La Rioja
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Fecha: marzo, 2011
De Salta a Humahuaca
Inés Martínez 30-03-2011 | 8:29 | 0

En solo unas pocas horas pasamos de estar a seis grados a estar a veintiocho. Ir de Ushuaia a Salta supone cruzarse prácticamente Argentina, así que nos llevó un día entero. Era de noche cuando llegamos a la capital y enseguida nos dimos cuenta de que aquello era casi como otro país. De aspecto dulce y colonial, Salta es una ciudad muy bonita, más parecida a Bolivia, que sólo está a cuatrocientos kilómetros, y con unos habitantes cuya piel morena recuerda la cercanía de los Andes y las profundas raíces indígenas del lugar.

(Pondré más fotos en el próximo post)

Al día siguiente, el madrugón para llegar a la quebrada de Humahuaca fue el mayor de todo el viaje. A las cinco y media comenzamos un largo y cansado día, pero que nos mostró las maravillas de los paisajes de los valles de Salta y Jujuy, además de la forma de vivir de los habitantes de esta zona del noroeste de Argentina.

La primera parada fue en el pequeño y encantador pueblo de Purmamarca.

Casas de adobe, pequeños puestos de artesanía, niños jugando descalzos en las calles y pocos lujos viven rodeados de la maravillosa vista del Cerro de los Siete Colores, una pequeña montaña que se ha formado durante millones de años para ahora mostrar un paisaje en rojos, azules, verdes, blancos… Todo perfectamente alineado, como si los guías lo hubieran preparado así sólo para los ojos de los turistas.

Seguimos nuestra ruta en dirección a Humahuaca y la siguiente para fue Tilcara, donde se encuentran las Ruinas del Pucará y donde gozamos de la imponente presencia de los cactus cardones que habitan el lugar y llegan a medir hasta seis metros.

El sol pegaba con gran fuerza y hasta allí también llegaban los puestos artesanos, donde puedes encontrar absolutamente de todo, desde ollas de barro, llaveros, peluches, sombreros, ponchos, chaquetas… Hasta ceniceros hechos con madera de cardón.

A la hora de comer llegamos a Humahuaca. Allí vivimos nuestra primera comida salteña en un local con ambientación musical local lo bastante auténtico para que no resultara ridículo. Maíz, porotos, huevos, con condimentos como el ají, comino y pimentón con los que preparan distintos platos, locros, tamales, humitas, quesillos, huaschalocro, guatia, empanadas, frangollo, chanfaina, anchi, pollo al barro, mazamorra, guiso de mondongo con mote, chupi cococa… Nos pusimos las botas.

Su poníamos que esta zona nos iba a gustar, porque todas las personas que habíamos ido conociendo a lo largo del viaje y que habían estado nos contaban maravillas, pero la verdad, nunca pensamos que sería para tanto.

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Ushuaia en 4×4 y canoa
Inés Martínez 20-03-2011 | 8:10 | 1

Hay veces que un día sencillo se convierte en algo muy especial. El último día que vivimos en Ushuaia fue una sencilla jornada en el bosque, rodeados de los Andes, los lagos Escondido y Fagnano y buena compañía.

Un 4×4 nos llevó por unos caminos tortuosos hasta un alto desde donde teníamos una increíble vista de los lagos pero llegar no fue fácil, porque unos días antes había estado lloviendo.

Por el camino paramos a ver lo que son capaces de hacer los castores en los ríos. Yo me quedé completamente flipada. Además de cortar árboles para desgastar sus dientes, que les crecen hacia su propia garganta, forman sus madrigueras en los ríos y para protegerse de sus depredadores (que en Argentina no existen, ya que son animales que trajeron de Canadá), forman diques que cortan el curso del río y ahogan los árboles que hay a su alrededor. Realmente impresionante las extensiones que destruyen.

El problema es tan grande que el gobierno argentino paga a quien entregue colas de castores, pero no demasiado, sólo quince pesos, así que la iniciativa no tiene mucho éxito.

A la hora de comer paramos en la cima de un pequeño monte y con el calorcito del sol disfrutamos de un choripan y de una abundante ración de cordero patagónico.

Allí cada uno llevaba su ruta de viaje. Diez ejemplos diferentes de cómo conocer Argentina.

Por la tarde dimos un paseo en canoa por el lago Escondido, rodeados de las montañas andinas más redondeadas por el efecto del gran glaciar que hace “cuatro días” cubría toda la Patagonia.

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El tren del fin del mundo
Inés Martínez 15-03-2011 | 11:40 | 0

En Ushuaia la vida gira en torno al frío y la nieve. Sus calles están empedradas para que no se acumule el hielo y el puerto permanece cerrado muchos días a causa del viento.

A pesar del frío, en noviembre el tiempo es buenísimo, con unos seis grados y un viento mucho menos fuerte. Normal, es que están en verano (aunque no lo parezca).

El primer día hicimos la excursión del ‘tren del fin del mundo’ pensando que nos llevaría a algún lugar al que no se puede acceder y con unas vistas que reflejasen que realmente estás allí, en el fin del mundo, pero nada de nada. Te montan en un trencillo a vapor, que va más lento de lo que camina la mayoría de la gente y te dan un paseo por un bosque mientras te cuentan la historia de cómo se pobló la ciudad cuando decidieron montar allí una cárcel.

