Manuel Camblor
12 Jul 2008
Para no olvidar: Una de mucho bueno (y 2)

A ver si me pongo al día con las historias de vinos…
Con lo que no contamos fue con que irían más de veinte personas. Pero nada, que al final nos bandeamos y la celebración fue todo un éxito. Presente estaba Kane, junto a Chris Coad y su esposa, Lisa Allen, quien era una de las festejadas. También estaban el Dr. K, Josh Raynolds, Michel Abood. El verdadero Jay Miller, Joe Dressner y su esposa Denysel Louis, Eden Blum y su marido y un montón de personajes más, algunos de los cuales veía yo por primera vez en mi vida.
Se bebió alguito.
Comenzamos con el Larmandier-Bernier, Brut Naturel Premier Cru “Terre de Vertus”, Champagne NV, profundamente mineral de una forma patentemente marina. Brillantemente limpio y puro, con tremendo agarre cítrico-mineral. Bien seco e implacablemente enfocado. Rico, rico, rico.
Acto seguido (y no se imaginan cuan seguido; estos jeebus tienden a ver las botellas aparecer a velocidades vertiginosas) apareció el Edmond Vatan, “Clos de la Néore”, Sancerre 2006, un vino vibrante, vital, con una nota de yodo encima de fruta de hueso y cítricos apretados. Acojonante mineralidad,
A toda máquina continuamos con un François Cotat, “Les Monts Damnés”, Sancerre 1989. La broma era que ésta botella, si era fraudulenta, era el fraude más burdo de la historia. Sobre la añada que ostensiblemente ponía en la etiqueta había una pegatina
Vamos, que aquí teníamos otra que, si fraudulenta, era una obra de arte de esos menesteres. La describí
El Robert
Había yo traido de Chelsea Wine Storage una botella de aquella caja del Movia, Rebula, Brda, Gorincka, Eslovenia 2004 que compré tras mi cumpleaños
Otro salido de mi casillero en
Sorprendentemente fresco y no bullshitoso para chablis de negociante. Vamos, que hasta sí parece grand cru y todo… Ostras, beurre blanc, manzana, naranja, limón persa… Se deja beber. Hasta podría acusársele de tener garra y persistencia.
Alguien me señaló que probara el José Pariente, “Varietal Verdejo”, Rueda 2007. Aparentemente lo consideraba lo máximo de Rueda, etc. Yo respondí con mi sonsonete de siempre, que si Blanco Nieva Pie Franco y no hay más ná, etc., etc. Este en particular me lo daña un aroma de fruta de la pasión bastante forzado, que borra cualquier otra traza de carácter. Por lo demás, aparte de monótono, es limpio y persistente. De hecho, esa persistencia es lo que tiene de particular este vino, pues se queda un buen rato, en su maracuyez crónica.
Un Inwood Estates, Palomino-Chardonnay, Dallas Texas 2005 fue la novedad extraña de la noche y resultó bastante terrible. Huele al pie de manzana de McDonald’s (olor que se me quedó marcado indeleblemente en la memoria desde la niñez y que no hay manera de hacerme olvidar, aún si hace décadas que no entro en uno de los susodichos antros comistrágicos), a bombones de banana, paja y merenguitos azucarados. Asqueroso. No provoca a echárselo en la boca, pero yo lo pruebo, por lo de dizque ser “justo”. Fofo, caliente, torpe. Uno de esos que te hacen pensar que quizás esto de las regiones vitivinícolas emergentes debiéramos repensarlo mejor.
Para quitarme este desastrillo de la memoria lo más pronto posible, el Dr. K me echa en la copa un poco de Moët & Chandon, Brut “Cuvée Dom Pérignon”, Champagne 1990 que sí que está bueno y me recuerda que las grandes marcas tiempo atrás eran mucho más que fashionismo pendejo. Dom Pérignon era Dom Pérignon y se respetaba. Aquí un vino que, aunque es opulento y no se anda con timidez en cuanto a ciertos aspectos pasteleros, tampoco sacrifica en lo más mínimo la elegancia y la precisión. Cremoso, vibrante y perfectamente enfocado—un vino
Refrescado por el Dom, decidí entrarle, antes de pasar a tintos, a otra champaña, que había aportado yo mismo, el Fléury, Rosé
En otro orden de ideas completamente, me dí de frente con una maravillosa botella
Un Joseph Roty, “Cuvée de Très Vieilles Vignes”, Charmes-Chambertin Grand Cru 1992 me sale al encuentro y se cree que es un Saint-Emilion de la parte llana de esa zona, lo que no es particularmente bueno, a mi ver. Huele a tomate, cenicero, cereza, arándano y tierra negra, con un asuntito de fondo que no deja de hacerme pensar en morcillas. En boca es rústico y bastante tímido de entrada, aunque largo. Raro vino.
Eché yo mano a mi mochila, que estaba a un lado de la sala. En Chelsea me había entrado una peculiar indecisión sobre qué traer a la fiesta y había comenzado a echar al saco botellas muy dispares, sin particular lógica más que el que se encontraran en cajas cercanas en mi colección. Siendo
Primero abrí una botella con cierto significado sentimental, pues me la había regalado el mismísimo Don Giacinto Brovia cuando visité su cantina hace unos años. Medió dos botellas de este vino con una expresión enigmática en la cara. Era su experimento de vinificación “al estilo
No dejando que se discutiera mucho este dolcetto, abrí un Charles Joguet, “Les Varennes du Grand Clos”, Chinon 1997. Al verlo en mis cajas recordé lo leido hace unos meses en Le goût et le pouvoir de Jonathan Nossiter y quise calibrar opiniones sobre vinos más recientes de Joguet.
El atractivo aroma de éste me remontó a otra época de mi vida, a navidades pasadas en Alemania, cuando servían vino caliente con especias y naranja, aquel Glühwein que mataba el frío inmediatamente. Está aquí junto a toronja
El Dr. K había traido con él a Alex, un amable muchacho, también ruso, que trabaja con él y se ha vuelto entusiasta
Sí, ése
.
Anjá. El de Michel Rolland. El que me engañó de jovencísimo por lo accesible y sabroso que estaba y con el que se me rompió el corazón al enterarme de que una de mis propiedades favoritas de todo Burdeos ahora se encontraba bajo la nefasta influencia
El gentil Dr. K andaba atrás de ver un poco de comedia. Como el pródigo Latin Liquidator había vuelto a casa, era justo que el pródigo Latin Liquidator soltara una pataleta lúdico-crítica como en los buenos tiempos.
