Sin garra

Paradójico. Es el superhéroe con las zarpas más afiladas, pero eso es precisamente lo que le falta a su película: garra. Hugh Jackman vuelve a ponerse el disfraz de Lobezno para enfrentarse a sus orígenes y descubrir los misterios de su pasado. Al paladín lo conocimos en X-Men y en la trilogía nos dimos cuenta de que algo fallaba en su memoria, le faltaban los recuerdos. En ésta precuela descubrimos el por qué, aunque sinceramente la disculpa es de lo más peregrina. Los diálogos son muy flojitos y la historia, descafeinada. Hombre, para los seguidores de las películas, aquellos que jamás conocieron los entresijos del cómic, la cinta puede valer. Pero para los lectores del tebeo, que llevan décadas esperando conocer el pasado del héroe más salvaje de la Marvel, la solución es ‘mu tonta’.


A la película, repleta de acción y efectos especiales espectaculares, le falla el guión. Da la sensación de que la historia era más larga y han metido tajos a mansalva para acortarla. Aparecen y desaparecen compañeros de fatigas sin apenas explicaciones. El villano acaba destapando su corazoncito y echa por tierra todo el carácter animal que le precedía. Y a Lobezno, a veces te lo crees y a veces, no. La pelea del superhéroe contra la Mole es de chiste, me recordó a las últimas de Rocky. Y esa visión romántica del héroe que en los cómic funciona, aquí falla estrepitosamente. ¡Ojo! que la peli está bien, pasable, diría yo, pero con lo que han madurado los superhéroes cinematográficos y el listón tan alto que dejó Batman, el caballero oscuro, un filme así se queda corto, muy corto, y sin garra.

La extraña pareja

Lo primero que has de hacer si vas a ver ‘Rudo y Cursi’ es adaptarte a su idioma. Sí, es castellano, pero dicho a su manera, con una jerga diferente que hace que puedas perderte fácilmente. Si te dejas llevar, al final acabas comprendiendo. Gael García Bernal y Diego Luna tienen química y se nota. Son amigos desde pequeños y cuando les pones frente a frente, el cóctel estalla. La cinta habla de fútbol, pero se ve poco fútbol. La mayoría de las jugadas nos las cuentan o las tenemos que imaginar viendo las caras de los espectadores del partido. Una historia simpática y dramática al mismo tiempo, una especie de ‘La ciudad no es para mi’, versión mexicana.


Rudo y Cursi son dos hermanos recogeplátanos que buscan metas distintas. Uno es delantero y el otro portero. Uno quiere ser cantante y el otro, futbolista. Los dos acaban triunfando y la fama les devora. Son dos catetos, no hay que olvidarlo, aunque ellos lo hacen y así les va. Pero si algo hay que destacar de la película es el papel del narrador, un ojeador que los ficha y se encarga de contarnos la historia. Sus reflexiones son exquisitas. Compara la vida con el fútbol con arte sublime. Es el representante y una especie de dios que está por encima del bien y del mal. En definitiva, ‘Rudo y Cursi’ es un duelo fraticida agradable a la vista. No es ‘Y tu mamá también’, por mucho que busquen comparaciones, pero uno disfruta viendo las andanzas de Gael y Diego. Por cierto, sonrían al escuchar la canción que destroza el primero, no queda otra.

¡Más gomina!

La ausencia de imaginación y las ganas de taquilla provocan secuelas impensables. Oliver Stone, cuando derrochaba talento y pasaba de biografías políticas un tanto amarillistas, realizó un filme magistral: ‘Wall Street’. La peli le valió un Oscar a su protagonista, Michael Douglas, engominado hasta el infinito y más allá en el rol de Gordon Gekko. Bien, pues el personaje regresará a la gran pantalla, esta vez con nuevo pupilo. La 20th Century Fox producirá ‘Wall Street 2′ y ha contratado a Stone para que vuelva a ponerse al mando. Está confirmada la presencia de Michael Douglas, y la compañía negocia con Shia Labeouf (el hijo de Indiana Jones, para que nos entendamos) que interpretaría a un joven corredor de bolsa. Cuando en 1987 se estrenó ‘Wall Street’ nadie imaginó que la historia pudiese continuar 22 años después. Todas, absolutamente todas las películas pueden tener una continuación. Hay algunas que las necesitan, pero la mayoría no. Y me da a mí que ‘Wall Street’ es una de estas últimas. Pero habrá que esperar a ver qué hace Oliver, no sea que de el campanazo y pase como con ‘El padrino’. ¡Uhm, me cuesta creerlo!

