La amnistía fiscal propuesta el pasado viernes ha soliviantado a toda la oposición parlamentaria (Sólo CiU de momento dice comprender la medida) y a una parte de la opinión pública. Según ha presentado el Gobierno, el argumento sería como sigue: Estamos en una situación de emergencia que hace que necesitemos captar liquidez a toda costa. Para ello, proponemos que todos aquellos que han defraudado a Hacienda puedan regularizar sus cuentas a cambio de un gravamen del 10% al patrimonio (8% a los dividendos) y así, al menos, conseguiremos esos ingresos que necesitamos.
Evidentemente, esta medida es completamente injusta al implicar un “premio” por defraudar al fisco, con un agravio clarísimo a todos aquellos ciudadanos y empresas que religiosamente pagan sus impuestos. No se me ocurre ningún argumento normativo para avalar esta política, dejando el ya tradicional cambio de opinión cuando se llega al gobierno de lado. Sin embargo, creo que este enfoque sería parcial si no intentásemos ver la propia eficacia de la amnistía. Asumamos que estomas en una situación de emergencia, seamos pragmáticos y preguntémonos: ¿Al menos servirá para algo?
En este completísimo artículo se discute bastante evidencia sobre las amnistías fiscales y sus ejemplos comparados en diferentes países. Es cierto que las amnistías fiscales no son algo nuevo (en España ya hicimos dos en 1984 y 1991) pero la evidencia señala que son una mala medida en general. Lo habitual es que los beneficios se exageren, la recaudación sea escasa, cuanto más se reiteren menos eficacia tiene y, de hecho, puedan suponer un coste al reducir los incentivos en el medio-largo plazo para cumplir con las obligaciones tributarias. Por lo tanto, son medidas poco eficaces (salvo excepciones en algunos países) y con efectos nocivos en el medio plazo.
De otro lado, merece la pena recordar que esta medida se enmarca dentro de unos Presupuestos y, por lo tanto, una parte de los objetivos de déficit y gasto están hechos sobre una previsión de ingresos. Y esos ingresos no solo provendrán de la subida del IRPF, Sociedades… Sino también sobre los previstos para esta amnistía fiscal, los cuales previsiblemente serán inflados y excesivamente optimistas visto su limitado poder de recaudación (siempre siguiendo la evidencia comparada disponible). Por lo tanto, es posible que nos sigamos desviando de nuestros objetivos para final de año visto que, a la espera de que mañana se presenten los números definitivos, ya se señala que las cuentas no cuadran.
Por lo tanto, encima que esta amnistía es claramente injusta para todos aquellos ciudadanos que pagamos nuestros impuestos, no parece que tenga nada de positiva para la recuperación de nuestras cuentas públicas, generando potenciales perjuicios a futuro. Esta situación me ha recordado una de las frases más famosas de Felipe González que decía que daba lo mismo el color del gato con tal de que cazara ratones. Pues bueno, el problema de esta amnistía fiscal es que es un gato pardo que encima tiene las uñas limadas.