Y es que me la puso fácil, porque esto es un esperpento maderístico I-M-P-E-R-D-O-N-A-B-L-E. Huele hueco. Podía bien estar oliendo una barrica nuevecita que no ha tenido nunca nada que ver con vino. Creo conocer bien a Léoville-Poyferré. Durante los últimos veinte años he probado un montón de añadas, en circunstancias distintas, y declaro sin que me quede nada por dentro que sencillamente no es esto. No tiene nada que ver con esta horriblemente enmaderada, fofa y caliente imitación de
Bueno, imitación de
Pero hablando de Napa de verdad, cuando una botella de Château d’Armailhac, Pauillac 1998 que saqué de la mochila me salió fatalmente cocinada, abrí inmediatamente un Chappelet, Cabernet Sauvignon “Signature Series”, Napa Valley 1995 que me sirvió para recordar la magia californiana de otros tiempos, que ya casi nunca se da. Aroma penetrante de eucalipto con una nota de whisky sureño (no alcohol, sino más bien el olor de las viejas barricas de bourbon) que sirven
Me disculparán que hasta ahora no haya mencionado nada sobre la comida, pero en realidad no apunté. La velada incluía que cada invitado aportase algo de comer. Yo,
Una última de las mías. La botella la adquirí en Les Caves Taillevent hace ya tiempo, mucho antes de reencontrarme con el productor en el portafolio de Joe Dressner. De hecho, no tenía ni la más mínima idea sobre la añada, o sea que era echar a la suerte ese Marc Angéli, “Cuvée Christine”,
El último vino
El domingo, tras el ya mencionado desayuno nutritivo, me fuí de compras por
En fin, que tras un largo día de mucha boutique y de mucha dependienta que o me miraba raro o sonreía cálidamente cuando le anunciaba lo que buscaba y para quien lo buscaba, nos fuimos SFJoe y yo a cenar a Landmarc, un bistro a dos cuadras de su casa, con una botella de sobaquillo.
Ah, ¿les he mencionado que en Nueva York en ese fin de semana que estuve hizo un calor infernal?
Nada, por lo de contextualizar correctamente.
Pues llegamos a Landmarc y, por lo de seguir siendo exagerados, nos pedimos una botella de la carta, para hacerles más grato el no cobrarnos descorche por la que se trajo SFJoe. La intención original había sido de pedir el Do Ferreiro Cepas Vellas 2006, que según Joe había estado en la lista de Landmarc a un precio excelente, pero la amable chica que nos atendió nos anunció. Poco después de ordenar la botella, que se les había agotado.
Nos transamos por un Stéphane Tissot, Savagnin, Arbois 2004. O creo que era 2004. No me fijé tan bien. En lo que sí me fijé es en que esto se comporta
Con el plato principal (yo pedí mollejas que resultaron depender de pan molido para salir “crujientes”, cosa que no me gustó tanto, pues no puedo dejar de pensar en un cierto efecto “Molleja McNugget”, aunque estuviesen muy buenas; es que las prefiero bien sazonadas y a la plancha) nos abrieron la botella que trajo Joe, de Château Ausone, Saint-Emilion Grand Cru 1971. Este es un vino que había probado un par de veces antes y que recordaba muy gratamente. Una botella impecable. Aromas de cereza negra, chipotle, frambuesa negra, té negro y notas voladoras de alcanfor y violetas. En boca es ligero pero perfectamente presente. Tiene esa “acuosidad” de que tanto les he hablado

-Mi copa de Ausone 71 en Landmarc-
Regresados a casa, SFJoe y yo nos sentamos en su sala a conversar sobre la vida, el trabajo, los hijos y mi proceso de adaptación a

Me imagino que les parece que para un fin de semana exageré un poco con
Nos lo montamos un grupito pequeño en Café Cortadito, el mejro restaurante cubano de todo
Comenzamos,
Continuamos con el Prager, Grüner Veltliner “Weissenkirchen Achleiten”, Wachau 1999, que presentaba una exótica nariz de pimienta blanca y bulbo de anís y mineralidad sobre melón y guanábana. En boca es expansivo y tremendamente mineral. Justo antes
Pasamos a un Domaine des Baumard, Savennières 2002 que trajo Jorge. Yo desde hacía unos años venía algo desilusionado con los vinos de los Baumard.
Yo anduve de compras vínicas por la mañana y, claro está, traía alguito que probar. Primero, un Gurrutxaga, Rosé, Bizkaiko Txakolina 2007 que estaba sensacional. Bonita nariz de agua de rosas, fresa fresca, tierra y la más sutil notita animal que no, no molestaba. Ligero y afrutado en boca, con un posgusto que se hace etéreo. Muy rico.
Había, por si un chacolí rosado fuese poco, también un Ameztoi, “Rubentis”, Getariako Txakolina 2007 que resultó bastante distinto al Gurrutxaga. Chicle bomba de fresa y melón bañado en té de jazmín y cubierto con talco, luego arena. Delicado, fresco y muy interesante. Ambos rosados dieron excelente juego con los sandwichitos cubanos que vinieron Pasamos a tintos con un 

Otro que traje yo fue un R. López de Heredia, “Viña Bosconia” Reserva, Rioja 2000, el Bosconia “más reciente”. Les conté de una botella transcendental de Tondonia 73 e la última entrega y de coo López de Heredia me da tantísimas alegrías en este valle de lágrimas que es la “cultura” actual del vino. Pues hay raras ocasiones en que me desencanta una botella. Esta fue una de éllas. Un Bosconia bajo en acidez, pesado y descoyuntado. Mucha
Lo mejor de la noche fue la aportación de Izzy. Y “mejor” no solamente por el vino mismo, que era extraordinario, sino por la secuencia de coincidencias que se desató inmediatamente. El vino era el Vega Sicilia, “Unico”, Ribera del Duero 1960. Izzy lo había traido porque quería compartirlo con nosotros. Lo que no se imaginaba era que 1960 es el año del nacimiento de nuestro queridísimo SFJoe y que esa calurosa noche de junio, ahí mismo en Café Cortadito, ¡era su cumpleaños!

Si lo hubiésemos planeado, no hubiese podido salir mejor. Las estrellas se alineraron y Joe pudo disfrutar un vino de su añada—que es tan desafortunada
Estábamos meditando sobre la probabilidad de semejante coincidencia cuando a Joe se le ocurrió llamar a un sumiller muy amigo suyo en
Pero el Vega Sicilia. Inicialmente la nariz es toda barrica de
Me levanté muy tmeprano a la mañana siguiente. Había ordenado un Town Car para Kennedy. Lo conducía un chino muy conversador. Me preguntó, creo que tratando de practicar su inglés, de dónde era yo. Le dije. Luego me preguntó si mi viaje había sido de negocios o placer.
