La Rioja

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Fecha: abril, 2010
Esto si que es “a-pollar”, a las asociaciones.
-Jesús María García García 29-04-2010 | 12:28 | 0

El concepto “apoyar a las asociaciones” es algo que aqui brilla por su ausencia en determinados supuestos. Si bien es cierto que todo depende de la inclinación ideológica de la asociación en cuestión.

Un buen ejemplo de eso – del desinterés por las asociaciones- es la existencia del único local municipal, supuestamente para ellas, situado en la calle Cervantes.

Durante mucho tiempo se habló de construir una “casa de las asociaciones”…había varios edificios candidatos a tal honor. Con posterioridad, los chicos de Pagola debieron de pensar, que ¿para qué un edificio entero?…mejor un cuchitril. Entonces habilitaron ese fantástico local para asociaciones – en el esquinazo de la estación de autobuses- , que fue usado casi para todo excepto para asociaciones. Lo usó hasta la Policía Nacional, para renovar los “DNI”. Y mayormente el Consejo de la Juventud, que se quedaron instalados allí de por vida.

Ese cuartito es la prueba irrefutable que da la medida exacta de lo que para Pagola importan las asociaciones de una ciudad, que cuenta con más de un centenar de ellas.

Cuando se abrió la tal hura, algunas asociaciones la solicitaban (una de las mías por poner un ejemplo), pero el horario disponible era más complicado que la agenda de Obama en el día de acción de gracias. Con lo que consiguieron que al final resultara tan asqueante concertar una cita para utilizarlo que cada cual se buscó la vida como pudo. Nosotros nos fuimos a un bar…¡qué coño!, en ningún sitio como en un bar…con camarero y bebida fría. Además se puede hasta fumar.

A buena parte de las asociaciones que pulsaron la posibilidad de que el Ayuntamiento les cediera un local municipal, una casa, una habitación de una casa…incluso un solar marginal para construir una casa (que ese fue el caso de mi asociación), los mandaron a tomar por el “jander”. No a todos, claro. A algunas incluso les dejaron casas palaciegas, recién restauradas con el dinero de todos y todas.

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Ahora nos hacen un “centríllo joven” en plan pegote. En una esquina del solar del Silo – lo que dejen libre las 200 viviendas previstas, el hotel, etc-. Un alarde más al urbanismo pueblerino y ocupacionista de esta ciudad.

Costará 2,2 millones –en principio, luego ya veremos -, de los que el gobierno de La Rioja paga solo la mitad….esto lo entiendo, hay que ganar las municipales en Arnedo. Allí les pagan el 80% de su nuevo centrillo. En Calahorra ya deben de estar ganadas.

En el “centrillo jovencillo” del solar del Silo, está prevista una espaciosa sala para asociaciones…¡de 11 metros cuadrados!. Casi como mi cuarto de baño. Será perfecto para dinamizar el asociacionismo…y fomentar la promiscuidad, asociativa…cultural y también sexual. Dicen que el roce hace el cariño y, en 11 metros cuadrados… será difícil no rozarse. Tendrán que poner un semáforo para entrar y salir sin atascos.

Y mientras las asociaciones se peleen por usar esos metrillos cuadradillos, la casa de los deanes, la del cochero, el antiguo instituto, -con la millones allí enterrados en su restauración- siguen después de 10 años muertas de risa… y vacías.

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Y el Mercedes en la bajera.
-Jesús María García García 26-04-2010 | 8:20 | 0

El sábado por la mañana -por casualidades de la natación-, me topé con una manifestación contra el bajo precio de la uva. En la calle Jorge Vigón de Logroño. Una “andro-manifestación”. Me chocó bastante que la inmensa mayoría de los asistentes eran varones.

En la cabecera de la manifa, -que estimaría en unas 2000 personas- un señor montaba a un borrico. Enarbolaba una pancarta en la cual se podía leer, que había tenido que volver a montar en burro…con el precio al que se pagaba ahora la uva.

