El último cuarto del siglo XX se ha caracterizado en el ámbito vitivinícola, por una notable influencia de la moda en el estilo de los vinos, marcada sin duda alguna por la opinión de determinados prescriptores de reconocido nivel internacional. Este efecto ha estado especialmente marcado en la elaboración de los vinos tintos de guarda, quizás considerados como el máximo paradigma cualitativo de los vinos, y donde la práctica totalidad de las bodegas iniciaron hace unos años, una desenfrenada carrera en la obtención de vinos cada vez más concentrados y poderosos, llegando al paroxismo, con algunos vinos que prácticamente han llegado a resultar imbebibles, y que de forma preocupante se han venido a calificar como "vinos para críticos".
El origen del término "vinos de alta expresión" apareció con mayor o menor fortuna, hace una docena de años en nuestro país, para diferenciar estos nuevos vinos de los producidos tradicionalmente en La Rioja, donde desde sus orígenes, se venían elaborando con un determinado estilo, importado y heredado de los enólogos o técnicos bordeleses, que dejaron sus conocimientos a finales del siglo pasado y como consecuencia de la invasión filoxérica que sufrimos, primero en Francia y años más tarde en el resto de países europeos, entre ellos España. Una buena prueba de lo dicho, son algunos testimonios escritos en el año 1866 por A. Julien y citados por Hugh Johnson en su Atlas Mundial del Vino, donde describe los vinos que por entonces se producían en Burdeos y la Borgoña. Sorprende mucho la descripción que se hace de los vinos de Burdeos de por aquel entonces, con bajo grado y estilo de vino ligero, casi como un "clarete" y del mismo modo, por el contrario, la potencia e intensidad de los elaborados en la Borgoña.
Año Grado alcohólico
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Borgoña: Corton 1858 15´6
Montrachet 1858 14´0
Clos de Béze 1858 14´3
Volnay 1859 14´9
Richebourg 1859 14´3
Burdeos St.Emilion Sup. 1859 11´3
Château Lafite 1859 8´9
La aparente "debilidad" de los vinos de Burdeos de aquellos tiempos, se confirma con una vieja receta: "travail a l´angalise", utilizada para la preparación de sus vinos para la exportación al mercado del Reino Unido, cuyo detalle se cita a continuación y que por sí sola no merece mas comentario.
Vino tinto de Burdeos: 192 litros
Vino tinto de mucho color de Alicante o Benicarló: 30 litros
Aguardiente de vino: 1 litro
Mosto de uva blanca 2 litros
Salvando todas las distancias posibles, pero como idea o mejor dicho, como estilo de elaboración, se podría pensar que los vinos de Rioja elaborados de manera clásica o tradicional, tal y como hoy los conocemos, responden más bien al tipo de vino que los bordeleses nos dejaron ya hace bastantes años, permaneciendo vigente este concepto de vino, con algunas modificaciones o adaptaciones hasta nuestros días. Sin embargo los vinos franceses de esas zonas productoras, fueron evolucionando durante este siglo en sentido inverso. Es decir, los vinos de Burdeos se "borgoñizaron", mientras que los de Borgoña se "bordelizaron". Una buena prueba de ello está la idea que hace unos años se tenía, sobre el tipo de botella que debería corresponder a cada tipo de vino, reservando los vinos de mucho color y extracto para las botellas borgoñonas mientras que los más ligeros se embotellaban en las de tipo bordelés. Hoy día también este concepto ha cambiado, con toda seguridad por una asociación con su contenido, siendo la botella bordelesa más apreciada para los vinos de cuerpo que están de moda, y pasando el otro formato a un segundo plano.
Desde nuestro punto de vista, la elaboración de este tipo de vinos tintos más potentes y concentrados, merece todo respeto y consideración, siempre que sean una fiel expresión de la vendimia, o mejor dicho de la zona de cultivo de donde proceden, y con la aplicación de una tecnología enológica que sea respetuosa y lo menos deformante posible. Condenamos sin embargo, aquellos vinos donde de forma deliberada, el exceso de madera se apodera del vino, apareciendo una generación de "vinos clónicos", todos elaborados con excelentes y costosas maderas muy aromáticas, y donde el vino pasa a un lamentable segundo plano en importancia, llegando incluso muchos críticos y aficionados a distinguir al fabricante de las barricas..... ¿Dónde está el vino? Las barricas deben de cumplir con el papel de mejorar y perfeccionar el vino que contienen, permitiendo una suave y medida entrada de aire a través de sus paredes; teniendo como efecto colateral, la cesión de sustancias aromáticas de la madera, pero nunca éste debe ser el objetivo principal para la crianza de los vinos en la búsqueda de una mayor intensidad sensorial.
