ALGO HABRÁN HECHO

 

“Caballeros, Chiccolini puede hablar como un idiota y tener aspecto de idiota. Pero que eso no les engañe… Es realmente un idiota.”

 

Groucho Marx

 

Mejor no se hubiese celebrado nunca, pero, para mí, ha sido la alegría de la semana, qué quieren que les diga. Cuesta creer la gran afluencia de público que la manifestación del pasado 23N –con motivo de la retirada de cargos de los dos detenidos de la pasada huelga general- tuvo en nuestra ciudad; y más en un lugar donde se es de derechas porque sí, sin mucha reflexión previa y donde el collage mental construido a base de tradicionalismo posmoderno y topiquillos antediluvianos constituye una herencia cultural importante, cuasi genética. Posiblemente las cargas injustificadas de la policía el pasado 14N hayan tenido que ver en la gran movilización; al fin y al cabo esto es lo suficientemente pequeño para saber con creces lo que ocurrió, si quieres saberlo. Durante el momento de la agresión policial mucha gente se hallaba tras la Concha de El Espolón, no sólo radicales de ultraizquierda, la nueva digi-evolución terminológica que se han inventado para sustituir la palabra ciudadanos. Y lo vieron, claro. Los golpes a diestro y siniestro, los disparos de pelotas de goma, la detención injustificada de un manifestante, la ulterior detención de un delegado sindical que no se encontraba allí porque se había ido a trabajar, dos heridos, pronóstico reservado para uno de ellos. Un detenido ha denunciado malos tratos durante su estancia en comisaría y en los juzgados, dato aún más sórdido. La brutalidad policial o la desproporción en la respuesta –en la concentración de El Espolón no hubo ni pregunta- a las supuestas provocaciones de los manifestantes han dejado de ser reminiscencias televisivas de Madrid, Barcelona o Bilbao. Ahora ocurren aquí, en Apacibleville, en Biempensanteland, y la peña se ha dado cuenta, un poco, de que igual no es oro todo lo que reluce. Que a lo mejor, la violencia del Estado no es siempre una coartada. Se comienza a cuestionar el principio tan ibérico del algo habrán hecho, aquél por el cual se rige en España la justicia: usted tiene que demostrar su inocencia y si no, p’arriba. Luego ya veremos. Estos pensamientos y comportamientos están relacionados con la tradicional falta de democracia en España; un país, como dice Vincenç Navarro, con democracia pero sin cultura democrática. Esta carencia impregna todo lo que ocurre y sólo mediante ella puede entenderse la impunidad ante los desfalcos de los diversos entramados políticos y financieros, conchabados de manera tan burda que ofende a la inteligencia más leve. Mientras tanto, a dos jóvenes quieren meterles seis años de cárcel por manifestarse pacíficamente y el gobierno indulta a cinco Mossos d’Esquadra imputados por torturas en 2006. Los ha restablecido en el servicio público conmutando su pena de cárcel por una multa económica. Para más inri, ya habían sido indultados en 2009. No sé como se puede decir de manera suave. Ya Amnistía Internacional lleva bastante tiempo denunciando que en España los malos tratos físicos y las torturas son algo más que esporádico.El pasado mes de julio, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España a pagar más de 30.000 euros a una prostituta nigeriana víctima de repetidos malos tratos por parte de agentes de policía. Como sus denuncias se archivaban constantemente, su caso fue denunciado mediante una asociación a dicho tribunal en 2008. En su fallo veraniego, el TEDH hace hincapié en la ausencia de una investigación “suficiente” y “efectiva” por parte del Estado. Supongo que esos 30.000 euros saldrán de una especie de bote para pagar las posibles multas europeas en materia de futuras denuncias, un fondo de represión, al igual que los países que pagan para contaminar más, o los que adquieren derechos a contaminar para evitar sanciones. También supongo que Amnistía Internacional será una asociación de ultraizquierda, para muchos, o la Organización Spectra, o un contubernio judeo-masónico, vaya usted a saber. Cada día que pasa me da más la sensación de estar en una película de los Hermanos Marx. Pero sin gracia.

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