La Rioja
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Autor: gamarra
Ribafrecha: ¿Dónde está el alcalde?
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gamarra | 18-04-2012 | 8:25| 0

Bonifacio Montalbo García, alcalde de Ribafrecha, tenía 51 años cuando desapareció el 21 de enero de 1910 y no ha vuelto a saberse de él.  Se sabe que lo último que hizo fue ir a su corral, de madrugada, a echar de comer a las gallinas.

Bonifacio Montalbo García, alcalde de Ribafrecha, , quería mucho a sus gallinas, le gustaba su comportamiento madrugador, le gustaban sus andares soberbios, su dieta variada de grano y lombriz, y le gustaban sus huevos, sobre todo fritos. Por eso, si madrugó para echarlas de comer y en el corral le madrugaron sus asesinos, sólo sus cándidas gallinas lo vieron, pero las gallinas no supieron dar razón al juez instructor que, de otro lado, tampoco les pidió su opinión.

Bonifacio se fue sin decir adiós ni dar explicaciones, porque a Bonifacio le separaron el alma del cuerpo con violencia, aunque del cuerpo nunca más se supo.

La noticia publicada en diario La Rioja, el 22 de enero 1910 afirmaba: “Desde las siete de la mañana de ayer falta el alcalde del pueblo de Ribafrecha, sin haber dado aviso a nadie y sin que se sepa su paradero; cosa extraña, pues siempre avisa donde va; además ayer dejó las llaves del corral puestas”. Nunca más volvió a su casa.

“A medida que pasa el tiempo aumenta el interés que ha despertado la trágica desaparición del alcalde de Ribafrecha, don Bonifacio Montalbo.”

“Ya se tiene por cosa indudable que el desgraciado señor ha muerto. La familia viste luto por él, se busca con ahínco el cadáver, pero de momento  no se halla por sitio ninguno”

“Se cree que ha sido asesinado, en el pueblo es la opinión general y las autoridades proceden como si fuese un hecho cierto. No faltan motivos para creerlo así.”

“Se comenta por muchos vecinos que la política seguramente ha armado el brazo asesinos…”

El corresponsal de diario La Rioja, afirma con angelical ingenuidad:

(23 de enero de 1910). “Pronto quedará aclarado todo, pues el juzgado con el ministerio fiscal, la Guardia Civil y gran parte del vecindario de Ribafrecha trabajan con actividad y acierto y poco a poco se van descubriendo horizontes por los cuales es probable que aparezca pronto la luz.” Pero los horizontes descubiertos se ensombrecieron y en contra de lo que pensaba el cronista, 102 años después de su desaparición el alcalde es el cuerpo mejor desaparecido de La Rioja.

Aún se pregunta a los vecinos: ” Ribafrecha ¿Dónde está el alcalde?”

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Programa de radio
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gamarra | 15-03-2012 | 7:12| 0

Hola de nuevo, ya podéis escuchar el programa de radio del pasado lunes en Protagonistas La Rioja de ABC Punto Radio. A partir del minuto 70. La Mala Vida hecha sonido.

 

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“Malamadre”
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gamarra | 14-03-2012 | 8:05| 0

Diario La Rioja, 10/04/2007


Un día de mayo del 2003 la víctima llegó del colegio a su casa y su madre se negó a abrirle la puerta.La chica acudió al cuartel de la Guardia Civil, donde condujeron a la menor a una casa de acogida.La madre fue acusada de un delito de abandono de menor por el que la Fiscalía pidió dos años de cárcel. El juicio debía celebrarse ayer. La chica retomó hace unos meses la relación con su madre, a la que ha perdonado. Las partes llegaron ayer a un acuerdo para no celebrar la vista oral y dejar la pena en diez fines de semana de arresto.

La víctima, una joven de 18 años, esperaba en los pasillos del Palacio de Justicia de La Rioja el inicio del juicio. La vista oral había sido señalada para las doce del mediodía de en el Juzgado de lo Penal número 2. La joven, cuatro años atrás, cuando todavía era poco más que una niña, fue abandonada por su madre, que un día le cerró la puerta de casa y le dijo que fuera a buscarse la vida a otro sitio.
La madre, acusada por el Ministerio Fiscal de un delito de abandono de menor, llegó puntual a la cita en los juzgados. Al acercarse a la puerta de la sala de vistas, su hija le estaba esperando. La chica se acercó a la acusada y le dio un cálido beso en la mejilla, adelantando con este gesto el posterior acuerdo entre abogados por el que la imputada se librará de la condena a dos años de cárcel a los que se enfrentaba.