Otras técnicas de elaboración también pueden ser muy discutibles, como la utilización de "concentradores", máquinas capaces de eliminar del mosto o la vendimia una determinada cantidad de agua, cuya cuantía oscila entre un 10 a 30 por 100, bien mediante la técnica de ósmosis inversa, o también por evaporación a baja temperatura y con vacío. Esta tecnología tiene su origen en la necesidad de enriquecer determinadas vendimias en azúcares, propias de viñedos cultivados en zonas septentrionales frías, donde la uva no llega a alcanzan un nivel suficiente de maduración. Denominándose esta técnica como de "enriquecimiento por sustracción", preferible a las prácticas de "enriquecimiento por adición", como son las de adición de azúcares procedente de otros vegetales (remolacha, caña, etc.) o de mosto concentrado de uva, que elevan de forma artificial el contenido en alcohol de los vinos, aunque aumentan el volumen del vino elaborado, y además le hacen perder calidad por efecto de la dilución.
El origen de la utilización de los concentradores para la elaboración de vinos tintos procede de la zona vitícola de Burdeos, donde en determinados años se autoriza legalmente el enriquecimiento en azúcares. Obteniendo al eliminar parte del agua contenida en la vendimia, no solo una mayor concentración de azúcares, si no también del resto de sustancias contenidas, y donde en la elaboración en tinto destacan los polifenoles: antocianos y taninos, responsables del carácter de este tipo de vinos. La extracción del agua contenida en el mosto se realiza antes de la fermentación alcohólica, realizando ésta más tarde en presencia de los hollejos tintos y las pepitas, consiguiendo de este modo un vino tinto con una mayor carga polifenólica, y por lo tanto más concentrado.
La bondad de esta práctica reside en la posibilidad de elaborar vinos tintos de buena calidad en zonas septentrionales, donde las condiciones climáticas impiden una buena maduración, supliendo esta técnica, las condiciones de una adecuada insolación de los viñedos durante el período de maduración. Sin embargo, su utilización en otras zonas con mejores posibilidades climáticas es bastante más discutible, pues en algunos casos, cuando se pretende elaborar "vinos tecnológicos" simplemente con una mayor concentración y sin mayores pretensiones, puede entonces considerarse como una técnica aceptable; sin embargo, es condenable cuando la utilizan algunos elaboradores que presumen de la expresión del "terroir" u origen vitícola de sus vinos. ¿Dónde se encuentra en éstos la expresión del viñedo?
Llamamos la atención sobre este particular, pues en nuestro país, y en particular en nuestra zona vitivinícola, son bastantes los elaboradores que utilizan estas máquinas concentradoras, para la obtención de vinos tintos de "alta expresión", donde su uso no está autorizado, cuando no lo está la práctica de enriquecimiento de azúcares, y además dando origen a un falseamiento de lo datos legales de elaboración, cuando no se puede reflejar el no despreciable volumen de mosto extraído en forma de agua.
Afortunadamente esta moda o tendencia de vinos excesivamente concentrados está pasando, dando paso a otros de más fácil consumo, menos empalagosos, más elegantes y con una mayor cantidad de sutiles matices sensoriales, pero sin confundirlos con los vinos de estilo más clásico de antaño, siendo éstos muchas veces ligeros, abiertos de color y a menudo bastante maderizados. La vuelta hacia otra tendencia, nunca se hace en sentido circular, si no más bien en forma de espiral, donde la nueva situación de retorno se encuentra en un plano superior al punto de salida, y por lo tanto en una posición distinta.
Estos nuevos vinos deben presentar un carácter más natural, es decir, con una mayor expresión del medio de cultivo de donde procede la uva, definida como "terroir" o literalmente como "terruño", y siempre supliendo con buenas prácticas vitícolas, el uso de estas máquinas concentradoras o prácticas similares, que nada aportan al factor calidad y tipicidad, que por suerte ahora se empieza a demandar. Mejor si los vinos se elaboran y embotellan con poca o ninguna manipulación, para evitar la pérdida de sus atributos sensoriales, y por supuesto, en el caso de los tintos, con una presencia de la madera siempre en un discreto segundo plano. Las enseñanzas de la agricultura ecológica y también biodinámica, pueden ser muy interesantes y también necesarias, para la obtención de este nuevo estilo de vinos para comienzos del siglo XXI.
8 comentarios · Escribe aquí tu comentario
murmuron dijo
Las barricas son un mal necesario. La frase se le he oído a Marcos Eguren y creo que es plenamente acertada. Se ha, y se está abusando, de los tostados, probablemente para enmascarar vinos que no dicen nada y cuestan un huevo. Mi pregunta, Pepe, es si crees (y ya no solo hablo de esos descarados vinos para impresionar) que la mayoría de los vinos actuales servirán para guardar? Es decir,si aquel que se ha comprado unas botellas, pongamos de 50 euros, con la idea de abrirlas en una ocasión especial dentro de cinco o seis años se puede llevar un chasco de aquí te espero... También me parece un error, y no sólo en las catas, que la gente penalice un vino con el sentido que menos sirve para valorarlo, la vista. Es decir, al margen de los catadores, ¿crees que hay mucha gente que ha dejado de apreciar buenos vinos, simplemente, porque su intensidad de color no les parece suficiente (tampoco me refiero a los riojillas atejados de hace 15 años, pero sí a vinos de buena intensidad, pero que no tienen la negrura de las bombas que, al menos yo creo, siguen de moda)?