Mejor sin Madonna

Con estética de cómic, recuerdos a Tarantino y un diseño más que atractivo, Guy Ritchie ha plasmado en imágenes una historia brillante, con ritmo trepidante y grandes dosis de cinismo. ‘Rocknrolla’ es un buen regalo para el espectador. Acaba de salir en dvd y quienes dejaron pasar su estreno en cine tienen una oportunidad de oro para pasar un buen rato ante el televisor. Millones de dólares en juego y toda la delincuencia londinense en pos de un pedazo del pastel. Gansters desagradables, rufianes que caen simpáticos, perdedores sin rumbo fijo, una atractiva mujer fatal, un rockero enganchado a todas las drogas al mismo tiempo que finge su muerte para vender más discos… El elenco es variopinto y genial. Ritchie tiene los ingredientes para realizar un cóctel sabroso y remata la faena con gracia y un montaje vanguardista, pero sin pasarse de moderno y destilando comicidad (los gags homófobos son geniales).


Uno ve ‘Rocknrolla’ y hasta es capaz de perdonar a su director fiascos garrafales como ‘Barridos por la marea’ (Madonna era una mala influencia, Guy). Una vez separado de la diva del pop, Ritchie vuelve a sus raíces recuperando el espíritu de cintas como ‘Lock & Stock’ o ‘Snatch, cerdos y diamantes’. La delincuencia barriobajera mezclada con la mafia de alta alcurnia provoca un combinado explosivo en manos de un realizador que sabe manejar muy bien a sus personajes. El Londres suburbial es protagonista de un filme entretenido y muy digno. Un puzzle de personajes dispares que se entremezclan creando una cierta confusión en los primeros minutos, pero que luego encajan perfectamente al llegar al final de la trama. Si puedes, no te la pierdas. ¡Ah! y para los nostálgicos, atención al rol del gitano, personaje que ya interpretara Brad Pitt hace ya casi una década.

Para los hipotecados

James Bond luchó contra los comunistas, y cuando los rusos dejaron de ser enemigos, surgieron contrabandistas, narcotraficantes y locos que querían dominar el mundo. En la actualidad, los agentes secretos tienen enemigos mucho más peligrosos. Rufianes que dejan a la altura del barro a villanos con pistolas de oro: los bancos. No es 007 el que se afana por desenmascarar a una entidad bancaria superpoderosa, es un sosias del británico interpretado por Clive Owen (que, por cierto, estuvo a punto de ser Bond). Pero por la acción que desparrama la película, poco tiene que envidiar al agente secreto más selecto de Su Majestad. ¡Hasta se cargan el Guggenheim neoyorquino!


En ‘The international’ demuestran que las peores conspiraciones son las que mueven el dinero. Nada de politiqueos ni aspiraciones al poder, el vil metal es lo más peligroso que existe. En este caso es el Banco Internacional de Negocios y Créditos (IBBC) el que está sucio. Paradójicamente, toma el nombre del extinto Banco de Crédito y Comercio Internacional, que fue acusado de lo mismo: blanqueo de dinero, tráfico de armas y financiación de guerrilas con el propósito de controlar los gobiernos de países tercermundistas. Más curioso aún es que su director, Tom Tykwer, asegure que la producción de la cinta comenzó mucho antes del turbio momento actual. ¡Son visionarios!, apuntará alguno. El caso es que la peli está muy bien. Tiene un ritmo trepidante, las interpretaciones son dignas y la acción no decae en ningún momento. Y respecto a la solución al problema… pues déjate de utopías, seguiremos pagando hipotecas toda la vida. Ni el mismísimo 007 es capaz de solventar eso.

