a sol para dar de comer a su familia. El viejo molino, al igual que los campos de trigo que allí abundaban, eran feudo del señor del castillo. Todo iba bien en el valle hasta que una pertinaz sequía comenzó a agostar el cereal, que cada vez llegaba a la molienda en menor cantidad. Un buen día, el señor del castillo mandó llamar al molinero que, embadurnado en harina, se presentó raudo.
-Mira, Martín, cada vez hay menos trabajo por estos pagos -le explicó el noble-. Son días duros.
-A mí me lo va a contar vuestra merced -le interrumpió-. Tengo dos jóvenes retoños que se ven obligados a buscar leña en el bosque o a ayudar, por la voluntad, a quien lo necesita.
-Bueno, al menos tienen labor.
-Sí, pero de ella ni comen ni pueden vislumbrar futuro.
Compuso el señor del castillo un gesto de astucia.
-Dejarás la molienda y serán tus hijos quienes trabajen.
No se fue Martín muy convencido del castillo, pero como el amo lo ordenaba y era por el bien de los muchachos? Sin embargo, se entristeció mucho cuando supo que sus hijos percibían la mitad de la maquila que él siempre había cobrado.
Y, por fin, tornaron las lluvias. El trigo creció veloz, amarilleó los campos y dio tanto grano, que ni en los silos cabía. Acudió entonces Martín a la fortaleza.
-Ruego a vuestra merced que me permita regresar al molino.
-¿Y qué hago con tus hijos?
-Han vuelto los buenos tiempos, mi señor.
-Ahora tengo cuatro manos por el precio de dos.
-Aún así, no darán abasto?
-Tranquilo, Martín -sonrió el señor-. Por suerte para mí, lo que sobran son manos.

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Riojanos en la División Azul
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Marcelino Izquierdo | 01-03-2012 | 11:43| 0

¿Quién era Santos Ascarza? ¿Por qué Logroño tiene una calle que lleva su nombre? El teniente coronel riojano Santos Ascarza murió en 1943 en Rusia, mientras combatía en la División Azul durante la II Guerra Mundial. Fue el militar español de más alto rango que falleció en combate en la aventura que Franco emprendió en apoyo al III Reich.

«La mayoría de los voluntarios que se alistaron en la División Azul se sintieron engañados. Muchos de ellos fueron obligados, otros buscaban en el frente ruso despojarse de la etiqueta de «rojos» que les habían colocado, y los más marcharon de buena fe, porque creían que iban a combatir el comunismo, pero cuando entraron en combate vieron que los rusos eran personas normales, de carne y hueso, igual que ellos». Así resume el investigador logroñés Francisco Espila la sensación que muchos divisionarios riojanos y sus familias aún guardan sobre aquella aventura española en la II Guerra Mundial.

La División Azul (Blaue Division, en alemán), también conocida como la 250. Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht, fue una unidad formada por voluntarios que apoyó al ejército alemán entre 1941 y 1943, durante la Gran Guerra, en el frente oriental de la URSS.

La inquietud sobre la División Azul le llegó a Espila a través de un veterano de la Guerra Civil española que, después, se alistó voluntario en la campaña rusa. «Siempre me había interesado la Guerra Civil, pero cuando descubrí a este hombre y las cosas que me contaba del frente soviético, decidí ponerme a investigar, ya que no hay casi nada publicado sobre nuestra comunidad». En La Rioja fueron al menos 700 los voluntarios que se alistaron en la División Azul. Se apuntaban en los centros de reclutamiento habilitados en Logroño (cuarteles de General Urrutia y General Franco y en el colegio de Escolapios) y en otras cabeceras de comarca.

«No obstante, -añade Francisco Espila-, es imposible saber cuántos riojanos marcharon a Rusia porque, además de los 700 voluntarios, otros muchos se engancharon a través de sus cuarteles en toda España. El mando más importante que murió en el frente fue el teniente coronel riojano Santos Ascarza».

La peripecia organizada por Franco para congraciarse con Hitler, tras la infortunada cumbre de Hendaya, concluyó con unos resultados devastadores: de los 45.000 divisionarios, más de 5.000 fallecieron, 8.600 resultaron heridos, 2.140 quedaron mutilados y 372 fueron hechos prisioneros por el Ejército de Stalin, de los que pocos regresaron.

En busca de exvoluntarios

«La División Azul ha sido un tema tabú -concluye Espila, que quiere editar su investigación en un libro-. Cuando Hitler cayó, Franco quiso desvincularse del régimen nazi y echó tierra encima. Ya en España, los voluntarios se sintieron engañados: los comunistas no tenían cuernos y rabo, y tampoco sabían nada del holocausto judío».

En el correo divisionriojana@hotmail.com pueden enviar los exvoluntarios interesados o sus familias las experiencias en el frente ruso.