NULL dijo
Yo no diría tanto, como que "las barricas son un mal necesario". Desde luego la barrica es un instrumento imprescindible para estabilizar un vino tinto. Pero de ahí a elaborar "sopas de roble" hay mucha distancia.
En cuanto a la longevidad de los actuales vinos, es un tema de mucho calado, pues personalmente pienso que muchos de estos vinos modernos no aguantarán el paso del tiempo, o al menos en el estado que se supone deberían evolucionar. No tenemos más que observar como se han desarrollado algunos Prioratos, donde hace una década nos "vendían" como vinos eternos...
Sin embargo, si hiciésemos una "cata arqueológica" de vinos de Rioja de algunas bodegas centenarias, nos asombraríamos ver como se han conservado en el tiempo. Me temo que también muchos de los riojas de primera fila mediática de hoy día, tampoco mantendrán el tipo como los vinos de antes.
Cierto es que muchos aficionados juzgan el vino por la vista, ya se sabe que "comemos por los ojos"... Mi opinión es que el aspecto del vino nos ofrece una primera impresión, sobre todo referente a la edad y en algunos casos en la concentración del vino catado. Pero ello no debe pasar de ahí, pues es en la nariz y la boca donde el vino ofrece sus mejores cualidades.
En este sentido, propongo un sencillo ejercico de cata, donde se trata de evaluar sensorialmente algunos vinos precicindiendo de la fase visual. Verán qué sorpresas resultan... Precisamente el concurso de la Nariz de Oro, organizado por la revista Vino y Gastronomía, tiene para los participantes una gran dificultad, pues los vinos se analizan en catavinos negros y donde es imposible evaluar su color.
Manuel Camblor dijo
Hola Pepe, soy el vecino de arriba,,,:-)
Muy interesante este artículo, expresando muchas ideas que comparto y que he estado defendiendo a lo largo de los años. Me permito puntualizar un par de cositas:
(1) Una de las más perniciosas falacias de la "crítica" y las fábricas de opinión hoy día es el equiparar "roble nuevo" con "higiene" y, por un perverso salto de lógica, "roble de uso" con "suciedad". Creo que va al meollo del asunto de la longevidad de los vinos llamados "modernos" el abuso de roble nuevo.
Consideremos los riojas clásicos más longevos, como por ejemplo los reservas del Marqués de Riscal de los veintes, treintas y cuarentas, o los Bosconias, lAlbinas, Monte Reales y diversos Murrietas de edad similar, o algunos antiguos vinos de Paternina... En general, son vinos que no vieron barricas nuevas, y muchos de ellos provienen de bodegas con sus propias tonelerías dedicadas al mantenimiento de barricas con una vida media que sería anatema para muchos enólogos de hoy. En esos riojas clásicos, indiscutiblemente, hay aromas provenientes de la madera. Sin embargo, algo es enteramente distinto de los vinos criados en barricas nuevas: Los taninos de la madera no tienen un protagonismo marcado en los vinos clásicos.
En mi experiencia con los riojazos "modernos" (que se extiende en muchos casos a toda la historia de ciertos vinos), sucede que en boca los vinos se van haciendo cada vez más secantes, debilitándose el carácter de la fruta ante la poderosa presencia de taninos añadidos del roble nuevo.
He probado mucho vino "moderno" ganador de inmensidades de puntos de la "crítica" norteamericana. Incluso me ha tocado estudiar el progreso de algunos, como ya indiqué, y tiendo a no encontrar una evolución muy favorable, al menos en la mayoría de los casos. Hay excepciones, claro, pero son eso.
La idea de utilizar 100% (o más) madera nueva siempre me ha parecido descabellada, tanto en términos del plan de negocios de una bodega (porque esa compulsión a comprar un parque de barricas nuevo todos los años cuesta un billetaje largo que no es tan fácil recuperar manteniendo el vino a un precio competitivo; ojo, y aquí la riposta a quienes alegan falsamente que "ésa es la manera en que siempre se criaron los grandes vinos de Burdeos": Patrañas son...) como en términos de responsabilidad ecológica (no quiero ni pensar en la cantidad de árboles destruidos para hacer sopas de roble, me duele...). En algún momento de los pasados treinta años (sospecho que podríamos "agradecerlo" al Prof. Peynaud), recalco, la "crítica" y ciertos elementos académicos decidieron comenzar a empujar el roble nuevo ocmo la única opción aceptable de crianza, si se quería hacer vino "sano" y sin los supuestos problemas de "suciedad" de antaño. Lo que deja sin explicar los problemas de TCA, TBA y desbarajustes bacteriales que a cada rato se encuentra uno en vinos de bodegas estrictamente "roblenuevistas".