Les dejaré adivinar lo que respondí…
11 Jul 2008
Para no olvidar, una de mucho bueno... (1)
Ya saben. Adaptarme a mi nueva vida en
Paso días larguísimos en el trabajo y, al llegar a casa, aparte de mis hijos y mi mujer, las recompensas mís—digo de las mías, de las que me hacen feliz al nivel más primariamente egoista—son muy pocas. Pero aquí estoy y he de hacer de tripas corazones.
O escapar de vez en cuando.
Eso fue precisamente lo que hice hace unas semanas. Necesitaba ya recobrar el contacto con quien yo era y quisiera seguir siendo, aquel tipo de una cierta sofisticación cultural y gustatoria, aquel tipo con acceso, que sabía qué era que y donde quedaba.
Me fuí a Nueva York. La excusa era una consulta preliminar para ver si me pongo un artilugio prostético sobre mi ojo muerto. Fue un ojo que me mató el mal hacer de un médico aquí en
Claro, de paso aproveché para encontrarme con los amiguetes manhattanianos, que no sólo de cubiertas escleroidales y embellecimiento personal vive el hombre. Me satisfizo mucho ver el entusiasmo con que la gente recibió las noticias de mi visita. SFJoe me ofreció su cuarto de huéspedes. Era el cumpleaños ese fin de semana de unos cuantos miembros de nuestro grupo habitual, o sea que el sábado jeebus habría. Y yo, allí,
Les cuento, en un par de entregas, lo que comí y bebí para reafirmarme a mí mismo y retornar con mejor ánimo a las carestías de mi nueva existencia. Hace ya un mes de que tomé estas notas. Disculpen la tardanza en transcribirlas. Este fin de semana vuelvo a Nueva York a finalizar el proceso prostético y recobrar el respeto a mi cara. No podía dejar que se me apilaran las nuevas experiencias que de seguro traeré para narrarles sobre estas, ya maduritas.
La primera noche, recién llegado a las cinco y media de la tarde al aeropuerto de Kennedy, había quedado con Brad Kane y Jorge Henríquez para cenar con unas cuantas botellas. SFJoe quizás se nos uniría más tarde, tras terminar una cena de negocios que tenía. O quizás no.
En fin, que fuimos a dar a Grand Sichuan de Chelsea, uno de nuestros lugares favoritos de siempre, por su excelente comida y su política de descorche libre o semilibre. Resultó que éramos tres en nuestra mesa, pero caimos al lado de otra que andaba de igual plan vínico y donde se encontraban Marc Hanes, el maestre de bodega de Chelsea Wine Storage y ese excepcional bloguero de The Picky Eater que en algunas cuantas bacanales pasadas fuese parte de mi compañía, Keith Levenberg.
Pues, transitaron botellas de una mesa a la otra durante buen rato. Mandábamos algo para allá, nos volvía alguna otra cosa para acá. Así da gusto. De lo que probé, lo que anoté…
A.-F. Gros, Vosne-Romanée “Aux Réas” 1997: Los restos de media botella que traía Jorge, abierta esde la noche anterior. Quería que la probásemos y lo hicimos. La nariz, con aromas térreos, de hongos secos, piel de manzana y frambuesa negra, es inicialmente atractiva hasta que se le nota la obvia verruga de caramelo que lleva en pleno centro. Cocinado. El aspecto oxidativo-caldodecarnesco se hace más patente aún al paladar. Una pena.
Radikon, “Jakot”, Venezia-Giulia 2003: Lo traje yo, recién comprado en Chambers Street Wines. Tenía que repetir la gratísima experiencia que tuve con este vino (que viene, por cierto, en botellitas de medio litro) en abril y compartirla con estos amigos. Preciosa nariz de pera y albaricoque con acentos de cera, polen, estragón, comino y un fuerte golpe mineral. En boca es densamente frutal, especiado y tánico, con cortante acidez y un posgusto donde se ligan arena y humo con frutas de hueso y un agradable aspecto oxidativo que desemboca en salinidad. Fascinante vino.
Reuscher Haart, Riesling Spätlese “Piesporter Goldtröpfchen”, Mosel-Saar-Ruwer 1990: Un regalito de la mesa de al lado, que vino armada de rieslings para bregar con la picante cocina del Grand Sichuan. Huele a caña de azúcar recién cortada, pino, melocotón, naranja y limón, con distantes acentos anisados. Un vino delicado en boca, sutil, pero persistente. Muy mineral.
Krüger-Rumpf, Riesling Spätlese “Munsterer Pittersberg”, Nahe 1994: Nariz de bulbo de anís, diesel y rocas. Un vino musculoso, con mucha tensión, pero elegante. Final apretado, pero largo. Mucho nervio aquí.
De repente me estaban sirviendo un Hermitage de Eric Texier que estaba precioso, pero del que no apunté la añada. Una nariz de tocino y frutas rojas, fresca, con un suave toque medicinal. En boca el vino es de cuerpo medio, limpio y sabroso, aún con fruta primaria que me hace pensar ya más en ciruela fresca que en frambuesa. La ligereza y lo bien que se deja beber engañan un poco, pues se trata de un vino de tremenda profundidad y estructura impecable. Delicioso. Larguísimo.
Algo me dice que otros vinos se me cruzaron delante, sin embargo, al parecer sólo retomé mi libreta para apuntar mis impresiones sobre un magnífico Bernard Baudry, Chinon Rosé 2007 con el que acompañe el pato ahumado al té del restaurante. La nariz es voladita, perfumada, con corrientes de fresa, melocotón y manzana entre las que se cuelan pimienta blanca, azahar y piedras trituradas. En boca es fresco, mineral y firme casi al punto de la austeridad, considerando la nariz; pero la tensión entre sus elementos y la complejidad que se intuye en cada sorbo resultan irresitibles, hasta poéticas, al final de todo.
Por lo de no desmadrarnos mucho, decidimos cortar temprano los vinos, tomando después solamente una copita del François Chidaine, “Clos Habert”, Montlouis 2005. Espectacular copita. Esto está tan bello, tancremoso, con un dulzor tan delicadamente expresado y unas filigranas minerales tan exquisitas que…
Eso.
Charlando nos quedamos Brad, Jorge y yo hasta que las camareras comenzaron a virar sillas, indicándonos que era hora de largarnos y dejarlas seguir con sus vidas, pues el restaurante ya estaba cerrado.