No pude evitar en pensar dónde habría guardado el Mercedes…o el todoterreno último modelo.

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La crisis económica ha afectado a todos los sectores. Que esto sucediera de forma drástica en alguno de ellos – como el del vino- , era algo tan previsible como que cada mañana se hace de día.

Este sector del vino, hace 15 años era un segmento muy bien estructurado. Conformado por agricultores tradicionales, bodegueros tradicionales y con una comercialización organizada que a lo largo de muchísimos años se había hecho un hueco y una merecida reputación en España… y en el mundo.

¿Y como se vino todo esto a bajo? Muy sencillo. Los precios de la uva se dispararon. Se paso en un suspiro de cobrar 80 o 100 pesetas el kilo a 400. Empezaron a llegar los especuladores y los buscavidas al sector. La botella de crianza se compraba a 300 pesetas y la uva se vendía a 400…algo no cuadraba.

“Ganaeuros” sin escrúpulos comenzáron a plantar viña y más viña. Con papeles y sin ellos. Grandes bodegas hincaban 80 hectáreas de viña sin papeles….y te lo decían con toda su cara dura. Personajes ajenos a cualquier agricultura comenzaron a enterrar millones en dinero “de dudosa fiscalidad” comprando fincas y más fincas. Constructores de viviendas metidos a agricultores y bodegueros. Advenedizos y mercenarios sin ninguna cultura ni tradición vitivinícola, que han asfixiado a la gallina de los huevos de oro. Y mientras tanto, el precio de la uva, sostenido durante varios años muy por encima de la lógica.

Comenzaron a llegar a los concesionarios de coches paisanos que pagaban los “todoterreno” en metálico. Poblaciones que tradicionalmente habían contado con una sola bodega cooperativa, vieron como -cual hongos en otoño- aparecían decenas de bodegas.

En determinados pueblos se inició el concurso “ a ver quién se hace la casa más grande”. Algunas de las puertas talladas en madera que he visto en estos pueblos debieron costar más que mi coche. Eran años de bonanza artificial y de borrachera inversionista. Años en los cuales los asiduos al Don Mendo y Don Simón, solicitaban al camarero caldos de gran reserva de 1968. Y si entrabas a un bar y no pedías al menos “un crianza”, quedabas como un paleto.

Todo se disparó. El precio del vino…de los derechos de plantación…de la tierra.

Uno de los mayores perjudicados fue el medioambiente de La Rioja Baja. Miles de hectáreas de tradicionales cultivos de secano, cereales, olivares tradicionales, almendreras y zonas esteparias desaparecieron bajo la codicia del vino. Todos querían morder la tarta. Viña, y más viña. Viña por todas partes. Herbicidas, insecticidas, balsas, riegos por goteo…una orgía gastadora.

Al igual que le ha sucedido al ladrillo, la uva paga ahora su bacanal. Tal vez alguien pensó que la uva podría estar toda la vida a 400 pesetas el kilo….y que se podría llenar toda La Rioja de cepas…y su cuenta corriente de euros a cunachadas…que las grandes explotaciones producirían cientos de millones cada temporada….que cada año cambiarían de coche. Pero la realidad es otra.

Esperemos que toda esta vorágine que la codicia de muchos ha provocado no se haya cargado un sector y una reputación tan grande como la de nuestro vino…que para mi siempre ha sido un orgullo, como riojano y como enamorado del vino…del bueno.

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Se comentan solas.
-Jesús María García García 24-04-2010 | 11:15 | 0

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Un infarto simulado(*)
-Jesús María García García 22-04-2010 | 12:13 | 0

Un día de septiembre de 1989, decidí pasarme por la Vega del Añamaza, junto a Cabretón. Era por aquellos años un excelente lugar para la práctica ilegal de la caza de aves insectívoras con cepillos o costillas – como se les llama en La Rioja-. Pequeños artilugios de alambre con un muelle, en cuyo interior se ensarta una hormiga alada (aluda) a modo de cebo y se coloca armado en el suelo, sobre un pequeño hoyuelo escavado en la tierra…”el paradero”.