Un regalo japonés

Si Disney hubiese nacido en Japón, se habría llamado Hayao Miyazaki. Pero es injusto calificar al creador de ‘La princesa Mononoke’ o ‘El viaje de Chihiro’ como un simple heredero del papá de Mickey Mouse. Miyazaki es más que eso. Desde que empezó en el dibujo animado, allá por los setenta, animando a Heidi o Marco (iconos de nuestra infancia), el autor nipón ha demostrado que posee una identidad propia y una originalidad fuera de serie. El genio oriental nos presenta ahora su última obra ‘Ponyo en el acantilado’, la historia de una niña pez enamorada. Otro cuento fabuloso repleto de fantasía y conceptos novedosos. Si lloraste viendo cómo separaban a Heidi del abuelo, si coreaste aquello de ‘¡Queremos que Marco encuentre a su mamá, si no el lunes, huelga general!’, mereces ver que el mago de aquellos dibujos también ha crecido y sus historias ya no son las de antes, aunque conservan toda su magia. Vete a ver ‘Ponyo en el acantilado’. Si te da vergüenza ir solo, hazte con un sobrino o similar. El chaval disfrutará, seguro, pero tú aún más.

Superheroes

Llevan pijamas ajustados, caloncillos por encima de los pantalones y capas majestuosas que, me imagino yo, no tienen que resultar muy cómodas a la hora de entablar una pelea cuerpo a cuerpo. Así son los tipos con superpoderes que conquistaron el cómic hace ya décadas y pujan ahora por hacerse un hueco en el séptimo arte. Lo curioso es que ahora quieren humanizarse. Ya no tienen vigencia el superhombre todopoderoso que vive apartado de la humanidad. Ahora venden los mutantes acosados por el racismo, los héroes acuaciados por problemas cotidianos (Spiderman se las ve y se las desea para pagar su hipoteca, casi prefiere un combate a muerte con el Duende Verde).


Superman ya no vende. Tuvieron que matarlo para resucitarlo. Demostrar que no era invencible. ¿Qué sentido tiene seguir las historias de un tipo que sabes que nunca va a perder? Su colega de editorial, Batman, tiene más tirón porque es un paladín oscuro, sus acciones rozan la ilegalidad y el público aplaude su filosofía. Ya lo hizo con Harry, el sucio. Y el hombre murciélago es como Clint Eastwood con máscara. Se llevan los perdedores. Hulk es un hombre atormentado, perseguido por la Justicia. A Spiderman lo ponen a caldo en los periódicos. Él se enfrenta a los malos y los medios lo critican por hacerlo con la capucha puesta. En los cómics tuvieron que desenmascararlo para ponerlo al día (duró poco la hazaña, ya se encargaron los guionistas de idear una patraña para devolverle su identidad secreta).


Los héroes Marvel (Spidey y compañía) se han visto envueltos recientemente en una guerra civil. Luchaban entre ellos para regocijo de sus adversarios. Y todo por acatar la constitución. Curiosa metáfora. Del enfrentamiento fraternal quedó un epílogo luctuoso: la muerte del Capitán América, todo un icono de los tebeos de superheroes. Ya está en marcha una película sobre el adalid patrio norteamericano, así que seguro que Marvel lo resucita pronto para aprovecharse del tirón. En un futuro próximo, y en lo que a cine se refiere, Marvel planea estrenar Iron Man2, Capitán América, Hulk 2 y Thor. Y lo siguiente es juntarlos a todos en una misma película: Los vengadores. DC ya piensa en paralelo. Planea una nueva versión de Superman, más oscura, ¡cómo no! Una nueva entrega de Batman. Flash, Linterna Verde, Wonder Woman y, lo mismo que su editorial rival, un largo con todos juntos: La Liga de la Justicia. Por lo que se ve, tenemos capas y pijamas para rato.

Monstruos que se salen

Cinéfilos contra piratas. Hay que pertrecharse e inventar reglas nuevas que no puedan bajarse de internet. Así lo deben haber visto en Hollywood cuando, tras muchos años ignorando el cine en tres dimensiones (horrorosas aquellas gafas de cartón con lentes de colores), vuelven a la carga con fuerza. Te pueden copiar la peli, pero no las sensaciones. Dreamworks, la compañía de Steven Spielberg, acaba de lanzar en España ‘Monstruos contra alienígenas’, un filme de animación pensado para verlo en salas especialmente equipadas. La vi el otro día en un Imax de Bilbao y, ciertamente, el resultado es espectacular. Pero ni todas las ciudades tienen espacios preparados, ni todos acabarán viéndola con gafotas que te integran en ella. ¿Qué pasa con los que se acercan a cines convencionales? Pues que se encuentran con un producto muy normalito al que parece que le falta algo. Es como comerte una alubiada sin sacramentos.