La tarde siguiente andaba yo por Union Square y me acerqué al siempre irresistible Momofuku Ssäm para comerme mi plato favorito en ese sitio, panza de cerdo salteada con una ensaladilla picante de hongos servida con arroz y hojas de lechuga para hacer rollitos. Hacía un tiempo había leido una mención de Lyle Fass en su blog sobre Scholium Project, una bodega californiana que dizque estaba produciendo vinos de verdad que quizás podían agradarme. De la carta de vinos pedí una carísima copa del Scholium Project, Verdelho “Heliopolis”, California 2006 (me falta parte del título, estoy seguro, pero esto es lo que ponía en la lista). El elaborador es un clasicista, en el sentido literal de la palabra. Un profesor de cultura griega que decidió dedicarse a hacer vino en California.
El vino, lamentablemente, aunque me pareció bastante puro y sin las habituales manipulaciones que asocio con el californicio, no me gustó en lo absoluto y no le pegaba ni con cola a la comida. Obeso y bajo de acidez, con una lamentable falta de enofoque en sus mermeladescos sabores frutales. Me lo tomé por los dieciséis dólares que me soplaron por la copa, pero hubiese pasado.
Por la tarde me acerqué a Chelsea Wine Storage, el almacén refrigerado donde aún guardo la vasta mayoría de mi bodega personal. Allí iba a encontrarme con mis amigos SFJoe, el Dr. K y Hayson Cohen. Bueno, y de seguro con el personal de Chelsea, con quien también es un placer abrir algo preprandial de vez en cuando. La intención era recoger unas cuantas botellas para irnos a cenar en Kori, un restaurante coreano cerca de casa de SFJoe, donde, como ya les dije me quedé durante este viaje. Una maravilla de anfitrión, este amigo mío. Son las cosas que uno agradece por siempre, estas hospitalidades tan generosas.
Pues, en Chelsea se suscitaron un par de botellitas interesantes. Una la puso el Dr. K, de un vino que “no se supone que exista”. Se trataba del Von Schubert-Maximin Grünhauser, Riesling QbA, Mosel-Saar-Ruwer 1996. No recuerdo muy bien la historia, pero creo que va de que se hizo muy poco de este vino y que es de provenencia mucho más noble que lo que normalmente se destinaría a un mero QbA, el vino más básico de la casa.
La amplitud de onda de esto es más de Spätlese que de otra cosa. Opulento, pero a la vez con una firmeza admirable. Bella fruta en el paladar, con un final mineral potentísimo, pero que no pierde elegancia ni por un nanosegundo. Maravilloso.
El otro vino lo puse yo. Buscando otra cosa me tropecé con la botella. Me la regaló la elaboradora misma en aquella famosa visita mía a Vinexpo 1999. Rafaella Bologna me dijo que debía guardar este Braida di Giacomo Bologna, “Bricco dell’Uccelone”, Barbera d’Alba 1996 unos cuantos años para disfrutarlo en su plenitud. Yo, hombre de poca fe que soy, lo guardé pero no esperaba nada en particular. Bologna padre fue uno de los pioneros piamonteses del barriquismo, envejeciendo sus barberas de pagos selectos en barricas nuevas. Ya saben. Pensé que nueve años era suficiente espera y le metí mano.
Recién abierto, la fruta roja está cruelmente subyugada por madera. Lo dejé un rato y con el aire comenzó a adquirir dimensionalidad, con la madera casi integrándose para pasar a dar solamente un toque especiado. Pero noten que digo “casi”. En boca la fruta es sustancial y está viva en el paladar medio, pero en el posgusto los taninos de madera vienen a joderlo todo y a dejar una impresión secante que me devuelve a la inconformidad.
Llegamos a Kori cuando nos cerraron Chelsea. Yo llevaba unas cuantas botellas que quería compartir con los chicos, pero acabaron obligándome a guardarlas para otra ocasión (que no tardaría en presentarse). Quisimos, en vista de que el fin de semana sería muy, muy movidito, ser modestos en la alcoholemia esa noche. Pasa a veces.
Comenzamos con el Nikolaihof, Riesling Smaragd “Steiner Hund”, Wachau 1997, un vino poderosísimo donde los haya. Abre con una notita oxidativa que se disipa rápidamente. Se abre para dar aromas exuberantes de toronja, sábila, pino, anís y granada, además de una profunda mineralidad. En boca entra amplio, pero firme. Sumamente mineral, con acentos florales. Lo curioso es que en el larguísimo posgusto adquiere un aspecto oleaginoso. Dicho en otro contexto, eso sería negativo. Pero aquí, misteriosamente, ese espesor resbaladizo es algo más generando interés. Sorprende. Fascina. Alucinante.
Seguimos con un Krug, Brut “Grande Cuvée”, Champagne NV que era de factura reciente, pues llevaba la nueva etiqueta dorada. Resultó francamente descorazonadora esta versióm de lo que antes fuera una de las grandes champañas de siempre para mí. Honestamente les digo, no se parece en nada a lo que conocía.
Muchos han sido los rumores que he escuchado y los chismes que he leido sobre cambios en Krug. Lo que no me esperaba era escribir en mi libretita, en inglés, la descripción que escribí. Fue corta y tajante. Se compuso, a mi más honesto entender, de dos mots justes. Se me aguan los ojos cuando los leo, pensando en la tradición y el poco respeto que la industria actual del vino le tiene, pensando en como se recontrajode un vino de carácter por quién sabe qué maldita idea de un imbécil de marketing al que probablemente ni siquiera le gusta la champaña y preferiría una Fanta de naranja.
¿Que qué puse?
Frooty bullshit.
Otra más que olvidar.
Por suerte venían mejores vinos. El próximo fue un R. López de Heredia, “Viña Tondonia” Gran Reserva, Rioja 1973. Ya sé, alguno está dicindose en este momento “¡Ya viene este jodido otra vez con el Tondonia! ¿Es que no encuentra otro vino bueno?” Y yo estaré consciente de que López de Heredia, para mí la cúspide absoluta del vino de Rioja hoy por hoy, me da más de bueno que nadie en esa región. Sorry por todos los otros. Muchos de ellos hacían buen vino en otros tiempos y ahora hacen cosas entre lo inocuo y lo absolutamente ofensivo. López de Heredia, en cambio, se las arregla para siempre apasionarme, aún con vinos que creo conocer íntimamente.
O sea que a los que se cansan de leerme mencionándolos, a joder a fastidiar a otro, por favor…
Regio setenta y tres. Elegantísimo. Complejo. Infinitamente bebible. Los aromas entran y salen como personajes de teatro al escenario: Cuero antiguo, violetas, té verde, carne curada, humo, alcanfor, incienso, cantera, frambuesa negra, tomillo seco, naranja rubí… Todo eso tiene su reflejo en el paladar, pero en realidad lo que me mata es ese paso de boca tan sedoso, tan gentilmente elocuente. Bajo la suavidad hay, sin embargo, mucho músculo. Tremenda estructura. Largo, aún con mucho de fruta fresca que se acentúa al final con un toquecito de salinidad.
