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Iguazú. La magia de las cataratas
Inés Martínez 19-04-2011 | 5:02 | 0

Si el Perito Moreno es una de las razones por las que queríamos ir a Argentina, Iguazú era otra. Sorprendentemente, cuando preparamos el viaje conseguimos un vuelo directo de Salta a Iguazú, algo que no es sencillo y que si no lo consigues puede hacer que te pierdas una de las dos partes desde las que se ven las cataratas: la argentina y la brasileña.

Iguazú

Las cataratas centran la actividad de este tranquilo lugar, frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil, en el que parece que el tiempo se ha detenido. La verdad es que no hay mucho más aparte de las cataratas. El pueblo es muy tranquilo, con hoteles de todo tipo y buenos restaurantes. ¿Qué más se puede pedir?

El primer día visitamos el lado argentino del parque. Las cataratas están en medio de la selva y hasta ellas llegamos a través de un paseo por el que íbamos viendo cómo la gente volvía completamente empapada. Aunque parezca increíble, ni se habían acercado al agua. Lo que moja es la bruma que se desprende de millones de litros que caen con toda la fuerza del mundo. Es divertidísimo porque parecía que estaba lloviendo a cántaros y hay momentos en los que ni podíamos mirar hacia la catarata por la cantidad de agua que expulsa. Lo primero que vimos fue la Garganta del Diablo, que nos dejó hipnotizados.

Allí estuvimos una hora, pero hubiéramos estado horas y horas escuchando el sonido del agua y calentándonos con el solazo y el calor que hacía.

Desde este lado de las cascadas vivimos la inolvidable experiencia de bañarse bajo 1500 metros cúbicos de agua por segundo, que duelen al caer en la piel como latigazos. La fuerza del agua no te deja mirar hacia arriba e incluso te hace daño, pero es una sensación tan increíble que no hubiéramos salido de allí nunca.

Iguazú es uno de esos lugares en los que no sólo la vista es importante, también lo es el oído, para poder escuchar el atronador sonido del agua cayendo…

y también lo es el tacto, que permite sentir el agua de la bruma caer sobre la piel

Aún así, los sentidos no pueden abarcar la belleza de 275 cascadas en las que el agua cae con fuerza animal desde 80 metros de altura.

La violencia de la caída produce una niebla permanente, en la que los rayos solares conforman múltiples arco iris de insuperable belleza que se entremezclan con la selva que rodea el río Iguazú.

Al día siguiente cruzamos la frontera de Brasil. Allí tienes una impresionante visión panorámica de las cascadas

Paseamos durante varias horas por las pasarelas y en cada parada descubríamos un visión diferente de Iguazú, a cada cual más impresionante.

Un lugar al que sueño con volver... quien sabe…

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Salta: la ciudad de las momias
Inés Martínez 13-04-2011 | 9:30 | 0

El último día en esta zona lo dedicamos a recorrer la ciudad, que ya teníamos ganas. Salta es un lugar que invita a pasear, repleto de edificios coloniales y agradables locales llamados peñas en los que los lugareños se reúnen para bailar danzas tradicionales. A cualquier hora hay gente en la calle y el olor de los restaurantes te invita a entrar y degustar la rica comida salteña.

Caminar por la ciudad, sin prisas te descubre que cada rincón merece la pena. Es una mezcla de sosiego, servicios, hoteles, excelentes museos, cafés encantadores y música folclórica.

En todas las esquinas hay que hacer un receso y mirar hacia arriba para poder ver edificios como el cabildo

El convento de San Bernardo…

Y por supuesto, la catedral rosa

Además, y fue algo que nos dejó realmente boquiabiertos, alberga uno de los tesoros mundiales de la antropología: las momias de los niños del volcán Llullaillaco, prácticamente intactas después de que hace seiscientos años fueran ofrendados a los dioses a más de seis mil metros y encontradas después en 1999. (Estas fotos no son mías, que no estaba permitido)

Sus rostros conservan todavía el gesto helador de quien ha sido elegido para salvar a su pueblo y abandonado junto a sus enseres después de semanas de viaje acompañados de una legión de gente como si de auténticos dioses se tratara. La idea, el lugar y sus rostros te ponen la carne de gallina.

Próximo destino, !!!IGUAZÚ!!!

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El safari náutico: Los icebergs y el glaciar Spegazzini
Inés Martínez 01-03-2011 | 12:15 | 0

Yo creo que ver y caminar sobre el Perito Moreno da energía, o salud, o ganas de vivir, o algo así. Al día siguiente del gran trekking pensábamos que nos íbamos a levantar con agujetas, dolor de todo e incluso un catarro después de la calada monumental, pero nada. Estábamos como nuevos.