«Yo le perdono. Por mí está todo olvidado», decía la chica. Acto seguido, accedía a contar su historia a este periódico.
En mayo del 2003, la víctima vivía en su domicilio de Villamediana de Iregua junto a sus hermanos, a su madre y a la nueva pareja sentimental de ésta. Hacía ya un tiempo que la madre venía diciendo a su hija que se buscase otro sitio para vivir porque no la quería en casa. Un día la amenaza se materializó. «Yo llegué del colegio y ella no me quiso abrir la puerta», recuerda la chica. «Me echó de casa y no me dio explicaciones».
«Fui al cuartel de la Guardia Civil y ellos llamaron a mi madre, que por lo visto volvió a insistir en que no me iba a dejar entrar más en casa. Entonces los guardias me cogieron y me llevaron a un centro de acogida de menores».
La adolescente asegura que entre madre e hija la relación nunca había sido mala ni tenía, en realidad, nada de particular. «De vez en cuando había alguna discusión, pero por tonterías, como las que hay en todas las casas: alguna bronca por no querer hacer algo, o por llegar tarde…».

 

Una nueva vida
El caso es que, sin llegar nunca a saber muy bien porqué, la chica tuvo que aprender a vivir una nueva vida en una casa de acogida de menores dependiente de los Servicios Sociales de la Comunidad Autónoma. Allí no desaprovechó el tiempo e incluso asegura que fueron «cuatro años felices».
Hace unos meses, la joven contactó con su madre y le dejó claro que estaba dispuesta a perdonar y retomar la relación. «No le pedí ninguna explicación porque creo que hubiera sido algo doloroso tanto para ella como para mí». En la actualidad la chica vive en un piso junto a dos amigas pero ve a su madre regularmente. «Nuestra relación ahora es normal», insiste. «A veces quedamos para comer los fines de semana».
«Supongo que cuando mi madre hizo aquello estaría pasando una mala racha, una mala época, de esas en las que se le juntan a uno muchas cosas y no aguanta más. Ahora nos llevamos bien y me gustaría que todo siguiera así, sin revolver el pasado».

 

 

 

 

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Ejecución y muerte del “Satanás”
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gamarra | 05-03-2012 | 6:53| 0

Cuando José entró en la sala donde se le iba a hacer justicia, un poste grueso advertía al reo del cómo, y junto al poste, los hierros del garrote vil. El verdugo, con la frialdad de un profesional curtido, dijo a los carceleros: “Siéntenlo ahí y que no se mueva”.

El cura, erguido cerca del patíbulo, escenificaba lo enseguidita que el reo iba a irse al cielo, con la absolución primero.

La entrada de José en la sala fue con la cabeza gacha, de pronto alzó los ojos, miró a los presentes detenidamente y preguntó: “¿Es que Franco no me ha indultado todavía, es que me van a matar?”

Estábamos todos frente al poste, confirmando sus peores sospechas. José nunca supuso que iba a pagar con la vida por lo que hizo.

Finalmente el reo fue sentado muy formalito, las manos atadas a la espalda, los ojos vendados y el verdugo le aplicó a la garganta el collar de hierro.

Tras del poste, el ajusticiador sostenía la herramienta y esperaba una señal para ejecutar violentamente al reo: “Rápido, un trabajo limpio y breve”, había proclamado muy ufano el sayón y también dijo a Barriobero: “Si te mueves te haré más daño, es mejor que te estés quieto, no sentirás nada: Con esto soy muy rápido”. La ejecución dio comienzo y yo apreté los párpados, José no se movió ni se removió ni se agitó, pero el artilugio de matar hizo un crujido rarísimo, y cuando abrí los ojos ví que el que tenía que estár muerto estaba vivo, y el especialista en matar rápido echaba juramentos por la boca.

–Se ha partido un hilo de la rosca del tornillo. La corbata no hace presión. De prisa, hay que sacar al reo de aquí –dijo.

El representante de la Justicia dio orden de retirar a José de allí y conducirlo a su celda.