Nuestro cuarto y último vino de esa cena—en la que, por cierto, volví a ordenar cerdo, porque yo nunca me canso de ese noble animal; pedí un estofado, eso sí, que resultó demasiado picante para todos los vinos—fue el Château Grand Puy-Lacoste, Pauillac 1985, cortesía de Jayson. Un burdeos transformista, éste. Me lo sirvieron en la copa y no hizo más que mutar y mutar con cada olisqueda que le daba. Camaleónico. Difícil de atrapar en una sola impresión. Aunque en la etiqueta declara solamente 12% de alcohol, se le siente un cuerpo y un cierto calorcillo que me hacen pensar en más. Aterciopelado, se mueve ágilmente de aromas florales a una especie de salinidad que me recuerda a los pepinos en conserva de los delis judíos en Nueva York, pasando por toda una colección de distintas especias, otra de aspectos cárnicos y otra más de frutas rojas y negras. El problema y la delicia es que no puedo agarrarme de ninguno de esos aromas y decir “Okey, esto domina”. Sumamente interesante.
El sábado, durante el día, me mantuve a agüita clara. Esa noche caía el otro motivo de mi viaje aparte de la visita médica…
09 Jul 2008
La verdad sobre el caso Camblor

Cierto es que La otra botella anda algo escasa de entregas frescas últimamente. Donde antes era un muy prolífico hiperbloguero, ahora se me hace sumamente difícil encontrar el tiempo para soltar una de las mías aquí, aunque sea una vez a la semana.
Lo peor de todo es que tengo muchísimo material acumulado. Hay notas de cata que amenazan ya con perder toda relevancia. Hay apuntes varios de eventos que casi he olvidado. Los compendios y las crónicas se me quedan por hacer y, ante una avalancha de trabajo
Extraño mucho a Nueva York, ya lo he dicho hasta el hartazgo. Pero no he puntualizado sobre una de las cosas que más extraño: Trabajar desde casa, haciendo yo mismo mi propio horario de oficina y teniendo la posibilidad de adaptarlo a una vida llena de estímulos no laborales. Ahora mis circunstancias han cambiado. Trabajo en una oficina “normal” todos los días y, aunque no soy de los que ponchan tarjeta ni nada por el estilo, estoy constantemente consciente de mi multitud de responsabilidades. “El blog puede esperar” se ha convertido en una de las mantras negativas de mi diario existir. También “Bueno, otra noche más sin cocinar, porque no hubo tiempo de ir a comprar ingredientes”. Y no se nos olvide: “¡Lo que daría yo por algo de vino decente!”
Pero bueno… Entré a contarles lo que me ha tenido completamente arrollado en las últimas semanas, un proyecto inmenso con un montón de partes móviles de las cuales era yo siempre el responsable final.
La empresa en la que trabajo, que es la de mi familia y es un grupo de tiendas de mobiliario e interiorismo no especialmente pequeñas, éllas, acaba de inaugurar una fenomenal nueva tienda en Punta Cana, una bellísima zona turística de la República Dominicana cuyo nombre deberá sonarles a muchos de ustedes, particularmente los europeos. Sol, playas preciosas y tantas cosas disfrutables. Y nosotros, con seis mil metros de exhibición y un coctel inaugural que al final se dió hasta mejor de lo que esperábamos.

En la planificación y promoción
En fin, que esto no tendría nada en absoluto que ver con vino, pero voy a hacer que tenga que ver. Lo mejro de tener este blog tan mío y medalaganario es que al final de todo puedo jugar un poquito y buscar conexiones que podrían eludirme en un contexto más regimentado.
Es que algo de muy bueno me las arreglé para consumir durante la fiesta. Consciente de que tendría que mantenerme lo más fresquecito (léase “evitar sudar
Me pasé la botella casi entera yo solito, gracias a un servicial camarero a quien se la confié, que veló por que mi copa siempre contuviera algo de líquido, por lo
Creo que no pude elegir mejor vino. Perfecto para el lugar.
Pero no voy a dejarme llevar por la imagen musical a un discurso tangencial. Se trata de un riesling compacto, fresco y vibrantemente cítrico detrás de toda esa mineralidad tan sorprendentemente marina. Largo y muy grácil. El trópico necesita más vinos así, no me canso de decirlo. Yo me sentía sumamente feliz. Ví a muchos de los invitados bebiendo—pro voluntad propia—tinto (creo que era CVNE Crianza 2005, que no está nada mal si hay aire acondicionado) y la verdad es que no comprendo la proclividad tintófila de mi gente.
A ver si pronto les traigo algo con más vino. Pero al menos saben ya ustedes en qué ando… Ah, y por si inaugurar nueva tienda no fuese suficiente satisfacción, fuí testigo de un par de puestas de sol espectaculares y, lo más importante,
29 Jun 2008
Juventud, divino tesoro: Una de "fri asosieishon"

A veces las buenas intenciones no bastan. Tienes tanto trabajo
No obstante, miras algo y de repente te surge una idea… Sin darte cuenta, tienes un post cociéndose.
Resulta que en la sección de comentarios de otra entrega comencé un interesante diálogo con José Fuentes sobre la extraña disonancia que existe entre el sistema hoy día más aceptado de evaluar vinos, o sea, la cata con puntuación basada en el impacto
http://blogs.larioja.com/otrabotella/2008/6/16/una-gotita-el-oceano-#c53087886
Mi vida tiende a ser de pasillos, espejos y enciclopedias a montones. Resulta que entraba a lomejordelvinoderioja.com por la puerta de enfrente, que es algo que no hago tan frecuentemente (prefiriendo las rutas de la herramienta de creación de blogs o de respuesta a un comentario) y me dí cuenta que el Foro de Discusión ha sido invadido por spam porno y nadie parece enterarse (como el cibercensor de porquería venga y no me permita introducir la palabra “porno” en esta entrada, te juro que…)
El asunto es que veo el montón de anuncios de viagra y cialis, idénticos a los que nos llegan neciamente a diario a casi todos los que usamos correo electrónico, por más filtros que pongamos, y en mi mente se formó una comparación peculiar entre las expectativas de envejecimeinto que tenemos hoy por hoy para las personas y las que tenemos para el vino.
Flota en mucha literatura del vino actualmente una noción de que el envejecimiento de un gran vino es cuestión de “cuanta fruta conserva” el vino tras X número de años.