Nos montamos en un barco que hace la excursión conocida como el safari náutico, con la intención de ver el resto de los glaciares que rodean el inmenso lago Argentino. La verdad es que de safati tiene más bien poco, porque te mueves sólo para ir de tu asiento a la cubierta, y como mucho al piso de arriba o al de abajo, pero merece mucho la pena, y después de una paliza como la del trekking, no viene nada mal un día de relax.
La excursión te lleva normalmente hasta el Upsala y al Onelli, pero cuando fuimos nosotros el paso estaba cerrado por el hielo, así que fuimos al Spegazzini y al Perito Moreno.

Por suerte el tiempo había cambiado, hacía un solazo increíble y pasamos la mayoría del tiempo en cubierta, disfrutando del tiempo y de las imponentes vistas de los témpanos flotando en el Brazo Norte del Lago Argentino y en el canal de los Témpanos.




Entre glaciar y glaciar, el viaje te va mostrando gigantescas masas de hielo que flotan en el lago desprendidas del Upsala o del Perito Moreno y de las que sólo ves el diez por ciento. El resto está bajo el agua.




Glaciares en Argentina

El Spegazzini es el más alto del Parque Nacional, con 135 metros. La pared impresiona muchísimo….

… pero cuando levantas la vista y te das cuenta que no llegas a ver desde dónde viene el hielo te quedas alucinado

Después te llevan al Perito Moreno

Es imposible recoger en una imagen toda su pared frontal…

Aunque parezca increíble, después de un día entero viendo glaciares, te quedarías miles de horas más mirándolos, atontado, con la boca abierta… pero como mucho, te puedes llevar su recuerdo… o un trocito de hielo…

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El gran glaciar: Perito Moreno
Inés Martínez 22-02-2011 | 11:32 | 0

La emoción nos despertó a las cinco de la mañana. La emoción, y sonido del viento y la lluvia que golpeaba las ventanas. La decepción fue enorme al ver el día tan desagradable que hacía, incluso estábamos pensando que no íbamos a poder cumplir uno de nuestros sueños del viaje: el Big Ice en el Perito Moreno.

Antes de hacer el viaje le dimos muchas vueltas a este tema. Había dos opciones, un minitreking de una hora y media, o el largo, que eran ocho horas. En los foros leímos que el segundo podía ser demasiado, pero que el primero se hacía corto. Así que nos hicimos los valientes y decidimos apuntarnos al Big Ice.

Durante la hora de trayecto que cubre los ochenta kilómetros que separan El Calafate del Parque nacional de los Glaciares lo único que hacíamos era mirar al horizonte esperando ver un rayo de sol, que dejara de llover, pero nada. Seguía jarreando. Aunque por lo menos el viento se había parado.

Al final, todo dio igual. La primera visión del Perito Moreno es para quedarse hipnotizado.

La vista no abarca y el silencio que invade el lugar sólo se rompe cuando tienes la suerte de ver algún desprendimiento, que suena como si la tierra se fuera a partir en dos.
Me habían dicho que no hay palabras para definir el Perito, y es completamente cierto.

El Glaciar Perito Moreno

Después de una hora intentando hacer fotos desde las pasarelas, (digo intentando porque con la lluvia y la cantidad de ropa que llevábamos era imposible), cogimos un barco que nos llevó hasta el lateral del glaciar por el canal de los Témpanos.

Comenzamos una caminata de una hora por el lateral del glaciar hasta llegar a un refugio, donde nos pusieron los crampones y dividieron el grupo entre los que hacían el minitrekking y los que hacíamos el Big Ice. Verte ya con los crampones causa una emoción indescriptible.

Y comenzamos a andar.

La visión desde la cara norte del Perito es alucinante, con un azul que se intensifica en los días nublados y de lluvia y un blanco que yo no había visto en mi vida, grandes picos de hielo formados durante millones de años y agujeros, grietas y cuevas formados por la erosión del agua los que no se ve el fondo y que te hacen sentir como si fueras la primera persona que pisa ese hielo.

Seis horas después, con imágenes únicas en nuestra memoria, y sabiendo que nadie vería el glaciar como lo vimos nosotros (no porque seamos especiales, sino porque cambia constantemente), estábamos de vuelta a la cabaña, con litros de agua sobre nosotros y calados hasta la huesos, (y no es una forma de hablar), pero con una gran pena por abandonar un lugar tan mágico e inolvidable.

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Sobre el autor Inés Martínez
Periodista de larioja.com. Loca por los viajes. Cualquier destino del mapa me parece perfecto. En este blog podrás leer consejos para viajar, cómo preparar un viaje por tu cuenta, destinos que merecen la pena, hoteles, vuelos, rutas, mapas, propuestas...     Tengo otro blog sobre redes sociales llamado Twitterlandia. Puedes seguirme en Twitter en @inesimar