Le desataron y entre guardias se marchó un hombre aterrado y absolutamente perplejo. La reparación del garrote vil no fue rápida. Entre los funcionarios de la cárcel no había un herrero y mientras se buscaba una solución, fatal para José, a todos nos subía por el cuello una congoja, un sudor de repeluzno. Uno de los presentes dijo que conocía a un guarnicionero muy hábil que vivía en Marqués de San Nicolás, la calle Mayor de Logroño, y que lo sabría arreglar: fueron a por él.

Había transcurrido más de media hora, estábamos con el ánimo encogido, al principio de la espera todos guardábamos silencio, hasta quebrar luego con una charla tímida el apuro que engendra la muerte. Como en un velatorio, hablábamos bajito, los fumadores fumaban, y nadie quería recordar el motivo que nos hacía esperar allí. En la sala habilitada para la ejecución faltaba el aire, no había espacio, todos esperábamos que al que tenían que matar lo matasen enseguida y podernos ir al aire fresco de la mañana. Era una situación terrible: las leyes dictaban que aquella reunión solo se disolvía con un cadáver bien muerto.

Desgraciadamente para el de Entrena subsanaron la avería y el representante de la Justicia reclamó de nuevo la presencia del preso.

 

Segunda y definitiva ejecución y la muerte

Pero el reo era un animal resabiado y no colaboró en absoluto en esta segunda ocasión. Cuando le traían desde la celda José organizó un tremendo escándalo de gritos y convulsiones (o contorsiones), intentaba patalear y bracear, pero las ligaduras se lo impedían. Iba muy atado y su resistencia la quebraban cuatro policías armados que lo arrastraban al matadero. El cabrero había perdido la contención y daba alaridos, se revelaba al ser obligado a sentarse por segunda vez en la banqueta, al pie del poste, y fue llamado al orden por una de las autoridades allí presentes. Satanás no hizo caso: maldecía, torcía el cuello, miraba al techo y al suelo, se revolvía y juraba a voces: “¡Cagüen sos!”. Le salía el instinto de animal fiero ante la muerte.

Finalmente le volvieron a atar las manos por detrás del poste al que estaba fijado el tornillo del garrote. Era una postura extraña, un abrazo incómodo al madero de su tormento. El cuerpo de Barriobero no colaboraba esta segunda vez en absoluto, la masa de sus músculos en un enervado calambre, las piernas estiradas, el cuello encendido de sangre y tenso como el tronco de un alcornoque. Sólo se oían las palabras en grito de José.

Los funcionarios y los policías iban a lo suyo, a reducirle, a sentarle, a inmovilizarle los brazos, sujetarle el cuello, ponerlo en postura, quitarle la vida lo más rápido, acabar de una vez sin contemplaciones.

Mientras los afamados servidores de la justicia trataban de poner el aparato en condiciones. Barriobero gritaba: “¡Un tiro que me den un tiro, que sufro mucho!”.–Paciencia hijo, ten paciencia… –murmuraba el presbítero.

Y los funcionarios y el verdugo sudando tinta con aquel cuello y aquel tornillo. Varias veces el juez mandó que se detuvieran en sus manipulaciones, y ordenó que no se hiciera sufrir al reo. La escena era insufrible para todos los presentes. El médico, lívido; el verdugo, avergonzado; el cura, cabizbajo

Finalmente la voz de la autoridad se escuchó clara, como una orden militar de asalto. Dijo, ¡Adelante!” –dirigiéndose al verdugo.

Frutos Fuentes Estébanez, el ejecutor de la Justicia, giró con violencia los brazos del tornillo; una vuelta, dos, notó la oposición del cuello, y no dejó escapar ni un grito de José; otro giro, otra vuelta y media vuelta más, y con ésta el cuello se tronchó, y el verdugo mantuvo la presión con gesto feroz…

El médico tenía cogido el antebrazo del infeliz, pero apenas el galeno se decidía a declarar que José había fallecido, éste recuperaba un simulacro de débil pulso. Con unas manos de doncella el doctor se atrevió a alcanzar la arteria carótida, bajo la mandíbula, y con los dedos junto a la cara testificó de nuevo.

–En efecto, ya está muerto –dijo el forense.

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Programa de radio esta semana
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gamarra | 29-02-2012 | 6:49| 0

Aquí tenéis nuestro segundo capítulo del crimen y ejecución del “Satanás” en Protagonistas La Rioja.

A partir del minuto 70 más o menos…

 

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