Veo a diario mucha gente con obvias señas de haber pasado por montones de cirugías plásticas “para verse jóvenes”. A otros los veo con injertos de cabello. Alguna se habrá quitado un par de costillas para hacer parecer que tiene cinturita de avispa. ¿Y qué decir Mi reflexión de hoy es sencilla. Los encantos de un vino, con el paso de los años, deben ser del mismo orden que los encantos de un ser humano que madura, que adquiere mundo, que se hace sabio, que puede mostrar con orgullo las marcas del camino recorrido… Existe una fragilidad implícita en la edad, pero también existe una profundidad, una capacidad de presentar sutilezas, que muy pocos jovenzuelos tienen. Tenemos menos “chicha”, eso es cierto, pero nos hacemos, con el tiempo, más frágiles, pero a la vez más complejos e interesantes. Así también debe ser el vino. Me da por preguntarme si no habrá alguno que otro enólogo de esos que andan por ahí con Pobre señor, el de la ambulancia. Ahora lo que me pregunto es cuánto tiempo les tomará a los señores administradores de este sitio en que habita mi humilde blog el retirar el spam que les cayó en el foro.
24 Jun 2008
Venga la esperanza...

Aunque sigo acongojado por la inesperada muerte
Resulta que hace unos días compré la primera caja de un mismo vino aquí en
Esta maravilla con tapón de rosca es casi completamente seco, suculento, con mucha garra y un posgusto larguísimo. Trae mucha toronja con elementos de savia y polen, además de una maravillosa mineralidad. Muy fresco y puro. Muy “crunchy”. Un primor, sobre todo en este clima. De doce ya me he ventilado tres botellas, por lo que puede que pronto vaya a por otra cajita.
Hablando de lo bebido recientemente, pues tengo que contarle a mi buen amigo Gonzalo Lainez, quien me encomendara observar
Ah, echaré unas florecillas más a la gente de El Catador aquí en Santo Domingo porque, para mi grata sorpresa, también tienen, aparte del rieslingcito de Breuer, unas cuantas cositas de Mastroberardino. Contento estaba yo el otro día la llevarme el Mastroberardino, Fiano di Avellino DOCG 2006, si bien soy mucho más amigo de los tintos de esa casa que de los blancos, que nunca han acabado de justificarme el precio… Aromáticamente este fiano no dice mucho tras media hora abierto, así que le doy un golpe de jarra. Tampoco. Melón, uva, mandarina y un distante aspecto herbáceo. Globular en boca y simplón en boca, aunque con muy buena acidez. El problema es que la globularidad en cuestión al final se traduce en una sensación textural glicérico-oleaginosa que me molesta un poco. Pero parece que no molestó tanto, porque al final Josie y yo nos acabamos la botella sin pensarlo.
Siguiendo en la misma onda, me dí el Mastroberardino, Greco di Tufo DOCG 2006. A éste le tomó tres días abierto en la nevera darme alguito que reportar. Al principio su mutismo me alarmó y por eso lo dejé quieto. La recompensa a mi paciencia, eso sí, no es que fuera generosa… Manzana, pera, fruta de pan, un dejecito de tamarindo y una agradable notita salina fue lo que me encontré, todo muy tímidamente expresado, pero ahí. Buena acidez en un final medio. Limpio. Muy apretado.
Algo que debo comentar es que las botellas de Mastroberardino tienen un nuevo “look”, muy modernote él. En vez de etiquetas de papel ostentan coquetos “transfers: sintéticos con el viejo logo de Mastroberardino reestilizado. Eso me hizo temer un poco cuando compré las botellas. No sabía si la casa hab7a dado algún giro spoofulístico… El final de mi trío fue el siempre confiable Mastroberardino, Lachryma Christi del Vesuvio 2006. Pienso, al transcribir mi nota ahora, en
Otro vino comprado junto con los de Mastroberardino, siguiendo una recomendación de la revista local El enófilo por lo de calibrar gustos, fue el Concha y Toro, Sauvignon Blanc “Terrunyo”, Viñedo el Triángulo, Valle de Casablanca, Chile 2007. Ya, ya. Otro chileno más. Predecible era que no iba a convencerme, aunque he de decir que no me gustó, particularmente por venderse a un precio comparable al de unos cuantos sancerres infinitamente mejores
Se dirán que ya me voy aclimatando y que hasta es posible que se ablanden un poquito mis rigurosos criterios. Pero no. Lo que me gusta, lo digo honestamente. Lo que me deja indiferente, también. Y lo que me disgusta… Pues ya ustedes saben… No sería éste un buen episodio camblórico sin un poquito de vitriol, que esta vez dedicaré al francamente horrible Viña San Pedro, “Castillo de Molina” Cabernet Sauvignon Reserva, Valle de Colchagua, Chile 2006 que me sirvieron en algún momento de la semana pasada.
Cuando digo “francamente horrible”, no lo hago gratuitamente. El horror viene al comparar este asqueroso potingue con un vino
23 Jun 2008
¿Cómo despedirse?

Hoy iba a escribir una entrega feliz. Ya la tenía más o menos diagramadita en mi cabeza e iba a sentarme a la computadora cuando ví en CNN una noticia que me sentó
No les contaré nada ni intentaré un obituario que no soy digno de escribir. George Carlin tenía setenta y un años, aunque bien podría haber tenido la edad que le diera la gana, o ninguna edad. Se jodió porque su corazón le falló. El mío se encoge al saber que él ya no estará, vestido de negro riguroso, iluminando mi vida y haciéndome sonreir totalmente
A continuación, una memoria visual de George Carlin. Adiós, maestro… No, perdón, que implícita en esa despedida va una patraña imperdonable. En fin, nada, que me enseñaste, sin conocerme nunca, lo único que sé, que es que saber sirve de muy poco cuando la realidad carece de vergüenza. Encontraste la salida por pura ley biológica. O la salida te encontró a ti. ¿Podrías darle un golpe al letrerito, a ver si se enciende y al fin nos enteramos donde queda?
Tan devastado estoy que estoy hablando solo. Hoy iba a escribir una entrega feliz…
18 Jun 2008
Real Wine Attack: Posdata
La idea era dar un espacio más amplio al “Real Wine Attack”. En las últimas tres entregas se habían suscitado comentarios sobre lo imposible que era catar y conversar cómodamente con los vignerons en el local de Chambers Street Wines, ya que la concurrencia cada año iba creciendo más y más. Al parecer, el número de gente interesada en vinos de verdad—naturales, distintivos y elocuentes en cuanto a sus orígenes—va alcanzando proporciones que no son ninguna bicoca.