Otro aspecto que tienen en contra los vinos "modernos" en términos de potencial de evolución es la carencia de sana acidez. El único problema no es el roble, no señor... La vasta mayoría de esos riojazos (y tantos otros supervinos por toda España) de alto grado, supercolor, supercuerpo, etc., es que usualmente la estructura carece del tipo de elemento que hizo y hace maravilloso, digamos, a un Marqués de Riscal 1922, un Bosconia 1920, un Castillo de Ygay 1934, un Monte Real 52, o un Imperial 70--hay, a la vez que estructura tánica, saludable acidez. Todos los componentes están en proporciones correctas y el tiempo es el factor determinante en que se manifiesten en perfecto equilibrio.
Me parecería que, en los casos de muchos de los "modernos" más puntuados y loados, lo clave es que no están todos los elementos necesarios en las proporciones suficientes para la evolución favorable a lo largo, no de cinco o seis, sino de cincuenta o sesenta años (yo soy de los que han heredado vino excelente de difuntos familiares; ¿qué voy a hacerle? Además, me encanta comprar las herencias de otros, porque de que aparecen esas añadas viejas en buen estado, aparecen...); la naturaleza misma de esos productos es crucialmente disitnta, a nivel de estructura básica, de la de los grandes riojas tradicionales.
El tema es largo y complejísimo. No en balde llevo el tiempo que llevo hablando de él y cada día surgen posibilidades nuevas. Continuaremos en el futuro, espero...
Manuel Camblor
Pucho dijo
Estimado sr. Hidalgo:
He de decirle que es un auténtico placer poder leerle de manera continua en las páginas de la edición digital de nuestro periódico de La Rioja.
En cuanto a lo comentado en su Blog de esta semana le he de decir que no puedo estar más de acuerdo con ud. en que basta ya de concentradores a vacío (además los hay con o sin ruedas, para poder transportarlo de una bodega a otra) pudiendo usarlos biológicos (la viña). Pero ya se sabe, menos kg y más trabajo.
Sin embargo he de discrepar con los amigos que se animaban a responderle criticando el uso de barricas nuevas de roble. Yo no creo que se haya de usar un 100% de barricas nuevas, pero si creo que hay ciertos vinos que admiten elevado porcentaje de las mismas. Creo que se ha de interpretar viñedo y vendimia, obrando en consecuencia y siempre con la meta final que es la marca de vino que vamos a elaborar (igual no me importa como pueda envejecer, si sé que se va a beber en menos de un año y lo concebí para venderlo AHORA y no en III Lustros).
No creo en recetas magistrales, solo en vinos singulares. Un cordial saludo
Manuel Camblor dijo
Hola Pucho,
Quisiera aclarar algo, siendo uno de los dos amigos "que se animaron a responder". Mi posición no es de "todo o nada" con respecto al uso de roble nuevo. De hecho, me parece un error entrar en un juego de polaridades en cuanto a las metodologías de hacer vino. Se cierran demasiadas posibilidades de ese modo.
A lo que objeto y objetaré vigorosamente siempre es a la mentalidad de que la única opción para hacer vino de calidad es el roble neuvo al 100% (o hasta más). Bueno, y objeto también a una submentalidad de sta, que depende del roble nuevo como elemento para adicionar aromas y sabores al vino.
Combinar barricas neuvas con barricas usadas me parece algo bastante lógico en el caso de la mayor parte de los vinos que ameritan crianza oxidativa. Incluso, alguna vez se me ha oido hablar bien de vinos que ven 100% roble nuevo (algunos grandes borgoñas, por ejemplo)y ello no afecta su expresión de terruño. Pero para lograr una integración armónica del roble, lo primero es tener en cuenta la materia prima y sus posibilidades. Lamentablemente, hoy por hoy hay mucho productor que asume que sus vinos "aguantarán" palizas de ebanistería que, francamente, hay pocos vinos que las aguanten.
Pero nada, sólo dejar eso claro...
Manuel Camblor
murmuron dijo
Hola Pucho y demás amigos. Me sumo a la matización de Manuel Camblor sobre el roble nuevo. Perfectamente utilizable, y aconsejable en ocasiones, pero el problema son aquellos vinos en los que el roble está por encima del propio vino y que además se venden por su elaborador como vino de terroir. Simplemetne por matizar, aunque lo cierto es que creo que estamos todos de acuerdo en el tema
rocio dijo
entonces ese vino es un elemento natural
rocio dijo
son tarados
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