Pero no hay avance tecnológico que aguante historias sin talento y la nueva apuesta de la factoría de Spielberg poco ofrece de novedad. Homenajes a las pelis de serie B de los años 50, animación correcta y un guión pasable destinado fundamentalmente a contentar al público infantil. Para los mayores, varios guiños cinéfilos. Evidente el dedicado a ‘El ataque de la mujer de 50 pies’; claros, el del presidente de los EE UU tocando las notas musicales de ‘Encuentros en la tercera fase o el de ‘Godzilla’, en la batalla en el Golden Gate; y más sutil el que homenajea a la maravillosa ‘Teléfono rojo: volamos hacia Moscú’. La diferencia entre una producción de Dreamworks y una de Pixar es que estos últimos han sabido darle una vuelta de tuerca al género. Mientras los primeros evitan la sorpresa animando marcianos, monstruos o animales; los segundos dan vida a cualquier cosa inerte: coches, muñecos, aspiradoras, lámparas… En cualquier caso, ‘Monstruos contra alienígenas’ no es una mala película, pero le falta imaginación y poder de convicción. Lo dicho, como una alubiada sin sacramentos.

El genio del ingenio

Con su bigote pintado…

Humor hasta el final. “Que le den el diez por ciento de mis cenizas a mi representante”, dejó escrito Groucho ante su deceso. Era un genio, perspicaz y extremadamente divertido. Solucionaba con humor cualquier problema. Ahí van algunas de sus sentencias míticas:

“Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro, quizá esté muy oscuro para leer”.

“Detrás de un gran hombre hay una gran mujer, detrás de ella está su esposa.”

“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.”

“No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”

“No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.”

“Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.”

“Pienso que todo el mundo debería creer en algo. Yo creo que voy a seguir bebiendo.”

“¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”

…con su bigote real

“No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos”, confesó el artista. Debutó como cantante, pero le pudo el humor. Su padre, según contaba el propio Groucho, era el peor sastre del mundo, y su madre decidió que sus hijos deberían ser actores, puesto que si un actor ganaba seis dólares, ¡cuatro actores ganarían veinticuatro! Lógica aplastante. Se ve que el talento del cómico venía de familia. Esa ausencia de riqueza que sufrió de niño le marcó de por vida. Era avaro por naturaleza. Pero hasta para eso era guasón: “Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!”. Triunfó junto a sus hermanos y volvió a hacerlo en solitario. Trabajó el cine y fue un pionero de la televisión. Tenía andares de ganso, lengua afilada, bigote postizo y filosofía ‘marxista’. Desprendía libertad y proclamaba alegría. Groucho era Groucho… y dos huevos duros. Que por qué escribo hoy de Groucho… porque provocar sonrisas es de santos y conozco a pocos santos con bigote.

Listas y listillas

Hay que buscarse la vida. Que no tienes tiempo para el sexo (cosa mala), pues te apuntas a un juego subidito de tono en el que todos practican el amor carnal despojándose de la ropa y, al tiempo, de los sentimientos. Así comienza ‘La lista’, el thriller erótico protagonizado por Hugh Jackman y Ewan McGregor. Todo apunta al morbo. Esperas escenas calientes, de alto voltaje, pero sólo hay un par de ellas, aquí prima el suspense. Lo malo de esta peli es lo previsible que resulta, sobre todo al final. Da la sensación de que estás viendo algo que ya se ha hecho anteriormente. Entretiene, no cabe duda, pero nada más. Jackman resuelve con eficacia su rol de malo malísimo. “Es increíble cómo al principio seduce y al final da asco”, comentaba una espectadora a la salida del cine. Y Ewan McGregor, cumple también. Y Michelle Williams (que tiene el morbo de ser la madre del hijo de Heath Ledger), pues digamos que es una señora de muy buen ver. Lo peor del filme es que han recogido esa filosofía que nos vendieron los cómics de Superman, en los que el héroe, sólo con ponerse gafas pasaba desapercibido. En ‘La lista’ han abusado del mito Clark Kent. Y hasta aquí puedo leer. ¡Ah! Los últimos minutos de la peli están rodados en el centro de Madrid.

La Rioja

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