Así, el “Real Wine Attack” fue a parar a Cercle Rouge, un restaurante a pocas cuadras de Chambers. Resulta que los organizadores creyeron que este local, más grande, no se les llenaría tanto
Me bajé
En fin, que me acerqué a la cabeza de
Lo que me encontré en Cercle Rouge fue un lleno total. De un lado ví a Marc Ollivier, sirviendo Muscadet a dos chicas muy guapas. De otro lado creí ver a Didier Barrouillet, de Clos Roche Blanche, detrás de una mesa asediada por una turba humana que profería copas vacías. En el centro
Recordando estaba yo los patrones de comportamiento de los más atiborrados sitios en Ibiza allá por los primeros noventas y

-Hordas de “fans”
De ese modo pude llegar a la mesa de Radikon y hasta probar un par de vinos servidos y explicados por Sasa Radikon, fíjese usté. Uno de ellos—el único
Probé unas cuantas cosas más, pero el ambiente recargado por los efluvios corporales y la cercanía codo-con-codo con los vecinos me hicieron guardar la libreta en el bolsillo. Habré degustado los tintos de Eric Texier y todos estaban preciosos, eso creo que lo recuerdo. Pero pronto me entraron ganas de tomar las de Villadiego. Me fuí a casa de SFJoe, que queda convenientemente cerca de todo. Y allí estuve un rato, refrescándome, charlando con Joe y el famoso Fatboy, hasta que llegó la hora de cenar. Estábamos los tres invitados a retornar a Cercle Rouge para, terminada la fase multitudinaria
En nuestra mesa el elenco de vignerons rotó unas cuantas veces. Iban y venían botellas que utilizamos para acompañar la excelente cocina de bistro tradicional de Cercle Rouge. Lo que se bebió en la cena:
Clos Roche Blanche, Sauvignon Blanc, Touraine 2002: Los añitos en botella han hecho maravillas por esto. No que tuviese yo ningún problema consumiéndolo joven, pero ahora está perfectamente redondeado. Ligero, bien enfocado en sus aromas cítricos, florales, herbáceos, especiados y minerales. El ser así de grácil, pero sin dejar de dar una impresión de concentración, es una de sus mayores virtudes.
F. & A. Quénard, Chignin Bergeron, Vin de Savoie 2004: Bebido con sus amables elaboradores delante. Su textura y la manera en que se mueve me recuerda encaje fino en una suave brisa. Puro y etéreo, con frutas amarillas dulces y una mineralidad talcosa. Deliciosamente delicado.
Marc Ollivier-Domaine de la Pépière, “Clos des Briords” Vieilles Vignes, Muscadet de Sèvre et
Radikon, “Jakot” Venezia-Giulia 2002: Porque las cosas son así en estas noches, acababa de descubrir este vino de Radikon y aquí estaba el propietario de Chambers Street Wines con una botella un poquito más vieja que podría comparar. Educación acelerada. Perfumado. Agua de rosas, melocotón profundo, un toque de litchis, pera, cera y lirios que comienzan a marchitarse. Grande, especiado y tánico (raro decir eso de un blanco, ¿no?) en boca. Delicioso.
René & Vincent Dauvissat, “Les Clos”, Chablis Grand Cru 2000: Apretadísimo, con un nudo de mar y tiza envuelto en manzana verde, almendra fresca y cáscara de limón. Necesita tiempo.
J.-F. Coche-Dury, Pinot
Brunel, “Les Cailloux”, Châteauneuf du Pape 1988: Mi aportación a la mesa. Siempre he dicho que esta AOC no es santa de mi devoción y me esfuerzo porque poco quede de élla en mi bodega. Esta era una botella huérfana que en algún momento algún amigo me regalara y pensé que era cosa de “ahora o nunca”. Y lo pillé en bastante buen momento… Interesante nariz de romero, tomillo, salvia y lavanda secas, cuero, polvo, humo, cereza y caramelo. En boca es rusticón, pero sabroso, particularmente por poseer excelente acidez y un agradable deje salino. Buen largo y su agarroncito tánico aún.
Pierre Overnoy, Arbois Pupillin “Style Vin Jaune” 2000: Una botella “extraoficial”, de ésas sin etiquetar, pero con explicación
Seguimos un rato en Cercle Rouge y luego, a instancias de SFJoe, marchamos a un “after party” en su casa. Yo, por mi parte, me encontraba agotado. Había estado hasta el cuello en la preparación de mi mudanza y comenzaba a sentirme el vino y los efectos
No dí mucho más. No tomé notas. Tras media horita estaba en un taxi camino a casa, a dormir.
16 Jun 2008
Una gotita en el océano...
Pues me quedé pensando el viernes por la mañana en 
Era la de mis cuarenta, coincidencialmente, semana
Este año,
Pero me adelanto… Lo de “aporcionar muy bien mi tiempo” va porque tuve que dividir mi experiencia del “Real Wine Attack” en dos eventos, el de Cercle Rouge y, un par de días antes, la gran cata para profesionales del vino que celebra Douglas Polaner, distribuidor de los vinos de Louis/Dressner, con todos los vinos de su extensísimo y variadísimo portafolio (para que se hagan una idea de cuan extenso, Polaner distribuye tanto a Dressner como a Eric Solomon; no creo que haya que explicar mucho más; ahí se juntan mansos y cimarrones, “spoofulators” y naturalistas acérrimos…). Por suerte, mi labor
Llegué al mediodía
En fin, que se preguntarán ustedes si probé algo a fin de cuentas. Les confesaré que penosamente poco. No sé por qué, pero el cuerpo me pedía más interacción social que cata.
Recién llegado no hice más que dar un giro a la derecha y me encontré con la mesa de López de Heredia-Viña Tondonia. Ahí estaba María José, en las de siempre, un bólido de energía y alegría. Su entusiasmo a uno se le contagia. Aunque los vinos casi todos eran viejos amigos, por lo de disfrutar de la presencia de María José y un par de amigos más, los probé todos.
Comenzamos con el López de Heredia, “Viña Gravonia” Blanco Crianza, Rioja 1998, que andaba un tanto peculiar de aromas, con un deje de tienda de neumáticos que me sorprendió. Por lo demás, muy enérgico y presente, con cítricos insistentes y notas salinas que me recuerdan a palmito en conserva. Dándole un poquito de juego de muñeca a la copa la pestecilla a Pirelli se disipa y lo que tengo delante es un excelente Gravonia, con mucha persistencia y una interesante textura mineralesca al final.