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‘Valbanera’, el barco fantasma de las putas (con perdón)
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Marcelino Izquierdo | 25-02-2012 | 08:00| 9

La historia del vapor Valbanera todavía es hoy la historia de un buque fantasma bajo las aguas del Caribe, pues sus restos todavía permanecen a seis metros bajo el nivel del mar. En Cayo Hueso, los viejos marinos lo conocen como el “buque fantasma de las arenas movedizas” y, también, como el “buque de la putas” (con perdón). Pocos años después de la tragedia del ‘Titanic’ dos buques del armador camerano Martínez de Pinillos, El ‘Príncipe de Asturias’ y el ‘Valbanera’ se hundieron en Brasil (1916) y Cuba (1919), respectivamente, con un balance oficial de 893 fallecidos, aun que la cifra de víctimas mortales superó el millar

Cuando todavía siguen las labores de salvamento en el crucero Costa Concordia, a la deriva en aguas italianas, La Rioja sufrió sus ‘Costa Concordia’ particulares, aunque de ello hace casi un siglo. Se trataba de los vapores ‘Príncipe de Asturias’ y ‘Valbanera’, cuyas tragedias sacudieron España en 1916 y 1919. Pero, ¿cómo puede vincularse el naufragio de dos barcos en aguas americanas a una región de secano como es La Rioja?

El origen de la Naviera Pinillos -que en la actualidad sigue en el negocio del transporte marítimo-, data de 1840, cuando Miguel Martínez de Pinillos y Sáenz de Velasco, nacido en Nieva de Cameros y afincado en Cádiz, se convirtió en armador. En 1883 su hijo Antonio Martínez de Pinillos e Izquierdo modernizó la empresa adquiriendo el primer vapor. La naviera tomó el nombre de ‘Pinillos, Sáenz y Compañía’, que doce años después modificaría por el de ‘Pinillos, Izquierdo y Compañía’. A principios del siglo XX, la emigración española a América creció de forma exponencial -en La Rioja motivada principalmente por la ruina que conllevó la filoxera-, lo que permitió a Pinillos expandir sus líneas regulares a América en las que usaba vapores mixtos de pasaje y carga.

Entre aquellos buques se encontraban el ‘Príncipe de Asturias’ y el ‘Valbanera’, este último el favorito de la familia Pinillos que lo bautizó con el nombre de la patrona de La Rioja, aunque el cambio de la ‘v’ por la ‘b’ bien pudo producirse por despiste del escribiente o del armador, ya que se construyó en Escocia.

 

El Titanic español

El ‘Príncipe de Asturias’, el mayor trasatlántico español y uno de los mayores de Europa, se hundiría dos años después de su botadura, el 5 de marzo de 1916, frente a Isla Bella (Brasil). De los 588 pasajeros que transportaba sólo 143 lograron sobrevivir (57 pasajeros y 86 tripulantes) y entre los fallecidos se encontraban numerosos riojanos que viajaban a América. Años después, se supo que la cifra de muertos debió de ser muy superior, pues el vapor llevaba sus bodegas abarrotadas de inmigrantes clandestinos, en su mayoría judíos que huían de una Europa inmersa en la I Guerra Mundial.

A primeras horas de la madrugada de aquél 5 de marzo, domingo de Carnaval por más señas, el capitán José Lotina ordenó reducir la velocidad y avanzar con pies de plomo, pues había mucha neblina en la región. Sin embargo, la nave colisionó con un banco de coral, que le abrió una brecha de44 metros. En apenas unos instantes, la popa se elevó casi en vertical y el ‘Príncipe de Asturias’ se hundió en menos de cinco minutos. Sólo un bote salvavidas con 17 personas consiguió soltar amarras, mientras que otras 109 escaparon de la muerte agarrados a trozos de madera y flotadores.

Varios supervivientes narraron que el capitán Lotina, aherrojado por el sentimiento de culpabilidad, se suicidó de un tiro en la sien en su puesto de mando, y lo mismo hizo su segundo, Antonio Salazar. Tras el accidente, habitantes de la zona se lanzaron al saqueo sin respetar a nadie ni nada, arramplando con maletas, joyas y todo tipo de enseres. Fue bautizado el ‘Titanic español’.

Lo que pocos sabían era que en el interior del pecio había un tesoro: se hallaban 12 estatuas de bronce, 4.500 toneladas de cobre,1.700 de estaño, 800 de chumbo,45.000 librasesterlinas, en monedas y joyas, y una importante carga de oro diplomático.

El buque fantasma de Key West

La segunda de las tragedias marítimas, ocurrida tres años después al ‘Valbanera’ (9 de septiembre de 1919), todavía se cuenta hoy como la historia de un buque fantasma, pues sus restos aún permanecen seis metros bajo el agua del mar. En Cayo Hueso (Key West), los viejos marinos lo llaman ‘The Ghostship of the Quicksands’ (el buque fantasma de las arenas movedizas). Botado en 1906 en Glasgow, era el clásico vapor británico que transportaba emigrantes y mercancías, la antítesis del lujoso ‘Titanic’. Durante años cubrió la línea regular España-Cuba, con salida en Barcelona y pasando por los puertos de Málaga, Cádiz, Islas Canarias, Puerto Rico, Santiago de Cuba y La Habana, más la extensión a Galveston y Nueva Orleans (EEUU).