Entré temprano hacia una zona en la cual días antes había detectado varios paraderos viejos. Un conjunto de baldíos con higueras dispersas, zarzamoras, junqueras y espinos blancos diseminados. También algún nogal.

Para no levantar sospechas, aparqué mi vehículo oficial – un Land Rover Santana seis cilindros- junto a la valla de un convento cercano, y con mucho cuidado de no ser visto por nadie fui dando rodeos entre setos y linderos de fincas, hasta aproximarme a la zona que quería vigilar. Cuando me acercaba al lugar, en una huerta colindante un robusto agricultor – entrado en años- se dedicaba con vehemencia a la escarda de sus hortalizas. En un principio pensé pasar junto a él sin mayores precauciones, pero luego reflexioné y decidí bordearlo sin que me viera…con esa “gracia” especial que tenemos los forestales.

Lo superé por la derecha como si de un sigiloso fantasma verde se tratara y, aunque pasé a dos metros de su espalda…ni se enteró. Proseguí mi camino y a unos 200 metros alcancé la zona deseada. Recorrí uno a uno los viejos paraderos (que había localizado jornadas atrás) pero todos estaban vacíos. De pronto un sonido seco, seguido aleteo desesperado, llamó mi atención hacia las ramas bajeras de un nogal, a diez metros escasos de mis narices. Me acerqué y para mi sorpresa algún paisano había colocado cepillos en las ramas de aquel árbol y un pequeño petirrojo yacía sin vida aprisionado junto al tronco. Seguidamente inspeccioné los árboles colindantes y comprobé que también tenían colocadas las trampas.

Como ya tenía la prueba (el petirrojo todavía caliente), disparé las otras trampas de las inmediaciones y me agazapé entre una maraña de cañas y juncos, a escasos 15 metros del pobre pajarillo. Eran las 9 de la mañana.

El tiempo fue transcurriendo lentamente y por allí no aparecía nadie. A eso de las 11, la moral empezó a flaquear. Comenzaron las típicas preguntas existenciales y las dudas: ¿me habrá visto llegar el responsable de esto? ¿serían algunos cepillos que alguien olvidó?…¡Seguro que no viene nadie!. Decidí darme dos o tres horas más de tiempo y esperar con paciencia.

De vez en cuando me levantaba un poco a estirar las piernas, que tras cuatro horas estaban entumecidas. En una de estas ocasiones – a las 13horas- observé a unos 200 metros al agricultor que al comienzo de la mañana había esquivado. Estaba fuera de su parcela y se dirigía hacia mi posición con un cubo de plástico en la mano.

Me agazapé precipitadamente en mi escondite y esperé acontecimientos. A los 5 minutos apareció en mi campo visual. Como buen cazador – de infractores- la adrenalina fluyó por todo mi cuerpo ante la tensión. Igual que el león que espera entre la hierba a que la gacela se coloque en el punto exacto.

El paisano se acercó a un espino, recogió una de las trampas que yo había desactivado y la introdujo en el pozal. Siguió caminando hasta llegar al nogal. Se agachó y recogió el cepillo con el petirrojo muerto. Los separó y nuevamente al pozal. En ese momento abandoné mi escondite y me abalancé sobre él. El hombre al verme se quedó petrificado. Su tez morena perdió el color y con buscado cuidado se dejó caer sobre la hierba jadeando. Una vez en el suelo comenzó una letanía de referencias hacia su esposa… ¡Me mata!…¡Cuando se entere mi mujer me mata!…¡Si ya me lo decía, que un día te van a coger!. Yo procuraba tranquilizarlo como podía. Le decía que no era tan grave y que me diera su documentación. Como el señor no paraba de aludir a su esposa -y no me daba los datos- le hable con un poco más de autoridad (toda de la que es capaz un forestal de 20 años) y le conminé a que dejara de lamentarse y me facilitara de una vez su documentación. Momento que aprovechó para comenzar a quejarse del corazón. Se tumbó todo lo largo –y ancho – que era en el suelo y me suplicó que le alcanzara unas pastillas que tomaba para el corazón, que las tenía en una bandolera sobre la moto…aparcada allí donde me señalaba con el dedo. Cogí el pozal con las pruebas (25 cepillos y 6 pajarillos) y me encaminé hacia el lugar donde presuntamente tenía aparcada la moto.

