Desde el edificio en llamas

Once y dos de la mañana, subo hacia clase tras el descanso de 15 minutos. No me apetecía salir a la entrada del edificio, llueve y hace frío, pero muchos días salgo a la calle con una de mis compañeras. Llevaba ya varias horas en el edificio Central de la universidad. Justo hoy tenía Historia del Arte en el aula 33.

Comienza la clase, las ventanas están cerradas y las cortinas echadas para poder ver mejor las diapositivas de las catedrales góticas.

De repente se oye un estruendo largo y doloroso en ambos de mis oídos. No es un impacto rápido, es pausado, con letania. Nos quedamos todos inmóviles durante varios segundos. Caras de susto e inmovilidad.

Algunos se lanzan a abrir las cortinas, el humo ha inundado cada rincón del edificio, hay fuego al otro lado del aula. Fuera, por el cielo vuelan pedazos de ventanas y partes de algo indefinible.
Salta el caos, cogemos algo y salimos corriendo.
Poco recuerdo del descenso de escaleras, gente gritando, algunos lloran y otro, como yo permanecemos animicamente estáticos, con un ahogo en la garganta, causa del humo y del miedo.

En la parte baja del edificio, veo varios heridos con sangre en la frente, les habían caído pedazos de cristal. Otros se tapan los oídos con cara de dolor.

Salimos del edifcio que arde en un lateral. Inmóvil, bajo la lluvía, marcó un número de teléfono. Las lágrimas me salen sin quererlo al oir la voz de una de mis compañeras que estaba bien, algo más lejos, en la facultad de Comunicación. Ella estaba preocupada, sabía que yo tenía clase en el lugar de suceso.

Al salir sólo humo, llamas y gente corriendo, no sabía qué había sucedido hasta que mi amiga me lo dijo por telefono:
-Han puesto un coche bomba en el Central.

Sin saber a dónde ir, mi cuerpo se paraliza, vuelvo a llamar. Las líneas colapsadas. Me llegan sms de mis padres, tíos y amigos. No puedo comunicarme con ellos, llueve y no sé ni dónde ir.
De repente, una avalancha de gente corre despavorida, la Policía nos indica que nos alejemos, aviso de otra bomba justo allí.

Corremos hasta alcanzar dos de mis compañeras de clase que estaban lejos, lejos de aquella humareda que parecía tragarse a la gente con miedo.
-Isa, vámonos de aquí , ven te acompañamos un poco hasta casa.

Al llegar varios compañeros están en el salón de mi casa, viendo las noticias, llamando a los medios, estamos juntos, estamos bien.

Aún me paro a pensar si hoy hubiese decido salir del edificio en el intermedio a escasos segundos de lo ocurrido, sentarme en las escaleras y mirar los coches, en realidad si fijarme demasiado ellos, cómo podíamos imaginar que uno de esos coches tenía explosivos, que hoy nos tocaba a nosotros..

Y sin querelo mi cabeza repite las imágenes del fuego, las caras de pánico, las lágrimas de los heridos y esa sensación de ahogo permanece en mi garganta, y seguirá estado ahí durante mucho tiempo..

Cerca, muy cerca, rozando..

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La Rioja

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