La Rioja

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El buen político
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-Jesús María García García | 07-02-2013 | 18:45

Ahora que la mierda salpica con especial vigor su casa, (la del Partido Popular) se muestran demasiado comprensivos con la “clase política” en genérico. Ahora los pajaritos generalizan.
Incluso son capaces de asimilar – en su discurso político- el cáncer de la corrupción como algo compartido entre los suyos y los “no suyos”. Cosa de todos.
Nunca antes se habían querido mezclar con el resto de los mortales; Dios a un lado y el resto al otro.
Del “y tú más”, pasan en cuestión de segundos al “todos nosotros”, para regresar otra vez al “mal de muchos consuelo de tontos”. Se les acaban los argumentos ante la descomposición moral. Pero la corrupción no es cosa de todos, tan solo cosa de los corruptos.
No hay paraguas para tapar tanto escándalo en este país, ni tragaderas suficientes para aguantar a tanto hipócrita embustero.
Vivimos momentos de gran perversión, en los que a quienes protestan se les amenaza con la cárcel y aquellos que estafan y abusan de su situación, cacarean en los parlamentos como gallos empalmados buscando huevos que reventar.
Fiscales que piden 21 años para los que lanzan pintura contra la policía al mismo tiempo que tapan, callan, -esconden y miran para otra parte- cuando los que delinquen son los amos.
Se hace una cosa y se defiende o exige la contraria. Es este el momento perfecto para la serena reflexión que ha de preceder a la revolución.
Un sistema corrompido que no purga a sus corruptos, es un sistema podrido y, ha de ser extirpado. Si una formación política vive amordazada sin poder lastrar la basura corrompida, la sociedad se los llevará por delante.
El buen político no es aquel que hace responsables a otros de sus errores, ni el que nunca paga sus deudas, ni mucho menos el que se esconde o escuda en su poder para violentar las leyes que él mismo ha confeccionado y aprobado. No es un buen político el cacique que amedrenta y subvenciona a los medios de comunicación con el dinero público. Ni mucho menos el que en vez de asumir sus responsabilidades vuelve la jeta buscando al enemigo político, para acabar confundiendo la lucha partidista con la honradez y, terminar pensando que porque tu vecino sea – o pueda haber sido un sinvergüenza- eso ya te da derecho a serlo tú por partida doble.
No se puede decir que “el que la hace la paga” y que después de todo lo hecho, aquí ni Cristo pague nada.
Es de tal tamaño la hipocresía y la desvergüenza que gobierna España, que de no adoptarse medidas contundentes de purga política (de apartar de la vida pública a todo aquel que con lo público ni sea honrado ni lo parezca), la cosa va a terminar de muy mala manera, porque hay personas que acabarán por pensar que todo es igual, que nada puede solucionarse, que la ética no existe, que todo da lo mismo y… No habrá paraguas para tapar a tanto sinvergüenza.