El López de Heredia, “Viña Tondonia” Blanco Reserva, Rioja 1989 está angular de primera impresión, con cítricos exotistas, algo de aceite de almendras y los sabrosos saladillos que siempre trae un buen tondonia. En boca se las arregla para dar simultáneamente impresiones de brillo y ligereza y de bastante densidad. El López de Heredia, “Viña Tondonia” Blanco Gran Reserva, Rioja 1981 me recibe abierto, con una sonrisa. Graso, con más cítricos exóticos. Más especiado que los anteriores y con mayor complejidad. Engañosamente amigable, eso sí. Entra en boca y de repente sientes un potente agarre mineral y esa acidez a prueba de balas. Largo y amplio, perfectamente seco de principio a fin.
El López de Heredia, “Viña Tondonia” Rosado Crianza, Rioja 1997 ha dado un giro muy positivo desde nuestro último encuentro. Es un vino esbelto y grácil de movimiento en la boca, donde los elementos fluyen bellamente de fresa silvestre a cáscara de naranja con especias. Perdón, que dije que no quería utilizar listillas de “descriptores”. Lo interesante aquí no es un aroma o sabor u otro, sino la progresión entre ellos, enérgica y sin el más mínimo tropiezo. La acidez y la salinidad en el posgusto añaden interés. Fresco y delicioso.
La revelación de la tarde entre lo que traía María José fue muy inesperada: El López de Heredia, “Viña Cubillo” Crianza, Rioja 2002. Sí, leyeron bien, el Cubillo se quedó con mi corazón. Cálido, afrutado y térreo, esto podría ponerlo
El López de Heredia, “Viña Bosconia” Reserva, Rioja 2000 traía mucho de hierbas y flores secas por delante, con algo de caballo sudado. Entre ligero e intermedio de cuerpo y movimiento, pero se siente sustancial—quizás demasiado, considerando que en el posgusto, aunque te da un golpecito de cáscara de naranja, la acidez está más o menos justa. Aquí falta bosconia… Un pequeño desencanto. Pero bueno, con la trayectoriaza que lleva esta bodega conmigo, si fallan una vez no ha pasado nada.
En contraste, el López de Heredia, “Viña Tondonia” Reserva, Rioja 1999 es una maravilla: Frutalmente oscuro y abundante, con un aspecto de carne asada muy interesante. Pero que esto no engañe a nadie, aunque tiene tremendo cuerpo, esto es un tinto de excelente agilidad y mucha elocuencia. Bonito, especiado y muy largo, con una coqueta mordida acídica que reverbera todo el final.
El López de Heredia, “Viña Tondonia” Gran Reserva, Rioja 1987 también estaba fenomenal. Cárnico y carnoso, especiado, térreo y envuelto en cuero fino. Frutillas rojas muy frescas y bonitas notas florales en un vino que se muestra completamente cómodo en su elegancia. Es noble, lo sabe y lo acepta
El López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1981 es emblemático de su tipo, con el habitual golpe de mineralidad disfrazada de guisantes. Compacto y seriote, con fruta suculenta—frambuesa de varios tonos que parece haber venido con todo y arbusto. Posgusto largo y especiado, pero apretado. No parece querer ponerse muy sociable en este momento.

-María José López de Heredia en plena faena-
El López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1976 se parecía tanto de natiz al 81 que en un principio pensé que se habían equivocado y me habían servido el mismo vino dos veces. Pero no. Aquí hay amplitud mucho más generosa y un cierto dulzor frutal tocado con
El López de Heredia, “Viña Tondonia” Gran Reserva, Rioja 1973 se presentó con una nariz preciosa, perfumada, de tono altito. Marcadamente salino y especiado, con una corriente que me recuerda a
Interesante, entre toda esta catadera entusiasta de vinos de una de mis bodegas favoritas en todo el mundo, fue una conversación que tuve con José Fuentes, un puertorriqueño universal que es apasionado
Pues hablábamos José y yo de lo bonitos que envejecín tondonias y bosconias, de lo complejos, profundos y adultos que se hacían, cambiando
Si la cuestión es “lo que el vino aguante”, me decía José, eso excluye la verdadera vida y evolución plena
Quizás semejante mentalidad, que tan clara y terminantemente refutan lso vinos de López de Heredia, sea producto de la forma en que se enseña a los nuevos amantes
¡Pobrecita cultura
En fin, pido disculpas a José por la chapucera perífrasis que he hecho de nuestra conversación, pero me pareció importante reportar su esencia. A ver, compadre, si te animas y amplías la idea…
Seguí mi camino hacia el fondo
El Jean-Paul Brun/Terres Dorées, Chardonnay, Beaujolais Blanc 2007 es de un perfume etéreo; femenino en plan “chica natural” con vestidito de algodón y sandalias. Los florales son de madreselva y lirio. Los de fruta son cítricos vivísimos con un subtexto carnoso de melocotón. Un blanco puro, fresco, vivísimo y “extra-crunchy”. Divertido. Otro del que me podría beber la botella entera y desear que fuese un mágnum.
El Jean-Paul Brun/Terres Dorées, Rosé d’Folie, Beaujolais 2007 es otra belleza en plan natural, quizás un poquito más de “hippie intelectual” que el chardonnay. La esencia de la fresa, vestida en una mineralidad francamente I-M-P-O-N-E-N-T-E y espolvoreada juguetonamente con cardamomo. Las notas son pocas, pero los ecos son muchos y muy persistentes.
Llegamos al vino-controversia, el Jean-Paul Brun/Terres Dorées, “L’Ancien” Vieilles Vignes, Beaujolais 2007. Varias partidas de este vino han sido declasificadas—en un acto vergonzoso por parte de los “jueces” del INAO—y relegado a mero Vin de Table, pero la botella de la que me sirvió Jean-Paul no parecía ser de ellas, pues llevaba claramente la AOC en la etiqueta.
Un Ancien ligerito, que se deja beber espectacularmente ahora mismo, con fruta muy ágil y alegre, acentos de comino y su corazón mineral en la manga. Taninos vivaces en un final precioso.
Seguí a los crus, comenzando por el Jean-Paul Brun/Terres Dorées, Fléurie 2007, que es otro sublime coctel de frambuesa y piedras. En la superficie parecería ligero
Por último probé el Jean-Paul Brun/Terres Dorées Moulin-à-Vent 2007, que era todo fresa pura con el más sutil toque de especias—algo así como cuando te le añaden un poquito de sal a una piña para acentuarle el sabor, pues aquí la nota especiada acentuaba la pureza de la fresa.
Seguí a
¿Les he comentado alguna vez sobre la cantidad de beaujolais que hay en mi bodega? Cajas y cajas… Quienes entiendan por “beaujolais” únicamente los potingues tecnológicamente bastardeados de ciertos negociantes seguramente se maravillarán ante esta aseveración mía, pero puedo decir con certeza que vale la pena dedicar espacio en la cava a los beaujolais de los mejores productores. Nombres
Pero se me va el
Nada
Seguí a