Uno, dos, tres, cuatro…
te besé antes de que muriera febrero.
Cinco, seis, siete…
Te besaré antes de llegar al ocho.
Volvemos a empezar, porque mirándome en tus ojos, he perdido la cuenta…
Grillos silenciosos.
Qué amable es saber que, aunque en otras costas no muy lejanas a las nuestras, hay niños emigrados. Hay fronteras que acogen sueños rotos, hay hijos de Puta con munición en sus manos, tú sigues aquí, a mi lado.
Ya vamos por el nueve, el diez, saltemos al once…
Y me enredo en tu cuello.
¿Le sigue quizá el once, el doce, el trece…?
Y si siguen disparando, el mundo además de ciego, se habrá vuelto sordo, mudo, cojo.
Cuando llegue a veinte, me habré acostumbrado a marzo.