La I Guerra Mundial benefició a las navieras patrias, tanto por la necesidad de materias primas como por la seguridad que el pabellón de la neutralidad española ofrecía al pasaje, lo que propició la bonanza de los armadores -Pinillos entre ellos-, y la saturación de viajeros. Ese cúmulo de circunstancias propició la bonanza de los armadores españoles, Martínez de Pinillos entre ellos, y la saturación de viajeros que cruzaban el charco en cada navío. Así, pese a tener una capacidad para 1.200 pasajeros, en julio de 1919 el ‘Valbanera’ embarco 1.600 en La Habana, muchos de los cuales viajaron en cubierta pese al calor tropicar a la epidemia de la denominada ‘gripe española’ (spanish flu). Treinta cadáveres tuvieron que ser arrojados por la borda durante la travesía, por lo que el escándalo fue mayúsculo

Con la pérdida del ancla en el puerto de Santa Cruz de La Palma -lo que era considerado de mal agüero por los marinos-, el ‘Valbanera’ zarpó de Barcelona el 10 de agosto de 1919 rumbo a América, recogiendo pasajeros y carga en cada puerto. Atravesando el Atlántico 1.142 pasajeros y 88 tripulantes y atracó el 5 de septiembre en Santiago de Cuba. Pese a que la mayor parte del pasaje tenía billete hasta La Habana, nada menos que 742 viajeros desembarcaron en Santiago, lo que les salvó la vida. Horas después zarpó hacia la capital con 488 personas a bordo, quizá sin saber que un fuerte huracán comenzaba a emerger en las Antillas.

El barco inexistente

El temporal azotó el vapor en la noche del 9 de septiembre provocando que embarrancara y, después, que volcara, sacudido por el oleaje. No se registró señal alguna de socorro, no hubo supervivientes ni testigos. Sólo la tristeza por el casi medio millar de muertos y la zozobra de las familias que no sabían si sus parientes se hallaban en el banco cuando se hundió.

En La Habana, en las primeras horas de la noche del 9 de septiembre de 1919, algunos pasajeros alcanzaron a distinguir desde las cubiertas del buque “Montevideo” las luces de un vapor con cámara de pasaje, que aguantándose frente al Castillo del Morro, hacía señales con una lámpara Morse. Los vigías del Morro descifraron las señales que emitía el vapor insistentemente: la letra G del código internacional de señales, dos destellos largos de luz seguidos de uno corto: Necesito práctico

Cuando llenan sus estómagos de ron, y la cabeza les da vueltas, los viejos lobos de mar elucubran sobre lo que pudo ocurrir en el ‘Valbanera’. Algunos cuentan extrañas historias del “buque fantasma de las arenas movedizas”, como si de una nueva entrega de la serie cinematográfica ‘Piratas del Caribe’ se tratara. Otras hablan, sin pelos en la lengua, del “buque de las putas” o del “pecio de las putas”, porque aseguran que entre el pasaje se hallaban muchas chicas de mala vida que, quién sabe, pudieron “distraer” a la tripulación.

Aunque la familia Martínez de Pinillos vendió todos sus buques a la Compañía Transoceánica de Navegación en 1921, debido sobre todo a la crisis que siguió a la I Guerra Mundial, dos años después el nieto del fundador, Miguel Martínez de Pinillos y Sáenz, creó la naviera Líneas Pinillos. Al morir Miguel, en 1954, su hija Carmen se hizo cargo del negocio, que reorientó al tráfico de cabotaje con todo tipo de cargas, sobre todo a las Islas Canarias, dejando a un lado las líneas trasatlánticas. La Naviera Pinillos fue adquirida en 1997 por el Grupo Boluda, que sigue teniendo como principal actividad el transporte entre la Península y Canarias.

 La Asociación de Nieva de Cameros posee un enlace con fotos antiguas de la naviera.  https://picasaweb.google.com/108625168136463992624/FotosAntiguasDeLaNavieraPinillos?authuser=0&feat=directlink

 
Investigaciones y misterios
El misterio todavía ronda el naufragio del ‘Príncipe de Asturias’, pues algunos supervivientes aseguraron que el vapor fue torpedeado. La armada inglesa surcaba el Atlántico durante la I Guerra Mundial para vigilar a los buques enemigos y a otros barcos mercantes que transportaban armas, según José Carlos Silvares y Luis Felipe Heide Aranha Moura, en su obra ‘Príncipe de Asturias. Misterio de las Profundidades’ (2006). Gran labor investigadora lleva a cabo desde hace muchos años el experto Fernando García Echegoyen, autor de ‘El misterio del Valvanera’ (1997) además de numerosos artículos y estudios. También destaca el periodista Francisco García Novell, que publicó la novela ‘Naufragio’ (2009) sobre el ‘Príncipe de Asturias’, aunque son otros muchos los trabajos que se han publicado en España y América sobre ambas tragedias.
 
  
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