No se lo recomendaría a nadie, menos mal que sólo era una hora y que por lo menos las vistas eran chulas, pero la verdad es que hubiera preferido darme un buen paseo de dos horitas por el bosque.

Luego entras en el Parque Nacional Tierra de Fuego, donde sí que vimos lo que esperábamos. Tras una pequeña caminata por el bosque, llegas a un punto a partir del que ya no hay más caminos. Literalmente es el lugar donde se acaba el mundo.

Y estás a nada más que 17.848 kilómetros de Alaska y 3.079 de Buenos Aires

Por la tarde hicimos una navegación por el canal Beagle, donde además de las preciosas vistas de la ciudad desde lejos, vimos focas marinas y cormoranes.

Esa noche fue la que descubrimos es Kalma Restó. Un final perfecto, para un cumpleaños especial.

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Ushuaia: El fin del mundo
Inés Martínez 07-03-2011 | 6:50 | 0

El último día en El Calafate nos dedicamos a pasear por el centro y por su infinidad de tiendas de ropa de montaña mientras hacíamos tiempo hasta la hora de coger nuestro siguiente avión en dirección a Ushuaia, el Fin del Mundo. Cerrar la maleta empezaba a ser complicado

Las vistas según te vas acercando al destino con un pasada, con minúsculas islitas que rodean la Tierra del Fuego, un lugar mágico más allá de cual sólo está la Antártida.

Realmente el lugar no tiene mucho más. Agradables restaurantes a lo largo del puerto, magníficas vistas del Canal Beagle, montañas que muestran, por las diferentes erosiones de sus picos hasta dónde llegaba el gran glaciar que cubría toda la zona hace miles de años, bosques, trenes fantasma, lagos que reflejan los pájaros como si fueran un espejo,…

Hay dos cosas que el viajero no puede irse sin probar de Ushuaia: la merluza negra y la centolla. Dos auténticos placeres para el paladar. Nosotros estábamos de cumpleaños, así que decidimos intentar salir de los megarestaurantes tradicionales a los que va todo el mundo, y buscar algo más íntimo. Así encontramos uno de los resturantes donde mejor hemos comido y donde más especiales nos hemos sentido. El Kalma Restó, regentado por un joven argentino que se formó en España y que trataba cada cliente y a cada plato como si fueran únicos.
Una pena que no le hice fotos a todos los platos, sólo a la merluza

El Kalma Restó

La silla de las celebraciones

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El safari náutico: Los icebergs y el glaciar Spegazzini
Inés Martínez 01-03-2011 | 12:15 | 0

Yo creo que ver y caminar sobre el Perito Moreno da energía, o salud, o ganas de vivir, o algo así. Al día siguiente del gran trekking pensábamos que nos íbamos a levantar con agujetas, dolor de todo e incluso un catarro después de la calada monumental, pero nada. Estábamos como nuevos.

Nos montamos en un barco que hace la excursión conocida como el safari náutico, con la intención de ver el resto de los glaciares que rodean el inmenso lago Argentino. La verdad es que de safati tiene más bien poco, porque te mueves sólo para ir de tu asiento a la cubierta, y como mucho al piso de arriba o al de abajo, pero merece mucho la pena, y después de una paliza como la del trekking, no viene nada mal un día de relax.
La excursión te lleva normalmente hasta el Upsala y al Onelli, pero cuando fuimos nosotros el paso estaba cerrado por el hielo, así que fuimos al Spegazzini y al Perito Moreno.

Por suerte el tiempo había cambiado, hacía un solazo increíble y pasamos la mayoría del tiempo en cubierta, disfrutando del tiempo y de las imponentes vistas de los témpanos flotando en el Brazo Norte del Lago Argentino y en el canal de los Témpanos.




Entre glaciar y glaciar, el viaje te va mostrando gigantescas masas de hielo que flotan en el lago desprendidas del Upsala o del Perito Moreno y de las que sólo ves el diez por ciento. El resto está bajo el agua.




Glaciares en Argentina

El Spegazzini es el más alto del Parque Nacional, con 135 metros. La pared impresiona muchísimo….

… pero cuando levantas la vista y te das cuenta que no llegas a ver desde dónde viene el hielo te quedas alucinado

Después te llevan al Perito Moreno

Es imposible recoger en una imagen toda su pared frontal…

Aunque parezca increíble, después de un día entero viendo glaciares, te quedarías miles de horas más mirándolos, atontado, con la boca abierta… pero como mucho, te puedes llevar su recuerdo… o un trocito de hielo…

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Sobre el autor Inés Martínez
Periodista de larioja.com. Loca por los viajes. Cualquier destino del mapa me parece perfecto. En este blog podrás leer consejos para viajar, cómo preparar un viaje por tu cuenta, destinos que merecen la pena, hoteles, vuelos, rutas, mapas, propuestas...     Tengo otro blog sobre redes sociales llamado Twitterlandia. Puedes seguirme en Twitter en @inesimar