No había llegado todavía al lugar señalado –junto a unos almendros- cuando escuché una motocicleta que arrancaba. Me giré y entre la vegetación vi pasar un bulto blanco…motorizado. Empecé a correr hacia el camino saltando cultivos y ribazos en la intención de atajarlo a su paso. El camino estaba lleno de charcos, que tuvo que salvar en su huida a lomos de aquella “mobilette campera”.

Llegamos al mismo tiempo los dos al camino y me planté frente a él con la mano abierta y el brazo levantado. ¡¡Alto!!…grité, pero el hombre no estaba muy dispuesto a parar y esquivándome a mí y a un gran charco me sobrepasó. En ese momento – superado por el furtivo- grité con todas mis fuerzas…¡Altooooooooooo!. El hombre paró en seco la motocicleta y se quedó inmóvil a 15 metros de mí, sin volver siquiera la cabeza. Me fui para él y le ordené parar la moto. Le eché una reprimenda y me facilitó por fin los datos.

Marchó para casa y allí me quedé yo…todo sudado, con los cepillos, los pajarillos…un temblequeo en las piernas y….sus datos en mi libreta.

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(*) Libro de relatos “Anécdotas de Forestales”. Publicado 2009.

http://www.guardabosques.net/epages/ea1660.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/ea1660/Products/ANECD1

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Zapatero, “con la ayuda de un volcán” colapsa la economía riojana.
-Jesús María García García 19-04-2010 | 9:21 | 0

Ayer domingo, la ecuánime cadena Rope Popular, avanzaba la noticia. José Luis Rodríguez Zapatero, -el omnipotente- estaba detrás de la erupción del “ertxgfwcqhefvcwhvj”, también conocido como el “impronunciable volcán islandés”.

Según ha averiguado la imparcial cadena, fue Zapatero quién contactó con un presunto vasco, (llevaba txapela) el cual introdujo un bote de bicarbonato, con dos cazuelas de bacalao al pil pil y dos alegrías de mi suegro, en el cráter del “ impronunciable”, produciendo una explosión de lava y ácido gástrico.

El motivo -al parecer-, desviar la atención de los españoles de la crisis económica al tiempo que colapsar la economía riojana. Ambos objetivos se han conseguido con creces.

La cadena Rope, anunciaba así mismo que la nube de cenizas que asola Europa, (fruto de la reación del bicarbonato con las guindillas) ha conseguido paralizar el tránsito aéreo del aeropuerto internacional de Agoncillo. Este indispensable centro neurálgico generador de riqueza y puerta de entrada y salida para nuestra región… está ocluido. Los cierres intermitentes a los que se ha visto sometido -este fundamental puerto aéreo-, afectando a la totalidad de los vuelos (uno al día), ha conseguido colapsar la economía de toda la Comunidad.

La Rioja ve peligrar el movimiento de personas y mercancías, lo que puede ser desastroso en la exportación de espárragos y la manufactura de paneles de cañizo, para la industria de chamizo. Otro de los sectores a los que el cierre del aeropuerto puede suponer la puntilla es al vitivinícola. 480.000 kilos de uva esperan un destino en los hangares…y ya están oliendo a podrido.

El presidente de la Comunidad ha mostrado su impotencia y ve con tristeza como esa monumental inversión aeroportuaria no sirve ya para nada.…igualito que antes de la erupción.

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